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viernes, 10 de febrero de 2017

Miriam Vicente, voluntaria: “Quería ir a un lugar donde pudiera remangarme, manchar la ropa y sudar construyendo un mundo mejor”

¿Por qué viajar a Perú pudiendo disfrutar de unos días de vacaciones con tu familia después de todo el curso?
Siempre había tenido la ilusión de algún día poder cumplir ese “cambiar el mundo” que los jóvenes tenemos en el corazón. Quería ir a un sitio donde mi ayuda pudiese realmente marcar la diferencia, donde mis ganas y mi ilusión se tradujeran en acciones concretas, donde pudiese remangarme, mancharme la ropa y sudar construyendo un mundo mejor, y Perú me parecía un buen sitio donde empezar a realizar este sueño.
Por otra, me apetecía hacer algo diferente y vivir una experiencia nueva, siempre había escuchado hablar de este voluntariado y se me ponían los dientes largos cuando me contaban las historias que les pasaban y lo mucho que ayudaban a la gente de allí.
¿Crees que con una parte de tu trabajo puedes mejorar un poco el mundo?
¡Claro! Si algo he aprendido en Perú es que yo no puedo cambiar el mundo, hay tantas cosas que hacer que una se siente impotente y pequeña. Sin embargo, yo sí puedo mejorar un poco la parte de mundo que me ha tocado. Todos los trabajos están dirigidos a mejorar el mundo, cada uno en una situación y en un terreno concretos, si yo trabajo con la responsabilidad y el compromiso de hacer bien lo que me ha tocado a mi personalmente, estaré mejorando mi parte del mundo, y si el resto de personas hacen lo mismo, entre todos haremos un gran cambio.
 ¿Qué es lo primero que llega a tu cabeza cuando recuerdas aquellos días?
Los niños: jugando por las calles del poblado, llenas de polvo y basura, corriendo detrás de nuestra furgoneta cuando nos vamos por la tarde de vuelta a la residencia sonriendo cuando les damos la merienda.
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 Cuéntanos un poco más sobre lo que hacíais, ¿qué es Condoray?
La labor que se lleva a cabo en esta provincia de Perú, Cañete, está coordinada principalmente por CondorayCondoray es una escuela de formación profesional para la mujer promovida por mujeres del Opus Dei, allí se imparte el grado de hostelería y se ha desarrollado un centro de formación empresarial para la mujer, para ayudar a las pequeñas empresarias de la zona. Esta escuela también cuenta con un programa de promoción rural en el que atiende a cincuenta poblados del valle de Cañete. En cada poblado, Condoray tiene un local y cuenta con una “promotora”, las promotoras son mujeres líderes de cada poblado que reciben formación en Condoray una vez a la semana y la transmiten a las demás mujeres de su poblado, produciéndose así un efecto multiplicador de la formación que se imparte desde Condoray.
¿Cuál era vuestra labor?
La labor de las voluntarias internacionales que vamos allí en los meses de julio y agosto es dar un impulso a esa labor de promoción rural. Nuestro grupo en concreto se dividió para atender a dos poblados: Santa Cruz y San Benito. Por un lado estaba el equipo de reconstrucción y educación, que se dedicaba a rehabilitar el local de ese poblado por las mañanas (lijando, pintando, limpiando, reconstruyendo paredes…) y por las tardes organizaba un campamento para los niños y atendía a las madres. En el campamento se hacían distintas actividades con los niños, se les daban algunas clases y también recibían catequesis. A media tarde, después de lavarse las manos, se les daba de merendar. Por otro lado estaba el equipo médico, del que yo formaba parte, compuesto por una médico de familia, una pediatra y estudiantes de medicina, enfermería, farmacia y odontología. Íbamos rotando por esos dos poblados y fuimos a un tercero: Los Ángeles. Organizamos una campaña médica en la que atendíamos a los habitantes de cada poblado en dos consultas: una consulta para niños y otra consulta para adultos, y repartíamos medicamentos que habíamos llevado de España.
¿Qué fue lo más duro de aquellos días?
Pensar que nosotras estábamos de paso, que íbamos a volver a España, y que todo lo que estábamos haciendo, toda la gente que estábamos ayudando, volvería a la normalidad cuando nos fuéramos.
Fue muy duro despedirnos el último día, sobre todo decir adiós a los niños. Muchos de ellos eran tan pequeños que no entendían qué pasaba, no podían comprender que al día siguiente cuando volvieran del cole (porque allí es invierno) nosotras ya no estaríamos. El último día los más mayores, que sí que se enteraban de lo que pasaba, ya no corrieron detrás de nuestra furgoneta cuando volvíamos a la residencia.
¿De dónde se saca esa fuerza que en ocasiones falta?
Cuando parece que ya no te quedan fuerzas, haces un último esfuerzo por recordar la razón  por la que estás allí, y entonces te das cuenta de que en realidad sí que te quedan fuerzas, eres más fuerte de lo que pensabas. Cuando eres incapaz de recordarlo, solo hace falta echar un vistazo alrededor y ver que las demás están igual de cansadas que tú o más, y sin embargo siguen adelante sin quejarse y con una sonrisa en la cara. Entonces, sacas fuerzas de donde puedas y sigues adelante.
El nivel de vida de la gente de allí es muy bajo, de la mayor parte de la población, ¿qué es lo que más te llamó la atención de ellos?
Se suele decir que la gente más feliz es la que menos tiene. Las sociedades desarrolladas nos hemos acostumbrado ya a oirlo pero no terminamos de creérnoslo.  Cuando llegas allí y experimentas la pobreza real de la gente: cómo viven, dónde viven, con qué viven… y sin embargo les ves felices, incluso generosos con lo poco que tienen.
Eran felices con apenas nada…
Las personas más felices del mundo estaban allí. Una vez oí a una de las señoras hablar de lo bonito que era su pueblo y de lo orgullosa que estaba de vivir allí. Ese “pueblo” es un poblado de chabolas, con calles de polvo sin asfaltar, con escombros y basura por las esquinas y bandas de perros callejeros; pero, para ella, ese lugar era el mejor sitio del mundo.
¿Con qué sueña una futura médico después de descubrir la pobreza más brutal en Perú?
Sueña con poder cambiar todo eso, que se acabe la pobreza, la desigualdad, la injusticia, que los líderes mundiales se den cuenta de esta situación y hagan algo por cambiarla. Sueña con formar parte del cambio que haga de este mundo un lugar mejor.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Dios sabe sobre mi futuro

