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domingo, 25 de febrero de 2018

3 CONSEJOS PARA AYUDARTE A SUPERAR UNA SOLEDAD ESPIRITUAL

Para aquellos momentos en los que parece que Dios no te ve, escucha, o ama

Durante mis años de estudiante me sentí ignorada por Dios. “Debo de ser demasiado pecadora”, pensaba. A mi alrededor todo el mundo tenía una historia que contar, una revelación que compartir. Yo no me sentía identificaba. Las palabras “atea” y “agnóstica” revoloteaban en mi mente. Me resultaban extrañas, pero satisfactorias. “Dios, si estás ahí, ¡esto es lo que hay!”, decía. “¡Así aprenderá! ¡No Le necesito!”.

Eso fue hace tres años y desde entonces he encontrado mi fe. Sin embargo, todavía tengo inmensos problemas con el sentimiento de que Dios no me ve, no me escucha o no me ama totalmente. Aquí ofrezco algunos consejos que me han servido para superar una de las experiencias espirituales más dolorosas: la desolación.

1.- El ejemplo de la madre Teresa (Santa Teresa de Calcuta)

La madre Teresa es conocida por su experiencia de desolación espiritual. “Estoy convencida”, decía, “de que un solo momento es suficiente para rescatar toda una existencia miserable, una existencia que tal vez se creyó inútil”. Con la breve experiencia que tuvo sintiendo la presencia de Dios, supo que lo que había recibido era gracia y que era real.

Miremos, como hacía santa Teresa de Calcuta, esos momentos en los que encontramos íntimamente a Cristo y, en vez de ansiar más, agradezcamos a Dios por lo que ya nos ha concedido; luego, avancemos para expandir el reino de Dios aquí en la tierra.

2.-Adoración y oración

Recientemente tuve una experiencia en adoración que nunca olvidaré. Después de hablarle a una monja dominica sobre mi desolación espiritual, fui a adoración para aplicar algunos de sus consejos. Me dijo que tal vez podía probar únicamente con permanecer ante Él, con descansar en Su sagrada presencia, en vez de intentar atrapar un vistazo de Dios.

Así que voy a adoración y allí estoy a los pies de Jesús. Y como una esclusa abierta, empieza a brotar de mí una oración. “Dios, estoy cansada. Vengo siempre aquí a buscar algo, a asirme a algo, a acercarme a algo. Ni siquiera sé qué es lo que busco. Estoy consumida. Supongo que solo quiero confirmar lo que el mundo me dice que Tú me amas. Es agotador, Señor. ¡Estoy exhausta! Te entrego esto. Ya no lo quiero. Llévatelo de mí. Y que Tú seas suficiente para mí. Déjame descansar en Ti y no tener expectativas sobre lo que pueda recibir”.

Por fin me sentía libre; no de la desolación, sino del estrés de intentar resistirme constantemente. Ahora me siento libre estando en desolación. Me siento libre para dejar la vergüenza en la puerta. Me siento libre para dejar de luchar en los rincones de mi alma desolada, tratando escapar. Ahora puedo ser, simplemente.
Presentarnos ante Jesús y concederle nuestros esfuerzos nunca será un tiempo perdido. Encontremos tiempo para ir ante Él y sacrificarle las inseguridades que nos trae la desolación. La libertad resultante es mayor de la que pudiéramos imaginar.

3.- Y por último… considéralo un regalo.

San Ignacio, en sus Reglas de discernimiento del espíritu, primero dice que si no estamos intentando hacer que las cosas funcionen con Dios, no funcionarán. Y lo que es más importante, dice que la desolación puede ser permitida por Dios para ver cuán lejos avanzamos en la fe, incluso en el desierto de nuestras almas, para traer a Dios gloria y alabanza.

Lo tercero que dice es que puede ser una forma de hacernos ver que el consuelo es un don verdadero que solo Dios puede dar. Al decir que el consuelo es un don, Ignacio insinúa que la desolación es algo crucial en nuestro reconocimiento del consuelo no como un premio o algo que ganamos y recibimos cada vez que rezamos, sino más bien como un regalo obvio de Dios. Por ello, veamos la desolación como un regalo que nos permite darnos cuenta de esto.

Así que, sí, es fácil “rendirse”. Es fácil tener envidia. Y es difícil perseverar y entregar a Dios todo lo que tenemos, incluso si sentimos que no estamos recibiendo precisamente todo lo que creemos que necesitamos. Es difícil coger nuestra Biblia y decir: “Dios, Te concedo este tiempo porque quiero promover Tu reino al margen de la condición en que estén mi corazón y mi alma”.

