sábado, 30 de enero de 2016

Hola a todos:




Mi nombre es Pablo y tengo 18 años. Estoy en la Universidad, en 2º de Físicas. Me gusta la música, estar con los amigos, leer, la naturaleza... como cualquier joven. Ah, y soy seminarista. Un seminarista es alguien que se prepara para ser sacerdote.. En esto ya no soy como un joven "normal".

Supongo que resulta extraño que en estos tiempos uno decida dedicarse al sacerdocio. Mi vida tiene ciertas diferencias con el resto de los jóvenes. Vivir en el Seminario, estudiar teología... Cuando decidí seguir este camino, algunos dijeron que iba a malgastar mi vida. El mundo nos ofrece muchas cosas: dinero, trabajo, diversión sin límites... A muchas de ellas yo he renunciado con mi elección, pues no conseguían llenar mi vida (no quiere esto decir que haya renunciado al mundo: el sacerdote debe estar en el mundo). La vocación es lo que realmente llena.

También quiero ser sacerdote porque creo que Dios quiere que ponga mi "granito de arena" para hacer un mundo mejor. El mundo está lleno de problemas: guerras, hambre, terrorismo... el hombre está en crisis. Quizás sea porque se ha olvidado de Dios. Pero Dios no se ha olvidado del hombre. Por eso estamos aquí. Los jóvenes, cada uno desde nuestra vocación (cura, casado, laico comprometido, etc.) podemos contribuir a mejorar las cosas. Y no hace falta irse a lugares lejanos para ello: también el mundo desarrollado necesita de jóvenes comprometidos. Está claro que la sociedad y el "Estado del bienestar" en el que vivimos no es capaz de darnos una vida plena. Muchos jóvenes como nosotros sufren carencias, no económicas, sino de cariño, de proyecto de vida... no encuentran sentido a su vida.

En fin, creo que para cambiar este mundo, hacer de él algo mejor, son necesarias muchas manos. Y creo que somos nosotros, los jóvenes, quienes tenemos que "arrimar el hombro" en esta tarea. Cada uno desde su opción (voluntariado, participar en una ONG, Cáritas, trabajar como catequista en la parroquia...) puede colaborar.

Por último, me gustaría que cada uno de vosotros dedicara un tiempo a reflexionar sobre su "papel" aquí en la tierra. Yo así lo hice, y ahora soy feliz. Nada más. El mundo nos necesita. Un saludo

Pablo Pérez García (seminarista)

miércoles, 27 de enero de 2016

Preguntas sobre el sacerdcio

–¿Qué le llevo al sacerdocio?
-El deseo de trabajar por el Evangelio y por Jesucristo. Fue un proceso largo que se fraguó durante mi adolescencia. Ya a los doce o trece años Jesucristo me gustaba y me atraía. Entonces se me ocurrió la idea de ser sacerdote.

–Y, ¿cómo conoció a Jesucristo?

-En primer lugar a través de la educación religiosa de mi familia. Después a través del colegio y de la parroquia.

-¿Qué le dijeron sus padres al enterarse de su decisión?

-Se sintieron muy alegres, satisfechos y orgullosos. Mis padres son muy religiosos y para ellos fue y sigue siendo una gran alegría.

-¿Ha notado que la gente se sorprende por su condición de cura?

-No mucho, pero alguna vez sí.

-¿No echa de menos tener una familia: mujer, hijos?

-En algún momento sí. Es lógico, ya que el sacerdote no deja de ser un ser humano normal con inclinaciones como el amor, una mujer, una familia. Se echa en falta, pero con verdadera vocación y convicción esa carencia se supera.

-Pero, ¿por qué se supone que un cura no se puede casar y tener hijos?

-La razón más importante es que la vida sacerdotal es muy exigente y para llevarla a cabo con verdadera entrega es preferible no tener las obligaciones lógicas y la entrega natural que conlleva una familia que atender y que cuidar. Una familia haría más difícil la dedicación  plena del sacerdote.

