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domingo, 10 de septiembre de 2017
Te prometo una vida apasionante
domingo, 8 de enero de 2017
La santidad
Este vídeo se titula la santidad, os lo pongo por que es muy motivante para tomar las riendas de nuestra vida, y que sepáis que la vocación tiene el mismo camino.
domingo, 9 de octubre de 2016
Somos la generación que no quiere relaciones
Queremos una segunda taza de café para las fotos que subimos a Instagram, otro par de zapatos en nuestras fotos artísticas de pies. Queremos poner en Facebook que tenemos una relación para que todo el mundo pueda darle a "me gusta" queremos una publicación digna del hashtag #parejaperfecta. Queremos llevar acompañante a las bodas a las que nos inviten (¿Cómo lo habrán hecho? ¿Cómo habrán conseguido un felices para siempre?). Pero somos de la generación que no quiere relaciones.
Queremos la fachada de una relación, pero no queremos el esfuerzo que implica tenerla. Queremos cogernos de las manos, pero no mantener contacto visual; queremos coquetear, pero no tener conversaciones serias; queremos promesas, pero no compromiso real; queremos celebrar aniversarios, pero sin los 365 días de esfuerzo que implican. Queremos un amor de campeonato, pero no estamos dispuestos a entrenar.
No queremos relaciones: queremos amigos con derecho a roce, "mantita y peli". Queremos todo aquello que nos haga vivir la ilusión de que tenemos una relación, pero sin tener una relación de verdad. Queremos todas las recompensas sin asumir ningún riesgo, queremos todos los beneficios sin ningún coste. Nos lo tomamos con calma: vamos viendo a dónde van las cosas, no nos gusta poner etiquetas, simplemente salimos con alguien.
Cuando parece que la cosa empieza a ir en serio, huimos. Siempre hay más oportunidades de encontrar el amor. Pero hay muy pocas de mantenerlo hoy en día...porque el amor es...Construir.
Queremos la fachada de una relación, pero no queremos el esfuerzo que implica tenerla. Queremos cogernos de las manos, pero no mantener contacto visual; queremos coquetear, pero no tener conversaciones serias; queremos promesas, pero no compromiso real; queremos celebrar aniversarios, pero sin los 365 días de esfuerzo que implican. Queremos un amor de campeonato, pero no estamos dispuestos a entrenar.
No queremos relaciones: queremos amigos con derecho a roce, "mantita y peli". Queremos todo aquello que nos haga vivir la ilusión de que tenemos una relación, pero sin tener una relación de verdad. Queremos todas las recompensas sin asumir ningún riesgo, queremos todos los beneficios sin ningún coste. Nos lo tomamos con calma: vamos viendo a dónde van las cosas, no nos gusta poner etiquetas, simplemente salimos con alguien.
Cuando parece que la cosa empieza a ir en serio, huimos. Siempre hay más oportunidades de encontrar el amor. Pero hay muy pocas de mantenerlo hoy en día...porque el amor es...Construir.
jueves, 21 de abril de 2016
«Tengo sed de amarte y de que tú me ames». Carta de Dios a un alma que lo busca
Estoy a la puerta de tu corazón, de día y de noche. Aun cuando no estás escuchando, aun cuando dudes que pudiera ser yo, ahí estoy: esperando la más pequeña señal de respuesta, hasta la más pequeña sugerencia de invitación que me permita entrar.
Y quiero que sepas que cada vez que me invitas, yo vengo siempre, sin falta. Vengo en silencio trayendo los muchos dones de mi Espíritu. Vengo con mi misericordia, con mi deseo de perdonarte y de sanarte, con un amor hacia ti que va más allá de tu comprensión. Te traigo mi luz, para disipar tu oscuridad y todas tus dudas. Vengo con mi poder, que me permite cargarte a ti: con mi gracia, para tocar tu corazón y transformar tu vida. Vengo con mi paz, para tranquilizar tu alma.
Te conozco como la palma de mi mano, sé todo acerca de ti. No hay nada en tu vida que no tenga importancia para mí y siempre te he amado. Conozco cada uno de tus problemas. Conozco tus necesidades y tus preocupaciones. Pero te digo de nuevo que te amo, no por lo que has hecho o dejado de hacer, te amo por ti, por la belleza y la dignidad que mi Padre te dio al crearte a su propia imagen.
Conozco, sobre todo, tu necesidad de amor, sé que tan sediento estás de amor y de ternura. Pero cuántas veces has deseado satisfacer tu sed en vano, buscando ese amor con egoísmo, tratando de llenar el vacío dentro de ti con placeres pasajeros, con el vacío aún mayor del pecado. ¿Tienes sed de amor? «Vengan a mí todos los que tengan sed…» (Jn. 7, 37). Yo te saciaré y te llenaré. ¿Tienes sed de ser amado? Te amo más de lo que te puedes imaginar… hasta el punto de morir en la cruz por ti.
Tengo sed de ti. Sí, esa es la única manera en que apenas puedo empezar a describir mi amor. Tengo sed de ti. Tengo sed de amarte y de que tú me ames. Ven a mí y llenaré tu corazón y sanaré tus heridas. Nunca debes dudar de mi misericordia, de mi deseo de perdonarte, de mi anhelo por bendecirte y vivir mi vida en ti, y de que te acepto sin importar lo que hayas hecho. Tengo sed de ti. Si te sientes de poco valor a los ojos del mundo, no importa. No hay nadie que me interese más en todo el mundo que tú. Tengo sed de ti. Ábrete a mí, ven a mí, ten sed de mí, dame tu vida. Yo te probaré qué tan valioso eres para mi Corazón.
¿No te das cuenta de que mi Padre ya tiene un plan perfecto para transformar tu vida a partir de este momento? Confía en mí. Pídeme todos los días que entre y que me encargue de tu vida y lo haré. Te prometo ante mi Padre en el Cielo que haré milagros en tu vida. ¿Por qué haría yo esto? Porque tengo sed de ti. Lo único que te pido es que te confíes completamente a mí. Yo haré todo lo demás.
Todo lo que has buscado fuera de mí solo te ha dejado más vacío, así que no te ates a las cosas de este mundo; pero, sobre todo, no te alejes de mí cuando caigas. Ven a mí sin tardanza porque cuando me das tus pecados, me das la alegría de ser tu Salvador. No hay nada que yo no pueda perdonar y sanar, así que ven ahora y descarga tu alma.
No importa cuánto hayas andado sin rumbo, no importa cuántas veces me hayas olvidado, no importa cuántas cruces lleves en esta vida, hay algo que quiero que siempre recuerdes y que nunca cambiará. Tengo sed de ti, tal y como eres. No tienes que cambiar para creer en mi amor, ya que será tu confianza en ese amor la que te hará cambiar. Tú te olvidas de mí y, sin embargo, Yo te busco a cada momento del día y estoy ante las puertas de tu corazón, llamando. ¿Encuentras esto difícil de creer? Entonces, mira la Cruz, mira mi Corazón que fue traspasado por ti. ¿No has comprendido mi Cruz?, entonces escucha de nuevo las palabras que digo en ella, te dicen claramente por qué yo soporté todo esto por ti: «… Tengo sed de ti» (Jn. 19, 28). Sí, Tengo sed de ti. Como el resto del salmo que yo estaba rezando dice de mí: «…esperé compasión inútilmente, esperé alguien que me consolara y no le hallé» (Salmo 69, 20). Toda tu vida he estado deseando tu amor. Nunca he cesado de buscarlo y de anhelar que me correspondas. Tú has probado muchas cosas en tu afán por ser feliz. ¿Por qué no intentas abrirme tu corazón, ahora mismo, abrirlo más de lo que lo has hecho antes?
Madre Teresa de Calcuta
Y quiero que sepas que cada vez que me invitas, yo vengo siempre, sin falta. Vengo en silencio trayendo los muchos dones de mi Espíritu. Vengo con mi misericordia, con mi deseo de perdonarte y de sanarte, con un amor hacia ti que va más allá de tu comprensión. Te traigo mi luz, para disipar tu oscuridad y todas tus dudas. Vengo con mi poder, que me permite cargarte a ti: con mi gracia, para tocar tu corazón y transformar tu vida. Vengo con mi paz, para tranquilizar tu alma.
Te conozco como la palma de mi mano, sé todo acerca de ti. No hay nada en tu vida que no tenga importancia para mí y siempre te he amado. Conozco cada uno de tus problemas. Conozco tus necesidades y tus preocupaciones. Pero te digo de nuevo que te amo, no por lo que has hecho o dejado de hacer, te amo por ti, por la belleza y la dignidad que mi Padre te dio al crearte a su propia imagen.
Conozco, sobre todo, tu necesidad de amor, sé que tan sediento estás de amor y de ternura. Pero cuántas veces has deseado satisfacer tu sed en vano, buscando ese amor con egoísmo, tratando de llenar el vacío dentro de ti con placeres pasajeros, con el vacío aún mayor del pecado. ¿Tienes sed de amor? «Vengan a mí todos los que tengan sed…» (Jn. 7, 37). Yo te saciaré y te llenaré. ¿Tienes sed de ser amado? Te amo más de lo que te puedes imaginar… hasta el punto de morir en la cruz por ti.
Tengo sed de ti. Sí, esa es la única manera en que apenas puedo empezar a describir mi amor. Tengo sed de ti. Tengo sed de amarte y de que tú me ames. Ven a mí y llenaré tu corazón y sanaré tus heridas. Nunca debes dudar de mi misericordia, de mi deseo de perdonarte, de mi anhelo por bendecirte y vivir mi vida en ti, y de que te acepto sin importar lo que hayas hecho. Tengo sed de ti. Si te sientes de poco valor a los ojos del mundo, no importa. No hay nadie que me interese más en todo el mundo que tú. Tengo sed de ti. Ábrete a mí, ven a mí, ten sed de mí, dame tu vida. Yo te probaré qué tan valioso eres para mi Corazón.
