sábado, 31 de diciembre de 2016

¿Qué hacer ante la vocación religiosa de un hijo? 8 consejos imprescindibles

1. ¡Alégrense, llenos de Gracia!

Aunque al principio pueda causar estupor, la vocación de un hijo es algo profundamente maravilloso. ¡Dios los considera dignos de ser padres de otros Cristos, de esposas de Cristo o de consagrados! De la generosidad de la respuesta de ustedes Dios tiene previsto muchísimas gracias

2. ¡No tengan miedo!

Esta frase se repite cientos de veces en las Sagradas Escrituras. ¿Por qué habrían de tener miedo ? ¡Si Dios pide algo, siempre nos da las gracias necesarias para cumplirlo!

3. Indaguen (sin ser inquisitivos)

¿Contemplativo o activo?, ¿sacerdote o laico consagrado?, ¿religiosa o consagrada? ¿En qué congregación? De este discernimiento inicial va a depender mucho la perseverancia, así que hay que ayudarlos, dejando que sean ellos los que tomen las decisiones.


4. No se crean los jueces de la vocación de su hijo

No estás llamado a poner a prueba la vocación de tu hijo. Tu hijo no te pertenece, Dios te lo dió y si Dios lo llama a unos destinos altísimos, impedírselo o prohibírselo no traerá nada bueno. Aquí cabe la profecía de Gamaliel:

«(…)si esto que hacen es de carácter humano, se desvanecerá; pero si es de Dios, no lo podrán destruir. ¡No vaya a ser que ustedes se encuentren luchando contra Dios!» (Hch 5, 38-39)


5. No intenten forzar nada…

Del mismo modo que en el punto anterior: si es de Dios, es de Dios, pero si no lo es, no hay nada que puedas hacer para forzar a tu hijo a seguir una vocación que no es la suya, y tal vez le causes mucho daño.

6. … pero recen para que Dios suscite la vocación en sus hijos

¿Cómo va a suscitar vocaciones Dios si no las pedimos? Roguemos pues, al dueño de la mies, para que envíe obreros a su mies… ¡En nuestra familia!


7. Prepárense para verlo feliz. Muy feliz

Los hijos parten hacia destinos lejanísimos, hacia misiones dificultosas, ¡y no hay forma humana de sacarles la sonrisa de la cara! ¡La alegría es siempre la confirmación de esa vocación genuina!

8. ¡Y prepárense para ser también, muy, muy felices!

La vida de tus hijos religiosos no va a estar exenta de cruces, para ellos y para sus padres, pero las alegrías y satisfacciones son inmensamente más grandes que las penas y cruces. ¡Tendrán un hijo rezando todos los días de su vida por ustedes!

Sepamos corresponder a la gracia con alegría y sin temores, que «nadie vio ni oyó, y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman» (1 Co 2,9).

miércoles, 28 de diciembre de 2016

¿Cómo saber si Dios me llama? 7 claves para discernir una posible vocación a la vida consagrada

Cuando uno habla de vocación muchos se asustan. Lo primero que piensan es en hábitos, oraciones eternas, todos viviendo en una misma casa, estar lejos de la familia, etc. Pero la verdad es que es mucho más que eso. Tiene muchas gratificaciones, pero también sacrificio y arduo trabajo.

Dios llama para hacernos suyos: para dejar atrás la vida que llevábamos y entregarnos por entero a Él.

1. Ora… ora… y ora

Parece muy obvio pero es de lo más necesario. Santa Teresita de Lisieux decía: «Para  mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría». Ahí está resumido todo. La oración es algo sencillo. Imagínate que llegas del colegio y quieres hablar con tus padres acerca de cómo te ha ido durante el día: tus penas y alegrías; tus sueños y frustraciones… este diálogo con Dios es oración.


2. Frecuenta los sacramentos: La Eucaristía y la penitencia

Si no ibas a Misa o no eras de confesión frecuente, este un excelente tip para ti. Para sanar y limpiar el alma son necesarios los sacramentos. La Eucaristía es nuestro alimento espiritual, lo más grande que Jesús nos dejó en herencia, y además está al alcance de todos. Por otro lado, la penitencia es necesaria para lavar nuestra alma de las impurezas del pecado y hacernos transparentes ante Dios. Necesitas pedirle perdón a Dios por las cosas malas que has hecho. Cuando uno está reconciliado con su Padre el corazón se llena de paz, en ese momento es cuando está mejor dispuesto para acogerle y responderle con generosidad.