-¿Alguna vez se sintió atraído por el género femenino?, ¿le costó mantener el celibato?

-El celibato se puede asumir con una fuerte motivación religiosa. El amor humano, a una mujer, no es el amor más grande que puede haber. Puede haber otros amores mayores; y por ese amor mayor se puede renunciar al amor de una mujer.

-¿Pero eso no significa que un sacerdote no se pueda enamorar de una mujer?

-Eso puede ocurrir. Se renuncia a una mujer por el celibato sacerdotal, por la consagración de la virginidad de los religiosos, pero eso no excluye la posibilidad de que en algún momento se conozca a una mujer hacia la cual se sienta una atracción afectiva. Eso es perfectamente normal. Simplemente significa que el sacerdote sigue siendo hombre, no obstante no se debe dar pie a que pase y si ocurre apoyarse en alguien de confianza que te ayude a permanecer fiel,

-¿Salir del sacerdocio si te has enamorado es pecado?

-En algunos casos el abandono del sacerdocio puede ser una infidelidad a Jesucristo aunque no siempre. En algún caso es una situación, no me atrevería a decir de pecado, pero sí de contradicción religiosa.

-¿En qué caso?, ¿de que depende?

-Puede haber personas que hayan tomado la decisión de hacerse sacerdotes equivocadamente; gente que con toda su buena voluntad decidió embarcarse en la vida sacerdotal y descubre con el paso del tiempo que no es su camino. En ese caso, si tras unos años de experiencia en la vida sacerdotal se comprueba que no es la propia vocación, que esa persona reoriente su vida no creo que pueda ser una infidelidad, sino todo lo contrario. Pero si uno sigue queriendo el sacerdocio, sigue viendo que es su vida, que no debería renunciar a ello y que renuncia por el amor de una mujer o una familia, eso sí sería una infidelidad.

-¿Se ha arrepentido alguna vez de su decisión?

-No. Se pueden vivir momentos tristes o duros, pero nunca me he arrepentido.

-¿Ha tenido dudas de fé alguna vez?
-Alguna vez sí, aunque pocas. De momento están superadas.


domingo, 24 de enero de 2016

Entrevista a un seminarista


EMILIO MAZA TRUEBA es uno de los catorce estudiantes del Seminario Mayor de Monte Corbán (diócesis de Santander-España). Tiene 31 años, es vecino de Ramales de la Victoria (Cantabria) y alumno del tercer curso del seminario diocesano. Será ordenado sacerdote en 2010 y su destino es, y ese es su deseo, ser párroco.

¿Por qué entró en el Seminario?

Cuando estudiaba bachillerato surgió la idea de entrar en el seminario. Yo no lo conocía, pero los caminos de Dios me trajeron aquí. Lo planteé en casa, después de pensármelo mucho porque no me atrevía. Mis padres no estaban mucho por esta idea y prefirieron que primero estudiara otra cosa. Así que estudié comercio y marketing y trabajé cinco años en una tienda de Ramales, pero la idea seguía ahí. Y eso me decició a dar el paso, aceptar la llamada y venirme a Monte Corbán.

¿Pero ya sabía lo que era el sacerdocio?

Tenía mucho contacto con el párroco de Ramales, daba catequesis a los niños y trabajé con grupos de confirmación, así que con el paso del tiempo y esa colaboración en la parroquia me fui implicando cada vez más. La llamada seguía ahí y eso me hizo planteármelo muy en serio, dejar el trabajo de Ramales y ser sacerdote.

¿Y su familia?

Pues mis padres al final lo aceptaron. Intentaron hacerme ver que lo pensara, que no tomara una decisión precipitada, pero sabían que hacía tiempo tenía la misma idea. Ahora están felices, porque me ven feliz. Mi hermano Álvaro, nueve años menor que yo, siempre me apoyó y siempre entendió mis deseos.

Quién le ha entendido mejor, ¿su padre o su madre?

