sábado, 17 de octubre de 2015

«YO OS HE ELEGIDO A VOSOTROS...»

SOMOS LLAMADOS POR DIOS A LA SANTIDAD

En muchas ocasiones Dios se dirige a los hombres llamándolos, eligiéndolos para una misión. En el Antiguo Testamento encontramos ejemplos conocidos como la vocación del profeta Jeremías: «Antes de formarte en el seno materno, te conocí, y antes que salieras del seno te santifiqué; para profeta entre las naciones te he constituido»[2] y también de Isaías, quien relata el diálogo que tuvo con el Señor: «Yo oí la voz del Señor que decía: "¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?". Yo respondí: "¡Aquí estoy: envíame!". "Ve, me dijo"»[3].

De la misma manera en el Nuevo Testamento, es particularmente ilustrativo el llamado de los primeros apóstoles, Andrés y Santiago, muy jóvenes por cierto, quienes eran discípulos de Juan Bautista. Al reconocer el «Cordero de Dios» siguen a Jesús, y luego Él les pregunta «¿Qué buscáis?»[4], en una pedagogía divina que muestra a cada hombre sus profundos anhelos.

Como muchos jóvenes, estos apóstoles tenían preguntas y buscaron ansiosamente sus respuestas. Es así que le preguntan: «Rabí -que quiere decir, "Maestro"- ¿dónde vives?»[5]. Y Jesús los invita a ver con sus propios ojos, a tener la experiencia de encuentro con Él: «Venid y lo veréis»[6]. La experiencia fue tan intensa que se quedaron con Él el resto del día. Y el encuentro no sólo queda allí, sino que Andrés comienza a hacer apostolado, compartiendo con su hermano, Simón Pedro, su gran alegría: «Hemos encontrado al Mesías»[7], llevándolo donde Jesús.

Sabemos que Dios «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad»[8]. Por ello, comprendemos que todos los hombres son llamados a la santidad. Ser santo «es vivir cada vez más intensamente la vida de Jesús, andar cada vez más profundamente enraizados en el estilo de vida del Señor»[9]. Es un llamado a ser felices y plenos, y por ello, junto al llamado universal a la santidad, también descubrimos que cada uno tiene un llamado particular, que se concreta en la vocación específica a la que Dios nos invita.

Haber sido elegidos por el Señor no es otra cosa que tener un camino personal, único, de realización, felicidad y santidad. Es Dios Amor, que nos creó por amor, quien conoce nuestro corazón y nos dará su gracia permanente y abundante para que respondamos al llamado que nos hace.

RECONOCERNOS LLAMADOS POR AMOR

¡Qué desagradable sensación es la de no poder encontrar a alguien cuando lo vamos a buscar, de tener un silencio como respuesta al pedir un favor a otro, o quizá no encontrar algo que me pertenece, que le tengo mucho aprecio, pero que lo he perdido!

Es que toda búsqueda requiere una respuesta. Es como la cerradura que sólo tiene una llave con la cual ser abierta. No se abre con cualquier llave, sólo con la apropiada. Y aunque se pudiese forzar y abrir, quedaría inutilizada, destruida. Del mismo modo, el llamado requiere una respuesta determinada.

El Señor nos llama a vivir junto a Él una vida plena, entregada y llena de sentido. Pero a veces no nos damos cuenta de esa llamada. Aquí los ejemplos bíblicos como el joven rico, que no quiso seguir a Jesús porque tenía muchas riquezas, resuenan en nuestro corazón[11].

¡Cuántas veces Dios nos llama, y terminamos repitiendo con nuestras vidas las palabras del poeta: «Mañana le abriremos -respondía-, para lo mismo responder mañana»![12].

Pero la llamada de Dios es insistente y toca a la puerta de nuestro corazón. Si alguno oye la voz del Señor, no importando cuándo o cómo está, y abre la puerta, «entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo»[13], nos dice el Señor.

