lunes, 23 de agosto de 2010

Amoroso lance - San Juan de la Cruz

''CUENTA CONMIGO, SEÑOR ''


Tú no quieres gente mediocre, gente que te diga un «sí» con la boca chica, cuando a la hora de la verdad lo que dice es «no». Yo, Señor, no quiero ser de esos. Quiero vivir tu evangelio con radicalidad.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR

Sé que necesitas personas comprometidas que no tengan miedo a anunciar tu Palabra por todos los lugares.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR

Necesitas testigos de tu amor que derrochen cariño y entrega por donde quiera que vayan; que hagan realidad tu gran mandamiento del amor.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR

Hacen falta sacerdotes, religiosos y religiosas que vivan el evangelio con radicalidad;que se entreguen totalmente para anunciarte y predicarte por todo el mundo; que estén libres y sin ataduras para ser apóstoles tuyos en medio de este mundo. Si algún día tú me llamas...
CUENTA CONMIGO, SEÑOR

En el mundo necesitas personas que sean capaces de amar sin límites, querer sin límites, entregarse sin límites... Tu invitación es exigente pero, a pesar de todo...
CUENTA CONMIGO, SEÑOR

La fe vivida en familia está en crisis. No es fácil encontrar familias que vivan su fe enla casa. Yo quiero romper con eso, quiero ser testigo tuyo en medio de los más cercanos a mí mismo.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR

Tú no quieres hacer nada sin nosotros. Nos quieres evangelizadores que anuncien por todo el mundo las enseñanzas que dejaste a tus discípulos.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR

''La pequeña parábola del silencio "


La pequeña parábola del silencio
"¿Qué aprendes en tu vida de silencio?". Preguntó el caminante a un monje. El monje, que en aquel momento estaba sacando agua de un pozo, le respondió: "Mira al fondo del pozo. ¿Qué ves?". El caminante obedeció la propuesta del solitario, y se asomó curioso al brocal del pozo. Después de observar bien respondió: "Sólo veo un poco de agua revuelta".

"Detente un instante en tu camino, hermano, -le dijo el monje- contempla silencioso y sereno el cielo y las montañas que rodean nuestro monasterio, y espera... ".

Tanto el monje como el caminante se entretuvieron contemplando en silencio durante un tiempo, que no se hizo largo, la belleza deslumbrante del entorno. El sol levante destacaba el perfil de las montañas en el fondo azul intenso del cielo.

"Hermano... vuelve ahora a mirar el pozo y dime: Qué ves?". "Ahora veo mi rostro reflejado en el espejo que me ofrece la serenidad del agua", contestó el caminante.

"Esto es, hermano, lo que yo aprendo en mi vida de silencio. Comencé reconociendo mi rostro reflejado en las aguas remansadas del pozo cada vez que me acercaba para llenar mi cántaro de agua. Después, poco a poco, fui descubriendo lo que hay más abajo de la superficie, hasta llegaba a entrever las pequeñas hiervas que crecen junto a las paredes excavadas al construir el pozo. Y en los días en los que la orientación de la luz del sol me lo permitía, y el agua estaba especialmente cristalina, llegué a ver las piedras del fondo y hasta los restos de un cántaro roto y olvidado que había caído hace años y quedó allí.

Me preguntabas qué aprendía en el silencio. Esta es mi respuesta: quiero descubrir la profundidad de mi alma, el rincón más hondo de mi corazón, y de mi propia vida. Vine al monasterio buscando a Dios, porque sabía que Él me envolvía con su presencia. Y cada vez voy comprobando con más claridad que Dios también está en lo más profundo del pozo, como alma que da sentido y color, luz y vida a todo aquel que se asoma al interior del propio pozo con el deseo de buscarlo".

domingo, 22 de agosto de 2010

''En la soledad''


En la soledad
"Acostumbrarse a la soledad es gran cosa para la oración"
Sta. Teresa
La soledad no tiene que ver con estar solo, sino con lo que nos rodea. Para que el orante tenga la soledad ideal se necesita que el lugar lo acompañe y que la persona deje pasar todos los estímulos. La soledad no es aislamiento, sino una forma nueva de presencia.

Para vivir esta experiencia de soledad amorosa con el Señor, pedimos ayuda a la Iglesia. Y en la Iglesia encontramos muchas presencias alentadoras. Una de ellas, Juan de la Cruz.

Se hizo entrañable en la soledad. Buscó los lugares solitarios para encontrarse con el Amado; la soledad se le hizo sonora, los ojos se le llenaron de belleza, los oídos de la música callada del amor, la voz se le convirtió en evangelio para todos.

"En soledad vivía,
y en soledad ha puesto ya su nido;
y en soledad le guía
a solas su querido,
también en soledad de amor herido”
(Cántico Espiritual, 35)

Si quieres buscar a Dios, ponte en soledad por amor a El. Deja las cosas y centra la mirada de tu corazón en Él.

