viernes, 1 de enero de 2016

¿Qué es un monje?

“A través de su rigurosa separación del mundo, el monje trata de abrazar plenamente el Evangelio, de preservar intacto, en condiciones de vida diferentes, el testimonio fiel y generoso del martirio, bajo una forma menos clamorosa pero prolongado durante toda la existencia. Primero las sangrientas persecuciones y después la vida monástica hicieron a los cristianos conscientes de la necesidad de vivir en el mundo como si no se viviera en él…”.


El santo hermano y monje trapense de nuestro siglo, Rafael Arnaiz escribía:

“¡Dios!… He aquí lo único que anima, la única razón de mi vida monástica.

Dios, para mí, lo es todo; en todo está y en todo le veo. ¿Qué me interesa la criatura?, ¿y yo mismo?… ¡Qué loco estoy cuando de mí me ocupo, y qué vanidad es ocuparse de lo que no es Dios!”


San Macario, decía: “El monje se llama monje porque día y noche conversa con Dios, no ocupa la imaginación más que en cosas de Dios y no posee nada sobre la tierra”.



“Se llama monje por cuanto invoca a Dios con oración incesante, a fin de purificar su espíritu de los numerosos e importunos pensamientos, y para que su espíritu llegue a ser monje en sí mismo, sólo delante del verdadero Dios, sin acoger jamás los pensamientos que provienen del mal…”.

2- El monje, sostén del mundo y pararrayos de la ira de Dios

(Están discutiendo Tértulo y Equicio, dos romanos que quieren llevar a sus hijos a Subíaco, el monasterio fundado por San Benito)

-¡Qué pena que un hombre así (están hablando de San Benito de Nursia, padre del monacato occidental) se haya apartado del mundo y se haya refugiado en la soledad con un puñado de monjes en vez de aspirar a un alto cargo!… pero mira, vuelven a cantar…

-tal vez eso sea más importante.

-¿los cánticos?

-Sí. Eso les mantiene en estrecho contacto con Dios. Y atraen a otros muchos. Cantan con el corazón, esos hombres… creo que al hacer lo que hacen sostienen el mundo…

-¿qué diablos quieres decir?- preguntó asombrado Tértulo.

-Senadores corrompidos, godos asesinos, comerciantes ladrones, bandidos, truhanes, adúlteros, prostitutas… ¿por qué iba Dios a mantener en la existencia a un mundo así?… Pero, de pronto, un hombre llamado Benito decide organizar algo en lo que todo se haga de cara a Dios, en medio de una corriente constante de alabanza que se manifiesta, entre otras cosas, en estos cánticos; una república en la que sus ciudadanos no poseen nada y lo tienen todo… Como comprenderás, no podía organizar una cosa así en el Palatino o en plena Suburbia… Era preciso buscar un lugar apartado y tranquilo.

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