jueves, 30 de diciembre de 2010

Parábola de la Encarnación (en una imagen)


miércoles, 22 de diciembre de 2010

FELIZ NAVIDAD, AMIGOS DEL BLOG

NAVIDAD 2010

HERMANOS, DIOS HA NACIDO
SOBRE UN PESEBRE, ALELUYA.
HERMANOS, CANTAD CONMIGO:
“GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS”

HOY MUEREN TODOS LOS ODIOS
Y RENACEN LAS TERNURAS
HERMANOS CANTAD CONMIGO
“GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS”

EL CORAZÓN MÁS PERDIDO
YA SABE QUE ALGUIEN LE BUSCA
HERMANOS, CANTAD CONMIGO:
GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS

viernes, 10 de diciembre de 2010

Renovarnos desde la Palabra

Si el Adviento debe ser un momento de renovación en nuestra fe, en nuestra vida cristiana, porque el que espera se prepara, el Papa Benedicto XVI nos ha mostrado un camino seguro para renovarnos: la Palabra de Dios.
Con la exhortación Verbum Domini -La Palabra del Señor- que fue publicada el pasado 11 de noviembre, ha querido recoger las propuestas del Sínodo de los Obispos del año 2008, dedicado a la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia.
El Papa cree que, pese a los grandes avances que se han vivido en la Iglesia Católica en todo lo referente al acceso a la Biblia y su conocimiento, hoy vivimos una situación de estancamiento y rutina. Situación que es aún peor entre los católicos españoles que en el resto, teniendo en cuenta que todas las estadísticas no sitúan a la cola en cuanto a lectura, conocimiento y familiaridad con las Escrituras sagradas.
¿Será ésta una de las causas profundas de nuestra falta de empuje evangelizador, de nuestra perezosa reacción ante el secularismo virulento o de la sequía vocacional?

Podría ser, ya que Benedicto XVI espera del encuentro de los cristianos con la Palabra, nada menos que una “nueva primavera de la Iglesia”, usando sus mismas palabras.
Él pretende que la Palabra divina sea revalorizada en la vida de la Iglesia a través de múltiples iniciativas, de la catequesis, de la predicación, de los medios de comunicación, de los grupos y comunidades, a fin de que sea realmente el corazón de toda actividad eclesial.
¿No podría ser un buen propósito para este Adviento volver a coger una Biblia, a leer algún fragmento, a meditar y orar con él?
Si comenzamos a perder el miedo a la Palabra, a entrar en amistad y comunicación con ella, veremos que es el mismo Jesús el que nos estaba esperando en el texto bíblico, el que sale a nuestro encuentro.
Y la Palabra, que quizá todavía nos parece sólo letra, irá tomando vida, haciéndose carne.
Este año podemos celebrar la Navidad de la Palabra: "la Palabra eterna se ha hecho pequeña, tan pequeña como para estar en un pesebre. Se ha hecho niño para que la Palabra esté a nuestro alcance” (Verbum Domini nº 12).
Rubén García P.

MÁS CERCA DE LOS QUE SUFREN (III Domingo Adviento)


Encerrado en la fortaleza de Maqueronte, el Bautista vive anhelando la llegada del juicio terrible de Dios que extirpará de raíz el pecado del pueblo. Por eso, las noticias que le llegan hasta su prisión acerca de Jesús lo dejan desconcertado: ¿cuándo va a pasar a la acción? ¿cuándo va a mostrar su fuerza justiciera?
Antes de ser ejecutado, Juan logra enviar hasta Jesús algunos discípulos para que le responda a la pregunta que lo atormenta por dentro: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro» ¿Es Jesús el verdadero Mesías o hay que esperar a alguien más poderoso y violento?
Jesús no responde directamente. No se atribuye ningún título mesiánico. El camino para reconocer su verdadera identidad es más vivo y concreto. Decidle a Juan «lo que estáis viendo y oyendo». Para conocer cómo quiere Dios que sea su Enviado, hemos de observar bien cómo actúa Jesús y estar muy atentos a su mensaje. Ninguna confesión abstracta puede sustituir a este conocimiento concreto.
Toda la actuación de Jesús está orientada a curar y liberar, no a juzgar ni condenar. Primero, le han de comunicar a Juan lo que ven: Jesús vive volcado hacia los que sufren, dedicado a liberarlos de lo que les impide vivir de manera sana, digna y dichosa. Este Mesías anuncia la salvación curando.
Luego, le han de decir lo que oyen a Jesús: un mensaje de esperanza dirigido precisamente a aquellos campesinos empobrecidos, víctimas de toda clase de abusos e injusticias. Este Mesías anuncia la Buena Noticia de Dios a los pobres.
Si alguien nos pregunta si somos seguidores del Mesías Jesús o han de esperar a otros, ¿qué obras les podemos mostrar? ¿qué mensaje nos pueden escuchar? No tenemos que pensar mucho para saber cuáles son los dos rasgos que no han de faltar en una comunidad de Jesús.
Primero, ir caminando hacia una comunidad curadora: un poco más cercana a los que sufren, más atenta a los enfermos más solos y desasistidos, más acogedora de los que necesitan ser escuchados y consolados, más presente en las desgracias de la gente.
Segundo, no construir la comunidad de espaldas a los pobres: al contrario, conocer más de cerca sus problemas, atender sus necesidades, defender sus derechos, no dejarlos desamparados. Son ellos los primeros que han de escuchar y sentir la Buena Noticia de Dios.
Una comunidad de Jesús no es sólo un lugar de iniciación a la fe ni un espacio de celebración. Ha de ser, de muchas maneras, fuente de vida más sana, lugar de acogida y casa para quien necesita hogar.

José Antonio Pagola

lunes, 6 de diciembre de 2010

La Inmaculada Concepción

Cuando acabamos de estrenar el tiempo del Adviento, y las luces de la corona comienzan a brillar en nuestras casas y nuestros templos, anunciando la luz de Cristo, celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción.

María es puro adviento, es puro anuncio de la alegría de una victoria plena y total sobre el pecado y la muerte, es ya anticipo del ideal humano, del proyecto que Dios soñó desde siempre para la humanidad. Lo que anhelamos y preparamos es una realidad plena en ella.

La cabeza de la serpiente la ha aplastado, aunque aún colee en el mundo produciendo trágicas y cotidianas consecuencias de mentira y sufrimiento en tantas partes.

María Inmaculada es la Alegre aurora. Cuando después de una noche oscura amanece y los rayos de luz van filtrándose, admiramos los tonos de color del sol que vencen la negrura. Y nos alegramos. La luz, además de ofrecernos claridad, nos calienta y llena de vida.
Así es la Virgen Inmaculada, como una suave luz que anuncia la victoria del bien, como una señal segura de que se acerca el mejor día, buena noticia para todos los que viven entre tinieblas esperando ser iluminados.

Alegría verdadera, porque después de tantos fracasos, después de tantas derrotas, por fin podemos levantar cabeza. El poder de las tinieblas ha comenzado a ser superado. En la madre aparece un punto de luz primero que irá creciendo. Es un regalo, no sólo para los ojos, sino para toda el alma.
La aurora es un anuncio solamente. Por sí misma no tiene identidad propia, es una avanzadilla de otra realidad, que es el sol. La aurora no es el día, sino que lo anuncia, lo prepara. Sus luces y colores no son propios, sino del sol. La aurora es algo relativo al sol, sin el cual no sería nada. Así es María con relación a Cristo, nuestro día y nuestro sol.

Este don de la concepción inmaculada de María lejos de ser algo ajeno a nosotros, algo incomprensible, extraño, es tan humano como todo lo que Dios hace: María hizo de toda su vida una acogida de la voluntad de Dios. Todos sus días son para Dios y su Hijo, parece que no tuviera vida propia: la encarnación y el nacimiento de Jesús, la predicación de Jesús, el seguimiento de Jesús, la pasión y muerte de Jesús, su resurrección, la acogida del espíritu con los discípulos… siempre Jesús. Desaparece ella para que sólo quede su Hijo.
El hágase que dio al ángel de Dios fue sin medida, sin reservarse nada para sí, hasta el final. Como Dios sabía de este sí absoluto y libre, también quiso bendecirla sin medida, cuidando de que nada malo entrara en ella desde antes de que existiera.

Por eso, que mejor podemos hacer que contemplar la aurora que es la Madre, mientras nos preparamos para recibir el día, que es el Hijo. Que mejor que contemplar a María, pura, luminosa, mientras esperamos al Señor y preparamos sus caminos en este tiempo de espera comprometida que es el Adviento.
Rubén García P.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Cristo reina (pero desde la Cruz)



SOMOS CONSTRUCTORES DEL REINO DE DIOS

Por José María Martín OSA

1.- No hay cosa que nos haga más daño que el ver que somos objeto de burla o que se ridiculiza lo que nosotros consideramos sagrado. Muchos cristianos tienen hoy día la sensación de ser perseguidos o denostados por el hecho de vivir según unos criterios y unos valores. Jesús sufrió el escarnio y la burla en el momento del tormento de la cruz. Las autoridades hacían muecas, los soldados le ofrecieron vinagre, uno de los crucificados a su lado le insultaba. Incluso habían puesto un letrero para ridiculizarlo: "Jesús Nazareno, rey de los judíos" Utilizamos sus siglas,"para más INRI", para subrayar una situación de ofensa o de humillación. Hubieran preferido que pusiera: "Este ha dicho soy el rey de los judíos". Todo era un espectáculo esperpéntico. Pero, paradójicamente El era Rey, pero su reino no es de este mundo. ¿Qué querían decir cuando le pidieron por tres veces?: "Sálvate a ti mismo", ¿acaso que hiciera un milagro para bajarse de la cruz, acaso que demostrara su poder o su riqueza, acaso una prueba para demostrar que era el Mesías? Junto a esta humillación lo que más le dolió sin duda a Jesús fue el abandono de los suyos. ¿Cómo debemos responder los cristianos cuando nos sintamos incomprendidos o acusados? Pues con las mismas armas de Jesús: el amor y el perdón. El, simplemente dijo: "Padre perdónales, porque no saben lo que hacen".

