domingo, 30 de agosto de 2015

El Gran Milagro

¡¡¡¡Os recomiendo ver esta película!!!! 
Explica de manera clara, sencilla y entretenida lo que pasa, y no nos damon cuenta en algunas partes de la Misa.
Desde que la vimos en el Monasterio vivimos la Misa de manera diferente de hecho la hemos visto varias veces y cada vez nos damos cuenta de algo nuevo y... NO SE HACE PESADA


¡¡¡Tienes que verla!!!



jueves, 27 de agosto de 2015

DISCURSO DEL SANTO PADRE Costanera de Asunción, Paraguay Domingo 12 de julio de 2015

A ECUADOR, BOLIVIA Y PARAGUAY
(5-13 DE JULIO DE 2015)

ENCUENTRO CON LOS JÓVENES


Queridos jóvenes, buenas tardes.

Después de haber leído el Evangelio, Orlando se acercó a saludarme y me dijo: “Te pido que reces por la libertad de cada uno de nosotros, de todos”. Es la bendición que pidió Orlando para cada uno de nosotros. Es la bendición que pedimos ahora todos juntos: la libertad. Porque la libertad es un regalo que nos da Dios, pero hay que saber recibirlo, hay que saber tener el corazón libre, porque todos sabemos que en el mundo hay tantos lazos que nos atan el corazón y no dejan que el corazón sea libre. La explotación, la falta de medios para sobrevivir, la drogadicción, la tristeza, todas esas cosas nos quitan la libertad. Así que todos juntos, agradeciéndole a Orlando que haya pedido esta bendición, tener el corazón libre, un corazón que pueda decir lo que piensa, que pueda decir lo que siente y que pueda hacer lo que piensa y lo que siente. ¡Ese es un corazón libre! Y eso es lo que vamos a pedir todos juntos, esa bendición que Orlando pidió para todos. Repitan conmigo: “Señor Jesús, dame un corazón libre. Que no sea esclavo de todas las trampas del mundo. Que no sea esclavo de la comodidad, del engaño. Que no sea esclavo de la buena vida. Que no sea esclavo de los vicios. Que no sea esclavo de una falsa libertad, que es hacer lo que me gusta en cada momento”. Gracias, Orlando, por hacernos caer en la cuenta de que tenemos que pedir un corazón libre. ¡Pídanlo todos los días!

Y hemos escuchado dos testimonios: el de Liz y el de Manuel. Liz nos enseña una cosa. Así como Orlando nos enseñó a rezar para tener un corazón libre, Liz con su vida nos enseña que no hay que ser como Poncio Pilato: lavarse las manos. Liz podía haber tranquilamente puesto a su mamá en un asilo, a su abuela en otro asilo y vivir su vida de joven, divirtiéndose, estudiando lo que quería. Y Liz dijo: “No, la abuela, la mamá…”. Y Liz se convirtió en sierva, en servidora y, si quieren más fuerte todavía, en sirvienta de la mamá y de la abuela. ¡Y lo hizo con cariño! Hasta tal punto –decía ella–, que hasta se cambiaron los roles y ella terminó siendo la mamá de su mamá, en el modo como la cuidaba. Su mamá, con esa enfermedad tan cruel que confunde las cosas. Y ella quemó su vida, hasta ahora, hasta los 25 años, sirviendo a su mamá y a su abuela. ¿Sola? No, Liz no estaba sola. Ella dijo dos cosas que nos tienen que ayudar: habló de un ángel, de una tía que fue como un ángel; y habló del encuentro con los amigos los fines de semana, con la comunidad juvenil de evangelización, con el grupo juvenil que alimentaba su fe. Y esos dos ángeles –esa tía que la custodiaba y ese grupo juvenil– le daban más fuerza para seguir adelante. Y eso se llama solidaridad. ¿Cómo se llama? [Responden los jóvenes: “Solidaridad”]. Cuando nos hacemos cargo del problema de otro. Y ella encontró allí un remanso para su corazón cansado. Pero hay algo que se nos escapa. Ella no dijo: “Hago esto y nada más”. ¡Estudió! Y es enfermera. Y haciendo todo eso, la ayuda, la solidaridad que recibió de ustedes, del grupo de ustedes, que recibió de esa tía que era como un ángel, la ayudó a seguir adelante. Y hoy, a los 25 años, tiene la gracia que Orlando nos hacía pedir: tiene un corazón libre. Liz cumple el cuarto mandamiento: “Honrarás a tu padre y a tu madre”. Liz muestra su vida, ¡la quema!, en el servicio a su madre. Es un grado altísimo de solidaridad, es un grado altísimo de amor. Un testimonio. “Padre, ¿entonces se puede amar?”. Ahí tienen a alguien que nos enseña a amar.

