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domingo, 6 de mayo de 2018
sábado, 19 de agosto de 2017
miércoles, 16 de agosto de 2017
lunes, 24 de julio de 2017
martes, 18 de julio de 2017
miércoles, 12 de julio de 2017
martes, 4 de julio de 2017
sábado, 1 de julio de 2017
martes, 9 de mayo de 2017
sábado, 19 de marzo de 2016
Javier Sánchez: “Dios me hizo ver que si me decidía por el sacerdocio estaría llevando al mundo lo que más necesita, aunque no siempre lo sepa.”
La sociedad en la que vivimos ha extendido una idea muy oscura sobre el sacerdocio, aun en medio de esa tribulación sacerdotal, muchos jóvenes siguen optando por elegir ese modo de vida y toman la decisión de ingresar en seminarios, donde poder formarse para llegar a ser santos sacerdotes, según el ejemplo de Cristo.
¿Siempre has querido ser sacerdote?
Nunca se me había pasado como algo serio por la cabeza hasta que una experiencia fuerte en mi vida, una enfermedad, y la JMJ de Madrid me hicieron entender que si Él me había dado la vida no podía negársela.
En el seminario es muy importante la vida intelectual, ¿qué se estudia allí dentro?
Formalmente son dos años de Filosofía, y cuatro de Teología, Entremezclado con estas materias principales, completan el currículum asignaturas como Derecho Canónico, Latín, Hebreo, Griego, Psicología o Doctrina Social de la Iglesia.
En definitiva, es conocer a Dios y a los hombres, de hoy y de ayer, a los que Él quiere transmitir su amor a través de nuestro ministerio.
Francisco, en el encuentro que tuvo el pasado año con seminaristas en Roma, hablaba de lacultura de lo provisional, esa especie de lacra que hace que nuestra sociedad repela los para siempre ¿de dónde se sacan las fuerzas?
Principalmente, de saber que todo esto no depende de ti. Para esto es necesario cuidar la vida de oración, cuando dejar de ser un pilar de tu vida, cualquier duda pequeña acaba convirtiéndose en un verdadero suplicio.
Además, la comunidad, el trabajo en las parroquias, con los jóvenes, las personas con las que compartes amistad y fe… son un salvavidas en esos momentos.
¿qué es para un joven seminarista el celibato?
El problema está en cómo se concibe el celibato. No solo fuera de la Iglesia, sino también dentro. Una idea extendidísima lo vende como una prohibición de lo mejor de la vida; pero los que optamos por ser célibes no estamos rechazando casarnos y mantener relaciones porque sí, sino porque no queremos que nuestro corazón tenga un solo nombre, queremos que en él estén escritos los de todas las personas que nos encontramos, con la misma importancia y el mismo lugar. No es no enamorarse, sino enamorarse a diario.
¿existen sacerdotes ejemplares en la actualidad? ¿Puede un seminarista tener un referente de carne y hueso?
El gran problema de los sacerdotes ejemplares es que no hacen ruido. La humildad es una virtud que no se ve reflejada en los medios, y es un elemento esencial para un buen sacerdote.
Estoy convencido de que hay sacerdotes que son un verdadero ejemplo, y lo digo porque he tenido la suerte de conocer a algunos. No son perfectos, tienen sus fallos, pero tienen claro que eso no les impide luchar por ser santos y ayudar a que los que les han confiado lo sean.
La crisis de vocaciones que sufre la Iglesia no es una crisis de llamadas, sino de respuestas, ¿qué debe hacer un joven para saber cuál es el camino que quiere Dios para él?
Unos meses después de comenzar mi discernimiento vocacional, un sacerdote de mi parroquia me dio un consejo que me ha salvado la vida porque me ha traído hasta donde estoy hoy: “muchos ratos de sagrario”. Es Dios quien tiene reservado un plan para tu vida, y es a Él a quien hay que preguntarle, directamente y sin ponerse excusas.
Además, toda vocación es una forma de servir mejor a la Iglesia, por eso debe discernirse con la ayuda de un sacerdote, o de alguien que conozca profundamente la experiencia de la vocación.
¿Qué les dirías a los jóvenes que tienen miedo a dar un “sí” radical y “para siempre” a Dios?