¿No te das cuenta de que mi Padre ya tiene un plan perfecto para transformar tu vida a partir de este momento? Confía en mí. Pídeme todos los días que entre y que me encargue de tu vida y lo haré. Te prometo ante mi Padre en el Cielo que haré milagros en tu vida. ¿Por qué haría yo esto? Porque tengo sed de ti. Lo único que te pido es que te confíes completamente a mí. Yo haré todo lo demás.
Todo lo que has buscado fuera de mí solo te ha dejado más vacío, así que no te ates a las cosas de este mundo; pero, sobre todo, no te alejes de mí cuando caigas. Ven a mí sin tardanza porque cuando me das tus pecados, me das la alegría de ser tu Salvador. No hay nada que yo no pueda perdonar y sanar, así que ven ahora y descarga tu alma.
No importa cuánto hayas andado sin rumbo, no importa cuántas veces me hayas olvidado, no importa cuántas cruces lleves en esta vida, hay algo que quiero que siempre recuerdes y que nunca cambiará. Tengo sed de ti, tal y como eres. No tienes que cambiar para creer en mi amor, ya que será tu confianza en ese amor la que te hará cambiar. Tú te olvidas de mí y, sin embargo, Yo te busco a cada momento del día y estoy ante las puertas de tu corazón, llamando. ¿Encuentras esto difícil de creer? Entonces, mira la Cruz, mira mi Corazón que fue traspasado por ti. ¿No has comprendido mi Cruz?, entonces escucha de nuevo las palabras que digo en ella, te dicen claramente por qué yo soporté todo esto por ti: «… Tengo sed de ti» (Jn. 19, 28). Sí, Tengo sed de ti. Como el resto del salmo que yo estaba rezando dice de mí: «…esperé compasión inútilmente, esperé alguien que me consolara y no le hallé» (Salmo 69, 20). Toda tu vida he estado deseando tu amor. Nunca he cesado de buscarlo y de anhelar que me correspondas. Tú has probado muchas cosas en tu afán por ser feliz. ¿Por qué no intentas abrirme tu corazón, ahora mismo, abrirlo más de lo que lo has hecho antes?
Madre Teresa de Calcuta
miércoles, 23 de diciembre de 2015
“Bendita”
María ha llegado aprisa desde Nazaret a visitar a su prima Isabel, es un gesto de caridad, a pesar de estar ya embarazada y exponerse a los peligros del camino, para ayudarla. Ambas son agraciadas por el Señor con una concepción milagrosa. Y ambas se manifiestan agradecidas por este magnífico don divino. En la salutación Isabel califica a María como “dichosa” feliz, bienaventurada porque ha creído y se ha fiado de Dios. A la luz de estos textos preparemos la fiesta de la Natividad de Jesucristo. Para un cristiano no es solo una fiesta folclórica y familiar. Celebra el misterio de Jesucristo, el Dios eterno se hace hombre, nace entre nosotros, para ofrecernos la salvación. Esto es posible gracias a la disponibilidad vocacional de la Virgen María, que se ofrece también a Dios Padre para cumplir su voluntad. Como Cristo, como María y como otros muchos hermanos y hermanas a lo largo de la historia en la Iglesia, deberíamos decir con el testimonio diario de nuestra vida: ¡Señor cuenta conmigo! Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
viernes, 18 de diciembre de 2015
Signos de la vocación sacerdotal
1. Responsabilidad sobre la vocación
¿Cuál es el fondo de toda vocación sacerdotal? ¿Cómo se explica una vocación al sacerdocio? No hay otra causa sino la preferencia voluntariamente querida de Alguien, y ese alguien es Cristo. El querer ser como Él, el querer prolongar su vida, llenar el mundo de su amor, y hacer su nombre conocido y amado. Cristo está en el origen y en la fuerza de cada vocación. Nada fuera de esto puede dar una explicación del por qué jóvenes generosos, llenos de cualidades, se deciden a dejarlo todo por una vida que conscientemente saben es dura, durísima, y la abrazan precisamente porque es dura. La vocación de Javier, de Luis Gonzaga, de Estanislao, que renunciaban a todo lo hermoso que el mundo podía ofrecerles.
Quia amo Christum (puesto que amo a Cristo) es la respuesta común. ¿Qué ha hecho Cristo por mí? ¿Qué he hecho yo por Cristo? ¿Qué puedo hacer por Cristo?, es la pregunta que ellos se hacen.
Y al ver el mundo moderno caer en la impiedad…
La mejor juventud se plantea el problema, ¡y continuamente nuevos soldados se incorporan al ejército de Cristo!
El Espíritu de Jesús sopla en el fondo de las almas y hace ver lo que a la pura luz de la humana inteligencia jamás aparecería claro.
Así, en el origen de cada vocación está el amor a Cristo, amor fecundado por el Espíritu Santo: eso es lo que explica el sacerdocio católico.

2. La respuesta: Jóvenes y jóvenes
¿A quiénes? A los generosos, esforzados, heroicos. No es que todos los que no van por el camino de la vocación no sean generosos. Porque hay muchos generosos que ven que su misión es el mundo, que creen que ése es el campo donde han de ejercer su misión apostólica.
Si tienes una inquietud espiritual en orden a la vocación, ¿no comprendes que deberías pensar en ella?
¿Cuáles son las respuestas?
a. Muchos no quieren pensar, no quieren oír hablar del problema y, ya lo sabemos, no hay peor sordo que el que no quiere oír. Teniendo oídos para oír no oyen, ojos para ver no ven…
b. Otros, jóvenes rectos, puros, de alma bien intencionada, siguen a aquel joven judío que nos describe… (cf. D. Lord, El llamamiento de Cristo ). Quisieran seguir siendo buenos, aún más, quisieran hacer algo por Cristo, pero cuando llegan a conocer la realidad de la perfección evangélica, los sacrificios que impone. Si quieres ser perfecto… (cf. Mt 19,16-22), vuelven las espaldas y tristes acuden a sumirse en su vulgaridad. ¡Cuántas veces se repite el triste caso! Mandamos una carta, una de tantas: Padre, soy uno de esos. He conocido el camino, he oído la voz, pero me encuentro sin fuerzas…
¡qué poca generosidad! Y ¡qué triste debe ser comenzar la vida habiendo conocido cuán bueno y cuán bello es el Señor, cuánto ha hecho por mí, y negarle conscientemente el primer sacrificio que me pide!
c. Otros, en cambio, quieren hacer el uso más bello de su vida, comprenden que lo que salvará al mundo, más que grandes estadistas, y grandes guerreros… es una generación de santos, abrazan generosamente el sacerdocio. ¡Qué vidas tan bellas, tan plenas!
(Tomado del libro “La búsqueda de Dios” de San Alberto Hurtado)
¿Cuál es el fondo de toda vocación sacerdotal? ¿Cómo se explica una vocación al sacerdocio? No hay otra causa sino la preferencia voluntariamente querida de Alguien, y ese alguien es Cristo. El querer ser como Él, el querer prolongar su vida, llenar el mundo de su amor, y hacer su nombre conocido y amado. Cristo está en el origen y en la fuerza de cada vocación. Nada fuera de esto puede dar una explicación del por qué jóvenes generosos, llenos de cualidades, se deciden a dejarlo todo por una vida que conscientemente saben es dura, durísima, y la abrazan precisamente porque es dura. La vocación de Javier, de Luis Gonzaga, de Estanislao, que renunciaban a todo lo hermoso que el mundo podía ofrecerles.
Quia amo Christum (puesto que amo a Cristo) es la respuesta común. ¿Qué ha hecho Cristo por mí? ¿Qué he hecho yo por Cristo? ¿Qué puedo hacer por Cristo?, es la pregunta que ellos se hacen.
Y al ver el mundo moderno caer en la impiedad…
La mejor juventud se plantea el problema, ¡y continuamente nuevos soldados se incorporan al ejército de Cristo!
El Espíritu de Jesús sopla en el fondo de las almas y hace ver lo que a la pura luz de la humana inteligencia jamás aparecería claro.
Así, en el origen de cada vocación está el amor a Cristo, amor fecundado por el Espíritu Santo: eso es lo que explica el sacerdocio católico.

2. La respuesta: Jóvenes y jóvenes
¿A quiénes? A los generosos, esforzados, heroicos. No es que todos los que no van por el camino de la vocación no sean generosos. Porque hay muchos generosos que ven que su misión es el mundo, que creen que ése es el campo donde han de ejercer su misión apostólica.
Si tienes una inquietud espiritual en orden a la vocación, ¿no comprendes que deberías pensar en ella?
¿Cuáles son las respuestas?
a. Muchos no quieren pensar, no quieren oír hablar del problema y, ya lo sabemos, no hay peor sordo que el que no quiere oír. Teniendo oídos para oír no oyen, ojos para ver no ven…
b. Otros, jóvenes rectos, puros, de alma bien intencionada, siguen a aquel joven judío que nos describe… (cf. D. Lord, El llamamiento de Cristo ). Quisieran seguir siendo buenos, aún más, quisieran hacer algo por Cristo, pero cuando llegan a conocer la realidad de la perfección evangélica, los sacrificios que impone. Si quieres ser perfecto… (cf. Mt 19,16-22), vuelven las espaldas y tristes acuden a sumirse en su vulgaridad. ¡Cuántas veces se repite el triste caso! Mandamos una carta, una de tantas: Padre, soy uno de esos. He conocido el camino, he oído la voz, pero me encuentro sin fuerzas…
¡qué poca generosidad! Y ¡qué triste debe ser comenzar la vida habiendo conocido cuán bueno y cuán bello es el Señor, cuánto ha hecho por mí, y negarle conscientemente el primer sacrificio que me pide!
c. Otros, en cambio, quieren hacer el uso más bello de su vida, comprenden que lo que salvará al mundo, más que grandes estadistas, y grandes guerreros… es una generación de santos, abrazan generosamente el sacerdocio. ¡Qué vidas tan bellas, tan plenas!
