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miércoles, 1 de agosto de 2018

Testimonio: Novicia benedictina

Yo me llamo Marta, soy de Ciudad Real, vengo de una familia practicante, de un entorno católico.
Un verano, en Julio, cuando tenia 16 años nos fuimos mis padres y mis hermanos pequeños a Navarra y un día habían planificado una visita al monasterio de Leyre, masculino, y yo allí sentí una gran paz, como quien ha encontrado algo que siempre ha buscado, como si encajase, sentí: "este es mi sitio", eso en el entorno del monasterio, cuando pasamos a la iglesia, el sentimiento se multiplico por mil, estaba como en una nube.



Había oído hablar de la Regla de San Benito, a un que no conocía la existencia de benedictinos, y me imaginaba un libro viejo y grande y cuando vi en la iglesia que era un libro pequeñito sin saber mucho por qué le pedí a mi madre que me lo comprase, yo de aquella tenia 16 años y durante el viaje, en el coche, antes de dormir...yo me leí ese librito de arriba a abajo, y algo me llamaba, la austeridad, la vida ordenada, orante...a un que muchas cosas no las entendía.
Pasaron los meses a veces pensaba: ¿Donde me estoy metiendo? Otras veces: ¡lo que sea Señor, lo que tu quieras!
En septiembre me puse a buscar por internet, dónde había benedictinas, ví muchas paginas, sin que me llamase especial atención ninguna. Cansada de buscar por internet pensé: "Pongo benedictinas España y la primera que salga, con esas me comunico". Salieron las de Sahagún y les escribí un correo haciéndoles preguntas sobre las cosas que no entendía de la Santa Regla, y así fui comunicando mi inquietud, en Octubre le dije a mis padres que tenia esto entre manos y los dos años de Bachillerato me sirvieron para darme tiempo para discernir y tambiénn para conocerlas. Las visite en tres ocasiones dos de las cuales duraron una semana cada una.

domingo, 12 de noviembre de 2017

SOR MATILDE COLGÓ SU FUSIL.

En 2002, la soldado Matilde de Luis formó parte del contingente español enviado a la guerra de Kosovo, donde decidió dejar las armas… y tomar los hábitos. Hoy, sor Matilde de Jesucristo vive feliz en la clausura del Monasterio de Clarisas de Salamanca.

Desde hace unos meses sor Matilde de Jesucristo, una aspirante a religiosa en la clausura del convento que las Clarisas (Franciscanas Descalzas) tienen en Salamanca. Que una joven de 27 años opte por la vida en clausura, lejos de la vida activa, ya resulta de por sí novedoso en un mundo como el actual. Aún más en el caso de Matilde, cuya procedencia no es otra… que el Ejército.

«NUNCA HE ESTADO TAN SEGURA DE QUERER HACER ALGO, AUNQUE TAMBIÉN SÉ DE ANTEMANO QUE ME VA A COSTAR MUCHÍSIMO».



«NO DUDO QUE SERÁS TAN BUEN SOLDADO DE CRISTO COMO LO HAS SIDO EN EL EJÉRCITO».



«ME SIENTO BIEN PORQUE SÉ LO QUE QUIERO. ESTOY ANTE LA VERDAD MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA. NUNCA HE ESTADO TAN SEGURA DE QUERER HACER ALGO, AUNQUE TAMBIÉN SÉ DE ANTEMANO QUE ME VA A COSTAR MUCHÍSIMO. PERO SI DE ALGO ESTOY SEGURA ES QUE SE TRATA DE LO QUE DIOS QUIERE PARA MÍ».

miércoles, 25 de octubre de 2017

Profesión temporal

Tiene veintiún años y el sábado próximo, el 28 de octubre, va a profesar votos temporales en el monasterio de las Madres Benedictinas de Sahagún, en la provincia de León. Esperó a cumplir los dieciocho para cambiar sus aposentos y ensanchar su corazón. Sus padres, Teresa y Casimiro, recibieron su inquietud con la alegría profunda de aquellos que saben que no podía haber elegido mejor novio ni, desde el sábado próximo, mejor esposo. Los padres siempre se rinden a la felicidad de los hijos, pero si acompañan y alientan las elecciones, la decisión en las encrucijadas, mucho mejor: recibirán la paga de la felicidad de sus hijos y habrán participado en ella. Ni una hija ni un hijo se pierden, sino que se ganan otros muchos en ellos. 

Es importante para nosotros Marta porque es de Ciudad Real. En un tiempo en el que parece no solo que Dios no llama, sino que tampoco estamos respondiendo, surge, como un oasis de frescura, una vida que rompe con todo lo que parece y nos pone delante lo que es. ¿Veintiún años? Sí, la edad perfecta para desposarse y permitir que Dios sea el dueño de tu vida. Siempre es tiempo de las cosas buenas. Es la grandeza de la persona, el factor humano por el que, a pesar de las apariencias, de las circunstancias, se consigue hacer algo nuevo, distinto, imprevisible, bueno. Es importante para nosotros porque nos descubre que hay otros muchos que, seguro, están pensándose su vida, están planteándose la única pregunta fundamental: la felicidad. Eso es lo que Dios quiere de nosotros: que seamos felices. En ello está la clave de Dios y la clave de todo hombre: descubrir el camino de la felicidad. Por eso, toda la vida, está bajo la protección de la respuesta a esa pregunta: ¿cómo soy feliz? Las elecciones de vida tienen que mirar ahí y a cómo servimos a los demás: ¿Qué necesita el mundo de mí? ¿quién puede requerir mi ayuda, mi persona, mi vida? Responder con la vida entera en el matrimonio, en el sacerdocio, en la vida consagrada, en la vida de clausura, en la soltería consagrada, responder, como Marta, con la vida entera es donde está, en el fondo, la única respuesta básica y fundamental. Lo demás, siendo importante, va detrás.
¿Qué ha encontrado Marta que no hayan visto otros? Nada. El mismo colegio, los mismos amigos, las mismas circunstancias, la misma parroquia. Nada ha sido distinto en ella, pero todo ha sido diferente.
La historia de las vidas en las que surge la vocación no son distintas a otras historias o a otras vidas. Simplemente, que, en un momento concreto, se permite que alguien te hable y ya no dejará el corazón de estar inquieto y en búsqueda, pero, el que busca, encuentra. Gracias Marta.

