martes, 8 de marzo de 2011

¡EL MEJOR REGALO, TU VIDA!

En reiteradas ocasiones el Papa Benedicto XVI ha manifestado que los hombres y las mujeres no se adhieren a la fe por un razonamiento, aunque sea muy lúcido o brillante, sino por el encuentro con JESUCRISTO que transforma radicalmente tu mirada y la manera de entender la vida. Baste como botón de muestra el... testimonio que descubrí al leer el libro «Motivos para creer. Introducción a la fe de los cristianos». Su autor manifestaba haber quedado profundamente sorprendido ante el éxito que había tenido en EEUU el libro de Tony Hendra —guionista descreído y satírico de la tv británica— que paradójicamente llevaba por título: «El Padre Joe, el hombre que salvó mi alma». En él narraba su gran amistad con este sacerdote católico. Durante décadas —comentaba el autor— el Padre Joe se mantuvo como un punto de referencia estable y seguro en mi vida. Accesible, compasivo en momentos de crisis, de éxitos, de fracasos… Nunca intentó hacer méritos, ni ganar una discusión, siempre supo ser él mismo. Con paciencia fue desmontando, destruyendo mis falsas ilusiones y ambiciones.
Este hombre viejo, con grandes orejas de delfo, que lentamente iba menguando y envejeciendo… fue la mediación perfecta para encontrarme con «Dios». El mejor regalo que jamás hubiera podido recibir. Y eso que yo no creía… pero ese hombre sirvió de conexión entre Dios y yo. Sospecho que muchos hombres y mujeres de hoy atraviesan por situaciones similares a la mía.
Podemos sentir la incertidumbre, podemos ser incapaces de ofrecer una explicación intelectualmente satisfactoria de lo que creemos pero… en alguna parte de nuestro horizonte hay personas que Dios ha puesto en el mundo para que establezcan esta conexión paradójica y misteriosa.
No importa que esas personas sean tan frágiles y vulnerables como nosotros. Lo importante es que descubrimos a alguien que vive en el mundo que a nosotros también nos gustaría habitar…
Mientras haya personas, que de forma eficaz y valiente, se responsabilicen de Dios, las puertas permanecerán abiertas y existirá la posibilidad de que otros muchos podamos decir algún día: CREO, he encontrado mi hogar en Dios.
No deja de ser conmovedor que haya un número de jóvenes nada desdeñable que se sientan llamados a ser REGALO de DIOS en el MUNDO. Y descubran que ser sacerdote hoy sigue siendo una bendición —un bien «ecológico»— no sólo para la Iglesia sino para toda la humanidad; una de las formas más sublimes de hacer visible el Reino de Dios; una de las formas más hermosas de encarnar los ideales que tiene hoy cualquier joven; una de las formas posibles de hacer la voluntad de Dios y sentirse plenamente realizado; una de las formas reales de ser feliz; una de las formas, aunque parezca paradójico, de ser totalmente libre; una de las formas más auténticas para ser realmente fecundo en la vida…
Si alguna vez lo llegases a sentir… No tengas miedo, ¡ REGÁLATE !

Ángel Pérez Pueyo
Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades
De la Conferencia Episcopal Española.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Jovenes consagrados, reto para el mundo




Mensaje para la Jornada de la Vida Consagrada (2 de febrero de 2011)

