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lunes, 3 de septiembre de 2018
jueves, 22 de febrero de 2018
martes, 1 de noviembre de 2016
domingo, 25 de septiembre de 2016
El evangelio de hoy...Párate y siente
DOMINGO XXVI DE TIEMPO ORDINARIO
El evangelio de hoy...Párate y siente, nos pasamos la vida razonando y guardando ideas en la cabeza, desde la cabeza lo hacemos todo, luego no somos coherentes por que nuestra mente no concuerda con el corazón por esopárate y piensa, PÁRATE Y SIENTE
El evangelio de hoy...Párate y siente, nos pasamos la vida razonando y guardando ideas en la cabeza, desde la cabeza lo hacemos todo, luego no somos coherentes por que nuestra mente no concuerda con el corazón por eso
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
-Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día.
Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico, pero nadie se lo daba.
Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.
Se murió también el rico y lo enterraron. Y estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno, y gritó:
-Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.
Pero Abrahán le contestó:
-Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida y Lázaro a su vez males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.
Y además entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.
El rico insistió:
-Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.
Abrahán le dice:
-Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen.
El rico contestó:
-No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.
Abrahán le dijo:
-Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.
-Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día.
Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico, pero nadie se lo daba.
Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.
Se murió también el rico y lo enterraron. Y estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno, y gritó:
-Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.
Pero Abrahán le contestó:
-Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida y Lázaro a su vez males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.
Y además entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.
El rico insistió:
-Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.
Abrahán le dice:
-Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen.
El rico contestó:
-No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.
Abrahán le dijo:
-Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.

Reflexión de hoy facilitada por la Misioneras Franciscanas del Suburbio: http://felicidadentucamino.blogspot.com.es/p/misioneras-franciscanas-del-suburbio.html
jueves, 3 de diciembre de 2015
¡¡¡¡Hoy dia de San Francisco Javier es el dia de la vocación misionera!!!!
Soy el Padre Federico, tengo 34 años, soy argentino y pertenezco al Instituto del Verbo Encarnado, que es una Congregación Religiosa que, por carisma, va “a donde nadie quiere ir” para “restaurar, íntegramente, en Cristo, todas las cosas” .
¿Cómo descubrí mi vocación? Cuando estudiaba la carrera universitaria, me empecé a plantear qué iba a hacer de mi vida. Se me presentaban muchas opciones y muy valiosas si se las veía humanamente. Tenía una bella familia, buenos amigos, una novia, jugaba al rugby, trabajaba, viajaba, estudiaba algo que me gustaba… pero en mi interior latía una aspiración hacía algo mucho más alto, es decir, un gran ideal de heroísmo.
No me conformaba simplemente con “hacer algo que me gusta”. Eso me parecía muy poca cosa… No quería lucrar ni acumular placeres terrenos ni los aplausos del vulgo sino vivir una existencia heroica para Dios y para bien de los demás. Quería eso: ¡ser un héroe!
La verdad es que NO quería un modelo de santidad asociado a la vida ordinaria, común y corriente, sino que ansiaba la aventura misionera , vivida con toda radicalidad. Nunca me entusiasmó la idea de santificarme en una oficina, llevando causas judiciales, haciendo cuentas o, menos aun, comerciando. Quería, en cambio, vivir una vida de grandes hazañas por la salvación de las almas, en las tierras lejanas donde aun se ignora a nuestro divino Salvador… Ese era (y es) el anhelo profundo de mi alma.. Mi aspiración era (y es) la de vivir una epopeya evangelizadora en los dominios del mundo pagano. No quería el reposo de una vida “sin sobresaltos” sino pasar muchos peligros por Cristo y por la salvación de las almas.
Me daba cuenta que el supremo heroísmo es dedicarse por entero a llevar a los demás al Paraíso. . Hay miles de pueblos que aun no conocen a Dios, que no tienen la Misa ni la Confesión ni la Fe verdadera y que no conocen a la Virgen… Y entonces lo ví muy claro: ¡Dios me llamaba a ¡ser Misionero! ¡Y serlo para toda la vida!
