sábado, 12 de noviembre de 2016

¿Hacia dónde camino en mi vida?

¿Vale la pena? ¿alguna vez nos preguntamos qué hay detrás de la decisión de emprender una nueva aventura? (pongamos que hablo del Camino de Santiago). ¿Ganas de riesgo? ¿De superarnos a nosotros mismos?
A menudo nos sucede que, cuando nos lanzamos a comenzar una peregrinación, no sabemos muy bien el motivo que nos lleva a ello. Pero antes de nada… ¿Peregrinación? La definición más o menos exacta indicaría que se peregrina cuando se viaja hacia un lugar sagrado, y en el camino uno se encuentra a sí mismo y a Aquel a quien busca, siempre y cuando tenga los ojos y oídos bien abiertos.

Pero en un mundo en el que las nuevas experiencias y del espíritu selfie-aventurero plantearse este camino desde un punto de eminentemente religioso, choca y no se plantea el sentido último del caminar.
¿Y por qué ocurre esto? Porque no pega, queda raro o simplemente, no entra dentro de nuestros planes. Pero lo malo de la vida monótona es que al final del día, ya tumbados en nuestra cama, nos preguntamos…¿y esto es vivir?
Hay quien dice que el Camino de Santiago es reflejo de la vida. En el camino no andamos por andar, sin saber a dónde llegaremos. La meta de nuestro caminar es Santiago, la tumba del apóstol, con pequeñas metas en cada etapa. También hay quien dice "La meta no es Santiago, es el camino" "El camino es la meta". Cómo hago el camino, como vivo día a día, cómo me relaciono conmigo mismo, con Dios y con los demás.
Durante nuestro camino, mientras sufrimos las ampollas y los dolores musculares, el utilizar bastones nos revela que el salir de uno mismo, de la zona de confort, a veces cuesta. Y en nuestra vida sucede igual. O nos planteamos en qué y sobre quién nos apoyamos y hacia dónde caminamos, o veremos la vida pasar ante nuestros ojos sin ser consciente de que yo soy el protagonista, y elijo en qué gastar mi vida.
Y tú, ¿en qué gastas la tuya?

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