@miguelangeljs


Publicado en La Tribuna de Ciudad Real el 22 de octubre de 2017

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Ingeniera espacial de la NASA dejó todo para ser monja católica


Libby Osgood trabajaba como ingeniera aeroespacial en la NASA y como profesora en una universidad de Estados Unidos hasta que decidió dejarlo todo para ser religiosa.  
El pasado 26 de agosto, esta ingeniera de 34 años ingresó como novicia a la Congregación de Notre Dame, cuyo carisma es la educación.
Osgood comenzó a trabajar como ingeniera de sistemas en la NASA cuando tenía 23 años. Su primer trabajo era asegurarse que los científicos llenaran los papeles necesarios para verificar que un satélite se lanzara como estaba previsto.
Después fue creciendo en su carrera, pero no profesaba ni practicaba su fe en el trabajo ya que este era un tema del que no se podía hablar abiertamente. Incluso tenía que colocar debajo de su ropa el crucifijo que heredó de su abuela.  
"Cambiar, decir a los otros que siempre he llevado cruces, que siempre he ido a la misa nunca ha sido un secreto, pero admitir ante la gente que la Iglesia y Dios son una parte muy grande de mi vida es algo que no había hecho”, relató a CBC News.
En el año 2012 Osgood comenzó a considerar el llamado a la vida religiosa. Una de las experiencias que marcó su fe y la ayudó a tomar una decisión respecto a su vocación fue cuando visitó la ciudad el hermano jesuita Guy Consolmagno, doctor en Ciencias Planetarias, astrónomo y actual director del Observatorio Vaticano.
Al escucharlo, la joven pudo abrir su mente a la idea de que “la ciencia y religión pueden coexistir”. Admitió que tenía dudas sobre hacerse religiosa porque “me gustaba demasiado la ingeniería, pero me di cuenta de que podía ser una ingeniera y una monja a la vez”.
Osgood comentó que cuando ella anunció su decisión de ser religiosa, otros científicos que creían en Dios le enviaron mensajes de apoyo.
La joven canadiense estará durante dos años haciendo el noviciado en la casa de la Congregación de Notre Dame en Nueva York y después de tomar sus votos planea regresar a Charlottetown para desarrollar su labor pastoral como religiosa y retomar su trabajo como profesora en la UPEI.
“Me siento tan llena. Siento como si antes tenía dispersas muchas piezas de rompecabezas y ahora todas encajan. Con la perspectiva de la ciencia y la religión, estoy profundizando en mis dos pasiones y viendo cómo otras personas las han unido”, expresó.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Que te movió para que a los 18 años lo dejes todo y te entregues al Señor, rodeada de un mundo que te ofrece de todo, como es en el que vivimos?

Yo, soy de Ciudad Real, vengo de una familia practicante, de un entorno católico. Un verano, en julio nos fuimos mis padres y mis hermanos a Navarra y un día habían planificado una visita al monasterio de Leyre, masculino, y yo allí sentí una gran paz, como quien ha encontrado algo que siempre ha buscado, como si encajase, sentí este es mi sitio, eso en el entorno del monasterio, cuando pasamos a la iglesia, el sentimiento se multiplico por mil, estaba como en una nube. Había oído hablar de la regla de san benito, a un que no conocía la existencia de benedictinos, y me imaginaba un libro viejo y grande y cuando vi en la iglesia que era un libro pequeñito sin saber mucho por que le pedí a mi madre que me lo comprase, yo de aquella tenia 16 años y durante el viaje, en el coche, antes de dormir...yo me leí ese librito de arriba a abajo, y algo me llamaba, la austeridad, la vida ordenada, orante...a un que muchas cosas no las entendía. Pasaron los meses a veces decía ¿donde me estoy metiendo? Otras veces decía ¡lo que sea Señor, lo que tu quieras!
En septiembre me puse a buscar por internet, donde había benedictinas, ví muchas paginas, la de las de Cuenca esta muy bien, por cierto. Cansada de buscar por internet dije pongo benedictinas España y la primera que salga, con esas me comunico. Salieron las de Sahagún y las segundas las de león. Escribí a las dos un correo haciéndoles preguntas sobre las cosas que no entendía de la santa regla, tras un par de correos, solo mantuve relación con Sahagún y así fui comunicando mi inquietud, en octubre le dije a mis padres que tenia esto entre manos y los dos años de bachillerato me sirvieron para darme tiempo para discernir y también para conocerlas. Las visité en tres ocasiones dos de las cuales duraron una semana cada una.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Un Sí a Dios con 22 años


Hace unos meses, uno de los miembros del equipo de GivenFaith nos dijo: hay dos chicas que quieren colaborar con nosotros: Ines y Patri; han estado conmigo en Medjugorje. Así, las dos empezaron a formar parte de esta gran familia que es GivenFaith.