Tumbado en la cama y con la mirada hacia arriba te pones a pensar en qué será de ti el día de mañana.
Sólo hay una pregunta que te ronda la cabeza ¿qué será de mi?, ¿qué voy hacer con mi vida? o ¿a qué me quiero dedicar? Y perdemos tiempo, un tiempo que se lo lleva un futuro incierto.
Ves a la gente de tu alrededor contenta, haciendo lo que le gusta, ¿y tú?, tú no te encuentras, no sabes que quieres. Deseas un futuro grandioso pero no sabes manejar el presente. Deseas tener una carrera, un coche, una casa, muchos amigos, ser un empresario de categoría, pero… ¿y cuando tengas todo eso?, ¿qué será de ti en el futuro?
Y no nos damos cuenta que nuestro futuro lo tenemos en frente, levanta bien la cabeza, no está allí donde miras, lo tienes justo en frente, en el Sagrario, cada día y a todas horas. El sabe cual es tu futuro, donde te realizaras donde seras tu en plenitud. Pregúntale. Pero no un día 10 minutos sino un día un ratito...o un "ratazo" al día siguiente otra vez, y otra y otra y otra mas y mientras viviendo tu presente, cogiendo tu presente con las dos manos y poniendo el corazón y la luz....saldrá.
… Buscad, pues, primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad”, (Mt 6, 25-34).

sábado, 31 de diciembre de 2016

¿Qué hacer ante la vocación religiosa de un hijo? 8 consejos imprescindibles

1. ¡Alégrense, llenos de Gracia!