Pero ¿y mi Patria? Veía claro que los patriotas quieren que su Patria esté llena de glorias y hazañas. Y ví entonces que es una gloria para la Patria el hecho de que salgan Misioneros para convertir al mundo entero.
Así fue que entré al Seminario, en el cual día a día crecían mis fervientes deseos de ir a la Misión. Luego me mandaron a estudiar a Roma, para prepararme.
En 2012 me ordenaron Sacerdote. Pedí a mis Superiores a ir a misionar a algún país donde no conozcan nada sobre Dios, para ir a ganarlos para la Iglesia y para Dios, para llevarlos al Paraíso.
Hace casi un año que estoy misionando. Estoy aprendiendo el chino mandarín y tratando de ganar para Cristo a aquellos que aun no tuvieron la dicha de conocerlo, que acá son la mayoría . Voy a visitar sus casas. Incluso voy a buscarlos a los templos idolátricos. Los voy a buscar para invitarlos a que vengan a conocer a nuestro Señor. La Misión es algo magnífico.
Desarrollo mi Misión en dos parroquias de Taiwán, en la ciudad de Taichung. Estoy con otro Sacerdote, quien esta acá hace 20 años y me está enseñando mucho. Trabajamos para evangelizar como 400.000 almas y solo somos ¡dos misioneros!,
Queremos llegar a todas estas almas, sea como sea con un saludo, una bendición, la plegaria, una estampa o el ejemplo de vida cristiana. Otro medio de llegar a muchos es rezando el Rosario en la vía pública.
Sumaré otros medios todo lo que sea que el Espíritu Santo me inspire. De todos modos, más allá de los medios apostólicos, lo principal es la celebración de la Misa, que es el mismo punto focal de toda la actividad misionera. Gracias a Dios estoy celebrando la Misa en chino, que es un idioma fascinante.
Hace poco pudimos hacer apostolado con un Gurú pagano, quien en nuestra parroquia rezó el primer ave María de su vida. Esperemos que se convierta.
Hace no tanto hice mi primer Bautismo en estas tierras… Pero, no son todas buenas noticias: el otro día visitando la casa de unos tailandeses, ví con espanto cómo ellos interrumpieron la conversación conmigo para ir a hacer un rito ocultista, en medio de unos gritos horrendos… ya estamos tratando de atraerlos a Cristo.
La vez pasada les enseñé la señal de la cruz a algunos
Como verán, esto es un desafío enorme y que llena de gozo mi alma sacerdotal estoy feliz de misionar en el Extremo Oriente.
Termino convocando a los jóvenes a ser grandes Héroes. Recordemos aquello que escribió el poeta Paul Claudel, “la juventud no está hecha para el placer, sino para el heroísmo”. No se olviden las palabras de Cristo: “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn XV, 13).
Y no se olviden que el máximo heroísmo es salvar las almas. ¡Un solo misionero puede llevar millones de almas al Cielo!
P. Federico
Misionero en Extremo Oriente
Taichung, Taiwan
miércoles, 21 de octubre de 2015
VEN Y SÍGUEME
«Queridos amigos, planteaos seriamente la pregunta sobre vuestra vocación, y estad dispuestos a responder al Señor que os llama a ocupar el lugar que tiene preparado para vosotros desde siempre».
Desde hace algunas décadas vemos con honda preocupación cómo el número de vocaciones tanto para el sacerdocio como para la vida consagrada viene disminuyendo. No pasa desapercibida la escasez de sacerdotes que existe para atender a las inmensas multitudes de fieles cristianos. De modo similar se puede hablar de los consagrados: muchos hijos e hijas de la Iglesia permanecen pastoralmente abandonados por falta de manos y recursos, mientras el secularismo predominante en la cultura va haciendo cada vez más difícil la respuesta a la vida cristiana y crece el influjo de sectas y "meras formas" de religiosidad. Ante esta desafiante realidad, que a todos los católicos debe preocuparnos hondamente, solemos escuchar que hay una falta o crisis de vocaciones. Pero, ¿ha dejado Dios de llamar a hombres y mujeres a la vida sacerdotal o consagrada?