Sin embargo, después de unos meses Patri decidió dejar el grupo. Sin decirselo a todo el equipo sino sólo a algunos, había tomado una decisión por la que merecía la pena preparase a conciencia. Ahora ya lo sabemos todos: Patri se nos va al Carmelo de San José este domingo.
Para todos nosotros, también para sus padres y amigos, ha sido un fuerte golpe. Pero somos conscientes de que ella, con su sonrisa contagiosa, desde la primera Fundación de Santa Teresa, rezará por cada uno de los que sacamos adelante esta web y también por los que nos seguís con esa alegría, disponibilidad y discreción que ha tenido todo este año. Gracias Patri por esas oraciones.
Hoy, y creo que lo puedo decir en nombre de todos los que formamos GivenFaith, nos sentimos muy orgullos y a la vez con una enorme responsabilidad porque ella con sus 22 años es capaz de dedicar toda su vida a Quien la ama con locura, y eso nos llena de preguntas, de la pregunta: ¿y yo?
Gracias Patri, porque con tu entrega me ayudas a decir que sí a Dios.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Testimonio hermano Rubén Darío





Mi nombre es Rubén. Soy religioso pasionista. Mis estudios de primaria los realicé en un colegio de las Hermanas Franciscanas de la Madre del Divino Pastor que siempre estaban pendientes de nuestra formación cristiana, cosa que me marcó muchísimo y que ahora les agradezco enormemente. Mis padres no eran practicantes. A los 12 años hice mi Confirmación, animado por mi abuela materna.

Cuando inicié el cuarto año de secundaria conocí a un grupo juvenil misionero. Me inscribí y empecé a tener contacto con una realidad que hasta ese entonces era desconocida para mí.  En Agosto de 1991 realicé mi primera misión popular. Fueron 30 días que me cambiaron de tal manera que empecé a desear hacerme sacerdote.

Tenía que hacer algo, me sentía capaz de ayudarlos desde lo poco que pudiera darles. Mi primera opción siempre fueron los jesuitas, pero todo ello cambió cuando conocí al P. José Manuel León: un pasionista venezolano que me impactó. ¿Pasionistas? ¿Y quiénes eran? Ni me imaginaba que existían. “¿San Pablo de la Cruz? ¡Están equivocados, es San Juan de la Cruz!” decía sin pensar que el equivocado era yo. Una frase: “la Pasión de Cristo es la obra más maravillosa del Amor de Dios”. Ése fue el gancho, con eso empezó el cambio; fue como amor a primera vista. 

 Inicié el proceso vocacional con José Manuel durante un año. En aquel entonces tenía 18 años y ya estaba en la universidad. Ingresé al postulantado pasionista en el 1995.  Estudié los dos primeros años de filosofía  e inicié el noviciado, pero no completé el año. Salí, por decisión propia y, regresé a casa. Los meses siguientes fueron de profunda tristeza, desolación y frustración. No quería saber absolutamente nada de Dios.

Murio mi hermano de 15 años en 1999, se deshizo mi familia yo me gradué con honores, me fui a la capital llegue a tener mi propia empresa a veces asistía a Misa otras veces faltaba durante meses, la oración personal nunca la perdí pero me sentía vació...todo esto ocurrió en 11 años.

Despué apareció el P. Valentín, un viejo conocido pasionista, que contactó conmigo y me ayudó a aclarar las cosas. 

Tras un tiempo de discernimiento, el 14 de Septiembre de 2010 inicié mi noviciado en la ciudad de Daimiel, Ciudad Real. Jamás en mi vida me sentí tan tocado por Dios. Fue un año que me cambió por completo. El 15 de Septiembre de 2011 realicé mi profesión temporal. ¡Por fin! ¡Soy Pasionista! recuerdo que durante casi toda la celebración litúrgica lloraba de felicidad, de emoción, de alegría.
¡Gracias Señor, porque a pesar de saber lo poco que soy, me haces fuerte, me transformas y me amas tanto que me llamas a consagrarme a ti, a tu Reino y a tu Iglesia!



domingo, 31 de julio de 2016

Una joven yeclana de 17 años ingresa en el monasterio de Carmelitas



Acompañada por familia, amigos y una representación de la parroquia de La Purísima de Yecla, Raquel Romero Santa, ha entrado este domingo en el monasterio de las Madres Carmelitas Descalzas de Piedrahita (Ávila).

Desde la parroquia se desplazó a Piedrahita un autobús con jóvenes del coro y catequistas, acompañados también por su párroco.

Antes de entrar en clausura, Raquel se despidió de sus cuatro hermanas y de su hermano mayor, Pablo, seminarista de cuarto curso en el Seminario Mayor de San Fulgencio; y recibió la bendición de sus padres y de los sacerdotes presentes.
He aqui su testimonio vocacional:


"Tengo 17 años y soy la tercera de seis hermanos. Mis padres pertenecen al Camino Neocatecumenal y de pequeña siempre me han inculcado la fe. Siempre he ido creciendo en la fe y con el Señor, empecé también con dirección espiritual que me ayudó mucho a iniciarme en la oración, para tener esa intimidad con Dios como todo cristiano debería tener".

En una peregrinación a Granada y Sevilla con la parroquia (a los 13 años), en una exposición del Santísimo, recuerdo que caí de rodillas y le pregunté al Señor qué era lo que quería de mí. Me puse a llorar. Le pregunté que si no me quería para formar una familia, que si me quería para ser religiosa o misionera.