Ejercítate en la soledad, aunque a los comienzos sea costosa, que en ella hallarás y gozarás a Dios. A ella te conduce el Espíritu (Rm 8,14)

En la intimidad con Dios encontrarás paz y libertad; descubrirás que es Dios mismo quien te recibe y te acoge, quien te guía.

Cuando te ve en soledad, es Dios mismo quien se te entrega por amor.

sábado, 21 de agosto de 2010

Programa de vida espiritual



Sentimos la necesidad de hacer algo para cambiar, el problema es que no sabemos por dónde comenzar.


Todos las personas estamos llamadas a la santidad, Dios nos llama a la perfección, Cristo nos lo dice claramente: "Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto".

Estas son palabras que no dejan duda alguna. Todos los creyentes, independientemente de nuestro estado o condición de vida, tenemos que ir creciendo para alcanzar la plenitud de la vida cristiana.

Sería bueno pensar en cómo se encuentra nuestra vida cristiana para luego emprender el camino hacia la perfección.

Este crecimiento nos puede parecer muy difícil, pero ¡son tantos los medios que tenemos!. Algunos de ellos son esenciales, tales como; la lucha contra el pecado, estar alertas para no caer en tentaciones, acudir a los sacramentos frecuentemente, ya que la vida sacramental nos fortalece; luego, las buenas obras, que nos alcanzan méritos allá en el cielo; y por supuesto, la oración, ese diálogo con Dios en donde se pueden encontrar las fuerzas necesarias y pedir aquellos dones que nos hacen falta, ¡tenemos tantas carencias!.

Además de los esenciales, tenemos otros medios, los secundarios. Que pueden ser internos, entre los cuales encontramos: la presencia de Dios en nuestra alma, el examen de conciencia para conocer nuestras debilidades o fallas, tener el deseo de alcanzar la perfección, pues sin esto no vamos a ir muy lejos, estar conformes con la voluntad de Dios, es decir, aceptar Su plan para mi, por muy difícil que sea, ser fieles a la gracia recibida, mejorar el propio temperamento, trabajar en la formación del carácter.

Luego, tenemos los medios externos. Estos son la lectura espiritual, mediante la cual podemos ir conociendo nuestra fe, el círculo de amistades, hay que saber escogerlas bien, la dirección espiritual cuando sea posible, el servicio a los demás y el plan o programa de vida.


Programa de vida espiritual

Muchas veces hemos sentido que algo anda mal con nuestra vida espiritual. No sabemos exactamente qué pasa, pero no estamos contentos con nuestra relación con Dios.

De este sentimiento surge la necesidad de hacer algo para cambiar la situación. El problema es que, a veces, no sabemos ni por dónde comenzar.

Vivimos con tanta prisa, que ni tiempo tenemos de pensar en qué tenemos que cambiar, ni cómo hacerlo, ni por dónde empezar.

¿Queremos cambiar nuestra vida? La solución es fácil. Comencemos por hacer un plan o un programa de vida.

Pero, ¿qué es eso? Eso, no es otra cosa que un programa de vida espiritual resultado de un autoconocimiento. Cada quien debe realizarlo, después de meditar en qué es lo que le aparta de Dios. Debe ser concreto y realista, sin divagaciones, sin justificaciones, es un trabajo espiritual, fruto del conocimiento de sí mismo.

Con el plan de vida, que poco a poco, vamos descubrir cómo hacerlo, vamos a poder hacer los cambios necesarios para eliminar esos defectos que a Dios no le gustan de cada uno. Entonces, tendremos una mejor relación con Dios, con nosotros mismos y con los demás.

En el plan de vida debe existir un objetivo, una meta, un ideal al que se tiende. Para establecerlo, hay que descubrir muchas cosas y conocer el camino para trabajarlo.

Aquí podremos ir aprendiendo cómo hacerlo, cómo trabajarlo. Como resultado, obtendremos una mayor paz interior, una mayor alegría.



*Catholic.net

viernes, 20 de agosto de 2010

''Vocacion de una Carmelita''

ISABEL DE LA TRINIDAD Un mensaje para hoy


“Sólo se es libre cuando se tiende hacia algo apasionadamente”

Mujer, contemplativa, apasionada por Dios. Isabel, como tantos otros santos, es testigo de la gran riqueza del hombre, de su interioridad habitada y de su profunda dignidad. En un mundo como el nuestro, paradójico y superficial, Isabel apuesta por una revalorización de nuestro ser, y de su núcleo más profundo, del que brotan las decisiones más libres y auténticamente humanas. El hombre de hoy vive de apariencias, y confundido entre un gran almacén de ofertas y de pretendidas libertades, que insensiblemente lo ahogan y esclavizan. El hombre no es feliz.