¿CRISIS DE VOCACIONES, O CRISIS DE RESPUESTA?
Lo primero que hay que afirmar es que no hay falta de vocaciones. ¡Las vocaciones abundan! ¡Dios sigue llamando a muchos también hoy! El problema está en la ausencia de respuesta al llamado del Señor, y esto por diversas razones: sordera para escuchar la voz de Dios en un mundo que nos llena de bulla; cobardía cuando uno percibe que el Señor le pide "más entrega"; oposición y presión que desalienta y hace que muchos se echen atrás, ya sea por parte del ambiente en general, del círculo de "amigos" o incluso de los propios padres y familiares; inconsistencia en la vida espiritual e incoherencia en la vida cristiana.
También habría que preguntarnos si la falta de respuesta de los llamados se debe al pobre testimonio de vida cristiana que muchas veces damos los católicos. ¿Ha dejado de ser la santidad de vida un ideal apelante y atractivo para los jóvenes de hoy por nuestra mediocridad e incoherencia entre lo que decimos creer y lo que mostramos muchas veces con nuestras obras, con nuestra conducta? Si fuéramos santos, hombres y mujeres formados en la fe y convencidos de que el Señor Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, si con el testimonio de una vida coherente supiéramos presentar a Cristo con toda la fuerza atractiva que emana de su Persona, ¡cuántas vocaciones veríamos florecer en la Iglesia hoy!
¿QUÉ ES LA VOCACIÓN?
La palabra "vocación" viene del latín "vocare", que significa "llamar". Así pues, al hablar de vocación en el vocabulario cristiano entendemos el llamado que Dios hace al ser humano, a cada uno de nosotros. Ya nuestra vida misma es una vocación: el "llamado" que Dios nos hace a salir de la nada para pasar a la existencia.
Hemos sido creados con la capacidad de entrar en diálogo y comunión de amor con Dios mismo. ¡A nosotros nos llama el Señor para participar de su misma vida y naturaleza divina! Es un llamado a «ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor.
Pero junto a este llamado o vocación universal hay otro llamado particular: a cada cual Dios lo llama a ocupar un lugar y a cumplir una misión específica en el mundo. Ante ese llamado «es deber irrenunciable de cada uno buscar y reconocer, día tras día, el camino por el que el Señor le sale personalmente al encuentro».
Dentro de esa vocación o llamado particular, la mayoría encuentra en la vida matrimonial su propio camino de santidad, mas otros están llamados a seguir al Señor Jesús "más de cerca", siguiendo su mismo estilo de vida mientras vivió con nosotros, renunciando a todo para entregar su vida al anuncio del Evangelio y al servicio evangelizador de los hermanos humanos, ya sea en el sacerdocio o la vida consagrada. A éstos, de una manera particular, va dirigido el llamado del Señor: «Ven y sígueme».
LA VOCACIÓN SACERDOTAL O CONSAGRADA
Por lo dicho se entiende que el llamado no es ninguna novedad. Es una realidad tan antigua como la existencia misma del hombre, una realidad que también hoy se da: Dios sigue llamando hoy.
En el Antiguo Testamento vemos cómo Dios fue escogiendo a algunos hombres o mujeres para tareas concretas y específicas, para llevar a cabo su designio reconciliador. Descubrimos cómo a quienes Dios elige para una misión muy concreta, los forma ya desde el seno materno . Por eso podemos afirmar que la vocación es como un sello que está grabado en el elegido desde el momento mismo de su concepción, un sello imborrable . Porque está "hecho para eso", todo su ser se lo reclama, aunque sólo con el tiempo y los signos que Dios le envía podrá interpretar correctamente ese "reclamo interior de su ser". Dios, cuando permite al elegido percibir el llamado, sale al encuentro de esa estructura interior, corresponde a aquello para lo que el elegido "está hecho" desde su concepción, para lo que ha nacido.
