lunes, 10 de septiembre de 2018

Testimonio: Novicia benedictina

Yo me llamo Marta, soy de Ciudad Real, vengo de una familia practicante, de un entorno católico.
Un verano, en Julio, cuando tenia 16 años nos fuimos mis padres y mis hermanos pequeños a Navarra y un día habían planificado una visita al monasterio de Leyre, masculino, y yo allí sentí una gran paz, como quien ha encontrado algo que siempre ha buscado, como si encajase, sentí: "este es mi sitio", eso en el entorno del monasterio, cuando pasamos a la iglesia, el sentimiento se multiplico por mil, estaba como en una nube.



Había oído hablar de la Regla de San Benito, a un que no conocía la existencia de benedictinos, y me imaginaba un libro viejo y grande y cuando vi en la iglesia que era un libro pequeñito sin saber mucho por qué le pedí a mi madre que me lo comprase, yo de aquella tenia 16 años y durante el viaje, en el coche, antes de dormir...yo me leí ese librito de arriba a abajo, y algo me llamaba, la austeridad, la vida ordenada, orante...a un que muchas cosas no las entendía.
Pasaron los meses a veces pensaba: ¿Donde me estoy metiendo? Otras veces: ¡lo que sea Señor, lo que tu quieras!
En septiembre me puse a buscar por internet, dónde había benedictinas, ví muchas paginas, sin que me llamase especial atención ninguna. Cansada de buscar por internet pensé: "Pongo benedictinas España y la primera que salga, con esas me comunico". Salieron las de Sahagún y les escribí un correo haciéndoles preguntas sobre las cosas que no entendía de la Santa Regla, y así fui comunicando mi inquietud, en Octubre le dije a mis padres que tenia esto entre manos y los dos años de Bachillerato me sirvieron para darme tiempo para discernir y tambiénn para conocerlas. Las visite en tres ocasiones dos de las cuales duraron una semana cada una.

lunes, 27 de agosto de 2018

Guia para la dirección espiritual

Os dejo una posible guía de dirección espiritual. Para que te hagas una idea de lo maravillosa que es la dirección espiritual y lo bien que te vendría o por si ya tienes un director espiritual (O directora espiritual) y queréis usarla.

¡Suerte y hasta la semana que viene! ¡Ah y no olvides enriquecernos con tu comentario!

https://lumendei-my.sharepoint.com/personal/webmaster_lumendei_org/Documents/GUIA%20PRACTICA%20PARA%20LA%20DIRECCION%20ESPIRITUAL%20LUMEN%20DEI.pdf?slrid=3b3e869e-2087-6000-6a71-cd47b3b113ef

lunes, 20 de agosto de 2018

La importancia de la dirección espiritual

Para nuestro crecimiento espiritual es de mucha importancia que tengamos todos de vez en cuando una dirección espiritual, es decir una persona adulta en la fe y madura que sepa ayudarme a crecer como persona y como cristiano con el fin de vivir la alegría de la fe.

Desde siempre, la Iglesia recomienda la práctica de la dirección espiritual, “no sólo a los que deseen seguir al Señor de cerca, sino para todo cristiano que quiera vivir con responsabilidad el propio Bautismo, es decir la vida nueva en Cristo”.



“Se trata de instaurar la misma relación personal que el Señor tenía con sus discípulos, el especial lazo con el que Él les condujo, tras de sí, para abrazar la voluntad del Padre, para abrazar, esto es, la cruz”, comentó Benedicto XVI en una ocasión.

La confesión es muy importante pero no basta; podemos profundizar mas ¿Que genera esos pecados? ¿Vivo en paz? ¿Me alimento bien espiritualmente? ...

Por ello os invito  a escoger entre los hermanos o hermanas de la comunidad eclesial una persona con quien podáis dialogar más fácilmente y con esta persona, tratar de buscar un crecimiento mejor en vuestra vida espiritual.

Deja tu comentario ;)

lunes, 13 de agosto de 2018

CÓMO PREPARAR UNA BODA Y DISFRUTAR EN EL INTENTO

7 cosas a tener en cuenta al empezar a preparar una boda y no olvidar durante el proceso.
  1. Saber que os queréis casar y por qué os queréis casar. En el fondo, teniendo claro que queréis casaros y si los motivos por los que queréis hacerlo son profundos, serenos, verdaderos y llenos de amor del bueno, el resto de los puntos sobran, pero podéis seguir leyendo, si queréis.
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  2. Hay tiempo para todo. Una boda más o menos numerosa se prepara con holgura en 6 meses (según la EPA —Experiencia Propia y Ajena—). Claro que todo depende del sitio, de las circunstancias de los novios y de muchos factores más. Ya hablaremos de eso próximamente…
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  3. Coged experiencias de quienes os hayan precedido, escuchad a los padres, ved opiniones en foros de internet… peeeeeeroooooo recordad siempre «las opiniones se pesan, no se cuentan» (Séneca). Vosotros sabréis mejor que nadie cuándo, dónde y cómo casaros.
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  4. Que vuestras conversaciones no giren el 100% de las veces alrededor del día B. Esta recta final es ilusionante para seguir compartiendo lo que habéis compartido hasta el momento de comprometeros y también —¡muy importante!— para hablar del futuro. Del más allá del día B. A eso sí que vale la pena dedicarle tardes y tardes de cañas.
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  5. El consenso es fundamental en el matrimonio. Consenso, que no es lo mismo que ceder. Lo aprendimos en nuestro curso de preparación al matrimonio. Espero que a vosotros os hablen de esto porque es una pieza fundamental. La preparación de una boda es un buen entrenamiento para el consenso, ya que hay que tomar muchas decisiones e inevitablemente, a ti te van a gustar las flores así y a él asá, o a uno le flipará alquilar el mejor Mercedes y al otro le dará igual, a uno la iglesia de su barrio le parece lo mejor y el otro prefiere una construcción postmoderna… ¡A consensuar!
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  6. La pasta: los ceros importan. Mi madre dice que una boda te puede costar desde 0 euros (tú, él, el cura, dos testigos, una romántica ermita en el monte…) hasta infinito. En ese intervalo caben muchas cosas. Enseguida veréis que en muchos sitios es poner la etiqueta “boda” y al dependiente de turno se le ponen los ojos en forma de euros. Cuando la lista de gastos empieza a aumentar ceros, se corre el peligro de perder la sensibilidad. Una buena planificación, un buen presupuesto, esforzarse por hacer un par de gestiones más que las acostumbradas para encontrar el mejor precio… y no perder el norte sobre qué clase de boda quieres que sea y en dónde te interesa invertir más. ¿En tu look de novia? ¿En mimar a los invitados? ¿En el gran festín? ¿En la barra libre sin fin? ¿En Maroon 5 cantándote en el baile?
    noglywtk9tcmw Una amiga mía se casó tras acabar la carrera. No tenían mucho dinero  así que se apretaron el cinturón. Pero tenían una premisa clara: «Lo que consideramos que es lo realmente importante de todo el día es a lo que íbamos a dedicar lo mejor: así que como lo más importante es el momento de casarse, de unir nuestras vidas, nos ‘volcamos’ con todo lo relacionado a la ceremonia (flores, música…)»
    (Para más ideas sobre organizar una boda sin tirar la casa por la ventana, te recomiendo este post)
  7. Saber que os queréis casar y por qué os queréis casar. Sí, era el primer punto. Pero por si se os había olvidado mientras leíais el post, quería terminar con la idea fundamental. 😉 No os olvidéis de que el día B es solo el comienzo de los días más felices de vuestra vida.
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En resumen: para preparar una boda y disfrutar en el intento, me parece importante no olvidar estos puntos de partida. A nosotros no nos los chivó nadie, pero los fuimos descubriendo por el camino —y seguro que hay más por descubrir—. Que haya amor del bueno, que sea una boda muy vuestra, no agobiarse por nada, y aprender a reírse de los incidentes que surjan, y de las peleas tontas por las hortensias. Al final, la boda será recordada no porque teníais la orquesta filarmónica finlandesa, ni por el solomillo, ni por los gemelos y los pendientes de diamantes. No. Será recordada por lo que os queréis.
Ya sabéis: el amor de verdad tiende a expandirse y es contagioso.
Fuente: https://youmakelovehappen.wordpress.com/2016/01/17/7cosasquedebessaberantesdeprepararunaboda/