El hombre de hoy, sumido en la cultura del bienestar, no se halla plenamente satisfecho, pues siempre podrá desear más de lo que la simple comodidad o el consumismo puedan ofrecerle. El hombre, enredado en este océano de ofertas, pierde considerablemente su identidad más profunda. Y es aquí, precisamente, donde el testimonio de Isabel puede ofrecer una palabra de aliento: se puede vivir desde el silencio; y desde una sencilla mirada interior e incluso solitaria, podremos descubrir nuestra verdadera identidad, la cara más humana del hombre.

En esta soledad solidaria que nos muestra Isabel, la persona de hoy podrá percibir que el verdadero sentido de la existencia humana radica en la donación amorosa a su prójimo, o al Otro, desde su ser más genuino, único y auténtico.

Sor Isabel es profeta, y su mensaje es muy válido para el mundo de hoy. Ya lo fue en su tiempo, pero lo sigue siendo ahora, porque Dios está presente en las entrañas más profundas de nuestro ser, y porque Dios no ha muerto, sino que tiene Palabras para el hombre, como las tuvo ayer, y las tendrá hoy y siempre. Y, por esta razón, alabar a Dios con la propia vida es el mayor don que Él mismo nos pudo regalar. Desde la fe, el cielo puede vivirse ya en la tierra.

Bendición - Santa Isabel de la Trinidad

Que el Padre te cubra con su sombra
y que esta sombra sea como una nube
que te envuelva y te separe de todo.

Que el Hijo imprima en vos su belleza
para contemplarse en tu alma
como si fuera Él mismo.

Que el Espíritu Santo, que es el Amor,
haga en tu corazón una pequeña hoguera
que alegre con el fuego de su llama
a las Tres Divinas Personas.

Amen


"El centro del alma es la sede del amor
y el lugar de habitación privilegiado de Dios-Trino

''EL LLAMADO A LA INFANCIA ESPIRITUAL''

Teresita de Lisieux

Siempre y en todo procuremos cumplir la voluntad de Dios. Sta Teresita
La infancia espiritual

El tema de la infancia espiritual es tal vez el tema central en Santa Teresa de Lisieux. En su vida podemos ver cómo la madurez espiritual se va alcanzando al acercarse a la infancia espiritual.

Esta actitud consiste en el abandono de su vida en manos del Padre, colocando toda su confianza en Él. Ya desde muy niña, Teresita fue viendo cómo en su vida encontraba la felicidad al hacer no su voluntad, sino la del creador. Este descubrimiento es ya un paso muy grande para tan pequeña criatura, pero no se queda allí sino que lo lleva a la práctica en su vida, tanto que a la edad de 14 años se acepta la voluntad de Dios y se ofrece para que haga de ella lo que quiera, lo que le expresa a su hermana en una carta: "Pero, Paulina, yo soy la pelotita del Niño Jesús; si él quiere romper su juguete, es muy dueño de hacerlo. Sí, acepto todo lo que él quiera." No es despreciable aquí la expresión de pelotita del Niño Jesús, ya que es un símil con el cual expresará su ser niña, pero a la vez su profundidad de espíritu.

En esta etapa de la adolescencia también se encuentra otra característica que es clave para la infancia espiritual de Teresa, es el sentido de pobreza tanto material como espiritual, los cuales se complementan en el sentir de esta niña. Al regalarle un corderito que muere el mismo día, ya preanuncia lo que luego se concretará en su voto de pobreza en el Carmelo: "No, no hay que apegarse a nada en la tierra, ni siquiera a las cosas más inocentes, pues nos faltan en el momento que menos se piensa. Sólo lo que es eterno puede llenarnos". Ya la niña ve la relatividad de todo en comparación a Aquel que es el Todo.

Hay una característica de la personalidad de Teresa que es clave en su vida para lograr hacer la voluntad de Dios: la terquedad y cierto orgullo. Así lo muestra en Historia de un Alma, cuando narra sobre su infancia: "Como tenía amor propio y también amor al bien, en cuanto empecé a pensar seriamente (y lo hice desde muy pequeña), bastaba que me dijeran que algo no estaba bien para que se me quitasen las ganas de hacérmelo repetir dos veces..."

La terquedad va acompañada por el sentido de lucha que posee la joven Teresa para lograr la voluntad divina: "No nos queda, pues, más que luchar. Cuando no tenemos fuerzas para ello, Jesús combate por nosotras... Pongamos juntas el hacha a la raíz del árbol..."