En el Nuevo Testamento es el Señor Jesús, Dios hecho hombre, quien elige e invita a algunos con un tan escueto como radical: «Ven y sígueme» . De ese modo asocia a quienes llama a su misma misión reconciliadora y evangelizadora.
Quienes escucharon aquel llamado experimentaron sus exigencias: dejarlo todo por el Señor. Quienes supieron responder con prontitud, generosidad y fidelidad, recibieron por parte del Señor una promesa: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente. y en el mundo venidero, vida eterna».
Otros, como el "joven rico" o Judas Iscariote, prefirieron aferrarse a sus riquezas o a sus propios planes, negando o traicionando con el tiempo su propio llamado. El fruto amargo que experimentaron fue la honda tristeza y frustración de no responder a lo que el propio corazón reclama. A ello se suma, en el caso de Judas, el iniciar un camino de autonegación que lleva finalmente a la propia destrucción y aniquilamiento. Como vemos, aunque hoy parece haberse agudizado, la crisis de respuesta tampoco es novedad.
EL LLAMADO FUENTE DE BENDICIONES
A diferencia de lo que algunos piensan, la vocación a la vida sacerdotal o consagrada no es una mala noticia, ni para el elegido o elegida, ni para su familia. ¡Todo lo contrario! El llamado que Dios hace a un hijo o hija es fuente de bendiciones para toda la familia y signo de un amor de predilección para el llamado: «con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para ti».
De la respuesta fiel y valiente al llamado del Señor depende la realización de la persona. Es importante que quien percibe o intuye la invitación del Señor entienda que Dios no es enemigo de su felicidad porque el camino que le señala "se opone a sus planes para ser feliz". ¡Todo lo contrario! Porque te ama, porque te conoce mejor que tú, porque es infinitamente sabio, Dios te muestra el camino que has de seguir para alcanzar tu verdadera felicidad, respondiendo a aquello para lo que estás hecho. Al mismo tiempo, ten en cuenta que la felicidad de muchas personas -empezando por tus propios padres, aunque a veces puede parecer lo contrario- depende de tu sí generoso y de tu fidelidad a llamado del Señor.
LA RESPONSABILIDAD ES DE TODOS
Es importante ser consciente que el presente asunto atañe a todos los hijos de la Iglesia. ¿No queremos un mundo mejor? ¿Cómo vamos a contribuir al cambio del mundo si no somos santos, y si los que son llamados por Dios no responden a su propia vocación y misión? Por eso nadie puede sentirse excluido de la responsabilidad de cooperar de alguna manera, trabajando o apoyando directa o indirectamente al florecimiento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.
Y como "la caridad empieza por casa", son los padres los primeros que deben rezar por la vocación de sus hijos, así como enseñarles a que en esta vida no sólo el matrimonio es un camino válido, sino que también lo son el sacerdocio o la vida consagrada. Los padres, con mucha apertura a la acción divina y espíritu de sacrificio en no pocos casos, son los primeros que han de alentar y apoyar a sus hijos a seguir las inspiraciones divinas en el momento en que alguno de ellos perciba o manifieste alguna inquietud vocacional. De ese modo, las familias cristianas están llamadas a ser hoy verdaderos semilleros de vocaciones.
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
Vocaciones en el Antiguo Testamento: Moisés: Éx 4,10-12; Samuel: 1Sam 3,10; Isaías: Is 6,4ss; Jeremías: Jer 1,5-8.
La vocación es fruto de un amor de predilección de Dios: Jer 31,3; es como un fuego inextinguible: ver Jer 20,9.