Quizás la madre, que siempre es la que está ahí, al pie del cañón, la que va preparando al padre para que acepte y apoye la decisión de los hijos.

¿Cómo es la vida de un seminarista?

Puede parecer que llevamos una vida con tiempo para todo, pero aquí el día no nos da de sí. Nos levantamos a las siete de la mañana, a las siete y media tenemos que estar en la capilla para el rezo de laudes, a las ocho y cuarto es el desayuno y después, hasta la una y media tenemos clases. A las dos es la comida, hasta las cuatro tiempo libre para pasear o descanssar. De cuatro a cinco, dos días a la semana, tenemos deporte, y de cinco a ocho es tiempo de estudio. Los días que no hay deporte, el tiempo de estudio es de cuatro a ocho. A las ocho tenemos la Eucaristía, el momento más importante del día. A las nueve es la cena y de diez a once es tiempo libre. A las once, a la habitación.

¿Cómo se mantienen los seminarios informados de lo que pasa en el mundo?

La televisión la vemos muy poco, en los ratos de tiempo libre. Pero aquí tenemos los periódicos y los fines de semana salimos, vamos a las parroquias, visitamos a nuestras familias, vamos al cine o quedamos con amigos. ¡Vivimos en nuestro tiempo!

¿Un seminarista sale de copas?

Claro que salimos con amigos, pero siempre sin olvidar quiénes somos. Es bueno estar en el mundo. Hacemos la misma vida que otras personas de nuestra edad. Somos personas normales, salimos de compras, vamos al cine y si quedamos con nuestros amigos también vamos de copas, ¿por qué no? Hacemos una vida normal.

Están en el mundo...

Es que es fundamental que un sacerdote esté en el mundo, sin ser del mundo, porque vamos a tener que relacionarnos con el mundo y nuestra pastoral está en el mundo.

¿Cuándo ve a su familia?

Poco. Una vez al mes. Las semanas vuelan... Estamos muy ocupados con los estudios, exámenes, la preparación de las actividades. Necesariamente más horas en el día.

¿Cuál es su futuro?

Ser párroco, allá donde me mande el obispo. Esa es mi ilusión.

jueves, 21 de enero de 2016

Testimonio

Miriam, de Eibar (Guipúzcoa). Carmelita Misionera. 

