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viernes, 10 de febrero de 2017

Miriam Vicente, voluntaria: “Quería ir a un lugar donde pudiera remangarme, manchar la ropa y sudar construyendo un mundo mejor”

¿Por qué viajar a Perú pudiendo disfrutar de unos días de vacaciones con tu familia después de todo el curso?
Siempre había tenido la ilusión de algún día poder cumplir ese “cambiar el mundo” que los jóvenes tenemos en el corazón. Quería ir a un sitio donde mi ayuda pudiese realmente marcar la diferencia, donde mis ganas y mi ilusión se tradujeran en acciones concretas, donde pudiese remangarme, mancharme la ropa y sudar construyendo un mundo mejor, y Perú me parecía un buen sitio donde empezar a realizar este sueño.
Por otra, me apetecía hacer algo diferente y vivir una experiencia nueva, siempre había escuchado hablar de este voluntariado y se me ponían los dientes largos cuando me contaban las historias que les pasaban y lo mucho que ayudaban a la gente de allí.
¿Crees que con una parte de tu trabajo puedes mejorar un poco el mundo?
¡Claro! Si algo he aprendido en Perú es que yo no puedo cambiar el mundo, hay tantas cosas que hacer que una se siente impotente y pequeña. Sin embargo, yo sí puedo mejorar un poco la parte de mundo que me ha tocado. Todos los trabajos están dirigidos a mejorar el mundo, cada uno en una situación y en un terreno concretos, si yo trabajo con la responsabilidad y el compromiso de hacer bien lo que me ha tocado a mi personalmente, estaré mejorando mi parte del mundo, y si el resto de personas hacen lo mismo, entre todos haremos un gran cambio.
 ¿Qué es lo primero que llega a tu cabeza cuando recuerdas aquellos días?
Los niños: jugando por las calles del poblado, llenas de polvo y basura, corriendo detrás de nuestra furgoneta cuando nos vamos por la tarde de vuelta a la residencia sonriendo cuando les damos la merienda.
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 Cuéntanos un poco más sobre lo que hacíais, ¿qué es Condoray?
La labor que se lleva a cabo en esta provincia de Perú, Cañete, está coordinada principalmente por CondorayCondoray es una escuela de formación profesional para la mujer promovida por mujeres del Opus Dei, allí se imparte el grado de hostelería y se ha desarrollado un centro de formación empresarial para la mujer, para ayudar a las pequeñas empresarias de la zona. Esta escuela también cuenta con un programa de promoción rural en el que atiende a cincuenta poblados del valle de Cañete. En cada poblado, Condoray tiene un local y cuenta con una “promotora”, las promotoras son mujeres líderes de cada poblado que reciben formación en Condoray una vez a la semana y la transmiten a las demás mujeres de su poblado, produciéndose así un efecto multiplicador de la formación que se imparte desde Condoray.
¿Cuál era vuestra labor?