Así, cuando descubre que el Señor la llama desde muy joven para entrar en el Carmelo, busca todas las formas para lograr su vocación, lo que no le es nada fácil y encuentra desde ese momento grandes sufrimientos. Pero ella, fiel a la tradición religiosa de la época, se ofrece como víctima para sufrir y así asemejarse a Jesucristo:

"Sólo deseo una cosa para cuando esté en el Carmelo: sufrir siempre por Jesús. La vida pasa tan deprisa que, realmente, vale más lograr una corona muy bella con un poco de dolor, que una ordinaria sin dolor. ¡Cuándo pienso que por un solo sufrimiento soportado con alegría se amará mejor a [2vº] Dios durante toda la eternidad! Además, con el sufrimiento podemos salvar almas. Paulina, ¡qué feliz me sentiría si en el momento de la muerte pudiese yo tener un alma que ofrecer a Jesús! Habría un alma arrancada al fuego del infierno que bendeciría a Dios por toda la eternidad."

Es parte esencial de la infancia espiritual sentirse pequeño, de manera tal que no podamos nada sin aquél que los es todo. Esto también lo sintió Teresa: "Pide que tu hijita sea siempre un granito de arena muy oscuro, muy escondido a los ojos de todos, que sólo Jesús pueda erlo. Que se haga cada vez más pequeño, que se vea reducido a nada..."

En los escritos de Teresa podemos descubrir cómo, a pesar de haber perdido a su madre en su temprana niñez, ha sentido por medio de sus familiares más cercanos el amor de Dios. En especial el amor de su padre, a quien llama cariñosamente su rey. Allí es donde Teresa percibe la concreción del amor de Dios, el cual busca transmitir a todos los que la rodean, como fue el conocido caso de la hermana San Pedro cuando Teresa era novicia, brindándole toda clase de atenciones a aquella que nadie atendía. Su deseo de permanecer escondida es clave en este amor al prójimo.

Por último en esta enumeración de características resaltantes de la infancia espiritual, aunque tal vez sea la más importante, encontramos el deseo de santidad. Teresa desea ser santa, no por temor, sino como respuesta al amor de Aquel que la sobrepasa: "¡Sí, Paulina, quiero ser siempre un GRANITO de arena...! (…) Quisiera decirte muchas cosas a propósito del granito de arena, pero no tengo tiempo... (Quiero ser santa...)"

'' La globalización del amor''


Nuestro mundo camina por el sendero de la globalización de la economía y de la política. Pero cada día somos más conscientes que la concentración de la riqueza en manos de unos pocos afortunados nos lleva a la destrucción. Cada día se impone el terror y la muerte como único camino para la paz y el bienestar de los pueblos.

¿Cuál es el mensaje de Teresa de Lisieux para un mundo globalizado? ¿Tiene palabras significativas una mujer de finales del siglo XIX, religiosa de clausura, que muere tuberculosa a los 24 años? ¿No será abusar del pensamiento de una persona que jamás se cuestionó algo similar? El mensaje de Teresa del Niño Jesús, inculturado en el hoy, es el siguiente: la globalización sin amor es una globalización sin valor. Dicho de una forma menos “profana”: la espiritualidad de la comunión es el “corazón” de nuestro mundo.

La espiritualidad de la comunión es la “Historia de un alma”. Es el alma de Teresa del Niño Jesús. Juan Pablo II, proclamó Doctora de la iglesia a santa Teresa del Niño Jesús por ser “experta en la scientia amoris”. El “corazón” de la iglesia es la comunión.

Teresa siente en su debilidad, en su pobreza, en el claustro, en su enfermedad, que Dios la llama a una verdadera “globalización”. Necesita serlo todo. Su corazón no se conforme con hacer algunas cosas más o menos buenas en su vida..Estas ansias se convertían para ella en “un verdadero martirio”. Dios colmó sus deseos “más grandes que el universo”.

Busca en la Palabra de Dios la luz que necesita para su vocación. San Pablo en la primera carta a los Corintios, capítulo 12, presenta a la iglesia como un cuerpo con muchos miembros, pero no se reconoce “en ninguno de los miembros descritos por san Pablo; o mejor dicho, quería reconocerme en todos...”

Hasta que descubrió que “la iglesia tiene un corazón, y que este corazón estaba ardiendo de AMOR.... Comprendí que el amor encerraba todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y todos los lugares, en una palabra, ¡que el amor es eterno¡” ( Ms B, fol. 3v ).

Esta es la verdadera globalización que enseña hoy Teresita del Niño Jesús. El Amor abraza todos los tiempos y todos los lugares. El amor es “global” o no es amor. El enemigo número uno del amor es el egoísmo, la indiferencia y el conformismo.

Este es el mensaje de la patrona de las misiones, que en su vida quiso ser misionera “no sólo durante algunos años, sino haberlo sido desde la creación del mundo y seguir siéndolo hasta la consumación de los siglos”. Esta es la globalización del evangelio que ella sigue impulsando desde su trono de gloria.

Ya desde niña lo quería todo. Dios prepara a sus elegidos desde el seno materno para ser sus testigos en el mundo. Pero todo este lenguaje del amor podría quedarse en un nivel romántico e idealista si la santa de Lisieux no bajase al terreno práctico de la misma vida. Ella confiesa que anteriormente comprendía el amor “pero de una manera imperfecta”. Dios le concedió penetrar en lo que es el amor.

