sábado, 27 de febrero de 2010

ANUNCIO DE UNA NUEVA RUTA MONÁSTICA


Centro Diocesano de Orientación para la Vocación Contemplativa

RUTA MONÁSTICA 2010

¿En qué consiste?

En visitar las comunidades de Vida Contemplativa de la Diócesis de León España que incluye: Agustinas Recoletas, Concepcionistas, Carmelitas Descalzas, dos comunidades Cistercienses y Tres comunidades Benedictinas.

Este año, como novedad, el poder pasar un día entero en dichas comunidades compartiendo con las hermanas su carisma, preguntas, dificultades, experiencias, deseos, la oración…

Está dirigido a chicas con inquietud vocacional.

Fechas: Del 1 al 8 de agosto

Para contactar puedes dirigirte al blog:

http://vocacioncontemplativaleon.blogspot.com/

al correo: vocacioncontemplativaleon@gmail.com

¡Apúntate ya!

jueves, 25 de febrero de 2010

domingo, 21 de febrero de 2010

Historia de un encuentro: la perseverancia de mi Dios (II)

Llegó un momento en que yo no pude más y decidí terminar mi noviazgo con Daniel desde la sinceridad de decirle que sentía que mi vocación era la vida consagrada y que además lo que yo sentía por él era mas amistad que amor y no quería lastimarlo. Fue duro pero sentí paz cuando lo hice porque sabia que era lo mejor para ambos.
Comencé a buscar la manera de discernir que era exactamente lo que el Señor quería de mí. Con miedo me contacté con las Hermanas Paulinas, de quienes me atraía el carisma por ser ellas comunicadoras del evangelio y yo estar estudiando la licenciatura en comunicación social. Me propusieron ir cada 15 días para comenzar un acompañamiento vocacional pero no me atreví a decir “Sí” porque eso implicaría decirle a mis padres lo que sentía y no me animaba.
Le dije a Jesús que mejor sea a distancia, pensando que esta modalidad no existía, fue otra excusa que puse a Jesús. A la semana llegue por Internet a una comunidad de brasil que ofrecía discernimiento vocacional por mail, me inscribí y comencé el acompañamiento en portugués, idioma que sabia por haber estudiado en la universidad.
En ese tiempo conocí un joven por Internet, él era de Perú y deseaba formar un matrimonio misionero. Pensé que esa era la solución a mi problema: contentar a mis padres casándome y a Dios siendo misionera desde el matrimonio. Me puse de novia con él pero terminamos a los 5 meses. Yo le pregunté al Señor que quería y me dijo por medio del libro de los Hechos de los apóstoles, que cuando una obra es de hombres cae por si misma pero cuando es de Dios permanece. Le pedí una señal y a la semana me llega por correo un libro para el discernimiento que hacia por Internet. El titulo era “Cúmplase, Señor tu voluntad”. Entendí que quería que lo escuchar de una vez.
Ese mismo año ingresé al Movimiento de la Palabra de Dios desde donde me sentí muy acompañada y aprendí la belleza de la vida comunitaria y el poder de la oración entre hermanos. Allí tuvimos un retiro de Conversión al que yo acudí con la actitud de que allí se hablaría del pecado y por ende el Señor no molestaría más con la llamada. Sin embargo, fue en ese retiro donde Dios me habló con mucha claridad diciéndome que me quería para El, que debía animarme a perder mis miedos porque elegir era renunciar y que ya no debía ponerle más excusas sino discernir realmente su voluntad en mí porque en ella estaba mi felicidad verdadera. No daré detalles de cómo yo sentí todo eso en un retiro de conversión porque me extendería mucho pero sepan que ese retiro fue clave en mi proceso.
A partir de esa experiencia me animé a compartir lo que me pasaba con mis hermanos de comunidad del Movimiento de la Palabra de Dios y con mis Pastores (coordinadores del grupo). Le pedí al Señor que me enviara un sacerdote que me ayudara a discernir lo que Él quería de mí y responder con generosidad a su llamada, dado que por mi diócesis no encontraba ninguno con esa disponibilidad.
Un día le comento de mi necesidad a una amiga de Internet y ella me dice que conocía un sacerdote de capital federal que podría ayudarme y me pasa el mail. Me resultaba rara escribirle a un sacerdote que no me conocía y pedirle que me ayude en este proceso pero sentí en mi corazón que podía ser la respuesta del Señor a mi plegaria así que le envié el mail. Por gracia de Dios, este sacerdote aceptó acompañarme en este proceso de búsqueda.
Tiempo después sentí necesidad de buscar también alguna congregación religiosa. Le dije a María de Lourdes que me llevara a donde Jesús me quería ya que ella conocía a su hijo mejor que yo y me conocía a mi más que yo a mi misma. Así fue que al poco tiempo conocí a las Hermanas del niño Jesús, por medio de una amiga de Internet. Estas hermanas tenían casa a dos cuadras del Santuario del Nuestra Señor de Lourdes en Santos Lugares.
En esta congregación me sentía re cómoda y disfrutaba cada vez que iba de visita, me sentía como “en casa” y me identificaba con el carisma de “Despertar y profundizar la fe”. Por este motivo comencé un acompañamiento con ellas y finalmente, decidí ingresar este año al postulantado, primera etapa de formación para la vida religiosa.
Leí una vez en un testimonio que el proceso vocacional es como un pasar de la derrota al amor. Creo que eso es lo que define mi proceso. Por más que me resistía Dios me venció y luego me mostró que su querer realmente era aquello donde seré plenamente feliz y cada día me encuentro más enamorada de su proyecto de Amor y de El.

