jueves, 15 de octubre de 2015

Testimonios Carmelo de Utrera

Sor Mª Isabel de la Stma. Trinidad, O.Carm

Yo iba a la Iglesia con mis amigas. Tenía nueve años. En celebración Eucarística vi a una monja y fui flechada a saludarla. La vi muy contenta y feliz por ser lo que era. Nos preguntó que quién se apuntaba para ser monja como ella. Respondí que sí quería irme con ella en aquel instante. La monja se reía de mí. Seguro por mi poca edad. Me regaló un rosario y me dijo que tenía que ir a misa todos los días y decirle a Jesús que quería consagrarme como religiosa, cosa que empecé a hacer desde entonces. También me dijo ella que cuando fuera mayor sería religiosa. Esa fue la primera y la última vez que la vi. No he vuelto a saber más de ella ni de dónde era.

Cuando crecí un poco más, se lo dije a  mis padres y me permitieron ir a la parroquia para hablar con mi párroco, y él, viendo que todavía era joven me animó y me aconsejó a incorporarme a un movimiento de la Virgen María que hay en la parroquia. Allí estuve hasta que un día vi a mi prima monja y me explicó todo sobre la vocación a la vida activa y contemplativa. Me dijo que siguiera con los estudios mientras, porque iba a ser obstáculo al no tener edad.

Cuando terminé mis estudios de bachillerato, me encontré con otra monja por mediación de mi párroco, y  ésta, al hablarme de la vida contemplativa, enseguida tomé mi decisión: “esta es la que aspiro”. Pero no fui con ella. Ingresé en este Carmelo de Utrera donde me siento atraída por su vida de oración, fraternidad y servicio a mis hermanos los hombres. Aquí, he encontrado a mi mejor amigo, confidente, acompañante de mi vida, mi cielo.

A ti joven que leas mi vida, te diré que en la vida de total contacto con Dios como la Virgen María lo hizo en su tiempo  y en el presente,  es lo más bonito y entregando toda tu vida a Él, supone una riqueza enorme en la vida futura. Animo, que en esta viña, se respira la santidad.

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