P. Antonio.- Hola Miriam; bienvenida a las páginas de "La Obra Máxima".
H. Miriam.- Me alegra el estar contigo y con todos los lectores.
P. Antonio.- ¿Cuánto tiempo hace que empezó tu aventura misionera?
H. Miriam.- Han pasado 20 años desde que dejé mi familia, mis amigos de Eibar y comencé el Postulantado en Burgos con las Carmelitas Misioneras. ¡Cómo pasa el tiempo! En todos estos años han pasado muchas cosas: la formación, estudios, apostolado, viajes, conflictos políticos... diferentes comunidades, el encuentro con muchos amigos y de una manera especial destacaría la amistad y el encuentro con Jesús, compañero de camino.
P. Antonio.- ¿Cuál fue tu primer destino?
H. Miriam.- Después de las diferentes etapas de formación en varias comunidades de España, mi primer destino fue Montreal (Canadá). El adaptarme al nuevo país no fue fácil: la lengua, la cultura, costumbres, muchas novedades que conocer, pero la ilusión con la que fui me ayudó a integrarme enseguida y a vivir mi apostolado con muchas ganas y dispuesta a todo.
En Montreal me dediqué a estudiar y a colaborar en la catequesis; trabajamos en la parroquia que acoge a los emigrantes de lengua española; catequesis, Cáritas, grupos de oración, de jóvenes, de Biblia, liturgia...
P. Antonio.- Pero lo tuyo ha sido estar en África. Cuéntanos...
H. Miriam.- Después otro gran salto: Africa. Pasé cinco años en Kananga (Rep. Democrática del Congo); cuando llegué era Zaire y fueron los últimos años de Mobutu. Es la región diamantífera, rica en recursos, pero empobrecida, sin luz, sin carreteras.
P. Antonio.- Y allí te "tocó de todo".
H. Mariam.- Sí. Aprender su lengua fue una gran ayuda para entender mejor a sus gentes. Me tocó la "guerra de liberación" de Kabila y momentos de inseguridad por todos los soldados que pasaban y el enfrentamiento entre los dos ejércitos; fue un año complicado. A pesar de todo la acogida y el cariño de la gente se hicieron palpables en situaciones en las que daba más ganas marcharse que quedarse.
Al terminar la guerra, la esperanza brotó en el pueblo congoleño. La paz, las mejoras, la reorganización de las instituciones, todo quedaba por hacer. Me recordaba al pueblo de Israel cuando salieron de Egipto.
P. Antonio.- Y preparas tus maletas y te vas a Costa de Marfil.
H. Miriam: Sí. También he vivido dos años en Tiébissou (Costa de Marfil). En el corazón del país se encuentra el reino Baulí, una de las etnias más importantes de Costa de Marfil; ahí está nuestra comunidad. Me ocupaba del internado de las chicas que estudian secundaria. Vienen de sus poblados, donde no hay instituto, a estudiar a Tiébissou. Son jóvenes de 12 a 19 años que buscan en el internado una vida de familia y un ambiente favorable para sacar adelante la secundaria. Con el conflicto que hay desde el año 2002, la inseguridad es una constante para las chicas, ya que es bastante fácil que abandonen los estudios por las promesas que les hacen muchos soldados.
P. Antonio.- A pesar de la guerra vosotras seguisteis firmes en la Costa de Marfil.
H. Miriam.- Trabajar por la paz, educar a los niños y a los jóvenes a vivir en armonía y en el respeto de unas tribus con otras es una de las tareas importantes que llevamos a cabo en Costa de Marfil. Me impresionó el entendimiento y el diálogo que hay entre las religiones mayoritarias, principalmente entre musulmanes y cristianos.
P. Antonio.- Pero tu gira por África sigue. Ahora estás en "Guinea Española".
H. Miriam.- Ahora estoy en Malabo. La capital de este pequeño país está pasando por un proceso de "modernización". Hay muchos edificios que se han construido recientemente y por el efecto del "petróleo" muchas empresas internacionales se han isntalado y muchos comerciantes han abierto sus tiendas aquí. Malabo está creciendo y hay todavía planes para mejoras urbanas. Aquí no hay conflictos bélicos como en los otros países: Llevo un año dando clases en la escuela "Virgen del Carmen". Aquí estoy por ahora con los niños y niñas del barrio de Yumbili intentando transmitirles algo más que unos conocimientos de lengua y religión.
P. Antonio.- Supongo que en cada país africano has tenido que inculturizarte de nuevo.
H. Mariam.- Los tres países de África por los que he pasado son muy diferentes. Es verdad, todo es África, pero no se puede decir que todo es lo mismo. Lo mejor de todo: la amistad de las personas con las que me voy encontrando. Descubrir que el color de la piel es sólo una capa externa, que en el fondo todos somos PERSONAS y que luchamos por unos ideales, me ha ayudado a vivir la fraternidad, a sentir la Iglesia como la familia de Dios.
Cada destino supone un cambio de mentalidad, de costumbres, de comida, muchos esfuerzos para empezar de nuevo y a veces desánimos para seguir adelante.
P. Antonio.- Oye, háblanos de las comunidades. Has vivido en varias...
H. Miriam.- En todas las comunidades en las que he vivido, he podido experimentar que Jesús sigue llamando cada día a dar lo mejor de mí misma, esté donde esté. La fraternidad y la misión tienen sentido en mi vida desde el momento que respondo y digo: "aquí estoy". Ha habido momentos de todo: más fáciles y más difíciles. Ánimos y desánimos, pero siempre he contado con amigos, religiosos y familiares que me han ayudado y animado a seguir adelante, a descubrir que merece la pena entregrarse por el Reino de Dios. He tenido dudas, desconciertos, miedo, momentos de tristeza y de alegría ya hasta hoy puedo decir que no me arrepiento de haber comenzado esta aventura. He contado con el apoyo de hermanas y hermanos con lo que he podido compartir y, cómo no, vean el apoyo y la fidelidad a Jesús que no me ha fallado nunca a pesar de todos mis fallos. En medio del sufrimiento o de la miseria siempre hay rostros alegres, sobre todo de niños, que con una sonrisa me recuerdan que un nuevo reino está amaneciendo.
P. Antonio.- Muchas gracias.
H. Miriam.- Gracias a tí y a los lectores de "La Obra Máxima".

