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martes, 15 de noviembre de 2016

Los primeros pasos de la vocación salesiana: la experiencia del postnoviciado

Tal vez alguien se pregunte sobre los primeros pasos de un joven salesiano dentro de la congregación. Estos primeros pasos se dan tras la primera profesión religiosa, durante el periodo del Postnoviciado. 
Actualmente vivimos somos 10 jóvenes salesianos (entre 20 y 35 años). Ya hemos hecho el año de Noviciado y estamos en la etapa formativa siguiente. Llevamos una vida ordinaria, como toda comunidad, aunque concentramos nuestros esfuerzos en algunas tareas formativas específicas.
Cada jornada se comienza todos juntos en la capilla para la oración. Por la mañana cada uno de los salesianos asiste a clases a la universidad. Durante la tarde, además de tiempo de estudio, según el día, desarrollamos distintas actividades, como canto, deporte o guitarra, y se termina siempre con la celebración de la Eucaristía.
También colaboramos semanalmente en algunos proyectos pastorales. Y participamos en algunas acciones pastorales de las Inspectorías a lo largo del año (Pascua, Campamentos,…). La formación y experiencia pastoral son ingrediente importante de nuestra vida salesiana. Los jóvenes no podrían faltar en estos primeros pasos para poder servir mejor al Señor entregándonos a los jóvenes.
El ritmo de vida es intenso, pero vale la pena prepararse para seguir animando las casas salesianas, con el espíritu de Don Bosco. Todo esto y el cuidado ordinario de la casa están guiados por el acompañamiento personal y espiritual de los formadores y hermanos de comunidad.
Alegría, oración, estudio, pastoral, formación… son los elementos de un camino cuyos primeros pasos los estamos dando y los continuaremos dando a lo largo de toda la vida salesiana. En definitiva: “Un camino que conduce al Amor” (Constituciones de los Salesianos de Don Bosco. Art. 196).


Posnovicios

domingo, 25 de septiembre de 2016

El evangelio de hoy...Párate y siente

DOMINGO XXVI DE TIEMPO ORDINARIO
El evangelio de hoy...Párate y siente, nos pasamos la vida razonando y guardando ideas en la cabeza, desde la cabeza lo hacemos todo, luego no somos coherentes por que nuestra mente no concuerda con el corazón por eso párate y piensa, PÁRATE Y SIENTE

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
-Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día.
Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico, pero nadie se lo daba.
Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.
Se murió también el rico y lo enterraron. Y estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno, y gritó:
-Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.
Pero Abrahán le contestó:
-Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida y Lázaro a su vez males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.
Y además entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.
El rico insistió:
-Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.
Abrahán le dice:
-Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen.
El rico contestó:
-No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.
Abrahán le dijo:
-Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.



Reflexión de hoy facilitada por la Misioneras Franciscanas del Suburbio: http://felicidadentucamino.blogspot.com.es/p/misioneras-franciscanas-del-suburbio.html

martes, 24 de noviembre de 2015

Fue primer ministro chino, se convirtió por amor y al morir su esposa se hizo monje benedictino

La fuerza de Europa no se encuentra ni en su armamento ni en su ciencia, se halla en su religión. Observa la fe cristiana. Cuando hayas captado su corazón y su ímpetu, tómalos y llévalos a China".

Quien decía estas palabras a principios del siglo XX era Xu Jingcheng, embajador de China ante la corte de los zares, y quien las escuchaba era un joven diplomático, Lou Tseng Tsiang (1871-1949), quien estaba en Rusia desde 1892 en diferentes tareas al servicio de su país y pasaría allí catorce años.

Lou tenía a Xu como su mentor y convirtió esas palabras en norma de vida, y en cierto modo la sintetizan, centrada siempre en Cristo pero a caballo entre China y su destino vital, tan ligado a Europa.

El amor y el ejemplo de una joven belga
Lou Tseng Tsiang había nacido en Shanghai en una acomodada familia protestante. Su padre, activista de la London Missionery Society, le educó en el amor a la Biblia y le dio una rica formación en idiomas, preparándole para su carrera posterior.