2.- Tuvo que ser precisamente un malhechor el que descubriera el reinado de Jesús, tuvo que ser en la cruz.... Algunos no lo reconocieron cuando hacía milagros y él lo reconoció crucificado en un madero. Como dice San Agustín "en su corazón creyó y con la lengua hizo la profesión de fe". Le dijo "Acuérdate de mí, Señor, cuando estés en tu reino". Esperaba su salvación para el futuro y estaba contento con recibirla tras un largo plazo de tiempo. La esperaba para largo, pero el día no se hizo esperar. El Señor le respondió: "En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. El paraíso que el buen ladrón se imaginaba tenía árboles de felicidad, por eso Jesús le dice: hoy estás conmigo en el árbol de la cruz, hoy estarás conmigo en el árbol de la salvación.

3.- Jesús reina sirviendo a toda la humanidad. Su trono es la cruz, su cetro una caña, su manto es una túnica pequeña de color púrpura, su corona es de espinas. En su reino los últimos son los primeros y los primeros los últimos. Ahora comprendemos por qué hace unas semanas nos decía el evangelio que el reino no vendrá espectacularmente, sino que está dentro de nosotros. Tú puedes ser constructor del reino si trabajas por la paz y la justicia, si eres capaz de servir como Jesús, de perdonar como El, de luchar en favor de la vida y de la fraternidad. Cristo es la cabeza del cuerpo de la Iglesia. Nosotros somos sus miembros. Todos los creyentes, no solo los actuales, sino también los que existieron antes de nosotros y los que han de existir después hasta el fin del mundo pertenecen a su cuerpo, del que El es la Cabeza. En este "Cristo total" todos los bautizados asumimos la misión y el destino de Cristo: hacer posible ya aquí la realidad del reino y esperar con confianza que un día resucitaremos con El.

martes, 16 de noviembre de 2010

jueves, 11 de noviembre de 2010

La Cruz de los Jóvenes León, 6-10 noviembre 2010


Cuando en la fría noche del pasado miércoles, algunos de los voluntarios de León transportaban con solemnidad la Cruz peregrina de los jóvenes por las calles de Benavente para entregársela a la diócesis hermana de Zamora, pude ver la emoción en sus rostros e incluso alguna lagrima que se escapaba.

Era el acto final de cinco días intensos, muy intensos, en los que nuestra Iglesia de León ha dirigido su mirada a la cruz, signo permanente de salvación y esperanza. Ante ella han orado cientos de niños y jóvenes, presos, enfermos, cristianos de toda clase y condición, los sacerdotes y los seminaristas, los cofrades.
La experiencia de comunión eclesial, de familia, que hemos podido vivir no será fácilmente olvidada, ha de dar fruto de un modo que aún no podemos intuir.

Se agolpan ahora tantas escenas y encuentros… niños aupados en los brazos de sus mayores para que besaran el madero, la entrega de los voluntarios, dedicados en cuerpo y alma, testigos de la Cruz para sus hermanos jóvenes, la emoción del pueblo de Dios sencillo que se agolpaba para venerarla…

“¿Qué tiene de especial esta cruz?” Preguntaba un despistado al verla a hombros de los jóvenes por la calle. Y un hombre de mediana edad, a su lado, sin saber mucho de todo ello le respondía, “Es que esta cruz es algo especial, ¿no ve cómo la cogen? Es nada menos que la cruz peregrina de los jóvenes”.
Vino la Cruz y, con ella, un soplo de aire fresco, una bocanada de esperanza, que buena falta nos hacía y nos hace. Vino a prepararnos para la Jornada Mundial de la Juventud en agosto del 2011, a despertar los corazones fríos, a sacudir nuestra modorra, a mover conciencias y hacernos sentir pueblo peregrino. Y lo logró, más de los que llegamos a pensar que lo haría. Muchos escepticismos y miedos fueron derribados en estos días de gracia en que pudimos orar ante la bendita Cruz joven.
Ahora, su reto permanece. Como para los discípulos en la Pascua, que la experiencia de la Cruz sea el inicio de una resurrección que nos impulsa a la misión.

Rubén García P.

sábado, 30 de octubre de 2010

PRINCIPIOS Y OBJETIVOS DE LA PASTORAL VOCACIONAL


Diez principios de acción de la pastoral vocacional:

1. El respeto a la acción de Dios que llama. Es Dios quien llama libremente a quien quiere. Promover las vocaciones significa ir en pos del don de Dios, respetando profundamente sus designios. Este respeto a la vocación hay que infundirlo en los padres de familia, en los maestros y formadores y en los mismos candidatos. Respetar la acción de Dios será al mismo tiempo respetar la libertad del candidato

2. La centralidad del encuentro con Dios. Si es Dios quien llama, debemos poner al candidato en contacto con Dios. Hacer pastoral vocacional es enseñar a las personas a ponerse en manos de Dios, para lo que él quiera. La educación para la oración deberá ocupar un lugar prioritario en las actividades vocacionales.

3. El amor por el candidato. Esta debe ser la única motivación de nuestro trabajo vocacional. Acompañar a un joven en su proceso vocacional es un acto de misericordia, pues implica ayudarle en la decisión más importante de su vida. Lo que nos debe interesar es su felicidad, donde Dios quiera y como él quiera. Los intereses de la Institución deben pasar a un segundo plano.

4. La comunión y participación. El trabajo vocacional debe realizarse desde el conjunto de la comunidad eclesial, desde la armonía de los carismas. La comunión debe llevarnos a amar todas las vocaciones y todos los carismas de la Iglesia, y trabajar en su favor. La participación se concreta en los organismos eclesiales para la pastoral vocacional. Hay que excluir la acción con estilo de francotirador, que mira sólo al propio bien y a la propia institución.

5. La relación fraterna. Las vocaciones nacen y crecen en una comunidad de hermanos, por eso, el estilo de la pastoral vocacional se basa en el contacto personal en el que se comparte la fe y la vida. El animador vocacional no se presenta “por encima” del joven, antes de ser maestro o guía, es un hermano en la fe y con una vocación que compartir.

6. El testimonio de los valores evangélicos. Los jóvenes exigen signos de credibilidad en sus orientadores. La falta de credibilidad es uno de los principales motivos de distancia con la vida consagrada en general. Necesitamos presentarnos con claridad y sin fingimiento, como una comunidad de creyentes que buscamos vivir los valores del evangelio.

7. La vocación en situación y en cambio. Es necesario vivir y presentar la vocación como un diálogo vital en el hoy de nuestra existencia vocacional. La vocación no es un recuerdo que conservo, sino una llamada que hoy me interpela.
Además, a los jóvenes les interesa cómo estamos respondiendo hoy a las necesidades cambiantes de nuestro mundo. Recordemos que un recuerdo puede edificar, pero una actitud de fe en el presente es capaz de conmovernos.

8. La presencia liberadora de Dios y de la Iglesia. Buscamos invitar a los jóvenes a que respondan de una manera viva y comprometida a las necesidades sociales y eclesiales del hombre de hoy.
En la pastoral vocacional promovemos a las personas para que crezcan y maduren, que se formen y sean más libres, y así, busquen el camino de entrega al que el Señor los invita.
No estamos buscando vocaciones para la supervivencia de nuestra institución.

9. El seguimiento de los procesos completos. La pastoral vocacional busca ofrecer un acompañamiento cuidadoso que inicia con la toma de conciencia de la vocación y culmina cuando tomar una decisión vocacional. Hay que respetar los ritmos de maduración del candidato y ofrecer una formación integral. Debemos tomar en cuenta los contextos de la vocación, p.ej. la familia. Hay que superar los planteamientos puntuales que tienen como única finalidad el ingreso a la casa de formación.

10. La invitación valiente y clara. Hay que tener el coraje de llamar y provocar, de anunciar y catequizar, no se trata de insinuar o disimular. Se tiene miedo de tocar el tema vocacional de manera abierta, no hay razones para esto.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Dar la vida


Dar la vida no es acercarse al altar de Dios en compañía del ser amado y allí, ante el sacerdote, decirle “me entrego a ti”. Eso es, simplemente, un buen comienzo.
Dar la vida no es postrarse en tierra en la Catedral, y recibir sobre la cabeza las manos del Obispo que transmiten el Espíritu Santo para quedar, en adelante, ordenado sacerdote para siempre. Eso es, simplemente, un buen comienzo.
Dar la vida no es pronunciar unos votos ante cientos de personas detrás de las rejas de una clausura que se ha convertido en antesala del Cielo. Eso es, simplemente, un buen comienzo.

Y es que la vida no es como un reloj. Dar un reloj consiste en separarlo de la propia muñeca y ponerlo en manos de otra persona. Bastan, para ello, unos segundos. Después, uno se marcha sin el reloj, y la ofrenda está cumplida. Sin embargo, en unos segundos dices al ser amado “me entrego a ti”; en unos segundos recibes las manos del Obispo sobre tu cabeza; en unos segundos pronuncias unos votos con los que quisieras desprenderte de ti mismo para siempre… Y, al día siguiente, tu vida sigue en tus manos, y tienes que hacer verdad lo que, en unos segundos, prometiste ante Dios. Y así, uno tras otro, todos los días de tu vida hasta que llegue el último.


