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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Sacerdotes y el mundo digital: usos y estadística

¿Cuál es el uso que hacen los sacerdotes del mundo digital? ¿qué cambios culturales ha traído internet en la nueva evangelización? Esta mañana fue presentada en una rueda de prensa realizada en Radio Vaticano, investigación denominada Picture (Priests’ ICT use in their religious experiencie) realizada recientemente, sobre los sacerdotes en el uso de los nuevos medios.

El estudio, tuvo como objetivo investigar cómo los sacerdotes utilizan las nuevas tecnologías en su labor pastoral de acuerdo con el último mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales titulado “El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra”.

La investigación fue conducida por los laboratorios NewMinE Lab – New Media in Education Laboratory e webateiler.net de la universidad Suizo – Italiana (USI de Lugano, Suiza) en colaboración con la facultad de Comunicación Social de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz y con el apoyo de la Congregación para el Clero. El estudio contó con la colaboración de la oficina de internet de la Santa Sede.

Para el cardenal Claudio Hummes, prefecto de la Congregación para el Clero, la cultura digital es “un nuevo mundo cultural”. “Hay algo que ha cambiado y cambia en la propia cultura”, dijo el purpurado. “Especialmente en las nuevas generaciones que ya están inmersas en esta nueva cultura”, aseguró.

El estudio

La encuesta sobre el uso de internet por parte de los sacerdotes se realizó entre el 15 de noviembre y el 28 de febrero pasados. La idea surgió en el marco de al celebración del Año Sacerdotal, instituido por el Papa Benedicto XVI y el cual finaliza este 9 de junio.

El cuestionario lo respondieron un total de 4.992 sacerdotes, es decir, un 1,2 % del total de sacerdotes en el mundo. La muestra se realizó de manera proporcional en diferentes países de los cinco continentes, a sacerdotes provenientes de 117 naciones diversas.

Los datos fueron suministrados por la Congregación para el Clero. Para el presidente de este dicasterio, la investigación es una especie de “fotografía del uso actual que los sacerdotes hacen de la tecnología en la propia experiencia religiosa para dar respuestas adecuadas al interior de los grandes cambios del mundo cultural”, dijo el cardenal Hummes.

El cuestionario fue traducido en siete idiomas. Para asegurar la máxima distribución se contactaron las Conferencias Episcopales de todo el mundo así como las órdenes religiosas con más miembros.

Los resultados

Sobre la pregunta de qué tan frecuentemente los sacerdotes buscan en internet el material para sus homilías, un 46 % respondió que acuden a este recurso al menos vez a la semana. Un 14.7 % lo hace diariamente, mientras que 8.7 % nunca usa los nuevos medios para ello.

Para la dirección espiritual, un 48 % busca información por internet al menos una vez al mes mientras que un 18,4 % no lo hace nunca.

El estudio muestra cómo un bajo porcentaje de sacerdotes utiliza internet para su vida espiritual. El 35.9% reza utilizando los recursos que le ofrece internet al menos una vez al mes (este punto se refiere al uso de la Liturgia de las Horas o el Oficio divino online, o a buscar en este medio lecturas espirituales u otro tipo de oraciones), mientras que un 37,7% no lo hace nunca.

Para la vida intelectual, los sacerdotes usan más frecuentemente los nuevos medios: un 60,01 % de los encuestados lo hace al menos una vez a la semana, mientras que un 9,4% no usa nunca internet para este fin. Una de las preguntas realizadas en este estudio fue si están de acuerdo con que internet permite el mejoramiento de la formación sacerdotal, a lo que un 64,4% dijo estar de acuerdo y un 6.4% dijo estar en desacuerdo con esta hipótesis.

De otro lado, el 52,5 % de los sacerdotes consideran útil o muy útil el recurso de internet para propagar el mensaje cristiano mientras que el 7% no consideran que este recurso sea útil para ello. El 56,8 % están de acuerdo o totalmente de acuerdo con que las nuevas tecnologías permiten la inculturación de la fe en el mundo de hoy mientras que el 2,7 % no está de acuerdo con este postulado.

Benedicto XVI dijo en su reciente mensaje de las Jornadas Mundiales de las comunicaciones sociales que “el sacerdote se encuentra como al inicio de una 'nueva historia'”.

“En la medida en que estas nuevas tecnologías susciten relaciones cada vez más intensas, y cuanto más se amplíen las fronteras del mundo digital, tanto más se verá llamado a ocuparse pastoralmente de este campo, multiplicando su esfuerzo para poner dichos medios al servicio de la Palabra”, aseguró en este mensaje el Pontífice.



Cláudio Card. Hummes

Prefecto

miércoles, 12 de mayo de 2010

El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra


MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA XLIV JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

Queridos hermanos y hermanas:

El tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales –«El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra»– se inserta muy apropiadamente en el camino del Año Sacerdotal, y pone en primer plano la reflexión sobre un ámbito pastoral vasto y delicado como es el de la comunicación y el mundo digital, ofreciendo al sacerdote nuevas posibilidades de realizar su particular servicio a la Palabra y de la Palabra. Las comunidades eclesiales, han incorporado desde hace tiempo los nuevos medios de comunicación como instrumentos ordinarios de expresión y de contacto con el propio territorio, instaurado en muchos casos formas de diálogo aún de mayor alcance. Su reciente y amplia difusión, así como su notable influencia, hacen cada vez más importante y útil su uso en el ministerio sacerdotal.

La tarea primaria del sacerdote es la de anunciar a Cristo, la Palabra de Dios hecha carne, y comunicar la multiforme gracia divina que nos salva mediante los Sacramentos. La Iglesia, convocada por la Palabra, es signo e instrumento de la comunión que Dios establece con el hombre y que cada sacerdote está llamado a edificar en Él y con Él. En esto reside la altísima dignidad y belleza de la misión sacerdotal, en la que se opera de manera privilegiada lo que afirma el apóstol Pablo: «Dice la Escritura: “Nadie que cree en Él quedará defraudado”… Pues “todo el que invoca el nombre del Señor se salvará”. Ahora bien, ¿cómo van a invocarlo si no creen en Él? ¿Cómo van a creer si no oyen hablar de Él? ¿Y cómo van a oír sin alguien que les predique? ¿Y cómo van a predicar si no los envían?» (Rm 10,11.13-15).

