viernes, 29 de abril de 2016

Siete valiosos consejos sobre el noviazgo del Papa Francisco en «Amoris Laetitia»

1.- Redescubrir la riqueza del matrimonio
No hay noviazgo si no hay matrimonio, el noviazgo no es un fín en sí mismo, sino una preparación para la unión conyugal. Para eso es preciso valorar a esta última, que hoy en día está muy desprestigiada.

2.- Calibrar la fuerza del consentimiento y el valor de la fidelidad

El compromiso matrimonial no es un trámite sino un paso decisivo que condiciona de manera radical toda la vida de los contrayentes. Y es bueno que los novios reflexionen sobre ello.

“Hace falta destacar que esas palabras no pueden ser reducidas al presente; implican una totalidad que incluye el futuro: ‘hasta que la muerte los separe’.”


3.- No confundir el enamoramiento con el amor
“La mera atracción mutua no será suficiente para sostener la unión” si no hay nada más, si “los puntos de contacto son escasos”. (A.L., 209)

En una época en que el criterio último de las relaciones parece ser el deseo, el papa Bergoglio afirma: “Nada es más volátil, precario e imprevisible que el deseo”. Y añade que “nunca hay que alentar una decisión de contraer matrimonio si no se han ahondado otras motivaciones que otorguen a ese compromiso posibilidades reales de estabilidad” (A.L. 209)

4.- No llegar al altar sin conocerse a fondo
“Lamentablemente muchos llegan a las nupcias sin conocerse” (A.L., 210). Una obviedad tan de cajón como que es conveniente llenar la cantimplora si vas a cruzar el desierto. Pero muchas parejas se casan sabiendo muy poco del otro, o con un conocimiento muy superficial de su yo más íntimo. “Sólo se han distraído juntos, han hecho experiencias juntos, pero no han enfrentado el desafío de mostrarse a a sí mismos y de aprender quién es en realidad el otro” (A.L. 210).

5.- Ser castos
Sin castidad es difícil que cuaje una unión sólida y estimulante: “La castidad resulta condición preciosa para el crecimiento genuino del amor interpersonal” afirma Francisco (A.L., 206)

La castidad no es una lista de prohibiciones, sino reservarse, saber esperar, para la entrega de alma y cuerpo en el matrimonio.

En la JMJ de Paris, un joven le preguntó a Juan Pablo II: “¿Qué está bien y qué está mal en el noviazgo?” A lo que el Papa respondió: “Está bien lo que puedes hacer enfrente de tu madre”. En el noviazgo uno no entrega su cuerpo al otro porque hacerlo sería una mentira.

6.- Buscar ayuda
En el matrimonio cristiano es esencial buscar orientación en otros matrimonios así como en el tesoro de sabiduría y gracia sobrenatural de la Iglesia. No es aconsejable que los novios recorran solos su camino al matrimonio.

“La pastoral prematrimonial y la pastoral matrimonial deben ser ante todo una pastoral del vínculo, donde se aporten elementos que ayuden tanto a madurar el amor como a superar los momentos duros”. (AL, 211)

7.- Y tener paciencia
La prisa, enfermedad de esta época, es mala consejera en materia de amor. Porque como dice el Papa, “el amor es artesanal” (A.L., 221). El camino tiene en cuenta la fragilidad del chico y de la chica que “gracias al don de Dios y a una respuesta creativa y generosa, va dando paso una realidad cada vez más sólida y preciosa”.

Eso requiere tiempo, paciencia, comprensión. Los novios deben saber que “cada matrimonio es ‘una historia de salvación’”. Y “quizá la misión más grande de un hombre y una mujer en el amor sea esa, la de hacerse el uno al otro más hombre o más mujer. Hacer crecer es ayudar al otro a moldearse en su propia identidad”.

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