Todos sufrimos. Todos tenemos una cruz que cargar, grande o pequeña. ¿Por qué no aceptar la cruz como una oportunidad de santificación? ¿Una oportunidad para mostrar a Dios que Él merece nuestro esfuerzo, nuestro dolor y nuestra perseverancia constante?

Así pues, seamos como la madre Teresa y como tantísimos otros santos y santas que luchan por la santidad cuando es más difícil la lucha. Cuando es más difícil rezar. Y cuando es más difícil alzar los ojos hacia Aquel que nos ama.

Dios, ayúdanos a ser santos con esta lucha.

AMY BURKE

Fuente: Aleteia 

martes, 17 de noviembre de 2015

Santa Gertrudis patrona del noviciado

Ayer celebramos la fiesta de Santa Gertudis, homenajeada por todos los Monasterios Benedictinos y Cistercienses.

La noche anterior presentamos el orden del día con un "Magno pregón" en la sala de comunidad y al día siguiente lo pusimos en practica tomando de postre una tarta hecha por la repostera mayor y la novicia después adelantando Vísperas una hora para  tener mas tiempo para el Cinefórum, la cena preparada, en parte por las hermanas de Nigeria que nos hicieron su primera tortilla Española en el despacho del noviciado y... el momento cumbre de la noche...


Repartimos a suertes unos lápices de cartulina con un propósito para cada una durante este año de la misericordia que consistia en una obra de misericordia y repartimos la oración del payaso:

Oración del payaso


Señor:
Soy un trasto, pero te quiero,
te quiero terriblemente, locamente, que es
la única manera que tengo yo de amar,
porque, ¡sólo soy un payaso!
Ya hace años que salí de tus manos,
pronto, quizá, llegará el día en que
volveré a Ti...
Mi alforja está vacía, mis flores
mustias y descoloridas
sólo mi corazón está intacto...
Me espanta mi pobreza,
pero me consuela tu ternura.
Estoy ante Ti como un
cantarillo roto, pero con mi
mismo barro puedes hacer
otro a tu gusto...

Señor:
¿Qué te diré cuando me pidas
cuentas? Te diré que mi vida,
humanamente, ha sido
un fallo, que he volado
muy bajo.
Señor:
Acepta la ofrenda de este atardecer...
Mi vida, como una flauta, está llena
de agujeros...
pero tómala en tus manos divinas.

Que tu música pase
a través de mí y llegue
hasta mis hermanos
los hombres, que sea
para ellos ritmo y melodía
que acompañe su caminar,
alegría sencilla
de sus pasos cansados...


Fue un dia en el que acabamos muy contentas y agradecidas por estar juntas en esta casa.

Sin olvidar el desayuno sorpresa de una hermana y las flores que nos trajo la cocinera.



A ver si el año que viene somos una mas :)

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Bodas de oro de Sor Mª José

Ayer una de nuestras hermanas celebraba los 50 Años de los votos simples y lo celebramos en comunidad, en un ambiente festivo, alegre y fraterno.
Os dejo unas fotos...




Hace 50 años...




Ahora (es la que esta mas cerca, la mas bajita)



La iglesia engalanada para la ocasión


El refectorio (comedor) vestido de fiesta



Endulzando el dia






Hermana que sigas siendo la luz de la fidelidad y nos alumbres a todas con tu Paz y tu Alegría


También vimos la película "De dioses y hombres" sobre el martirio de unos monjes
El sábado 19 la familia de Sor Mª José vendrá a celebrarlo con nosotras en una misa de acción de gracias y donde renovara sus promesas.

martes, 1 de septiembre de 2015

MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II PARA LA XVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Lc 9, 23).

Amadísimos jóvenes:

(...) "Si alguno quiere venir en pos de mí -dice-, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Lc 9, 23). Jesús no es el Mesías del triunfo y del poder. En efecto, no liberó a Israel del dominio romano y no le aseguró la gloria política. Como auténtico Siervo del Señor, cumplió su misión de Mesías mediante la solidaridad, el servicio y la humillación de la muerte.

Es un Mesías que se sale de cualquier esquema y de cualquier clamor; no se le puede "comprender" con la lógica del éxito y del poder, usada a menudo por el mundo como criterio de verificación de sus proyectos y acciones.