(Tomado del libro “La búsqueda de Dios” de San Alberto Hurtado)
sábado, 28 de noviembre de 2015
TESTIMONIO VOCACIONAL DE NOELIA
Me llamo Noelia García Molina y soy natural de Motril (Granada). Tengo 27 años y llevo dos años y medio en el Monasterio Cisterciense de la Santa Cruz, en Casarrubios del Monte, provincia de Toledo. Comencé el noviciado el día 19 de marzo de este año 2012, solemnidad de San José (patrono de las vocaciones).
Siempre supe que me faltaba algo para ser plenamente feliz, y busqué sin desanimarme. Llegué al Monasterio por vez primera, en septiembre de 2007 y me quedé prendada de la paz, silencio, sencillez y alegría de sus habitantes. Los días que estaba en el monasterio, rezaba con ellas y me nutría espiritualmente de sus bellos y solemnes cantos en la Liturgia de las Horas -oración oficial de la Iglesia- y en la Eucaristía de cada día. También de su espiritualidad tan rica y profunda. Comprobé que en cada una de ellas había una personalidad muy diferente pero éso no impedía una convivencia en perfecto orden y armonía, porque amar e imitar a Jesucristo y en El a los hermanos es su ideal y la finalidad de su vida en el monasterio, por tanto, lo que las diferencia en este sentido, enriquece más esa convivencia y la hace más atractiva. De todos modos no fue fácil decidirme, me costaba dejar tantas cosas… y una especie de miedo al fracaso, a no ser capaz y a no sé que más cosas... Pero como experimentaba que aumentaba mi sed de Dios y lo buscaba con todo mi corazón, me rendí a Su llamada ¡No existen imposibles para Él!
NOVICIA
Cuando regresé a mi pueblo la primera vez que las visité el Monasterio, comencé a ir a Misa -siempre que mi trabajo me lo permitía-, a rezar más, a leer la Biblia, y libros de vida espiritual. Sentía una necesidad enorme de saber más de Dios, de encontrar la verdad en todo, y mas, de encontrar algo trascendente que diera sentido real a mi vida y llenara el vacío profundo que experimentaba cuando intentaba enfrentarme conmigo misma. Poco a poco fue iluminándose mi vida por dentro. Una alegría e ilusión interior, hasta ahora desconocida, iba creciendo cada vez más intensa y me hacía vivir más hacia dentro.
La llamada hacia la vida monástica, era cada día más clara y yo diría que hasta urgente. Experimentaba fuerte necesidad de vivirla, pese a los miedos que también iba superando. Por parte de la familia no lo tenía nada fácil, la reacción de ellos fue muy dura, no lograban entender que me gustase estar en un monasterio para siempre. A partir de la primera vez que vinieron a verme y conocieron a las hermanas que tengo de comunidad, todo aquello se ha cambiado en alegría y cariño agradecido hacia ellas. Ahora son muy felices de que esté aquí y hasta se sienten orgullosos de que sea monja.
Yo tampoco me arrepiento de haber optado por la vida monástica cisterciense, ni por este monasterio, sino que cada día me siento más impulsada a dar gracias a Dios por este “gran regalo de la vocación”, es más, me siento profunda mente agradecida, porque también me reconozco profundamente indigna de él. Esa gratuidad de un “don tan grande para mí, me impulsa a cuidarla con esmero y en este momento compartirla expresando esta gozosa experiencia por si le puede ayudar a otras jóvenes, a discernir la llamada y a seguirla. Porque no hay duda de que el Señor sigue llamando a seguirle por este camino de la vida monástica, como lo ha hecho casi desde los primeros años del cristianismo.
Ciertamente que he pasado por momentos de tentación y duda a lo largo de mi formación, y seguiré teniéndolos, ya que el enemigo no es gustoso de este seguimiento, pero la experiencia gozosa que vivo aquí día a día, jamás la había vivido ni en los mejores momentos de mi vida antes. Considero que todo hombre busca amar y ser amado, y aquí en la vida monástica, en mi Comunidad, amo y me siento muy amada por Dios y por mis hermanas. Ahora sí entiendo experimentalmente que la vida no tiene sentido si nos falta el AMOR. Pues yo digo con el Cantar de los Cantares “He buscado el AMOR de mi alma, lo encontré y ya no lo soltaré”.
Termino dando gracias a Dios por la vida monástica, en mi caso concreto, por la Orden Cisterciense que me ha acogido y especialmente por esta Comunidad, que ha sido el instrumento del cual se ha servido el Señor para hacerme posible conseguir mis anhelos de encontrar la FELICIDAD, que es "comenzar a vivir ya en este mundo lo que vamos a vivir eternamente en el Cielo"
También quiero concluir diciendo a las jóvenes que me lean y se sientan llamadas por Dios a la vida consagrada, que no tengan miedo a seguir esa llamada, por que es lo más grade y maravilloso que puede ocurrirles.
Siempre supe que me faltaba algo para ser plenamente feliz, y busqué sin desanimarme. Llegué al Monasterio por vez primera, en septiembre de 2007 y me quedé prendada de la paz, silencio, sencillez y alegría de sus habitantes. Los días que estaba en el monasterio, rezaba con ellas y me nutría espiritualmente de sus bellos y solemnes cantos en la Liturgia de las Horas -oración oficial de la Iglesia- y en la Eucaristía de cada día. También de su espiritualidad tan rica y profunda. Comprobé que en cada una de ellas había una personalidad muy diferente pero éso no impedía una convivencia en perfecto orden y armonía, porque amar e imitar a Jesucristo y en El a los hermanos es su ideal y la finalidad de su vida en el monasterio, por tanto, lo que las diferencia en este sentido, enriquece más esa convivencia y la hace más atractiva. De todos modos no fue fácil decidirme, me costaba dejar tantas cosas… y una especie de miedo al fracaso, a no ser capaz y a no sé que más cosas... Pero como experimentaba que aumentaba mi sed de Dios y lo buscaba con todo mi corazón, me rendí a Su llamada ¡No existen imposibles para Él!
NOVICIA
Cuando regresé a mi pueblo la primera vez que las visité el Monasterio, comencé a ir a Misa -siempre que mi trabajo me lo permitía-, a rezar más, a leer la Biblia, y libros de vida espiritual. Sentía una necesidad enorme de saber más de Dios, de encontrar la verdad en todo, y mas, de encontrar algo trascendente que diera sentido real a mi vida y llenara el vacío profundo que experimentaba cuando intentaba enfrentarme conmigo misma. Poco a poco fue iluminándose mi vida por dentro. Una alegría e ilusión interior, hasta ahora desconocida, iba creciendo cada vez más intensa y me hacía vivir más hacia dentro.
La llamada hacia la vida monástica, era cada día más clara y yo diría que hasta urgente. Experimentaba fuerte necesidad de vivirla, pese a los miedos que también iba superando. Por parte de la familia no lo tenía nada fácil, la reacción de ellos fue muy dura, no lograban entender que me gustase estar en un monasterio para siempre. A partir de la primera vez que vinieron a verme y conocieron a las hermanas que tengo de comunidad, todo aquello se ha cambiado en alegría y cariño agradecido hacia ellas. Ahora son muy felices de que esté aquí y hasta se sienten orgullosos de que sea monja.
Yo tampoco me arrepiento de haber optado por la vida monástica cisterciense, ni por este monasterio, sino que cada día me siento más impulsada a dar gracias a Dios por este “gran regalo de la vocación”, es más, me siento profunda mente agradecida, porque también me reconozco profundamente indigna de él. Esa gratuidad de un “don tan grande para mí, me impulsa a cuidarla con esmero y en este momento compartirla expresando esta gozosa experiencia por si le puede ayudar a otras jóvenes, a discernir la llamada y a seguirla. Porque no hay duda de que el Señor sigue llamando a seguirle por este camino de la vida monástica, como lo ha hecho casi desde los primeros años del cristianismo.
Ciertamente que he pasado por momentos de tentación y duda a lo largo de mi formación, y seguiré teniéndolos, ya que el enemigo no es gustoso de este seguimiento, pero la experiencia gozosa que vivo aquí día a día, jamás la había vivido ni en los mejores momentos de mi vida antes. Considero que todo hombre busca amar y ser amado, y aquí en la vida monástica, en mi Comunidad, amo y me siento muy amada por Dios y por mis hermanas. Ahora sí entiendo experimentalmente que la vida no tiene sentido si nos falta el AMOR. Pues yo digo con el Cantar de los Cantares “He buscado el AMOR de mi alma, lo encontré y ya no lo soltaré”.
Termino dando gracias a Dios por la vida monástica, en mi caso concreto, por la Orden Cisterciense que me ha acogido y especialmente por esta Comunidad, que ha sido el instrumento del cual se ha servido el Señor para hacerme posible conseguir mis anhelos de encontrar la FELICIDAD, que es "comenzar a vivir ya en este mundo lo que vamos a vivir eternamente en el Cielo"
También quiero concluir diciendo a las jóvenes que me lean y se sientan llamadas por Dios a la vida consagrada, que no tengan miedo a seguir esa llamada, por que es lo más grade y maravilloso que puede ocurrirles.
miércoles, 21 de octubre de 2015
VEN Y SÍGUEME
«Queridos amigos, planteaos seriamente la pregunta sobre vuestra vocación, y estad dispuestos a responder al Señor que os llama a ocupar el lugar que tiene preparado para vosotros desde siempre».