Las vías de comunicación abiertas por las conquistas tecnológicas se han convertido en un instrumento indispensable para responder adecuadamente a estas preguntas, que surgen en un contexto de grandes cambios culturales, que se notan especialmente en el mundo juvenil. En verdad el mundo digital, ofreciendo medios que permiten una capacidad de expresión casi ilimitada, abre importantes perspectivas y actualiza la exhortación paulina: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9,16). Así pues, con la difusión de esos medios, la responsabilidad del anuncio no solamente aumenta, sino que se hace más acuciante y reclama un compromiso más intenso y eficaz. A este respecto, el sacerdote se encuentra como al inicio de una «nueva historia», porque en la medida en que estas nuevas tecnologías susciten relaciones cada vez más intensas, y cuanto más se amplíen las fronteras del mundo digital, tanto más se verá llamado a ocuparse pastoralmente de este campo, multiplicando su esfuerzo para poner dichos medios al servicio de la Palabra.

Sin embargo, la creciente multimedialidad y la gran variedad de funciones que hay en la comunicación, pueden comportar el riesgo de un uso dictado sobre todo por la mera exigencia de hacerse presentes, considerando internet solamente, y de manera errónea, como un espacio que debe ocuparse. Por el contrario, se pide a los presbíteros la capacidad de participar en el mundo digital en constante fidelidad al mensaje del Evangelio, para ejercer su papel de animadores de comunidades que se expresan cada vez más a través de las muchas «voces» surgidas en el mundo digital. Deben anunciar el Evangelio valiéndose no sólo de los medios tradicionales, sino también de los que aporta la nueva generación de medios audiovisuales (foto, vídeo, animaciones, blogs, sitios web), ocasiones inéditas de diálogo e instrumentos útiles para la evangelización y la catequesis.

El sacerdote podrá dar a conocer la vida de la Iglesia mediante estos modernos medios de comunicación, y ayudar a las personas de hoy a descubrir el rostro de Cristo. Para ello, ha de unir el uso oportuno y competente de tales medios –adquirido también en el período de formación– con una sólida preparación teológica y una honda espiritualidad sacerdotal, alimentada por su constante diálogo con el Señor. En el contacto con el mundo digital, el presbítero debe trasparentar, más que la mano de un simple usuario de los medios, su corazón de consagrado que da alma no sólo al compromiso pastoral que le es propio, sino al continuo flujo comunicativo de la «red».

También en el mundo digital, se debe poner de manifiesto que la solicitud amorosa de Dios en Cristo por nosotros no es algo del pasado, ni el resultado de teorías eruditas, sino una realidad muy concreta y actual. En efecto, la pastoral en el mundo digital debe mostrar a las personas de nuestro tiempo y a la humanidad desorientada de hoy que «Dios está cerca; que en Cristo todos nos pertenecemos mutuamente» (Discurso a la Curia romana para el intercambio de felicitaciones navideñas, 21 diciembre 2009).

¿Quién mejor que un hombre de Dios puede desarrollar y poner en práctica, a través de la propia competencia en el campo de los nuevos medios digitales, una pastoral que haga vivo y actual a Dios en la realidad de hoy? ¿Quién mejor que él para presentar la sabiduría religiosa del pasado como una riqueza a la que recurrir para vivir dignamente el hoy y construir adecuadamente el futuro? Quien trabaja como consagrado en los medios, tiene la tarea de allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales. Le corresponde ofrecer a quienes viven éste nuestro tiempo «digital» los signos necesarios para reconocer al Señor; darles la oportunidad de educarse para la espera y la esperanza, y de acercarse a la Palabra de Dios que salva y favorece el desarrollo humano integral. La Palabra podrá así navegar mar adentro hacia las numerosas encrucijadas que crea la tupida red de autopistas del ciberespacio, y afirmar el derecho de ciudadanía de Dios en cada época, para que Él pueda avanzar a través de las nuevas formas de comunicación por las calles de las ciudades y detenerse ante los umbrales de las casas y de los corazones y decir de nuevo: «Estoy a la puerta llamando. Si alguien oye y me abre, entraré y cenaremos juntos» (Ap 3, 20).

En el Mensaje del año pasado animé a los responsables de los procesos comunicativos a promover una cultura de respeto por la dignidad y el valor de la persona humana. Ésta es una de las formas en que la Iglesia está llamada a ejercer una «diaconía de la cultura» en el «continente digital». Con el Evangelio en las manos y en el corazón, es necesario reafirmar que hemos de continuar preparando los caminos que conducen a la Palabra de Dios, sin descuidar una atención particular a quien está en actitud de búsqueda. Más aún, procurando mantener viva esa búsqueda como primer paso de la evangelización. Así, una pastoral en el mundo digital está llamada a tener en cuenta también a quienes no creen y desconfían, pero que llevan en el corazón los deseos de absoluto y de verdades perennes, pues esos medios permiten entrar en contacto con creyentes de cualquier religión, con no creyentes y con personas de todas las culturas. Así como el profeta Isaías llegó a imaginar una casa de oración para todos los pueblos (cf. Is 56,7), quizá sea posible imaginar que podamos abrir en la red un espacio –como el «patio de los gentiles» del Templo de Jerusalén– también a aquéllos para quienes Dios sigue siendo un desconocido.