Él no mira sólo nuestras limitaciones y pecados. Jesús conoce al hombre más de lo que el hombre es capaz de conocerse, y por ser Hombre verdadero, nos puede revelar el misterio de nuestra humanidad[14].

Esa es nuestra primera tarea, salir al encuentro de quien nos llama con amor. Esa es nuestra misión, recibir la Palabra, acogerla, anunciarla, permitiendo que su luz se transparente en nuestra vida diaria a través de nuestras buenas obras: «Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos»[15]. Debemos ser testimonio de vida cristiana en todo el mundo, en toda circunstancia, siendo coherentes con el «Camino, la Verdad y la Vida»[16] que nos propone el Señor Jesús.

LA RESPUESTA

El primer paso para responder al llamado de Dios, a la elección gratuita que Él nos hace para seguirlo, es escuchar su voz. A veces es fuerte y clara, como cuando algún acontecimiento en nuestra vida nos hace cambiar de rumbo. Otras veces es un susurro, siempre ahí, respetando en todo momento nuestra libertad. Nos llama a seguirlo, a entregar todo por Él, a amarlo y a amar a los demás, sirviendo a un mundo que tanto necesita de hombres y mujeres santos.

La oración, el diálogo con muchos hermanos nuestros, el apostolado y la caridad, la lectura, la reflexión, los momentos fuertes como son los retiros espirituales, la participación activa en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía y la Reconciliación, el amor filial a María expresado en el rezo del Rosario y en otras oraciones, son medios que Dios nos regala para ir escuchando su llamado a la santidad y poco a poco, ir caminando en ese sendero que es de realización para todos nosotros.

«La medida de la grandeza de tu vida es la medida de la causa a la que sirves» reza un lema muy antiguo de nuestra familia espiritual. Y es que todos tenemos en el corazón el anhelo de amar, servir, ser felices, a plenitud, al máximo. Todos los hombres tienen esa semilla de eternidad en su corazón.

Sólo la causa más grande, la de seguir al Señor Jesús, es la que puede llenar nuestro corazón. Sólo sirviendo al Señor y para ello, reconociéndonos escogidos personalmente por Él, seremos felices, aquí en la tierra y, colaborando con su gracia, en el cielo.

No somos privilegiados por responder al Señor. Tenemos más bien, la obligación, no como carga pesada, sino como hermoso sendero, de vivir fielmente a lo que Dios nos llama, y por su gracia, responder.

Aún hay muchos hombres y mujeres en el mundo que buscan respuestas sin encontrarlas. Son llamados por el Señor, llamados a una vocación de santidad, de servicio, de amor y de apostolado, pero aún no encuentran el camino. Es tarea de nosotros la oración, el apostolado y la colaboración con la acción de Dios en este mundo.

CITAS PARA MEDITAR

Guía para la Oración

Es Dios quien nos llama: Ap 3,20
El llamado de los apóstoles: Jn 1,35-42; Mc 3,13-15; Lc 6,13-16; Mt 9,9
El apostolado nace del encuentro con el Señor: Jn 1,40-42; Jn 4,25-29
Somos invitados a brillar con la Luz del Señor: Mt 5, 16
Vocaciones en el Antiguo Testamento: Ex 4,10-12; 1Sam 3,10; Is 6,4ss; Jer 1,5-8
La infidelidad al llamado: Mc 10,17-22
Santa María, Modelo de respuesta al llamado de Dios: Lc 1,38
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

¿Eres consciente de la invitación que Dios te hace a ser santo? ¿Qué implica en tu vida, tomar en serio el llamado a la santidad?
¿Cómo evalúas tu respuesta al Amor de Dios que constantemente toca en tu corazón? ¿Eres indiferente a Su Amor, o por el contrario le permites entrar en tu vida?
«La medida de la grandeza de tu vida es la medida de la causa a la que sirves». ¿Cómo buscas vivir esta frase?
¿Estás avanzando en tu camino de santidad? ¿De qué falta despojarte y sobre todo, de qué tienes que revestirte para conformarte más al Señor Jesús?

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