Desde hace algunas décadas vemos con honda preocupación cómo el número de vocaciones tanto para el sacerdocio como para la vida consagrada viene disminuyendo. No pasa desapercibida la escasez de sacerdotes que existe para atender a las inmensas multitudes de fieles cristianos. De modo similar se puede hablar de los consagrados: muchos hijos e hijas de la Iglesia permanecen pastoralmente abandonados por falta de manos y recursos, mientras el secularismo predominante en la cultura va haciendo cada vez más difícil la respuesta a la vida cristiana y crece el influjo de sectas y "meras formas" de religiosidad. Ante esta desafiante realidad, que a todos los católicos debe preocuparnos hondamente, solemos escuchar que hay una falta o crisis de vocaciones. Pero, ¿ha dejado Dios de llamar a hombres y mujeres a la vida sacerdotal o consagrada?
¿CRISIS DE VOCACIONES, O CRISIS DE RESPUESTA?
Lo primero que hay que afirmar es que no hay falta de vocaciones. ¡Las vocaciones abundan! ¡Dios sigue llamando a muchos también hoy! El problema está en la ausencia de respuesta al llamado del Señor, y esto por diversas razones: sordera para escuchar la voz de Dios en un mundo que nos llena de bulla; cobardía cuando uno percibe que el Señor le pide "más entrega"; oposición y presión que desalienta y hace que muchos se echen atrás, ya sea por parte del ambiente en general, del círculo de "amigos" o incluso de los propios padres y familiares; inconsistencia en la vida espiritual e incoherencia en la vida cristiana.
También habría que preguntarnos si la falta de respuesta de los llamados se debe al pobre testimonio de vida cristiana que muchas veces damos los católicos. ¿Ha dejado de ser la santidad de vida un ideal apelante y atractivo para los jóvenes de hoy por nuestra mediocridad e incoherencia entre lo que decimos creer y lo que mostramos muchas veces con nuestras obras, con nuestra conducta? Si fuéramos santos, hombres y mujeres formados en la fe y convencidos de que el Señor Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, si con el testimonio de una vida coherente supiéramos presentar a Cristo con toda la fuerza atractiva que emana de su Persona, ¡cuántas vocaciones veríamos florecer en la Iglesia hoy!
¿QUÉ ES LA VOCACIÓN?
La palabra "vocación" viene del latín "vocare", que significa "llamar". Así pues, al hablar de vocación en el vocabulario cristiano entendemos el llamado que Dios hace al ser humano, a cada uno de nosotros. Ya nuestra vida misma es una vocación: el "llamado" que Dios nos hace a salir de la nada para pasar a la existencia.
Hemos sido creados con la capacidad de entrar en diálogo y comunión de amor con Dios mismo. ¡A nosotros nos llama el Señor para participar de su misma vida y naturaleza divina! Es un llamado a «ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor.
Pero junto a este llamado o vocación universal hay otro llamado particular: a cada cual Dios lo llama a ocupar un lugar y a cumplir una misión específica en el mundo. Ante ese llamado «es deber irrenunciable de cada uno buscar y reconocer, día tras día, el camino por el que el Señor le sale personalmente al encuentro».
Dentro de esa vocación o llamado particular, la mayoría encuentra en la vida matrimonial su propio camino de santidad, mas otros están llamados a seguir al Señor Jesús "más de cerca", siguiendo su mismo estilo de vida mientras vivió con nosotros, renunciando a todo para entregar su vida al anuncio del Evangelio y al servicio evangelizador de los hermanos humanos, ya sea en el sacerdocio o la vida consagrada. A éstos, de una manera particular, va dirigido el llamado del Señor: «Ven y sígueme».
LA VOCACIÓN SACERDOTAL O CONSAGRADA
Por lo dicho se entiende que el llamado no es ninguna novedad. Es una realidad tan antigua como la existencia misma del hombre, una realidad que también hoy se da: Dios sigue llamando hoy.
En el Antiguo Testamento vemos cómo Dios fue escogiendo a algunos hombres o mujeres para tareas concretas y específicas, para llevar a cabo su designio reconciliador. Descubrimos cómo a quienes Dios elige para una misión muy concreta, los forma ya desde el seno materno . Por eso podemos afirmar que la vocación es como un sello que está grabado en el elegido desde el momento mismo de su concepción, un sello imborrable . Porque está "hecho para eso", todo su ser se lo reclama, aunque sólo con el tiempo y los signos que Dios le envía podrá interpretar correctamente ese "reclamo interior de su ser". Dios, cuando permite al elegido percibir el llamado, sale al encuentro de esa estructura interior, corresponde a aquello para lo que el elegido "está hecho" desde su concepción, para lo que ha nacido.
En el Nuevo Testamento es el Señor Jesús, Dios hecho hombre, quien elige e invita a algunos con un tan escueto como radical: «Ven y sígueme» . De ese modo asocia a quienes llama a su misma misión reconciliadora y evangelizadora.
Quienes escucharon aquel llamado experimentaron sus exigencias: dejarlo todo por el Señor. Quienes supieron responder con prontitud, generosidad y fidelidad, recibieron por parte del Señor una promesa: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente. y en el mundo venidero, vida eterna».
Otros, como el "joven rico" o Judas Iscariote, prefirieron aferrarse a sus riquezas o a sus propios planes, negando o traicionando con el tiempo su propio llamado. El fruto amargo que experimentaron fue la honda tristeza y frustración de no responder a lo que el propio corazón reclama. A ello se suma, en el caso de Judas, el iniciar un camino de autonegación que lleva finalmente a la propia destrucción y aniquilamiento. Como vemos, aunque hoy parece haberse agudizado, la crisis de respuesta tampoco es novedad.
EL LLAMADO FUENTE DE BENDICIONES
A diferencia de lo que algunos piensan, la vocación a la vida sacerdotal o consagrada no es una mala noticia, ni para el elegido o elegida, ni para su familia. ¡Todo lo contrario! El llamado que Dios hace a un hijo o hija es fuente de bendiciones para toda la familia y signo de un amor de predilección para el llamado: «con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para ti».
De la respuesta fiel y valiente al llamado del Señor depende la realización de la persona. Es importante que quien percibe o intuye la invitación del Señor entienda que Dios no es enemigo de su felicidad porque el camino que le señala "se opone a sus planes para ser feliz". ¡Todo lo contrario! Porque te ama, porque te conoce mejor que tú, porque es infinitamente sabio, Dios te muestra el camino que has de seguir para alcanzar tu verdadera felicidad, respondiendo a aquello para lo que estás hecho. Al mismo tiempo, ten en cuenta que la felicidad de muchas personas -empezando por tus propios padres, aunque a veces puede parecer lo contrario- depende de tu sí generoso y de tu fidelidad a llamado del Señor.
LA RESPONSABILIDAD ES DE TODOS
Es importante ser consciente que el presente asunto atañe a todos los hijos de la Iglesia. ¿No queremos un mundo mejor? ¿Cómo vamos a contribuir al cambio del mundo si no somos santos, y si los que son llamados por Dios no responden a su propia vocación y misión? Por eso nadie puede sentirse excluido de la responsabilidad de cooperar de alguna manera, trabajando o apoyando directa o indirectamente al florecimiento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.
Y como "la caridad empieza por casa", son los padres los primeros que deben rezar por la vocación de sus hijos, así como enseñarles a que en esta vida no sólo el matrimonio es un camino válido, sino que también lo son el sacerdocio o la vida consagrada. Los padres, con mucha apertura a la acción divina y espíritu de sacrificio en no pocos casos, son los primeros que han de alentar y apoyar a sus hijos a seguir las inspiraciones divinas en el momento en que alguno de ellos perciba o manifieste alguna inquietud vocacional. De ese modo, las familias cristianas están llamadas a ser hoy verdaderos semilleros de vocaciones.
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
Vocaciones en el Antiguo Testamento: Moisés: Éx 4,10-12; Samuel: 1Sam 3,10; Isaías: Is 6,4ss; Jeremías: Jer 1,5-8.
La vocación es fruto de un amor de predilección de Dios: Jer 31,3; es como un fuego inextinguible: ver Jer 20,9.
Vocaciones en el Nuevo Testamento: María, ejemplo de una respuesta pronta y valiente a su vocación: Lc 1,38; vocación y respuesta de algunos apóstoles: Mt 4,18-22; Mateo: Mt 9,9; Juan y Andrés: Jn 1,35-42; Pedro: Lc 5,8.
Exigencias de la vocación: Lc 9,57-62; promesa del Señor a quien responde a su vocación: Mc 10,29-30.
El triste ejemplo de un joven que rechaza el llamado del Señor: Mc 10,17-22.
Desde hace algunas décadas vemos con honda preocupación cómo el número de vocaciones tanto para el sacerdocio como para la vida consagrada viene disminuyendo. No pasa desapercibida la escasez de sacerdotes que existe para atender a las inmensas multitudes de fieles cristianos. De modo similar se puede hablar de los consagrados: muchos hijos e hijas de la Iglesia permanecen pastoralmente abandonados por falta de manos y recursos, mientras el secularismo predominante en la cultura va haciendo cada vez más difícil la respuesta a la vida cristiana y crece el influjo de sectas y "meras formas" de religiosidad. Ante esta desafiante realidad, que a todos los católicos debe preocuparnos hondamente, solemos escuchar que hay una falta o crisis de vocaciones. Pero, ¿ha dejado Dios de llamar a hombres y mujeres a la vida sacerdotal o consagrada?
¿CRISIS DE VOCACIONES, O CRISIS DE RESPUESTA?