Primero: libertad, corazón libre. Entonces, todos juntos: [Los jóvenes repiten cada frase] “Primero: corazón libre”. “Segundo: solidaridad para acompañar”. Solidaridad. Eso es lo que nos enseña este testimonio. Y a Manuel no le regalaron la vida. Manuel no es un “nene bien”. No es un “nene”, no fue un “nene”, no es un chico, un muchacho hoy, a quien la vida le fue fácil. Dijo palabras duras: “Fui explotado, fui maltratado, a riesgo de caer en las adicciones, estuve solo”. Explotación, maltrato y soledad. Y en vez de salir a hacer maldades, en vez de salir a robar, se fue a trabajar. En vez de salir a vengarse de la vida, miró adelante. Y Manuel usó una frase linda: “Pude salir adelante porque en la situación en que yo estaba era difícil hablar de futuro”. ¿Cuántos jóvenes, ustedes, hoy tienen la posibilidad de estudiar, de sentarse a la mesa con la familia todos los días, tienen la posibilidad de que no les falte lo esencial? ¿Cuántos de ustedes tienen eso? Todos juntos, los que tienen eso, digan: “¡Gracias Señor!” [Los jóvenes repiten: “¡Gracias Señor!”]. Porque acá tuvimos un testimonio de un muchacho que desde chico supo lo que era el dolor, la tristeza, que fue explotado, maltratado, que no tenía qué comer y que estaba solo. ¡Señor, salvá a esos chicos y chicas que están en esa situación! Y para nosotros, ¡Señor, gracias! ¡Gracias, Señor! Todos: ¡Gracias, Señor!

Libertad de corazón. ¿Se acuerdan? Libertad de corazón; lo que nos decía Orlando. Servicio, solidaridad; lo que nos decía Liz. Esperanza, trabajo, luchar por la vida, salir adelante; lo que nos decía Manuel. Como ven, la vida no es fácil para muchos jóvenes. Y esto quiero que lo entiendan, quiero que se lo metan en la cabeza: “Si a mí la vida me es relativamente fácil, hay otros chicos y chicas que no le es relativamente fácil”. Más aún, que la desesperación los empuja a la delincuencia, los empuja al delito, los empuja a colaborar con la corrupción. A esos chicos, a esas chicas, les tenemos que decir que nosotros les estamos cerca, queremos darles una mano, que queremos ayudarlos, con solidaridad, con amor, con esperanza.

Hubo dos frases que dijeron los dos que hablaron, Liz y Manuel. Dos frases, son lindas. Escúchenlas. Liz dijo que empezó a conocer a Jesús, conocer a Jesús, y eso es abrir la puerta a la esperanza. Y Manuel dijo: “Conocí a Dios, mi fortaleza”. Conocer a Dios es fortaleza. O sea, conocer a Dios, acercarse a Jesús, es esperanza y fortaleza. Y eso es lo que necesitamos de los jóvenes hoy: jóvenes con esperanza y jóvenes con fortaleza. No queremos jóvenes “debiluchos”, jóvenes que están ahí no más, ni sí ni no. No queremos jóvenes que se cansen rápido y que vivan cansados, con cara de aburridos. Queremos jóvenes fuertes. Queremos jóvenes con esperanza y con fortaleza. ¿Por qué? Porque conocen a Jesús, porque conocen a Dios. Porque tienen un corazón libre. Corazón libre, repitan. [Los jóvenes repiten cada una de las palabras] Solidaridad. Trabajo. Esperanza. Esfuerzo. Conocer a Jesús. Conocer a Dios, mi fortaleza. Un joven que viva así, ¿tiene la cara aburrida? [respuesta de los jóvenes: “No”] ¿Tiene el corazón triste? [respuesta de los jóvenes: “No”]. ¡Ese es el camino! Pero para eso hace falta sacrificio, hace falta andar contracorriente. Las Bienaventuranzas que leímos hace un rato son el plan de Jesús para nosotros. El plan... Es un plan contracorriente. Jesús les dice: “Felices los que tienen alma de pobre”. No dice: “Felices los ricos, los que acumulan plata”. No. Los que tienen el alma de pobre, los que son capaces de acercarse y comprender lo que es un pobre. Jesús no dice: “Felices los que lo pasan bien”, sino que dice: “Felices los que tienen capacidad de afligirse por el dolor de los demás”. Y así, yo les recomiendo que lean después, en casa, las Bienaventuranzas, que están en el capítulo quinto de San Mateo. ¿En qué capítulo están? [respuesta de los jóvenes: “quinto”] ¿De qué Evangelio? [respuesta de los jóvenes: “San Mateo”]. Léanlas y medítenlas, que les va a hacer bien.

