sábado, 31 de octubre de 2009

La vida como vocación


Cuando hoy hablamos de vocación, nos referimos al diálogo que se tiene en la vida entre Dios y la persona; el diálogo por medio del cual Dios da a conocer un proyecto que es propuesta. El proyecto de Dios para cada uno llega a través de mediaciones que es conveniente saber escuchar, con discernimiento, y pide una respuesta libre con la que, quien se siente llamado, se pone a su disposición en la vida. Esta actitud fundamental está a la base de toda decisión vocacional.

La vocación es como un lugar de encuentro en que Dios llama y el hombre responde. La misión se hace vocación. La vocación no es una tenue voz de la conciencia, si no que la vocación es sacramental: Dios se hace encontradizo en las situaciones de la vida, en los reclamos de las personas que con nosotros viven, en los mensajes que nos llegan de todas partes. En todo se dectecta esa misteriosa llamada a unificar la propia existencia a una elección: " Vivo para hacer el Reino de Dios"

La opción del Reino de Dios se diversifica segun los dones y la particular llamada que Dios ofrece a cada uno. No se habla sólo de vocación sacerdotal o religiosa, hay vocación matrimonial, ser padre o madre, ser profesor o ingeniero, son vocaciones. Dios nos llama a todos.

Entender la vida como vocación es el paso previo para conocer y aceptar la propia vocación en la vida.

lunes, 12 de octubre de 2009

Vocación de San Rafael Arnáiz

Para celebrar la canonización de nuestro querido santo Hermano Rafael, monje trapense propuesto por Juan Pablo II como "modelo de los jóvenes cristianos" en el Monte do Gozo.

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miércoles, 7 de octubre de 2009

Dios cambio mi vida...

Hola ¿cómo están? Me llamo Martha, tengo 27 años y quiero dar mi testimonio de vida para ayudar a algunas chicas que se identifiquen con mi caso.
Bueno comenzamos diciendo que he sufrido mucho desde niña. Cuando mi abuela murió yo tenia 15 años y trate de suicidarme tomando un veneno muy fuerte, mi salud se deterioro, ya que me internaron y pues entré en coma. A los tres días de estar en coma desperté, pero antes de eso vi a mi abuela muerta; en un lugar muy hermoso, lleno de luz clara de un brillo que me cautivaba.
Eso fue una alegría que Dios me dio, aun después de eso yo busque la vida del mundo con amistades, deje el colegio, tomaba mucho alcohol y así fue mi vida hasta los 24 años que sentí el llamado de Dios. Aun cuando Él me llamaba, yo me auto-encerraba en un mundo lleno de mentiras y felicidad mundanas. Tuve a un novio bueno, él era un hombre casado, y mantuve una relación de 6 años con él, claro que fue un infierno esa vida, pero bueno el amor de Dios me ayudo.
Les cuento algo sobre mi conversión: fue un sábado, me fui de fiesta y llegue a mi casa a las 4 de l mañana aun casi con los estragos del alcohol me desperté a las 6 de la mañana y algo me dijo "¿qué estas haciendo con tu vida? Eso no lo quiero para ti". Ya era Domingo y fui a misa con sueño y pues con algo de alcohol en mi sangre, al escuchar la misa sentí algo muy lindo pero no sabia que era, comencé a ir más y más a la misa, pero aun no sabia que era ese sentimiento tan bello, puse como les dije una barrera ,no quería yo saber que era eso y pues ya deje de ir con mis amigas a las discotecas, deje de tomar y me aleje de ese hombre. Ese hombre que me hizo mucho daño, por él me intente suicidar, y ahora veo que eso no era bueno, me arrepiento de todo corazón y pido perdón a Dios todos los días.
Cuando yo acepte a Dios en mi corazón fue algo bello, claro no fue fácil, no digo que sea fácil. Para mi no fue fácil, aun no lo es pero cada día trato que sea mejor, Dios me dio un buen Director espiritual que se llama Padre Jaime Andrés. Él es lo máximo, me tiene paciencia cuando yo decía: Padre no puedo, él me decía "hija entrégate a Dios el te dará la fuerza Dios es la fuerza, el no te dejara sola nunca".
Y bueno, después comencé a aceptar el llamado de Dios, a aceptar su amor, su calor, todo de Él y cada vez que me siento mal me entrego en sus brazos como una niña en los brazos de su padre.
Yo les digo no sigan el camino fácil porque es el camino de la perdición, ahora tengo ya dos años siguiendo a Dios, amándolo, estoy en un monasterio trapense , es bello, claro también tuve un discernimiento en algunas comunidades religiosas para ver si mi vida era activa o contemplativa. Dios me llama más al claustro, creo que viví mucho tiempo en el mundo que Él ya quiere que esté en su jardín de rosas, Él perdonó mis pecados, que fueron muchos, Él los lavo con su Bendita Sangre, me inundó con su amor infinito, con su calor me dio alegría y con su aliento me dio un soplo de vida,

Martha Parrales Mendieta (Ecuador)

¿Crisis vocacional?