Historia de un encuentro: la perseverancia de mi Dios (I)

Me llamo Rosalía, tengo 28 años y soy de Buenos Aires, Argentina. Quiero compartir con ustedes brevemente cómo el Señor me llamó a la vida religiosa y, desde su gracia, pude responder con generosidad a su llamada.
Todo empezó cuando yo era niña, iba con mi madre a la Santa Misa y allí sentí el amor de Dios por primera vez, al recibir a Jesús Eucaristía cuando tenía 8 años. Fue el día más feliz de toda mi vida. A partir de allí comencé a tratar más en intimidad al Señor en la oración personal y lo recibía en la comunión todos los domingos.
En esa capilla donde iba había una monja llamada Inés que fue la que la fundó (ya que antes era solo un terreno baldío) y al ver la alegría de esa hermana y el entusiasmo por todo lo que hacia yo sentía ya en mi corazón el deseo de ser como ella. Sin embargo, había escuchado una vez decir a mi madre que no quería tener una hija monja porque deseaba tener nietos. Estas palabras entristecieron mi corazón y tomé la decisión de callar lo que sentía y tratar de olvidarme de esa idea.
Pasados los años, la Hna. Inés se retiró y mi madre y yo nos alejamos de la iglesia porque el cambio fue muy radical: las nuevas hermanas no eran tan dulces, abiertas, alegres como lo era la Hna Inés. A pesar de ellos yo seguía orando, leyendo la Palabra de Dios y haciendo mi vida normal aunque no iba a la Misa.
Esos dos años que estuve alejada de la iglesia sentía que me faltaba algo y a la vez al ver que en la capilla cada vez iba menos gente me sentía triste. Una noche orando le dije al Señor que estaba triste porque a la capilla de Guadalupe cada vez iba menos gente y deseaba que volviera a enviar alguna religiosa como lo fue la Hna Inés con espíritu evangelizador para acercar a la gente a su Amor. Sentí en mi interior una voz que me decía “¿Por qué no vos?” Debo decir que escuchar eso me dio miedo y respondí “Por amor a ti volveré a la iglesia pero seré como una religiosa más sin ser religiosa” Mi respuesta temía al compromiso. Así a mis 18 años me acerqué nuevamente a la iglesia y me incorporé como catequista.
A Partir de allí comencé a integrarme a la comunidad, a conocer más a las nuevas hermanas y a sentir mucha sed de almas para Dios. Cada vez me incorporaba a más actividades: guiaba el grupo del rosario, iba a encuentros de formación, tuve hasta dos grupos de catequesis…
Un día una de las hermanas se me acercó y me dijo. “¿Vos no pensaste nunca en ser religiosa?” Yo que desde siempre sentía esa inquietud en mi corazón le dije: “Hermana, sinceramente no puedo renunciar a aquello que no viví, soy joven y nunca tuve novio quiero probar la experiencia del noviazgo”. Primera excusa que presenté al Señor a la edad de 22 años.
Inmediatamente fui al Sagrario y le dije: Deseo tener novio, pero no cualquier chico sino alguien que me respete y quiere algo serio. Así fue como al poco tiempo comencé una relación amorosa con un amigo de mi hermano que conocía desde la secundaria y viví con él un noviazgo muy hermoso desde el respeto y el amor mutuo durante 3 años y 3 meses. Durante todo ese tiempo si bien me sentía bien a la vez algo inquietaba mi corazón. Esa llamada que no paraba de hablarme al corazón. Sentía que Jesús me decía que ya me había dado el novio y ahora tenia que decidirme.
Por otro lado, me pasaba que en diferentes lugares distintas personas, (algunas sin siquiera conocerme) me decían con seguridad que yo sería religiosa. Incluso una vez una mujer a la que una amiga le respondió que yo estaba de novia y planificaba casarme dijo “¿Y que tiene que ver?” Esa frase resonó en mi corazón. Sentía que el Señor me invitaba a dejarlo todo.