Por eso, dar la vida es prolongar en ella la Eucaristía, y dejarse comer cada mañana. No resistirse mientras Dios y tus hermanos se gastan tu tiempo, se beben tus fuerzas, se comen tu cuerpo y, al final, se viven tu vida. No defenderte del prójimo, como si fuese un enemigo que se acerca a robarte lo tuyo, porque sabes que ya nada es tuyo, y entregarle todo voluntariamente, sin quejarte de que nada quede para ti. No se trata, entiéndeme, de decirle “sí” a todo el mundo; en ocasiones, tendrás que decir “no”, como quien administra lo que no le pertenece. Se trata, simplemente, de nunca decirte “sí” a ti mismo cuando alguien reclama tu vida. Se trata de llegar muy cansado a la cama por la noche, y poder decir: “hoy no he tenido tiempo para mí”… Y así un día, y otro día, y otro día…

Dar la vida consiste en, al final, morir rendido y descansar en Dios.

“Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por los amigos” (Jn 15, 13)

José-Fernando Rey Ballesteros
jfernandorey@jfernandorey.es

martes, 19 de octubre de 2010

CARTA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LOS SEMINARISTAS

Queridos seminaristas:

En diciembre de 1944, cuando me llamaron al servicio militar, el comandante de la compañía nos preguntó a cada uno qué queríamos ser en el futuro. Respondí que quería ser sacerdote católico. El subteniente replicó: Entonces tiene usted que buscarse otra cosa. En la nueva Alemania ya no hay necesidad de curas. Yo sabía que esta “nueva Alemania” estaba llegando a su fin y, que después de las devastaciones tan enormes que aquella locura había traído al País, habría más que nunca necesidad de sacerdotes. Hoy la situación es completamente distinta. Pero también ahora hay mucha gente que, de una u otra forma, piensa que el sacerdocio católico no es una “profesión” con futuro, sino que pertenece más bien al pasado. Vosotros, queridos amigos, habéis decidido entrar en el seminario y, por tanto, os habéis puesto en camino hacia el ministerio sacerdotal en la Iglesia católica, en contra de estas objeciones y opiniones. Habéis hecho bien. Porque los hombres, también en la época del dominio tecnológico del mundo y de la globalización, seguirán teniendo necesidad de Dios, del Dios manifestado en Jesucristo y que nos reúne en la Iglesia universal, para aprender con Él y por medio de Él la vida verdadera, y tener presentes y operativos los criterios de una humanidad verdadera. Donde el hombre ya no percibe a Dios, la vida se queda vacía; todo es insuficiente. El hombre busca después refugio en el alcohol o en la violencia, que cada vez amenaza más a la juventud. Dios está vivo. Nos ha creado y, por tanto, nos conoce a todos. Es tan grande que tiene tiempo para nuestras pequeñas cosas: “Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados”. Dios está vivo, y necesita hombres que vivan para Él y que lo lleven a los demás. Sí, tiene sentido ser sacerdote: el mundo, mientras exista, necesita sacerdotes y pastores, hoy, mañana y siempre.

El seminario es una comunidad en camino hacia el servicio sacerdotal. Con esto, ya he dicho algo muy importante: no se llega a ser sacerdote solo. Hace falta la “comunidad de discípulos”, el grupo de los que quieren servir a la Iglesia de todos. Con esta carta quisiera poner de relieve —mirando también hacia atrás, a mis días en el seminario— algunos elementos importantes para estos años en los que os encontráis en camino.

1. Quien quiera ser sacerdote debe ser sobre todo un “hombre de Dios”, como lo describe san Pablo (1 Tm 6,11). Para nosotros, Dios no es una hipótesis lejana, no es un desconocido que se ha retirado después del “big bang”. Dios se ha manifestado en Jesucristo. En el rostro de Jesucristo vemos el rostro de Dios. En sus palabras escuchamos al mismo Dios que nos habla. Por eso, lo más importante en el camino hacia el sacerdocio, y durante toda la vida sacerdotal, es la relación personal con Dios en Jesucristo. El sacerdote no es el administrador de una asociación, que intenta mantenerla e incrementar el número de sus miembros. Es el mensajero de Dios entre los hombres. Quiere llevarlos a Dios, y que así crezca la comunión entre ellos. Por esto, queridos amigos, es tan importante que aprendáis a vivir en contacto permanente con Dios. Cuando el Señor dice: “Orad en todo momento”, lógicamente no nos está pidiendo que recitemos continuamente oraciones, sino que nunca perdamos el trato interior con Dios. Ejercitarse en este trato es el sentido de nuestra oración. Por esto es importante que el día se inicie y concluya con la oración. Que escuchemos a Dios en la lectura de la Escritura. Que le contemos nuestros deseos y esperanzas, nuestras alegrías y sufrimientos, nuestros errores y nuestra gratitud por todo lo bueno y bello, y que de esta manera esté siempre ante nuestros ojos como punto de referencia en nuestra vida. Así nos hacemos más sensibles a nuestros errores y aprendemos a esforzarnos por mejorar; pero, además, nos hacemos más sensibles a todo lo hermoso y bueno que recibimos cada día como si fuera algo obvio, y crece nuestra gratitud. Y con la gratitud aumenta la alegría porque Dios está cerca de nosotros y podemos servirlo.

2. Para nosotros, Dios no es sólo una palabra. En los sacramentos, Él se nos da en persona, a través de realidades corporales. La Eucaristía es el centro de nuestra relación con Dios y de la configuración de nuestra vida. Celebrarla con participación interior y encontrar de esta manera a Cristo en persona, debe ser el centro de cada una de nuestras jornadas. San Cipriano ha interpretado la petición del Evangelio: “Danos hoy nuestro pan de cada día”, diciendo, entre otras cosas, que “nuestro” pan, el pan que como cristianos recibimos en la Iglesia, es el mismo Señor Sacramentado. En la petición del Padrenuestro pedimos, por tanto, que Él nos dé cada día este pan “nuestro”; que éste sea siempre el alimento de nuestra vida. Que Cristo resucitado, que se nos da en la Eucaristía, modele de verdad toda nuestra vida con el esplendor de su amor divino. Para celebrar bien la Eucaristía, es necesario también que aprendamos a conocer, entender y amar la liturgia de la Iglesia en su expresión concreta. En la liturgia rezamos con los fieles de todos los tiempos: pasado, presente y futuro se suman a un único y gran coro de oración. Por mi experiencia personal puedo afirmar que es entusiasmante aprender a entender poco a poco cómo todo esto ha ido creciendo, cuánta experiencia de fe hay en la estructura de la liturgia de la Misa, cuántas generaciones con su oración la han ido formando.

3. También es importante el sacramento de la Penitencia. Me enseña a mirarme con los ojos de Dios, y me obliga a ser honesto conmigo mismo. Me lleva a la humildad. El Cura de Ars dijo en una ocasión: Pensáis que no tiene sentido recibir la absolución hoy, sabiendo que mañana cometeréis nuevamente los mismos pecados. Pero —nos dice— Dios mismo olvida en ese momento los pecados de mañana, para daros su gracia hoy. Aunque tengamos que combatir continuamente los mismos errores, es importante luchar contra el ofuscamiento del alma y la indiferencia que se resigna ante el hecho de que somos así. Es importante mantenerse en camino, sin ser escrupulosos, teniendo conciencia agradecida de que Dios siempre está dispuesto al perdón. Pero también sin la indiferencia, que nos hace abandonar la lucha por la santidad y la superación. Cuando recibo el perdón, aprendo también a perdonar a los demás. Reconociendo mi miseria, llego también a ser más tolerante y comprensivo con las debilidades del prójimo.

4. Sabed apreciar también la piedad popular, que es diferente en las diversas culturas, pero que a fin de cuentas es también muy parecida, pues el corazón del hombre después de todo es el mismo. Es cierto que la piedad popular puede derivar hacia lo irracional y quizás también quedarse en lo externo. Sin embargo, excluirla es completamente erróneo. A través de ella, la fe ha entrado en el corazón de los hombres, formando parte de sus sentimientos, costumbres, sentir y vivir común. Por eso, la piedad popular es un gran patrimonio de la Iglesia. La fe se ha hecho carne y sangre. Ciertamente, la piedad popular tiene siempre que purificarse y apuntar al centro, pero merece todo nuestro aprecio, y hace que nosotros mismos nos integremos plenamente en el “Pueblo de Dios”.

