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miércoles, 1 de febrero de 2017

Dios sabe sobre mi futuro

Tumbado en la cama y con la mirada hacia arriba te pones a pensar en qué será de ti el día de mañana.
Sólo hay una pregunta que te ronda la cabeza ¿qué será de mi?, ¿qué voy hacer con mi vida? o ¿a qué me quiero dedicar? Y perdemos tiempo, un tiempo que se lo lleva un futuro incierto.
Ves a la gente de tu alrededor contenta, haciendo lo que le gusta, ¿y tú?, tú no te encuentras, no sabes que quieres. Deseas un futuro grandioso pero no sabes manejar el presente. Deseas tener una carrera, un coche, una casa, muchos amigos, ser un empresario de categoría, pero… ¿y cuando tengas todo eso?, ¿qué será de ti en el futuro?
Y no nos damos cuenta que nuestro futuro lo tenemos en frente, levanta bien la cabeza, no está allí donde miras, lo tienes justo en frente, en el Sagrario, cada día y a todas horas. El sabe cual es tu futuro, donde te realizaras donde seras tu en plenitud. Pregúntale. Pero no un día 10 minutos sino un día un ratito...o un "ratazo" al día siguiente otra vez, y otra y otra y otra mas y mientras viviendo tu presente, cogiendo tu presente con las dos manos y poniendo el corazón y la luz....saldrá.
… Buscad, pues, primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad”, (Mt 6, 25-34).

domingo, 27 de noviembre de 2016

Sentí una llamada

La tarde de un domingo estaba en el despacho parroquial, pasando una partida de bautismo al libro correspondiente. De pronto sentí como una llamada: «Vete a la iglesia, porque allí alguien te necesita». Dejé el trabajo que estaba haciendo y me dirigí al templo. Pude haber ido por el patio, que es el camino más corto. Si lo hubiese hecho no hubiera tenido el encuentro que luego aconteció. Sin embargo hice el recorrido más largo.

Me acerqué a la sacristía y entré en la iglesia por la puerta delantera. Hice genuflexión al Santísimo Sacramento y caminé hacia la parte de atrás, donde tenía mi confesionario.

Un muchacho que acababa de entrar en el templo me vio pasar, se levantó y, acercándose a mí me dijo: «Padre, había pensado en suicidarme. Vi la iglesia abierta y entré. Vi un sacerdote joven que me podía escuchar y aquí estoy, para que me ayude».

Se me llenaron los ojos de lágrimas ante aquel encuentro para el que el Señor me había impulsado a recorrer el camino más largo. Le dije que Dios le había traído hasta allí para recibir la fuerza de la fe. Que Dios le quería y que la vida era muy importante como para perderla en un momento de obcecación.

Salió confortado y agradecido. Yo experimenté la gracia de la acogida y la escucha a la que Dios directamente me llamaba para atender a aquel joven en un momento de crisis. Este ha sido uno de los momentos más importantes de mi vida sacerdotal, un verdadero regalo de la misericordia de Dios para con sus hijos necesitados.


Esta historia y otras mil, fueron recopiladas durante el Año Sacerdotal. Las cien mejores están publicadas en el libro "100 historias en blanco y negro", que puede adquirirse en www.100sacerdotes.com

sábado, 12 de noviembre de 2016

¿Hacia dónde camino en mi vida?

¿Vale la pena? ¿alguna vez nos preguntamos qué hay detrás de la decisión de emprender una nueva aventura? (pongamos que hablo del Camino de Santiago). ¿Ganas de riesgo? ¿De superarnos a nosotros mismos?
A menudo nos sucede que, cuando nos lanzamos a comenzar una peregrinación, no sabemos muy bien el motivo que nos lleva a ello. Pero antes de nada… ¿Peregrinación? La definición más o menos exacta indicaría que se peregrina cuando se viaja hacia un lugar sagrado, y en el camino uno se encuentra a sí mismo y a Aquel a quien busca, siempre y cuando tenga los ojos y oídos bien abiertos.

Pero en un mundo en el que las nuevas experiencias y del espíritu selfie-aventurero plantearse este camino desde un punto de eminentemente religioso, choca y no se plantea el sentido último del caminar.
¿Y por qué ocurre esto? Porque no pega, queda raro o simplemente, no entra dentro de nuestros planes. Pero lo malo de la vida monótona es que al final del día, ya tumbados en nuestra cama, nos preguntamos…¿y esto es vivir?
Hay quien dice que el Camino de Santiago es reflejo de la vida. En el camino no andamos por andar, sin saber a dónde llegaremos. La meta de nuestro caminar es Santiago, la tumba del apóstol, con pequeñas metas en cada etapa. También hay quien dice "La meta no es Santiago, es el camino" "El camino es la meta". Cómo hago el camino, como vivo día a día, cómo me relaciono conmigo mismo, con Dios y con los demás.
Durante nuestro camino, mientras sufrimos las ampollas y los dolores musculares, el utilizar bastones nos revela que el salir de uno mismo, de la zona de confort, a veces cuesta. Y en nuestra vida sucede igual. O nos planteamos en qué y sobre quién nos apoyamos y hacia dónde caminamos, o veremos la vida pasar ante nuestros ojos sin ser consciente de que yo soy el protagonista, y elijo en qué gastar mi vida.
Y tú, ¿en qué gastas la tuya?

domingo, 25 de septiembre de 2016

Misioneras Franciscanas del Suburbio

Hoy celebramos el aniversario de la muerte de nuestro Fundador. Su vida fue entrega a los más pobres, a los últimos...Pasó haciendo el bien. Intercede por nosotr@s P.Laureano.



Su fundador:

El Padre Laureano, nuestro fundador, nació en una pequeña población de León (Las Muñecas). Su vocación franciscana-capuchina le surge en una edad muy temprana. Desde su juventud vive dedicado a los demás. Se entrega al dolor de tantas personas como consecuencia de la Guerra Civil española y se le llega a conocer en muchos puntos de España como el Apóstol del Suburbio.


Nuestro fundador vivía con gran confianza en la Providencia, esto le empujó a comenzar y llevar adelante proyectos en favor de los hermanos más necesitados. Sentía un amor entrañable por María, la pobre de Yahvé.

Su carisma:
Acompañar... Entrar "descalzas" en la tierra sagrada de las personas, con una presencia acogedora, de escucha, diálogo y empatía.