lunes, 6 de agosto de 2018

La importancia del cursillo prematrimonial

Generalmente, estos días previos al gran día en que el novio y la novia van a cambiar de estado civil, y cambiarán por competo sus vidas para siempre, quedarán grabados a fuego en la memoria, como un período especialmente feliz, venturoso y pleno.

Entre esa multitud de cuestiones que los novios deben afrontar previas al día de su boda está el “Cursillo prematrimonial”, y es a lo que se refieren estas palabras.

Es habitual, por desgracia, que se tenga en muy poco a estos cursillos de preparación inmediata para el matrimonio. La soberbia intelectual que caracteriza al hombre moderno, de cualquier edad, hace que sea frecuente escuchar frases como que “tenemos muy poco que aprender”, antes de cursillo, o que “no me han enseñado nada”, después del mismo; “que hay que quitarse de encima cuanto antes”, dicen, algo para lo que nadie “tiene tiempo”, por lo que cuanto más breve y concentrado sea, pues mejor."¿Qué puede enseñarnos sobre matrimonio un sacerdote que no puede casarse?"

 La actitud hacia el cursillo suele ser la de considerarlo un puro formalismo, que no hay más remedio que afrontar, pero que no me aportará nada, y que cuanto menos dure y antes concluya, mejor. Y, lamentablemente, esta manera de verlos está hoy, y desde hace muchos años muy generalizada. 

El cursillo prematrimonial es una de esas cosas a las que no se les da importancia hasta que se hacen. Su capacidad de sacar a relucir temas básicos es innata y puede resultar muy útil.

Es más útil de lo que imaginas. Acudir a hablar con una persona desconocida para la pareja resulta ideal para sacar a relucir temas que, de primeras, podrían considerarse un poco “duros” o “fuera de lugar” si lo hiciéramos nosotros mismos.

No esperes escuchar que sois la relación perfecta. No existe tal cosa, pero no hay nada como estar bien preparado. Por eso, nunca esta de más pararse y hablar sobre estas cosas:

¿En qué áreas te gustaría ayudar a su prometido a mejorar?
¿Cuáles son las cuestiones en las que opináis diferente?
¿Quién manejará el dinero de la familia?
Si ambos tenéis carreras profesionales, ¿qué trabajo determinará donde viviréis?
Sobre qué peleáis y cuánto peleáis?
Si no podéis tener hijos, ¿adoptaríais uno?
En tu lecho de muerte, ¿que haría que pensaras que tu vida vale la pena? ¿Qué le dará el sentido a vuestras vidas?
¿Qué pensáis hacer para permanecer enamorados?

Para entrar en la Universidad tenemos que pasar por quince años de colegio, para poder ejercer nuestra profesión invertimos entre cuatro y seis años de nuestra vida en formarnos, para sacarnos un título de inglés nos apuntamos a academias y nos vamos veranos al extranjero… Nos formamos para un montón de facetas de nuestra vida, importantes sin ninguna duda, pero ¿qué hacemos para la más importante, la que es nuestro proyecto vital, de la que esperamos conseguir nuestra felicidad junto a la otra persona? ¿No resulta un poco temerario e inconsciente pensar que el cursillo prematrimonial es accesorio?

lunes, 30 de julio de 2018

¿Por que bautizar a los bebés?

El sentido del sacramento del Bautismo es ser incorporados a la Iglesia como miembros de Cristo, eliminando en nosotros la huella del pecado y darnos la oportunidad de librarnos de las consecuencias del pecado.


«el santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos.
Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión» (CEC 1213).


¿Por qué habría que bautizar a los niños? ¿No sería imponerles una fe que ellos no aceptan libremente?

La fe no puede imponerse. Simplemente se le dan al niño las "herramientas" para que comprenda la Fe y viva según la ley de Cristo. Si el niño que crece no quiere hacerlo, siempre será libre de rechazar la fe de sus padres. Pero la base sobre la que piensan los padres cristianos es que deben darle al hijo la oportunidad de pertenecer a la Iglesia y hacerse partícipes de los dones que administra con la autoridad del mismo Señor Jesús. Negarle esto a una persona significa no creer en la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo. Por ello, si los padres no tienen fe o la han perdido, les será difícil comprender el sentido de bautizar a su hijo recién nacido.