Aunque al principio pueda causar estupor, la vocación de un hijo es algo profundamente maravilloso. ¡Dios los considera dignos de ser padres de otros Cristos, de esposas de Cristo o de consagrados! De la generosidad de la respuesta de ustedes Dios tiene previsto muchísimas gracias

2. ¡No tengan miedo!

Esta frase se repite cientos de veces en las Sagradas Escrituras. ¿Por qué habrían de tener miedo ? ¡Si Dios pide algo, siempre nos da las gracias necesarias para cumplirlo!

3. Indaguen (sin ser inquisitivos)

¿Contemplativo o activo?, ¿sacerdote o laico consagrado?, ¿religiosa o consagrada? ¿En qué congregación? De este discernimiento inicial va a depender mucho la perseverancia, así que hay que ayudarlos, dejando que sean ellos los que tomen las decisiones.


4. No se crean los jueces de la vocación de su hijo

No estás llamado a poner a prueba la vocación de tu hijo. Tu hijo no te pertenece, Dios te lo dió y si Dios lo llama a unos destinos altísimos, impedírselo o prohibírselo no traerá nada bueno. Aquí cabe la profecía de Gamaliel:

«(…)si esto que hacen es de carácter humano, se desvanecerá; pero si es de Dios, no lo podrán destruir. ¡No vaya a ser que ustedes se encuentren luchando contra Dios!» (Hch 5, 38-39)


5. No intenten forzar nada…

Del mismo modo que en el punto anterior: si es de Dios, es de Dios, pero si no lo es, no hay nada que puedas hacer para forzar a tu hijo a seguir una vocación que no es la suya, y tal vez le causes mucho daño.

6. … pero recen para que Dios suscite la vocación en sus hijos

¿Cómo va a suscitar vocaciones Dios si no las pedimos? Roguemos pues, al dueño de la mies, para que envíe obreros a su mies… ¡En nuestra familia!


7. Prepárense para verlo feliz. Muy feliz

Los hijos parten hacia destinos lejanísimos, hacia misiones dificultosas, ¡y no hay forma humana de sacarles la sonrisa de la cara! ¡La alegría es siempre la confirmación de esa vocación genuina!

8. ¡Y prepárense para ser también, muy, muy felices!

La vida de tus hijos religiosos no va a estar exenta de cruces, para ellos y para sus padres, pero las alegrías y satisfacciones son inmensamente más grandes que las penas y cruces. ¡Tendrán un hijo rezando todos los días de su vida por ustedes!

Sepamos corresponder a la gracia con alegría y sin temores, que «nadie vio ni oyó, y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman» (1 Co 2,9).

miércoles, 28 de diciembre de 2016

¿Cómo saber si Dios me llama? 7 claves para discernir una posible vocación a la vida consagrada

Cuando uno habla de vocación muchos se asustan. Lo primero que piensan es en hábitos, oraciones eternas, todos viviendo en una misma casa, estar lejos de la familia, etc. Pero la verdad es que es mucho más que eso. Tiene muchas gratificaciones, pero también sacrificio y arduo trabajo.

Dios llama para hacernos suyos: para dejar atrás la vida que llevábamos y entregarnos por entero a Él.

1. Ora… ora… y ora

Parece muy obvio pero es de lo más necesario. Santa Teresita de Lisieux decía: «Para  mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría». Ahí está resumido todo. La oración es algo sencillo. Imagínate que llegas del colegio y quieres hablar con tus padres acerca de cómo te ha ido durante el día: tus penas y alegrías; tus sueños y frustraciones… este diálogo con Dios es oración.