Teresita al meditar las palabras del evangelio: “no hay mayor amor, que dar la propia vida por aquellos a los que se ama”, se enfrenta con el amor auténtico: “Ahora comprendo que la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no escandalizarme de sus debilidades, en sacar edificación de los menores actos de virtud que se les ve practicar” ( Ms C, fol. 12v).

Es el himno de la caridad de Teresa de Lisieux. El camino de los pequeños de este mundo cargando con la injusticia y la indiferencia de los grandes. Es el camino de Jesús, puerta estrecha y senda angosta. La victoria del amor sobre el odio. Es la verdadera espiritualidad de comunión.

Teresa del Niño Jesús enseña a “globalizar” el amor, empezando con los que viven con nosotros. El amor cristiano penetra en las raíces de la vida creando la comunión universal. Así exclama la santa, llena de gozo y de entusiasmo, cuando profundiza en su vocación: “!Por fín, he hallado mi vocación, mi vocación es el amor¡.... . En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor” ( Ms B, fols. 3v 4r ).
Fr. Antonio Ribas, o.c.d.

jueves, 22 de julio de 2010

Mi visión personal de "La Última Cima"


Hasta ahora había colgado en el blog críticas hechas por otros o los trailers de la película española "La Última Cima". Pero este domingo, por fin, encontré la ocasión propicia para escaparme al cine (no hay nada como la gran pantalla para disfrutar de una película) y ver el film que, milagrosamente, se mantiene en cartelera con dos sesiones.

Así que, antes de que se me olvide, con el recuerdo aún fresco, os daré mis impresiones personales. Desde el punto de vista técnico se nota que es una película de factura humilde, lo cual no quiere decir que no esté bien realizada, sólo que no tiene la calidad a la que estamos acostumbrados en otros films. Aunque al ser un documental, no propiamente una pelicula, se le debe exigir menos recursos desde este punto de vista. Algo que si se echa en falta es tener más imágenes filmadas de Pablo, sólo usan las de una conferencia teológica, que van repartiendo a lo largo del documental, muchas veces, hay que reconocerlo, con verdadero ingenio y chispa.

Las fotografias son tomadas del album familiar, otras de sus excursiones por la montaña o de actos oficiales como su encuentro con el Cardenal de Madrid y con el mismo Papa. Los audios en el que se le escucha hablar son de sus últimos ejercicios espirituales, que dio a una comunidad de monjas poco antes de morir. Nadie sabía que podían llegar a ser usados de este modo, por lo que se entiende que la calidad de sonido deje mucho que desear. Personalmente hubo varios momentos en que no lograba entender lo que decía.

El modo de presentación del documental es muy ágil, muy "pop", con imágenes rebobinadas, saltos, etc. No aburre y la fotografía de exteriores es muy buena.

Eso por lo que respecta a la "cazuela".

En lo referente al guiso que se presenta dentro, la película es de una valentía extraordinaria. Hacer algo así hablando de un cura, y hablando bien, como dice teatralmente su director al comienzo, tiene un mérito impresionante. Y que, encima, funcione en taquilla es ya tremendo.

Os confieso que hubo momentos que me emocionaron; alguno, los menos, me cansaron un poco (me parecio que había testimonios un tanto redundantes sobre lo mismo). Me temía que la película iba a ser más bien "hagiográfica", en el sentido más "ñoño" del término, y, aunque hubo algún momento así, como al hablar de su infancia, escapa de eso cuanto puede y presenta a un sacerdote muy humano, que pide a sus amigos más cercanos, con mucha gracia, que no le permitan volverse "clericalón".

Así que, partiendo de la vida de Pablo, encomiable y testimonial, no cabe duda, termina siendo un verdadero canto a la belleza del sacerdocio y de toda la vida cristiana.

Os la recomiendo, ojalá surjan más películas así para contrarrestar el gusto por la fealdad y la sombra que domina buena parte de nuestra cultura.



Rubén García Peláez

domingo, 18 de julio de 2010

Comentario al Evangelio Domingo XVI TO


Mientras el grupo de discípulos sigue su camino, Jesús entra solo en una aldea y se dirige a una casa donde encuentra a dos hermanas a las que quiere mucho. La presencia de su amigo Jesús va a provocar en las mujeres dos reacciones muy diferentes.
María, seguramente la hermana más joven, lo deja todo y se queda «sentada a los pies del Señor». Su única preocupación es escucharle. El evangelista la describe con los rasgos que caracterizan al verdadero discípulo: a los pies del Maestro, atenta a su voz, acogiendo su Palabra y alimentándose de su enseñanza.