Vocaciones en el Nuevo Testamento: María, ejemplo de una respuesta pronta y valiente a su vocación: Lc 1,38; vocación y respuesta de algunos apóstoles: Mt 4,18-22; Mateo: Mt 9,9; Juan y Andrés: Jn 1,35-42; Pedro: Lc 5,8.
Exigencias de la vocación: Lc 9,57-62; promesa del Señor a quien responde a su vocación: Mc 10,29-30.
El triste ejemplo de un joven que rechaza el llamado del Señor: Mc 10,17-22.
Desde hace algunas décadas vemos con honda preocupación cómo el número de vocaciones tanto para el sacerdocio como para la vida consagrada viene disminuyendo. No pasa desapercibida la escasez de sacerdotes que existe para atender a las inmensas multitudes de fieles cristianos. De modo similar se puede hablar de los consagrados: muchos hijos e hijas de la Iglesia permanecen pastoralmente abandonados por falta de manos y recursos, mientras el secularismo predominante en la cultura va haciendo cada vez más difícil la respuesta a la vida cristiana y crece el influjo de sectas y "meras formas" de religiosidad. Ante esta desafiante realidad, que a todos los católicos debe preocuparnos hondamente, solemos escuchar que hay una falta o crisis de vocaciones. Pero, ¿ha dejado Dios de llamar a hombres y mujeres a la vida sacerdotal o consagrada?
¿CRISIS DE VOCACIONES, O CRISIS DE RESPUESTA?
Lo primero que hay que afirmar es que no hay falta de vocaciones. ¡Las vocaciones abundan! ¡Dios sigue llamando a muchos también hoy! El problema está en la ausencia de respuesta al llamado del Señor, y esto por diversas razones: sordera para escuchar la voz de Dios en un mundo que nos llena de bulla; cobardía cuando uno percibe que el Señor le pide "más entrega"; oposición y presión que desalienta y hace que muchos se echen atrás, ya sea por parte del ambiente en general, del círculo de "amigos" o incluso de los propios padres y familiares; inconsistencia en la vida espiritual e incoherencia en la vida cristiana.
También habría que preguntarnos si la falta de respuesta de los llamados se debe al pobre testimonio de vida cristiana que muchas veces damos los católicos. ¿Ha dejado de ser la santidad de vida un ideal apelante y atractivo para los jóvenes de hoy por nuestra mediocridad e incoherencia entre lo que decimos creer y lo que mostramos muchas veces con nuestras obras, con nuestra conducta? Si fuéramos santos, hombres y mujeres formados en la fe y convencidos de que el Señor Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, si con el testimonio de una vida coherente supiéramos presentar a Cristo con toda la fuerza atractiva que emana de su Persona, ¡cuántas vocaciones veríamos florecer en la Iglesia hoy!
¿QUÉ ES LA VOCACIÓN?
La palabra "vocación" viene del latín "vocare", que significa "llamar". Así pues, al hablar de vocación en el vocabulario cristiano entendemos el llamado que Dios hace al ser humano, a cada uno de nosotros. Ya nuestra vida misma es una vocación: el "llamado" que Dios nos hace a salir de la nada para pasar a la existencia.
Hemos sido creados con la capacidad de entrar en diálogo y comunión de amor con Dios mismo. ¡A nosotros nos llama el Señor para participar de su misma vida y naturaleza divina! Es un llamado a «ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor.
Pero junto a este llamado o vocación universal hay otro llamado particular: a cada cual Dios lo llama a ocupar un lugar y a cumplir una misión específica en el mundo. Ante ese llamado «es deber irrenunciable de cada uno buscar y reconocer, día tras día, el camino por el que el Señor le sale personalmente al encuentro».