2. Frecuenta los sacramentos: La Eucaristía y la penitencia

Si no ibas a Misa o no eras de confesión frecuente, este un excelente tip para ti. Para sanar y limpiar el alma son necesarios los sacramentos. La Eucaristía es nuestro alimento espiritual, lo más grande que Jesús nos dejó en herencia, y además está al alcance de todos. Por otro lado, la penitencia es necesaria para lavar nuestra alma de las impurezas del pecado y hacernos transparentes ante Dios. Necesitas pedirle perdón a Dios por las cosas malas que has hecho. Cuando uno está reconciliado con su Padre el corazón se llena de paz, en ese momento es cuando está mejor dispuesto para acogerle y responderle con generosidad.

3. Pedir dirección espiritual

Sacerdotes, religiosas o religiosos pueden ayudarte a ver la voluntad de Dios en tu vida, a encaminarte por el ruta que Dios te marca. San Juan de la Cruz señala al respecto: «No solo el director debe ser sabio y prudente sino también experimentado…

4. Ten una actitud disponible ante el plan Dios

Es fácil decirlo cuando uno no está de por medio, pero cuando es la vida entera la que está implicada esta frase tiene un peso mayor. Ama a Dios y confía en Él.  Si te pide cambiar una cosa, lo podrás hacer. Si te pide esforzarte en una virtud, también lo lograrás. Pero intenta siempre cultivar un corazón disponible, generoso para con Dios.

«Dichosos el hombre que ha puesto su confianza en el Señor… Entonces yo digo: Aquí estoy, para hacer lo que está escrito en el libro acerca de mí. Amo tu voluntad, Dios mío» (Salmo 40, 5.8).

5. Busca cambiar los hábitos que no te ayudan

Muy importante es cambiar los antiguos hábitos para transformarnos en hombres y mujeres nuevos. . Nuestra vida debe tener olor a Cristo. Como dicen por ahí: «Cada uno sabe dónde le aprieta el zapato», en otras palabras, todos sabemos cuáles son nuestras deficiencias, lo que debemos mejorar.

«Supongo que han oído hablar de Él [de Cristo] y que, en conformidad con la auténtica doctrina de Jesús, les enseñaron como cristianos a renunciar a su conducta anterior y al hombre viejo corrompido por seductores apetitos. De este modo se renuevan espiritualmente y se revisten del hombre nuevo creado a imagen de Dios, para llevar una vida verdaderamente recta y santa» (Efesios 4, 21-24).

6. Esfuérzte por vivir la coherencia de vida

«Agere sequitur esse» en latín significa: «El hacer sigue al ser». Uno actúa de acuerdo a lo que es. Soy hijo de Dios, actúo como tal. Soy un hombre en discernimiento vocacional, actúo como tal. Es simple, lógica pura. Esto también cuesta trabajo. Necesitas de un compromiso serio y maduro.

7. Vivir con generosidad

Vivir de cara a Dios es necesariamente vivir generosamente. No podemos ser cristianos auténticos sin la generosidad como una de nuestras características esenciales. Si somos cristianos, somos generosos. No hablamos aquí de dar dinero a todo el mundo, repartir las cosas de mi casa a quienes necesitan o regalar comida a los pobres. Sí, esto es necesario, pero hay una generosidad aún más difícil: la del corazón.


«Les aseguro que todo aquel que haya dejado casa o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o tierras por mí y por la buena noticia, recibirá en el tiempo presente cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el mundo futuro la vida eterna» (Marcos 10, 29-30).