La labor de las voluntarias internacionales que vamos allí en los meses de julio y agosto es dar un impulso a esa labor de promoción rural. Nuestro grupo en concreto se dividió para atender a dos poblados: Santa Cruz y San Benito. Por un lado estaba el equipo de reconstrucción y educación, que se dedicaba a rehabilitar el local de ese poblado por las mañanas (lijando, pintando, limpiando, reconstruyendo paredes…) y por las tardes organizaba un campamento para los niños y atendía a las madres. En el campamento se hacían distintas actividades con los niños, se les daban algunas clases y también recibían catequesis. A media tarde, después de lavarse las manos, se les daba de merendar. Por otro lado estaba el equipo médico, del que yo formaba parte, compuesto por una médico de familia, una pediatra y estudiantes de medicina, enfermería, farmacia y odontología. Íbamos rotando por esos dos poblados y fuimos a un tercero: Los Ángeles. Organizamos una campaña médica en la que atendíamos a los habitantes de cada poblado en dos consultas: una consulta para niños y otra consulta para adultos, y repartíamos medicamentos que habíamos llevado de España.
¿Qué fue lo más duro de aquellos días?
Pensar que nosotras estábamos de paso, que íbamos a volver a España, y que todo lo que estábamos haciendo, toda la gente que estábamos ayudando, volvería a la normalidad cuando nos fuéramos.
Fue muy duro despedirnos el último día, sobre todo decir adiós a los niños. Muchos de ellos eran tan pequeños que no entendían qué pasaba, no podían comprender que al día siguiente cuando volvieran del cole (porque allí es invierno) nosotras ya no estaríamos. El último día los más mayores, que sí que se enteraban de lo que pasaba, ya no corrieron detrás de nuestra furgoneta cuando volvíamos a la residencia.
¿De dónde se saca esa fuerza que en ocasiones falta?
Cuando parece que ya no te quedan fuerzas, haces un último esfuerzo por recordar la razón  por la que estás allí, y entonces te das cuenta de que en realidad sí que te quedan fuerzas, eres más fuerte de lo que pensabas. Cuando eres incapaz de recordarlo, solo hace falta echar un vistazo alrededor y ver que las demás están igual de cansadas que tú o más, y sin embargo siguen adelante sin quejarse y con una sonrisa en la cara. Entonces, sacas fuerzas de donde puedas y sigues adelante.
El nivel de vida de la gente de allí es muy bajo, de la mayor parte de la población, ¿qué es lo que más te llamó la atención de ellos?
Se suele decir que la gente más feliz es la que menos tiene. Las sociedades desarrolladas nos hemos acostumbrado ya a oirlo pero no terminamos de creérnoslo.  Cuando llegas allí y experimentas la pobreza real de la gente: cómo viven, dónde viven, con qué viven… y sin embargo les ves felices, incluso generosos con lo poco que tienen.
Eran felices con apenas nada…
Las personas más felices del mundo estaban allí. Una vez oí a una de las señoras hablar de lo bonito que era su pueblo y de lo orgullosa que estaba de vivir allí. Ese “pueblo” es un poblado de chabolas, con calles de polvo sin asfaltar, con escombros y basura por las esquinas y bandas de perros callejeros; pero, para ella, ese lugar era el mejor sitio del mundo.
¿Con qué sueña una futura médico después de descubrir la pobreza más brutal en Perú?
Sueña con poder cambiar todo eso, que se acabe la pobreza, la desigualdad, la injusticia, que los líderes mundiales se den cuenta de esta situación y hagan algo por cambiarla. Sueña con formar parte del cambio que haga de este mundo un lugar mejor.