El desarrollo de las nuevas tecnologías y, en su dimensión más amplia, todo el mundo digital, representan un gran recurso para la humanidad en su conjunto y para cada persona en la singularidad de su ser, y un estímulo para el debate y el diálogo. Pero constituyen también una gran oportunidad para los creyentes. Ningún camino puede ni debe estar cerrado a quien, en el nombre de Cristo resucitado, se compromete a hacerse cada vez más prójimo del ser humano. Los nuevos medios, por tanto, ofrecen sobre todo a los presbíteros perspectivas pastorales siempre nuevas y sin fronteras, que lo invitan a valorar la dimensión universal de la Iglesia para una comunión amplia y concreta; a ser testigos en el mundo actual de la vida renovada que surge de la escucha del Evangelio de Jesús, el Hijo eterno que ha habitado entre nosotros para salvarnos. No hay que olvidar, sin embargo, que la fecundidad del ministerio sacerdotal deriva sobre todo de Cristo, al que encontramos y escuchamos en la oración; al que anunciamos con la predicación y el testimonio de la vida; al que conocemos, amamos y celebramos en los sacramentos, sobre todo en el de la Santa Eucaristía y la Reconciliación.

Queridos sacerdotes, os renuevo la invitación a asumir con sabiduría las oportunidades específicas que ofrece la moderna comunicación. Que el Señor os convierta en apasionados anunciadores de la Buena Noticia, también en la nueva «ágora» que han dado a luz los nuevos medios de comunicación.

Con estos deseos, invoco sobre vosotros la protección de la Madre de Dios y del Santo Cura de Ars, y con afecto imparto a cada uno la Bendición Apostólica.

Vaticano, 24 de enero 2010, Fiesta de San Francisco de Sales.

martes, 11 de mayo de 2010

10 de mayo: San Juan de Ávila (patrono del clero secular español): El sacerdote debe ser santo.


SEGUNDO TEXTO DEL OFICIO DE LECTURA DE LA MEMORIA
San Juan de Ávila, presbítero
(Plática enviada al padre Francisco Gómez, S.I., para ser predicada en el Sínodo diocesano de Córdoba del año 1563)
"No sé otra cosa más eficaz con que a vuestras mercedes persuada lo que les conviene hacer que con traerles a la memoria la alteza del beneficio que Dios nos ha hecho en llamarnos para la alteza del oficio sacerdotal. Y si elegir sacerdotes entonces era gran beneficio, ¿qué será en el nuevo Testamento, en el cual los sacerdotes de él somos como sol en comparación de noche y como verdad en comparación de figura?
Mirémonos, padres, de pies a cabeza, ánima y cuerpo, y vernos hemos hecho semejables a la sacratísima Virgen María, que con sus palabras trajo a Dios a su vientre, y semejables al portal de Belén y pesebre donde fue reclinado, y a la cruz donde murió, y al sepulcro donde fue sepultado. Y todas estas son cosas santas, por haberlas Cristo tocado; y de lejanas tierras van a las ver, y derraman de devoción muchas lágrimas, y mudan sus vidas movidos por la gran santidad de aquellos lugares. ¿Por qué los sacerdotes no son santos, pues es lugar donde Dios viene glorioso, inmortal, inefable, como no vino en los otros lugares? Y el sacerdote le trae con las palabras de la consagración, y no lo trajeron los otros lugares, sacando a la Virgen. Relicarios somos de Dios, casa de Dios y, a modo de decir, criadores de Dios; a los cuales nombres conviene gran santidad.
Esto, padres, es ser sacerdotes: que amansen a Dios cuando estuviere, ¡ay!, enojado con su pueblo; que tengan experiencia que Dios oye sus oraciones y les da lo que piden, y tengan tanta familiaridad con él; que tengan virtudes más que de hombres y pongan admiración a los que los vieren: hombres celestiales o ángeles terrenales; y aun, si pudiere ser, mejor que ellos, pues tienen oficio más alto que ellos".

viernes, 16 de abril de 2010

Carta del Card Hummes a los sacerdotes


HACIA LA CONCLUSIÓN DEL AÑO SACERDOTAL


Queridos Presbíteros:

La Iglesia goza de inmensa alegría por el Año Sacerdotal y agradece al Señor el haber inspirado al Santo Padre su proclamación. Todas las informaciones que llegan a Roma sobre las numerosas y múltiples iniciativas, organizadas por las Iglesias locales en el mundo entero para la realización de este año especial, son la prueba de que éste ha sido muy bien acogido y – podemos decir – que ha respondido a un verdadero y profundo deseo de los presbíteros y de todo el pueblo de Dios. Era hora de dar una atención especial, de reconocimiento y de voluntariedad al grande, trabajador e insustituible Presbiterio y a cada uno de los presbíteros de la Iglesia.

Es verdad que algunos presbíteros (pero proporcionalmente muy pocos) han cometido horribles y gravísimos delitos de abusos sexuales contra menores; hechos que debemos rechazar y condenar in modo absoluto e intransigente. Deberán responder ante Dios y ante los tribunales, también ante los civiles. Por supuesto, rezamos para que lleguen a una conversión espiritual y al perdón de Dios. Mientras, la Iglesia está decidida a no esconder y a no minimizar tales crímenes. Pero, sobre todo, estamos de parte de las víctimas y queremos sostenerlas en su recuperación y en sus derechos ofendidos.

Sin embargo, los delitos de algunos no pueden usarse en modo tal que embrutezcan el entero cuerpo eclesial de los presbíteros. Quien obra así comete una clamorosa injusticia. En este Año Sacerdotal la Iglesia busca el modo de comunicarlo a la comunidad humana. Cualquier persona, con sentido común y buena voluntad, lo entiende.

Habiendo hablado necesariamente de todo lo anterior, volvamos a lo nuestro, queridos presbíteros. Una vez más, queremos repetir que reconocemos quienes sois y cuanto hacéis en la Iglesia y en la sociedad. La Iglesia os ama, os admira y os respeta. Sois una gran alegría para nuestro pueblo católico, que os acoge y apoya, sobre todo en estos momentos de sufrimiento.