Entonces comencé a visitar conventos. Fui a Elche, donde conocí a las Carmelitas Descalzas. A la superiora le conté cómo había sentido la llamada y, se lo tomó en serio, me ayudó y me animó. Ahí comenzó mi relación con el convento».

Lo que me ayudó a decir que sí al Señor en la vida consagrada contemplativa fue el ejemplo de Santa Teresita del Niño Jesús, cómo siendo carmelita es patrona de las misiones. Yo también quería ser misionera y me dije: Si ella es patrona de las misiones en la clausura pues yo también lo puedo ser. Ahora quiero animar a los jóvenes, que estén dispuestos a decirle que sí al Señor, a que no tengan miedo, que Él siempre nos va a ayudar y nos va a dar siempre su mano».

miércoles, 22 de junio de 2016

La vida secreta de una monja de 20 años

Se levanta a las 5:20 am, solo puede hablar dos veces al día y no puede dejar el convento en el que vive

nun

Cuando en 2008 la fotógrafa Toni Graves se adentró en un monasterio dominico de Summit, Nueva Jersey, para documentar el día a día de sus monjas, nunca imaginó lo que estaba a punto de encontrarse.

Sobre todo, porque detrás de la palabra “clausura” se dio de bruces con la palabra “vida”.

Lauren Franko tenía entonces 21 años, acababa de sentir la llamada de Dios escuchando una canción en YouTube y apenas llevaba unas semanas en el monasterio. Pero ya era su luz.

Lo había dejado todo: la universidad, un novio con el que se veía casada, unas amigas que no entendía su decisión, unos padres enfadados...

Inmediatamente Toni quedó prendada de sus mejillas coloradas, sugran sentido del humor y sonrisa contagiosa. Ella era todo lo que nunca nadie esperaría de una monja.
Lauren era simplemente una veinteañera enamorada.
Graves decidió entonces seguir volviendo durante los 7 años siguientes y documentar la conversión de Lauren en la Hermana María Teresa del Sagrado Corazón. Un bello reportaje fotográfico llamado Radical Love, que acabó convirtiéndose no solo en un retrato de la vida en el convento, sino el paso de la adolescencia a la edad adulta.
Aqui estan algunas de las fotos:





domingo, 29 de mayo de 2016

Testimonio vocacional de Pablo Romero Santa, seminarista diocesano de primer curso.

Hola me llamo Pablo, en mi familia somos ocho miembros yo soy el hijo mayor.
Desde antes de hacer mi primera comunión yo decía que quería ser cura, cocinero o profesor.
Siempre me llamaban la atención los monaguillos así que comencé a serlo en unas fiestas de la Virgen, y ya llevo siete años sirviendo el altar. Se valió el Señor de la “ilusión” de querer salir en una procesión para empezar a realizar su obra en mí.

Al comenzar las catequesis de confirmación mis compañeros se burlaban de mí, y pensaba… ¿será que debería dejar de venir tanto a la iglesia? y tuve que elegir si dejar un poco de lado la Iglesia para que no se metieran conmigo y así  salir más con los compañeros, o quedarme en la Iglesia que es lo que me gustaba. Al final elegí quedarme.

A quien apuesta por el Señor Él lo recompensa, me regaló a dos verdaderos amigos que me han ayudado mucho: Daniel y Carlos, dos jóvenes que se iban a confirmar y que vivían una vida cristiana de una forma más seria. Daniel y Carlos entraron al seminario en el 2009, y a raíz de esto yo me preguntaba: “si ellos, jóvenes como yo, con sus virtudes y defectos quieren ser sacerdotes ¿por que yo no?”. Pero a pesar de hacerme preguntas y tener la inquietud no terminaba de tenerlo claro.

Después de la confirmación, conocí a D. Asensio y me volví a plantear en serio la vocación, y poco a poco he podido ir descubriendo que el Señor me llama al sacerdocio. Empecé a cuidar mi vocación acudiendo frecuentemente a los sacramentos y sobre todo a la oración.

En el 2010 participé en una convivencia vocacional y me fui a la JMJ de Madrid con el Seminario San Fulgencio. Este año he hecho el curso introductorio en el seminario mientras terminaba 2º de Bachillerato. He ido conociendo la vida del seminario, he crecido en el trato con el Señor mediante la oración, la formación espiritual y humana y sobre todo me ha ayudado a poder dar testimonio de que soy cristiano y quiero ser sacerdote. Poder descubrir que eso es lo que Dios quiere de mí y que es donde puedo ser feliz, es lo más grande.

El 12 de septiembre de 2012 entré por fin al Seminario, cuento con vuestras oraciones por mí y por las vocaciones.