jueves, 21 de enero de 2016

Testimonio

Miriam, de Eibar (Guipúzcoa). Carmelita Misionera. 

P. Antonio.- Hola Miriam; bienvenida a las páginas de "La Obra Máxima".
H. Miriam.- Me alegra el estar contigo y con todos los lectores.
P. Antonio.- ¿Cuánto tiempo hace que empezó tu aventura misionera?
H. Miriam.- Han pasado 20 años desde que dejé mi familia, mis amigos de Eibar y comencé el Postulantado en Burgos con las Carmelitas Misioneras. ¡Cómo pasa el tiempo! En todos estos años han pasado muchas cosas: la formación, estudios, apostolado, viajes, conflictos políticos... diferentes comunidades, el encuentro con muchos amigos y de una manera especial destacaría la amistad y el encuentro con Jesús, compañero de camino.
P. Antonio.- ¿Cuál fue tu primer destino?
H. Miriam.- Después de las diferentes etapas de formación en varias comunidades de España, mi primer destino fue Montreal (Canadá). El adaptarme al nuevo país no fue fácil: la lengua, la cultura, costumbres, muchas novedades que conocer, pero la ilusión con la que fui me ayudó a integrarme enseguida y a vivir mi apostolado con muchas ganas y dispuesta a todo.
En Montreal me dediqué a estudiar y a colaborar en la catequesis; trabajamos en la parroquia que acoge a los emigrantes de lengua española; catequesis, Cáritas, grupos de oración, de jóvenes, de Biblia, liturgia...
P. Antonio.- Pero lo tuyo ha sido estar en África. Cuéntanos...
H. Miriam.- Después otro gran salto: Africa. Pasé cinco años en Kananga (Rep. Democrática del Congo); cuando llegué era Zaire y fueron los últimos años de Mobutu. Es la región diamantífera, rica en recursos, pero empobrecida, sin luz, sin carreteras.
P. Antonio.- Y allí te "tocó de todo".
H. Mariam.- Sí. Aprender su lengua fue una gran ayuda para entender mejor a sus gentes. Me tocó la "guerra de liberación" de Kabila y momentos de inseguridad por todos los soldados que pasaban y el enfrentamiento entre los dos ejércitos; fue un año complicado. A pesar de todo la acogida y el cariño de la gente se hicieron palpables en situaciones en las que daba más ganas marcharse que quedarse.
Al terminar la guerra, la esperanza brotó en el pueblo congoleño. La paz, las mejoras, la reorganización de las instituciones, todo quedaba por hacer. Me recordaba al pueblo de Israel cuando salieron de Egipto.
P. Antonio.- Y preparas tus maletas y te vas a Costa de Marfil.
H. Miriam: Sí. También he vivido dos años en Tiébissou (Costa de Marfil). En el corazón del país se encuentra el reino Baulí, una de las etnias más importantes de Costa de Marfil; ahí está nuestra comunidad. Me ocupaba del internado de las chicas que estudian secundaria. Vienen de sus poblados, donde no hay instituto, a estudiar a Tiébissou. Son jóvenes de 12 a 19 años que buscan en el internado una vida de familia y un ambiente favorable para sacar adelante la secundaria. Con el conflicto que hay desde el año 2002, la inseguridad es una constante para las chicas, ya que es bastante fácil que abandonen los estudios por las promesas que les hacen muchos soldados.
P. Antonio.- A pesar de la guerra vosotras seguisteis firmes en la Costa de Marfil.
H. Miriam.- Trabajar por la paz, educar a los niños y a los jóvenes a vivir en armonía y en el respeto de unas tribus con otras es una de las tareas importantes que llevamos a cabo en Costa de Marfil. Me impresionó el entendimiento y el diálogo que hay entre las religiones mayoritarias, principalmente entre musulmanes y cristianos.
P. Antonio.- Pero tu gira por África sigue. Ahora estás en "Guinea Española".
H. Miriam.- Ahora estoy en Malabo. La capital de este pequeño país está pasando por un proceso de "modernización". Hay muchos edificios que se han construido recientemente y por el efecto del "petróleo" muchas empresas internacionales se han isntalado y muchos comerciantes han abierto sus tiendas aquí. Malabo está creciendo y hay todavía planes para mejoras urbanas. Aquí no hay conflictos bélicos como en los otros países: Llevo un año dando clases en la escuela "Virgen del Carmen". Aquí estoy por ahora con los niños y niñas del barrio de Yumbili intentando transmitirles algo más que unos conocimientos de lengua y religión.
P. Antonio.- Supongo que en cada país africano has tenido que inculturizarte de nuevo.
H. Mariam.- Los tres países de África por los que he pasado son muy diferentes. Es verdad, todo es África, pero no se puede decir que todo es lo mismo. Lo mejor de todo: la amistad de las personas con las que me voy encontrando. Descubrir que el color de la piel es sólo una capa externa, que en el fondo todos somos PERSONAS y que luchamos por unos ideales, me ha ayudado a vivir la fraternidad, a sentir la Iglesia como la familia de Dios.
Cada destino supone un cambio de mentalidad, de costumbres, de comida, muchos esfuerzos para empezar de nuevo y a veces desánimos para seguir adelante.
P. Antonio.- Oye, háblanos de las comunidades. Has vivido en varias...
H. Miriam.- En todas las comunidades en las que he vivido, he podido experimentar que Jesús sigue llamando cada día a dar lo mejor de mí misma, esté donde esté. La fraternidad y la misión tienen sentido en mi vida desde el momento que respondo y digo: "aquí estoy". Ha habido momentos de todo: más fáciles y más difíciles. Ánimos y desánimos, pero siempre he contado con amigos, religiosos y familiares que me han ayudado y animado a seguir adelante, a descubrir que merece la pena entregrarse por el Reino de Dios. He tenido dudas, desconciertos, miedo, momentos de tristeza y de alegría ya hasta hoy puedo decir que no me arrepiento de haber comenzado esta aventura. He contado con el apoyo de hermanas y hermanos con lo que he podido compartir y, cómo no, vean el apoyo y la fidelidad a Jesús que no me ha fallado nunca a pesar de todos mis fallos. En medio del sufrimiento o de la miseria siempre hay rostros alegres, sobre todo de niños, que con una sonrisa me recuerdan que un nuevo reino está amaneciendo.
P. Antonio.- Muchas gracias.
H. Miriam.- Gracias a tí y a los lectores de "La Obra Máxima".