Dos meses más y llegaremos a la conclusión del Año Sacerdotal. Queridos sacerdotes, el Papa os invita de todo corazón a venir a Roma para dicha conclusión los días 9, 10 y 11 del próximo junio. ¡Que vengáis de todos los países del mundo! De los países más cercanos a Roma se espera miles y miles de vosotros, ¿no es verdad? Entonces, no rechacéis la fuerte y cordial invitación del Santo Padre. Venid y Dios os bendecirá. El Papa quiere confirmar a los presbíteros de la Iglesia. La numerosa presencia de todos en la Plaza de San Pedro llegará a ser una forma propositiva y responsable de los presbíteros a presentarse, prontos y sin temores, para el servicio en favor de la humanidad, que Jesucristo os ha entregado. Vuestra presencia visible en la plaza será una proclamación, ante el mundo actual, del vuestro envío a este mundo, no para condenarlo sino para salvarlo (cfr. Jn. 3, 17 y 12, 47). En tal contexto, el gran numero de presencias tendrá un significado especial.

Entorno a la presencia numerosa de presbíteros en la conclusión del Año Sacerdotal, en Roma, existe todavía un motivo particular, que hoy se coloca en el corazón de la Iglesia. Se trata de ofrecer a nuestro amadísimo Papa Benedicto XVI nuestra solidariedad y nuestro apoyo, nuestra confianza y nuestra comunión incondicionada ante los frecuentes ataques, que se dirigen contra su Persona en el momento actual en el ámbito de las decisiones acerca de los clérigos, que han incurrido en delitos sexuales contra menores. Las acusaciones contra el Papa son evidentemente injustas, y se ha demostrado que nadie ha hecho tanto como Benedicto XVI para condenar y combatir correctamente tales crímenes. Por eso, la presencia masiva de presbíteros en la plaza con el Papa será un fuerte señal de nuestro decidido rechazo a los injustos ataques de los que es víctima. Así pues, venid también para apoyar públicamente al Santo Padre.

La conclusión del Año Sacerdotal no será un final, sino más bien un nuevo inicio. Nosotros – el Pueblo de Dios y los pastores – queremos dar gracias al Señor por este tiempo privilegiado de oración y de reflexión sobre el sacerdocio. Al mismo tiempo, nos proponemos ser siempre más atentos a todo aquello que el Espíritu Santo quiere comunicarnos. Mientras, volveremos al ejercicio de nuestra misión en la Iglesia y en el mundo, con renovada alegría y con el convencimiento de que Dios, Señor de la historia, permanece con nosotros en los momentos de crisis y en los nuevos tiempos.

La Virgen María, Madre y Reina de los sacerdotes, interceda por nosotros y nos inspire en el seguimiento de su Hijo Jesucristo, Nuestro Señor.

Roma, 12 de abril de 2010



Cardenal Cláudio Hummes
Arzobispo Emérito de São Paulo
Prefecto de la Congregación para el Clero

lunes, 1 de marzo de 2010

El sacerdote es para vosotros...


El Papa Benedicto XVI inauguró el pasado 19 de junio del 2009, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, un Año Sacerdotal, con ocasión del 150 aniversario de la muerte del Santo cura de Ars, San Juan María Vianney.
El Santo Padre ha querido así que toda la Iglesia se una en oración agradecida a Dios por el don del ministerio sacerdotal, plasmado visiblemente en la entrega generosa y cotidiana, al servicio de la Iglesia y del mundo, de tantos sacerdotes.
Han terminado ya, felizmente, los tiempos de confusión pasados, con sus debates sobre si era necesario más sacerdocio o más laicado. Ahora que las “aguas” han vuelto a su cauce, vemos con nitidez que la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, no podría subsistir si faltase alguno de sus miembros; cuando uno de ellos se desarrolla, el resto crece armónicamente. Si tenemos familias cristianas que sean verdaderas “iglesias domésticas”, surgirán en ellas vocaciones a la vida consagrada y al ministerio sacerdotal. Si hay vocaciones consagradas, habrá vocaciones sacerdotales y viceversa.
Sin sacerdotes no puede existir la Iglesia de Jesucristo, porque sin Eucaristía, sin el Cuerpo y la Sangre del Señor resucitado, no pueden existir comunidades cristianas en las que se viva el mandamiento nuevo del Amor. Jesús, en el momento supremo, antes del sacrificio de su vida en la cruz, estando con sus apóstoles en la Última Cena, instituye, al mismo tiempo, el sacramento eucarístico y el ministerio apostólico, llamado a continuar hasta su retorno glorioso.
El evangelista San Juan recoge, en el lugar que ocupa la fracción del pan en los evangelios sinópticos, el lavatorio de los pies. No hay oposición alguna entre ambos signos. Sin la vivencia del amor y del servicio, expresados radicalmente por el lavatorio, no es posible la eucaristía ni el ministerio sacerdotal, que es expresión y signo permanente del amor de Cristo servidor a su Iglesia. También el Señor instituye el sacerdocio cuando lava los pies a sus discípulos con el manto arremangado, como un esclavo, y la jofaina, porque esa es, precisamente, la misión permanente del sacerdote: la de Cristo, que no vino a ser servido sino a servir, pasando por uno de tantos en humildad y entrega.
Así vivía su ministerio el Santo cura de Ars y así explicaba a sus feligreses lo que era el ministerio sacerdotal: “El sacerdote no es sacerdote para él mismo, lo es para vosotros”. Estas palabras, lejos de quedarse para él en una bella teoría, las ponía en práctica con sus agotadoras jornadas de trabajo parroquial. Destacaba especialmente por su profunda y constante oración, largas horas ante el sagrario, desde antes de que amaneciera. Se podía decir que vivía en el templo parroquial. “¡Él está allí!”, exclamaba el Santo Cura mirando el tabernáculo. “No hay nada más grande que la Eucaristía”, decía absolutamente convencido.
De esa honda contemplación de Cristo Eucaristía nació en San Juan María la actitud de misericordia que llevaba a su querido confesionario, en el que llegaba a estar más de diecisiete horas diarias para reconciliar las largas filas de penitentes, llegados de toda Francia atraídos por su fama de santidad.
Es cierto que la Iglesia y el mundo han cambiado mucho en poco tiempo. Nuestra sociedad no es la misma que se encontró el santo sacerdote. Pero el ejemplo de abnegación, de amor, de fidelidad, de primacía de la contemplación frente a la acción, de caridad pastoral, del Santo Cura, permanece imperecedero.
Este Año Sacerdotal nos invita a todos, como Iglesia, a dar gracias a Dios por el don de los sacerdotes, presencia de Cristo en el mundo, a los sacerdotes a revitalizar y profundizar el carisma que recibimos el día de nuestra ordenación. Y a los jóvenes que puedan sentir una leve inquietud, una cierta llamada hacia el sacerdocio, quizá viendo el ejemplo de su párroco o de otros sacerdotes, a preguntarse: “¿Por qué ellos sí y yo no?, ¿Por qué no entregar mi vida, mi juventud, mis ilusiones, a este proyecto tan grande?, ¿Por qué no podría ser yo también signo vivo de Cristo Buen Pastor, anunciando la Buena Noticia que el mundo necesita escuchar?