Escrito por H. Edgar Henríquez Carrasco, LC

martes, 15 de noviembre de 2016

Los primeros pasos de la vocación salesiana: la experiencia del postnoviciado

Tal vez alguien se pregunte sobre los primeros pasos de un joven salesiano dentro de la congregación. Estos primeros pasos se dan tras la primera profesión religiosa, durante el periodo del Postnoviciado. 
Actualmente vivimos somos 10 jóvenes salesianos (entre 20 y 35 años). Ya hemos hecho el año de Noviciado y estamos en la etapa formativa siguiente. Llevamos una vida ordinaria, como toda comunidad, aunque concentramos nuestros esfuerzos en algunas tareas formativas específicas.
Cada jornada se comienza todos juntos en la capilla para la oración. Por la mañana cada uno de los salesianos asiste a clases a la universidad. Durante la tarde, además de tiempo de estudio, según el día, desarrollamos distintas actividades, como canto, deporte o guitarra, y se termina siempre con la celebración de la Eucaristía.
También colaboramos semanalmente en algunos proyectos pastorales. Y participamos en algunas acciones pastorales de las Inspectorías a lo largo del año (Pascua, Campamentos,…). La formación y experiencia pastoral son ingrediente importante de nuestra vida salesiana. Los jóvenes no podrían faltar en estos primeros pasos para poder servir mejor al Señor entregándonos a los jóvenes.
El ritmo de vida es intenso, pero vale la pena prepararse para seguir animando las casas salesianas, con el espíritu de Don Bosco. Todo esto y el cuidado ordinario de la casa están guiados por el acompañamiento personal y espiritual de los formadores y hermanos de comunidad.
Alegría, oración, estudio, pastoral, formación… son los elementos de un camino cuyos primeros pasos los estamos dando y los continuaremos dando a lo largo de toda la vida salesiana. En definitiva: “Un camino que conduce al Amor” (Constituciones de los Salesianos de Don Bosco. Art. 196).


Posnovicios

domingo, 25 de septiembre de 2016

Misioneras Franciscanas del Suburbio

Hoy celebramos el aniversario de la muerte de nuestro Fundador. Su vida fue entrega a los más pobres, a los últimos...Pasó haciendo el bien. Intercede por nosotr@s P.Laureano.



Su fundador:

El Padre Laureano, nuestro fundador, nació en una pequeña población de León (Las Muñecas). Su vocación franciscana-capuchina le surge en una edad muy temprana. Desde su juventud vive dedicado a los demás. Se entrega al dolor de tantas personas como consecuencia de la Guerra Civil española y se le llega a conocer en muchos puntos de España como el Apóstol del Suburbio.


Nuestro fundador vivía con gran confianza en la Providencia, esto le empujó a comenzar y llevar adelante proyectos en favor de los hermanos más necesitados. Sentía un amor entrañable por María, la pobre de Yahvé.

Su carisma:
Acompañar... Entrar "descalzas" en la tierra sagrada de las personas, con una presencia acogedora, de escucha, diálogo y empatía.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Testimonio hermano Rubén Darío





Mi nombre es Rubén. Soy religioso pasionista. Mis estudios de primaria los realicé en un colegio de las Hermanas Franciscanas de la Madre del Divino Pastor que siempre estaban pendientes de nuestra formación cristiana, cosa que me marcó muchísimo y que ahora les agradezco enormemente. Mis padres no eran practicantes. A los 12 años hice mi Confirmación, animado por mi abuela materna.

Cuando inicié el cuarto año de secundaria conocí a un grupo juvenil misionero. Me inscribí y empecé a tener contacto con una realidad que hasta ese entonces era desconocida para mí.  En Agosto de 1991 realicé mi primera misión popular. Fueron 30 días que me cambiaron de tal manera que empecé a desear hacerme sacerdote.

Tenía que hacer algo, me sentía capaz de ayudarlos desde lo poco que pudiera darles. Mi primera opción siempre fueron los jesuitas, pero todo ello cambió cuando conocí al P. José Manuel León: un pasionista venezolano que me impactó. ¿Pasionistas? ¿Y quiénes eran? Ni me imaginaba que existían. “¿San Pablo de la Cruz? ¡Están equivocados, es San Juan de la Cruz!” decía sin pensar que el equivocado era yo. Una frase: “la Pasión de Cristo es la obra más maravillosa del Amor de Dios”. Ése fue el gancho, con eso empezó el cambio; fue como amor a primera vista. 

 Inicié el proceso vocacional con José Manuel durante un año. En aquel entonces tenía 18 años y ya estaba en la universidad. Ingresé al postulantado pasionista en el 1995.  Estudié los dos primeros años de filosofía  e inicié el noviciado, pero no completé el año. Salí, por decisión propia y, regresé a casa. Los meses siguientes fueron de profunda tristeza, desolación y frustración. No quería saber absolutamente nada de Dios.