Tengo que agradecer a vos, Liz; te agradezco, Manuel; e te agradezco, Orlando. Corazón libre, que es lo que debe ser.

Y me tengo que ir [jóvenes: “No!”]. El otro día, un cura en broma me dijo: “Sí, usted siga haciéndole… aconsejando a los jóvenes que hagan lío. Siga, siga. Pero después, los líos que hacen los jóvenes los tenemos que arreglar nosotros”. ¡Hagan lío! Pero también ayuden a arreglar y a organizar el lío que hacen. Las dos cosas: hagan lío y organícenlo bien. Un lío que nos dé un corazón libre, un lío que nos dé solidaridad, un lío que nos dé esperanza, un lío que nazca de haber conocido a Jesús y de saber que Dios, a quien conocí, es mi fortaleza. Ese es el lío que hagan.

Como sabía las preguntas, porque me las habían pasado antes, había escrito un discurso para ustedes, para dárselo, pero los discursos son aburridos, así que, se lo dejo al Señor Obispo encargado de la Juventud para que lo publique.

Y ahora, antes de irme, [“No!”] les pido, primero, que sigan rezando por mí; segundo, que sigan haciendo lío; tercero, que ayuden a organizar el lío que hacen para que no destruya nada. Y todos juntos ahora, en silencio, vamos a elevar el corazón a Dios. Cada uno desde su corazón, en voz baja, repita las palabras:

Señor Jesús, te doy gracias por estar aquí. Te doy gracias porque me diste hermanos como Liz, Manuel y Orlando. Te doy gracias porque nos diste muchos hermanos que son como ellos. Que te encontraron, Jesús. Que te conocen, Jesús. Que saben que Vos, su Dios, sos su fortaleza. Jesús, te pido por los chicos y chicas que no saben que Vos sos su fortaleza y que tienen miedo de vivir, miedo de ser felices, tienen miedo de soñar. Jesús, enseñános a soñar, a soñar cosas grandes, cosas lindas, cosas que aunque parezcan cotidianas, son cosas que engrandecen el corazón. Señor Jesús, danos fortaleza, danos un corazón libre, danos esperanza, danos amor y enseñános a servir. Amén.

Ahora les voy a dar la bendición y les pido, por favor, que recen por mí y que recen por tantos chicos y chicas que no tienen la gracia que tienen ustedes de haber conocido a Jesús, que les da esperanza, les da un corazón libre y los hace fuertes.

(Bendición)

Y que los bendiga Dios Todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

martes, 25 de agosto de 2015

Atencióóóóón!!!!

Dios te lo pone todo en las manos... ¿Que vas a hacer?




Lo que hagas que sea bueno y... LUCHA como si sólo dependiera de ti pero...REZA omo si solo dependiera de DIOS


domingo, 23 de agosto de 2015

¿Buscas Algo?


Vocaion al MATRIMONIO

EL MATRIMONIO ES LA RAÍZ DE LA VIDA DE LA IGLESIA 
NO LO ELIJAS POR INERCIA O DESCARTE...PREPÁRALO, CUIDALO


jueves, 20 de agosto de 2015

Homilía de la Vigilia de Oración del Encuentro Europeo de Jóvenes en Ávila.