jueves, 3 de diciembre de 2015

¡¡¡¡Hoy dia de San Francisco Javier es el dia de la vocación misionera!!!!





Soy el Padre Federico, tengo 34 años, soy argentino y pertenezco al Instituto del Verbo Encarnado, que es una Congregación Religiosa que, por carisma, va “a donde nadie quiere ir” para “restaurar, íntegramente, en Cristo, todas las cosas” .

¿Cómo descubrí mi vocación? Cuando estudiaba la carrera universitaria, me empecé a plantear qué iba a hacer de mi vida. Se me presentaban muchas opciones y muy valiosas si se las veía humanamente. Tenía una bella familia, buenos amigos, una novia, jugaba al rugby, trabajaba, viajaba, estudiaba algo que me gustaba… pero en mi interior latía una aspiración hacía algo mucho más alto, es decir, un gran ideal de heroísmo.
No me conformaba simplemente con “hacer algo que me gusta”. Eso me parecía muy poca cosa… No quería lucrar ni acumular placeres terrenos ni los aplausos del vulgo sino vivir una existencia heroica para Dios y para bien de los demás. Quería eso: ¡ser un héroe!
La verdad es que NO quería un modelo de santidad asociado a la vida ordinaria, común y corriente, sino que ansiaba la aventura misionera , vivida con toda radicalidad. Nunca me entusiasmó la idea de santificarme en una oficina, llevando causas judiciales, haciendo cuentas o, menos aun, comerciando. Quería, en cambio, vivir una vida de grandes hazañas por la salvación de las almas, en las tierras lejanas donde aun se ignora a nuestro divino Salvador… Ese era (y es) el anhelo profundo de mi alma.. Mi aspiración era (y es) la de vivir una epopeya evangelizadora en los dominios del mundo pagano. No quería el reposo de una vida “sin sobresaltos” sino pasar muchos peligros por Cristo y por la salvación de las almas.
Me daba cuenta que el supremo heroísmo es dedicarse por entero a llevar a los demás al Paraíso. . Hay miles de pueblos que aun no conocen a Dios, que no tienen la Misa ni la Confesión ni la Fe verdadera y que no conocen a la Virgen… Y entonces lo ví muy claro: ¡Dios me llamaba a ¡ser Misionero! ¡Y serlo para toda la vida!
Pero ¿y mi Patria? Veía claro que los patriotas quieren que su Patria esté llena de glorias y hazañas. Y ví entonces que es una gloria para la Patria el hecho de que salgan Misioneros para convertir al mundo entero.
Así fue que entré al Seminario, en el cual día a día crecían mis fervientes deseos de ir a la Misión. Luego me mandaron a estudiar a Roma, para prepararme.

En 2012 me ordenaron Sacerdote. Pedí a mis Superiores a ir a misionar a algún país donde no conozcan nada sobre Dios, para ir a ganarlos para la Iglesia y para Dios, para llevarlos al Paraíso.


Hace casi un año que estoy misionando. Estoy aprendiendo el chino mandarín y tratando de ganar para Cristo a aquellos que aun no tuvieron la dicha de conocerlo, que acá son la mayoría . Voy a visitar sus casas. Incluso voy a buscarlos a los templos idolátricos. Los voy a buscar para invitarlos a que vengan a conocer a nuestro Señor. La Misión es algo magnífico.