Animo a todos los jóvenes a no quedaros solos si estáis sintiendo que el Señor os llama a algo más. Buscad ayuda y decidle que sí, pues os puedo asegurar que solo seréis verdaderamente felices cuando respondáis a lo que el Señor os está llamando. Gracias.

viernes, 15 de abril de 2016

Tengo 18 años, sentí la llamada de Dios y vivo en un monasterio

Pablo es un chico de 18 años que no tiene una vida normal, porque decidió entrar hace unos meses en el Monasterio de El Paular (en la sierra norte de Madrid) y compartir la vida junto a los otros siete hermanos que allí viven, rezan, atienden a los huéspedes y se han consagrado a la vida monástica.Pablo tenía novia y un circulo de amigos y también estudiaba. Pero todo cambio cuando recibió la llama. Ahora ha comenzado su andadura como monje, de momento es postulante pero piensa tomar los votos definitivos. No teme las tentaciones que puedan surgir en el camino, confía en la ayuda de Dios para superarlas y se lamenta de que no haya más jóvenes que sigan su ejemplo.
¿Cuéntanos un poco tu historia?Pablo: Tengo 18 años y con seis ya empecé a tener inquietudes vocacionales con respecto a la Iglesia. Con todo lo relacionado con este misterio sacerdotal, notaba algo, daba misas en mi propia casa... Pero estuve desviado, hubo un tiempo que me metí en el reiki, en la new age. Algo que es totalmente contrario a la Iglesia: el tema de las energías espirituales. En aquel momento estaba metido en los porros y en las bebidas. Estaba muy feliz en mi mundo, era mi círculo. Pero en estos ejercicios algo me cambio. Mirando a Cristo, al Crucificado como yo le digo, me di cuenta de cómo había ido mi vida, que había cosas que tenía que mejorar.

¿Todo cambió en ese momento?Sí, yo, como os digo, estaba con una chica y lo dejé. Me costó mucho, pero lo tuve que dejar. La idea de ir al Monasterio de El Paular me rondaba desde los siete años, a los 12 lo intenté, pero el monje que dijo que hasta los 18 nada. En cuanto los cumplí, ingresé en el monasterio.
Y, con siete años, ¿cómo conocías ya el Monasterio del El Paular?Principalmente, porque iba mucho de pequeño. Con mi familia hacíamos excursiones a centros religiosos e iglesias.Noté que el Señor me llamaba a la vida monástica. Y así fue.

¿Qué significa ser postulante?Estoy haciendo una experiencia. Ver cómo se vive en el monasterio. Y me he enamorado más del Crucificado. Me levanto a las 5,30, como el resto de los hermanos. A las 6,30 hay maitines, luego cada uno a meditar a la celda la palabra de Dios. A las 8, los laudes y el desayuno. A los 8,30 o 9, ya comienza el trabajo comunitario: limpiar las escaleras, barrer, la cocina, atención a los huéspedes, a los visitantes, visitas guiadas.
¿Cómo te conviertes en monje? Lo que hacemos todos es estudiar la Regla de San Benito, nuestro fundador. Leemos libros de vida monástica, aquí no hay exámenes, solo hay que descubrir si tienes una llamada vocacional o es simplemente una evasión. Se dan casos de jóvenes que vienen para evadirse del mundo, de la realidad.
¿Cómo sabes que no es algo temporal?La Regla de San Benito nos habla de la humildad, de la entrega, de la obediencia. Nuestra lema es "reza y trabaja". Rezamos por las almas, para que lleguen al Señor, por la gente y mucho por la Iglesia. Por los escándalos que está habiendo, es una vergüenza y los denunciamos públicamente. Nuestra regla habla de obediencia a nuestro padre Prior, de no enaltecerse a uno mismo, de compartir con los hermanos los regalos que recibimos.

Pablo, ¿tienes miedo de tener la tentación de colgar los hábitos, salir del monasterio, volver a tener a novia?He tenido, pero realmente es un momento en el que te estás enamorando de Cristo, de sus enseñanzas... y así lo vences. Han pasado 300 jóvenes desde que está en el Monasterio el hermano Eulogio, que es el más mayor, tiene 90 años, intentando quedarse y se han ido. Si estás verdaderamente enamorado del Señor, nunca desistirás.
¿Cuántos monjes estáis ahora allí?Somos ocho, conmigo. Al ser postulante ya titulo como hermano. Voy con camisa negra y clériman, que es lo que usan los sacerdotes.
Hay una ceremonia cuando dejas de ser postulante y pasas a novicio.Sí, es interna, se realiza en comunidad. Luego, cuando tomas los votos perpetuos ya pueden venir todos los que quieran.Iremos a verte. Una cosa, ¿tu familia cómo se tomo que te fueras a vivir a El Paular?Bien, yo estaba estudiando Emergencias Sanitarias y abandoné el curso a la mitad. Durante un tiempo me dediqué al cuidado de mi abuelo, que tenía demencia. Ahí descubrí que mi vocación de estar cerca de los enfermos y de la gente que sufre era fuerte. Mis padres pensaron que se me pasaría, pero fue a más y me llevaron al Monasterio y a los tres días ingresé. Luego hay otros familiares que piensan distinto.Mil gracias por todo, Pablo.

jueves, 18 de febrero de 2016

Testimonio misionero

"En abril del 2016 haremos 50 años que llegamos a esta tierra del Camerún,  a una pequeña misión en plena selva tropical.

Yo entré en la Congregación al acabar mis estudios de medicina en el Congo RDC, y tras los años de noviciado y juniorado en España, he estado casi toda mi vida en Camerún. Desde joven sentí esa llamada a ser misionera y a salir de mi tierra hacia este pueblo africano. Estudié medicina para poder ayudar en algo que me parecía una necesidad básica del ser humano y este deseo se ha hecho realidad: con tantos enfermos, niños, adultos y ancianos, enfermos de paludismo, de Sida, tuberculosis, paliativos, etc. ; muchos han salido adelante y otros se han muerto en mis manos, cuidados y acompañados con los límites humanos que todos tenemos y las limitaciones técnicas que vivimos aquí.