La reacción de Marta es diferente. Desde que ha llegado Jesús, no hace sino desvivirse por acogerlo y atenderlo debidamente. Lucas la describe agobiada por múltiples ocupaciones. Desbordada por la situación y dolida con su hermana, expone su queja a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano».

Jesús no pierde la paz. Responde a Marta con un cariño grande, repitiendo despacio su nombre; luego, le hace ver que también a él le preocupa su agobio, pero ha de saber que escucharle a él es tan esencial y necesario que a ningún discípulo se le ha de dejar sin su Palabra «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán».

Jesús no critica el servicio de Marta. ¿Cómo lo va a hacer si él mismo está enseñando a todos con su ejemplo a vivir acogiendo, sirviendo y ayudando a los demás? Lo que critica es su modo de trabajar de manera nerviosa, bajo la presión de demasiadas ocupaciones.

Jesús no contrapone la vida activa y la contemplativa, ni la escucha fiel de su Palabra y el compromiso de vivir prácticamente su estilo de entrega a los demás. Alerta más bien del peligro de vivir absorbidos por un exceso de actividad, en agitación interior permanente, apagando en nosotros el Espíritu, contagiando nerviosismo y agobio más que paz y amor.

Apremiados por la disminución de fuerzas, nos estamos habituando a pedir a los cristianos más generosos toda clase de compromisos dentro y fuera de la Iglesia. Si, al mismo tiempo, no les ofrecemos espacios y momentos para conocer a Jesús, escuchar su Palabra y alimentarse de su Evangelio, corremos el riesgo de hacer crecer en la Iglesia la agitación y el nerviosismo, pero no su Espíritu y su paz. Nos podemos encontrar con unas comunidades animadas por funcionarios agobiados, pero no por testigos que irradian el aliento y vida de su Maestro.

José Antonio Pagola

18 de julio de 2010

16 Tiempo ordinario (C)

Lucas 10, 38-42

Entrevista: El futuro del celibato sacerdotal

El padre Laurent Touze, profesor francés de Teología espiritual en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma, ha publicado en este Año Sacerdotal el libro L'avenir du célibat sacerdotal (El futuro del celibato sacerdotal, n.d.t.) (Parole et Silence/ Lethielleux).
En la siguiente entrevista, finalizando ya el Año Sacerdotal, el padre Touze explica en qué consiste este “futuro” y se refiere a la “teología eucarística del celibato”.

- Padre Touze, ¿por qué este título?

Laurent Touze: ¡Para jugar al profeta de poca monta! Muchos anuncian al menos desde hace décadas que el “próximo papa” hará opcional el celibato, y que el actual (Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI) no lo hace porque es demasiado conservador, o presionado por la curia, según dicta la mitología.

Yo creo que la Iglesia descubre cada vez más el vínculo que une el celibato al sacramento del orden, y que el futuro es más de celibato, mejor vivido, de manera más santa.

- Usted habla de “vínculo” entre el celibato y el sacramento del orden: ¿a qué se refiere?

- Laurent Touze: Pienso en textos como la encíclica Sacerdotalis caelibatus de Pablo VI, o en las exhortaciones apostólicas Pastores dabo vobis del venerable Juan Pablo II y Sacramentum caritatis de Benedicto XVI.

Los papas destacan no sólo el vínculo celibato-ministerio, sino que también precisan su naturaleza, afirmando un motivo central para el celibato eclesiástico: el motivo nupcial o eucarístico, es decir, el reflejo sobre la condición sacerdotal de la oblación de Cristo por la Iglesia.

Siervo de Cristo esposo, muerto en la cruz-altar de sus bodas con la Iglesia, el sacerdote, específicamente identificado con el Salvador, está llamado a reproducir el sacrificio, también por su celibato.

El contexto todavía más claramente eucarístico de Sacramentum caritatis ofrece, en mi opinión, la clave de este motivo.

Esta teología eucarística del celibato pone al sacerdote frente al oficio principal de su vocación, la Misa, y le reitera cómo las palabras de la consagración deben modelar su propia oblación para la salud del mundo.

El ministro aprende a asociarse interiormente y exteriormente a Jesucristo a quien hace realmente presente, a convertirse públicamente también él en sacerdote y víctima, a vivir como ministro lo que Benedicto XVI llama la “lógica eucarística de la existencia cristiana”.

- Sin embargo, en la Iglesia católica hombres casados son ordenados sacerdotes...

Laurent Touze: Sí, es verdad, en las Iglesias católicas orientales -no siempre- una parte de los sacerdotes están casados, y también en las Iglesias orientales separadas de Roma.

En la Iglesia latina, que reúne la mayoría de los católicos y en la que los sacerdotes son célibes, también hay excepciones, entre ellas algunos ministros reformados que entran a la plena comunión con la Iglesia.

Pero también hay que destacar que en las comunidades cristianas que son en el estricto sentido de la palabra “Iglesias” (porque han conservado con validez el orden y la Eucaristía), el obispo, que ha recibido la plenitud del sacramento del orden, siempre es célibe.