Desarrollo mi Misión en dos parroquias de Taiwán, en la ciudad de Taichung. Estoy con otro Sacerdote, quien esta acá hace 20 años y me está enseñando mucho. Trabajamos para evangelizar como 400.000 almas y solo somos ¡dos misioneros!,

Queremos llegar a todas estas almas, sea como sea con un saludo, una bendición, la plegaria, una estampa o el ejemplo de vida cristiana. Otro medio de llegar a muchos es rezando el Rosario en la vía pública.
Sumaré otros medios todo lo que sea que el Espíritu Santo me inspire. De todos modos, más allá de los medios apostólicos, lo principal es la celebración de la Misa, que es el mismo punto focal de toda la actividad misionera. Gracias a Dios estoy celebrando la Misa en chino, que es un idioma fascinante.

Hace poco pudimos hacer apostolado con un Gurú pagano, quien en nuestra parroquia rezó el primer ave María de su vida. Esperemos que se convierta.
Hace no tanto hice mi primer Bautismo en estas tierras… Pero, no son todas buenas noticias: el otro día visitando la casa de unos tailandeses, ví con espanto cómo ellos interrumpieron la conversación conmigo para ir a hacer un rito ocultista, en medio de unos gritos horrendos… ya estamos tratando de atraerlos a Cristo.
 La vez pasada les enseñé la señal de la cruz a algunos
Como verán, esto es un desafío enorme y que llena de gozo mi alma sacerdotal estoy feliz de misionar en el Extremo Oriente.

Termino convocando a los jóvenes a ser grandes Héroes. Recordemos aquello que escribió el poeta Paul Claudel, “la juventud no está hecha para el placer, sino para el heroísmo”. No se olviden las palabras de Cristo: “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn XV, 13).
Y no se olviden que el máximo heroísmo es salvar las almas. ¡Un solo misionero puede llevar millones de almas al Cielo!

P. Federico
Misionero en Extremo Oriente
Taichung, Taiwan

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Bodas de oro de Sor Mª José

Ayer una de nuestras hermanas celebraba los 50 Años de los votos simples y lo celebramos en comunidad, en un ambiente festivo, alegre y fraterno.
Os dejo unas fotos...




Hace 50 años...




Ahora (es la que esta mas cerca, la mas bajita)



La iglesia engalanada para la ocasión


El refectorio (comedor) vestido de fiesta



Endulzando el dia






Hermana que sigas siendo la luz de la fidelidad y nos alumbres a todas con tu Paz y tu Alegría


También vimos la película "De dioses y hombres" sobre el martirio de unos monjes
El sábado 19 la familia de Sor Mª José vendrá a celebrarlo con nosotras en una misa de acción de gracias y donde renovara sus promesas.

martes, 1 de septiembre de 2015

MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II PARA LA XVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Lc 9, 23).

Amadísimos jóvenes:

(...) "Si alguno quiere venir en pos de mí -dice-, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Lc 9, 23). Jesús no es el Mesías del triunfo y del poder. En efecto, no liberó a Israel del dominio romano y no le aseguró la gloria política. Como auténtico Siervo del Señor, cumplió su misión de Mesías mediante la solidaridad, el servicio y la humillación de la muerte.

Es un Mesías que se sale de cualquier esquema y de cualquier clamor; no se le puede "comprender" con la lógica del éxito y del poder, usada a menudo por el mundo como criterio de verificación de sus proyectos y acciones.

Jesús, que vino para cumplir la voluntad del Padre, permanece fiel a ella hasta sus últimas consecuencias, y así realiza la misión de salvación para cuantos creen en él y lo aman, no con palabras, sino de forma concreta. Si el amor es la condición para seguirlo, el sacrificio verifica la autenticidad de ese amor

3. "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Lc 9, 23). Estas palabras expresan el radicalismo de una opción que no admite tener miedo a si es que animo jóvenes.

Jesús camina delante de los suyos y a cada uno pide que haga lo que él mismo ha hecho. Les dice: yo no he venido para ser servido, sino para servir; así, quien quiera ser como yo, sea servidor de todos. Yo he venido a vosotros como uno que no posee nada; así, puedo pediros que dejéis todo tipo de riqueza que os impide entrar en el reino de los cielos. Yo acepto la contradicción, ser rechazado por la mayoría de mi pueblo; puedo pediros también a vosotros que aceptéis la contradicción y la contestación, vengan de donde vengan.