jueves, 4 de febrero de 2010

La paz armada


AVISO PREVIO A UNOS MUCHACHOS
QUE ASPIRAN A SER CÉLIBES

Será una paz armada, compañeros,
será toda la vida esta batalla;
que el cráter de la carne sólo calla
cuando la muerte acalla sus braseros.


Sin lumbre en el hogar y el sueño mudo,
sin hijos las rodillas y la boca,
a veces sentiréis que el hielo os toca,
la soledad os besará a menudo.


No es que dejéis el corazón sin bodas.
Habréis de amarlo todo, todos, todas,
discípulos de Aquel que amó primero.


Perdida por el Reino y conquistada,
será una paz tan libre como armada,
será el Amor amado a cuerpo entero.

Pedro Casaldaliga

lunes, 1 de febrero de 2010

10 actividades para el Año Sacerdotal

Desde la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española, nos sugieren estas diez actividades que pueden ayudar a parroquias, colegios y comunidades cristianas a celebrar el Año sacerdotal y trabajar a favor de las vocaciones al ministerio presbiteral:

1) Celebrar el día del párroco, con el título “los sacerdotes de mi parroquia” Se podría tener la celebración eucarística a la que se invitarían a todos los sacerdotes vivos que han pasado por una misma parroquia en la que han ejercido su sacerdocio. Un detalle también significativo sería el poder elaborar un mural con las fotografías de esos sacerdotes, ordenadas de forma cronológica (los años que han estado sirviendo a la parroquia), así como la tarea de recabar una breve biografía de cada uno de ellos.

2) Las parroquias podrían también tener un recuerdo para con las vocaciones sacerdotales que han nacido en el seno de esa comunidad. Idear y concretar una fecha en la que se puedan reunir todos, sería un buen testimonio.

3) Organizar una visita a las casas-residencias sacerdotales que la diócesis tenga. Quizá estamos más acostumbrados a ese otro tipo de residencias más genéricas donde viven nuestros mayores, bien sean familiares o paisanos. Existen también casas-residencias donde los sacerdotes jubilados son atendidos en esta etapa dorada de sus vidas. Seguro que agradecen este tipo de detalles, máxime en este año.

4) Organizar una peregrinación al seminario diocesano. Es necesario que las comunidades cristianas conozcan de primera mano el lugar donde los jóvenes se forman para ser en un futuro sacerdotes. Los seminarios están capacitados para llevar acabo este tipo de acogidas de grupos, comunidades y parroquias que se acerquen al lugar signo de la vocación en la diócesis.
Se podrían declarar “a modo de templos jubilares” las capillas de los seminarios diocesanos e invitar a que los fieles peregrinen corporativamente a ellos, rogando por los sacerdotes y las vocaciones al sacerdocio.

5) En las celebraciones eucarísticas no debe faltar una petición por los sacerdotes y las vocaciones al sacerdocio en la oración de los fieles.

6) Revivir y extender la práctica de los “jueves eucarísticos” mediante la prolongación de la acción de gracias después de la comunión con la adoración del Santísimo Sacramento, expuesto en la custodia y se recite la oración aprobada para este año sacerdotal.

7) Resaltar y cuidar la celebración del jueves santo, “día eminentemente sacerdotal” También, poder participar de la Misa Crismal, uniéndose en oración a los sacerdotes que en ese día renuevan, junto con el Obispo diocesano, sus promesas sacerdotales.

8) Conocer a los candidatos que van a ordenarse en este año.

9) Programar actividades catequéticas y pastorales que ahonden en la figura del sacerdote por medio de talleres de lecturas (biografías de sacerdotes ejemplares y santos) o la práctica del cine forum (recomendamos la web http://www.cineyvocacion.org en donde hay una sección de Films relacionados con el Año Sacerdotal)

10) Con los diferentes movimientos familiares, de profundización en la fe, grupos y comunidades se puede reflexionar sobre el papel de los sacerdotes en su función de “consiliarios espirituales” y el servicio ministerial que prestan en su labor de acompañamiento y sostenimiento para que el grupo crezca humana y cristianamente.