5. El tiempo en el seminario es también, y sobre todo, tiempo de estudio. La fe cristiana tiene una dimensión racional e intelectual esencial. Sin esta dimensión no sería ella misma. Pablo habla de un “modelo de doctrina”, a la que fuimos entregados en el bautismo (Rm 6,17). Todos conocéis las palabras de san Pedro, consideradas por los teólogos medievales como justificación de una teología racional y elaborada científicamente: “Estad siempre prontos para dar razón (logos) de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere” (1 P 3,15). Una de las tareas principales de los años de seminario es capacitaros para dar dichas razones. Os ruego encarecidamente: Estudiad con tesón. Aprovechad los años de estudio. No os arrepentiréis. Es verdad que a veces las materias de estudio parecen muy lejanas de la vida cristiana real y de la atención pastoral. Sin embargo, es un gran error plantear de entrada la cuestión en clave pragmática: ¿Me servirá esto para el futuro? ¿Me será de utilidad práctica, pastoral? Desde luego no se trata solamente de aprender las cosas meramente prácticas, sino de conocer y comprender la estructura interna de la fe en su totalidad, de manera que se convierta en una respuesta a las preguntas de los hombres, que aunque aparentemente cambian en cada generación, en el fondo son las mismas. Por eso, es importante ir más allá de las cuestiones coyunturales para captar cuáles son precisamente las verdaderas preguntas y poder entender también así las respuestas como auténticas repuestas. Es importante conocer a fondo la Sagrada Escritura en su totalidad, en su unidad entre Antiguo y Nuevo Testamento: la formación de los textos, su peculiaridad literaria, la composición gradual de los mismos hasta formar el canon de los libros sagrados, la unidad de su dinámica interna que no se aprecia a primera vista, pero que es la única que da sentido pleno a cada uno de los textos. Es importante conocer a los Padres y los grandes Concilios, en los que la Iglesia ha asimilado, reflexionando y creyendo, las afirmaciones esenciales de la Escritura. Podría continuar en este sentido: llamamos dogmática a la comprensión de cada uno de los contenidos de la fe en su unidad, o mejor, en su simplicidad última: cada detalle particular, en definitiva, desarrolla la fe en el único Dios, que se manifestó y que sigue manifestándose. No es necesario que diga expresamente lo necesario que es estudiar las cuestiones esenciales de la teología moral y de la doctrina social de la Iglesia. Es evidente la importancia que tiene hoy la teología ecuménica, conocer las diversas comunidades cristianas; es igualmente necesario una orientación fundamental sobre las grandes religiones y, sobre todo, la filosofía: la comprensión de la búsqueda y de las preguntas del hombre, a las que la fe quiere dar respuesta. Pero también aprended a comprender y —me atrevo a decir— a valorar el derecho canónico por su necesidad intrínseca y por su aplicación práctica: una sociedad sin derecho sería una sociedad carente de derechos. El derecho es una condición del amor. Prefiero no continuar enumerando más cosas, pero sí deseo deciros una vez más: amad el estudio de la teología y continuadlo con especial sensibilidad, para anclar la teología en la comunidad viva de la Iglesia que, con su autoridad, no es un polo opuesto a la ciencia teológica, sino su presupuesto. Sin la Iglesia que cree, la teología deja de ser ella misma y se convierte en un conjunto de disciplinas diversas sin unidad interior.

6. Los años de seminario deben ser también un periodo de maduración humana. Para el sacerdote, que deberá acompañar a otros en el camino de la vida y hasta el momento de la muerte, es importante que haya conseguido un equilibrio justo entre corazón y mente, razón y sentimiento, cuerpo y alma, y que sea humanamente “íntegro”. La tradición cristiana siempre ha unido las “virtudes teologales” con las “virtudes cardinales”, que brotan de la experiencia humana y de la filosofía, y ha tenido en cuenta la sana tradición ética de la humanidad. Pablo dice a los Filipenses de manera muy clara: “Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta” (4,8). En este contexto, se sitúa también la integración de la sexualidad en el conjunto de la personalidad. La sexualidad es un don del Creador, pero también una tarea que tiene que ver con el desarrollo del ser humano. Cuando no se integra en la persona, la sexualidad se convierte en algo banal y destructivo. En nuestra sociedad actual se ven muchos ejemplos de esto. Recientemente, hemos constatado con gran dolor que algunos sacerdotes han desfigurado su ministerio al abusar sexualmente de niños y jóvenes. En lugar de llevar a las personas a una madurez humana y ser un ejemplo para ellos, han provocado con sus abusos un daño que nos causa profundo dolor y disgusto. Debido a todo esto, muchos podrán preguntarse, quizás también vosotros, si vale la pena ser sacerdote; si es sensato encaminar la vida por el celibato. Sin embargo, estos abusos, que son absolutamente reprobables, no pueden desacreditar la misión sacerdotal, que conserva toda su grandeza y dignidad. Gracias a Dios, todos conocemos sacerdotes convincentes, forjados por su fe, que dan testimonio de cómo en este estado, en la vida celibataria, se puede vivir una humanidad auténtica, pura y madura. Pero lo que ha ocurrido, nos debe hacer más vigilantes y atentos, examinándonos cuidadosamente a nosotros mismos, delante de Dios, en el camino hacia el sacerdocio, para ver si es ésta su voluntad para mí. Es tarea de los confesores y de vuestros superiores acompañaros y ayudaros en este proceso de discernimiento. Un elemento esencial de vuestro camino es practicar las virtudes humanas fundamentales, con la mirada puesta en Dios manifestado en Cristo, dejándonos purificar por Él continuamente.

7. En la actualidad, los comienzos de la vocación sacerdotal son más variados y diversos que en el pasado. Con frecuencia, se toma la decisión por el sacerdocio en el ejercicio de alguna profesión secular. A menudo, surge en las comunidades, especialmente en los movimientos, que propician un encuentro comunitario con Cristo y con su Iglesia, una experiencia espiritual y la alegría en el servicio de la fe. La decisión también madura en encuentros totalmente personales con la grandeza y la miseria del ser humano. De este modo, los candidatos al sacerdocio proceden con frecuencia de ámbitos espirituales completamente diversos. Puede que sea difícil reconocer los elementos comunes del futuro enviado y de su itinerario espiritual. Precisamente, por eso, el seminario es importante como comunidad en camino por encima de las diversas formas de espiritualidad. Los movimientos son una cosa magnífica. Sabéis bien cuánto los aprecio y quiero como don del Espíritu Santo a la Iglesia. Sin embargo, se han de valorar según su apertura a la común realidad católica, a la vida de la única y común Iglesia de Cristo, que en su diversidad es, en definitiva, una sola. El seminario es el periodo en el que uno aprende con los otros y de los otros. En la convivencia, quizás a veces difícil, debéis asimilar la generosidad y la tolerancia, no simplemente soportándoos mutuamente, sino enriqueciéndoos unos a otros, de modo que cada uno pueda aportar sus cualidades particulares al conjunto, mientras todos servís a la misma Iglesia, al mismo Señor. Ser escuela de tolerancia, más aún, de aceptarse y comprenderse en la unidad del Cuerpo de Cristo, es otro elemento importante de los años de seminario.

Queridos seminaristas, con estas líneas he querido mostraros lo mucho que pienso en vosotros, especialmente en estos tiempos difíciles, y lo cerca que os tengo en la oración. Rezad también por mí, para que pueda desempeñar bien mi servicio, hasta que el Señor quiera. Confío vuestro camino de preparación al sacerdocio a la maternal protección de María Santísima, cuya casa fue escuela de bien y de gracia. A todos os bendiga Dios omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Vaticano, 18 de octubre de 2010, Fiesta de San Lucas, evangelista.

Vuestro en el Señor

BENEDICTUS PP. XVI

domingo, 17 de octubre de 2010

The Way

viernes, 8 de octubre de 2010

sábado, 2 de octubre de 2010

Postración Toma de hábito

¿Cómo puedo saber si tengo Vocación Sacerdotal?


Más que señalar aptitudes o requisitos compartimos contigo experiencias que te brinden pistas de tal forma que puedas percibir tus inquietudes como un llamado consecuencia de tu encuentro con Dios.

"Queridos jóvenes:
Ciertamente Jesús llama a algunos de ustedes a seguirlo y entregarse totalmente a la causa del Evangelio.
¡No tengan miedo de recibir esta invitación del Señor! Sean generosos, no dejen de responder al Maestro que llama" S.S. Juan Pablo II

Si alguna vez en tu trabajo del grupo juvenil, como catequista o acólito has experimentado una plenitud sorprendente como persona en el servicio a los demás ¡Atención! tienes elementos como persona y dones de Dios que te facilitan el trabajo en favor de la construcción del reino de Dios, no tengas miedo ¡Responde al llamado de Jesús!

Es muy importante que las experiencias que te van forjando como persona y que has vivido en algún servicio a la iglesia las sigas potenciando. Esto te ayudará a conocer de lo que eres capaz.

Cada persona tiene un propósito en la vida y el propósito es descubrir cuál es la misión para la que Dios nos ha enviado a este mundo.

Ser sacerdote no es oficio extraño o algo anticuado, por el contrario el sacerdote tiene un gran desafío por delante: "Vivir las enseñazas de Jesús en pleno siglo XXI" Con esto podemos comprender que el camino de Jesús siempre es nuevo y emocionante.

Si tú tienes inquietud para responder a este llamado ¡No tengas miedo! todo lo contrario puedes experimentar la alegría de servir a los demás y anunciarles la liberación del reino de Dios, así como ser portador de vida y esperanza nueva, esto como consecuencia de tu verdadero encuentro con Dios.

¿Cómo puedo saber si tengo cualidades para la vida consagrada?


Para saber si tienes las cualidades para la vida consagrada lo que te recomiendo es hacer una experiencia vocacional y contar con una guía espiritual que te ayude a descubrirlo. Si tienes dudas, te recomiendo que hables con algún guía espiritual y a él o ella le abras tus dificultades. De todos modos piensa cómo es posible tener miedo a la vocación.

Imagína
que realmente Dios te está llamando: ¿tú crees que Él, que es quien más nos quiere, que es padre amoroso, te va a llamar para fastidiarte la vida? Por supuesto que no. Si Dios te llama a la vida consagrada es porque te tiene preparada allí una enorme felicidad. Piensa en Abraham: a él le pasó lo que a ti, sintió el llamado. Dios le pedía dejar su tierra porque le quería regalar otra tierra nueva y mejor. Pero no le dijo dónde estaba esa tierra nueva.