Pero justo en los inicios de su profesión, en 1899, conoció en San Petersburgo a una joven hija de una familia de militares belgas. Lou se enamoró de Berthe Bovy, y como ella era católica, se casaron una vez resuelto el impedimento de disparidad de culto. El mismo sacerdote que ofició la ceremonia, el padre Antonin Veile-Lagrange, O.P., le recibiría en la Iglesia, bautizándole sub conditione.

Pero eso no sería hasta el 25 de octubre de 1911, cuando la evolución de sus propias convicciones personales y el amor a su esposa por su continuo ejemplo le llevaron a dar ese paso. "Prometí que nuestros hijos serían católicos, pero como no tenemos hijos ¿qué te parecería si me hiciera católico?", le planteó un día a Berthe. A quien hizo feliz, a pesar de que siempre se había mostrado discreta con él: "Mi esposa nunca me había planteado la cuestión religiosa, contentándose con ser lo que era: una verdadera cristiana. Aquella discreción me animaba aún más a desear unirme a ella en la Iglesia católica, donde me habría negado a entrar si ella me hubiera incitado a ello". Así lo cuenta en los libros Recuerdos y pensamientos (1945) y El encuentro de las Humanidades y el descubrimiento del Evangelio de 1949).



"No" categórico al Tratado de Versalles
Para entonces estaba en la cima de su carrera. Entre ese año y 1926, Lou fue varias veces primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores, y encabezó la delegación de China en el Tratado de Versalles de 1919. Allí se consagró como un político correoso en defensa de su patria, pues se negó a suscribir el Tratado porque concedía a Japón la soberanía sobre un territorio que China reclamaba. Fue el único país participante que no fue signatario de los acuerdos.



Tseng Tsiang estaba dejando una huella importante en la historia política de su país, e incluso en algún momento dejó los cargos que tenía para ocuparse de las víctimas del hambre, pero había algo que le preocupaba más que todo ello: el delicado estado de salud de Berthe. En 1922 se trasladaron a Suiza para buscar su recuperación, y durante ese tiempo peregrinaron a Roma y Lou fue recibido por el Papa Pío XI.

Postulante, sacerdote, abad
Algo barruntaba ya entonces sobre cuál sería su futuro en caso de fallecimiento de Mme. Bovy. Y cuando eso sucedió en 1926, Lou entró como postulante en la abadía benedictina de Saint André-les-Bruges, en Bélgica, donde adoptó el nombre de fray Pedro Celestino. Tenía 56 años. En 1935 fue ordenado sacerdote, y en 1946 el Papa Pío XII le nombró abad titular de la abadía de San Pedro en Gante. Murió el 15 de enero de 1949, tras una vida extraordinariamente rica en experiencias, pero sobre todo rectilínea en el seguimiento de la voluntad de Dios tal como se le iba revelando.



Filosofía que conduce a Dios
En sus escritos, Lou Tseng Tsiang explica el valor de la filosofía natural tradicional china al modo en que los Padres de la Iglesia valoraron la filosofía natural griega, como buena preparatoria para la fe: "Soy confucianista en el sentido de que esta filosofía moral, en la que fui educado, penetra profundamente en la naturaleza del hombre y traza claramente su línea de conducta ante el Creador, ante los padres y ante el prójimo, tanto las personas como la sociedad. El confucianismo, cuyas normas de vida moral son tan profundas y tan benéficas, encuentra en la revelación cristiana y en la existencia y en la vida de la Iglesia católica la justificación más impresionante de todo cuando posee de humano y de inmortal".

"El Logos de los griegos", escribe en otra ocasión abundando en esta idea, "se corresponde sin duda con el Tao de los chinos. En el principio era el Tao, y el Tao estaba con Dios, y el Tao era Dios. Jesucristo es el Taos hecho carne, que viene a revelarnos la vida de Dios y a desvelar su corazón humano y la piedad filial que muestra hacia su Padre".

El "latín" de los chinos
Como benedictino, sentía un gran aprecio por la liturgia como expresión del misterio de la relación entre el hombre y Dios. Como medio de aumentar las conversiones mediante los sacramentos, quería que la Iglesia autorizase en China la misa en chino, pero no porque fuese partidario de la liturgia en lengua vernácula, sino por razones culturales. De hecho, no pretendía una traducción al chino corriente, sino a las antiguas formas del chino literario ("por su profunda belleza, por su vigor y elegancia"), esto es, un equivalente del latín en Occidente: "Mientras la liturgia católica no adopte la lengua literaria china (la cual, quiero subrayar, se armoniza de manera admirable con el canto gregoriano), el culto que la Iglesia rinde a Dios, el sacrificio de la misa, el oficio divino, la liturgia de los sacramentos, la admirable liturgia católica de los funerales serán, para la raza amarilla, un libro totalmente cerrado".