Lo primero que hay que afirmar es que no hay falta de vocaciones. ¡Las vocaciones abundan! ¡Dios sigue llamando a muchos también hoy! El problema está en la ausencia de respuesta al llamado del Señor, y esto por diversas razones: sordera para escuchar la voz de Dios en un mundo que nos llena de bulla; cobardía cuando uno percibe que el Señor le pide "más entrega"; oposición y presión que desalienta y hace que muchos se echen atrás, ya sea por parte del ambiente en general, del círculo de "amigos" o incluso de los propios padres y familiares; inconsistencia en la vida espiritual e incoherencia en la vida cristiana.
También habría que preguntarnos si la falta de respuesta de los llamados se debe al pobre testimonio de vida cristiana que muchas veces damos los católicos. ¿Ha dejado de ser la santidad de vida un ideal apelante y atractivo para los jóvenes de hoy por nuestra mediocridad e incoherencia entre lo que decimos creer y lo que mostramos muchas veces con nuestras obras, con nuestra conducta? Si fuéramos santos, hombres y mujeres formados en la fe y convencidos de que el Señor Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, si con el testimonio de una vida coherente supiéramos presentar a Cristo con toda la fuerza atractiva que emana de su Persona, ¡cuántas vocaciones veríamos florecer en la Iglesia hoy!
¿QUÉ ES LA VOCACIÓN?
La palabra "vocación" viene del latín "vocare", que significa "llamar". Así pues, al hablar de vocación en el vocabulario cristiano entendemos el llamado que Dios hace al ser humano, a cada uno de nosotros. Ya nuestra vida misma es una vocación: el "llamado" que Dios nos hace a salir de la nada para pasar a la existencia.
Hemos sido creados con la capacidad de entrar en diálogo y comunión de amor con Dios mismo. ¡A nosotros nos llama el Señor para participar de su misma vida y naturaleza divina! Es un llamado a «ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor.
Pero junto a este llamado o vocación universal hay otro llamado particular: a cada cual Dios lo llama a ocupar un lugar y a cumplir una misión específica en el mundo. Ante ese llamado «es deber irrenunciable de cada uno buscar y reconocer, día tras día, el camino por el que el Señor le sale personalmente al encuentro».
Dentro de esa vocación o llamado particular, la mayoría encuentra en la vida matrimonial su propio camino de santidad, mas otros están llamados a seguir al Señor Jesús "más de cerca", siguiendo su mismo estilo de vida mientras vivió con nosotros, renunciando a todo para entregar su vida al anuncio del Evangelio y al servicio evangelizador de los hermanos humanos, ya sea en el sacerdocio o la vida consagrada. A éstos, de una manera particular, va dirigido el llamado del Señor: «Ven y sígueme».
LA VOCACIÓN SACERDOTAL O CONSAGRADA
Por lo dicho se entiende que el llamado no es ninguna novedad. Es una realidad tan antigua como la existencia misma del hombre, una realidad que también hoy se da: Dios sigue llamando hoy.
En el Antiguo Testamento vemos cómo Dios fue escogiendo a algunos hombres o mujeres para tareas concretas y específicas, para llevar a cabo su designio reconciliador. Descubrimos cómo a quienes Dios elige para una misión muy concreta, los forma ya desde el seno materno . Por eso podemos afirmar que la vocación es como un sello que está grabado en el elegido desde el momento mismo de su concepción, un sello imborrable . Porque está "hecho para eso", todo su ser se lo reclama, aunque sólo con el tiempo y los signos que Dios le envía podrá interpretar correctamente ese "reclamo interior de su ser". Dios, cuando permite al elegido percibir el llamado, sale al encuentro de esa estructura interior, corresponde a aquello para lo que el elegido "está hecho" desde su concepción, para lo que ha nacido.
En el Nuevo Testamento es el Señor Jesús, Dios hecho hombre, quien elige e invita a algunos con un tan escueto como radical: «Ven y sígueme» . De ese modo asocia a quienes llama a su misma misión reconciliadora y evangelizadora.
Quienes escucharon aquel llamado experimentaron sus exigencias: dejarlo todo por el Señor. Quienes supieron responder con prontitud, generosidad y fidelidad, recibieron por parte del Señor una promesa: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente. y en el mundo venidero, vida eterna».
Otros, como el "joven rico" o Judas Iscariote, prefirieron aferrarse a sus riquezas o a sus propios planes, negando o traicionando con el tiempo su propio llamado. El fruto amargo que experimentaron fue la honda tristeza y frustración de no responder a lo que el propio corazón reclama. A ello se suma, en el caso de Judas, el iniciar un camino de autonegación que lleva finalmente a la propia destrucción y aniquilamiento. Como vemos, aunque hoy parece haberse agudizado, la crisis de respuesta tampoco es novedad.
EL LLAMADO FUENTE DE BENDICIONES
A diferencia de lo que algunos piensan, la vocación a la vida sacerdotal o consagrada no es una mala noticia, ni para el elegido o elegida, ni para su familia. ¡Todo lo contrario! El llamado que Dios hace a un hijo o hija es fuente de bendiciones para toda la familia y signo de un amor de predilección para el llamado: «con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para ti».
De la respuesta fiel y valiente al llamado del Señor depende la realización de la persona. Es importante que quien percibe o intuye la invitación del Señor entienda que Dios no es enemigo de su felicidad porque el camino que le señala "se opone a sus planes para ser feliz". ¡Todo lo contrario! Porque te ama, porque te conoce mejor que tú, porque es infinitamente sabio, Dios te muestra el camino que has de seguir para alcanzar tu verdadera felicidad, respondiendo a aquello para lo que estás hecho. Al mismo tiempo, ten en cuenta que la felicidad de muchas personas -empezando por tus propios padres, aunque a veces puede parecer lo contrario- depende de tu sí generoso y de tu fidelidad a llamado del Señor.
LA RESPONSABILIDAD ES DE TODOS
Es importante ser consciente que el presente asunto atañe a todos los hijos de la Iglesia. ¿No queremos un mundo mejor? ¿Cómo vamos a contribuir al cambio del mundo si no somos santos, y si los que son llamados por Dios no responden a su propia vocación y misión? Por eso nadie puede sentirse excluido de la responsabilidad de cooperar de alguna manera, trabajando o apoyando directa o indirectamente al florecimiento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.
Y como "la caridad empieza por casa", son los padres los primeros que deben rezar por la vocación de sus hijos, así como enseñarles a que en esta vida no sólo el matrimonio es un camino válido, sino que también lo son el sacerdocio o la vida consagrada. Los padres, con mucha apertura a la acción divina y espíritu de sacrificio en no pocos casos, son los primeros que han de alentar y apoyar a sus hijos a seguir las inspiraciones divinas en el momento en que alguno de ellos perciba o manifieste alguna inquietud vocacional. De ese modo, las familias cristianas están llamadas a ser hoy verdaderos semilleros de vocaciones.
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
Vocaciones en el Antiguo Testamento: Moisés: Éx 4,10-12; Samuel: 1Sam 3,10; Isaías: Is 6,4ss; Jeremías: Jer 1,5-8.
La vocación es fruto de un amor de predilección de Dios: Jer 31,3; es como un fuego inextinguible: ver Jer 20,9.
Vocaciones en el Nuevo Testamento: María, ejemplo de una respuesta pronta y valiente a su vocación: Lc 1,38; vocación y respuesta de algunos apóstoles: Mt 4,18-22; Mateo: Mt 9,9; Juan y Andrés: Jn 1,35-42; Pedro: Lc 5,8.
Exigencias de la vocación: Lc 9,57-62; promesa del Señor a quien responde a su vocación: Mc 10,29-30.
El triste ejemplo de un joven que rechaza el llamado del Señor: Mc 10,17-22.
sábado, 17 de octubre de 2015
«YO OS HE ELEGIDO A VOSOTROS...»
SOMOS LLAMADOS POR DIOS A LA SANTIDAD
En muchas ocasiones Dios se dirige a los hombres llamándolos, eligiéndolos para una misión. En el Antiguo Testamento encontramos ejemplos conocidos como la vocación del profeta Jeremías: «Antes de formarte en el seno materno, te conocí, y antes que salieras del seno te santifiqué; para profeta entre las naciones te he constituido»[2] y también de Isaías, quien relata el diálogo que tuvo con el Señor: «Yo oí la voz del Señor que decía: "¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?". Yo respondí: "¡Aquí estoy: envíame!". "Ve, me dijo"»[3].
De la misma manera en el Nuevo Testamento, es particularmente ilustrativo el llamado de los primeros apóstoles, Andrés y Santiago, muy jóvenes por cierto, quienes eran discípulos de Juan Bautista. Al reconocer el «Cordero de Dios» siguen a Jesús, y luego Él les pregunta «¿Qué buscáis?»[4], en una pedagogía divina que muestra a cada hombre sus profundos anhelos.
Como muchos jóvenes, estos apóstoles tenían preguntas y buscaron ansiosamente sus respuestas. Es así que le preguntan: «Rabí -que quiere decir, "Maestro"- ¿dónde vives?»[5]. Y Jesús los invita a ver con sus propios ojos, a tener la experiencia de encuentro con Él: «Venid y lo veréis»[6]. La experiencia fue tan intensa que se quedaron con Él el resto del día. Y el encuentro no sólo queda allí, sino que Andrés comienza a hacer apostolado, compartiendo con su hermano, Simón Pedro, su gran alegría: «Hemos encontrado al Mesías»[7], llevándolo donde Jesús.
Sabemos que Dios «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad»[8]. Por ello, comprendemos que todos los hombres son llamados a la santidad. Ser santo «es vivir cada vez más intensamente la vida de Jesús, andar cada vez más profundamente enraizados en el estilo de vida del Señor»[9]. Es un llamado a ser felices y plenos, y por ello, junto al llamado universal a la santidad, también descubrimos que cada uno tiene un llamado particular, que se concreta en la vocación específica a la que Dios nos invita.