Bautizar a un niño es hacerle un regalo inmenso, desearle lo mejor, que es la vida en Cristo. Este es un regalo que en su futuro podrá aprovechar o lo podrá abandonar, pero que siempre tendrá a la mano para acercarse a la Iglesia y por medio de ella al mismo Señor Jesús.

La fe sólo puede crecer después del Bautismo (CEC 1254). Por ello, no es necesario un acto de fe perfecto previo al Bautismo.
No bautizar a un niño indica que los padres no están dispuestos a transmitirle su fe a su hijo. Una actitud así sólo puede nacer de padres que no creen verdaderamente lo que profesan o que no consideran su fe como un don inmensurable.

Los padres que bautizan a sus hijos recién nacidos aceptan la misión de educarlos en su propia fe.

Algunas preguntas que pueden ayudar: 

Si mi hijo recién nacido nace con una enfermedad, ¿le niego la medicina argumentando que no es consciente de estar recibiéndola? ¿Diría que sería mejor esperar a que tenga suficiente uso de razón? Y si, por otro lado, alguien le regala algo hermoso o le quiere dar su herencia a mi hijo ¿me niego a que la reciba porque aún no es mayor? ¿No sería lo más sensato y justo que lo reciba y que, tiempo después, si él no está de acuerdo, lo rechace? Querer regalarle algo a alguien amado, ¿es una imposición? El pertenecer a Cristo marca nuestra naturaleza. 


¿Qué sucede con los niños que mueren sin haber sido bautizados?

Un niño recién nacido tiene pecado, pues todos hemos heredado el pecado de Adán. Sin embargo, los niños que mueren sin ser bautizados son confiados a la misericordia de Dios.Esto nos permite confiar en que hay un camino de salvación para los niños que mueren sin el Bautismo. Pero si podemos tener la seguridad de salvar a un niño y no sólo eso, sino hacerlo partícipe de la vida misma de Cristo, no tiene sentido esperar y privarlo de todo ello.


Este tema me parece importante y además se que hay personas que no lo tienen claro.
Por favor deja tu comentario sobre esto si reunimos unos cuantos publicaré otra entrada para resolver las dudas que planteéis.
Feliz Semana.
¡ESTAD ALEGRES EN EL SEÑOR!

lunes, 23 de julio de 2018

Ejemplo de jóvenes santos

Hoy os traigo una reseña de la vida de Alexia González-Barros y González una niña que murió con 14 años y a la que van a beatificar; para que nos sirva a los jóvenes de motivación para ser sal y luz de la tierra por que es posible y necesario a un que cada uno en el lugar donde Dios lo ha puesto.



Alexia González-Barros y González nació en Madrid el día 7 de marzo de 1971 era la hija menor de siete hermanos. Fue una chiquilla normal, vivaracha y divertida, a la que cuidaban con todo cariño sus cuatro hermanos mayores: tres chicos y una chica, María José, con la que estaba particularmente unida.

Estudió desde los cuatro años en un colegio que estaba muy cerca de su casa: el Jesús Maestro, de la Compañía de Santa Teresa de Jesús.

Hizo su Primera Comunión el día 8 de mayo de 1979 en Roma, junto al lugar donde resposa san Josemaría, al que tenía mucho cariño y devoción. Al día siguiente de su Primera Comunión, el 9 de mayo de 1979, se acercó a Juan Pablo II durante una audiencia pública en el Vaticano, y tuvo la alegría de que el Papa le hiciera la señal de la cruz y le diera un beso en la frente.

Su vida fue muy parecida a la de tantas chicas de su edad: estudiaba, hacía planes con sus amigas, veraneaba con su familia y sus abuelos



Pero un día, el 4 de febrero de 1985, su vida dio un cambio inesperado. Se le declaró un tumor maligno que la dejó paralítica en muy poco tiempo.

Sus padres la llevaron a diversos especialistas. Los diagnósticos eran diversos. Sufrió cuatro largas operaciones y una ininterrumpida cadena de dolorosos tratamientos que convirtieron los diez meses de su enfermedad, antes de su muerte, en un durísimo calvario, que se supo afrontar con paz y con alegría.

Aceptó plenamente su dolorosa enfermedad desde el primer momento, ofreciendo el intenso sufrimiento y las numerosas limitaciones físicas que padecía por la Iglesia, por el Papa y por los demás.

Muy unida a la Cruz de Jesús, le decía con frecuencia en su oración: Jesús, yo quiero ponerme buena, quiero curarme; pero si Tú no quieres, yo quiero lo que Tú quieras.

Sufrió mucho, esforzándose por conservar la fortaleza, la paz y la alegría a lo largo de su dura enfermedad.



Esto era fruto de su fe, de su esperanza y de su amor a Cristo. Luchó hasta el final porque amaba la Voluntad de Dios con toda su alma y le había dado su corazón libremente y por entero al Señor.



Falleció en Pamplona, rodeaba por el cariño de su familia, en medio de una gran paz espiritual, el 5 de diciembre de 1985. Sus últimas palabras fueron: más y sí.

Más porque deseaba que siguieran hablándole de Dios. Con su sí reiteraba el deseo que había manifestado constantemente desde que era niña: Jesús, que yo haga siempre lo que Tú quieras.

 Muchas personas se quedaron conmovidas tras su muerte. Una religiosa de su colegio, Mª Victoria Molins, Religiosa de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, escribió un libro en el que se recordaban algunos sucesos de su vida.


La última imagen impacta al principio pero luego observamos la felicidad que irradian tanto la madre como la hija. Esto es la Santidad "Estar siempre alegres en el Señor" aún en medio de nuestras pequeñas o grandes dificultades.