El deseo incumplido de Lou fue volver a su país y participar, aunque ya septuagenario, en el renacimiento de la vida monástica católica en China (que pronto frustraría, mediante la persecución, la revolución comunista). En el claustro belga, evocando las ricas experiencias de su vida y el amor de su esposa que le había llevado a la fe, Tseng Tsiang escribió sus obras recapitulatorias, una de las cuales acaba concretando el gran objetivo de su vida de experimentado diplomático: "Que Dios sea honrado y glorificado por todas las naciones de la tierra".

viernes, 20 de noviembre de 2015

Llegó cubierto de tatuajes a la abadía donde hoy es monje ¡y los conserva!: «Es parte de lo que soy»



Hace seis años, una moto se detuvo a las puertas de la abadía benedictina de Mount Angel, en Saint Benedict (Oregón, Estados Unidos). De ella descendió un hombre ya maduro, enfundado en cuero, con un piercing en las orejas, algunas rastas en el pelo y tatuajes en los brazos y el cuello. Ahora recuerda que fue “muy divertido” comprobar el impacto de su imagen sobre los monjes. Lo corrobora el abad, Vincent Trujillo: “Procurábamos no tener prejuicios en cuanto a su apariencia, pero ciertamente impresionaba. Todo el mundo es bienvenido a los retiros de discernimiento”.

De Bobby Love a Hermano André
Porque a eso acudía Bobby Love: a discernir su vocación. Y del resultado del discernimiento es buena muestra su imagen como encargado del museo del monasterio. Su nombre es ahora Hermano André y porta el mismo hábito benedictino que el resto de sus casi cincuenta compañeros.

Pero aún quedan las huellas de su pasado, los tatuajes que se hizo en manos y cuello a principios de los años 90. Los llamaban tatuajes “antitrabajo”, porque nadie que los llevase podía aspirar a ser contratado. Y es justo lo que él pretendía: como hijo rebelde de un exitoso hombre de negocios, había decidido ser artista y no quería marcha atrás. Estamparse la piel fue su forma de “quemar las naves” para empezar a llevar una vida bohemia y vivir sólo de sus pinceles.

Muchos años después, cuando decidió quedarse entre los muros del claustro, pidió permiso al abad para borrarse los tatuajes. Pero Dom Vincent le sugirió que los conservara, y el hermano André aceptó: “No tanto como recordatorio, sino porque es parte de lo que soy”, confiesa a Tom Mayhall Rastrelli en un reportaje de Statesman Journal.



Un buen monje
Rodeado de los variopintos objetos del museo (desde una colección de animales disecados a algunas piezas milenarias de cerámica, pasando por una calabaza labrada por Walt Disney), que se encarga de investigar y catalogar, el hermano André se siente “como en un jardín”, pero le sale el monje que lleva dentro: “La oración es mi trabajo real”. Y de hecho, una de las personas que más le han ayudado en sus tareas museísticas como restauradora en el Bush Barn Art Center, Catherine Alexander, destaca que “una singular forma de devoción empapa todo lo que hace”.

El antiguo Bobby Love es también el encargado de la campana que rige la vida monacal, y que toca a las 5.20, 6.30, 7.55, 11.55, 5.15 y 7.25, las horas en que los monjes acuden a la capilla para las Horas y la misa. Él se sienta en el coro en primera fila, entre los más nuevos. El abad habla bien de él: “Hace bien su trabajo y sabe cuándo es el momento de concentrarse y cuándo el de relajarse. ¡No porque seamos monjes ignoramos cómo pasarlo bien!”.



Dinero, amigos y adicciones: solo y sin rumbo
Pero ¿cuál es la historia del hermano André? Nació en el seno de una familia católica, el tercero de cinco hermanos, todas chicas salvo él, y vivieron en Texas y Mississippi. Su padre era empresario y su madre pintora, y así nació su vocación artística. Estudió en el instituto hasta que lo dejó y se enroló en el Ejército, donde estuvo cinco años, incluyendo la Guerra del Golfo.