Jesús, que vino para cumplir la voluntad del Padre, permanece fiel a ella hasta sus últimas consecuencias, y así realiza la misión de salvación para cuantos creen en él y lo aman, no con palabras, sino de forma concreta. Si el amor es la condición para seguirlo, el sacrificio verifica la autenticidad de ese amor

3. "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Lc 9, 23). Estas palabras expresan el radicalismo de una opción que no admite tener miedo a si es que animo jóvenes.

Jesús camina delante de los suyos y a cada uno pide que haga lo que él mismo ha hecho. Les dice: yo no he venido para ser servido, sino para servir; así, quien quiera ser como yo, sea servidor de todos. Yo he venido a vosotros como uno que no posee nada; así, puedo pediros que dejéis todo tipo de riqueza que os impide entrar en el reino de los cielos. Yo acepto la contradicción, ser rechazado por la mayoría de mi pueblo; puedo pediros también a vosotros que aceptéis la contradicción y la contestación, vengan de donde vengan.

En otras palabras, Jesús pide que elijan valientemente su mismo camino; elegirlo, ante todo, "en el corazón", porque tener una situación externa u otra no depende de nosotros. De nosotros depende la voluntad de ser, en la medida de lo posible, obedientes como él al Padre y estar dispuestos a aceptar hasta el fondo el proyecto que él tiene para cada uno.

4. "Niéguese a sí mismo". Negarse a sí mismo significa renunciar al propio proyecto, a menudo limitado y mezquino, para acoger el de Dios: Éste es el camino de la conversión, indispensable para la existencia cristiana, que llevó al apóstol san Pablo a afirmar: "Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Ga 2, 20).


5. "Tome su cruz y sígame". En la enseñanza de Jesús esta expresión no pone en primer plano la mortificación y la renuncia. No se refiere ante todo al deber de soportar con paciencia las pequeñas o grandes tribulaciones diarias; ni mucho menos quiere ser una exaltación del dolor como medio de agradar a Dios. El cristiano no busca el sufrimiento por sí mismo, sino el amor. Y la cruz acogida se transforma en el signo del amor y del don total. Llevarla en pos de Cristo quiere decir unirse a él en el ofrecimiento de la prueba máxima del amor.

No se puede hablar de la cruz sin considerar el amor que Dios nos tiene, el hecho de que Dios quiere colmarnos de sus bienes. Con la invitación "sígueme", Jesús no sólo repite a sus discípulos: tómame como modelo, sino también: comparte mi vida y mis opciones, entrega como yo tu vida por amor a Dios y a los hermanos
. Así, Cristo abre ante nosotros el "camino de la vida", que, por desgracia, está constantemente amenazado por el "camino de la muerte". El pecado es este camino que separa al hombre de Dios y del prójimo, causando división y minando desde dentro la sociedad y queriendo quitarte tu vocación, tu felicidad.

Así pues, no tengáis miedo de avanzar por el camino que el Señor recorrió primero. Con vuestra juventud, imprimid en el tercer milenio que se abre el signo de la esperanza y del entusiasmo propio de vuestra edad.

Si dejáis que actúe en vosotros la gracia de Dios, si cumplís vuestro importante compromiso diario, haréis que este nuevo siglo sea un tiempo mejor para todos.

Con vosotros camina María, la Madre del Señor, la primera de los discípulos, que permaneció fiel al pie de la cruz, desde la cual Cristo nos confió a ella como hijos suyos. Y os acompañe también la bendición apostólica, que os imparto de todo corazón.



Vaticano, 14 de febrero de 2001

martes, 4 de agosto de 2015

San Juan María Vianney (Santo CURA de Ars)


Su verdadero nombre fue San Juan Bautista María Vianney, pero en todo el mundo es conocido con el nombre de Cura de Ars. Nació en Dardilly, en las cercanías de Lyon (Francia), el 8 de mayo de 1786. Tras una infancia normal, a los diecisiete años Juan María concibe el gran deseo de llegar a ser sacerdote. Su padre, aunque buen cristiano, pone algunos obstáculos, que por fin son vencidos. El joven inicia sus estudios en el seminario, dejando las tareas del campo a las que hasta entonces se había dedicado. 