Queridos hermanos y amigos: paz y bien.
Cada 2 de febrero se celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Este año, ante el próximo encuentro entre el Papa Benedicto XVI y los jóvenes del mundo que se darán cita en Madrid, se ha propuesto el mismo lema: firmes en la fe. También los consagrados tiene una juventud que vivir sin que les caduque la esperanza lozana y la pasión ilusionada. No se trata añadir años a la vida, sino vida a los años. Lo han dicho todos los autores que han tratado de las edades del hombre, que la juventud no es un factor cronológico sin más, sino una actitud ante la vida, con la mente y el corazón. Hay viejos prematuros o jóvenes perennes, y esto lo da no tanto la edad sino el modo de vivir las cosas.
Firmes en la fe significa para un cristiano, y máxime para un consagrado, estar arraigados en esa tierra que acoge las raíces y las permite nutrir a fin de que el árbol plantado junto a la buena acequia pueda seguir dando frutos en sazón. Es la fe lo que permite tener una firmeza que no es la intransigencia de los confusos ni la pretensión de los demagogos. La fe que nos pone delante de un Tú ante el cual cada instante de nuestra vida se decide. Es el Tú nada menos que del mismo Dios.
No es una figura fantasmal sino Alguien completamente real. Alguien que es quien más se corresponde con la verdaderas exigencias de mi corazón. Es el encuentro con un Dios vivo que cotidianamente me llama por mi nombre, que lo tatuó en la palma de su mano, y que a diario se asoma al ventanal de su misericordia para ver si regresamos de nuestros devaneos pródigos. Precisamente en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2011, hay un párrafo inicial en el primer punto en el que se aborda esta cuestión de lo concreto del Señor en nuestras vidas: «el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su “huella”. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría. La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social… se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza».
Ante este reto, emerge la esperanza de la que son destinatarios y agentes a la vez los jóvenes consagrados: ser un desafío para este mundo de nuestra generación que sigue buscando a Dios mientras a veces de aleja de Él. La consagración en sí es un reto en medio de un mundo secularizado y anticristiano. El testimonio de los jóvenes consagrados acerca apasionadamente al Señor, hablando de una firmeza que arraiga en las auténticas raíces, y que narran desde un carisma suscitado por el Espíritu Santo en su Iglesia, lo que los demás jóvenes y el mundo entero necesitan ver: que los cristianos somos la prolongación en la historia la salvación de Dios. Demos gracias por los consagrados jóvenes, tengan la edad que tengan, pues son un don para la Iglesia y para el mundo.
Recibid mi afecto y mi bendición.
+ Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo
Adm. Apost. de Huesca y Jaca

jueves, 27 de enero de 2011

´´Mi Dulce Esposo´´

VOCACIONAL EMMANUEL

´´Vocación Monástica´´


Búsqueda de Dios

"Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo". Así expresaba un viejo poeta de Israel uno de los anhelos más profundos del corazón humano: "la sed de Dios".

Al mundo moderno lo devora el vértigo. Orgulloso de su dominio de la técnica ha llegado a creerse un dios. El afán consumista del mundo occidental le sumerge en un materialismo tal que le hace olvidar los valores del espíritu. Así ha ido perdiendo el sentido de Dios, su instinto religioso, el norte de su vida.

Pero el deseo de Dios permanece en el fondo de su ser. Lo tiene todo, está saturado de cosas que no le llenan, que no le satisfacen, que no le hacen feliz, al contrario, le desasosiegan. Se encuentra insatisfecho, todo ello indica la presencia oculta de Dios que está ahí llamando a su puerta: "Nos hisciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti" (San Agustín).

Un día nosotras le oímos: "Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo (Ap 3,8). Le abrimos, y desde entonces ya no tenemos otra opción que la de lanzarnos a la más apasionante aventura humana: la de buscar a Dios.

Jesús de Nazaret

"Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna: prendado está el rey de tu belleza" (Sal 44,11).
Un día estas palabras resonaron insistentes en nuestro corazón. Era Jesús que pasaba a nuestro lado y nos subyugó. Su encuentro dio un vuelco a todos nuestros proyectos, a todas nuestras ilusiones. Desde entonces sólo contaba él. Nuestro deseo más íntimo era conocerle, amarle, servirle, vivir y morir con él.

martes, 25 de enero de 2011

''Si Dios es amor'' - Santa Teresa de Avila

Ama a tu prójimo como a ti mismo
Solo dos cosas nos pide el Señor; amor de Dios y amor del prójimo. Estas son las virtudes en las que debemos trabajar. Conservándolas con perfección hacemos su voluntad, y así estaremos unidos a el. La señal mas certera de que guardamos estas dos cosas, es guardando bien la del amor del prójimo; porque si amamos a Dios no se puede saber, mas el amor del prójimo, si. Si no amamos a nuestro prójimo, nos engañamos a nosotros mismos, si creemos que amamos a Dios. Y estén ciertos que mientras mas aprovechados se vienen en el amor del prójimo, mas lo están en el amor de Dios.
Sta. Teresa de Jesús