Algunas veces te ha sucedido que un buen amigo te dice: – Te puedo contar un secreto? Puedo confiar en ti? Y tú, medio movido por la curiosidad, medio tocado por su confianza, le respondes: – Cuenta, soy todo oídos, no dudes, que no te defraudare!

Esto no te sucede ni con cualquiera ni en cualquier parte. Esto te pasa porque mereces confianza, porque siempre has estado a su lado, porque te has acordado de ponerle un wats en el momento oportuno, porque les has echado una mano en la preparación de ese examen, porque has estado presente en su sufrimiento y su alegría.

Esto no sucede en el barullo de la salida del instituto o de la universidad, tampoco cuando sales de fiesta con toda la cuadrilla. Esto sucede ese día que tienes una larga charla con él, después de pasear, de tomar algo sin prisas.

Esta noche, Jesús quiere confiarte un secreto, como hizo esa noche antes de su pasión. Des de hace días, junto con este gran puñado de amigos suyos, el Señor te ha lavado los pies, en el sacramento de la confesión, te ha sentado a su mesa, en la eucaristía de cada día, te ha hablado largamente, en las catequesis, todo exactamente como hizo con sus primeros doce esa noche tan mágica como la de hoy. Y ahora estás aquí, no como alguien perdido en la multitud, sino como un amigo confidente, atento, lleno de curiosidad y conmovido por su confianza.

Escucha como te repite: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo, permaneced en mi amor”. Desde antes que nacieses te he amado y ha sido tanto mi amor que he querido que llegases a la vida. Tanto he deseado poderte amar de un modo personal que no he dudado en arriesgarme. Me he arriesgado haciéndote nacer y crecer donde y como has nacido y crecido. Aunque pienses que no he elegido bien, que nada ha sido fácil para ti, aunque pienses que he jugado contigo, créeme, nunca, nunca jamás he jugado contigo. Te amo demasiado. Y si me apuras, quizá sí que una vez he jugado contigo. Mírame, muy llagado, esa vez jugué, esa vez me la jugué por ti!

Cuando tuve esta confidencia con mis primeros amigos, les expliqué cuanto les amaba con una imagen: la de la viña y los sarmientos. Ellos eran todos de campo y me entendían. Cuando se lo conté a mi amiga Teresa, lo hice a través de la imagen de un castillo, porque ella era castellana, hija de estas murallas.

A ti, ¿cómo podría explicarte cuanto y como te amo? A ti, que eres de la generación del smartphone. Tú que a través de este sorprendente aparato, haces todo – te relacionas, estudias, te desplazas, miras tus series favoritas, hasta me rezas. Tú que estos días has perseguido un enchufe como un loco. Tú que cuando llegas a un lugar, lo primero que miras es si tienes wifi. Mira, tú eres como el móvil y yo como tu fuente de energía y cobertura. Tú, sin mí, no puedes hacer nada, eres un trasto inteligente pero inútil. Tú, sin mí, te apagas. Tú, sin mí, no llegas, te quedas muy corto. Tú, sin mi amor, te agotas y no das para más.

Ahora, en breve, me voy a hacer presente ante ti. Voy a irradiar mi amor ante ti, voy a cubrirte con millones de megas de amor. Enchúfate conmigo. Pilla mi cobertura y no irás tras otras nunca jamás. Mi amor no tiene competidores.


                                                                                           Mons. Xavier Novell.

domingo, 16 de agosto de 2015

Pequeño


Si no os haceis como niños no entrareis en el Reino de los Cielos. Mt 18,3

Así debemos de ser "pequeños" sencillos y tener esa felicidad que nos da ir por la vida con sencillez de corazón.
Ser como los niños que se fian de su madre y de su padre y fiarnos de nuestro Padre Dios que quiere el mejor regalo para nosotros y lo llama "vocación"
"vocación" no es ser cura o monja eeeeh es tambien casarse estudiar tal cosa...es tu modo de vida...y bien ¿ya sabes que quiere Tu Padre Dios para ti?

viernes, 14 de agosto de 2015

Quien haya recibido el Don del matrimonio que se case

Evangelio de hoy:

Del santo Evangelio según san Mateo 19, 3-12 

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo? Él les respondió: ¿No habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer, y dijo: "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne"? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Ellos insistieron: ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse? Él le contestó: Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer –no hablo de prostitución- y se casa con otra, comete adulterio. Los discípulos le replicaron: Si ésa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse. Pero Él les dijo: No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga.