Todos sus superiores reconocen la admirable conducta del seminarista, pero..., falto de los necesarios conocimientos del latín, no saca ningún provecho de los estudios y, por fin, es despedido del seminario. Intenta entrar en los hermanos de las Escuelas Cristianas, sin lograrlo. La cosa parecía ya no tener solución ninguna cuando, de nuevo, se cruza en su camino un cura excepcional: el padre Balley, que había dirigido sus primeros estudios. Él se presta a continuar preparándole, y consigue del vicario general, después de un par de años de estudios, su admisión a las órdenes. Por fin, el 13 de agosto de 1815, el obispo de Grenoble, monseñor Simón, le ordenaba sacerdote, a los 29 años.  Sin embargo, el Santo Cura se sentía feliz al lograr lo que durante tantos años anheló, y a fuerza de tantas privaciones, esfuerzos y humillaciones, había tenido que conseguir: el sacerdocio.

 Muerto el padre Balley, y terminados sus estudios, el arzobispado de Lyón le encarga la pastoral de un minúsculo pueblecillo, a treinta y cinco kilómetros al norte de la capital, llamado Ars.

El 9 de febrero de 1818, San Juan María llegó a Ars. pueblecillo del que prácticamente no volverá a salir jamás. 


El cura pudo vivir enteramente consagrado a sus feligreses. Visitándoles casa por casa; atendiendo paternalmente a los niños y a los enfermos; empleando gran cantidad de dinero en la ampliación y embellecimiento de la iglesia; ayudando fraternalmente a sus compañeros de los pueblos vecinos. Es cierto que todo esto va acompañado de una vida de asombrosas penitencias, de intensísima oración, de caridad, en algunas ocasiones llevada hasta el extremo para con los pobres. Pero San Juan María no excede en esta primera parte de su vida del marco corriente en las actividades de un cura rural.


 Éste fue el comienzo de la célebre peregrinación de feligreses a Ars, llegó a hacerse célebre el cura de Ars en toda Francia y aún en Europa entera, Aquel pobre sacerdote, que trabajosamente había hecho sus estudios, y a quien la autoridad diocesana había relegado en uno de los pueblos más pequeños y menos devotos de la diócesis, iba a convertirse en consejero buscadísimo por millares y millares de almas. Y entre ellas se contarían gentes de toda condición.


Confesionario del Santo Cura de Ars: la siguiente distribución de tiempo: levantarse a la una de la madrugada e ir a la iglesia a hacer oración. Antes de la aurora, se inician las confesiones de las mujeres. A las seis de la madrugada en verano y a las siete en invierno, celebración de la misa y acción de gracias. Después queda un rato a disposición de los peregrinos. A eso de las diez, reza una parte de su breviario y vuelve al confesonario. Sale de él a las once para hacer la célebre explicación del catecismo, predicación sencillísima, pero llena de una unción tan penetrante que produce abundantes conversiones. Al mediodía, toma su frugalísima comida, con frecuencia de pie, y sin dejar de atender a las personas que solicitan algo de él. Al ir y al venir a la casa parroquial, pasa por entre la multitud, y ocasiones hay en que aquellos metros tardan media hora en ser recorridos. Dichas las vísperas y completas, vuelve al confesonario hasta la noche. Rezadas las oraciones de la tarde, se retira para terminar el Breviario. Y después toma unas breves horas de descanso sobre el duro lecho. Sólo un prodigio sobrenatural podía permitir al Santo subsistir físicamente, mal alimentado, escaso de sueño, privado del aire y del sol, sometido a una tarea tan agotadora como es la del confesonario.


El viernes 29 de julio de 1859 se sintió indispuesto. Pero bajó, como siempre, a la iglesia a la una de la madrugada. Sin embargo, no pudo resistir toda la mañana en el confesonario y hubo de salir a tomar un poquito de aire. Antes del catecismo de las once pidió un poco de vino, sorbió unas gotas derramadas en la palma de su mano y subió al púlpito. No se le entendía, pero era igual. Sus ojos bañados de lágrimas, volviéndose hacia el sagrario, lo decían todo. Continuó confesando, pero ya a la noche se vio que estaba herido de muerte. Descansó mal y pidió ayuda. «El médico nada podrá hacer. Llamad al señor cura de Jassans».