En otras palabras, Jesús pide que elijan valientemente su mismo camino; elegirlo, ante todo, "en el corazón", porque tener una situación externa u otra no depende de nosotros. De nosotros depende la voluntad de ser, en la medida de lo posible, obedientes como él al Padre y estar dispuestos a aceptar hasta el fondo el proyecto que él tiene para cada uno.

4. "Niéguese a sí mismo". Negarse a sí mismo significa renunciar al propio proyecto, a menudo limitado y mezquino, para acoger el de Dios: Éste es el camino de la conversión, indispensable para la existencia cristiana, que llevó al apóstol san Pablo a afirmar: "Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Ga 2, 20).


5. "Tome su cruz y sígame". En la enseñanza de Jesús esta expresión no pone en primer plano la mortificación y la renuncia. No se refiere ante todo al deber de soportar con paciencia las pequeñas o grandes tribulaciones diarias; ni mucho menos quiere ser una exaltación del dolor como medio de agradar a Dios. El cristiano no busca el sufrimiento por sí mismo, sino el amor. Y la cruz acogida se transforma en el signo del amor y del don total. Llevarla en pos de Cristo quiere decir unirse a él en el ofrecimiento de la prueba máxima del amor.

No se puede hablar de la cruz sin considerar el amor que Dios nos tiene, el hecho de que Dios quiere colmarnos de sus bienes. Con la invitación "sígueme", Jesús no sólo repite a sus discípulos: tómame como modelo, sino también: comparte mi vida y mis opciones, entrega como yo tu vida por amor a Dios y a los hermanos
. Así, Cristo abre ante nosotros el "camino de la vida", que, por desgracia, está constantemente amenazado por el "camino de la muerte". El pecado es este camino que separa al hombre de Dios y del prójimo, causando división y minando desde dentro la sociedad y queriendo quitarte tu vocación, tu felicidad.

Así pues, no tengáis miedo de avanzar por el camino que el Señor recorrió primero. Con vuestra juventud, imprimid en el tercer milenio que se abre el signo de la esperanza y del entusiasmo propio de vuestra edad.

Si dejáis que actúe en vosotros la gracia de Dios, si cumplís vuestro importante compromiso diario, haréis que este nuevo siglo sea un tiempo mejor para todos.

Con vosotros camina María, la Madre del Señor, la primera de los discípulos, que permaneció fiel al pie de la cruz, desde la cual Cristo nos confió a ella como hijos suyos. Y os acompañe también la bendición apostólica, que os imparto de todo corazón.



Vaticano, 14 de febrero de 2001

martes, 25 de agosto de 2015

Atencióóóóón!!!!

Dios te lo pone todo en las manos... ¿Que vas a hacer?




Lo que hagas que sea bueno y... LUCHA como si sólo dependiera de ti pero...REZA omo si solo dependiera de DIOS


viernes, 14 de agosto de 2015

Quien haya recibido el Don del matrimonio que se case

Evangelio de hoy:

Del santo Evangelio según san Mateo 19, 3-12 

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo? Él les respondió: ¿No habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer, y dijo: "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne"? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Ellos insistieron: ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse? Él le contestó: Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer –no hablo de prostitución- y se casa con otra, comete adulterio. Los discípulos le replicaron: Si ésa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse. Pero Él les dijo: No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga.

Totalmente actual esta cuestión...pero a lo que voy: Si Dios no te pide ser consagrad@, que lo que te pide es casarte, cásate por Él, por tu vocación, por tu felicidad, la de tus hijos, marido/mujer... 
 ¡¡¡Nosotros los cristianos valoremos la familia!!! Creémosla con el matrimonio y cuidémosla.
            
Ánimo

miércoles, 6 de febrero de 2013

Decálogo para acompañantes de jóvenes

Art. de José Moreno Losada:

Desde la vida de los jóvenes y el camino compartido con ellos, he elaborado una reflexión, que el último número monográfico de "Imágenes de la Fe" (Editorial PPC- Enero 2013) la presenta en su totalidad.