Rubén García Peláez

lunes, 1 de febrero de 2010

10 actividades para el Año Sacerdotal

Desde la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española, nos sugieren estas diez actividades que pueden ayudar a parroquias, colegios y comunidades cristianas a celebrar el Año sacerdotal y trabajar a favor de las vocaciones al ministerio presbiteral:

1) Celebrar el día del párroco, con el título “los sacerdotes de mi parroquia” Se podría tener la celebración eucarística a la que se invitarían a todos los sacerdotes vivos que han pasado por una misma parroquia en la que han ejercido su sacerdocio. Un detalle también significativo sería el poder elaborar un mural con las fotografías de esos sacerdotes, ordenadas de forma cronológica (los años que han estado sirviendo a la parroquia), así como la tarea de recabar una breve biografía de cada uno de ellos.

2) Las parroquias podrían también tener un recuerdo para con las vocaciones sacerdotales que han nacido en el seno de esa comunidad. Idear y concretar una fecha en la que se puedan reunir todos, sería un buen testimonio.

3) Organizar una visita a las casas-residencias sacerdotales que la diócesis tenga. Quizá estamos más acostumbrados a ese otro tipo de residencias más genéricas donde viven nuestros mayores, bien sean familiares o paisanos. Existen también casas-residencias donde los sacerdotes jubilados son atendidos en esta etapa dorada de sus vidas. Seguro que agradecen este tipo de detalles, máxime en este año.

4) Organizar una peregrinación al seminario diocesano. Es necesario que las comunidades cristianas conozcan de primera mano el lugar donde los jóvenes se forman para ser en un futuro sacerdotes. Los seminarios están capacitados para llevar acabo este tipo de acogidas de grupos, comunidades y parroquias que se acerquen al lugar signo de la vocación en la diócesis.
Se podrían declarar “a modo de templos jubilares” las capillas de los seminarios diocesanos e invitar a que los fieles peregrinen corporativamente a ellos, rogando por los sacerdotes y las vocaciones al sacerdocio.

5) En las celebraciones eucarísticas no debe faltar una petición por los sacerdotes y las vocaciones al sacerdocio en la oración de los fieles.

6) Revivir y extender la práctica de los “jueves eucarísticos” mediante la prolongación de la acción de gracias después de la comunión con la adoración del Santísimo Sacramento, expuesto en la custodia y se recite la oración aprobada para este año sacerdotal.

7) Resaltar y cuidar la celebración del jueves santo, “día eminentemente sacerdotal” También, poder participar de la Misa Crismal, uniéndose en oración a los sacerdotes que en ese día renuevan, junto con el Obispo diocesano, sus promesas sacerdotales.

8) Conocer a los candidatos que van a ordenarse en este año.

9) Programar actividades catequéticas y pastorales que ahonden en la figura del sacerdote por medio de talleres de lecturas (biografías de sacerdotes ejemplares y santos) o la práctica del cine forum (recomendamos la web http://www.cineyvocacion.org en donde hay una sección de Films relacionados con el Año Sacerdotal)

10) Con los diferentes movimientos familiares, de profundización en la fe, grupos y comunidades se puede reflexionar sobre el papel de los sacerdotes en su función de “consiliarios espirituales” y el servicio ministerial que prestan en su labor de acompañamiento y sostenimiento para que el grupo crezca humana y cristianamente.

jueves, 18 de junio de 2009

Unidos en oración...


El Papa Benedicto XVI inaugurará este 19 de junio el Año Sacerdotal, durante el cual proclamará a San Juan María Vianney como patrono de los sacerdotes.

El titulo elegido por el Santo Padre para este año es “fidelidad de Cristo, fidelidad de el Sacerdote”, estamos invitados como Cristianos Católicos a unirnos como Iglesia en oración por aquellos que han respondido la llamada de Dios, para que puedan permanecer sujetos a la gracia divina y que puedan ser imagen de Cristo Sacerdote entregándose al servicio de los demás. Que Dios les conceda la fidelidad a sus compromisos, hoy más que nunca la iglesia necesita sacerdotes santos y estamos llamados como iglesia a unirnos en oración por todos nuestros sacerdotes.

Como un modo de vivir este año sacerdotal, “Vocaciones Cristo te llama” les invita a que “adopten” un sacerdote, para que en sus oraciones pidan especialmente por su santificación.

¡Oh Jesús danos Sacerdotes según tu corazón!

Un año para mostrar a los sacerdotes el amor de la Iglesia


El próximo 19 de junio el Papa Benedicto XVI inaugurará con unas vísperas solemnes en la Basílica de San Pedro, el Año Sacerdotal con el tema: "Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote".

Durante este año Benedicto XVI proclamará a san Juan María Vianney "patrono de todos los sacerdotes del mundo". Igualmente se publicará el "Directorio para los confesores y directores espirituales", así como a una recopilación de textos del Papa sobre temas esenciales de la vida y de la misión sacerdotal en la época actual.

