domingo, 21 de noviembre de 2010

Cristo reina (pero desde la Cruz)



SOMOS CONSTRUCTORES DEL REINO DE DIOS

Por José María Martín OSA

1.- No hay cosa que nos haga más daño que el ver que somos objeto de burla o que se ridiculiza lo que nosotros consideramos sagrado. Muchos cristianos tienen hoy día la sensación de ser perseguidos o denostados por el hecho de vivir según unos criterios y unos valores. Jesús sufrió el escarnio y la burla en el momento del tormento de la cruz. Las autoridades hacían muecas, los soldados le ofrecieron vinagre, uno de los crucificados a su lado le insultaba. Incluso habían puesto un letrero para ridiculizarlo: "Jesús Nazareno, rey de los judíos" Utilizamos sus siglas,"para más INRI", para subrayar una situación de ofensa o de humillación. Hubieran preferido que pusiera: "Este ha dicho soy el rey de los judíos". Todo era un espectáculo esperpéntico. Pero, paradójicamente El era Rey, pero su reino no es de este mundo. ¿Qué querían decir cuando le pidieron por tres veces?: "Sálvate a ti mismo", ¿acaso que hiciera un milagro para bajarse de la cruz, acaso que demostrara su poder o su riqueza, acaso una prueba para demostrar que era el Mesías? Junto a esta humillación lo que más le dolió sin duda a Jesús fue el abandono de los suyos. ¿Cómo debemos responder los cristianos cuando nos sintamos incomprendidos o acusados? Pues con las mismas armas de Jesús: el amor y el perdón. El, simplemente dijo: "Padre perdónales, porque no saben lo que hacen".

2.- Tuvo que ser precisamente un malhechor el que descubriera el reinado de Jesús, tuvo que ser en la cruz.... Algunos no lo reconocieron cuando hacía milagros y él lo reconoció crucificado en un madero. Como dice San Agustín "en su corazón creyó y con la lengua hizo la profesión de fe". Le dijo "Acuérdate de mí, Señor, cuando estés en tu reino". Esperaba su salvación para el futuro y estaba contento con recibirla tras un largo plazo de tiempo. La esperaba para largo, pero el día no se hizo esperar. El Señor le respondió: "En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. El paraíso que el buen ladrón se imaginaba tenía árboles de felicidad, por eso Jesús le dice: hoy estás conmigo en el árbol de la cruz, hoy estarás conmigo en el árbol de la salvación.

3.- Jesús reina sirviendo a toda la humanidad. Su trono es la cruz, su cetro una caña, su manto es una túnica pequeña de color púrpura, su corona es de espinas. En su reino los últimos son los primeros y los primeros los últimos. Ahora comprendemos por qué hace unas semanas nos decía el evangelio que el reino no vendrá espectacularmente, sino que está dentro de nosotros. Tú puedes ser constructor del reino si trabajas por la paz y la justicia, si eres capaz de servir como Jesús, de perdonar como El, de luchar en favor de la vida y de la fraternidad. Cristo es la cabeza del cuerpo de la Iglesia. Nosotros somos sus miembros. Todos los creyentes, no solo los actuales, sino también los que existieron antes de nosotros y los que han de existir después hasta el fin del mundo pertenecen a su cuerpo, del que El es la Cabeza. En este "Cristo total" todos los bautizados asumimos la misión y el destino de Cristo: hacer posible ya aquí la realidad del reino y esperar con confianza que un día resucitaremos con El.

martes, 16 de noviembre de 2010

jueves, 11 de noviembre de 2010

La Cruz de los Jóvenes León, 6-10 noviembre 2010


Cuando en la fría noche del pasado miércoles, algunos de los voluntarios de León transportaban con solemnidad la Cruz peregrina de los jóvenes por las calles de Benavente para entregársela a la diócesis hermana de Zamora, pude ver la emoción en sus rostros e incluso alguna lagrima que se escapaba.

Era el acto final de cinco días intensos, muy intensos, en los que nuestra Iglesia de León ha dirigido su mirada a la cruz, signo permanente de salvación y esperanza. Ante ella han orado cientos de niños y jóvenes, presos, enfermos, cristianos de toda clase y condición, los sacerdotes y los seminaristas, los cofrades.
La experiencia de comunión eclesial, de familia, que hemos podido vivir no será fácilmente olvidada, ha de dar fruto de un modo que aún no podemos intuir.

Se agolpan ahora tantas escenas y encuentros… niños aupados en los brazos de sus mayores para que besaran el madero, la entrega de los voluntarios, dedicados en cuerpo y alma, testigos de la Cruz para sus hermanos jóvenes, la emoción del pueblo de Dios sencillo que se agolpaba para venerarla…

“¿Qué tiene de especial esta cruz?” Preguntaba un despistado al verla a hombros de los jóvenes por la calle. Y un hombre de mediana edad, a su lado, sin saber mucho de todo ello le respondía, “Es que esta cruz es algo especial, ¿no ve cómo la cogen? Es nada menos que la cruz peregrina de los jóvenes”.
Vino la Cruz y, con ella, un soplo de aire fresco, una bocanada de esperanza, que buena falta nos hacía y nos hace. Vino a prepararnos para la Jornada Mundial de la Juventud en agosto del 2011, a despertar los corazones fríos, a sacudir nuestra modorra, a mover conciencias y hacernos sentir pueblo peregrino. Y lo logró, más de los que llegamos a pensar que lo haría. Muchos escepticismos y miedos fueron derribados en estos días de gracia en que pudimos orar ante la bendita Cruz joven.
Ahora, su reto permanece. Como para los discípulos en la Pascua, que la experiencia de la Cruz sea el inicio de una resurrección que nos impulsa a la misión.

Rubén García P.