Totalmente actual esta cuestión...pero a lo que voy: Si Dios no te pide ser consagrad@, que lo que te pide es casarte, cásate por Él, por tu vocación, por tu felicidad, la de tus hijos, marido/mujer... 
 ¡¡¡Nosotros los cristianos valoremos la familia!!! Creémosla con el matrimonio y cuidémosla.
            
Ánimo

martes, 11 de agosto de 2015

La Inmaculada joven, de sor Isabel Guerra, icono del EEJ Ávila 2015 y compañera hasta Polonia


La Inmaculada joven, de sor Isabel Guerra, icono del EEJ Ávila 2015 y de la Pastoral Juvenil de España

La apertura del Encuentro Europeo de Jóvenes de Ávila se estrenó en la noche del miércoles 5 de agosto con una sorpresa, que tendrá su presencia más relevante en la misa de clausura y de envío del Encuentro.

Se trata de la presentación y entrega de un icono mariano para los jóvenes de España. Es un bellísimo cuadro de sor Isabel Guerra, una Inmaculada joven, que se ha de convertir en la «réplica» (por decirlo de alguna manera) de la Cruz y del Icono de las JMJ.

Se ha elegido una Inmaculada al ser la patrona de España. Al cuadro se le han preparado unas andas, en un taller de Ciudad Real, para que pueda ser procesionada y participar en los distintos eventos de la pastoral juvenil de las diócesis de España.

Sor Isabel Guerra es una religiosa cisterciense, de origen madrileño, monja en el monasterio de Santa Lucía de Zaragoza. Es uno de los pintores contemporáneos más prestigiosos de España





miércoles, 5 de agosto de 2015

Avila


NOS VEMOS EN AVILAAAAA

martes, 4 de agosto de 2015

San Juan María Vianney (Santo CURA de Ars)


Su verdadero nombre fue San Juan Bautista María Vianney, pero en todo el mundo es conocido con el nombre de Cura de Ars. Nació en Dardilly, en las cercanías de Lyon (Francia), el 8 de mayo de 1786. Tras una infancia normal, a los diecisiete años Juan María concibe el gran deseo de llegar a ser sacerdote. Su padre, aunque buen cristiano, pone algunos obstáculos, que por fin son vencidos. El joven inicia sus estudios en el seminario, dejando las tareas del campo a las que hasta entonces se había dedicado. 

Todos sus superiores reconocen la admirable conducta del seminarista, pero..., falto de los necesarios conocimientos del latín, no saca ningún provecho de los estudios y, por fin, es despedido del seminario. Intenta entrar en los hermanos de las Escuelas Cristianas, sin lograrlo. La cosa parecía ya no tener solución ninguna cuando, de nuevo, se cruza en su camino un cura excepcional: el padre Balley, que había dirigido sus primeros estudios. Él se presta a continuar preparándole, y consigue del vicario general, después de un par de años de estudios, su admisión a las órdenes. Por fin, el 13 de agosto de 1815, el obispo de Grenoble, monseñor Simón, le ordenaba sacerdote, a los 29 años.  Sin embargo, el Santo Cura se sentía feliz al lograr lo que durante tantos años anheló, y a fuerza de tantas privaciones, esfuerzos y humillaciones, había tenido que conseguir: el sacerdocio.

 Muerto el padre Balley, y terminados sus estudios, el arzobispado de Lyón le encarga la pastoral de un minúsculo pueblecillo, a treinta y cinco kilómetros al norte de la capital, llamado Ars.

El 9 de febrero de 1818, San Juan María llegó a Ars. pueblecillo del que prácticamente no volverá a salir jamás. 


El cura pudo vivir enteramente consagrado a sus feligreses. Visitándoles casa por casa; atendiendo paternalmente a los niños y a los enfermos; empleando gran cantidad de dinero en la ampliación y embellecimiento de la iglesia; ayudando fraternalmente a sus compañeros de los pueblos vecinos. Es cierto que todo esto va acompañado de una vida de asombrosas penitencias, de intensísima oración, de caridad, en algunas ocasiones llevada hasta el extremo para con los pobres. Pero San Juan María no excede en esta primera parte de su vida del marco corriente en las actividades de un cura rural.