A SER SANTOS 

viernes, 18 de mayo de 2018

Se iban a casar, Dios los llamó y ahora él es sacerdote y ella religiosa


Se iban a casar, Dios los llamó y ahora él es sacerdote y ella religiosa

(ACI) Antes de ingresar a la vida consagrada, el P. Javier Olivera y la hermana Marie de la Sagesse eran novios y querían casarse, pero Dios tenía otros planes. Esta es su historia.
En diálogo con ACI Prensa, el P. Olivera indicó que ambos crecieron en familias católicas y que “nuestros papás se conocían de cuando eran jóvenes”. Por ello se frecuentaban cuando eran niños, aunque dejaron de hacerlo en la adolescencia.
“Estuve bastante separado de la práctica religiosa. A los 19 años regresé de un viaje de mochilero a Perú y la conozco. Le pregunté si creía en la virginidad hasta el matrimonio, porque para mí era una especie de invento de la Iglesia. Ella me fundamentó tan bien desde la fe y la razón sobre la pureza que me impactó. Me encontré con una mujer que sabía defender lo que creía y que era a su vez inteligente”, comentó.
Poco después iniciaron su relación. En ese entonces ambos estudiaban derecho. Él en la Universidad Nacional de Buenos Aires y ella en la Universidad Nacional de la Plata.
El P. Olivera manifestó que “era un noviazgo como cualquier otro, pero intentábamos aprovechar la vida cultural a través de la música, la literatura y la filosofía. Leíamos libros juntos, salíamos a tomar un café. Teníamos un grupo de amigos con los que asistíamos a las conferencias de los autores católicos argentinos”.
“Yo comencé a practicar la fe, a rezar, a ir a Misa los domingos. Todo en gran parte gracias a ella, a Dios principalmente, pero a ella como instrumento”, manifestó el sacerdote. Destacó que también cultivaron juntos una vida de piedad por medio del rezo del Rosario y la Eucaristía.
Ambos se comprometieron cuando tenían 21 y decidieron casarse al terminar la universidad. Les faltaba dos años y medio.
El descubrimiento de la vocación
Sin embargo, un día el hermano mayor de la joven les anunció que ingresaría al seminario y la noticia “nos dejó golpeados porque no esperábamos eso”.
“Yo tenía un auto y con la que era mi novia decidimos llevarlo al seminario, que quedaba en San Rafael, Mendoza”, indicó, y ambos se quedaron unos días en la zona para que Javier pudiera visitar a unos amigos que estaban en el seminario y ella a las amigas que estaban en el convento.
“Cuando volvimos, conversamos sobre lo loco que era todo esto, de que su hermano haya dejado todo, la posibilidad de tener familia, una carrera muy importante. Comenzamos a preguntarnos ‘¿Qué pasaría si Dios nos llamara a la vida religiosa? La primera cosa que dijimos fue que ‘no’ y que era una locura porque estábamos en un hermosísimo noviazgo y ya estábamos comprando las cosas para casarnos”, contó el P. Olivera.
Pasaron las semanas “y en mi alma había esta idea permanente de qué pasaría si Dios me llamara, si yo tuviese que dejar todo ¿Por qué no ser sacerdote? ¿Cómo saber si el mejor modo de llegar al cielo para mí es la vida sacerdotal o la vida matrimonial? ¿Dónde puedo hacer el bien más grande?”.
Después de tantas dudas decidió contarle sus inquietudes vocacionales a su novia, quien le confesó que ella estaba “pensando lo mismo” desde que su hermano ingresó al seminario.
Sin embargo, ninguno de los dos se decidía. “Como todavía nos faltaban dos años para acabar la carrera de abogacía, esa era una gran excusa para todavía no ingresar al seminario o al convento”, indicó el P. Olivera.
Por su parte, la hermana Marie de la Sagesse indicó a ACI Prensa que “fue un largo período de discernimiento, al menos dos años, hasta que Dios me mostró claramente la vida consagrada y no pude dudar que me pedía esa entrega total por encima del matrimonio”.
Al terminar de estudiar, ambos abrazaron su vocación. En el año 2008, cuando tenían 31 años, él se ordenó sacerdote de la Diócesis de San Rafael y ella realizó sus votos perpetuos en la congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso.
Actualmente el P. Olivera es profesor universitario, tiene un blog llamado “Que no te la cuenten” y ha escrito un libro sobre las dudas vocacionales titulado “¿Alguna vez pensaste? El llamado de Cristo”. Puede leerlo completo AQUÍ.
La hermana Marie de la Sagesse vive en el sur de Francia y realiza su apostolado en la parroquia de Saint Laurent, en la Diócesis de Fréjus-Toulon.
Sobre su historia, ella expresó que “considero una gracia especial el llamado de ambos casi al mismo tiempo, una delicadeza de la Divina Providencia, a quien no se le escapa ningún detalle. Y lo que valoro muchísimo es la continuidad en la amistad no sólo de ambos, sino también de nuestras familias”.
“Ahora tenemos una amistad hermosísima, es mi mejor amiga”, dijo el P. Olivera.