Abraham se fió de Dios y ese fue su gran mérito, pero se fió a ciegas. A ti te pasa lo mismo y la única manera es que te abandones en sus manos sabiendo que Él nunca te va a fallar. Nuestro problema es que no podemos imaginar cómo le va a hacer Dios para darnos algo mejor de lo que ya tenemos y se nos hace tan atractivo. Hay que pensar que eso que ya tenemos también nos lo ha dado Dios.

viernes, 1 de octubre de 2010

Dios existe, Él nos lo ha dicho

El debate suscitado por las informaciones relativas al libro del célebre astrofísico Stephen Hawking ha constituido una sorpresa para muchos porque la religión no interesa, al parecer, a la mayoría de la gente. Sin esperar a la aparición del libro se han publicado numerosos artículos que reflejan diferentes tomas de postura. Incluso algún periódico que no se caracteriza por su atención a las noticias religiosas, le ha dedicado un amplio editorial. Esto quiere decir que la pregunta sobre la existencia de Dios sigue interesando en nuestro mundo dominado por la ciencia con detrimento del pensamiento especulativo y por el relativismo que se infiltra en no pocos ámbitos de la vida. Algo parecido sucedió con motivo del bicentenario de Darwin (12-II-1809).

En la brevedad de esta columna yo desearía recordar que, si bien sólo puede existir una respuesta correcta a la pregunta de si Dios existe, en la búsqueda de esa respuesta hemos de contar con la razón humana, conscientes de que esta tiene también limitaciones. En el ámbito de la teología católica, cuando se trata de reflexionar sobre cuestiones tan transcendentales, no se reduce todo a apelar a un acto de fe ciega, por más que a la fe se la represente con los ojos vendados. Se habla tanto de la razón iluminada o ayudada por la fe como de la fe razonable o razonada.

En este sentido la gran pregunta acerca de la creación del universo y, dentro de él, del ser humano, tiene para los creyentes que consideramos la Biblia como fuente de revelación el valor de las luces de situación en una pista. Nos conducen a una respuesta, no científica en el sentido de experimental, pero sí suficiente para llegar a una convicción personal y que se puede compartir acerca de que Dios, efectivamente, existe y ha creado este mundo maravilloso. En la Biblia hay una frase muy significativa. Cuando Moisés le preguntó a Dios en nombre de quien se debía presentar ante el faraón, recibió esta respuesta: “Yo soy el que soy” (Ex 3, 14). Ese Ser que se define de este modo,se da a conocer, sin embargo, no precisamente con frases enigmáticas o discursos sino por sus intervenciones realizadas a través de personas como Moisés y en acontecimientos históricos de salvación. La cumbre de esta automanifestación de Dios se produjo con Jesucristo.

Dios quiso, en su bondad y sabiduría, hablar a los hombres como amigos para recibirlos en su compañía. La revelación bíblica es camino de Dios hacia el hombre, mientras que la fe es camino de respuesta del hombre hacia Dios.

+ Julián, Obispo de León

Cierre comunidad virtual Cristo te llama en grou.ps.

Queridos Hermanos:

Debido a los inconvenientes que nos trajo el traslado de ning a groups, lo diferente que ha sido el sitio y los problemas que se han causado debido a las contraseñas, he tratado de buscar solución y aun asi los problemas se siguen dando, debido a esto tomo la decisión de cerrar definitivamente la comunidad, quedándonos de momento con el blog y la pagina de facebook donde podran acompañarnos y seguir en contacto.

Pienso que si encontramos otro forma por el cual nos permita brindarles ese medio de contacto que es importante para compartir inquietudes o experiencias, asi como tambien ser una herramienta para las religiosas que nos acompañaron para dar a conocer sus comunidades, esperamos en un futuro volver a re-abrir la comunidad virtual Cristo te llama, pueden dejarnos sus sugerencias si asi lo desean.

Pido disculpas a todos los usuarios, y los invito a que sigan animando y orando por las vocaciones.

Gracias, bendiciones a tod@s
Unidos en oración.


domingo, 19 de septiembre de 2010

La Vocacion: Regalo de Dios, Tesoro de la Virgen Maria y Vivencias de los Santos y para ti que es?

La Pastoral Vocacional no puede consistir en una pura estrategia dirigida a asegurar la continuidad de nuestra Orden y de nuestras obras apostólicas; tampoco ser un simple instrumento para conseguir nuevos "adeptos"; ni debe depender de una preocupación más o menos apremiante por la escasez numérica o por la supervivencia. La auténtica Pastoral Vocacional nace del gozo de sentirse "acogido, ganado y conquistado por el Señor Jesús" (cfr. Fil 3, 8-12) ; Y es una exigencia que deriva del encuentro personal con el Señor (cfr. Jn1, 40.45; 4, 39; 12,22).


Una vocación vivida con gozo es siempre un acontecimiento, una historia fascinante de la que merece la pena hacer partícipes a otras personas. La vocación, acogida con asombro y vivida con entusiasmo, se transforma inevitablemente en una invitación: "Venid y veréis" (Jn. 1,39).

"V enid y veréis": ésta es la mejor propaganda vocacional, la única que puede resultar eficiente a largo plazo y para la que no hemos de escatimar ningún esfuerzo. "¡Fíjate en mí, date cuenta de lo que pasa conmigo, mira qué realizado me siento, con qué dicha y libertad he sido agraciado!", deberíamos poder decir a los jóvenes con quienes entramos en contacto.

L a experiencia demuestra que el mejor instrumento para la Pastoral Vocacional es el contacto directo de los jóvenes con religiosos (as) felices con su propia vocación.

PEDIDO DE PROPAGANDA VOCACIONAL:

Los que desean el material de propaganda vocacional entrar en contacto con el monasterio de la encarnación

Carísimos hermanos en Jesús y María:

  • Sacerdotes
  • Catequistas
  • Animadores de grupo Juveniles


El monasterio de madres carmelitas de la Encarnación de Zaragoza (España) les ofrece, con gozo, sencilla propaganda vocacional, con el deseo de poder ayudar a las jóvenes en su búsqueda del encuentro con Dios, en su realización personal y en su desarrollo humano y espiritual.

Les quedaremos muy agradecidas si esta propaganda la presentan en los grupos de jóvenes que ustedes atienden espiritualmente, animándoles a que se pongan en contacto con nosotras.

Díganles a las jóvenes de nuestra parte: "Anímate, y ven a descubrir la experiencia de Dios en tu vida".

Les quedamos muy agradecidas y rezamos por ustedes.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Convivencia monástica para jóvenes

Convivencia para jóvenes del 9 al 12 de octubre en el Monasterio de la Santa Cruz (León, España)
SI QUIERES ENCONTRAR LO MEJOR DE TI MISMA...
SI NECESITAS PAZ Y SILENCIO...
TE OFRECEMOS NUESTRA CASA

Dios no habla en el ruido ni en la prisa; en el camino de Santiago podrás compartir nuestra oración monástica y tus inquietudes vitales y vocacionales con otras jóvenes.


Durante esos días están programadas charlas, encuentros, reflexión personal y oración.
Si estás interesada en asistir, si quieres más información o tienes cualquier duda puedes contactar con nosotras en el teléfono 987 780 078
o por correo benedicsah@gmail.com

Puedes visitar nuestro blog vocacional:http://www.monasteriosantacruz.com/blog/
Y nuestra web: http://www.monasteriosantacruz.com/web/

viernes, 3 de septiembre de 2010

Mi Amado para mí - Santa Teresa de Avila


Mi Amado para mí
Ya toda me entregué y di
Y de tal suerte he trocado
Que mi Amado para mi
Y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
Me tiró y dejó herida
En los brazos del amor
Mi alma quedó rendida,
Y cobrando nueva vida
De tal manera he trocado
Que mi Amado para mí
Y yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha
Enherbolada de amor
Y mi alma quedó hecha
Una con su Criador;
Ya yo no quiero otro amor,
Pues a mi Dios me he entregado,
Y mi Amado para mí
Y yo soy para mi Amado.

jueves, 2 de septiembre de 2010

''Mi Dulce Esposo''

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Sacerdotes y el mundo digital: usos y estadística

¿Cuál es el uso que hacen los sacerdotes del mundo digital? ¿qué cambios culturales ha traído internet en la nueva evangelización? Esta mañana fue presentada en una rueda de prensa realizada en Radio Vaticano, investigación denominada Picture (Priests’ ICT use in their religious experiencie) realizada recientemente, sobre los sacerdotes en el uso de los nuevos medios.

El estudio, tuvo como objetivo investigar cómo los sacerdotes utilizan las nuevas tecnologías en su labor pastoral de acuerdo con el último mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales titulado “El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra”.

La investigación fue conducida por los laboratorios NewMinE Lab – New Media in Education Laboratory e webateiler.net de la universidad Suizo – Italiana (USI de Lugano, Suiza) en colaboración con la facultad de Comunicación Social de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz y con el apoyo de la Congregación para el Clero. El estudio contó con la colaboración de la oficina de internet de la Santa Sede.

Para el cardenal Claudio Hummes, prefecto de la Congregación para el Clero, la cultura digital es “un nuevo mundo cultural”. “Hay algo que ha cambiado y cambia en la propia cultura”, dijo el purpurado. “Especialmente en las nuevas generaciones que ya están inmersas en esta nueva cultura”, aseguró.

El estudio

La encuesta sobre el uso de internet por parte de los sacerdotes se realizó entre el 15 de noviembre y el 28 de febrero pasados. La idea surgió en el marco de al celebración del Año Sacerdotal, instituido por el Papa Benedicto XVI y el cual finaliza este 9 de junio.