Comparto la conclusión de dicho trabajo que presento como un decálogo para acompañantes de jóvenes. Todo se enmarca en un principio fundamental descubierto: quien obra y trabaja en el corazón del joven es el Espíritu Resucitado de Jesús, que le va mostrando el amor del Padre y el sueño que éste tiene sobre él. Nosotros tenemos el gran papel de colaborar con ese Espíritu, que nos alimenta a nosotros mismos y nos da fuerzas para acompañar gratuitamente.
Desde este Espíritu, la lectura creyente y sobre todo la vida compartida con jóvenes considero:

1. El centro del "quehacer" al acompañar está en la persona con la que compartimos camino; son su proceso, su momento y sus inquietudes los que tienen que centrar nuestra acción y animación. A nosotros nos toca dejarnos afectar por su persona y su proyecto para servirle en orden a su autonomía y crecimiento.

2. Es fundamental arriesgar para acompañar, no podemos tener conceptos preestablecidos ni marcos organizados. Cada persona tiene su vida y el espíritu en ella sopla lo que quiere y cuando quiere, y el joven se abrirá en libertad a ese soplo. Conservar y asegurar no es acompañar, abiertos seremos sorprendidos y enriquecidos por la novedad y la creatividad de cada persona y su historia.

3. Acompañar es echar de lo que tenemos para vivir, no se puede hacer sin priorizar y sin disponibilidad gratuita; te necesitan cuando menos lo esperas y te buscan cuando, de verdad, lo necesitan aunque no sepan expresarlo. Estar a punto y disponible es el oficio más valorado por ellos.

4. Si te alegras por cada pequeño paso y decisión tomada por un joven, es que estás entrando en el verdadero reconocimiento, en el espíritu del que da gracias por los sencillos y los pequeños; aquel que te viene dado por la alegría que te da ir viendo el tesoro que el otro está encontrando y cómo está poniendo en él su corazón.

5. Implicación e interpelación serán frutos que recibirás en el oficio de acompañamiento, sus opciones y discernimientos, harán que tú te replantees los tuyos y acabarás empujado a implicarte más para servir más y mejor en más espacios de los propios y los ajenos. Tu servicio y compromiso serán trampolines para su actitud de servicio en el mundo.

6. Los jóvenes no quieren milagros tuyos, esos los hace el Señor con ellos; sólo quieren tener parte en tu vida o, más bien, saber que tú te interesas por la suya y que pueden contar con lo que tú tienes y eres. Si eres auténtico y te muestras con verdad, desde tu sencillez y pequeñez, se sentirán como en su propia casa. No trates de ser distinto de lo que eres, porque eso te hará distante.

7. La fraternidad es el horizonte al que pretendemos llegar en toda iniciación y catecumenado, hijos en el Hijo; ese horizonte sólo es posible si la comunidad es nuestro lugar de verdadera referencia personal. El joven necesita de un grupo de vida, de discernimiento comunitario, pero no puedo ser animador de esta realidad para él si yo no soy sujeto de una comunidad de vida propia, donde proyecto y reviso mi propia existencia. Sólo se genera comunidad desde la comunidad vivida y experimentada.

 8. La tentación más fuerte es sacarlos del mundo y preservarlos en un aparte. Esto no es animar, sino desanimar, desencarnar. Jesús no quiere que los saquemos del mundo, sino que, en medio de ese mundo, sean la levadura y la sal; ahí está su lugar para ser y crecer, meterse en el corazón del mundo con el corazón de Dios. Para ello, nosotros mismos tenemos que entrar en la aventura de descubrir la realidad como lugar de salvación querida y amada por el Padre. Es importante que conozcamos y amemos sus mundos y ambientes.

9. Hoy, como nunca, necesitamos acompañar desde el ser católicos, el "id por todo el mundo" hoy tiene eco y sabor especial y actualizado. Queremos una humanidad fraterna y universal, donde el horizonte es el hombre y todas sus situaciones. Nuestra mente ha de ser universal como el envío, para la utopía de un mundo sin fronteras con todos los derechos fundamentales a flor de piel -frente a la crisis-; sólo desde ahí podremos acompañar mentes que quieren ser libres y romper límites que separan y provocan injusticia y dolor.