martes, 15 de mayo de 2018

“Dios no escribe al WhatsApp, Él habla al corazón”, carta de Lucas Blanes

Querid@ joven me han pedido que te cuente qué se me ha pasado por la cabeza para tomar la decisión de entrar en el Seminario, “la fábrica de curas”, y querer ser sacerdote. Sí, sacerdote, hoy, en el siglo XXI. 
La verdad, ni yo lo sé. Debes saber que toda “vocación” es una llamada de Dios, pero no al móvil, pues Dios no va por ahí mandando Whats; Él habla al corazón. Dios, desde la eternidad ha pensado en ti y en mí, en nuestra vida y en nuestra vocación, en esa misión que tiene para cada uno mientras vivimos en esta tierra y en la cual podemos ser realmente felices, plenamente felices. Es Él el que llama, y a mí, como a muchos jóvenes más, me ha elegido para ser sacerdote, aunque me haya costado al principio aceptarlo y le haya dado largas un par de veces. La verdad es que esto de ser cura uno no se lo espera… ¿cómo iba a pensar yo, un joven normal y corriente, como tú, que le gustaba salir de fiesta, pasarlo bien, liarla con los colegas, jugar a fútbol… que acabaría en el Seminario y que le iba a decir al mundo de hoy: “¡quiero ser sacerdote”? Pues así es, pero déjame que te cuente un poco más. 
La verdad es que tuve el gran regalo de nacer en una familia cristiana, donde mis padres, desde pequeño, me han transmitido la fe y me han dado a conocer a ese tal Jesús. Pero a un niño esto de rezar e ir a misa no le acaba de entusiasmar, por lo menos a mí, así que, al tomar la primera comunión, con mis amigos de catequesis empezamos a ser monaguillos, pues así la misa se me hacía más corta. Y así fue, en las convivencias del Seminario menor, donde conocí a los “seminaristas”, esos “frikis que querían ser curas”, aunque yo iba a pasarlo bien. Pero el Señor se sirve de todo.
Empieza la ESO, se abre un nuevo mundo ante mí: las chicas, las tardes del sábado (y alguna que otra noche), algunas gamberradas, etc. Lo normal de un joven ¿no? Y en medio de la vida de un joven normal que le gusta salir y pasarlo bien, tontear con las chicas, que no le van mal los estudios… ¡pam! “¿por qué no ser sacerdote?” Esta pregunta atravesó mi corazón en el verano de 2011, cuando tenía 15 años, después de la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, después de tener una experiencia muy intensa, un encuentro muy fuerte con Dios. Porque claro, iba a misa y esas cosas, pero no conocía mucho al Señor, más bien, no creía que esto de la fe tuviera algo que decirme a mi vida. Allí, en la JMJ descubrí una Iglesia joven, llena de gente como yo, pues en mi clase siempre había sido el único chico cristiano, y me avergonzaba de serlo, por eso me callaba; allí me sentí amado tal y como era, yo que siempre iba mendigando amor con los demás; allí pude ser yo mismo, tal y como soy, sin esconderme, sin máscaras ni apariencias, pues parece que para ser querido hoy en día tienes que dar la talla o estar a la altura. Y con Dios, esto no es así.  
Mi vida era una macedonia de personalidades, no sabía quién era, me sentía sólo, confuso…Luego empecé a sentirme vacío, veía que mi vida no tenía sentido…Supongo que habrás intuido que después de esta llamada le dije que no al Señor. “Señor, no me rayes; que yo quiero hacer mi vida”. Acabé la ESO, y estando a punto de entrar al Seminario menor para estudiar Bachillerato, me rajé, tuve miedo, no pude dar el paso, y me quedé estudiando en Gandía. Esos dos años han sido los peores de mi vida. Por fuera, a ojos de este mundo, era perfecta: amigos para divertirse, fiestas, seguidores en Instagram, buenas notas, sin problemas, alguna novia, etc… ¿Qué más podía esperar un joven de 16-17 años? Pues yo me sentía vacío. Sentía que estaba aquí, que había sido creado para algo más. Veía que mi vida no tenía sentido, que era un aburrimiento. Me preguntaba constantemente ¿por qué estoy aquí? ¿para qué? ¿por qué no soy feliz? Me alejé más del Señor. No dejé de ir a misa, pero cerré el oído, y me tomé la fe a broma. Me sentía roto, triste. Pensaba, “si esto es la vida, prefiero no-vivir”. 
En medio de esta tormenta, la llamada no se apagaba y volvía a encenderse con testimonios, pasajes del Evangelio, canciones, etc. Tuve un final de curso y un verano muy intenso (que si hay otra ocasión te lo contaré). Y al final de verano, el 10 de septiembre de 2014 entré al Seminario Mayor de Moncada. Ahora, en 4º curso, a 3 años de la ordenación sacerdotal, sólo puedo decir “gracias”. Ahora sí que vivo feliz, realizado, con alegría, pues no necesito hacer tonterías ni ponerme máscaras para sentirme amado. Sé que he nacido para amar y ser amado como soy, y mi corazón sólo pide amor, amor sincero, amor de verdad ¿el tuyo también no? Ahora sí que puedo decir: ¡quiero ser sacerdote! 
Quiero pedirte, querid@ joven que reces por mí y por todos los seminaristas y sacerdotes, pues uno no nace preparado para esto y lo que se nos confía es muy grande, y nosotros, en cambio, somos unos pobrecillos. Y también te animo a que nunca te alejes del Señor. Nunca te avergüences de ser cristiano, pues sólo Jesús puede llenar y colmar tu corazón, sólo Él te conoce de verdad y te ama como eres; sólo Él puede saciar esa sed de amor, de vida y de entrega que hay dentro de ti. Y si algún día sientes la llamada de Dios, sea a lo que sea (la misión, el matrimonio cristiano, la vida contemplativa, el sacerdocio…), dile que sí, ¡adelante! De tu sí puede depender la felicidad de mucha gente que todavía no le conoce…

Lucas Blanes
Seminarista de Valencia

lunes, 19 de marzo de 2018

San Rafael Arnáiz Barón

Nació en Burgos (España) el 9 de abril de 1911, de una familia de alta sociedad y profundamente religiosa. En esa misma ciudad fue bautizado y confirmado. Comenzó sus estudios en el colegio de los padres jesuitas y recibió por primera vez la Eucaristía en 1919.
En esos años tuvo la primera visita de la que habría de ser su asidua compañera: una enfermedad de fiebres colibacilares que le obligó a interrumpir sus estudios. Cuando se recuperó, su padre, en agradecimiento a lo que consideró una intervención especial de la santísima Virgen, a finales del verano de 1921 lo llevó a Zaragoza, donde lo consagró a la Virgen del Pilar.
Su familia se trasladó a Oviedo, y allí continuó sus estudios de bachillerato, en el colegio de los padres jesuitas y al terminar se matriculó en la Escuela superior de arquitectura de Madrid, donde supo unir el estudio con una ardiente y asidua vida de piedad; había introducido en su horario de estudio una larga visita diaria a "el Amo" en el oratorio de Caballero de Gracia, y participaba puntualmente en su turno de adoración nocturna.
De inteligencia brillante y ecléctica, Rafael tenía destacadas dotes para la amistad y buen trato. Poseía un carácter alegre y jovial; era deportista, rico en talento para el dibujo y la pintura; le gustaba la música y el teatro. A la vez que crecía en edad y desarrollaba su personalidad, crecía también en su experiencia espiritual de vida cristiana.
En su corazón bien dispuesto a escuchar Dios quiso suscitar la invitación a una consagración especial en la vida contemplativa. Había conocido la trapa de San Isidro de Dueñas y se sintió fuertemente atraído porque la percibió como el lugar que correspondía a sus íntimos deseos. Así, en diciembre de 1933 interrumpió sus cursos en la universidad, y el 16 de enero 1934 entró en el monasterio de San Isidro.