Haber sido elegidos por el Señor no es otra cosa que tener un camino personal, único, de realización, felicidad y santidad. Es Dios Amor, que nos creó por amor, quien conoce nuestro corazón y nos dará su gracia permanente y abundante para que respondamos al llamado que nos hace.
RECONOCERNOS LLAMADOS POR AMOR
¡Qué desagradable sensación es la de no poder encontrar a alguien cuando lo vamos a buscar, de tener un silencio como respuesta al pedir un favor a otro, o quizá no encontrar algo que me pertenece, que le tengo mucho aprecio, pero que lo he perdido!
Es que toda búsqueda requiere una respuesta. Es como la cerradura que sólo tiene una llave con la cual ser abierta. No se abre con cualquier llave, sólo con la apropiada. Y aunque se pudiese forzar y abrir, quedaría inutilizada, destruida. Del mismo modo, el llamado requiere una respuesta determinada.
El Señor nos llama a vivir junto a Él una vida plena, entregada y llena de sentido. Pero a veces no nos damos cuenta de esa llamada. Aquí los ejemplos bíblicos como el joven rico, que no quiso seguir a Jesús porque tenía muchas riquezas, resuenan en nuestro corazón[11].
¡Cuántas veces Dios nos llama, y terminamos repitiendo con nuestras vidas las palabras del poeta: «Mañana le abriremos -respondía-, para lo mismo responder mañana»![12].
Pero la llamada de Dios es insistente y toca a la puerta de nuestro corazón. Si alguno oye la voz del Señor, no importando cuándo o cómo está, y abre la puerta, «entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo»[13], nos dice el Señor.
Él no mira sólo nuestras limitaciones y pecados. Jesús conoce al hombre más de lo que el hombre es capaz de conocerse, y por ser Hombre verdadero, nos puede revelar el misterio de nuestra humanidad[14].
Esa es nuestra primera tarea, salir al encuentro de quien nos llama con amor. Esa es nuestra misión, recibir la Palabra, acogerla, anunciarla, permitiendo que su luz se transparente en nuestra vida diaria a través de nuestras buenas obras: «Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos»[15]. Debemos ser testimonio de vida cristiana en todo el mundo, en toda circunstancia, siendo coherentes con el «Camino, la Verdad y la Vida»[16] que nos propone el Señor Jesús.
LA RESPUESTA
El primer paso para responder al llamado de Dios, a la elección gratuita que Él nos hace para seguirlo, es escuchar su voz. A veces es fuerte y clara, como cuando algún acontecimiento en nuestra vida nos hace cambiar de rumbo. Otras veces es un susurro, siempre ahí, respetando en todo momento nuestra libertad. Nos llama a seguirlo, a entregar todo por Él, a amarlo y a amar a los demás, sirviendo a un mundo que tanto necesita de hombres y mujeres santos.
La oración, el diálogo con muchos hermanos nuestros, el apostolado y la caridad, la lectura, la reflexión, los momentos fuertes como son los retiros espirituales, la participación activa en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía y la Reconciliación, el amor filial a María expresado en el rezo del Rosario y en otras oraciones, son medios que Dios nos regala para ir escuchando su llamado a la santidad y poco a poco, ir caminando en ese sendero que es de realización para todos nosotros.
«La medida de la grandeza de tu vida es la medida de la causa a la que sirves» reza un lema muy antiguo de nuestra familia espiritual. Y es que todos tenemos en el corazón el anhelo de amar, servir, ser felices, a plenitud, al máximo. Todos los hombres tienen esa semilla de eternidad en su corazón.
Sólo la causa más grande, la de seguir al Señor Jesús, es la que puede llenar nuestro corazón. Sólo sirviendo al Señor y para ello, reconociéndonos escogidos personalmente por Él, seremos felices, aquí en la tierra y, colaborando con su gracia, en el cielo.
No somos privilegiados por responder al Señor. Tenemos más bien, la obligación, no como carga pesada, sino como hermoso sendero, de vivir fielmente a lo que Dios nos llama, y por su gracia, responder.
Aún hay muchos hombres y mujeres en el mundo que buscan respuestas sin encontrarlas. Son llamados por el Señor, llamados a una vocación de santidad, de servicio, de amor y de apostolado, pero aún no encuentran el camino. Es tarea de nosotros la oración, el apostolado y la colaboración con la acción de Dios en este mundo.
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
Es Dios quien nos llama: Ap 3,20
El llamado de los apóstoles: Jn 1,35-42; Mc 3,13-15; Lc 6,13-16; Mt 9,9
El apostolado nace del encuentro con el Señor: Jn 1,40-42; Jn 4,25-29
Somos invitados a brillar con la Luz del Señor: Mt 5, 16
Vocaciones en el Antiguo Testamento: Ex 4,10-12; 1Sam 3,10; Is 6,4ss; Jer 1,5-8
La infidelidad al llamado: Mc 10,17-22
Santa María, Modelo de respuesta al llamado de Dios: Lc 1,38
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
¿Eres consciente de la invitación que Dios te hace a ser santo? ¿Qué implica en tu vida, tomar en serio el llamado a la santidad?
¿Cómo evalúas tu respuesta al Amor de Dios que constantemente toca en tu corazón? ¿Eres indiferente a Su Amor, o por el contrario le permites entrar en tu vida?
«La medida de la grandeza de tu vida es la medida de la causa a la que sirves». ¿Cómo buscas vivir esta frase?
¿Estás avanzando en tu camino de santidad? ¿De qué falta despojarte y sobre todo, de qué tienes que revestirte para conformarte más al Señor Jesús?
En muchas ocasiones Dios se dirige a los hombres llamándolos, eligiéndolos para una misión. En el Antiguo Testamento encontramos ejemplos conocidos como la vocación del profeta Jeremías: «Antes de formarte en el seno materno, te conocí, y antes que salieras del seno te santifiqué; para profeta entre las naciones te he constituido»[2] y también de Isaías, quien relata el diálogo que tuvo con el Señor: «Yo oí la voz del Señor que decía: "¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?". Yo respondí: "¡Aquí estoy: envíame!". "Ve, me dijo"»[3].
De la misma manera en el Nuevo Testamento, es particularmente ilustrativo el llamado de los primeros apóstoles, Andrés y Santiago, muy jóvenes por cierto, quienes eran discípulos de Juan Bautista. Al reconocer el «Cordero de Dios» siguen a Jesús, y luego Él les pregunta «¿Qué buscáis?»[4], en una pedagogía divina que muestra a cada hombre sus profundos anhelos.
Como muchos jóvenes, estos apóstoles tenían preguntas y buscaron ansiosamente sus respuestas. Es así que le preguntan: «Rabí -que quiere decir, "Maestro"- ¿dónde vives?»[5]. Y Jesús los invita a ver con sus propios ojos, a tener la experiencia de encuentro con Él: «Venid y lo veréis»[6]. La experiencia fue tan intensa que se quedaron con Él el resto del día. Y el encuentro no sólo queda allí, sino que Andrés comienza a hacer apostolado, compartiendo con su hermano, Simón Pedro, su gran alegría: «Hemos encontrado al Mesías»[7], llevándolo donde Jesús.
Sabemos que Dios «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad»[8]. Por ello, comprendemos que todos los hombres son llamados a la santidad. Ser santo «es vivir cada vez más intensamente la vida de Jesús, andar cada vez más profundamente enraizados en el estilo de vida del Señor»[9]. Es un llamado a ser felices y plenos, y por ello, junto al llamado universal a la santidad, también descubrimos que cada uno tiene un llamado particular, que se concreta en la vocación específica a la que Dios nos invita.
Haber sido elegidos por el Señor no es otra cosa que tener un camino personal, único, de realización, felicidad y santidad. Es Dios Amor, que nos creó por amor, quien conoce nuestro corazón y nos dará su gracia permanente y abundante para que respondamos al llamado que nos hace.
RECONOCERNOS LLAMADOS POR AMOR
¡Qué desagradable sensación es la de no poder encontrar a alguien cuando lo vamos a buscar, de tener un silencio como respuesta al pedir un favor a otro, o quizá no encontrar algo que me pertenece, que le tengo mucho aprecio, pero que lo he perdido!
Es que toda búsqueda requiere una respuesta. Es como la cerradura que sólo tiene una llave con la cual ser abierta. No se abre con cualquier llave, sólo con la apropiada. Y aunque se pudiese forzar y abrir, quedaría inutilizada, destruida. Del mismo modo, el llamado requiere una respuesta determinada.
El Señor nos llama a vivir junto a Él una vida plena, entregada y llena de sentido. Pero a veces no nos damos cuenta de esa llamada. Aquí los ejemplos bíblicos como el joven rico, que no quiso seguir a Jesús porque tenía muchas riquezas, resuenan en nuestro corazón[11].
¡Cuántas veces Dios nos llama, y terminamos repitiendo con nuestras vidas las palabras del poeta: «Mañana le abriremos -respondía-, para lo mismo responder mañana»![12].
Pero la llamada de Dios es insistente y toca a la puerta de nuestro corazón. Si alguno oye la voz del Señor, no importando cuándo o cómo está, y abre la puerta, «entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo»[13], nos dice el Señor.
Él no mira sólo nuestras limitaciones y pecados. Jesús conoce al hombre más de lo que el hombre es capaz de conocerse, y por ser Hombre verdadero, nos puede revelar el misterio de nuestra humanidad[14].