10. Pero sin Él no podemos hacer nada; sin su amor y sin su protagonismo, todo será una inútil hazaña, ideología y apropiación indebida. Sólo desde el principio y fundamento de los sentimientos de Cristo, podemos servirle para que otros se encuentren con Él y descubran el verdadero sentido de la vida; en la experiencia profunda y personal de Cristo, serviremos para que el joven lo intuya y lo descubra en su vida para siempre, y sea capaz de arriesgarlo y venderlo todo para tenerlo solo a Él.

Y cuando hayamos hecho todo esto, por la gracia de Dios, diremos como los empleados fieles del Evangelio: "Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer". Pero ya nadie nos podrá quitar la experiencia de ser hombres del Espíritu, tocados por la gracia de Cristo, y el sentido de comunidad y de familia que el Padre habrá provocado en nosotros al cumplir su voluntad, y los jóvenes y sus procesos -harán obras mayores que nosotros, mucho mayores- serán nuestra corona y nuestra gloria.

viernes, 1 de febrero de 2013

Testimonio: Consagración para la Misión

NUEVA FORMA DE CONSAGRACIÓN

Creo en la presencia de Cristo resucitado en el mundo El lema de la Jornada de Vida Consagrada de este año me ha evocado el deseo con el que el papa Benedicto XVI ha convocado el Año de la fe: que cada cristiano pueda "redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo".

Ahora bien, ¿ecómo descubrir el camino de la alegría entre las sendas del dolor cotidiano? En su catequesis del 28 de noviembre de 2012 el Papa nos decía: "Para hablar de Dios, tenemos que hacerle espacio, en la esperanza de que es Él quien actúa en nuestra debilidad: dejarle espacio sin miedo, con sencillez y alegría [...]; la comunicación de la fe siempre debe tener un tono de alegría. Es la alegría pascual, que no calla u oculta la realidad del dolor, del sufrimiento, de la fatiga, de los problemas, de la incomprensión y de la muerte misma, pero puede ofrecer criterios para la interpretación de todo, desde la perspectiva de la esperanza cristiana. La vida buena del Evangelio es esta nueva mirada, esta capacidad de ver con los mismos ojos de Dios cada situación".

Esta es la clave. Por eso, lo que brota desde mi corazón en este instante, lo que puedo compartir como sencillo testimonio, es la impresión de una respuesta insistente, contundente, nítida, de las Personas divinas a cualquier pequeño, insignificante acto de atención al Evangelio, al espíritu evangélico, al estilo de vida de Jesús.

Esa respuesta es un consuelo, pero no cualquier consuelo. Es un dedo invisible que señala al prójimo, a mi prójimo, para decirme: Dale tú de comer. Este consuelo no precisa de explicaciones o de otros signos; se trata de un gesto de amor de nuestro Padre celestial, confiándome lo más querido por Él, lo mismo que confió a nuestro Hermano Primogénito. Nada menos; ¿cómo no sentirse perdonado? ¿Cómo no reconocer que me llama hijo?

Poner en mis manos de pecador el alma de una, dos o mil personas que esperan un gesto mío que hable del cielo; encargarme lo mismo que encomendó a Cristo: ¿puede haber otra alegría mayor?

Es lo que siento recibir cada mañana, cuando renuevo en mi oración lo que recibí, junto con mis hermanas y hermanos, de manos de mi Fundador, Fernando Rielo, que solo vivió y murió para la Iglesia. Este fue siempre su deseo, auténtico testamento espiritual para quienes estamos llamados a llevar el Evangelio a todos los rincones del mundo: "Yo pido a Dios que los miembros de la Institución se caractericen por la alegría, una alegría en todas las cosas que no sea como las fugaces alegrías de este mundo. Quiero que crezcan con esa mística alegría en tal grado que vean la tierra desde el cielo y no el cielo desde la tierra".

P. Luis Casasús Latorre, M.Id Instituto Id de Cristo Redentor, misioneras y misioneros identes