Después de los primeros meses de noviciado y la primera Cuaresma vividos con entusiasmo en medio de las austeridades de la trapa, de improviso Dios quiso probarlo misteriosamente con una penosa enfermedad:  una aguda diabetes sacarina, que lo obligó a abandonar apresuradamente el monasterio y a regresar a casa de sus padres para ser cuidado adecuadamente.
Regresó a la trapa apenas restablecido, pero la enfermedad le obligó a abandonar varias veces el monasterio, donde volvió otras tantas veces para responder generosa y fielmente a la llamada de Dios.
Se santificó en la gozosa y heroica fidelidad a su vocación, en la aceptación amorosa de los planes de Dios y del misterio de la cruz, en la búsqueda apasionada del rostro de Dios; le fascinaba la contemplación de lo Absoluto; tenía una tierna filial devoción a la Virgen María —la "Señora" como le gustaba llamarla—. Falleció en la madrugada del 26 de abril de 1938, recién cumplidos los 27 años. Fue sepultado en el cementerio del monasterio, y después en la iglesia abacial.
Muy pronto su fama de santidad se extendió fuera de los muros del convento. Sus numerosos escritos ascéticos y místicos continúan difundiéndose con gran aceptación y para el bien de cuantos entran en contacto con él. Ha sido definido como uno de los más grandes místicos del siglo XX.
El 19 de agosto de 1989 el Papa Juan Pablo II, con ocasión de la Jornada mundial de la juventud en Santiago de Compostela, lo propuso como modelo para los jóvenes del mundo de hoy y el 27 de septiembre de 1992 lo proclamó beato.
Con su canonización el Papa Benedicto XVI lo presenta como amigo, ejemplo e intercesor a todos los fieles, sobre todo a los jóvenes.

Fuente: www.aciprensa.com 

viernes, 16 de marzo de 2018

CARTA DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LOS JÓVENES CON OCASIÓN DE LA PRESENTACIÓN DEL DOCUMENTO PREPARATORIO DE LA XV ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS

Queridos jóvenes:
Tengo el agrado de anunciarles que en el mes de octubre del 2018 se celebrará el Sínodo de los Obispos sobre el tema «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». He querido que ustedes ocupen el centro de la atención porque los llevo en el corazón. Precisamente hoy se presenta el Documento Preparatorio, que les ofrezco como una “guía” para este camino.
Me vienen a la memoria las palabras que Dios dirigió a Abrahán: «Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré» (Gen 12,1). Estas palabras están dirigidas hoy también a ustedes: son las palabras de un Padre que los invita a “salir” para lanzarse hacia un futuro no conocido pero prometedor de seguras realizaciones, a cuyo encuentro Él mismo los acompaña. Los invito a escuchar la voz de Dios que resuena en el corazón de cada uno a través del soplo vital del Espíritu Santo.
Cuando Dios le dice a Abrahán «Vete», ¿qué quería decirle? Ciertamente no le pedía huir los suyos o del mundo. Su invitación fue una fuerte provocación para que dejase todo y se encaminase hacia una tierra nueva. Dicha tierra, ¿no es acaso para ustedes aquella sociedad más justa y fraterna que desean profundamente y que quieren construir hasta las periferias del mundo?
Sin embargo, hoy, la expresión «Vete» asume un significado diverso: el de la prevaricación, de la injusticia y de la guerra. Muchos jóvenes entre ustedes están sometidos al chantaje de la violencia y se ven obligados a huir de la tierra natal. El grito de ellos sube a Dios, como el de Israel esclavo de la opresión del Faraón (cfr. Es 2, 23).
Deseo también recordarles las palabras que Jesús dijo un día a los discípulos que le preguntaban: «Rabbí […] ¿dónde vives?». Él les respondió: «Venid y lo veréis» (Jn 1,38). También a ustedes Jesús dirige su mirada y los invita a ir hacia Él. ¿Han encontrado esta mirada, queridos jóvenes? ¿Han escuchado esta voz? ¿Han sentido este impulso a ponerse en camino? Estoy seguro que, si bien el ruido y el aturdimiento parecen reinar en el mundo, esta llamada continua a resonar en el corazón da cada uno para abrirlo a la alegría plena. Esto será posible en la medida en que, a través del acompañamiento de guías expertos, sabrán emprender un itinerario de discernimiento para descubrir el proyecto de Dios en la propia vida. Incluso cuando el camino se encuentre marcado por la precariedad y la caída, Dios, que es rico en misericordia, tenderá su mano para levantarlos.
En Cracovia, durante la apertura de la última Jornada Mundial de la Juventud, les pregunté varias veces: «Las cosas, ¿se pueden cambiar?». Y ustedes exclamaron juntos a gran voz «¡sí»”. Esa es una respuesta que nace de un corazón joven que no soporta la injusticia y no puede doblegarse a la cultura del descarte, ni ceder ante la globalización de la indiferencia. ¡Escuchen ese grito que viene de lo más íntimo! También cuando adviertan, como el profeta Jeremías, la inexperiencia propia de la joven edad, Dios los estimula a ir donde Él los envía: «No les tengas miedo, que contigo estoy para salvarte» (Jer 1,8).
Un mundo mejor se construye también gracias a ustedes, que siempre desean cambiar y ser generosos. No tengan miedo de escuchar al Espíritu que les sugiere opciones audaces, no pierdan tiempo cuando la conciencia les pida arriesgar para seguir al Maestro. También la Iglesia desea ponerse a la escucha de la voz, de la sensibilidad, de la fe de cada uno; así como también de las dudas y las críticas. Hagan sentir a todos el grito de ustedes, déjenlo resonar en las comunidades y háganlo llegar a los pastores. San Benito recomendaba a los abades consultar también a los jóvenes antes de cada decisión importante, porque «muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor» (Regla de San Benito III, 3).
Así, también a través del camino de este Sínodo, yo y mis hermanos Obispos queremos contribuir cada vez más a vuestro gozo (cfr. 2 Cor 1,24). Los proteja María de Nazaret, una joven como ustedes a quien Dios ha dirigido su mirada amorosa, para que los tome de la mano y los guíe a la alegría de un ¡heme aquí! pleno y generoso (cfr. Lc 1,38).
Con paternal afecto,
FRANCISCO

martes, 13 de marzo de 2018

¿QUÉ HACER CUANDO UN HIJO ADOLESCENTE QUIERE COMENZAR UNA RELACIÓN?

Cuando los hijos se enamoran y quieren tener novio(a), muchos padres no saben cómo actuar. Al considerarse un momento delicado, puede involucrar a todos en la familia, pero es necesario hacerle frente a la situación y puede resultar una experiencia tranquila, si el diálogo y el respeto están por encima de otros sentimientos y actitudes.