Si Dios es amor y vive en cada uno de nosotros, tenemos que amarnos con amor fraternal. Por eso nuestro amor al prójimo es la medida de nuestro amor a Dios. Sin embargo, este último es distinto al amor natural que tenemos por los hombres. El amor natural surge entre aquellos que están unidos por el vínculo de sangre, por afinidad de carácter o por intereses comunes.

Los otros son extraños, que poco nos interesan, o que incluso pueden provocarnos un cierto rechazo, de tal manera que hasta los evitamos físicamente. Para los cristianos no existen los hombres extraños.
Nuestro prójimo es todo aquel que tenemos ante nosotros y que tiene necesidad de nosotros, y es indiferente que sea nuestro pariente o no, que nos caiga bien o nos disguste, o que sea moralmente digno de ayuda o no.

El amor de Cristo no conoce limites no se cansa nunca y no se asusta ante la suciedad o la miseria. Cristo vino para los pecadores y no para los justos. Y si el amor de Cristo vive en nosotros, actuaremos como El, e iremos en busca de las ovejas perdidas. El amor natural busca apoderarse de las personas amadas y poseerlas, si es posible, en exclusividad. Cristo vino al mundo para recuperar para el Padre la humanidad perdida; y quien ama con su amor, quiere a los hombres para Dios y no para sí.

Vocación religiosa: ¿te atreverías a planteártela?

Vocación Sacerdotal ¿Y por qué no? - Iglesia católica

jueves, 20 de enero de 2011

La unidad de los cristianos (enero 2011)



El octavario de oración por la unidad de los cristianos no es una iniciativa que movilice grandes esfuerzos ni empeños en nuestra diócesis, debemos admitirlo.
Sabemos que está ahí cada año, en el mes de enero, antes de la fiesta de la conversión de san Pablo, pero es excepcional encontrar una comunidad que vibre con esta intención.
La despreocupación puede explicarse por nuestra peculiar realidad religiosa y social; durante siglos los términos católico y cristiano fueron equiparados sin ninguna dificultad en nuestra España. Y aún hoy, aunque la situación no sea ya así, el número de cristianos no católicos que hay entre nosotros es pequeño, dista mucho de la coexistencia entre iglesias que se da en tantas partes del mundo.

Pero como católicos –universales- haríamos mal en quedarnos mirando sólo nuestros propios problemas. Debemos sentir con toda la Iglesia la herida secular y lacerante de la división. Benedicto XVI, que ya en 2005 dijo que haría de la búsqueda de la unidad entre cristianos una prioridad de su pontificado, nos ha recordado que es una cuestión dolorosa y que, a todos, debe doler sin excepción. Un dolor que no se queda en el lamento sino que invita al compromiso esperanzado.

Un compromiso que se traduzca, aunque no solo, en la oración por la unidad. El octavario nos recuerda, por si lo olvidamos, que sólo Dios puede darnos la unidad deseada, que esta no llegará como fruto de diálogos teológicos o de cambios en costumbres y adaptaciones de leyes, aunque todas las iniciativas son necesarias. Se hará realidad como un don, un regalo de Dios que es quien puede convertir los corazones separados y hacerlo uno solo.

El lema de este año nos dibuja la situación de la comunidad cristiana en el tiempo apostólico: unidos en una misma fe y enseñanza, en una misma vida y bienes compartidos, en la oración y la Eucaristía.
Pese a tantos intentos, a tantos acercamientos y pasos, este retrato de la comunidad no es aún una realidad entre los que creemos en Jesús y hemos recibido un mismo bautismo. Las diferencias están aún por delante de lo que nos une; ya no nos matamos en horrendas guerras de religión, pero estamos muy lejos de amarnos como discípulos del Maestro.
Queda mucho camino por hacer. Recorrerlo será cosa de todos. Que cada cual ponga su propio granito de arena, hecho de oración y buena voluntad.