El cuestionario lo respondieron un total de 4.992 sacerdotes, es decir, un 1,2 % del total de sacerdotes en el mundo. La muestra se realizó de manera proporcional en diferentes países de los cinco continentes, a sacerdotes provenientes de 117 naciones diversas.

Los datos fueron suministrados por la Congregación para el Clero. Para el presidente de este dicasterio, la investigación es una especie de “fotografía del uso actual que los sacerdotes hacen de la tecnología en la propia experiencia religiosa para dar respuestas adecuadas al interior de los grandes cambios del mundo cultural”, dijo el cardenal Hummes.

El cuestionario fue traducido en siete idiomas. Para asegurar la máxima distribución se contactaron las Conferencias Episcopales de todo el mundo así como las órdenes religiosas con más miembros.

Los resultados

Sobre la pregunta de qué tan frecuentemente los sacerdotes buscan en internet el material para sus homilías, un 46 % respondió que acuden a este recurso al menos vez a la semana. Un 14.7 % lo hace diariamente, mientras que 8.7 % nunca usa los nuevos medios para ello.

Para la dirección espiritual, un 48 % busca información por internet al menos una vez al mes mientras que un 18,4 % no lo hace nunca.

El estudio muestra cómo un bajo porcentaje de sacerdotes utiliza internet para su vida espiritual. El 35.9% reza utilizando los recursos que le ofrece internet al menos una vez al mes (este punto se refiere al uso de la Liturgia de las Horas o el Oficio divino online, o a buscar en este medio lecturas espirituales u otro tipo de oraciones), mientras que un 37,7% no lo hace nunca.

Para la vida intelectual, los sacerdotes usan más frecuentemente los nuevos medios: un 60,01 % de los encuestados lo hace al menos una vez a la semana, mientras que un 9,4% no usa nunca internet para este fin. Una de las preguntas realizadas en este estudio fue si están de acuerdo con que internet permite el mejoramiento de la formación sacerdotal, a lo que un 64,4% dijo estar de acuerdo y un 6.4% dijo estar en desacuerdo con esta hipótesis.

De otro lado, el 52,5 % de los sacerdotes consideran útil o muy útil el recurso de internet para propagar el mensaje cristiano mientras que el 7% no consideran que este recurso sea útil para ello. El 56,8 % están de acuerdo o totalmente de acuerdo con que las nuevas tecnologías permiten la inculturación de la fe en el mundo de hoy mientras que el 2,7 % no está de acuerdo con este postulado.

Benedicto XVI dijo en su reciente mensaje de las Jornadas Mundiales de las comunicaciones sociales que “el sacerdote se encuentra como al inicio de una 'nueva historia'”.

“En la medida en que estas nuevas tecnologías susciten relaciones cada vez más intensas, y cuanto más se amplíen las fronteras del mundo digital, tanto más se verá llamado a ocuparse pastoralmente de este campo, multiplicando su esfuerzo para poner dichos medios al servicio de la Palabra”, aseguró en este mensaje el Pontífice.



Cláudio Card. Hummes

Prefecto

lunes, 30 de agosto de 2010

viernes, 27 de agosto de 2010

lunes, 23 de agosto de 2010

Amoroso lance - San Juan de la Cruz

''CUENTA CONMIGO, SEÑOR ''


Tú no quieres gente mediocre, gente que te diga un «sí» con la boca chica, cuando a la hora de la verdad lo que dice es «no». Yo, Señor, no quiero ser de esos. Quiero vivir tu evangelio con radicalidad.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR

Sé que necesitas personas comprometidas que no tengan miedo a anunciar tu Palabra por todos los lugares.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR

Necesitas testigos de tu amor que derrochen cariño y entrega por donde quiera que vayan; que hagan realidad tu gran mandamiento del amor.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR

Hacen falta sacerdotes, religiosos y religiosas que vivan el evangelio con radicalidad;que se entreguen totalmente para anunciarte y predicarte por todo el mundo; que estén libres y sin ataduras para ser apóstoles tuyos en medio de este mundo. Si algún día tú me llamas...
CUENTA CONMIGO, SEÑOR

En el mundo necesitas personas que sean capaces de amar sin límites, querer sin límites, entregarse sin límites... Tu invitación es exigente pero, a pesar de todo...
CUENTA CONMIGO, SEÑOR

La fe vivida en familia está en crisis. No es fácil encontrar familias que vivan su fe enla casa. Yo quiero romper con eso, quiero ser testigo tuyo en medio de los más cercanos a mí mismo.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR

Tú no quieres hacer nada sin nosotros. Nos quieres evangelizadores que anuncien por todo el mundo las enseñanzas que dejaste a tus discípulos.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR

''La pequeña parábola del silencio "


La pequeña parábola del silencio
"¿Qué aprendes en tu vida de silencio?". Preguntó el caminante a un monje. El monje, que en aquel momento estaba sacando agua de un pozo, le respondió: "Mira al fondo del pozo. ¿Qué ves?". El caminante obedeció la propuesta del solitario, y se asomó curioso al brocal del pozo. Después de observar bien respondió: "Sólo veo un poco de agua revuelta".

"Detente un instante en tu camino, hermano, -le dijo el monje- contempla silencioso y sereno el cielo y las montañas que rodean nuestro monasterio, y espera... ".

Tanto el monje como el caminante se entretuvieron contemplando en silencio durante un tiempo, que no se hizo largo, la belleza deslumbrante del entorno. El sol levante destacaba el perfil de las montañas en el fondo azul intenso del cielo.

"Hermano... vuelve ahora a mirar el pozo y dime: Qué ves?". "Ahora veo mi rostro reflejado en el espejo que me ofrece la serenidad del agua", contestó el caminante.

"Esto es, hermano, lo que yo aprendo en mi vida de silencio. Comencé reconociendo mi rostro reflejado en las aguas remansadas del pozo cada vez que me acercaba para llenar mi cántaro de agua. Después, poco a poco, fui descubriendo lo que hay más abajo de la superficie, hasta llegaba a entrever las pequeñas hiervas que crecen junto a las paredes excavadas al construir el pozo. Y en los días en los que la orientación de la luz del sol me lo permitía, y el agua estaba especialmente cristalina, llegué a ver las piedras del fondo y hasta los restos de un cántaro roto y olvidado que había caído hace años y quedó allí.

Me preguntabas qué aprendía en el silencio. Esta es mi respuesta: quiero descubrir la profundidad de mi alma, el rincón más hondo de mi corazón, y de mi propia vida. Vine al monasterio buscando a Dios, porque sabía que Él me envolvía con su presencia. Y cada vez voy comprobando con más claridad que Dios también está en lo más profundo del pozo, como alma que da sentido y color, luz y vida a todo aquel que se asoma al interior del propio pozo con el deseo de buscarlo".

domingo, 22 de agosto de 2010

''En la soledad''


En la soledad
"Acostumbrarse a la soledad es gran cosa para la oración"
Sta. Teresa
La soledad no tiene que ver con estar solo, sino con lo que nos rodea. Para que el orante tenga la soledad ideal se necesita que el lugar lo acompañe y que la persona deje pasar todos los estímulos. La soledad no es aislamiento, sino una forma nueva de presencia.

Para vivir esta experiencia de soledad amorosa con el Señor, pedimos ayuda a la Iglesia. Y en la Iglesia encontramos muchas presencias alentadoras. Una de ellas, Juan de la Cruz.

Se hizo entrañable en la soledad. Buscó los lugares solitarios para encontrarse con el Amado; la soledad se le hizo sonora, los ojos se le llenaron de belleza, los oídos de la música callada del amor, la voz se le convirtió en evangelio para todos.

"En soledad vivía,
y en soledad ha puesto ya su nido;
y en soledad le guía
a solas su querido,
también en soledad de amor herido”
(Cántico Espiritual, 35)

Si quieres buscar a Dios, ponte en soledad por amor a El. Deja las cosas y centra la mirada de tu corazón en Él.

Ejercítate en la soledad, aunque a los comienzos sea costosa, que en ella hallarás y gozarás a Dios. A ella te conduce el Espíritu (Rm 8,14)

En la intimidad con Dios encontrarás paz y libertad; descubrirás que es Dios mismo quien te recibe y te acoge, quien te guía.

Cuando te ve en soledad, es Dios mismo quien se te entrega por amor.

sábado, 21 de agosto de 2010

Programa de vida espiritual



Sentimos la necesidad de hacer algo para cambiar, el problema es que no sabemos por dónde comenzar.


Todos las personas estamos llamadas a la santidad, Dios nos llama a la perfección, Cristo nos lo dice claramente: "Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto".

Estas son palabras que no dejan duda alguna. Todos los creyentes, independientemente de nuestro estado o condición de vida, tenemos que ir creciendo para alcanzar la plenitud de la vida cristiana.

Sería bueno pensar en cómo se encuentra nuestra vida cristiana para luego emprender el camino hacia la perfección.

Este crecimiento nos puede parecer muy difícil, pero ¡son tantos los medios que tenemos!. Algunos de ellos son esenciales, tales como; la lucha contra el pecado, estar alertas para no caer en tentaciones, acudir a los sacramentos frecuentemente, ya que la vida sacramental nos fortalece; luego, las buenas obras, que nos alcanzan méritos allá en el cielo; y por supuesto, la oración, ese diálogo con Dios en donde se pueden encontrar las fuerzas necesarias y pedir aquellos dones que nos hacen falta, ¡tenemos tantas carencias!.