Pero, ¿existe un momento adecuado para el noviazgo?

Para la psicóloga Cintia Becker, los padres siempre han pensado que es muy temprano. “Independientemente de eso lo importante es observar la madurez del adolescente, cuáles son sus motivaciones, intereses y expectativas al buscar una relación. La apertura de los padres al diálogo es fundamental para ayudar al hijo en esta reflexión, para que él se sienta seguro y apoyado para decidir cuándo es el momento correcto”, afirma Cintia.

Ella explica que el inicio de la vida amorosa marca una fase en la que el hijo demuestra otros vínculos e intereses afectivos además de los que tiene por los padres, se aleja de la vida infantil y camina hacia la vida adulta.

Además de conversaciones estimulantes y la apertura para que los hijos compartan sentimientos, es importante que los padres traten cuestiones prácticas que forman parte de una relación como el sexo, el embarazo y las enfermedades de transmisión sexual. Una buena forma de abordar este asunto es cuestionar cuánto conoce el joven sobre cada tema y si tiene alguna duda.

En esa conversación no hay que olvidar los límites en la relación, propios de cada edad o estado de vida, y los valores morales enseñados por la familia y a los que se debe ser fiel. Vale la pena recordar también que, para un adolescente, esa experiencia es totalmente nueva, con situaciones desconocidas, llena de inseguridades, expectativas y miedos. En este escenario los padres son la referencia más cercana que un hijo puede tener de seguridad y guía para enfrentar este camino.

Confía en ti

Pasadas las preocupaciones iniciales, los padres deben encarar la nueva fase como algo natural en el crecimiento y madurez de los hijos y hasta como una nueva fase de su relación con ellos, pues a medida que crecen, sus intereses van cambiando y la forma de relacionarse con el mundo y con los padres también.

Por eso, es muy importante construir una relación desde la infancia. “Un niño con límites bien definidos se vuelve una persona segura de sí misma y de sus padres, pues los tiene como referencia. Luego, en la adolescencia, por más que se rebelen contra la falta de autonomía, acatan la autoridad paterna, basada en la relación de amor y confianza anteriormente construida”, comenta Cintia.

Ella hace una recomendación: “recuerda que construir una relación es algo que lleva tiempo, exige planeación y actos concretos para su ejecución. Para que en ese momento específico de la vida del adolescente los padres sean oídos y respetados dentro de sus consideraciones, es necesario que a lo largo de la relación esta autoridad haya sido construida en base al diálogo, los intercambios y las reglas bien definidas”.

sábado, 3 de marzo de 2018

DEL DIVORCIO AL CIELO: ASÍ RECONSTRUIMOS NUESTRO MATRIMONIO DESDE LAS CENIZAS

Mi marido murió a todo rencor que pudiera tener contra mí para volverme a dar vida

Lejos de pretender ser ejemplo para nadie, mi único fin al compartir mi alegría es llevar esperanza… Quien no crea en los milagros ¡Este es uno! Tuve que pisar el infierno, conocer y convivir con sus habitantes para valorar el cielo y el ángel que tú eras en mi vida.

El reencuentro de nuestros corazones, la fusión de nuestras almas fue fruto de un inmenso dolor mas hoy tiene su recompensa: tú y yo juntos nuevamente escribiendo una nueva historia de amor, la de 2 adolescentes que un día se conocieron, se amaron, se casaron, tuvieron hijos, fueron muy felices y luego se odiaron; se divorciaron, tocaron el infierno al estar separados y hoy Dios les permite reencontrase más maduros, sólidos y fuertes que nunca para ahora sí terminar la vida juntos y reconstruir un matrimonio desde los escombros y con nuevos cimientos.

Hoy puedo gritar a los cuatro vientos con enorme júbilo y hasta al llanto de la emoción que las páginas del libro de nuestra relación están en blanco y comenzamos de cero, sin rencores, sin nada que perdonarnos pues ya todo fue sanado por Obra y Gracia de Dios y por tu voluntad y la mía.

Yo te prometo que cada lágrima, cada dolor y cada sufrimiento que te pude haber causado, los haré desaparecer de tu memoria con mi amor incondicional, mis cuidados, mi cariño, mi respeto, mi lealtad y fidelidad. Elegí amarte a ti y solo a ti de una manera sana y libre: quiero quererte.


No deseo otra cosa más que permanecer en tus brazos y en tu corazón latente, no pienso buscar la felicidad fuera de ti. Nunca más me dejes salir de ahí. No te voy a decir que daría mi vida por ti pues a esta, días le faltarían para poderte amar de la manera que deseo y que tú mereces.

Gracias por nunca dejar de creer en este amor, fruto de un sacramento bendito. Tú, yo y este matrimonio rescatado de entre las cenizas y donde el asco se transformó en deseo y las lágrimas en bendiciones, son un MILAGRO fehaciente de lo que una vida de oración y fe, junto con una vida de sacramentos puede lograr.

Gracias, Dios, por quitarme la venda de los ojos y de mi corazón; por permitir que volviera a creer y por sembrar en mí esa pequeñísima semilla de voluntad, que fue la que me dio el último empujón para decir: sí quiero intentarlo y hacer que funcione. 

Gracias, vida; gracias y PERDÓN a nuestros hijos. Gracias a todos los que nos acompañaron en este proceso y en la toma de decisiones. En especial a ti, MI JESÚS SACRAMENTADO, y a mi Santísima Madre, la Virgen María, pues por su Gracia y Milagro hoy estoy de regreso.

23 de septiembre de 1995 – 23 de septiembre de 2014 / 19 años.

Un año después…

Hoy 23 de septiembre 2015, 20 años de matrimonio y primer año de la segunda vuelta y ¿qué creen? ¡Sí se pudo! ¡Si se puede! ¡Sí se podrá! 

Cuando mi esposo y yo volvimos, no lo hicimos para “intentarlo”, volvimos con la certeza de que lo haríamos funcionar y cada día mejor. Dios y la intercesión de su Santísima Madre, nos hizo “el milagro” de volver y salvar esta familia, Sabemos que Él lleva el timón y que con su Gracia no le podemos fallar.

La pregunta que más escucho: “¿Te arrepientes de haberte divorciado?” La respuesta aquí…

Hace poco mi esposo y yo tuvimos una cenita con mis 2 hijos. Ahí expresamos cómo nos sentimos con ese “infierno” vivido cuando el divorcio y del cual sus padres fuimos responsables. Todos con llanto y muchísima pena escuchábamos a mis hijos cómo expresaban aquel dolor que vivieron.