lunes, 18 de enero de 2016

viernes, 15 de enero de 2016

El año de la misericordia


Como ya sabreis este será en año jubilar de la Misericordia para trabajar este aspecto por ejemplo con las obras de misericordia pero querria centrarme en otra cosa en la confesión por que aun que este es un blog vocacional no podemos pretender averiguar esto si tenemos mucho "ruido interior" que a
veces no se nota pero cuando te confiesas comprendes lo que habias perdido.
Antes de que pases de esto por que estoy hablando del rollo de siempre mira este vídeo y luego decides...

martes, 12 de enero de 2016

10 consejos para un buen noviazgo


1.   Es tiempo de conocerse y, por tanto, es fundamental hablar, no sólo del tiempo o de fútbol, hay que hablar de qué proyectos vitales tiene cada uno, en que crees y en que no crees, qué familia quiere tener cada uno...

2.   Es tiempo de aprender a quererse, reconociendo lo bueno y lo malo que todos tenemos. Si no ves nada malo en el otro ¡peligro!, y si sólo vemos lo malo, por favor acaba cuanto antes...

3.   Todavía no te has casado, nunca sigas una relación por rutina, el noviazgo no es para hacerse compañía, si no lo ves, es mejor cortar a tiempo que un fracaso matrimonial.

4.   Vive como lo que eres, ¡un novio o una novia!, no como si estuvieses recién casado o de luna de miel, cuando el noviazgo se convierte en un "matrimonio a prueba" los resultados suelen ser malos.

5.   No es tiempo para amores posesivos, ¡Ojo! Si me quieres harías esto por mí... no te sientas obligado a hacer determinados planes, no confundir amar bien y a fondo con hacer lo que el otro/a dice...

6.   No dejes a tus amigos. Algunas parejas de novios, "como se quieren tanto ya no ven a sus amigos" y están siempre solos. ¡Cuidado! Hay una gran parte del otro que conocemos cuando estamos en grupo, ¡no te encierres!  

7.   Piensa en el futuro: el noviazgo aun siendo una etapa para vivir en plenitud, es un camino hacia el matrimonio, si nos olvidamos de eso, es como si en un viaje a Londres, nos quedamos en Barajas.

8.   ¡Una novia/o no llora, una novia/o es feliz! La vida ya tiene bastantes problemas, si en el noviazgo todos los días estás de broncas y lloros, es posible que por ahí no vayas bien.

9.   Si coincidís en lo primordial mejor. Tener ideas y puntos en común es fundamental para congeniar y llevarse bien.

10.   Quien más quiere a tu novio o a tu novia, suele ser su familia, ¡para eso le han criado! No te pelees con ellos (y viceversa).

domingo, 10 de enero de 2016

jueves, 7 de enero de 2016

martes, 5 de enero de 2016

LA VIDA DE ORACIÓN


“La contemplación de las cosas divinas y la unión asidua con Dios en la oración debe ser el primer y principal deber de todos los religiosos”.
 Orad siempre sin desfallecer (Lc 18,1b)

El monje no debe olvidar el elogio que el Señor dirigió a aquélla que renunciando a toda otra actividad, se dedicaba a contemplarlo: María ha elegido la mejor parte que no le será quitada (Lc. 10,42)[70].

