jueves, 21 de abril de 2016

«Tengo sed de amarte y de que tú me ames». Carta de Dios a un alma que lo busca

Estoy a la puerta de tu corazón, de día y de noche. Aun cuando no estás escuchando, aun cuando dudes que pudiera ser yo, ahí estoy: esperando la más pequeña señal de respuesta, hasta la más pequeña sugerencia de invitación que me permita entrar.

Y quiero que sepas que cada vez que me invitas, yo vengo siempre, sin falta. Vengo en silencio trayendo los muchos dones de mi Espíritu. Vengo con mi misericordia, con mi deseo de perdonarte y de sanarte, con un amor hacia ti que va más allá de tu comprensión. Te traigo mi luz, para disipar tu oscuridad y todas tus dudas. Vengo con mi poder, que me permite cargarte a ti: con mi gracia, para tocar tu corazón y transformar tu vida. Vengo con mi paz, para tranquilizar tu alma.


Te conozco como la palma de mi mano, sé todo acerca de ti. No hay nada en tu vida que no tenga importancia para mí y siempre te he amado. Conozco cada uno de tus problemas. Conozco tus necesidades y tus preocupaciones. Pero te digo de nuevo que te amo, no por lo que has hecho o dejado de hacer, te amo por ti, por la belleza y la dignidad que mi Padre te dio al crearte a su propia imagen.

Conozco, sobre todo, tu necesidad de amor, sé que tan sediento estás de amor y de ternura. Pero cuántas veces has deseado satisfacer tu sed en vano, buscando ese amor con egoísmo, tratando de llenar el vacío dentro de ti con placeres pasajeros, con el vacío aún mayor del pecado. ¿Tienes sed de amor? «Vengan a mí todos los que tengan sed…» (Jn. 7, 37). Yo te saciaré y te llenaré. ¿Tienes sed de ser amado? Te amo más de lo que te puedes imaginar… hasta el punto de morir en la cruz por ti.


Tengo sed de ti. Sí, esa es la única manera en que apenas puedo empezar a describir mi amor. Tengo sed de ti. Tengo sed de amarte y de que tú me ames.  Ven a mí y llenaré tu corazón y sanaré tus heridas. Nunca debes dudar de mi misericordia, de mi deseo de perdonarte, de mi anhelo por bendecirte y vivir mi vida en ti, y de que te acepto sin importar lo que hayas hecho. Tengo sed de ti. Si te sientes de poco valor a los ojos del mundo, no importa. No hay nadie que me interese más en todo el mundo que tú. Tengo sed de ti. Ábrete a mí, ven a mí, ten sed de mí, dame tu vida. Yo te probaré qué tan valioso eres para mi Corazón.

¿No te das cuenta de que mi Padre ya tiene un plan perfecto para transformar tu vida a partir de este momento? Confía en mí. Pídeme todos los días que entre y que me encargue de tu vida y lo haré. Te prometo ante mi Padre en el Cielo que haré milagros en tu vida. ¿Por qué haría yo esto? Porque tengo sed de ti. Lo único que te pido es que te confíes completamente a mí. Yo haré todo lo demás.

 Todo lo que has buscado fuera de mí solo te ha dejado más vacío, así que no te ates a las cosas de este mundo; pero, sobre todo, no te alejes de mí cuando caigas. Ven a mí sin tardanza porque cuando me das tus pecados, me das la alegría de ser tu Salvador. No hay nada que yo no pueda perdonar y sanar, así que ven ahora y descarga tu alma.

No importa cuánto hayas andado sin rumbo, no importa cuántas veces me hayas olvidado, no importa cuántas cruces lleves en esta vida, hay algo que quiero que siempre recuerdes y que nunca cambiará. Tengo sed de ti, tal y como eres. No tienes que cambiar para creer en mi amor, ya que será tu confianza en ese amor la que te hará cambiar. Tú te olvidas de mí y, sin embargo, Yo te busco a cada momento del día y estoy ante las puertas de tu corazón, llamando. ¿Encuentras esto difícil de creer? Entonces, mira la Cruz, mira mi Corazón que fue traspasado por ti. ¿No has comprendido mi Cruz?, entonces escucha de nuevo las palabras que digo en ella, te dicen claramente por qué yo soporté todo esto por ti: «… Tengo sed de ti» (Jn. 19, 28). Sí, Tengo sed de ti. Como el resto del salmo que yo estaba rezando dice de mí: «…esperé compasión inútilmente, esperé alguien que me consolara y no le hallé» (Salmo 69, 20). Toda tu vida he estado deseando tu amor. Nunca he cesado de buscarlo y de anhelar que me correspondas. Tú has probado muchas cosas en tu afán por ser feliz. ¿Por qué no intentas abrirme tu corazón, ahora mismo, abrirlo más de lo que lo has hecho antes?


Madre Teresa de Calcuta

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