Esa es nuestra primera tarea, salir al encuentro de quien nos llama con amor. Esa es nuestra misión, recibir la Palabra, acogerla, anunciarla, permitiendo que su luz se transparente en nuestra vida diaria a través de nuestras buenas obras: «Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos»[15]. Debemos ser testimonio de vida cristiana en todo el mundo, en toda circunstancia, siendo coherentes con el «Camino, la Verdad y la Vida»[16] que nos propone el Señor Jesús.
LA RESPUESTA
El primer paso para responder al llamado de Dios, a la elección gratuita que Él nos hace para seguirlo, es escuchar su voz. A veces es fuerte y clara, como cuando algún acontecimiento en nuestra vida nos hace cambiar de rumbo. Otras veces es un susurro, siempre ahí, respetando en todo momento nuestra libertad. Nos llama a seguirlo, a entregar todo por Él, a amarlo y a amar a los demás, sirviendo a un mundo que tanto necesita de hombres y mujeres santos.
La oración, el diálogo con muchos hermanos nuestros, el apostolado y la caridad, la lectura, la reflexión, los momentos fuertes como son los retiros espirituales, la participación activa en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía y la Reconciliación, el amor filial a María expresado en el rezo del Rosario y en otras oraciones, son medios que Dios nos regala para ir escuchando su llamado a la santidad y poco a poco, ir caminando en ese sendero que es de realización para todos nosotros.
«La medida de la grandeza de tu vida es la medida de la causa a la que sirves» reza un lema muy antiguo de nuestra familia espiritual. Y es que todos tenemos en el corazón el anhelo de amar, servir, ser felices, a plenitud, al máximo. Todos los hombres tienen esa semilla de eternidad en su corazón.
Sólo la causa más grande, la de seguir al Señor Jesús, es la que puede llenar nuestro corazón. Sólo sirviendo al Señor y para ello, reconociéndonos escogidos personalmente por Él, seremos felices, aquí en la tierra y, colaborando con su gracia, en el cielo.
No somos privilegiados por responder al Señor. Tenemos más bien, la obligación, no como carga pesada, sino como hermoso sendero, de vivir fielmente a lo que Dios nos llama, y por su gracia, responder.
Aún hay muchos hombres y mujeres en el mundo que buscan respuestas sin encontrarlas. Son llamados por el Señor, llamados a una vocación de santidad, de servicio, de amor y de apostolado, pero aún no encuentran el camino. Es tarea de nosotros la oración, el apostolado y la colaboración con la acción de Dios en este mundo.
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
Es Dios quien nos llama: Ap 3,20
El llamado de los apóstoles: Jn 1,35-42; Mc 3,13-15; Lc 6,13-16; Mt 9,9
El apostolado nace del encuentro con el Señor: Jn 1,40-42; Jn 4,25-29
Somos invitados a brillar con la Luz del Señor: Mt 5, 16
Vocaciones en el Antiguo Testamento: Ex 4,10-12; 1Sam 3,10; Is 6,4ss; Jer 1,5-8
La infidelidad al llamado: Mc 10,17-22
Santa María, Modelo de respuesta al llamado de Dios: Lc 1,38
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
¿Eres consciente de la invitación que Dios te hace a ser santo? ¿Qué implica en tu vida, tomar en serio el llamado a la santidad?
¿Cómo evalúas tu respuesta al Amor de Dios que constantemente toca en tu corazón? ¿Eres indiferente a Su Amor, o por el contrario le permites entrar en tu vida?
«La medida de la grandeza de tu vida es la medida de la causa a la que sirves». ¿Cómo buscas vivir esta frase?
¿Estás avanzando en tu camino de santidad? ¿De qué falta despojarte y sobre todo, de qué tienes que revestirte para conformarte más al Señor Jesús?
jueves, 10 de septiembre de 2015
¡Monja, yo ... ! ¿por qué no?
Quizás alguna vez alguien te ha dicho que tú tienes las cualidades para ser monja o quizás tú misma te has planteado de vivir con mayor exigencia tu vida cristiana. Hay a quienes les espanta la idea de responder a la llamada que sienten en su interior, ya sea porque tienen prejuicios contra la vida religiosa, ya porque piensa en el qué dirán su familia, sus amigos y conocidos. Otros en cambio no saben qué es ser monja, y monja de clausura, como lo somos nosotras, o si existen otras formas de consagración, porque no han escuchado hablar del tema. Puede que suceda que te sientes llamada a dar tu vida entera no en el matrimonio sino en un camino que es para quienes Él quiere que le sirvan, como es la vocación.
La vocación para la vida religiosa o sacerdotal, no es para todos. ÉL llama a quien quiere para una misión concreta, para bien de la misma persona y para todos los hombres. La vocación no es egoísta ni sofocante para quien lo tiene, sino que es libertad y donación, entrega al Amor sin límites. Dios actúa por nuestro medio para que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad, por eso llama siempre a hombres y mujeres a vivir de una manera comprometida la misma vida que su Hijo vivió en la tierra entre nosotros. La vocación, por tanto es servicio y gratitud.
E l que se siente llamado a seguir a Cristo en la vida consagrada y sacerdotal, ha de saber que es Dios quien le está llamando y para Él nada hay imposible. Te asistirá con su gracia en cada instante de tu vida, no te dejará solo. Confía en él y no tengas miedo en responder a su invitación. Entrégate como Jesús lo hizo por ti y por mí, y descubre la realidad de la felicidad: « Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé» (Jn 15,9- 13)
La vocación para la vida religiosa o sacerdotal, no es para todos. ÉL llama a quien quiere para una misión concreta, para bien de la misma persona y para todos los hombres. La vocación no es egoísta ni sofocante para quien lo tiene, sino que es libertad y donación, entrega al Amor sin límites. Dios actúa por nuestro medio para que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad, por eso llama siempre a hombres y mujeres a vivir de una manera comprometida la misma vida que su Hijo vivió en la tierra entre nosotros. La vocación, por tanto es servicio y gratitud.
E l que se siente llamado a seguir a Cristo en la vida consagrada y sacerdotal, ha de saber que es Dios quien le está llamando y para Él nada hay imposible. Te asistirá con su gracia en cada instante de tu vida, no te dejará solo. Confía en él y no tengas miedo en responder a su invitación. Entrégate como Jesús lo hizo por ti y por mí, y descubre la realidad de la felicidad: « Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé» (Jn 15,9- 13)
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miércoles, 9 de septiembre de 2015
Bodas de oro de Sor Mª José
Ayer una de nuestras hermanas celebraba los 50 Años de los votos simples y lo celebramos en comunidad, en un ambiente festivo, alegre y fraterno.
Os dejo unas fotos...
Os dejo unas fotos...
Hace 50 años...
Ahora (es la que esta mas cerca, la mas bajita)
La iglesia engalanada para la ocasión
El refectorio (comedor) vestido de fiesta
Endulzando el dia
Hermana que sigas siendo la luz de la fidelidad y nos alumbres a todas con tu Paz y tu Alegría
También vimos la película "De dioses y hombres" sobre el martirio de unos monjes
El sábado 19 la familia de Sor Mª José vendrá a celebrarlo con nosotras en una misa de acción de gracias y donde renovara sus promesas.
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sábado, 5 de septiembre de 2015
Vocación de monja: ¿Cómo cultivar la posible vocación?
Lo importante es tu entrega diaria al Señor, tu confianza en Él, el deseo del seguimiento de Cristo -no crea un club de fans ni de admiradores, sino de seguidores-, el ir siendo fiel a lo que vas viendo, el escuchar, leer su palabra, el acudir a los sacramentos del perdón y de la Eucaristía donde él sale a nuestro encuentro. Es también un camino de amor, como un noviazgo, en el que te encontrarás feliz y harás feliz a los que te rodean. Que no te pierdas con las mil ofertas del mundo y menos con las ofertas que se te presenten de vida superficial o de pecado. El apóstol S. Pablo dice que en las cosas de Dios hay que andar con temor y temblor. Lo que ya sientes merece este cuidado y atención.
Cuando es Dios el que llama, lo hace de forma personal porque nadie puede responder por nosotros; y si la respuesta es afirmativa siempre surge algo nuevo y maravilloso en nuestra vida porque se llena de nuevas posibilidades. Es una llamada que va enlazada a una misión, a un servicio a la humanidad.
Para cultivar tu vocación necesitas oración, silencio, reflexión, de otra forma no se desarrollará. Coge la palabra de Dios, los evangelios o las cartas de S. Pablo… y leyendo una y otra vez escúchalas como Palabra de Dios dicha para ti. La Palabra de Dios hay que oírla desde la interioridad. Tu has sido amada por Dios hasta el extremo.
Hacerte monja es una decisión que va madurando en tu trato con Dios. Eso si, que en ti haya siempre disponibilidad para lo que Dios quiera.
Para tu propia reflexión puedes responder a esto:
¿cómo me encuentro yo en este momento de mi vida?, ¿cuál es mi relación con Dios?, ¿cómo le dejo que construya mi vida? ¿qué es lo que me mueve por dentro?
martes, 25 de agosto de 2015
Atencióóóóón!!!!
Dios te lo pone todo en las manos... ¿Que vas a hacer?
Lo que hagas que sea bueno y... LUCHA como si sólo dependiera de ti pero...REZA omo si solo dependiera de DIOS
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domingo, 16 de agosto de 2015
Pequeño
Si no os haceis como niños no entrareis en el Reino de los Cielos. Mt 18,3
Así debemos de ser "pequeños" sencillos y tener esa felicidad que nos da ir por la vida con sencillez de corazón.
Ser como los niños que se fian de su madre y de su padre y fiarnos de nuestro Padre Dios que quiere el mejor regalo para nosotros y lo llama "vocación"
"vocación" no es ser cura o monja eeeeh es tambien casarse estudiar tal cosa...es tu modo de vida...y bien ¿ya sabes que quiere Tu Padre Dios para ti?