Para lograr este espíritu de oración, buscará el monje la intimidad con Dios en todo lo que piense, en todo lo que hable y en todo lo que obre; y tendrá entonces la oración perfecta.
El monje deberá ser no sólo un hombre de oración, sino también maestro de oración para aquellos que deseen crecer en este medio de unión con Dios y pidan lo que los discípulos le pidieron al Señor: enséñanos a orar (Lc 11, 1).

2- La Oración Litúrgica
La oración litúrgica es la oración oficial y pública de la Iglesia, recogida en los numerosos textos litúrgicos, en las distintas celebraciones, en los sacramentos, particularmente en la celebración eucarística, "fuente y cumbre de la vida cristiana".

3- La Salmodia
Rezar con los Salmos

4- Devoción Eucarística

La Santa Misa es el acto litúrgico por excelencia, y “la liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la iglesia, y al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza”, de ella “deriva hacia nosotros la Gracia…

domingo, 3 de enero de 2016

viernes, 1 de enero de 2016

¿Qué es un monje?

“A través de su rigurosa separación del mundo, el monje trata de abrazar plenamente el Evangelio, de preservar intacto, en condiciones de vida diferentes, el testimonio fiel y generoso del martirio, bajo una forma menos clamorosa pero prolongado durante toda la existencia. Primero las sangrientas persecuciones y después la vida monástica hicieron a los cristianos conscientes de la necesidad de vivir en el mundo como si no se viviera en él…”.


El santo hermano y monje trapense de nuestro siglo, Rafael Arnaiz escribía:

“¡Dios!… He aquí lo único que anima, la única razón de mi vida monástica.

Dios, para mí, lo es todo; en todo está y en todo le veo. ¿Qué me interesa la criatura?, ¿y yo mismo?… ¡Qué loco estoy cuando de mí me ocupo, y qué vanidad es ocuparse de lo que no es Dios!”


San Macario, decía: “El monje se llama monje porque día y noche conversa con Dios, no ocupa la imaginación más que en cosas de Dios y no posee nada sobre la tierra”.



“Se llama monje por cuanto invoca a Dios con oración incesante, a fin de purificar su espíritu de los numerosos e importunos pensamientos, y para que su espíritu llegue a ser monje en sí mismo, sólo delante del verdadero Dios, sin acoger jamás los pensamientos que provienen del mal…”.

2- El monje, sostén del mundo y pararrayos de la ira de Dios

(Están discutiendo Tértulo y Equicio, dos romanos que quieren llevar a sus hijos a Subíaco, el monasterio fundado por San Benito)

-¡Qué pena que un hombre así (están hablando de San Benito de Nursia, padre del monacato occidental) se haya apartado del mundo y se haya refugiado en la soledad con un puñado de monjes en vez de aspirar a un alto cargo!… pero mira, vuelven a cantar…

-tal vez eso sea más importante.

-¿los cánticos?

-Sí. Eso les mantiene en estrecho contacto con Dios. Y atraen a otros muchos. Cantan con el corazón, esos hombres… creo que al hacer lo que hacen sostienen el mundo…

-¿qué diablos quieres decir?- preguntó asombrado Tértulo.

-Senadores corrompidos, godos asesinos, comerciantes ladrones, bandidos, truhanes, adúlteros, prostitutas… ¿por qué iba Dios a mantener en la existencia a un mundo así?… Pero, de pronto, un hombre llamado Benito decide organizar algo en lo que todo se haga de cara a Dios, en medio de una corriente constante de alabanza que se manifiesta, entre otras cosas, en estos cánticos; una república en la que sus ciudadanos no poseen nada y lo tienen todo… Como comprenderás, no podía organizar una cosa así en el Palatino o en plena Suburbia… Era preciso buscar un lugar apartado y tranquilo.