lunes, 19 de octubre de 2015

CANTARÉ ETERNAMENTE LA MISERICORDIA DEL SEÑOR

Conocí a Jesús cuando tenía 18 años, en mi familia no éramos cristianos practicantes, creíamos en Dios pero a nuestra manera, dejándolo muchas veces, a un lado.
Mi vida iba pasando imbuida en todos los afanes de la vida, sólo soñaba con ser importante, vivir bien y ser yo la dueña de mi vida.
La verdad, de esta manera, mi vida no tenía mucho sentido, no entendía muchas cosas y constantemente pensaba que no valía la pena vivir, me encontraba vacía. Siempre experimentaba una gran insatisfacción, lo cual podía vislumbrarse en mi exterior.
Pensaba que la felicidad consistía en ser importante, tener dinero, vivir bien, estar a la moda y en ser estimada por todos y todas mis fuerzas las gastaba en conseguir todo aquello, siempre encontrándome muy vacía.
Hasta que un día, Dios se presentó en mi vida. Me invitaron a participar en el grupo de confirmación, la verdad no tenía mucho interés pero acepté, quizá por compromiso o por hacer un día algo distinto, no podía pensar que desde aquel día mi vida iba a cambiar por completo, fue en ese día en que escuché hablar de Jesús por primera vez. Cuando me hablaron de su inmenso amor por mí, de que por mí había muerto en la cruz, realmente quedé impresionada, tuve la experiencia de que unas vendas caían de mis ojos y que ahora podía ver con claridad, que finalmente era capaz de ver la realidad y sólo sabía decir y repetir asombrada: ¡No sabía que había alguien que me amaba tanto, no sabía que nunca había estado sola!
Fue así cómo cambió por completo mi vida y desde entonces no me he cansado de decir que he sido salvada por pura misericordia de Dios.
Después de 10 años de este encuentro con el Señor, mi experiencia sigue siendo la misma, lo único que cada día se hace más profunda. Cada día voy descubriendo el abismo insondable e inmenso de la misericordia de Dios, que va llenando toda mi vida, voy descubriendo una mayor plenitud en todo mi ser, cómo Él me va haciendo y desarrollando cada vez más como persona. Puedo decir con una convicción profunda que desde que me encontré con Dios, he descubierto la felicidad, una felicidad muy profunda, que no quiere decir que no haya dificultades en el camino, pero la experiencia de saberse amada verdaderamente por Dios, lo supera todo, porque no estoy sola.
Sólo puedo dar gracias a Dios por la obra de misericordia que ha hecho en mí, porque no sólo me concedió el don de la fe sino que me ha llamado a seguirle más de cerca en la vida contemplativa, donde puedo alabarle y darle gracias en nombre de toda la humanidad y repetir con el salmista “cantaré eternamente las misericordias del Señor.”
Sor Lucía de la Misericordia

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