- Se oye decir que ampliar el sacerdocio a los hombres casados permitiría superar la crisis de vocaciones.

Laurent Touze: La “crisis de vocaciones” no se da en todas partes, afecta sobre todo a los países occidentales, en pleno invierno demográfico, y a las comunidades a menudo mal informadas sobre lo que es el ministerio, y quizás más en general sobre lo que es la fe de la Iglesia y la santidad en Jesucristo.

En las familias más numerosas, que vibran con una fe verdadera y viva, florecen vocaciones a todos los estados de vida.

Además, la crisis de vocaciones existe también entre los protestantes, cuyos ministros pueden estar casados.

Y ordenando a hombres casados se correría también el riesgo de olvidar la vocación universal a la santidad, el corazón del magisterio del Vaticano II: la primera misión de los laicos, hombres y mujeres, casados o célibes, es la santificación de las estructuras temporales, y no la sustitución de los clérigos.

- También se ha oído decir, estos últimos meses, que el celibato sacerdotal sería motivo de los casos de pedofilia: ¿cuál es la causa?

Laurent Touze: Frente a los escándalos a los que se refiere, las primeras tareas de la comunidad eclesial son en primer lugar el acompañamiento de las víctimas, pero también la prevención, hacer todo lo posible para que estos casos no vuelvan a reproducirse.

Y así, estar atentos a la selección de los candidatos al sacerdocio, enseñándoles a vivir la sinceridad en la dirección espiritual.

Un hombre joven que tiene una afectividad problemática puede llegar a ser santo, debe aprender a vivir la continencia, a recibir quizás un acompañamiento médico. Pero no podrá convertirse en sacerdote.

- El celibato sacerdotal -continúo haciendo de abogado del diablo- sería una invención de la Edad Media, más aún, “medieval”,...

Laurent Touze: ¡Se dice y se repite “medieval”! Se ignora demasiado a menudo la renovación reciente de la historiografía del celibato sacerdotal, y pienso en Alfonso Maria Stickler, Christian Cochini y, más reciente y largamente, en Stefan Heid.

Estos autores han demostrado que los obispos y los sacerdotes del siglo IV eran o célibes o continentes desde su ordenación, si estaban casados, es decir, que renunciaban al acto conyugal.

Esto me parece un primer hecho señalado por esta escuela historiográfica, que afirma también, y me ha convencido de ello, que esta disciplina ya se vivía en los siglos precedentes.

Los cánones del siglo IV sólo pusieron por escrito lo que se había vivido anteriormente como una costumbre, dándole fuerza de ley.

La tercera experiencia de este nuevo enfoque: el concilio oriental in Trullo de 691 habría abandonado la tradición original, permitiendo a los sacerdotes -no a los obispos- hacer uso de su matrimonio.

La novedad oriental, que fue aceptada por la Iglesia universal sólo en el siglo XVI, es, por tanto, el abandono de la continencia para los sacerdotes casados.

- Usted propone releer el sacerdocio “desde arriba” a partir de la figura del obispo que tiene la “plenitud del sacerdocio”. ¿El sacerdote no es “plenamente sacerdotal”?

Laurent Touze: El único sacerdote de la nueva Alianza es Jesucristo. Todos los fieles participan de su sacerdocio por su bautismo y deben aprender a hacerse sacerdotes de su vida cotidiana, ofreciendo esto a Dios como un acto de culto.

Los sacerdotes y los obispos reciben por su ordenación un don específico, que les permite distribuir en la Iglesia los dones de Cristo cabeza de su cuerpo, por los sacramentos, la predicación y el gobierno.

Y el obispo, como precisó el Vaticano II, tiene la plenitud del sacramento del orden. Hay, pues, una distinción sacramental entre el sacerdote y el obispo, pero al mismo tiempo una fuerte relación mutua.

El concilio construyó la teología del sacerdocio a partir del episcopado, y hoy se comprende cada vez más al sacerdote a la luz del obispo.

Creo que existe un paralelismo de significados entre los grados del orden (obispo, sacerdote -no trato aquí de los diáconos) y los grados de la continencia-celibato requeridos por el ministro (sin excepción para el obispo, con algunas excepciones para el sacerdote).

A la plenitud del orden corresponde la visibilidad máxima de la oblación eucarística de sí, en un celibato-continencia sin mitigaciones.

Pero si el obispo debe ser célibe-continente, cuanto más se defina como hoy al sacerdote en función del obispo, más deberá pedirse en esa medida a todos los ministros que se sometan a la misma disciplina, a causa de la lógica del sacramento recibido.

- Usted vislumbra para el celibato sacerdotal un futuro de santidad y de libertad. ¿Podía imaginar la “purificación” que vive la Iglesia desde hace unos meses cuando escribió su libro? ¿Repite lo mismo ahora, a pesar de la actualidad “dolorosa”?