Ruben Garcia P.

lunes, 17 de enero de 2011

Vocación de San Antonio Abad (17 de enero)


La vocación de san Antonio
De la Vida de san Antonio, escrita por san Atanasio, obispo
Caps. 2-4

Cuando murieron sus padres, Antonio tenía unos dieciocho o veinte años, y quedó él solo con su única hermana, pequeña aún, teniendo que encargarse de la casa y del cuidado de su hermana.

Habían transcurrido apenas seis meses de la muerte de sus padres, cuando un día en que se dirigía, según costumbre, a la iglesia, iba pensando en su interior «los apóstoles lo habían dejado todo para seguir al Salvador, y cómo, según narran los Hechos de los apóstoles, muchos vendían sus posesiones y ponían el precio de venta a los pies de los apóstoles para que lo repartieran entre los pobres; pensaba también en la magnitud de la esperanza que para éstos estaba reservada en el cielo; imbuido de estos pensamientos, entró en la iglesia, y dio la casualidad de que en aquel momento estaban leyendo aquellas palabras del Señor en el Evangelio:

Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego vente conmigo».

Entonces Antonio, como si Dios le hubiese infundido el recuerdo de lo que habían hecho los santos y con aquellas palabras hubiesen sido leídas especialmente para él, salió en seguida de la iglesia e hizo donación a los aldeanos de las posesiones heredadas de sus padres (tenía trescientas parcelas fértiles y muy hermosas), con el fin de evitar toda inquietud para sí y para su hermana. Vendió también todos sus bienes muebles y repartió entre los pobres la considerable cantidad resultante de esta venta, reservando sólo una pequeña parte para su hermana.

Habiendo vuelto a entrar en la iglesia, oyó aquellas palabras del Señor en el Evangelio: «No os agobiéis por el mañana».

Saliendo otra vez, dio a los necesitados incluso lo poco que se había reservado, ya que no soportaba que quedase su poder ni la más mínima cantidad. Encomendó su hermana a unas vírgenes que él sabía eran de confianza y cuidó de que recibiese una conveniente educación; en cuanto a él, a partir de entonces, libre ya de cuidados ajenos, emprendió en frente de su misma casa una vida de ascetismo y de intensa mortificación.

Trabajaba con sus propias manos, ya que conocía aquella afirmación de la Escritura: El que no trabaja que no coma; lo que ganaba con su trabajo lo destinaba parte a su propio sustento, parte a los pobres.

Oraba con mucha frecuencia, ya que había aprendido que es necesario retirarse para ser constantes en orar: en efecto, ponía tanta atención en la lectura, que retenía todo lo que había leído, hasta tal punto que llego un momento en que su memoria suplía los libros.

Todos los habitantes del lugar, y todos los hombres honrados, cuya compañía frecuentaba, al ver su conducta, lo llamaban amigo de Dios; y todos lo amaban como a un hijo o como a un hermano.

Oración

Señor y Dios nuestro, que llamaste al desierto a san Antonio, abad, para que te sirviera con una vida santa, concédenos, por su intercesión, que sepamos negarnos a nosotros mismos para amarte a ti siempre sobre todas las cosas. Por nuestro Señor Jesucristo.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

FELIZ NAVIDAD, AMIGOS DEL BLOG

NAVIDAD 2010

HERMANOS, DIOS HA NACIDO
SOBRE UN PESEBRE, ALELUYA.
HERMANOS, CANTAD CONMIGO:
“GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS”

HOY MUEREN TODOS LOS ODIOS
Y RENACEN LAS TERNURAS
HERMANOS CANTAD CONMIGO
“GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS”