ZENIT ha conversado con el cardenal brasileño Cláudio Hummes, O.F.M., prefecto para la congregación del Clero y obispo emérito de Sao Paulo, quien presenta este año como "propositivo" y como una oportunidad para que los sacerdotes recuerden que "la Iglesia los ama, que se preocupa por ellos".

--¿Cuál es el objetivo principal del año sacerdotal?

--Cardenal Hummes: En primer lugar la circunstancia. Será un año jubilar por los 150 años de la muerte de san Juan María Vianney, más conocido como el santo cura de Ars. Esta es la oportunidad, pero el motivo fundamental es que el Papa quiere dar a los sacerdotes una importancia especial y decir cuánto los ama, cuánto los quiere ayudar a vivir con alegría y con fervor su vocación y misión.

Esta iniciativa del Papa tiene lugar en un momento de gran expansión de una nueva cultura: hoy domina la cultura postmoderna, relativista, urbana, pluralista, secularizada, laicista, en la cual los sacerdotes deben vivir su vocación y su misión.

El reto es entender cómo ser sacerdote en este nuevo tiempo, no para condenar al mundo sino para salvar el mundo, como Jesús, quien no vino para condenar al mundo sino para salvarlo.

El sacerdote debe hacer esto de corazón, con mucha apertura, sin demonizar a la sociedad. Debe estar integrado en ella con la alegría misionera de querer llevar a la gente de esta sociedad a Jesucristo.

Es necesario dar una oportunidad para que todos oren con los sacerdotes y por los sacerdotes, convocar los sacerdotes a orar, hacerlo de la mejor manera posible en la sociedad actual y, además, eventualmente tomar iniciativas para que los sacerdotes tengan mejores condiciones para vivir su vocación y la misión.

Es un año positivo y propositivo. No se trata, en primer lugar, de corregir a los sacerdotes. Hay problemas que siempre deben ser corregidos y la Iglesia no puede cerrar los ojos, pero sabemos que la grandísima mayoría de los sacerdotes tienen una gran dignidad y adhieren a su ministerio y a su vocación. Dan su vida por esta vocación que han aceptado libremente.

Lamentablemente se dan los problemas de los que nos hemos enterado en los últimos años relativos a la pedofilia y otros delitos sexuales graves, pero como máximo quizá pueden llegar a un cuatro por ciento del clero. La Iglesia quiere decirle al 96 por ciento restante que estamos orgullosos de ellos, que son hombres de Dios y que los queremos ayudar y reconocer todo lo que hacen como testimonio de vida.

Es también un momento oportuno para intensificar y profundizar la cuestión de cómo ser sacerdotes en este mundo que cambia y que Dios nos ha puesto delante para salvar.

--¿Por qué el Papa ha presentado a san Juan María Vianney como modelo para los sacerdotes?

--Cardenal Hummes: Porque desde hace mucho tiempo es el patrono de los párrocos. Forma parte del mundo del presbítero. Queremos también estimular a varias naciones y conferencias episcopales o iglesias locales para que escojan algún sacerdote ejemplar de su área, y presentarlo al mundo y a los jóvenes. Hombres y sacerdotes que sean verdaderamente modelos, que puedan inspirar y puedan renovar la convicción del gran valor y de la importancia del ministerio sacerdotal.

--Para usted como sacerdote, ¿cuál es el aspecto más bello de su vocación?

--Cardenal Hummes: Esta pregunta me hace recordar un hecho de san Francisco de Asís: El dijo una vez: "Si me encontrara por el camino a un sacerdote y a un ángel, yo saludaría primero al sacerdote y luego al ángel. ¿Por qué? Porque el sacerdote es quien nos da a Cristo en la Eucaristía". Esto es lo más fundamental y maravilloso: el sacerdote tiene el don y la gracia de Dios para ser ministro de este gran misterio de la Eucaristía.

El sacerdocio fue instituido por Jesucristo en la Última Cena. Cuando dijo "Haced esto en conmemoración mía", les dio a los apóstoles este mandamiento y también el poder de hacer esto, de hacer lo mismo que Jesús hizo en la última cena. Y estos apóstoles han transmitido a su vez este ministerio y este poder divino a los hombres que son obispos y sacerdotes.

Esto es lo más importante y el centro. La Eucaristía es el centro de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II dijo que la Iglesia vive de la Eucaristía. El sacerdote es el ministro de este gran sacramento, que es el memorial de la muerte de Jesús.

Y luego tenemos también el sacramento de la Reconciliación. Jesús dijo: "A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados" (Juan, 20, 23). Ha venido para reconciliar el mundo con Dios y a los seres humanos entre ellos. Ha dado el Espíritu Santo a los apóstoles soplando sobre ellos.

Él ha dado a los apóstoles en nombre de Dios y suyo aquello que había adquirido con su sangre y con su vida en la Cruz, transformando la violencia en un acto de amor para el perdón de los pecados. Y les dice a los apóstoles que serán los ministros de este perdón. Esto es fundamental para todos. Cada uno quiere ser perdonado de sus pecados, estar en paz con Dios y con los demás. El misterio de la reconciliación es muy importante en a vida del sacerdote.

Hay otras muchas acciones como la evangelización, el anuncio de la persona de Jesucristo muerto y resucitado, de su reino. El mundo tiene derecho de saber y conocer a Jesucristo y todo lo que significa su Reino. Este es un ministerio específico también del sacerdote que comparte con los obispos y con los laicos que hacen el anuncio de la Palabra y deben llevar a la gente a un encuentro intenso y personal con Jesucristo.

--¿Cuáles cree que son las mayores dificultades y los nuevos retos que afrontan hoy los jóvenes que quieren ser sacerdotes?

--Cardenal Hummes: Quiero repetir que no debemos demonizar la cultura actual que se difunde cada vez más y que se convierte en una cultura dominante en todo el mundo a pesar de la presencia de otras culturas.