Además de los esenciales, tenemos otros medios, los secundarios. Que pueden ser internos, entre los cuales encontramos: la presencia de Dios en nuestra alma, el examen de conciencia para conocer nuestras debilidades o fallas, tener el deseo de alcanzar la perfección, pues sin esto no vamos a ir muy lejos, estar conformes con la voluntad de Dios, es decir, aceptar Su plan para mi, por muy difícil que sea, ser fieles a la gracia recibida, mejorar el propio temperamento, trabajar en la formación del carácter.

Luego, tenemos los medios externos. Estos son la lectura espiritual, mediante la cual podemos ir conociendo nuestra fe, el círculo de amistades, hay que saber escogerlas bien, la dirección espiritual cuando sea posible, el servicio a los demás y el plan o programa de vida.


Programa de vida espiritual

Muchas veces hemos sentido que algo anda mal con nuestra vida espiritual. No sabemos exactamente qué pasa, pero no estamos contentos con nuestra relación con Dios.

De este sentimiento surge la necesidad de hacer algo para cambiar la situación. El problema es que, a veces, no sabemos ni por dónde comenzar.

Vivimos con tanta prisa, que ni tiempo tenemos de pensar en qué tenemos que cambiar, ni cómo hacerlo, ni por dónde empezar.

¿Queremos cambiar nuestra vida? La solución es fácil. Comencemos por hacer un plan o un programa de vida.

Pero, ¿qué es eso? Eso, no es otra cosa que un programa de vida espiritual resultado de un autoconocimiento. Cada quien debe realizarlo, después de meditar en qué es lo que le aparta de Dios. Debe ser concreto y realista, sin divagaciones, sin justificaciones, es un trabajo espiritual, fruto del conocimiento de sí mismo.

Con el plan de vida, que poco a poco, vamos descubrir cómo hacerlo, vamos a poder hacer los cambios necesarios para eliminar esos defectos que a Dios no le gustan de cada uno. Entonces, tendremos una mejor relación con Dios, con nosotros mismos y con los demás.

En el plan de vida debe existir un objetivo, una meta, un ideal al que se tiende. Para establecerlo, hay que descubrir muchas cosas y conocer el camino para trabajarlo.

Aquí podremos ir aprendiendo cómo hacerlo, cómo trabajarlo. Como resultado, obtendremos una mayor paz interior, una mayor alegría.



*Catholic.net

viernes, 20 de agosto de 2010

''Vocacion de una Carmelita''

ISABEL DE LA TRINIDAD Un mensaje para hoy


“Sólo se es libre cuando se tiende hacia algo apasionadamente”

Mujer, contemplativa, apasionada por Dios. Isabel, como tantos otros santos, es testigo de la gran riqueza del hombre, de su interioridad habitada y de su profunda dignidad. En un mundo como el nuestro, paradójico y superficial, Isabel apuesta por una revalorización de nuestro ser, y de su núcleo más profundo, del que brotan las decisiones más libres y auténticamente humanas. El hombre de hoy vive de apariencias, y confundido entre un gran almacén de ofertas y de pretendidas libertades, que insensiblemente lo ahogan y esclavizan. El hombre no es feliz.

El hombre de hoy, sumido en la cultura del bienestar, no se halla plenamente satisfecho, pues siempre podrá desear más de lo que la simple comodidad o el consumismo puedan ofrecerle. El hombre, enredado en este océano de ofertas, pierde considerablemente su identidad más profunda. Y es aquí, precisamente, donde el testimonio de Isabel puede ofrecer una palabra de aliento: se puede vivir desde el silencio; y desde una sencilla mirada interior e incluso solitaria, podremos descubrir nuestra verdadera identidad, la cara más humana del hombre.

En esta soledad solidaria que nos muestra Isabel, la persona de hoy podrá percibir que el verdadero sentido de la existencia humana radica en la donación amorosa a su prójimo, o al Otro, desde su ser más genuino, único y auténtico.

Sor Isabel es profeta, y su mensaje es muy válido para el mundo de hoy. Ya lo fue en su tiempo, pero lo sigue siendo ahora, porque Dios está presente en las entrañas más profundas de nuestro ser, y porque Dios no ha muerto, sino que tiene Palabras para el hombre, como las tuvo ayer, y las tendrá hoy y siempre. Y, por esta razón, alabar a Dios con la propia vida es el mayor don que Él mismo nos pudo regalar. Desde la fe, el cielo puede vivirse ya en la tierra.

Bendición - Santa Isabel de la Trinidad

Que el Padre te cubra con su sombra
y que esta sombra sea como una nube
que te envuelva y te separe de todo.

Que el Hijo imprima en vos su belleza
para contemplarse en tu alma
como si fuera Él mismo.

Que el Espíritu Santo, que es el Amor,
haga en tu corazón una pequeña hoguera
que alegre con el fuego de su llama
a las Tres Divinas Personas.

Amen


"El centro del alma es la sede del amor
y el lugar de habitación privilegiado de Dios-Trino

''EL LLAMADO A LA INFANCIA ESPIRITUAL''

Teresita de Lisieux

Siempre y en todo procuremos cumplir la voluntad de Dios. Sta Teresita
La infancia espiritual

El tema de la infancia espiritual es tal vez el tema central en Santa Teresa de Lisieux. En su vida podemos ver cómo la madurez espiritual se va alcanzando al acercarse a la infancia espiritual.

Esta actitud consiste en el abandono de su vida en manos del Padre, colocando toda su confianza en Él. Ya desde muy niña, Teresita fue viendo cómo en su vida encontraba la felicidad al hacer no su voluntad, sino la del creador. Este descubrimiento es ya un paso muy grande para tan pequeña criatura, pero no se queda allí sino que lo lleva a la práctica en su vida, tanto que a la edad de 14 años se acepta la voluntad de Dios y se ofrece para que haga de ella lo que quiera, lo que le expresa a su hermana en una carta: "Pero, Paulina, yo soy la pelotita del Niño Jesús; si él quiere romper su juguete, es muy dueño de hacerlo. Sí, acepto todo lo que él quiera." No es despreciable aquí la expresión de pelotita del Niño Jesús, ya que es un símil con el cual expresará su ser niña, pero a la vez su profundidad de espíritu.

En esta etapa de la adolescencia también se encuentra otra característica que es clave para la infancia espiritual de Teresa, es el sentido de pobreza tanto material como espiritual, los cuales se complementan en el sentir de esta niña. Al regalarle un corderito que muere el mismo día, ya preanuncia lo que luego se concretará en su voto de pobreza en el Carmelo: "No, no hay que apegarse a nada en la tierra, ni siquiera a las cosas más inocentes, pues nos faltan en el momento que menos se piensa. Sólo lo que es eterno puede llenarnos". Ya la niña ve la relatividad de todo en comparación a Aquel que es el Todo.

Hay una característica de la personalidad de Teresa que es clave en su vida para lograr hacer la voluntad de Dios: la terquedad y cierto orgullo. Así lo muestra en Historia de un Alma, cuando narra sobre su infancia: "Como tenía amor propio y también amor al bien, en cuanto empecé a pensar seriamente (y lo hice desde muy pequeña), bastaba que me dijeran que algo no estaba bien para que se me quitasen las ganas de hacérmelo repetir dos veces..."

La terquedad va acompañada por el sentido de lucha que posee la joven Teresa para lograr la voluntad divina: "No nos queda, pues, más que luchar. Cuando no tenemos fuerzas para ello, Jesús combate por nosotras... Pongamos juntas el hacha a la raíz del árbol..."

Así, cuando descubre que el Señor la llama desde muy joven para entrar en el Carmelo, busca todas las formas para lograr su vocación, lo que no le es nada fácil y encuentra desde ese momento grandes sufrimientos. Pero ella, fiel a la tradición religiosa de la época, se ofrece como víctima para sufrir y así asemejarse a Jesucristo:

"Sólo deseo una cosa para cuando esté en el Carmelo: sufrir siempre por Jesús. La vida pasa tan deprisa que, realmente, vale más lograr una corona muy bella con un poco de dolor, que una ordinaria sin dolor. ¡Cuándo pienso que por un solo sufrimiento soportado con alegría se amará mejor a [2vº] Dios durante toda la eternidad! Además, con el sufrimiento podemos salvar almas. Paulina, ¡qué feliz me sentiría si en el momento de la muerte pudiese yo tener un alma que ofrecer a Jesús! Habría un alma arrancada al fuego del infierno que bendeciría a Dios por toda la eternidad."

Es parte esencial de la infancia espiritual sentirse pequeño, de manera tal que no podamos nada sin aquél que los es todo. Esto también lo sintió Teresa: "Pide que tu hijita sea siempre un granito de arena muy oscuro, muy escondido a los ojos de todos, que sólo Jesús pueda erlo. Que se haga cada vez más pequeño, que se vea reducido a nada..."

En los escritos de Teresa podemos descubrir cómo, a pesar de haber perdido a su madre en su temprana niñez, ha sentido por medio de sus familiares más cercanos el amor de Dios. En especial el amor de su padre, a quien llama cariñosamente su rey. Allí es donde Teresa percibe la concreción del amor de Dios, el cual busca transmitir a todos los que la rodean, como fue el conocido caso de la hermana San Pedro cuando Teresa era novicia, brindándole toda clase de atenciones a aquella que nadie atendía. Su deseo de permanecer escondida es clave en este amor al prójimo.

Por último en esta enumeración de características resaltantes de la infancia espiritual, aunque tal vez sea la más importante, encontramos el deseo de santidad. Teresa desea ser santa, no por temor, sino como respuesta al amor de Aquel que la sobrepasa: "¡Sí, Paulina, quiero ser siempre un GRANITO de arena...! (…) Quisiera decirte muchas cosas a propósito del granito de arena, pero no tengo tiempo... (Quiero ser santa...)"