Nos decían cómo nosotros éramos su paz, su estabilidad y su seguridad y de repente nada de eso existía y su mundo se volvió inseguridad, inestable y triste.
Yo no me cansaba de pedirles perdón y ellos, con ese amor puro y sincero que solo los hijos pueden dar, me decían: “Mamá, no guardamos ningún rencor. Aunque seguimos en el proceso de sanación, hoy estamos bien porque vemos que ustedes están bien. Dios nos ha mostrado su existencia real a cada instante. Ya pasó todo…“.

Solo puedo decir que el mejor regalo de amor que pude haber hecho a mis hijos después de darles vida es haber vuelto con su padre y devolverles esa familia unida desde el amor que un día fuimos. No somos un matrimonio perfecto, mas sí hemos decidido hacer de nuestro matrimonio imperfecto, un matrimonio feliz. Dios hace la diferencia…

23 de septiembre 2015

2 años después…

Hoy 23 de septiembre del 2016

21 años de casados; 2 años de la segunda vuelta; 1 año de una profunda renovación de votos matrimoniales y cada día más dispuesta y agradecida con Dios por ese hombre que creó para mí para que juntos llegáramos a Él.

Cuanto más amo a Dios, más siento amar y admirar a mi esposo. Verle y sentirle junto a mí… Reconocer en lo que he logrado transformarme gracias a él y a todo lo que me inspira. Toda una vida no me basta para agradecerle a Dios por tanto.
Casi imposible compartir por aquí a detalle lo que ha sido nuestra historia como matrimonio, su comienzo, todo lo que provocó su caída hasta el momento de su absoluta restauración.

Sin embargo, por justicia a Dios y a mi esposo, me gustaría compartir algunos detalles los cuales deseo que sean útiles para aquellos que lo necesiten, sobre todo, porque hoy en día es mucho más alto el número de mujeres abandonando el hogar como yo lo hice, engañada creyendo que esa era la solución y dejando hijos huérfanos de padres vivos.

Hace unos días en Guadalajara pudimos compartir “por primera vez nuestro testimonio matrimonial completo”. Tres maravillosas horas donde yo comencé hablando así: “Si comparan mi currículum profesional con el de mi marido se darán cuenta de que el mío es mucho más amplio. Sin embargo, siendo el de él más corto, es de mayor peso porque yo le agregaría lo siguiente: hombre de Dios que rescató a su mujer del infierno y su trabajo profesional para hacerla feliz”. Estas fueron mis palabras y son reales, eso fue lo que hizo y sigue haciendo.

Un poco de historia y de aprendizaje vivido en nuestro divorcio…

Como Pablo de Tarso yo fui saqueada y despojada de todo lo que a una persona se le puede privar, hasta de una vocación cristiana -a la que aún hoy amo- y que con mucho dolor también tuve que entregar. Se me arrebató todo (y cuando digo todo es todo) para darme cuenta que Dios era el único a quien verdaderamente pertenecía y lo único de valor en mí.

Pasaban los años y perdía todos los soportes y apoyos que le daban algún sentido a mi vida, que me daban sentido de pertenencia, seguridad y algo de fuerza para no morir de dolor y desesperación.

¿Y qué le queda al que todo ha perdido? Aferrarse a la cruz y el poder del Espíritu, ese que hoy me hace hablar. Así regresé con mi esposo, desnuda de todo, mas abrazaba a la Cruz de mi Señor. En mi corazón claramente entendí sus palabras: “Tú no eres de nadie ni necesitas pertenecerle a nadie más que a mí, eres solo mía. Tú no necesitas de nada solo de mí y para llegar a mí es por él, tu esposo”.

¿Pero, fue Dios quien me quitó todo? No, no fue Él y no voy a entrar en esos detalles porque hasta escalofrío me da (sabemos qué sucede cuando alguien no está en obediencia a Dios). Digamos que lo permitió porque había un plan de salvación perfecto para mí detrás de todos esos eventos porque vaya que yo estaba ciega y necia.

Ahora me doy cuenta de que Dios permitió que yo fuera despojada de absolutamente todo, ni siquiera tuve la ayuda de un grupo que me apoyara para salvar mi matrimonio, para únicamente voltear mis ojos a Él y que, a través del sacramento de la Eucaristía diaria, yo me diera cuenta que no hay más sanación que a través de Él y de su Madre.

Dicen las Sagradas Escrituras en la Carta a los Efesios 5, 25: “Esposos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó a sí mismo por ella”. Y justo eso hizo mi esposo por mí. Creyó en mí cuando ni yo misma creía en mí y me recibió cuando todas las puertas posibles se me habían cerrado.

Regresé a él hecha un guiñapo, enferma, herida, ultrajada, sucia y lejos de burlarse o de tener palabras de desprecio hacia mí, hizo vida estas palabras del Evangelio, murió a él, murió a su ego, a todo rencor que pudiera tener contra mí para volverme a dar vida.

El fracaso en un matrimonio no sucede de la noche a la mañana; sin embargo, el perdón y la restauración sí se puede experimentar así de rápido. Solo se necesita desatarle las manos a Dios y con plena confianza y obediencia permitirle actuar. Así es, la obediencia es clave.

Yo no volví con Tomás porque “sentía” amor por él, es más, sentía todo lo contrario. Sin embargo, volví por OBEDIENCIA a Dios, a una promesa hecha a Él. Dejé el “sentir” por el “querer ser obediente” y fue entonces que los milagros comenzaron a suceder.

Hoy puedo asegurar que después de Dios él es lo más importante en mi vida y el amor más grande de mi corazón, por encima del amor a mis hijos. Aún hay mucho por contar.

Solo deseo terminar con esta afirmación, a la cual doy mi vida por sostenerla: un matrimonio en crisis bajo el vínculo sacramental siempre tiene solución porque es Cristo quien sana mientras ambos cónyuges se lo permitan.

Hay cosas que para la razón humana no tienen sentido ni solución mas para Dios nada es imposible. E insisto, el divorcio es la mismísima puerta al infierno y nunca será la solución para los problemas matrimoniales.

Y esta historia se seguirá escribiendo con la Gracia de Dios.

LUZ IVONNE REAM