Luego abandonó las Fuerzas Armadas y fue cuando se tatuó el cuerpo. Viviendo en Nueva York descubrió que podía ganar cien dólares a la hora haciendo tatuajes… y fue su ocupación en los años siguientes, con una reputación que le llevó de la Gran Manzana a todo el país: Nueva Orleáns, Seattle, Austin… Hacía dinero, tenía amigos… “Todo apuntaba a que yo debería ser feliz, pero me sentía solo y a la deriva. Me miraba a mí mismo y me daba cuenta de que me había convertido en un producto. Mi arte no era una expresión personal, sino lo que los chicos querían, aquello por lo que estaban dispuestos a pagar”. Todo era cuestión de dinero, de imagen, de ego… Bebía demasiado y consumía drogas.

La necesidad de Dios
Bobby Love se divorció tres veces. “No tenía ni idea de lo que era el amor. No tenía ni idea sobre cómo amor o sobre cómo dejar que los demás me quisiesen, y por eso era un miserable”, lamenta ahora el Hermano André: “Mis adicciones eran sólo un síntoma de un problema mayor… la ruina espiritual. Me di cuenta de que necesitaba a Dios. Necesitaba ser una persona completa en el sentido de que no se trata sólo de lo material o lo físico, sino de una completa dinámica espiritual que yo había ignorado por completo”.

Decidió entonces tratarse de sus adicciones, salir de la bohemia para tener un trabajo “normal” de nueve de la mañana a cinco de la tarde, tener tiempo para pensar y reconducir su vida: “Me miré los brazos y vi que en ellos sólo había odio e ira. Era un mecanismo de autodefensa”.

La fe de la infancia
En ese proceso de revisión de vida, investigó diversas religiones, pero concluyó que lo que debía intentar era conocer de verdad la que había probado en su infancia. En 2006 volvió a la fe católica: “Tuve que reaprender la fe como adulto. Cuando niño tenía un montón de cuestiones que no comprendía. Si te educan en la fe, simplemente crees en ello. Yo sólo quería saber por qué lo hacemos”.

Se confesó, veinticinco años después, y realizó el curso básico de iniciación como si no estuviese ya bautizado. Pidió perdón a todos aquellos a quienes había perjudicado durante su vida.

Creador de iconos
Quiso convertirse en un artista cristiano, “pero no para pintar esas imágenes almibaradas de Cristo y de los santos en los mismos estilos en los que ya se ha hecho, en particular con todo ese sentimentalismo. Quería, de nuevo, encontrar mi voz”. Y lo ha conseguido en el claustro, en los pequeños ratos de veinte minutos que sus responsabilidades le dejan libres.

Actualmente está terminando un icono bizantino de San Esteban y un cuadro de Veronés de los Siete Dolores de María Santísima, el encargo de una parroquia. Su superior le ha pedido que estudie iconografía, y se consagra a pintar cuadros religiosos con técnicas antiguas.

Pintar como forma de relación con Dios
Ahora su perspectiva es la de un monje: “Tuve que cambiar todo lo que pensaba sobre crear y producir. Ya no se trata de lo que soy capaz de hacer, sino de mi relación con Dios”.

Porque “Dios”, confiesa, es la última explicación para un periplo vital que empezó con la pasión del arte y le llevó a bajarse aquel día de la moto, a las puertas de la Abadía de Mount Angel, dispuesto a pasar sus rastas y sus tatuajes, pero sobre todo su alma y su pasado, por la criba de un retiro espiritual.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

De baterista rock a trapense: «Yo no iba a misa pero unos amigos me llevaron en su aniversario y...»

9 junio 2015















































































































La abadía de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, en Frattocchie (Italia), toma su origen de la supresión de la abadía de Nuestra Señora de las Catacumbas de San Calixto, cerca de Roma. Los trapenses habían sido expresamente deseados y llamados por el Papa León XIII en 1883 para que fuesen los custodios de estos santos lugares que constituyen el célebre cementerio de los primeros siglos de la Iglesia junto a la vía Apia.
Hace 40 años, el Padre José ingresó al monasterio, tras haber llevado una vida vinculada a la música de rock (fue un importante baterista de destacados artistas argentinos).