EL CORAZÓN MÁS PERDIDO
YA SABE QUE ALGUIEN LE BUSCA
HERMANOS, CANTAD CONMIGO:
GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS

viernes, 10 de diciembre de 2010

Renovarnos desde la Palabra

Si el Adviento debe ser un momento de renovación en nuestra fe, en nuestra vida cristiana, porque el que espera se prepara, el Papa Benedicto XVI nos ha mostrado un camino seguro para renovarnos: la Palabra de Dios.
Con la exhortación Verbum Domini -La Palabra del Señor- que fue publicada el pasado 11 de noviembre, ha querido recoger las propuestas del Sínodo de los Obispos del año 2008, dedicado a la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia.
El Papa cree que, pese a los grandes avances que se han vivido en la Iglesia Católica en todo lo referente al acceso a la Biblia y su conocimiento, hoy vivimos una situación de estancamiento y rutina. Situación que es aún peor entre los católicos españoles que en el resto, teniendo en cuenta que todas las estadísticas no sitúan a la cola en cuanto a lectura, conocimiento y familiaridad con las Escrituras sagradas.
¿Será ésta una de las causas profundas de nuestra falta de empuje evangelizador, de nuestra perezosa reacción ante el secularismo virulento o de la sequía vocacional?

Podría ser, ya que Benedicto XVI espera del encuentro de los cristianos con la Palabra, nada menos que una “nueva primavera de la Iglesia”, usando sus mismas palabras.
Él pretende que la Palabra divina sea revalorizada en la vida de la Iglesia a través de múltiples iniciativas, de la catequesis, de la predicación, de los medios de comunicación, de los grupos y comunidades, a fin de que sea realmente el corazón de toda actividad eclesial.
¿No podría ser un buen propósito para este Adviento volver a coger una Biblia, a leer algún fragmento, a meditar y orar con él?
Si comenzamos a perder el miedo a la Palabra, a entrar en amistad y comunicación con ella, veremos que es el mismo Jesús el que nos estaba esperando en el texto bíblico, el que sale a nuestro encuentro.
Y la Palabra, que quizá todavía nos parece sólo letra, irá tomando vida, haciéndose carne.
Este año podemos celebrar la Navidad de la Palabra: "la Palabra eterna se ha hecho pequeña, tan pequeña como para estar en un pesebre. Se ha hecho niño para que la Palabra esté a nuestro alcance” (Verbum Domini nº 12).
Rubén García P.

MÁS CERCA DE LOS QUE SUFREN (III Domingo Adviento)


Encerrado en la fortaleza de Maqueronte, el Bautista vive anhelando la llegada del juicio terrible de Dios que extirpará de raíz el pecado del pueblo. Por eso, las noticias que le llegan hasta su prisión acerca de Jesús lo dejan desconcertado: ¿cuándo va a pasar a la acción? ¿cuándo va a mostrar su fuerza justiciera?
Antes de ser ejecutado, Juan logra enviar hasta Jesús algunos discípulos para que le responda a la pregunta que lo atormenta por dentro: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro» ¿Es Jesús el verdadero Mesías o hay que esperar a alguien más poderoso y violento?
Jesús no responde directamente. No se atribuye ningún título mesiánico. El camino para reconocer su verdadera identidad es más vivo y concreto. Decidle a Juan «lo que estáis viendo y oyendo». Para conocer cómo quiere Dios que sea su Enviado, hemos de observar bien cómo actúa Jesús y estar muy atentos a su mensaje. Ninguna confesión abstracta puede sustituir a este conocimiento concreto.
Toda la actuación de Jesús está orientada a curar y liberar, no a juzgar ni condenar. Primero, le han de comunicar a Juan lo que ven: Jesús vive volcado hacia los que sufren, dedicado a liberarlos de lo que les impide vivir de manera sana, digna y dichosa. Este Mesías anuncia la salvación curando.
Luego, le han de decir lo que oyen a Jesús: un mensaje de esperanza dirigido precisamente a aquellos campesinos empobrecidos, víctimas de toda clase de abusos e injusticias. Este Mesías anuncia la Buena Noticia de Dios a los pobres.
Si alguien nos pregunta si somos seguidores del Mesías Jesús o han de esperar a otros, ¿qué obras les podemos mostrar? ¿qué mensaje nos pueden escuchar? No tenemos que pensar mucho para saber cuáles son los dos rasgos que no han de faltar en una comunidad de Jesús.
Primero, ir caminando hacia una comunidad curadora: un poco más cercana a los que sufren, más atenta a los enfermos más solos y desasistidos, más acogedora de los que necesitan ser escuchados y consolados, más presente en las desgracias de la gente.
Segundo, no construir la comunidad de espaldas a los pobres: al contrario, conocer más de cerca sus problemas, atender sus necesidades, defender sus derechos, no dejarlos desamparados. Son ellos los primeros que han de escuchar y sentir la Buena Noticia de Dios.
Una comunidad de Jesús no es sólo un lugar de iniciación a la fe ni un espacio de celebración. Ha de ser, de muchas maneras, fuente de vida más sana, lugar de acogida y casa para quien necesita hogar.