Ahora ya se dejaba cuidar como un niño. No rechistó cuando pusieron un colchón a su dura cama. Obedeció al médico. Y se produjo un hecho conmovedor. Éste había dicho que había alguna esperanza si disminuyera un poco el calor. Y en aquel tórrido día de agosto, los vecinos de Ars, no sabiendo qué hacer por conservar a su cura queridísimo, subieron al tejado y tendieron sábanas que durante todo el día mantuvieron húmedas. No era para menos. El pueblo entero veía, bañado en lágrimas, que su cura se les marchaba ya. El mismo obispo de la Diócesis vino a compartir su dolor. Tras una emocionante despedida de su buen padre y pastor, el Santo Cura ya no pensó más que en morir. Y en efecto, con paz celestial, el jueves 4 de agosto, a las dos de la madrugada, mientras su joven coadjutor rezaba las hermosas palabras «que los santos ángeles de Dios te salgan al encuentro y te introduzcan en la celestial Jerusalén», suavemente, sin agonía, «como obrero que ha terminado bien su jornada», el Cura de Ars entregó su alma a Dios.

Así se ha realizado lo que él decía en una memorable catequesis matinal: «¡Dios mío, cómo me pesa el tiempo con los pecadores! ¿Cuándo estaré con los santos? Entonces diremos al buen Dios: Dios mío, te veo y te tengo, ya no te escaparás de mí jamás, jamás».

Lo canonizó el papa Pío XI el 31 de mayo de 1925, quien tres años más tarde, en 1928, lo nombró Patrono de los Párrocos. El Papa Benedicto XVI proclamó a San Juan María Vianney "Patrono de todos los sacerdotes del mundo" el 19 de junio de 2009. Su cuerpo se conserva INCORRUPTO en la Basílica de Ars. Su fiesta se celebra el 4 de agosto.





miércoles, 8 de julio de 2015

vocación del profeta Jeremias

Para reflexionar...

“(4) Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos:
(5) Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo te constituí profeta de las naciones
(6)Yo dije: “¡Ah, Señor Yahvé! Mira que soy un muchacho”.
(7) Y me dijo Yahvé: No digas “soy un muchacho”, pues a dondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás.
(8) No les tengas miedo, que contigo estoy para salvarte -oráculo de Yahvé-.
(9) Entonces alargó Yahvé su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahvé: Mira que he puesto mis palabras en tu boca.
(10) Desde hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos para extirpar y destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar”. (Jer 1, 4-10)
           
                                                              *           *           *

(5) Dios me llama hoy, pero ya me tenia elegid@...
No obstante tengo libertad para aceptar esa vocación o no.
(6) No importan mis pobrezas...
(7) Si Dios da la tarea da la fuerza.
(8) Por el Camino que Dios me propone es por el cual me salvare y en el que seré 100% FELIZ por raro que parezca al principio.

Ahora continua con tu oración personal

miércoles, 24 de junio de 2015

Oración de abandono

Padre: Me pongo en tus manos. 
Haz de mí lo que quieras. 
Sea lo que sea, te doy las gracias. 
Estoy dispuesto a todo. 
Lo acepto todo, con tal que tu voluntad se realice en mí
 y en todas tus criaturas.
 Es lo único que deseo, Padre. 
Te confío mi vida, te la doy, Dios mío, 
con todo el amor de mi corazón, 
porque te amo y me es una necesidad de amor darme,
 ponerme en tus manos sin reservas, 
con una infinita confianza, 
porque tú eres mi Padre. 
(Beato Charles de Foucauld)

domingo, 31 de mayo de 2015

Solemnidad de la Santisima Trinidad

Enorme e inalcanzable misterio...

De las cartas de san Atanasio, obispo

Existe, pues, una Trinidad, santa y perfecta, de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo, que no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora y su actividad es única.

Así, en la Iglesia se predica un solo Dios, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Lo trasciende todo, en cuanto Padre, principio y fuente; lo penetra todo, por su Palabra; lo invade todo, en el Espíritu Santo.

El Padre es quien da, por mediación de aquel que es su Palabra, lo que el Espíritu distribuye a cada uno. 

Hoy celebramos la jornada pro orantibus donde se reza por los monjes y monjas contemplativos que tanto rezan por el mundo...para que crezcan en santidad y en numero.

lunes, 25 de mayo de 2015

Testimonio de un postulante cisterciense

Hola, ¿qué tal? Soy Eduardo, un postulante de Santa María de Huerta, y me han pedido que escribiera mi testimonio vocacional.