Laurent Touze: ¡Todavía más! Una teología del celibato que destaca la dimensión sacramental apela en efecto a la santidad.

Sólo el número 24 -sobre el celibato- de la exhortación apostólica Sacramentum caritatis multiplica también las invitaciones a que el sacerdote se abra a la “consagración”, a la “ofrenda exclusiva de sí mismo”, a “la misión vivida hasta el sacrificio de la cruz”, al “don de sí total y exclusivo a Cristo, a la Iglesia y al Reino de Dios”.

Si la teología disponible actualmente, también por el magisterio, es recibida de manera auténtica, y aplicada en la Iglesia, el futuro del celibato deberá ser un futuro de libertad, de don, de santidad sacerdotal.

- En otras palabras, para usted no hay alternativa: la respuesta a la “crisis” es la santidad.

Laurent Touze: Siempre me han impresionado unas palabras de san Josemaría Escrivá: “Un secreto, un secreto para gritar a los cuatro vientos: estas crisis mundiales son crisis de santos”.

Cuando se ven y se palpan las crisis en la Iglesia y en el mundo, la única respuesta de fondo es la conversión, la santidad.

Y hay una única santidad porque sólo hay un santo, Dios, al que aclamamos cantando: “Santo, Santo, Santo es el Señor”.

Él se ha hecho visible en el mundo en Jesucristo, y llegar a ser santo, tratar de serlo, es reproducir la vida del Salvador en nuestras circunstancias, imitar su don de sí mismo por amor.


Las Vocaciones en el mundo en cifras

La Librería Editora Vaticana acaba de publicar una nueva edición del Anuario Estadístico de la Iglesia, en el que se recogen datos sobre los principales aspectos relativos a la acción de la Iglesia católica en los diferentes países en el período 2000-2008.

A lo largo de estos nueve años, la presencia de católicos en el mundo ha pasado de 1045 millones en 2000 a 1.166 millones en 2008, con una variación relativa del +11,54%. Sin embargo, leyendo los datos de forma diferenciada se observa que en África se registra un incremento del 33%, mientras en Europa la situación se mantiene sustancialmente estable (+ 1,17%); en Asia el incremento es de +15,61%, en Oceanía +11,39) y en América + 10,93. No obstante, los católicos europeos han pasado del 26,81% del 2000 al 24,31%, de 2008. En América y Oceanía se mantienen estables y en Asia aumentan ligeramente.

Por lo que respecta al número de obispos en el mundo, se ha pasado de 4.541 en 2000 a 5.002 en 2008, con un aumento del 10,15%.

La población sacerdotal, tanto diocesana como religiosa, muestra un ligero crecimiento a lo largo de estos nueve años (con un aumento del 0,98% a nivel mundial), pasando de 405.178 en 2000 a 409.166 en 2008. Si en África y Asia aumentan (respectivamente un 33,1% y un 23,8,%), América se mantiene estable, mientras Europa y Oceanía disminuyen un 7% y un 4%.

Los sacerdotes diocesanos aumentan un 3,10%, pasando de 265.781 en 2000 a 274.007 en 2008. Por contraste, los sacerdotes religiosos se hallan en constante disminución (-3,04%), llegando a ser 135.159 en 2008. Los sacerdotes disminuyen claramente solo en Europa: si en 2000 representaban más del 51% del total mundial, en 2008 decrecen al 47%. Sin embargo, si en Asia y África juntas suponían en 2000 el 17,5% del total, en 2008 el porcentaje era del 21,9%. América ha aumentado ligeramente su porcentaje que ronda el 30%.

En cuanto a los religiosos no sacerdotes, si en 2000 eran 55.057, en 2008 han bajado a 54.641. Comparando los datos por continentes, en Europa se percibe una neta disminución (-16,57%) y en Oceanía (-22,06%), manteniéndose establemente en América y aumentando en Asia (+32,00%) y en África (+10,47%).

Las religiosas son casi el doble que los sacerdotes y 14 veces los religiosos, pero actualmente están disminuyendo. Han pasado de 800.000 en 2000 a 740.000 en 2008. En cuanto a su distribución geográfica, el 41% reside en Europa mientras en América vive el 27, 47% , en Asia el 21,77% y en Oceanía el 1,28% . En términos generales, las religiosas han aumentado en los continentes más dinámicos, África (+21 %) y Asia (+16%).

El Anuario Estadístico de la Iglesia también recoge la evolución del número de estudiantes de filosofía y de teología en los seminarios diocesanos y religiosos. A nivel global han aumentado, pasando de 110.583 en 2000 a más de 117.024 en 2008. Mientras en África y en Asia los candidatos al sacerdocio aumentan, en Europa disminuyen.
OP/ VIS 20100427 (520)