Desde el inicio las misioneras teníamos  el deseo de compartir nuestro carisma con las jóvenes africanas, pero en los primeros años se pedía a las congregaciones de orientar sus vocaciones hacia los Institutos diocesanos nativos. Ahora tenemos varias jóvenes que quieren ser religiosas de nuestra congregación. Por eso además de mi labor como médico, desde hace 6 años la Congregación me pidió ocuparme del acompañamiento y de la formación de las jóvenes junioras. Son varias las jóvenes que acaban de hacer los primeros votos tras el noviciado y hacen sus estudios de teología u otros estudios para prepararse a la misión.

Mi misión, junto a otras dos hermanas,  es intentar ayudarlas a crecer en todos los aspectos de  su vida religiosa, en el conocimiento de nuestra Congregación y en la integración de su vida para vivir felices su opción.

Rosario García,
misionera en Camerún.

sábado, 30 de enero de 2016

Hola a todos:




Mi nombre es Pablo y tengo 18 años. Estoy en la Universidad, en 2º de Físicas. Me gusta la música, estar con los amigos, leer, la naturaleza... como cualquier joven. Ah, y soy seminarista. Un seminarista es alguien que se prepara para ser sacerdote.. En esto ya no soy como un joven "normal".

Supongo que resulta extraño que en estos tiempos uno decida dedicarse al sacerdocio. Mi vida tiene ciertas diferencias con el resto de los jóvenes. Vivir en el Seminario, estudiar teología... Cuando decidí seguir este camino, algunos dijeron que iba a malgastar mi vida. El mundo nos ofrece muchas cosas: dinero, trabajo, diversión sin límites... A muchas de ellas yo he renunciado con mi elección, pues no conseguían llenar mi vida (no quiere esto decir que haya renunciado al mundo: el sacerdote debe estar en el mundo). La vocación es lo que realmente llena.

También quiero ser sacerdote porque creo que Dios quiere que ponga mi "granito de arena" para hacer un mundo mejor. El mundo está lleno de problemas: guerras, hambre, terrorismo... el hombre está en crisis. Quizás sea porque se ha olvidado de Dios. Pero Dios no se ha olvidado del hombre. Por eso estamos aquí. Los jóvenes, cada uno desde nuestra vocación (cura, casado, laico comprometido, etc.) podemos contribuir a mejorar las cosas. Y no hace falta irse a lugares lejanos para ello: también el mundo desarrollado necesita de jóvenes comprometidos. Está claro que la sociedad y el "Estado del bienestar" en el que vivimos no es capaz de darnos una vida plena. Muchos jóvenes como nosotros sufren carencias, no económicas, sino de cariño, de proyecto de vida... no encuentran sentido a su vida.

En fin, creo que para cambiar este mundo, hacer de él algo mejor, son necesarias muchas manos. Y creo que somos nosotros, los jóvenes, quienes tenemos que "arrimar el hombro" en esta tarea. Cada uno desde su opción (voluntariado, participar en una ONG, Cáritas, trabajar como catequista en la parroquia...) puede colaborar.

Por último, me gustaría que cada uno de vosotros dedicara un tiempo a reflexionar sobre su "papel" aquí en la tierra. Yo así lo hice, y ahora soy feliz. Nada más. El mundo nos necesita. Un saludo

Pablo Pérez García (seminarista)

domingo, 24 de enero de 2016

Entrevista a un seminarista


EMILIO MAZA TRUEBA es uno de los catorce estudiantes del Seminario Mayor de Monte Corbán (diócesis de Santander-España). Tiene 31 años, es vecino de Ramales de la Victoria (Cantabria) y alumno del tercer curso del seminario diocesano. Será ordenado sacerdote en 2010 y su destino es, y ese es su deseo, ser párroco.

¿Por qué entró en el Seminario?

Cuando estudiaba bachillerato surgió la idea de entrar en el seminario. Yo no lo conocía, pero los caminos de Dios me trajeron aquí. Lo planteé en casa, después de pensármelo mucho porque no me atrevía. Mis padres no estaban mucho por esta idea y prefirieron que primero estudiara otra cosa. Así que estudié comercio y marketing y trabajé cinco años en una tienda de Ramales, pero la idea seguía ahí. Y eso me decició a dar el paso, aceptar la llamada y venirme a Monte Corbán.

¿Pero ya sabía lo que era el sacerdocio?

Tenía mucho contacto con el párroco de Ramales, daba catequesis a los niños y trabajé con grupos de confirmación, así que con el paso del tiempo y esa colaboración en la parroquia me fui implicando cada vez más. La llamada seguía ahí y eso me hizo planteármelo muy en serio, dejar el trabajo de Ramales y ser sacerdote.

¿Y su familia?

Pues mis padres al final lo aceptaron. Intentaron hacerme ver que lo pensara, que no tomara una decisión precipitada, pero sabían que hacía tiempo tenía la misma idea. Ahora están felices, porque me ven feliz. Mi hermano Álvaro, nueve años menor que yo, siempre me apoyó y siempre entendió mis deseos.

Quién le ha entendido mejor, ¿su padre o su madre?

Quizás la madre, que siempre es la que está ahí, al pie del cañón, la que va preparando al padre para que acepte y apoye la decisión de los hijos.

¿Cómo es la vida de un seminarista?