José Antonio Pagola

lunes, 6 de diciembre de 2010

La Inmaculada Concepción

Cuando acabamos de estrenar el tiempo del Adviento, y las luces de la corona comienzan a brillar en nuestras casas y nuestros templos, anunciando la luz de Cristo, celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción.

María es puro adviento, es puro anuncio de la alegría de una victoria plena y total sobre el pecado y la muerte, es ya anticipo del ideal humano, del proyecto que Dios soñó desde siempre para la humanidad. Lo que anhelamos y preparamos es una realidad plena en ella.

La cabeza de la serpiente la ha aplastado, aunque aún colee en el mundo produciendo trágicas y cotidianas consecuencias de mentira y sufrimiento en tantas partes.

María Inmaculada es la Alegre aurora. Cuando después de una noche oscura amanece y los rayos de luz van filtrándose, admiramos los tonos de color del sol que vencen la negrura. Y nos alegramos. La luz, además de ofrecernos claridad, nos calienta y llena de vida.
Así es la Virgen Inmaculada, como una suave luz que anuncia la victoria del bien, como una señal segura de que se acerca el mejor día, buena noticia para todos los que viven entre tinieblas esperando ser iluminados.

Alegría verdadera, porque después de tantos fracasos, después de tantas derrotas, por fin podemos levantar cabeza. El poder de las tinieblas ha comenzado a ser superado. En la madre aparece un punto de luz primero que irá creciendo. Es un regalo, no sólo para los ojos, sino para toda el alma.
La aurora es un anuncio solamente. Por sí misma no tiene identidad propia, es una avanzadilla de otra realidad, que es el sol. La aurora no es el día, sino que lo anuncia, lo prepara. Sus luces y colores no son propios, sino del sol. La aurora es algo relativo al sol, sin el cual no sería nada. Así es María con relación a Cristo, nuestro día y nuestro sol.

Este don de la concepción inmaculada de María lejos de ser algo ajeno a nosotros, algo incomprensible, extraño, es tan humano como todo lo que Dios hace: María hizo de toda su vida una acogida de la voluntad de Dios. Todos sus días son para Dios y su Hijo, parece que no tuviera vida propia: la encarnación y el nacimiento de Jesús, la predicación de Jesús, el seguimiento de Jesús, la pasión y muerte de Jesús, su resurrección, la acogida del espíritu con los discípulos… siempre Jesús. Desaparece ella para que sólo quede su Hijo.
El hágase que dio al ángel de Dios fue sin medida, sin reservarse nada para sí, hasta el final. Como Dios sabía de este sí absoluto y libre, también quiso bendecirla sin medida, cuidando de que nada malo entrara en ella desde antes de que existiera.

Por eso, que mejor podemos hacer que contemplar la aurora que es la Madre, mientras nos preparamos para recibir el día, que es el Hijo. Que mejor que contemplar a María, pura, luminosa, mientras esperamos al Señor y preparamos sus caminos en este tiempo de espera comprometida que es el Adviento.
Rubén García P.