3. Pedir dirección espiritual

Sacerdotes, religiosas o religiosos pueden ayudarte a ver la voluntad de Dios en tu vida, a encaminarte por el ruta que Dios te marca. San Juan de la Cruz señala al respecto: «No solo el director debe ser sabio y prudente sino también experimentado…

4. Ten una actitud disponible ante el plan Dios

Es fácil decirlo cuando uno no está de por medio, pero cuando es la vida entera la que está implicada esta frase tiene un peso mayor. Ama a Dios y confía en Él.  Si te pide cambiar una cosa, lo podrás hacer. Si te pide esforzarte en una virtud, también lo lograrás. Pero intenta siempre cultivar un corazón disponible, generoso para con Dios.

«Dichosos el hombre que ha puesto su confianza en el Señor… Entonces yo digo: Aquí estoy, para hacer lo que está escrito en el libro acerca de mí. Amo tu voluntad, Dios mío» (Salmo 40, 5.8).

5. Busca cambiar los hábitos que no te ayudan

Muy importante es cambiar los antiguos hábitos para transformarnos en hombres y mujeres nuevos. . Nuestra vida debe tener olor a Cristo. Como dicen por ahí: «Cada uno sabe dónde le aprieta el zapato», en otras palabras, todos sabemos cuáles son nuestras deficiencias, lo que debemos mejorar.

«Supongo que han oído hablar de Él [de Cristo] y que, en conformidad con la auténtica doctrina de Jesús, les enseñaron como cristianos a renunciar a su conducta anterior y al hombre viejo corrompido por seductores apetitos. De este modo se renuevan espiritualmente y se revisten del hombre nuevo creado a imagen de Dios, para llevar una vida verdaderamente recta y santa» (Efesios 4, 21-24).

6. Esfuérzte por vivir la coherencia de vida

«Agere sequitur esse» en latín significa: «El hacer sigue al ser». Uno actúa de acuerdo a lo que es. Soy hijo de Dios, actúo como tal. Soy un hombre en discernimiento vocacional, actúo como tal. Es simple, lógica pura. Esto también cuesta trabajo. Necesitas de un compromiso serio y maduro.

7. Vivir con generosidad

Vivir de cara a Dios es necesariamente vivir generosamente. No podemos ser cristianos auténticos sin la generosidad como una de nuestras características esenciales. Si somos cristianos, somos generosos. No hablamos aquí de dar dinero a todo el mundo, repartir las cosas de mi casa a quienes necesitan o regalar comida a los pobres. Sí, esto es necesario, pero hay una generosidad aún más difícil: la del corazón.


«Les aseguro que todo aquel que haya dejado casa o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o tierras por mí y por la buena noticia, recibirá en el tiempo presente cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el mundo futuro la vida eterna» (Marcos 10, 29-30).

Escrito por H. Edgar Henríquez Carrasco, LC

lunes, 26 de diciembre de 2016

¡Feliz Navidad!

QUE LA PAZ, LA ALEGRÍA PROFUNDA Y LA LUZ QUE EL NACIMIENTO DEL EMMANUEL TRAJO AL MUNDO, AUNQUE SÓLO LOS HUMILDES COMO LOS PASTORES SUPIERON ACOGER, ALCANCE A TODOS LOS HOGARES DE NUESTRA UNIDAD PASTORAL.

¡FELIZ NAVIDAD!

Entre tantas palabras vacías que a veces escuchamos, dediquemos un rato a escuchar estas hermosas palabras del papa Francisco en la Misa del Gallo de este 24 de diciembre, que nos invita a vivir el verdadero sentido de lo qué celebramos.


viernes, 23 de diciembre de 2016

El mejor regalo en esta Navidad...

...ES DARNOS A NOSOTROS MISMOS.


martes, 20 de diciembre de 2016

La caída de la luna”

“Una joven madre soltera está luchando consigo misma por no saber si abandonar a su bebé o no. Cuando está totalmente sumida en su indecisión, la luna cae sobre ella” y le muestra las dos caras de la moneda. Esta es la descripción del cortometraje: “La caída de la luna” de Wei-Xiu Wang, graduado de la National Taiwan University of Arts.