La verdad es que me ha costado mucho hacerlo. Tal vez sea por el hecho de dejar escrito algo que va a leer mas gente, además de la responsabilidad que eso conlleva. Pero sobre todo me ha supuesto un esfuerzo porque se trata, como toda experiencia fuerte de vida, de algo muy personal, muy íntimo. Aunque, ¿sabes lo que me ha impulsado a escribirlo? Pues que yo, cuando me estaba planteando mi inquietud vocacional, como lo estás haciendo tú ahora, buscaba testimonios de personas que hubiesen dado un SÍ al Señor en la vida monástica. Por lo tanto, si esta humilde experiencia puede servir para profundizar en tu discernimiento, habrá valido la pena el trabajo que me ha costado el escribirlo. Mi proceso vocacional, la verdad sea dicha, es que ha durado mucho tiempo. Y, aunque muchas veces he culpado a factores externos (familia, estudios...) de esta prolongación, lo cierto es que se trataba, simple y llanamente, de miedo a dar el paso, a decir SÍ a lo que me pedía el Señor. Es curioso, aun teniendo bastante claro que este podía ser mi camino, mi vida, el miedo conseguía paralizarme.

Esta inquietud empezó cuando tenía 14 años. Yo sentía que el Señor me pedía algo pero no sabía qué era. Poco a poco fui buscando más ratos de oración personal. De prolongar más tiempo los encuentros con el Señor en la Iglesia. Hacer una lectura atenta del Evangelio de cada día. Todo esto fue creando en mi una especie de sed y búsqueda del Señor. Una sed y búsqueda que nunca podía satisfacer porque siempre me quedaba con ganas de más.


Fue entonces cuando descubrí que existían hombres y mujeres que consagraban su vida por completo a esa sed y búsqueda intensa de Dios, en un lugar especial, dedicado y preparado exclusivamente para ello: el MONASTERIO; o como dice san Benito en su Regla: la CASA DE DIOS.

Un día llegando a la conclusión de que nunca conseguiría ser plenamente feliz si no terminaba de discernir esta inquietud, encontré, casi por casualidad, en una búsqueda casi obsesiva de artículos, páginas web y todo lo que pudiese estar relacionado con la vida monástica, la pagina web de los cistercienses de Santa Maria de Huerta. 

Estuve mirando y leyéndola por completo, y vi que la comunidad organizaba unos “cursillos de vida monástica y oración”. Dichos cursillos aunque no estaban orientados específicamente a la vocación, sí suponían poder aproximarse a la vida monástica y contrastarlo con mi inquietud interior, por lo que me inscribí y fui. 

El cursillo fue muy revelador porque me confirmó la inquietud que tenía en mi interior. Así que decidí hablar con el maestro de novicios. Tras una intensa y agradable charla, el maestro, me invitó a hacer una experiencia de un mes conviviendo con la comunidad y así poder discernir si esta era la vida a la que el Señor me llamaba.

El mes de experiencia fue algo maravilloso, pues si bien los primeros días los pasé mal, llegando a creer que me había equivocado completamente; la perseverancia, la oración y el abrir el corazón a Dios, fueron confirmando día tras día que este era mi camino, la vida que quería vivir, y que durante tanto tiempo había estado buscando.

Bueno, pues este es mi testimonio, espero que te ayude. Sólo decirte que merece la pena dar el paso, independientemente de la decisión final que tomes.
Nada más. Me despido, orando por ti para que el Señor te ilumine y tú le abras tu corazón.

“Aquí estoy como está escrito en tu libro,
Para hacer tu voluntad”. (salmo 39,8-9)

domingo, 29 de marzo de 2015

Domingo de Ramos

Queridos hermanos: ya desde el principio de cuaresma nos venimos preparando, por medio de la oración y de la penitencia, para las celebraciones pascuales. Hoy, cercana ya la Noche santa de Pascua, nos disponemos a recordar la muerte y la resurrección de Jesucristo, conmemorando su entrada en la ciudad Santa de Jerusalén, entrada que simboliza su llegada victoriosa al reino del cielo.             
Que estas  y los demás actos que celebraremos durante la Semana Santa nos ayuden a acompañar a Jesús participando de su pasión y muerte en la cruz, y así tengamos también parte en su triunfo sobre la muerte, que desde ese momento fue vencida para siempre.

 Los contrastes de la semana santa...los mismos que aclamamos al Señor hoy lo condenaremos a muerte el Jueves... ¿Se ve con mis obras lo que creo?¿echo a Jesus de mi casa cuando no me interesa? Busco situaciones concretas y me propongo mejorar...

Preparad la Semana Santa para vivirla con intensidad.