Esta nueva cultura ya no quiere ser ni cristiana ni religiosa. Quiere ser laica y rechaza y quiere rechazar cualquier injerencia religiosa. Los adolescentes y los jóvenes se encuentran en una situación diferente a la que hemos vivido nosotros, que nacimos en una cultura muy religiosa y que se reconocía como cristiana y católica. Actualmente ya no es así.

Creo que para los adolescentes y jóvenes es realmente más difícil tener la valentía de aceptar una invitación de Dios, que nace en su interior. Responder es hoy más complicado, porque la sociedad ya no valora el sacerdocio. Antes la sociedad lo valoraba. Ahora bien, un trabajo de fe y de evangelización será siempre posible, porque Dios da siempre todas las gracias cuando llama para esto.

La parroquia debe ofrecer a los jóvenes y a los adolescentes la oportunidad de hablar de aquello que llevan en el corazón, de ese llamado, porque si ellos no tienen la oportunidad de hablar con alguien en quien puedan confiar, poco a poco esta voz desaparecerá. Aquí entra en juego la pastoral vocacional, que tanto necesitamos.

Una parroquia bien organizada es capaz de salir al encuentro de los jóvenes y adolescentes y darles la oportunidad de hablar sobre el llamado que sienten. También la oración por las vocaciones es ahora más importante que en el pasado.

Otra causa por la que puede haber menos candidatos es porque las familias son más reducidas. Tienen pocos hijos o ninguno. Esto lo hace más difícil. El número de sacerdotes en varios países se ha reducido demasiado. Vemos esta situación con grandísima preocupación.

--¿Cómo cree que debe ser la formación de un seminarista en los ámbitos personal, espiritual, intelectual y litúrgico? ¿Qué aspectos cree que no pueden faltar?

--Cardenal Hummes: La Iglesia habla de cuatro dimensiones que deben ser cultivadas con los candidatos.

En primer lugar, la dimensión humana, la afectiva --toda la cuestión de su persona--, su naturaleza, su dignidad y una madurez afectiva normal. Esto es importante porque es la base.

Luego está la dimensión espiritual. Hoy nos encontramos delante de una cultura que ya no es ni cristiana ni religiosa. Por lo tanto es aún más necesario desarrollar bien la espiritualidad en los candidatos.

Luego está la dimensión intelectual. Es necesario estudiar filosofía y teología para que los sacerdotes sean capaces de hablar y de anunciar hoy a Jesucristo y su mensaje, de modo que emerja toda la riqueza del diálogo entre la fe y la razón humana. Dios es el Logos de todo y Jesucristo es su explicación.

Después, obviamente, está la dimensión de apostolado, es decir, hay que preparar a estos candidatos a ser pastores en el mundo de hoy. En este ámbito pastoral hoy es muy importante la identidad misionera. Los sacerdotes deben tener no sólo una preparación sino también un estímulo fuerte para no limitarse sólo a recibir y ofrecer el servicio a aquellos que vienen a verles, sino también para salir en búsqueda de las personas que no van a la Iglesia, sobretodo de aquellos bautizados que se han alejado porque no han sido lo suficientemente evangelizados, y que tienen el derecho de serlo, porque hemos prometido llevar a Jesucristo, educar en la fe.

Esto muchísimas veces no se ha hecho o se ha hecho muy poco. El sacerdote debe ir en misión y preparar su comunidad para que vaya a anunciar a Jesucristo a la gente, al menos a aquellos que están en el territorio de su parroquia pero también más allá de ésta.

Hoy esta dimensión misionera es muy importante. El discípulo se convierte en misionero con su adhesión entusiasta, alegre a Cristo, capaz de revestir incondicionalmente toda su vida de él. Debemos ser como los discípulos: fervorosos, misioneros, alegres. En esto consiste la clave, el secreto.

--¿Qué actividades especiales se van a realizar en este año tanto para los jóvenes como para los mismos sacerdotes?

--Cardenal Hummes: Habrá iniciativas en el ámbito de la Iglesia universal, pero el año de sacerdote debe celebrarse también a nivel local. Es decir, en las iglesias locales, las diócesis y las parroquias, porque los sacerdotes son los ministros del pueblo y deben incluir las comunidades.

Las diócesis deben impulsar iniciativas tanto de profundización como de celebración para llevar a los sacerdotes el mensaje de que la Iglesia los ama, los respeta, los admira y se siente orgullosa de ellos.

El Papa abrirá el Año Sacerdotal el 19 de junio, en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, porque es la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes. Habrá vísperas solemnes celebradas en la basílica vaticana, estará presente la reliquia del cura de Ars. Su corazón estará en la Basílica como signo de la importancia que el Papa quiere dar a los sacerdotes. Esperamos que muchos sacerdotes estén presentes.

La clausura tendrá lugar un año después. Todavía queda por definir la fecha exacta del gran encuentro del Papa con los sacerdotes, al que están invitadas todas las diócesis. Habrá otras muchas iniciativas. Estamos pensando también en realizar un congreso teológico internacional los días precedentes a la clausura. También habrá ejercicios espirituales. Esperamos también poder involucrar a las universidades católicas para que puedan profundizar en el sentido del sacerdocio, la teología del sacerdocio, y en todos los temas que son importantes para los sacerdotes.

--¿Puede hablarnos ahora de los desafíos que enfrenta un sacerdote en esta sociedad tan anti religiosa? ¿Cómo cree que puede permanecer fiel a su vocación?

--Cardenal Hummes: En primer lugar, la Iglesia a través de sus seminarios y formadores debe hacer una selección muy rigurosa de los candidatos. Luego hace falta una buena formación, fundamentalmente en la dimensión humana, intelectual, espiritual, pastoral y misionera. Es fundamental recordar que el sacerdote es discípulo de Jesucristo y estar seguros de que haya tenido este encuentro personal y comunitario intenso con Jesucristo, en el le haya dado su adhesión. Cada misa puede ser un momento muy fuerte para este encuentro. Pero también la lectura de la Palabra de Dios.