Murio mi hermano de 15 años en 1999, se deshizo mi familia yo me gradué con honores, me fui a la capital llegue a tener mi propia empresa a veces asistía a Misa otras veces faltaba durante meses, la oración personal nunca la perdí pero me sentía vació...todo esto ocurrió en 11 años.

Despué apareció el P. Valentín, un viejo conocido pasionista, que contactó conmigo y me ayudó a aclarar las cosas. 

Tras un tiempo de discernimiento, el 14 de Septiembre de 2010 inicié mi noviciado en la ciudad de Daimiel, Ciudad Real. Jamás en mi vida me sentí tan tocado por Dios. Fue un año que me cambió por completo. El 15 de Septiembre de 2011 realicé mi profesión temporal. ¡Por fin! ¡Soy Pasionista! recuerdo que durante casi toda la celebración litúrgica lloraba de felicidad, de emoción, de alegría.
¡Gracias Señor, porque a pesar de saber lo poco que soy, me haces fuerte, me transformas y me amas tanto que me llamas a consagrarme a ti, a tu Reino y a tu Iglesia!



domingo, 31 de julio de 2016

Una joven yeclana de 17 años ingresa en el monasterio de Carmelitas



Acompañada por familia, amigos y una representación de la parroquia de La Purísima de Yecla, Raquel Romero Santa, ha entrado este domingo en el monasterio de las Madres Carmelitas Descalzas de Piedrahita (Ávila).

Desde la parroquia se desplazó a Piedrahita un autobús con jóvenes del coro y catequistas, acompañados también por su párroco.

Antes de entrar en clausura, Raquel se despidió de sus cuatro hermanas y de su hermano mayor, Pablo, seminarista de cuarto curso en el Seminario Mayor de San Fulgencio; y recibió la bendición de sus padres y de los sacerdotes presentes.
He aqui su testimonio vocacional:


"Tengo 17 años y soy la tercera de seis hermanos. Mis padres pertenecen al Camino Neocatecumenal y de pequeña siempre me han inculcado la fe. Siempre he ido creciendo en la fe y con el Señor, empecé también con dirección espiritual que me ayudó mucho a iniciarme en la oración, para tener esa intimidad con Dios como todo cristiano debería tener".

En una peregrinación a Granada y Sevilla con la parroquia (a los 13 años), en una exposición del Santísimo, recuerdo que caí de rodillas y le pregunté al Señor qué era lo que quería de mí. Me puse a llorar. Le pregunté que si no me quería para formar una familia, que si me quería para ser religiosa o misionera.

Entonces comencé a visitar conventos. Fui a Elche, donde conocí a las Carmelitas Descalzas. A la superiora le conté cómo había sentido la llamada y, se lo tomó en serio, me ayudó y me animó. Ahí comenzó mi relación con el convento».

Lo que me ayudó a decir que sí al Señor en la vida consagrada contemplativa fue el ejemplo de Santa Teresita del Niño Jesús, cómo siendo carmelita es patrona de las misiones. Yo también quería ser misionera y me dije: Si ella es patrona de las misiones en la clausura pues yo también lo puedo ser. Ahora quiero animar a los jóvenes, que estén dispuestos a decirle que sí al Señor, a que no tengan miedo, que Él siempre nos va a ayudar y nos va a dar siempre su mano».

domingo, 24 de julio de 2016

domingo, 26 de junio de 2016

Cinco claves para triplicar el número de seminaristas en una década: las da el obispo de Huelva

Cinco claves para triplicar el número de seminaristas en una década: las da el obispo de Huelva

1. Implicación personal del obispo en la pastoral vocacional
“En mis visitas a parroquias y colegios, estoy atento a chavales con cualidades”, señala.“Siempre llevo una libreta donde apunto los datos y el teléfono, si me lo quiere dar, del chico, para después invitarle a encuentros retiros y demás.