'' La globalización del amor''


Nuestro mundo camina por el sendero de la globalización de la economía y de la política. Pero cada día somos más conscientes que la concentración de la riqueza en manos de unos pocos afortunados nos lleva a la destrucción. Cada día se impone el terror y la muerte como único camino para la paz y el bienestar de los pueblos.

¿Cuál es el mensaje de Teresa de Lisieux para un mundo globalizado? ¿Tiene palabras significativas una mujer de finales del siglo XIX, religiosa de clausura, que muere tuberculosa a los 24 años? ¿No será abusar del pensamiento de una persona que jamás se cuestionó algo similar? El mensaje de Teresa del Niño Jesús, inculturado en el hoy, es el siguiente: la globalización sin amor es una globalización sin valor. Dicho de una forma menos “profana”: la espiritualidad de la comunión es el “corazón” de nuestro mundo.

La espiritualidad de la comunión es la “Historia de un alma”. Es el alma de Teresa del Niño Jesús. Juan Pablo II, proclamó Doctora de la iglesia a santa Teresa del Niño Jesús por ser “experta en la scientia amoris”. El “corazón” de la iglesia es la comunión.

Teresa siente en su debilidad, en su pobreza, en el claustro, en su enfermedad, que Dios la llama a una verdadera “globalización”. Necesita serlo todo. Su corazón no se conforme con hacer algunas cosas más o menos buenas en su vida..Estas ansias se convertían para ella en “un verdadero martirio”. Dios colmó sus deseos “más grandes que el universo”.

Busca en la Palabra de Dios la luz que necesita para su vocación. San Pablo en la primera carta a los Corintios, capítulo 12, presenta a la iglesia como un cuerpo con muchos miembros, pero no se reconoce “en ninguno de los miembros descritos por san Pablo; o mejor dicho, quería reconocerme en todos...”

Hasta que descubrió que “la iglesia tiene un corazón, y que este corazón estaba ardiendo de AMOR.... Comprendí que el amor encerraba todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y todos los lugares, en una palabra, ¡que el amor es eterno¡” ( Ms B, fol. 3v ).

Esta es la verdadera globalización que enseña hoy Teresita del Niño Jesús. El Amor abraza todos los tiempos y todos los lugares. El amor es “global” o no es amor. El enemigo número uno del amor es el egoísmo, la indiferencia y el conformismo.

Este es el mensaje de la patrona de las misiones, que en su vida quiso ser misionera “no sólo durante algunos años, sino haberlo sido desde la creación del mundo y seguir siéndolo hasta la consumación de los siglos”. Esta es la globalización del evangelio que ella sigue impulsando desde su trono de gloria.

Ya desde niña lo quería todo. Dios prepara a sus elegidos desde el seno materno para ser sus testigos en el mundo. Pero todo este lenguaje del amor podría quedarse en un nivel romántico e idealista si la santa de Lisieux no bajase al terreno práctico de la misma vida. Ella confiesa que anteriormente comprendía el amor “pero de una manera imperfecta”. Dios le concedió penetrar en lo que es el amor.

Teresita al meditar las palabras del evangelio: “no hay mayor amor, que dar la propia vida por aquellos a los que se ama”, se enfrenta con el amor auténtico: “Ahora comprendo que la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no escandalizarme de sus debilidades, en sacar edificación de los menores actos de virtud que se les ve practicar” ( Ms C, fol. 12v).

Es el himno de la caridad de Teresa de Lisieux. El camino de los pequeños de este mundo cargando con la injusticia y la indiferencia de los grandes. Es el camino de Jesús, puerta estrecha y senda angosta. La victoria del amor sobre el odio. Es la verdadera espiritualidad de comunión.

Teresa del Niño Jesús enseña a “globalizar” el amor, empezando con los que viven con nosotros. El amor cristiano penetra en las raíces de la vida creando la comunión universal. Así exclama la santa, llena de gozo y de entusiasmo, cuando profundiza en su vocación: “!Por fín, he hallado mi vocación, mi vocación es el amor¡.... . En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor” ( Ms B, fols. 3v 4r ).
Fr. Antonio Ribas, o.c.d.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Santa Clara (8 de agosto)

martes, 10 de agosto de 2010

La Vocación

jueves, 22 de julio de 2010

Mi visión personal de "La Última Cima"


Hasta ahora había colgado en el blog críticas hechas por otros o los trailers de la película española "La Última Cima". Pero este domingo, por fin, encontré la ocasión propicia para escaparme al cine (no hay nada como la gran pantalla para disfrutar de una película) y ver el film que, milagrosamente, se mantiene en cartelera con dos sesiones.

Así que, antes de que se me olvide, con el recuerdo aún fresco, os daré mis impresiones personales. Desde el punto de vista técnico se nota que es una película de factura humilde, lo cual no quiere decir que no esté bien realizada, sólo que no tiene la calidad a la que estamos acostumbrados en otros films. Aunque al ser un documental, no propiamente una pelicula, se le debe exigir menos recursos desde este punto de vista. Algo que si se echa en falta es tener más imágenes filmadas de Pablo, sólo usan las de una conferencia teológica, que van repartiendo a lo largo del documental, muchas veces, hay que reconocerlo, con verdadero ingenio y chispa.

Las fotografias son tomadas del album familiar, otras de sus excursiones por la montaña o de actos oficiales como su encuentro con el Cardenal de Madrid y con el mismo Papa. Los audios en el que se le escucha hablar son de sus últimos ejercicios espirituales, que dio a una comunidad de monjas poco antes de morir. Nadie sabía que podían llegar a ser usados de este modo, por lo que se entiende que la calidad de sonido deje mucho que desear. Personalmente hubo varios momentos en que no lograba entender lo que decía.

El modo de presentación del documental es muy ágil, muy "pop", con imágenes rebobinadas, saltos, etc. No aburre y la fotografía de exteriores es muy buena.

Eso por lo que respecta a la "cazuela".

En lo referente al guiso que se presenta dentro, la película es de una valentía extraordinaria. Hacer algo así hablando de un cura, y hablando bien, como dice teatralmente su director al comienzo, tiene un mérito impresionante. Y que, encima, funcione en taquilla es ya tremendo.

Os confieso que hubo momentos que me emocionaron; alguno, los menos, me cansaron un poco (me parecio que había testimonios un tanto redundantes sobre lo mismo). Me temía que la película iba a ser más bien "hagiográfica", en el sentido más "ñoño" del término, y, aunque hubo algún momento así, como al hablar de su infancia, escapa de eso cuanto puede y presenta a un sacerdote muy humano, que pide a sus amigos más cercanos, con mucha gracia, que no le permitan volverse "clericalón".

Así que, partiendo de la vida de Pablo, encomiable y testimonial, no cabe duda, termina siendo un verdadero canto a la belleza del sacerdocio y de toda la vida cristiana.

Os la recomiendo, ojalá surjan más películas así para contrarrestar el gusto por la fealdad y la sombra que domina buena parte de nuestra cultura.



Rubén García Peláez

domingo, 18 de julio de 2010

Comentario al Evangelio Domingo XVI TO


Mientras el grupo de discípulos sigue su camino, Jesús entra solo en una aldea y se dirige a una casa donde encuentra a dos hermanas a las que quiere mucho. La presencia de su amigo Jesús va a provocar en las mujeres dos reacciones muy diferentes.
María, seguramente la hermana más joven, lo deja todo y se queda «sentada a los pies del Señor». Su única preocupación es escucharle. El evangelista la describe con los rasgos que caracterizan al verdadero discípulo: a los pies del Maestro, atenta a su voz, acogiendo su Palabra y alimentándose de su enseñanza.

La reacción de Marta es diferente. Desde que ha llegado Jesús, no hace sino desvivirse por acogerlo y atenderlo debidamente. Lucas la describe agobiada por múltiples ocupaciones. Desbordada por la situación y dolida con su hermana, expone su queja a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano».

Jesús no pierde la paz. Responde a Marta con un cariño grande, repitiendo despacio su nombre; luego, le hace ver que también a él le preocupa su agobio, pero ha de saber que escucharle a él es tan esencial y necesario que a ningún discípulo se le ha de dejar sin su Palabra «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán».

Jesús no critica el servicio de Marta. ¿Cómo lo va a hacer si él mismo está enseñando a todos con su ejemplo a vivir acogiendo, sirviendo y ayudando a los demás? Lo que critica es su modo de trabajar de manera nerviosa, bajo la presión de demasiadas ocupaciones.

Jesús no contrapone la vida activa y la contemplativa, ni la escucha fiel de su Palabra y el compromiso de vivir prácticamente su estilo de entrega a los demás. Alerta más bien del peligro de vivir absorbidos por un exceso de actividad, en agitación interior permanente, apagando en nosotros el Espíritu, contagiando nerviosismo y agobio más que paz y amor.

Apremiados por la disminución de fuerzas, nos estamos habituando a pedir a los cristianos más generosos toda clase de compromisos dentro y fuera de la Iglesia. Si, al mismo tiempo, no les ofrecemos espacios y momentos para conocer a Jesús, escuchar su Palabra y alimentarse de su Evangelio, corremos el riesgo de hacer crecer en la Iglesia la agitación y el nerviosismo, pero no su Espíritu y su paz. Nos podemos encontrar con unas comunidades animadas por funcionarios agobiados, pero no por testigos que irradian el aliento y vida de su Maestro.

José Antonio Pagola

18 de julio de 2010

16 Tiempo ordinario (C)

Lucas 10, 38-42