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San Juan Maria Vianney

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domingo, 4 de octubre de 2009

Matrimonio: Asombro y Amor

Un estudio sobre la familia en la novela contemporánea nos ha revelado la pobre imagen que los autores de hoy tienen del matrimonio. Indiferencia y rutina, desamor e infidelidad: todo forma parte de la trama. A fin de cuentas ya no se sabe si la realidad inspira a la literatura o si es la creación literaria la que ha ido educando a la sociedad de hoy.
Revisando un diccionario de citas más o menos famosas, se encuentra uno con centenares de sentencias llenas de pesimismo. Parece que para muchos pensadores y creadores de opinión el matrimonio es un desacierto, una condena o una desgracia. Muchas frases parecen nacidas del resentimiento o de la frustración.
Solamente acá o allá se encuentra uno con alguna frase que interpela a la responsabilidad personal. Como ésta atribuida al rabino americano Brickner: "El éxito en el matrimonio es más que hallar la persona idónea; es ser la persona idónea". O esta otra de la escritora alemana Luise Rinser: "En un buen matrimonio, la fidelidad no es una atadura".
La tradición de Israel nos recuerda que la unión matrimonial forma parte del proyecto original de Dios. El encuentro del hombre con la mujer es el asombro ante el "tú", que hace posible el descubrimiento del "yo" y del "nosotros". Es el reconocimiento de la igualdad en la diversidad: es decir en la complementariedad. Es la admiración, al alba de la humanidad.

UTOPÍA Y COMPROMISO
Según el evangelio (Mc 10, 2-16), los fariseos preguntan a Jesús: "¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?" La respuesta de Jesús es provocadora. Sobre todo porque afirma la primacía de la creación original sobre todas las leyes positivas que el pueblo se fue dando. La norma de la ley humana sólo viene a remediar el fracaso del proyecto divino.
De la evocación de los orígenes, Jesús extrae una conclusión: "Abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne". He ahí tres pinceladas inolvidables. En ellas se recuerda la grandeza de la utopía y se sugiere el diario compromiso por llevarla a cabo:
- El abandono del padre y de la madre refleja esa dimensión social del matrimonio, que lo constituye en anillo entre una generación y la siguiente.
- La unión del hombre con su mujer subraya la dimensión afectiva, que implica un amor personal, es decir: único y definitivo, oblativo y fecundo.
- Llegar a ser una sola carne no es sólo vivir la fascinación y el riesgo de la sexualidad, sino compartir con generosidad un proyecto de vida y de esperanza.
Los tres pasos requieren una formación gozosa y responsable, que nunca se improvisa y que nunca puede darse por concluida.

FELICIDAD Y FIDELIDAD
"Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". Con esas palabras concluye Jesús su respuesta a la pregunta de los fariseos. Una respuesta que habría de ser mil veces discutida por las leyes. Y millones de veces descubierta por el corazón enamorado.
• "Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". La unión requiere atención para analizar con realismo la fascinación del amor. Pero requiere también el esfuerzo y la madurez de la entrega personal. El amor no es sólo un sentimiento: es sobre todo un compromiso.
• "Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". La separación de la pareja se va gestando lentamente en la rutina. Y en la falta de delicadeza y de respeto. El matrimonio es una escuela permanente para aprender a perdonar y perdonarse.
• "Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". No sobra la alusión a Dios. A muchos los une la prisa o la fama, la frivolidad o el miedo. Siempre es preciso preguntarse si es Dios quien ha unido a los esposos. Y pedirle a Dios con humildad que los siga uniendo cada día, en la ternura y la esperanza, en el dolor y en la alegría.
- Dios y Padre celestial, nuestra sociedad aspira a la felicidad, pero olvida la fidelidad. Ayúdanos a sembrar con paciencia para recoger con gozo los frutos del amor. Amén.

José-Román Flecha Andrés

viernes, 2 de octubre de 2009