José Vilaplana en una misa diocesana

2. Oración permanenteToda la diócesis debe tener una actitud orante, con su obispo a la cabeza, para pedirle al Señor que envíe vocaciones. 

3. Hacer el seminario presente en la vida de la diócesis

“Los seminaristas tienen que ir a las parroquias; acudir a los encuentros de jóvenes. 
Monseñor Vilaplana afirma que, en los últimos años, “de modo sorprendente nos han dejado ir a colegios públicos e institutos para que nuestros seminaristas den el testimonio de su vocación”. 


Los seminaristas de Huelva visitando parroquias de la diócesis

4. Peregrinaciones marianas
Monseñor Vilaplana suele hacer una peregrinación anual con sus seminaristas a la que invitan a jóvenes con inquietudes. La presencia de la Virgen María en la pastoral vocacional se vuelve indispensable. 


Algunos de los estudiantes del Seminario de Huelva

5. Los distintos eventos diocesanos son oportunidades
“En el encuentro de monaguillos, por ejemplo, les llevamos al seminario, para que se familiaricen con él”, explica. También, en Semana Santa, monseñor Vilaplana celebra los oficios con los candidatos al sacerdocio de los primeros cursos en la catedral, y después acuden al seminario. “Allí invitamos a varios jóvenes para que vivan esos días con nosotros, y vemos cómo se les quitan muchos de los prejuicios con los que vienen”, asegura.

miércoles, 22 de junio de 2016

La vida secreta de una monja de 20 años

Se levanta a las 5:20 am, solo puede hablar dos veces al día y no puede dejar el convento en el que vive

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Cuando en 2008 la fotógrafa Toni Graves se adentró en un monasterio dominico de Summit, Nueva Jersey, para documentar el día a día de sus monjas, nunca imaginó lo que estaba a punto de encontrarse.

Sobre todo, porque detrás de la palabra “clausura” se dio de bruces con la palabra “vida”.

Lauren Franko tenía entonces 21 años, acababa de sentir la llamada de Dios escuchando una canción en YouTube y apenas llevaba unas semanas en el monasterio. Pero ya era su luz.

Lo había dejado todo: la universidad, un novio con el que se veía casada, unas amigas que no entendía su decisión, unos padres enfadados...

Inmediatamente Toni quedó prendada de sus mejillas coloradas, sugran sentido del humor y sonrisa contagiosa. Ella era todo lo que nunca nadie esperaría de una monja.
Lauren era simplemente una veinteañera enamorada.
Graves decidió entonces seguir volviendo durante los 7 años siguientes y documentar la conversión de Lauren en la Hermana María Teresa del Sagrado Corazón. Un bello reportaje fotográfico llamado Radical Love, que acabó convirtiéndose no solo en un retrato de la vida en el convento, sino el paso de la adolescencia a la edad adulta.
Aqui estan algunas de las fotos:





miércoles, 27 de abril de 2016

¿Tienes vocación?

Vocación tienes, como la tenemos todos ¿pero cuál? No soy yo quien te lo pueda decir; has de ser tú quien la descubra.

Lo primero que has de hacer es tomarte en serio tu fe cristiana. Crees en Jesús. ¿De verdad que hablas con Él y lo escuchas? Déjate estar de si te gusta o no, ser cura o monja o el matrimonio; no es cuestión de gustos, sino de respuestas a los deseos de Jesús sobre ti. Ahí está el punto clave.

¿Tú sabes lo que es sentir sobre ti todo el amor de Jesús y volcar sobre Él todo el tuyo? ¿Has experimentado oírle decirte a ti y con frecuencia: Gracias? ¿Y has experimentado también de que estando trabajando por Él y para Él, tener por dentro la satisfacción y el gozo de sentir sobre ti la mirada complaciente de Jesús?

Te recomiendo que escuches a Jesús en tu oración y pienses en lo que quiere de ti. Te recuerdo que, aparte de tu rectitud de intención, es signo de vocación tener cierta inclinación y, desde luego, también disponibilidad.