Muchas veces, la noticia de la llegada de un bebé puede parecer inoportuna en una situación o en un momento específico. Y eso es justamente lo que representa el video; una madre asustada, con miedo de no aguantar la crianza de su hijo y de no hacerlo bien. Pero la luna cae para demostrarle lo contrario, para hacerle sentir que con amor todo se puede y que toda mujer está preparada para cuidar al ser que llevó en su vientre por nueve meses.


sábado, 17 de diciembre de 2016

10 consejos ante un embarazo inesperado

Ponte en el lugar del bebé

Ya sé que primero hay un ataque de pánico, automáticamente lleguen los peores pensamientos a nuestra cabeza. «Me van a echar de la casa», «mis padres no resistirán la noticia», «de donde voy a sacar dinero», «tendré que abandonar mi estudio o trabajo». Después del shock hay que tratar de encontrar unos minutos de calma en medio de la tempestad y pensar que ahora somos responsables de la vida de un ser humano y por tanto si tomamos la decisión de tener relaciones sexuales debemos asumir las consecuencias, aunque suene algo duro en ese momento de impacto tenemos que ser realistas.

2. Comunícale la noticia a tu pareja o a algún amigo cercano

Es fundamental que no guardes silencio. Habla con tu pareja, algún amigo cercano o un miembro de tu familia. No tomes decisiones apuradas o hagas suposiciones sobre lo que podría suceder. En caso de no contar con el apoyo de tu pareja busca a una persona de confianza que pueda aconsejarte.

3. Oídos sordos a los comentarios negativos

Si eres soltera o has sido víctima de una violación y aún así decidiste respetar la vida del bebé, o también si ya estás casada, tienes otros hijos y sencillamente el embarazo les cayó a todos por sorpresa hay que respirar profundo y aprender a ignorar los comentarios de la gente.

4. La adopción si es una opción

El miedo de la mayoría de mujeres está basado en el qué dirán, en el escándalo que habrá si se sabe del embarazo, de no contar con los recursos económicos suficientes o de ser tildada de loca. Ninguna mujer odia a su hijo cuando se entera de que la prueba da positivo, la confusión y el pánico nos juegan una mala pasada. Por tanto si ya has evaluado todas las opciones y tú y tu pareja se dan cuenta de que de ninguna manera pueden hacerse cargo del bebé, es momento de pensar en la adopción.

5. Acude a organizaciones provida

Allí podrán asesorarte psicológicamente, darte una ruta a seguir según la opción que quieras tomar: tener el bebé o darlo en adopción. Adicionalmente la mayoría de estas entidades o fundaciones te brindan ayuda según tu perfil, ejemplo: si necesitas un doctor, si no tienes dinero para los controles prenatales, si te echaron de tu casa o si no tienes ningún detalle listo para la llegada de tu bebe (pañales, ropa, cobijas etc).

6. Hazte miembro de una comunidad de madres

Aunque el apoyo de tu pareja, amigos y familiares sea primordial en la etapa del embarazo también es muy efectivo buscar a otras mujeres que estén en la misma situación. Existen aplicaciones para tu celular en las que además de estar enterada del proceso de crecimiento de tu bebe también puedes formar parte de un grupo de mamas según sea tu caso (mamas primerizas, solteras, con embarazo de alto riesgo, según el país o la edad). Esto te ayudará a sentirte más tranquila, podrás despejar dudas y compartir las experiencias que vives a medida que transcurre el embarazo.

7. Prioriza tus actividades y hábitos

Aunque no haya estado dentro de tus planes ser madre y ahora estés en camino a serlo, debes empezar a pensar que el bienestar de tu bebé y el tuyo están primero. Por ende, trata de evitar ambientes pesados, conflictos, personas negativas o agresivas, lugares en donde la vida de tu bebe o la tuya corran riesgo o trabajos muy forzados. Es difícil hacerse a la idea de ser madre de un día para otro, pero si optaste por la decisión más valiente también tienes que pensar en tu salud y empezar a cambiar tus hábitos alimenticios, dejar de lado cigarrillos, licor o cualquier otra cosa que perjudique tu bienestar y el de tu bebé.

8. Acude a un buen psicólogo

Esta decisión es opcional. Algunas mujeres pueden contar con el apoyo inmediato de todas las personas que las rodean pero otras pueden encontrar más obstáculos en el camino. Por esto aconsejo a las mujeres embarazadas contar con el asesoramiento de un psicólogo (preferiblemente con un profesional que comparta tus ideales cristianos) que les ayude a sobrellevar de alguna manera la carga emocional que ahora reposa sobre sus vidas.