Dentro de esa vocación o llamado particular, la mayoría encuentra en la vida matrimonial su propio camino de santidad, mas otros están llamados a seguir al Señor Jesús "más de cerca", siguiendo su mismo estilo de vida mientras vivió con nosotros, renunciando a todo para entregar su vida al anuncio del Evangelio y al servicio evangelizador de los hermanos humanos, ya sea en el sacerdocio o la vida consagrada. A éstos, de una manera particular, va dirigido el llamado del Señor: «Ven y sígueme».
LA VOCACIÓN SACERDOTAL O CONSAGRADA
Por lo dicho se entiende que el llamado no es ninguna novedad. Es una realidad tan antigua como la existencia misma del hombre, una realidad que también hoy se da: Dios sigue llamando hoy.
En el Antiguo Testamento vemos cómo Dios fue escogiendo a algunos hombres o mujeres para tareas concretas y específicas, para llevar a cabo su designio reconciliador. Descubrimos cómo a quienes Dios elige para una misión muy concreta, los forma ya desde el seno materno . Por eso podemos afirmar que la vocación es como un sello que está grabado en el elegido desde el momento mismo de su concepción, un sello imborrable . Porque está "hecho para eso", todo su ser se lo reclama, aunque sólo con el tiempo y los signos que Dios le envía podrá interpretar correctamente ese "reclamo interior de su ser". Dios, cuando permite al elegido percibir el llamado, sale al encuentro de esa estructura interior, corresponde a aquello para lo que el elegido "está hecho" desde su concepción, para lo que ha nacido.
En el Nuevo Testamento es el Señor Jesús, Dios hecho hombre, quien elige e invita a algunos con un tan escueto como radical: «Ven y sígueme» . De ese modo asocia a quienes llama a su misma misión reconciliadora y evangelizadora.
Quienes escucharon aquel llamado experimentaron sus exigencias: dejarlo todo por el Señor. Quienes supieron responder con prontitud, generosidad y fidelidad, recibieron por parte del Señor una promesa: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente. y en el mundo venidero, vida eterna».
Otros, como el "joven rico" o Judas Iscariote, prefirieron aferrarse a sus riquezas o a sus propios planes, negando o traicionando con el tiempo su propio llamado. El fruto amargo que experimentaron fue la honda tristeza y frustración de no responder a lo que el propio corazón reclama. A ello se suma, en el caso de Judas, el iniciar un camino de autonegación que lleva finalmente a la propia destrucción y aniquilamiento. Como vemos, aunque hoy parece haberse agudizado, la crisis de respuesta tampoco es novedad.
EL LLAMADO FUENTE DE BENDICIONES
A diferencia de lo que algunos piensan, la vocación a la vida sacerdotal o consagrada no es una mala noticia, ni para el elegido o elegida, ni para su familia. ¡Todo lo contrario! El llamado que Dios hace a un hijo o hija es fuente de bendiciones para toda la familia y signo de un amor de predilección para el llamado: «con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para ti».
De la respuesta fiel y valiente al llamado del Señor depende la realización de la persona. Es importante que quien percibe o intuye la invitación del Señor entienda que Dios no es enemigo de su felicidad porque el camino que le señala "se opone a sus planes para ser feliz". ¡Todo lo contrario! Porque te ama, porque te conoce mejor que tú, porque es infinitamente sabio, Dios te muestra el camino que has de seguir para alcanzar tu verdadera felicidad, respondiendo a aquello para lo que estás hecho. Al mismo tiempo, ten en cuenta que la felicidad de muchas personas -empezando por tus propios padres, aunque a veces puede parecer lo contrario- depende de tu sí generoso y de tu fidelidad a llamado del Señor.
LA RESPONSABILIDAD ES DE TODOS
Es importante ser consciente que el presente asunto atañe a todos los hijos de la Iglesia. ¿No queremos un mundo mejor? ¿Cómo vamos a contribuir al cambio del mundo si no somos santos, y si los que son llamados por Dios no responden a su propia vocación y misión? Por eso nadie puede sentirse excluido de la responsabilidad de cooperar de alguna manera, trabajando o apoyando directa o indirectamente al florecimiento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.