Como decía Juan Pablo II, hay muchas oportunidades para testimoniar el encuentro con Jesucristo. Es fundamental ser un misionero capaz de renovar este celo sacerdotal, de sentirse alegre y convencido de su misión y de que esto tiene un sentido fundamental para la Iglesia y para el mundo.

Siempre digo que el sacerdote no es sólo importante por el aspecto religioso dentro de la Iglesia. Desempeña también una grandísima labor en la sociedad, porque promueve los grandes valores humanos, está muy cerca de los pobres con la solidaridad, la atención por los derechos humanos. Creo que debemos ayudarles para que vivan esta vocación con alegría, con mucha lucidez y también con corazón para que sean felices, dado que se puede ser feliz en el sacrifico y el cansancio.

Ser feliz no está en contradicción con el sufrimiento. Jesús no era infeliz en la cruz. Sufría tremendamente, pero estaba feliz, porque sabía que lo hacia por amor y que esto tenía un sentido fundamental para la salvación del mundo. Era un gesto de fidelidad a su Padre.

--¿Qué otros santos cree que pueden ser modelos para el sacerdote de hoy?

--Cardenal Hummes: Obviamente el gran ideal es siempre Jesucristo, el buen pastor. En el caso de los apóstoles, sobretodo san Pablo. Hemos celebrado el Año Paulino. Se ve que era una figura realmente impresionante y que puede ser siempre una gran inspiración para los sacerdotes, sobretodo en una sociedad que ya no es cristiana. Cruzó las fronteras de Israel para ser apóstol de los gentiles, de los paganos. En un mundo que se está alejando tanto de cualquier manifestación religiosa, su ejemplo es fundamental. San Pablo tenía esta conciencia muy fuerte: Jesús ha venido para salvar, no para condenar. Es la misma conciencia que debemos tener nosotros ante el mundo de hoy.


Por Carmen Elena Villa ZENIT.org


miércoles, 3 de junio de 2009

CARTA DE APERTURA DEL AÑO SACERDOTAL

Queridísimos Sacerdotes:

Dentro de unas dos semanas – viernes 19 de junio, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús – podremos vivir un intenso momento de fe, muy unidos al Santo Padre y entre nosotros, cuando en la Basílica Papal de San Pedro en el Vaticano celebraremos las Vísperas e comenzaremos el Año Sacerdotal.

Estamos ciertamente llamados a la conversión en cada día, pero en este Año lo somos en una manera muy particular, juntamente a cuantos han recibido el don de la Ordenación sacerdotal. ¿A qué debemos convertirnos? Conversión para ser siempre más auténticamente aquello que somos, conversión hacia nuestra identidad eclesial para un ministerio que sea absolutamente consecuente con dicha identidad, con el fin de que una renovada y alegre conciencia del nuestro “ser” determine nuestro “hacer”, o mejor, ofrezca el espacio a Cristo, Buen Pastor, para que El pueda vivir dentro de nosotros y actuar a través de nosotros.

Nuestra espiritualidad no puede ser otra que la de Cristo, único y Sumo Sacerdote del Nuevo Testamento.

En este Año, que el Sumo Pontífice ha providencialmente proclamado, buscaremos todos juntos la referencia a la identidad de Cristo, Hijo de Dios, en comunión con el Padre y el Espíritu Santo, hecho Hombre en las entrañas virginales de María; a su misión de revelar al Padre y a su admirable diseño de salvación. Esta misión de Cristo comporta también la construcción de la Iglesia: El Buen Pastor (cfr. Ju. 19, 1-21), que da su vida por la Iglesia (cfr. Ef. 5, 25).

Convertirse sí cada día para que el estilo de vida de Cristo sea cada vez más el estilo de cada uno de nosotros.

Debemos ser para los hombres, debemos comprometernos a vivir en comunión con el santo y divino amor con la gente; un amor que da la vida (he aquí incisa la riqueza del sagrado celibato), que obliga a la solidaridad auténtica con los que sufren y con los pobres de toda pobreza.

Debemos ser obreros para la construcción de la única Iglesia de Cristo por lo cual debemos vivir fielmente la comunión de amor con el Papa, con los Obispos, con los hermanos sacerdotes y con los fieles. Debemos vivir la comunión con camino jamás interrumpido de la Iglesia en el interior del Cuerpo místico.

Debemos poder correr espiritualmente en este Año “dilatato corde” correspondiendo a nuestra vocación para así poder mejor decir con verdad: “no soy yo quien vive, es Cristo que vive en mi” (Gal. 2, 20).

La santidad de los sacerdotes esparce todo un beneficio al Cuerpo eclesial y es por eso que los fieles ordenados – como también los seminaristas, religiosos, religiosas y fieles laicos – todos juntos podremos encontrarnos en la Basílica Vaticana en ocasión de la Vísperas presididas por el Santo Padre, después de haber acogido la reliquia del corazón de aquel luminoso modelo, que es San Juan María Vianney.

Todos aquellos que no tendrán ocasión de estar presentes podrán unirse espiritualmente en sus propios lugares.

Entrada a la basílica a las 16,00.
Llegada de la Reliquia a las 17,30. Seguirá la celebración de las Vísperas.
Los billetes para la entrada se deberán pedir por medio de fax (+39 0669885863) a la Prefectura de la Casa Pontificia y se entregarán un día antes en el “Portone di Bronzo”, debajo de la columnata, al lado de la Basílica.

Los Sacerdotes vestirán el hábito propio; los Religiosos el del Instituto al que pertenecen.

El Año Sacerdotal terminara con una Reunión Internacional en Roma, los días 9-10-11 de junio de 2010. Se dará amplia información sobre el tema durante este mes de junio.

Todos cuantos tengan interés en participar y para cualquier asunto pueden ponerse en contacto con la “Opera Romana Pellegrinaggi”, Via della Pigna 13/a, I-00186 Roma – tel. (0039)06-698961.


 Mauro Piacenza
Arzob. Tit. de Vittoriana
Secretario