9. Piensa en lo positivo

Aunque todo el panorama este rodeado de incertidumbre puedes darte la oportunidad de pensar en lo maravilloso que puede llegar a ser madre, en el milagro que llevas en tu vientre, en lo afortunada que eres al ser escogida como su madre, serás lo más importante para ese bebé que viene en camino. Te amará incondicionalmente, te llenará los días de alegría, te sacará sonrisas a cada instante, te hará hacer cosas que jamás creíste poder hacer, te convertirá en un mejor ser humano, te contará las mejores historias, te besará y te abrazará sin importar el lugar y la hora. Esos nueve meses de embarazo se convertirán en la mejor espera cuando veas por primera vez sus ojos, su carita, cuando sujetes su manita o cuando te diga por primera vez “mamá”.

10. Recuerda que un aborto no se olvida jamás

Algo de lo que nunca somos conscientes (en la mayoría de las decisiones que tomamos en momentos de crisis) es en las consecuencias que vienen después. La mujer que aborta no piensa como se sentirá dentro de unos años o tal vez unos meses. No imagina que después de “deshacerse del problema” vendrá el dolor, el vacío, la culpa, el arrepentimiento, la angustia y un sin fin de sentimientos que tal vez se controlen o se camuflen con las actividades del diario vivir pero que se volverán como una puñalada en el momento que menos lo esperen. Como por ejemplo cuando en ambientes familiares o laborales se toca el tema de los hijos, cuando te enteras de que alguien cercano está esperando un bebé, cuando simplemente pasas por un parque e imaginas que juegos le hubieran gustado a ese bebé que no llegó a nacer, calcularás en qué fecha hubiera sido el parto, cuantos años tendría y tal vez qué nombre le hubieras puesto. Aunque las mujeres que abortan tratan de seguir como si nada hubiera pasado, en el fondo, jamás olvidarán el día en que tomaron la decisión de abortar.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

No estarás sólo con una mujer

Hace unos días se viralizó un post de Facebook, donde un hombre habla de la “Variabilidad” de las mujeres, con unos hermosos cumplidos para su esposa. El Post, de Dale Partridge, dice:

«Los hombres están demasiado preocupados de que el matrimonio los deje con “una sola mujer” para el resto de sus vidas. Eso no es cierto. Yo me enamoré de una escaladora de 19 años, me casé con un amante de los animales de 20 años, formé una familia con una madre de 24 años, luego construí una granja con una ama de casa de 25 años y hoy estoy casado con una mujer sabia de 27 años. Si tu mente está sana, nunca te cansarás de “una mujer”. En realidad, te verás abrumado con la cantidad de versiones hermosas de ella que llegas a descubrir con los años. No digas no al matrimonio, di que sí y sigue diciendo que sí hasta el día de tu muerte».

domingo, 11 de diciembre de 2016

¿Quién es un sacerdote? 7 caracteristicas de un hombre de Dios según San Alberto Hurtado


1. «¡No es un ángel!»

 A veces vivimos en la cultura de la exigencia. Queremos que todo sea perfecto en las personas. Pero, ¡todos tenemos flaquezas!   El sacerdote es una persona como nosotros, que siente pena y alegría, que se cansa, que lucha por combatir sus imperfecciones. Es bueno esperar mucho de un sacerdote, pero debemos saber que también es un hombre. Ayudarlo, colaborar con él.

2. «Experimenta hambre, frío, peso de la edad…»

Es una dura realidad, aunque muchos no lo crean. El prejuicio general es que al sacerdote no le falta nada, vive como rey, pero los que tenemos contacto con muchos sacerdotes sabemos que la realidad dice algo diferente. Son muchos los sacerdotes que pasan hambre y frío en el mundo.
A veces viven solos, sin nadie más que la casa parroquial.

 3. «Carga pasiones, y la del pecado»

Ya hablamos que el sacerdote también es humano y tiene imperfecciones, y por supuesto carga con ellas.Todos cargamos nuestra propia cruz. Una cruz de infidelidades y pecados. A veces podemos encontrar a sacerdotes que son propensos a la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula o la pereza. Son conscientes de su debilidad y trabajan en ello. Sí, se confiesa también. Acude como un buen católico a otro sacerdote para confesarse y pedir la gracia de Dios, la reconciliación con el Padre. Así pues, el sacerdote predica y practica.