Puede parecer que llevamos una vida con tiempo para todo, pero aquí el día no nos da de sí. Nos levantamos a las siete de la mañana, a las siete y media tenemos que estar en la capilla para el rezo de laudes, a las ocho y cuarto es el desayuno y después, hasta la una y media tenemos clases. A las dos es la comida, hasta las cuatro tiempo libre para pasear o descanssar. De cuatro a cinco, dos días a la semana, tenemos deporte, y de cinco a ocho es tiempo de estudio. Los días que no hay deporte, el tiempo de estudio es de cuatro a ocho. A las ocho tenemos la Eucaristía, el momento más importante del día. A las nueve es la cena y de diez a once es tiempo libre. A las once, a la habitación.

¿Cómo se mantienen los seminarios informados de lo que pasa en el mundo?

La televisión la vemos muy poco, en los ratos de tiempo libre. Pero aquí tenemos los periódicos y los fines de semana salimos, vamos a las parroquias, visitamos a nuestras familias, vamos al cine o quedamos con amigos. ¡Vivimos en nuestro tiempo!

¿Un seminarista sale de copas?

Claro que salimos con amigos, pero siempre sin olvidar quiénes somos. Es bueno estar en el mundo. Hacemos la misma vida que otras personas de nuestra edad. Somos personas normales, salimos de compras, vamos al cine y si quedamos con nuestros amigos también vamos de copas, ¿por qué no? Hacemos una vida normal.

Están en el mundo...

Es que es fundamental que un sacerdote esté en el mundo, sin ser del mundo, porque vamos a tener que relacionarnos con el mundo y nuestra pastoral está en el mundo.

¿Cuándo ve a su familia?

Poco. Una vez al mes. Las semanas vuelan... Estamos muy ocupados con los estudios, exámenes, la preparación de las actividades. Necesariamente más horas en el día.

¿Cuál es su futuro?

Ser párroco, allá donde me mande el obispo. Esa es mi ilusión.

jueves, 21 de enero de 2016

Testimonio

Miriam, de Eibar (Guipúzcoa). Carmelita Misionera. 

P. Antonio.- Hola Miriam; bienvenida a las páginas de "La Obra Máxima".
H. Miriam.- Me alegra el estar contigo y con todos los lectores.
P. Antonio.- ¿Cuánto tiempo hace que empezó tu aventura misionera?
H. Miriam.- Han pasado 20 años desde que dejé mi familia, mis amigos de Eibar y comencé el Postulantado en Burgos con las Carmelitas Misioneras. ¡Cómo pasa el tiempo! En todos estos años han pasado muchas cosas: la formación, estudios, apostolado, viajes, conflictos políticos... diferentes comunidades, el encuentro con muchos amigos y de una manera especial destacaría la amistad y el encuentro con Jesús, compañero de camino.
P. Antonio.- ¿Cuál fue tu primer destino?
H. Miriam.- Después de las diferentes etapas de formación en varias comunidades de España, mi primer destino fue Montreal (Canadá). El adaptarme al nuevo país no fue fácil: la lengua, la cultura, costumbres, muchas novedades que conocer, pero la ilusión con la que fui me ayudó a integrarme enseguida y a vivir mi apostolado con muchas ganas y dispuesta a todo.
En Montreal me dediqué a estudiar y a colaborar en la catequesis; trabajamos en la parroquia que acoge a los emigrantes de lengua española; catequesis, Cáritas, grupos de oración, de jóvenes, de Biblia, liturgia...
P. Antonio.- Pero lo tuyo ha sido estar en África. Cuéntanos...
H. Miriam.- Después otro gran salto: Africa. Pasé cinco años en Kananga (Rep. Democrática del Congo); cuando llegué era Zaire y fueron los últimos años de Mobutu. Es la región diamantífera, rica en recursos, pero empobrecida, sin luz, sin carreteras.
P. Antonio.- Y allí te "tocó de todo".
H. Mariam.- Sí. Aprender su lengua fue una gran ayuda para entender mejor a sus gentes. Me tocó la "guerra de liberación" de Kabila y momentos de inseguridad por todos los soldados que pasaban y el enfrentamiento entre los dos ejércitos; fue un año complicado. A pesar de todo la acogida y el cariño de la gente se hicieron palpables en situaciones en las que daba más ganas marcharse que quedarse.
Al terminar la guerra, la esperanza brotó en el pueblo congoleño. La paz, las mejoras, la reorganización de las instituciones, todo quedaba por hacer. Me recordaba al pueblo de Israel cuando salieron de Egipto.
P. Antonio.- Y preparas tus maletas y te vas a Costa de Marfil.
H. Miriam: Sí. También he vivido dos años en Tiébissou (Costa de Marfil). En el corazón del país se encuentra el reino Baulí, una de las etnias más importantes de Costa de Marfil; ahí está nuestra comunidad. Me ocupaba del internado de las chicas que estudian secundaria. Vienen de sus poblados, donde no hay instituto, a estudiar a Tiébissou. Son jóvenes de 12 a 19 años que buscan en el internado una vida de familia y un ambiente favorable para sacar adelante la secundaria. Con el conflicto que hay desde el año 2002, la inseguridad es una constante para las chicas, ya que es bastante fácil que abandonen los estudios por las promesas que les hacen muchos soldados.
P. Antonio.- A pesar de la guerra vosotras seguisteis firmes en la Costa de Marfil.
H. Miriam.- Trabajar por la paz, educar a los niños y a los jóvenes a vivir en armonía y en el respeto de unas tribus con otras es una de las tareas importantes que llevamos a cabo en Costa de Marfil. Me impresionó el entendimiento y el diálogo que hay entre las religiones mayoritarias, principalmente entre musulmanes y cristianos.
P. Antonio.- Pero tu gira por África sigue. Ahora estás en "Guinea Española".
H. Miriam.- Ahora estoy en Malabo. La capital de este pequeño país está pasando por un proceso de "modernización". Hay muchos edificios que se han construido recientemente y por el efecto del "petróleo" muchas empresas internacionales se han isntalado y muchos comerciantes han abierto sus tiendas aquí. Malabo está creciendo y hay todavía planes para mejoras urbanas. Aquí no hay conflictos bélicos como en los otros países: Llevo un año dando clases en la escuela "Virgen del Carmen". Aquí estoy por ahora con los niños y niñas del barrio de Yumbili intentando transmitirles algo más que unos conocimientos de lengua y religión.
P. Antonio.- Supongo que en cada país africano has tenido que inculturizarte de nuevo.
H. Mariam.- Los tres países de África por los que he pasado son muy diferentes. Es verdad, todo es África, pero no se puede decir que todo es lo mismo. Lo mejor de todo: la amistad de las personas con las que me voy encontrando. Descubrir que el color de la piel es sólo una capa externa, que en el fondo todos somos PERSONAS y que luchamos por unos ideales, me ha ayudado a vivir la fraternidad, a sentir la Iglesia como la familia de Dios.
Cada destino supone un cambio de mentalidad, de costumbres, de comida, muchos esfuerzos para empezar de nuevo y a veces desánimos para seguir adelante.
P. Antonio.- Oye, háblanos de las comunidades. Has vivido en varias...
H. Miriam.- En todas las comunidades en las que he vivido, he podido experimentar que Jesús sigue llamando cada día a dar lo mejor de mí misma, esté donde esté. La fraternidad y la misión tienen sentido en mi vida desde el momento que respondo y digo: "aquí estoy". Ha habido momentos de todo: más fáciles y más difíciles. Ánimos y desánimos, pero siempre he contado con amigos, religiosos y familiares que me han ayudado y animado a seguir adelante, a descubrir que merece la pena entregrarse por el Reino de Dios. He tenido dudas, desconciertos, miedo, momentos de tristeza y de alegría ya hasta hoy puedo decir que no me arrepiento de haber comenzado esta aventura. He contado con el apoyo de hermanas y hermanos con lo que he podido compartir y, cómo no, vean el apoyo y la fidelidad a Jesús que no me ha fallado nunca a pesar de todos mis fallos. En medio del sufrimiento o de la miseria siempre hay rostros alegres, sobre todo de niños, que con una sonrisa me recuerdan que un nuevo reino está amaneciendo.
P. Antonio.- Muchas gracias.
H. Miriam.- Gracias a tí y a los lectores de "La Obra Máxima".

