martes, 13 de octubre de 2015

EL CRISTIANO: DISCÍPULO Y MISIONERO DE CRISTO

LLAMADO DE DIOS

«El Bautismo es un primer llamado y es una bendición recibirlo en la infancia. Pero no es el unico. El Señor va dejando sus señales e invitando con maravillosa perseverancia.

Soy de las personas convencidas de que el llamado del Señor se extiende a todos, pero obviamente no para lo mismo. Llama a personas al sacerdocio, las llama a la vida consagrada y las llama al matrimonio como caminos personales a la santidad. Creo firmemente que el matrimonio es una vocación a la santidad. Pero, hay un llamado más fundamental o básico, es el llamado que hace el Señor Jesús a todos, a compartir con Él la propia vida, seguirle y dejarse configurar con Él, hasta el punto de repetir como hace el Apóstol Pablo: "Vivo, mas no yo, es Cristo quien vive en mí"[1], o en manera más clara: "Para mí la vida es Cristo"[2]. Ése es el llamado a la vida cristiana. Ése es el llamado al discipulado.

Toda vocación a seguir al Señor tiene un mismo patrón. No entenderlo es precisamente complicarse en las respuestas al llamado.

Tomaremos como ejemplo de la vocación la de San Mateo[3], que la Liturgia nos presentó hace poco en su Fiesta. Leví, llamado Mateo, era un publicano, un cobrador de impuestos que en el camino iba poniendo monedas en su bolsa y, así, enriqueciéndose. Pero el Señor pone su mirada en él: "Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: ‘Sígueme’. Él se levantó y le siguió"[4]. Está Mateo metido en sus asuntos, preocupado por el cobro de los impuestos y por cómo se va a enriquecer más. Y de pronto viene el Señor, con esa presencia que no podemos imaginar, y le dice a este hombre: "Ven y sígueme". Y Mateo no se pone a calcular, no se pone a pensar: "qué les diré a mis amigos, a mi familia qué le diré", tampoco: "voy a guardar el dinero, mis moneditas, a ver que no se las roben, o que se conserven bien y después volver". No. Mateo no se preocupa de esas cosas. Mateo simple y llanamente escucha el llamado del Señor que toca en lo hondo de su corazón y lo inquieta. Y desde ese corazón que ha tocado la Palabra, responde. Pero, no sólo responde, sino que se llena de esa alegría que debemos tener siempre los cristianos. Y para expresar su regocijo no se le ocurre mejor cosa que hacer un banquete e invitar a comer a cobradores de impuestos, a pecadores. Invita a sus amigos, fundamentalmente publicanos como él, para celebrar este acontecimiento. Y cuando los fariseos se ponen a criticar a Jesús por eso, ya sabemos que Él va a decirnos que ha venido a buscar a los pecadores: "Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores"[5]. Ha venido a buscar a aquel que está descarriado, a los marginados, a tocar ese corazón. Y todos somos pecadores, somos marginados, somos seres que necesitamos de la vida de Cristo. Estamos hambrientos de Dios. Estamos hambrientos de ese Pan de Vida. La vocación de Mateo, su prontísima respuesta que no entra en oscilaciones, que no escucha dudosos consejos, es un modelo de respuesta. "¿Pero estás loco? ¿Cómo vas a seguir a ése? ¿Quién es ése? ¿Un rabbí? Imagínate, ¿vas a abandonar todo, dejar tu ‘zona de confort’, vas a abandonar tu situación privilegiada, para seguirlo?". Mateo dice: "Sí, desde siempre, sí, Señor". "¡Sí, Señor!", pronuncia en su corazón. "¡Sí, Señor!", pronuncia en sus actos. El llamado de Jesús a Mateo, el publicano, encuentra un eco que se hace un sí generoso y definitivo en Mateo. Ese ejemplo nos habla hoy al igual que en el tiempo en que fue recogido en el Evangelio. Pero en verdad esto no tiene nada de extraordinario, porque toda vocación es un llamado que pide una respuesta, un llamado que nos invita al seguimiento de Jesús por encima de todo. ¡Y esto es lo que hay que recordar!»[6].