4. «Su santidad, si se puede hablar de ella, es en marcha: un esfuerzo, un combate»

Todos buscamos la santidad de vida. El sacerdote también. Para ellos la santidad es el camino que abre las puertas a la comunión con los demás. Si uno ve a un sacerdote santo, le dan ganas de ser santo también. Pero para todos es una lucha. Día a día. Es un combate que requiere esfuerzo personal. Darlo todo en la cancha, como se dice. Abrir el corazón y decirle al Señor: «Éste soy yo, Señor. Tú me conoces bien, sabes qué hay aquí dentro, te pido me ayudes a dejarme iluminar por tí, a enfocarme más en el amor que tú me tienes desde la eternidad».

5. «Viene de Dios, pero sacado de entre nosotros»

Antes de ser sacerdote era un hombre común y corriente que vivía entre nosotros, estudiaba con nosotros, trabajaba con nosotros. Jugábamos con ellos, les conocimos de niños. Pero un buen día Dios los llamó a dejarlo todo, a cargar su cruz y a seguirlo a dónde Él fuera. El sacerdote tiene una historia de vida, tiene familia, sueños, sentimientos, etc. Es como nosotros, también sufre y se alegra. Dios le ha sacado de entre nosotros para invitarle a entregarse a Él y a los demás con un amor universal.

6. «Cuando él ora, oramos con él»

Todos los domingos en la “Oración Universal”, «el pueblo, ejercitando su oficio sacerdotal, ruega por todos los hombres» (Ordenación Gral. del Misal Romano 45). El carácter intercesor está muy arraigado en el corazón de la Iglesia y sobre todo en el corazón sacerdotal. Podemos decir, con certeza, que cuando el sacerdote ora, todos oramos con él. Piensen cuántas misas a diario se celebran en el mundo, y en todas ellas está presente la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo. ¡Y todos los bautizados formamos parte de este Cuerpo!

7. «No es un superhombre»

No es un superhéroe ni un superhombre, pero ¡vaya que ayuda! Nos trae todos los días a Jesús en la Eucaristía, ¡lo tiene en sus manos! Además, acerca a muchos al Evangelio y al camino recto, sale en busca de la oveja perdida y la trae de vuelta al rebaño, perdona los pecados en nombre de Dios, lleva luz donde hay oscuridad, ayuda a que la semilla de la fe crezca en nuestros corazones, nos guía, nos ama, nos corrige e instruye. El sacerdote no será un superhombre, pero es un auténtico hermano, un buen amigo, un gran padre y un fiel hijo de la Iglesia. Nunca olvidemos pedirle al Señor por nuestros hermanos sacerdotes de todo el mundo para que les ilumine el camino, les de perseverancia y un corazón sacerdotal auténtico, en fin, que les haga instrumentos de su amor y misericordia en medio del mundo de hoy.


sábado, 3 de diciembre de 2016

Y a mí qué...

Al mes de ser ordenado sacerdote se me envió de capellán a un hospital durante el mes de agosto. Yo entraba en todas las habitaciones y saludaba a los enfermos de la misma manera: «Buenos días, soy el capellán, vengo a saludarle». La reacción solía ser positiva, a veces era de extrañeza y, unas pocas veces, de rechazo.

Pero hubo una que me llamó poderosamente la atención y que cuatro años después no he podido olvidar.

Entré como de costumbre en una habitación y encontré una mujer anciana. Al saludarla y decirle «Buenos días, soy el capellán...» la mujer me contestó: «Lo que pasa es que yo no creo en Dios». Mi respuesta un tanto impulsiva fue: «Y a mí qué; yo sólo vengo a saludarla». Ahí quedó la conversación.

La sorpresa fue cuando volví unos días más tarde y aquella anciana me dijo: «Lo estaba esperando ansiosamente. Su respuesta “y a mí qué” me sorprendió muchísimo y no he dejado de pensar en ello. He descubierto que la Iglesia no viene a imponerme nada, sólo a ofrecerme su ayuda».
No dejé de visitarla un sólo día hablando de las cosas de Dios, y hasta hoy, cuatro años después, continúa nuestra amistad.



Esta historia y otras mil, fueron recopiladas durante el Año Sacerdotal. Las cien mejores están publicadas en el libro "100 historias en blanco y negro", que puede adquirirse en www.100sacerdotes.com