Él destaca que Dios encuentra al hombre donde el hombre está, y manifiesta, “no hace como nosotros que preparamos un escenario, mi experiencia personal es que Dios me vino a buscar donde yo estaba. Yo no reniego del pasado, al contrario, fue el lugar que Él eligió para encontrarse conmigo”.

José Otero, monje trapense de la abadía de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, explicaba esto a Radio María:

“Un día pasó Jesús por acá, y me dijo sígueme, y yo acepté y dije me voy atrás de este, que tiene la verdad y la vida”.

Y así comenzó, tenía 24 años cuando tuvo una conversión.

Un amigo suyo lo visitó una noche en el lugar donde él trabajaba. El amigo cumplía años de casados con su esposa, y lo invitaron a su casa a comer un pedazo de torta.

Después a la mañana siguiente lo llevaron a misa. “Me regalaron la maravilla de la misa”, cuenta emocionado.

En ese momento él no iba a misa, mientras que sus amigos iban todos los días. Y a partir de ellos Rolando y Mimí, el hoy padre José Otero, empezó a visitar a los benedictinos de Buenos Aires.

“Y ahí fue mi conversión”, indica. Así comenzó a empaparse de todo lo que era la vida monástica. Como quien se sabe amado, cuenta que en un momento determinado hizo la opción entre seguir con su profesión o entrar en el monasterio y optó por entrar en el monasterio.

Acerca de la dinámica en el Monasterio, el Padre José, dice que la estructura de la vida monástica es ordenar todas las cosas para contar con el tiempo necesario que facilite una vida de oración. Describe este momento, priorizando los oficios divinos, “a las tres y cuarto de la mañana nos levantamos y rezamos, vigilia, laudes, nona, vísperas, y lo más importante es la lectio divina”.

Cuentan también con tiempo para el encuentro fraterno, ya que los domingos aprovechan para charlar con los hermanos, caminar en la viña que tienen donde producen vino castelli romani, vino blanco.

El Padre José Otero, reflexiona diciendo que una de las necesidades más grandes que tiene el mundo de hoy es ver encarnada la religión en un grupo de gente, no en personas aisladas, un grupo de personas que se dedique a manifestar que el evangelio es posible, que Jesucristo vive donde dos o más se reúnen en su nombre.

Ante la pregunta qué es lo que lo motiva a elegir todos los días esta vida en el Monasterio, declara que su renovación diaria es el encuentro con Jesús en la Eucaristía, conocer la misericordia de Dios, que es conocer su verdad, experimentar en carne propio el perdón. “Yo pienso que en el cielo vamos a estar permanentemente con la boca abierta, absortos, de todas las novedades que vamos a encontrar en Dios”.

“En la Eucaristía de cada día, junto con la comunidad, se experimenta que Dios está con nosotros, como Él lo prometió, estaré con ustedes hasta el fin del mundo”, concluye.

domingo, 30 de agosto de 2015

El Gran Milagro

¡¡¡¡Os recomiendo ver esta película!!!! 
Explica de manera clara, sencilla y entretenida lo que pasa, y no nos damon cuenta en algunas partes de la Misa.
Desde que la vimos en el Monasterio vivimos la Misa de manera diferente de hecho la hemos visto varias veces y cada vez nos damos cuenta de algo nuevo y... NO SE HACE PESADA


¡¡¡Tienes que verla!!!



martes, 4 de agosto de 2015

San Juan María Vianney (Santo CURA de Ars)


Su verdadero nombre fue San Juan Bautista María Vianney, pero en todo el mundo es conocido con el nombre de Cura de Ars. Nació en Dardilly, en las cercanías de Lyon (Francia), el 8 de mayo de 1786. Tras una infancia normal, a los diecisiete años Juan María concibe el gran deseo de llegar a ser sacerdote. Su padre, aunque buen cristiano, pone algunos obstáculos, que por fin son vencidos. El joven inicia sus estudios en el seminario, dejando las tareas del campo a las que hasta entonces se había dedicado. 

