viernes, 25 de marzo de 2016

"En El Monte De Regina", 2º Campo De Trabajo En La Casa De Sevilla

La casa de Regina Mundi un hogar pintado de blanco, a las afueras de Sevilla, en lo alto de un monte. Y así comenzábamos el Campo de trabajo, ascendiendo al lugar más alto del terreno, en el silencio de la noche, cuando el mundo dormía, nosotros contemplábamos: la casa a nuestros pies, la ciudad en la distancia. Y nosotros con un corazón dispuesto y dos manos deseosas de trabajar. ¿Qué quieres de nosotros Señor? Y Él habló: "He visto la opresión de mi Pueblo... ve tú... yo te envío. No tengas miedo, yo estoy contigo."
Y sus promesas se han ido cumpliendo a medida que avanzaban los días. Pudimos contemplar con Él la opresión de su Pueblo, las historias de rechazo, abandono, maltrato, carencia, violencia, dolor, mucho dolor... y sin embargo nunca fueron las lágrimas las protagonistas, salvo en la despedida.

 Las de los hombres, mujeres y niños que habitan esta casa son historias de salvación y agradecimiento, de vida tras la muerte, de superación en la dificultad, de ternura, de cariño, de familia donde no la había. El dolor queda en el pasado, y eso no significa que la vida para los acogidos sea fácil, todo lo contrario, las trabas aparecen cada mañana: ruedas en lugar de piernas, pañales en lugar de servicio, babero en vez de servilleta.

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 Pero hay algo en Regina Mundi que tiene más poder que el dolor: el amor de Dios que les devuelve la dignidad un día arrebatada. Hace falta verlo para creer que en esta casa lo único que se escucha en cada esquina son risas, siempre el humor tan necesario para sobrellevar la dificultad y para relativizar las piedras del camino. Reconozco que ha sido el humor el que nos ha ayudado a acercarnos a los enfermos como iguales, con lo que eso significa para ellos y para nosotros.
El trabajo, aunque parezca mentira, no es la clave de este campo de trabajo, aunque las horas de limpieza y aseo de los enfermos a veces eran eternas. Aquí las relaciones tienen algo de especial y novedoso, algo de misterio, y en ellas está la clave pero, para llegar a ellas, hay que empezar por el trabajo.
 Aquí la dinámica es a la inversa, que en el mundo la primera impresión, la primera imagen, no es la de los dones, sino la de la miseria, aquello que nosotros habitualmente tardamos meses, o incluso años en mostrar, por miedo a no ser amados, es para ellos su carta de presentación, y sólo aquel que esté dispuesto a salvar ese muro, podrá encontrarse con sus dones, quizá largamente escondidos.
El trabajo sólo es un medio para poder amar como Jesús lo hizo y lo hace, es la oportunidad que se nos brinda para acercarnos a los sufrientes de este mundo, sentarnos a su lado, como iguales, quererles y permitirles que nos quieran.
En eso hemos estado estos días en el "monte de Regina". Las hermanas de la comunidad hablaban de nuestro campo de trabajo, como el que ha hecho más salidas y excursiones de la historia (piscina, cine, Isla mágica, macrofiesta de las casas de la Institución, cumpleaños de Yoni, y vuelta a la piscina).
Nacho Domínguez como veterano creativo e incansable, dando vida y alegría a la casa, y yo como principiante ilusionada, coordinábamos un grupo de 9 chicos y chicas de Málaga, San Fernando y Madrid. Ha sido una experiencia preciosa con ellos, venían deseando ponerse al servicio y lo han hecho.
Por último, pero no menos importante, una palabra para las hermanas que sostienen y creen en el milagro de esta casa. Ellas siempre dicen (medio en broma medio en serio), que no pueden pedir. Hoy pido yo por ellas, para que conserven la radicalidad evangélica que las caracteriza, y para que Dios las cuide y puedan seguir haciendo tanto bien a los que cruzan las puertas de su casa, hablando a otros, con su vida, del Corazón de Jesús".

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