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viernes, 14 de agosto de 2015
Quien haya recibido el Don del matrimonio que se case
Evangelio de hoy:
Del santo Evangelio según san Mateo 19, 3-12
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo? Él les respondió: ¿No habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer, y dijo: "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne"? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Ellos insistieron: ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse? Él le contestó: Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer –no hablo de prostitución- y se casa con otra, comete adulterio. Los discípulos le replicaron: Si ésa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse. Pero Él les dijo: No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga.
Totalmente actual esta cuestión...pero a lo que voy: Si Dios no te pide ser consagrad@, que lo que te pide es casarte, cásate por Él, por tu vocación, por tu felicidad, la de tus hijos, marido/mujer...
¡¡¡Nosotros los cristianos valoremos la familia!!! Creémosla con el matrimonio y cuidémosla.
Ánimo
miércoles, 15 de julio de 2015
Del santo Evangelio según san Marcos
Mc,5 21 y siguientes.
En aquel tiempo, Jesús [...]. Le seguía un gran gentío que le oprimía. Entonces, una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré». Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?» Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"» Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad»
* * *
Muchas veces tenemos muchas cosas en la cabeza, queremos hacerlo TODO, BIEN y YA, y en estos casos puede que hasta nos moleste tener a médicos como Dios por medio.
Pero este Evangelio, entre otras muchas cosas, nos recuerda cómo en medio de todo tenemos que dejar a un lado "nuestras cosas" que a demás nos dificultan la vida y abrir un huequecito en nuestra agenda para, por lo menos tocarle el manto por detrás a Jesús.
Unos minutos para parar y donde Jesús nos pueda hablar.
En aquel tiempo, Jesús [...]. Le seguía un gran gentío que le oprimía. Entonces, una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré». Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?» Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"» Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad»
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Muchas veces tenemos muchas cosas en la cabeza, queremos hacerlo TODO, BIEN y YA, y en estos casos puede que hasta nos moleste tener a médicos como Dios por medio.
Pero este Evangelio, entre otras muchas cosas, nos recuerda cómo en medio de todo tenemos que dejar a un lado "nuestras cosas" que a demás nos dificultan la vida y abrir un huequecito en nuestra agenda para, por lo menos tocarle el manto por detrás a Jesús.
Unos minutos para parar y donde Jesús nos pueda hablar.
miércoles, 8 de julio de 2015
vocación del profeta Jeremias
Para reflexionar...
“(4) Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos:
(5) Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo te constituí profeta de las naciones
(6)Yo dije: “¡Ah, Señor Yahvé! Mira que soy un muchacho”.
(7) Y me dijo Yahvé: No digas “soy un muchacho”, pues a dondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás.
(8) No les tengas miedo, que contigo estoy para salvarte -oráculo de Yahvé-.
(9) Entonces alargó Yahvé su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahvé: Mira que he puesto mis palabras en tu boca.
(10) Desde hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos para extirpar y destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar”. (Jer 1, 4-10)
* * *
(5) Dios me llama hoy, pero ya me tenia elegid@...
No obstante tengo libertad para aceptar esa vocación o no.
(6) No importan mis pobrezas...
(7) Si Dios da la tarea da la fuerza.
(8) Por el Camino que Dios me propone es por el cual me salvare y en el que seré 100% FELIZ por raro que parezca al principio.
Ahora continua con tu oración personal
“(4) Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos:
(5) Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo te constituí profeta de las naciones
(6)Yo dije: “¡Ah, Señor Yahvé! Mira que soy un muchacho”.
(7) Y me dijo Yahvé: No digas “soy un muchacho”, pues a dondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás.
(8) No les tengas miedo, que contigo estoy para salvarte -oráculo de Yahvé-.
(9) Entonces alargó Yahvé su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahvé: Mira que he puesto mis palabras en tu boca.
(10) Desde hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos para extirpar y destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar”. (Jer 1, 4-10)
* * *
(5) Dios me llama hoy, pero ya me tenia elegid@...
No obstante tengo libertad para aceptar esa vocación o no.
(6) No importan mis pobrezas...
(7) Si Dios da la tarea da la fuerza.
(8) Por el Camino que Dios me propone es por el cual me salvare y en el que seré 100% FELIZ por raro que parezca al principio.
Ahora continua con tu oración personal
martes, 7 de julio de 2015
Discernimiento vocacional...¿Por dónde vas a empezar?
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miércoles, 24 de junio de 2015
¿Quiénes son las monjas Carmelitas?
Tenemos dos grandes grupos de monjas Carmelitas:
- Las monjas Carmelitas de la Antigua Observancia: Profesan la Regla de San Alberto y observan Constituciones propias idénticas para todos los monasterios. Ahora bien, la observancia y el espíritu varían de un monasterio a otro, en virtud de que son autónomos aunque estén federados para ayudarse en algunos asuntos. Lo más lógico es conocer a la Comunidad monástica en persona, ya que cada monasterio es un mundo. Su rama masculina son los frailes Carmelitas de la Antigua Observancia (o Calzados).
- Las monjas Carmelitas Descalzas: Profesan la Regla de San Alberto y Constituciones propias elaboradas por Santa Teresa de Jesús. Ahora bien, a raíz de la petición conciliar de renovación, la Santa Sede aprobó dos textos constitucionales (uno en 1990, y otro en 1991), que suponen dos interpretaciones del mismo carisma carmelitano descalzo. Tenemos entonces a monasterios que:
. observan las Constituciones de 1990 (entre ellos los fundados o renovados por Santa Maravilla de Jesús).
. observan las Constituciones de 1991 (que son los que guardan vínculo jurídico con la Orden de los Carmelitas Descalzos y su General). Hay que decir que aunque en dichos monasterios se observen estas Constituciones, cada monasterio autónomo es distinto a otro. En algunos de estos monasterios que observan las Constituciones de 1991 se han renovado el hábito religioso (dejando de utilizar el tradicional), han retirado las rejas del locutorio y del coro bajo (incluso en algunos las monjas se sientan en los bancos de la iglesia junto a los fieles), pueden salir de vez en cuando de la clausura, permiten a seglares entrar en la misma si es necesario etc. Pero estas actitudes no se dan en bloque en todos los monasterios. Los hay que siguen vistiendo el hábito tradicional, manteniendo costumbres antiquísimas, observando reja y clausura estricta, etc. De nuevo, lo mejor es conocer personalmente a la comunidad monástica.
- Las monjas Carmelitas de la Antigua Observancia: Profesan la Regla de San Alberto y observan Constituciones propias idénticas para todos los monasterios. Ahora bien, la observancia y el espíritu varían de un monasterio a otro, en virtud de que son autónomos aunque estén federados para ayudarse en algunos asuntos. Lo más lógico es conocer a la Comunidad monástica en persona, ya que cada monasterio es un mundo. Su rama masculina son los frailes Carmelitas de la Antigua Observancia (o Calzados).
- Las monjas Carmelitas Descalzas: Profesan la Regla de San Alberto y Constituciones propias elaboradas por Santa Teresa de Jesús. Ahora bien, a raíz de la petición conciliar de renovación, la Santa Sede aprobó dos textos constitucionales (uno en 1990, y otro en 1991), que suponen dos interpretaciones del mismo carisma carmelitano descalzo. Tenemos entonces a monasterios que:
. observan las Constituciones de 1990 (entre ellos los fundados o renovados por Santa Maravilla de Jesús).
. observan las Constituciones de 1991 (que son los que guardan vínculo jurídico con la Orden de los Carmelitas Descalzos y su General). Hay que decir que aunque en dichos monasterios se observen estas Constituciones, cada monasterio autónomo es distinto a otro. En algunos de estos monasterios que observan las Constituciones de 1991 se han renovado el hábito religioso (dejando de utilizar el tradicional), han retirado las rejas del locutorio y del coro bajo (incluso en algunos las monjas se sientan en los bancos de la iglesia junto a los fieles), pueden salir de vez en cuando de la clausura, permiten a seglares entrar en la misma si es necesario etc. Pero estas actitudes no se dan en bloque en todos los monasterios. Los hay que siguen vistiendo el hábito tradicional, manteniendo costumbres antiquísimas, observando reja y clausura estricta, etc. De nuevo, lo mejor es conocer personalmente a la comunidad monástica.
domingo, 31 de mayo de 2015
Solemnidad de la Santisima Trinidad
Enorme e inalcanzable misterio...
De las cartas de san Atanasio, obispo
Existe, pues, una Trinidad, santa y perfecta, de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo, que no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora y su actividad es única.
Así, en la Iglesia se predica un solo Dios, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Lo trasciende todo, en cuanto Padre, principio y fuente; lo penetra todo, por su Palabra; lo invade todo, en el Espíritu Santo.
El Padre es quien da, por mediación de aquel que es su Palabra, lo que el Espíritu distribuye a cada uno.
Hoy celebramos la jornada pro orantibus donde se reza por los monjes y monjas contemplativos que tanto rezan por el mundo...para que crezcan en santidad y en numero.
De las cartas de san Atanasio, obispo
Existe, pues, una Trinidad, santa y perfecta, de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo, que no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora y su actividad es única.
Así, en la Iglesia se predica un solo Dios, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Lo trasciende todo, en cuanto Padre, principio y fuente; lo penetra todo, por su Palabra; lo invade todo, en el Espíritu Santo.
El Padre es quien da, por mediación de aquel que es su Palabra, lo que el Espíritu distribuye a cada uno.
Hoy celebramos la jornada pro orantibus donde se reza por los monjes y monjas contemplativos que tanto rezan por el mundo...para que crezcan en santidad y en numero.
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