Todos sus superiores reconocen la admirable conducta del seminarista, pero..., falto de los necesarios conocimientos del latín, no saca ningún provecho de los estudios y, por fin, es despedido del seminario. Intenta entrar en los hermanos de las Escuelas Cristianas, sin lograrlo. La cosa parecía ya no tener solución ninguna cuando, de nuevo, se cruza en su camino un cura excepcional: el padre Balley, que había dirigido sus primeros estudios. Él se presta a continuar preparándole, y consigue del vicario general, después de un par de años de estudios, su admisión a las órdenes. Por fin, el 13 de agosto de 1815, el obispo de Grenoble, monseñor Simón, le ordenaba sacerdote, a los 29 años.  Sin embargo, el Santo Cura se sentía feliz al lograr lo que durante tantos años anheló, y a fuerza de tantas privaciones, esfuerzos y humillaciones, había tenido que conseguir: el sacerdocio.

 Muerto el padre Balley, y terminados sus estudios, el arzobispado de Lyón le encarga la pastoral de un minúsculo pueblecillo, a treinta y cinco kilómetros al norte de la capital, llamado Ars.

El 9 de febrero de 1818, San Juan María llegó a Ars. pueblecillo del que prácticamente no volverá a salir jamás. 


El cura pudo vivir enteramente consagrado a sus feligreses. Visitándoles casa por casa; atendiendo paternalmente a los niños y a los enfermos; empleando gran cantidad de dinero en la ampliación y embellecimiento de la iglesia; ayudando fraternalmente a sus compañeros de los pueblos vecinos. Es cierto que todo esto va acompañado de una vida de asombrosas penitencias, de intensísima oración, de caridad, en algunas ocasiones llevada hasta el extremo para con los pobres. Pero San Juan María no excede en esta primera parte de su vida del marco corriente en las actividades de un cura rural.


 Éste fue el comienzo de la célebre peregrinación de feligreses a Ars, llegó a hacerse célebre el cura de Ars en toda Francia y aún en Europa entera, Aquel pobre sacerdote, que trabajosamente había hecho sus estudios, y a quien la autoridad diocesana había relegado en uno de los pueblos más pequeños y menos devotos de la diócesis, iba a convertirse en consejero buscadísimo por millares y millares de almas. Y entre ellas se contarían gentes de toda condición.


Confesionario del Santo Cura de Ars: la siguiente distribución de tiempo: levantarse a la una de la madrugada e ir a la iglesia a hacer oración. Antes de la aurora, se inician las confesiones de las mujeres. A las seis de la madrugada en verano y a las siete en invierno, celebración de la misa y acción de gracias. Después queda un rato a disposición de los peregrinos. A eso de las diez, reza una parte de su breviario y vuelve al confesonario. Sale de él a las once para hacer la célebre explicación del catecismo, predicación sencillísima, pero llena de una unción tan penetrante que produce abundantes conversiones. Al mediodía, toma su frugalísima comida, con frecuencia de pie, y sin dejar de atender a las personas que solicitan algo de él. Al ir y al venir a la casa parroquial, pasa por entre la multitud, y ocasiones hay en que aquellos metros tardan media hora en ser recorridos. Dichas las vísperas y completas, vuelve al confesonario hasta la noche. Rezadas las oraciones de la tarde, se retira para terminar el Breviario. Y después toma unas breves horas de descanso sobre el duro lecho. Sólo un prodigio sobrenatural podía permitir al Santo subsistir físicamente, mal alimentado, escaso de sueño, privado del aire y del sol, sometido a una tarea tan agotadora como es la del confesonario.


El viernes 29 de julio de 1859 se sintió indispuesto. Pero bajó, como siempre, a la iglesia a la una de la madrugada. Sin embargo, no pudo resistir toda la mañana en el confesonario y hubo de salir a tomar un poquito de aire. Antes del catecismo de las once pidió un poco de vino, sorbió unas gotas derramadas en la palma de su mano y subió al púlpito. No se le entendía, pero era igual. Sus ojos bañados de lágrimas, volviéndose hacia el sagrario, lo decían todo. Continuó confesando, pero ya a la noche se vio que estaba herido de muerte. Descansó mal y pidió ayuda. «El médico nada podrá hacer. Llamad al señor cura de Jassans».