DISCÍPULOS QUE SEAN MISIONEROS

«Vivimos tiempos de urgencia, tiempos de acción en los que el compromiso efectivo no se puede hacer esperar. La misión que anuncia el Evangelio del Señor Jesús es una tarea que debe asumir su rol prioritario en la vida de cada cual. Perder de vista esa dimensión fundamental del apostolado es arriesgar perder de vista la meta a la que nos sentimos llamados, la participación plena en la Comunión de Amor por toda la eternidad. Muchas cosas bonitas y de alto nivel se han dicho sobre esta dimensión hermosa del seguimiento del Señor. No voy a citar ni decir otra cosa que: "Despierta hermano, despierta hermana, es hora de la acción, es hora de compartir sin miedos la audacia de creer y la inmensa alegría de haber recibido el don del Señor Jesús". Escuchemos su voz y seamos misioneros al servicio de la Vida en Cristo, desde nuestras propias realidades, desde nuestro día a día, en los distintos ambientes. No temamos. No temas persignarte cuando estás en un restaurante, en un lugar público en que vas a comer y quieres bendecir el alimento que Dios te da. No temas hacerlo. No temas persignarte cuando pasas delante de una iglesia, como hacíamos siempre antaño, reconociendo ahí con admiración y gratitud la presencia real del Señor. Hasta en esas cosas pequeñas, desde esas cosas pequeñas deberemos empezar el proceso misional, para que este proceso sea real, y para que esta Gran Misión Continental a la que se nos invita sea también una misión efectiva que cambie la realidad de nuestros pueblos y nos acerque al Señor»[7].

PUNTOS CONCRETOS PRESENTADOS COMO SUGERENCIAS

«Un compromiso misional concreto. ¿Hasta cuándo vamos a esperar pasivamente? Un servicio misional que vaya casa por casa, persona por persona, encontrando más personas para anunciar a Jesucristo e invitarlos también con la acción del Señor a una recuperación de toda la dinámica de su fidelidad bautismal.

Una segunda idea es la revitalización de la fuerza de la fe en América Latina y el Caribe, empezando por nuestra realidad, personal, y cercana: familiar, ámbito de trabajo, barrio, parroquia, en los estudios, en la universidad, y extenderla a todos cuantos podamos llegar para así cooperar en producir un verdadero cambio en las personas que tenga efectivas consecuencias sociales y culturales al servicio de la promoción del ser humano en su dignidad y derechos nacidos de Dios.

Comprometerse con actos concretos en transformar el clima de oposición, alimentado por el secularismo, una sociedad de mercado, un materialismo práctico, que va contra la respuesta al llamado de Jesús a una vocación especial, sea el sacerdocio o la vida consagrada plenamente y hecha disponible al divino Plan.

El tema de la escasez de sacerdotes es un tema duro. Así pues, la Conferencia de Río señalaba que había tenido como objeto central de su labor el problema fundamental que aflige a nuestras naciones, a saber: la escasez de sacerdotes[8]. Todos sabemos esto. Hoy la situación no es mejor, todos sabemos que los sacerdotes no se dan abasto. "La mies es mucha y los obreros pocos"[9].

Ante esto, en nuestros días algunos hablan de crisis de vocaciones. Pero no es así. Dios sigue llamando. Hoy como ayer Dios sigue llamando, invitando, convocando. Lo que hay es otra cosa. Lo que hay es crisis de respuesta vocacional. El llamado o la llamada tiene miedo de responder, o le disgusta hacerlo, o sufre inenarrables violencias y abusos que coactan o inhiben su libertad para hacerlo. Éste es un hecho muy doloroso, pues son oposiciones al Plan de Dios, y la última incluso a la dignidad y libertad de la persona»[10].

CITAS PARA MEDITAR

Guía para la Oración

Cooperar con el don de la gracia bautismal: 2Cor 5,17; Gal 4, 5-7; 2Pe 1,4; 1Cor 6,15;Rm 8, 17; 1Cor 6,19.
Llamado a la santidad: Lev 19,2; Mt 5,48; 1Tes 4,3; Ef 1,4
Respuesta personal al llamado de Dios: Mt 9,9; Lc 1,26-38.
Consecuencias del rechazo al llamado de Dios: Mt 19,16-22
Conciencia de la urgencia del compromiso apostólico: 1Cor 9,16
Vivir con coherencia la fe: Lc 8, 19-21; Lc 6, 46-49

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

¿Qué importancia tiene el bautismo en tu vida?
La respuesta de Mateo frente al llamado del Señor fue inmediata. ¿Cómo es tu respuesta?
¿Cómo evalúas tu compromiso en la misión apostólica? ¿Es prioridad para ti? ¿Eres audaz en el anuncio del Evangelio?
¿Vives con coherencia tu fe en las circunstancias más sencillas y cotidianas?

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