Y como "la caridad empieza por casa", son los padres los primeros que deben rezar por la vocación de sus hijos, así como enseñarles a que en esta vida no sólo el matrimonio es un camino válido, sino que también lo son el sacerdocio o la vida consagrada. Los padres, con mucha apertura a la acción divina y espíritu de sacrificio en no pocos casos, son los primeros que han de alentar y apoyar a sus hijos a seguir las inspiraciones divinas en el momento en que alguno de ellos perciba o manifieste alguna inquietud vocacional. De ese modo, las familias cristianas están llamadas a ser hoy verdaderos semilleros de vocaciones.
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
Vocaciones en el Antiguo Testamento: Moisés: Éx 4,10-12; Samuel: 1Sam 3,10; Isaías: Is 6,4ss; Jeremías: Jer 1,5-8.
La vocación es fruto de un amor de predilección de Dios: Jer 31,3; es como un fuego inextinguible: ver Jer 20,9.
Vocaciones en el Nuevo Testamento: María, ejemplo de una respuesta pronta y valiente a su vocación: Lc 1,38; vocación y respuesta de algunos apóstoles: Mt 4,18-22; Mateo: Mt 9,9; Juan y Andrés: Jn 1,35-42; Pedro: Lc 5,8.
Exigencias de la vocación: Lc 9,57-62; promesa del Señor a quien responde a su vocación: Mc 10,29-30.
El triste ejemplo de un joven que rechaza el llamado del Señor: Mc 10,17-22.
martes, 29 de septiembre de 2015
domingo, 6 de septiembre de 2015
Desprenderse
¿Paso mucho tiempo en Internet?
¿Es provechoso para mi?
¿Seria bueno pasar algo menos de tiempo en Internet y dedicar mas a mi familia, al Señor?
¿Tengo una buena relación personal con mi gente? ¿Y con Dios?
¿Tendría que ser mas desprendid@?
¿En que pierdo el tiempo?
¿A que le dedico mas tiempo de lo que debo?
A los pescadores que Jesús llamó también le gustaban sus redes y pasaban mucho tiempo en ellas... a veces "Toda la noche (Lc 5,5)"
Esto era su vida y siendo tan importante lo dejaron ¿no podremos nosotros quitarle un poco de tiempo a Internet o a eso que me quita tiempo con Dios y los demás?
miércoles, 15 de julio de 2015
Del santo Evangelio según san Marcos
Mc,5 21 y siguientes.
En aquel tiempo, Jesús [...]. Le seguía un gran gentío que le oprimía. Entonces, una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré». Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?» Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"» Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad»
* * *
Muchas veces tenemos muchas cosas en la cabeza, queremos hacerlo TODO, BIEN y YA, y en estos casos puede que hasta nos moleste tener a médicos como Dios por medio.
Pero este Evangelio, entre otras muchas cosas, nos recuerda cómo en medio de todo tenemos que dejar a un lado "nuestras cosas" que a demás nos dificultan la vida y abrir un huequecito en nuestra agenda para, por lo menos tocarle el manto por detrás a Jesús.
Unos minutos para parar y donde Jesús nos pueda hablar.
En aquel tiempo, Jesús [...]. Le seguía un gran gentío que le oprimía. Entonces, una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré». Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?» Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"» Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad»
* * *
Muchas veces tenemos muchas cosas en la cabeza, queremos hacerlo TODO, BIEN y YA, y en estos casos puede que hasta nos moleste tener a médicos como Dios por medio.
Pero este Evangelio, entre otras muchas cosas, nos recuerda cómo en medio de todo tenemos que dejar a un lado "nuestras cosas" que a demás nos dificultan la vida y abrir un huequecito en nuestra agenda para, por lo menos tocarle el manto por detrás a Jesús.
Unos minutos para parar y donde Jesús nos pueda hablar.
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