Les invitaría a mirar a tantas personas que esperan una respuesta de Dios en su vida, a los que no lo conocen, a los que le buscan dentro y fuera de la Iglesia, a los que sufren por cualquier causa. Y les invitaría después a mirar a Dios, que está deseando llegar a todas ellos, que está pidiendo tus manos y tus labios para poder hacerse presente en todas esas vidas. Cuando captas estas miradas comprendes que son más fuertes que cualquier otro obstáculo. Dios no te va a abandonar, porque esta misión es suya.
miércoles, 16 de marzo de 2016
martes, 1 de septiembre de 2015
MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II PARA LA XVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD
"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Lc 9, 23).
Amadísimos jóvenes:
(...) "Si alguno quiere venir en pos de mí -dice-, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Lc 9, 23). Jesús no es el Mesías del triunfo y del poder. En efecto, no liberó a Israel del dominio romano y no le aseguró la gloria política. Como auténtico Siervo del Señor, cumplió su misión de Mesías mediante la solidaridad, el servicio y la humillación de la muerte.
Es un Mesías que se sale de cualquier esquema y de cualquier clamor; no se le puede "comprender" con la lógica del éxito y del poder, usada a menudo por el mundo como criterio de verificación de sus proyectos y acciones.
Jesús, que vino para cumplir la voluntad del Padre, permanece fiel a ella hasta sus últimas consecuencias, y así realiza la misión de salvación para cuantos creen en él y lo aman, no con palabras, sino de forma concreta. Si el amor es la condición para seguirlo, el sacrificio verifica la autenticidad de ese amor
3. "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Lc 9, 23). Estas palabras expresan el radicalismo de una opción que no admite tener miedo a si es que animo jóvenes.
Jesús camina delante de los suyos y a cada uno pide que haga lo que él mismo ha hecho. Les dice: yo no he venido para ser servido, sino para servir; así, quien quiera ser como yo, sea servidor de todos. Yo he venido a vosotros como uno que no posee nada; así, puedo pediros que dejéis todo tipo de riqueza que os impide entrar en el reino de los cielos. Yo acepto la contradicción, ser rechazado por la mayoría de mi pueblo; puedo pediros también a vosotros que aceptéis la contradicción y la contestación, vengan de donde vengan.
En otras palabras, Jesús pide que elijan valientemente su mismo camino; elegirlo, ante todo, "en el corazón", porque tener una situación externa u otra no depende de nosotros. De nosotros depende la voluntad de ser, en la medida de lo posible, obedientes como él al Padre y estar dispuestos a aceptar hasta el fondo el proyecto que él tiene para cada uno.
4. "Niéguese a sí mismo". Negarse a sí mismo significa renunciar al propio proyecto, a menudo limitado y mezquino, para acoger el de Dios: Éste es el camino de la conversión, indispensable para la existencia cristiana, que llevó al apóstol san Pablo a afirmar: "Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Ga 2, 20).
5. "Tome su cruz y sígame". En la enseñanza de Jesús esta expresión no pone en primer plano la mortificación y la renuncia. No se refiere ante todo al deber de soportar con paciencia las pequeñas o grandes tribulaciones diarias; ni mucho menos quiere ser una exaltación del dolor como medio de agradar a Dios. El cristiano no busca el sufrimiento por sí mismo, sino el amor. Y la cruz acogida se transforma en el signo del amor y del don total. Llevarla en pos de Cristo quiere decir unirse a él en el ofrecimiento de la prueba máxima del amor.
No se puede hablar de la cruz sin considerar el amor que Dios nos tiene, el hecho de que Dios quiere colmarnos de sus bienes. Con la invitación "sígueme", Jesús no sólo repite a sus discípulos: tómame como modelo, sino también: comparte mi vida y mis opciones, entrega como yo tu vida por amor a Dios y a los hermanos
. Así, Cristo abre ante nosotros el "camino de la vida", que, por desgracia, está constantemente amenazado por el "camino de la muerte". El pecado es este camino que separa al hombre de Dios y del prójimo, causando división y minando desde dentro la sociedad y queriendo quitarte tu vocación, tu felicidad.
Así pues, no tengáis miedo de avanzar por el camino que el Señor recorrió primero. Con vuestra juventud, imprimid en el tercer milenio que se abre el signo de la esperanza y del entusiasmo propio de vuestra edad.
Si dejáis que actúe en vosotros la gracia de Dios, si cumplís vuestro importante compromiso diario, haréis que este nuevo siglo sea un tiempo mejor para todos.
Con vosotros camina María, la Madre del Señor, la primera de los discípulos, que permaneció fiel al pie de la cruz, desde la cual Cristo nos confió a ella como hijos suyos. Y os acompañe también la bendición apostólica, que os imparto de todo corazón.