 Éste fue el comienzo de la célebre peregrinación de feligreses a Ars, llegó a hacerse célebre el cura de Ars en toda Francia y aún en Europa entera, Aquel pobre sacerdote, que trabajosamente había hecho sus estudios, y a quien la autoridad diocesana había relegado en uno de los pueblos más pequeños y menos devotos de la diócesis, iba a convertirse en consejero buscadísimo por millares y millares de almas. Y entre ellas se contarían gentes de toda condición.


Confesionario del Santo Cura de Ars: la siguiente distribución de tiempo: levantarse a la una de la madrugada e ir a la iglesia a hacer oración. Antes de la aurora, se inician las confesiones de las mujeres. A las seis de la madrugada en verano y a las siete en invierno, celebración de la misa y acción de gracias. Después queda un rato a disposición de los peregrinos. A eso de las diez, reza una parte de su breviario y vuelve al confesonario. Sale de él a las once para hacer la célebre explicación del catecismo, predicación sencillísima, pero llena de una unción tan penetrante que produce abundantes conversiones. Al mediodía, toma su frugalísima comida, con frecuencia de pie, y sin dejar de atender a las personas que solicitan algo de él. Al ir y al venir a la casa parroquial, pasa por entre la multitud, y ocasiones hay en que aquellos metros tardan media hora en ser recorridos. Dichas las vísperas y completas, vuelve al confesonario hasta la noche. Rezadas las oraciones de la tarde, se retira para terminar el Breviario. Y después toma unas breves horas de descanso sobre el duro lecho. Sólo un prodigio sobrenatural podía permitir al Santo subsistir físicamente, mal alimentado, escaso de sueño, privado del aire y del sol, sometido a una tarea tan agotadora como es la del confesonario.


El viernes 29 de julio de 1859 se sintió indispuesto. Pero bajó, como siempre, a la iglesia a la una de la madrugada. Sin embargo, no pudo resistir toda la mañana en el confesonario y hubo de salir a tomar un poquito de aire. Antes del catecismo de las once pidió un poco de vino, sorbió unas gotas derramadas en la palma de su mano y subió al púlpito. No se le entendía, pero era igual. Sus ojos bañados de lágrimas, volviéndose hacia el sagrario, lo decían todo. Continuó confesando, pero ya a la noche se vio que estaba herido de muerte. Descansó mal y pidió ayuda. «El médico nada podrá hacer. Llamad al señor cura de Jassans».

Ahora ya se dejaba cuidar como un niño. No rechistó cuando pusieron un colchón a su dura cama. Obedeció al médico. Y se produjo un hecho conmovedor. Éste había dicho que había alguna esperanza si disminuyera un poco el calor. Y en aquel tórrido día de agosto, los vecinos de Ars, no sabiendo qué hacer por conservar a su cura queridísimo, subieron al tejado y tendieron sábanas que durante todo el día mantuvieron húmedas. No era para menos. El pueblo entero veía, bañado en lágrimas, que su cura se les marchaba ya. El mismo obispo de la Diócesis vino a compartir su dolor. Tras una emocionante despedida de su buen padre y pastor, el Santo Cura ya no pensó más que en morir. Y en efecto, con paz celestial, el jueves 4 de agosto, a las dos de la madrugada, mientras su joven coadjutor rezaba las hermosas palabras «que los santos ángeles de Dios te salgan al encuentro y te introduzcan en la celestial Jerusalén», suavemente, sin agonía, «como obrero que ha terminado bien su jornada», el Cura de Ars entregó su alma a Dios.

Así se ha realizado lo que él decía en una memorable catequesis matinal: «¡Dios mío, cómo me pesa el tiempo con los pecadores! ¿Cuándo estaré con los santos? Entonces diremos al buen Dios: Dios mío, te veo y te tengo, ya no te escaparás de mí jamás, jamás».

Lo canonizó el papa Pío XI el 31 de mayo de 1925, quien tres años más tarde, en 1928, lo nombró Patrono de los Párrocos. El Papa Benedicto XVI proclamó a San Juan María Vianney "Patrono de todos los sacerdotes del mundo" el 19 de junio de 2009. Su cuerpo se conserva INCORRUPTO en la Basílica de Ars. Su fiesta se celebra el 4 de agosto.