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Testimonio Sacerdotal

Luis de la Calle

La vocación a ser sacerdote es un verdadero misterio, ni siquiera yo mismo lo podré nunca explicar bien pero hagamos la prueba.
Antes de nada, entendamos bien que es Dios el que llama a esta vida tan particular, y no es que a uno se le ocurra por iniciativa propia: el mayor error sería justamente ese, de creernos nosotros los que hemos “tomado la gran decisión”… Sí, es verdad que le hemos respondido, y le tenemos que responder si nos llamara; pero ciertamente que no viene de nosotros, ya que Jesús lo dice claramente: “No fueron ustedes los que me eligieron, sino Yo quien los elegí”.
Y ¿cómo es que te das cuenta de la llamada? ¿Cómo es que le “respondes”? Porque para poder responder hace falta “darse cuenta”, escuchar algo… ¿Cómo fue la suya, Padre?
Me llamo Luis Maria, y mi apellido es De la Calle, que no quiere decir que sea un callejero cualquiera… Ahora, por pura misericordia de Dios soy el Padre Luis, y ya llevo 4 años de sacerdote.
Lo que les voy a contar es ese asunto tan interesante, intrigante quizás, y tan difícil de explicar.
Resulta que yo fui a San Rafael, Provincia de Mendoza, en Argentina, donde se encuentra nuestro Seminario y todas las primeras Casas Religiosas; y concretamente me fui con mi familia al Noviciado, es decir, el lugar donde se ingresa a la vida religiosa. Y he aquí que yo tenía tan solo 12 años.
Es la historia de una vocación juvenil, un niño al que le gustaba más que nada jugar a la pelota. Y Jesús me dio la Luz y la Fuerza para entenderlo y seguirlo.
Me contaron los padres que existía el Seminario Menor, para los chicos que querían ser sacerdotes, misioneros y amigos entre sí. Yo me informe naturalmente, un poco más. Y una vez que me contaron rápidamente las actividades normales de un niño con vocación, me dijeron: “Puedes entrar, si quieres."


Yo entre inmediatamente a la Capilla a rezar… Necesitaba justamente que Alguien me lo dijera claramente, salí de la Capilla y les dije a mis padres y a los Padres que sí; que me quedaría en ese Seminario. A la pregunta natural que surge: “¿Y tus papas que pensaron?” tengo que responder, que ellos fueron los más agradecidos y orgullosos de todos.
No fue todo cuestión de un impulso pasajero, porque de hecho no entre inmediatamente.
Hice todo como habíamos quedado con Jesus, y hacia allá me dirigí: al Seminario que me prepararía para ser lo que ahora soy. ¡Gracias Señor! Mil gracias, porque fuiste vos el que organizaste toda mi vida, y ahora estoy simplemente felicísimo de no haberme negado a Tu llamada!
Quien sienta el llamado, no tenga miedo: anímese; pruebe… y no se va a arrepentir.

Padre Luis de la Calle, Misionero del IVE