Ahora ya se dejaba cuidar como un niño. No rechistó cuando pusieron un colchón a su dura cama. Obedeció al médico. Y se produjo un hecho conmovedor. Éste había dicho que había alguna esperanza si disminuyera un poco el calor. Y en aquel tórrido día de agosto, los vecinos de Ars, no sabiendo qué hacer por conservar a su cura queridísimo, subieron al tejado y tendieron sábanas que durante todo el día mantuvieron húmedas. No era para menos. El pueblo entero veía, bañado en lágrimas, que su cura se les marchaba ya. El mismo obispo de la Diócesis vino a compartir su dolor. Tras una emocionante despedida de su buen padre y pastor, el Santo Cura ya no pensó más que en morir. Y en efecto, con paz celestial, el jueves 4 de agosto, a las dos de la madrugada, mientras su joven coadjutor rezaba las hermosas palabras «que los santos ángeles de Dios te salgan al encuentro y te introduzcan en la celestial Jerusalén», suavemente, sin agonía, «como obrero que ha terminado bien su jornada», el Cura de Ars entregó su alma a Dios.

Así se ha realizado lo que él decía en una memorable catequesis matinal: «¡Dios mío, cómo me pesa el tiempo con los pecadores! ¿Cuándo estaré con los santos? Entonces diremos al buen Dios: Dios mío, te veo y te tengo, ya no te escaparás de mí jamás, jamás».

Lo canonizó el papa Pío XI el 31 de mayo de 1925, quien tres años más tarde, en 1928, lo nombró Patrono de los Párrocos. El Papa Benedicto XVI proclamó a San Juan María Vianney "Patrono de todos los sacerdotes del mundo" el 19 de junio de 2009. Su cuerpo se conserva INCORRUPTO en la Basílica de Ars. Su fiesta se celebra el 4 de agosto.





lunes, 13 de abril de 2015

Celebracion en San Lorenzo, Sahagun

Benedictinas de sahagun con la postulante, Benedictinas de san pedro, hijas de la caridad y una religiosa de nigeria hija de maria inmaculada y el sacerdote que presidió



Marta postulane de las benedictinas de Sahagún dando su testimonio


jueves, 2 de abril de 2015

Jueves Santo

Hoy es el dia de la Ultima cena del Señor donde tiene lugar el lavatorio de los pies, despues de la cena Judas entrega al Señor, Jesús con sus discipulos va a orar al Monte de los Olivos, pero estos se quedan dormidos. Es en este lugar y esta noche donde lo prenden y se lo llevan para juzgarlo.

Hoy es un dia muy bonito y muy grande a un que empiece el sufrimieno de Jesús.
Es el dia en que se instaura la Eucaristia, el dia de los sacerdotes y el del amor fraterno.

Esta tarde se celebra la cena del Señor en la iglesia y la Hora Santa; tiempo de acompañar a Jesús en Getsemaní, hacer balance del amor, rezar...

Os invitamos hoy a repasar los hechos que tuvieron lugar el primer Jueves Santo de la historia y a poneros en el lugar de cada personaje, diferencias, parecidos...

¿como se sentiria Jesus en este dia? ¿en que situaciones soy como Judas? ¿me abajo para lavar los pies a mis hermanos? ¿dejo que me los laven? ¿dejo que Jesus me lave los pies? ¿como es mi participación en la eucaristia? ¿voy a rezar a "mi monte de los olivos" (capilla, habitacion, parroquia) para no equivocarme antes de tomar una decisión dificil, o enfrentarme a algo grande? ¿me duermo en vez de acompañar a Jesús?...

Os invitamos a rezar por:

Los sacerdotes, los que aún estan en los seminarios, por los que Dios quiere como sacerdotes, para que respondan, por los que ya son mayores, para que todos los sacerdoes vivan con alegria y entrega su vocación, sin caer, por que no esten solos, sino que se sientan apoyados...

Por la Eucaristia que se celebre como Dios quiere y con fervor y sabiendo que es lo mas sagrado que tenemos, por los que no pueden ir a misa y quieren, por los cristianos a los que matan por ir a misa, por que redescubramos la Eucaristia y todos los crisianos participemos de ella...

Por el amor fraterno, tantas guerras, tantos odios, tanto egoismo, tanto mirar por encima del hombro, tanta competitividad por ser mejor que el otro, pisandole...lavar los pies es arrodillarse ante el Jesíus que esta en el otro, no pisarlo...