Vaticano, 14 de febrero de 2001
Amadísimos jóvenes:
(...) "Si alguno quiere venir en pos de mí -dice-, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Lc 9, 23). Jesús no es el Mesías del triunfo y del poder. En efecto, no liberó a Israel del dominio romano y no le aseguró la gloria política. Como auténtico Siervo del Señor, cumplió su misión de Mesías mediante la solidaridad, el servicio y la humillación de la muerte.
Es un Mesías que se sale de cualquier esquema y de cualquier clamor; no se le puede "comprender" con la lógica del éxito y del poder, usada a menudo por el mundo como criterio de verificación de sus proyectos y acciones.
Jesús, que vino para cumplir la voluntad del Padre, permanece fiel a ella hasta sus últimas consecuencias, y así realiza la misión de salvación para cuantos creen en él y lo aman, no con palabras, sino de forma concreta. Si el amor es la condición para seguirlo, el sacrificio verifica la autenticidad de ese amor
3. "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Lc 9, 23). Estas palabras expresan el radicalismo de una opción que no admite tener miedo a si es que animo jóvenes.
Jesús camina delante de los suyos y a cada uno pide que haga lo que él mismo ha hecho. Les dice: yo no he venido para ser servido, sino para servir; así, quien quiera ser como yo, sea servidor de todos. Yo he venido a vosotros como uno que no posee nada; así, puedo pediros que dejéis todo tipo de riqueza que os impide entrar en el reino de los cielos. Yo acepto la contradicción, ser rechazado por la mayoría de mi pueblo; puedo pediros también a vosotros que aceptéis la contradicción y la contestación, vengan de donde vengan.
En otras palabras, Jesús pide que elijan valientemente su mismo camino; elegirlo, ante todo, "en el corazón", porque tener una situación externa u otra no depende de nosotros. De nosotros depende la voluntad de ser, en la medida de lo posible, obedientes como él al Padre y estar dispuestos a aceptar hasta el fondo el proyecto que él tiene para cada uno.
4. "Niéguese a sí mismo". Negarse a sí mismo significa renunciar al propio proyecto, a menudo limitado y mezquino, para acoger el de Dios: Éste es el camino de la conversión, indispensable para la existencia cristiana, que llevó al apóstol san Pablo a afirmar: "Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Ga 2, 20).
5. "Tome su cruz y sígame". En la enseñanza de Jesús esta expresión no pone en primer plano la mortificación y la renuncia. No se refiere ante todo al deber de soportar con paciencia las pequeñas o grandes tribulaciones diarias; ni mucho menos quiere ser una exaltación del dolor como medio de agradar a Dios. El cristiano no busca el sufrimiento por sí mismo, sino el amor. Y la cruz acogida se transforma en el signo del amor y del don total. Llevarla en pos de Cristo quiere decir unirse a él en el ofrecimiento de la prueba máxima del amor.
No se puede hablar de la cruz sin considerar el amor que Dios nos tiene, el hecho de que Dios quiere colmarnos de sus bienes. Con la invitación "sígueme", Jesús no sólo repite a sus discípulos: tómame como modelo, sino también: comparte mi vida y mis opciones, entrega como yo tu vida por amor a Dios y a los hermanos
. Así, Cristo abre ante nosotros el "camino de la vida", que, por desgracia, está constantemente amenazado por el "camino de la muerte". El pecado es este camino que separa al hombre de Dios y del prójimo, causando división y minando desde dentro la sociedad y queriendo quitarte tu vocación, tu felicidad.
Así pues, no tengáis miedo de avanzar por el camino que el Señor recorrió primero. Con vuestra juventud, imprimid en el tercer milenio que se abre el signo de la esperanza y del entusiasmo propio de vuestra edad.
Si dejáis que actúe en vosotros la gracia de Dios, si cumplís vuestro importante compromiso diario, haréis que este nuevo siglo sea un tiempo mejor para todos.
Con vosotros camina María, la Madre del Señor, la primera de los discípulos, que permaneció fiel al pie de la cruz, desde la cual Cristo nos confió a ella como hijos suyos. Y os acompañe también la bendición apostólica, que os imparto de todo corazón.
Vaticano, 14 de febrero de 2001
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jueves, 13 de agosto de 2015
Vocaciones ¿Por quéééée?
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domingo, 9 de agosto de 2015
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