lunes, 25 de mayo de 2015

Testimonio de un postulante cisterciense

Hola, ¿qué tal? Soy Eduardo, un postulante de Santa María de Huerta, y me han pedido que escribiera mi testimonio vocacional.


La verdad es que me ha costado mucho hacerlo. Tal vez sea por el hecho de dejar escrito algo que va a leer mas gente, además de la responsabilidad que eso conlleva. Pero sobre todo me ha supuesto un esfuerzo porque se trata, como toda experiencia fuerte de vida, de algo muy personal, muy íntimo. Aunque, ¿sabes lo que me ha impulsado a escribirlo? Pues que yo, cuando me estaba planteando mi inquietud vocacional, como lo estás haciendo tú ahora, buscaba testimonios de personas que hubiesen dado un SÍ al Señor en la vida monástica. Por lo tanto, si esta humilde experiencia puede servir para profundizar en tu discernimiento, habrá valido la pena el trabajo que me ha costado el escribirlo. Mi proceso vocacional, la verdad sea dicha, es que ha durado mucho tiempo. Y, aunque muchas veces he culpado a factores externos (familia, estudios...) de esta prolongación, lo cierto es que se trataba, simple y llanamente, de miedo a dar el paso, a decir SÍ a lo que me pedía el Señor. Es curioso, aun teniendo bastante claro que este podía ser mi camino, mi vida, el miedo conseguía paralizarme.

Esta inquietud empezó cuando tenía 14 años. Yo sentía que el Señor me pedía algo pero no sabía qué era. Poco a poco fui buscando más ratos de oración personal. De prolongar más tiempo los encuentros con el Señor en la Iglesia. Hacer una lectura atenta del Evangelio de cada día. Todo esto fue creando en mi una especie de sed y búsqueda del Señor. Una sed y búsqueda que nunca podía satisfacer porque siempre me quedaba con ganas de más.


Fue entonces cuando descubrí que existían hombres y mujeres que consagraban su vida por completo a esa sed y búsqueda intensa de Dios, en un lugar especial, dedicado y preparado exclusivamente para ello: el MONASTERIO; o como dice san Benito en su Regla: la CASA DE DIOS.

Un día llegando a la conclusión de que nunca conseguiría ser plenamente feliz si no terminaba de discernir esta inquietud, encontré, casi por casualidad, en una búsqueda casi obsesiva de artículos, páginas web y todo lo que pudiese estar relacionado con la vida monástica, la pagina web de los cistercienses de Santa Maria de Huerta. 

Estuve mirando y leyéndola por completo, y vi que la comunidad organizaba unos “cursillos de vida monástica y oración”. Dichos cursillos aunque no estaban orientados específicamente a la vocación, sí suponían poder aproximarse a la vida monástica y contrastarlo con mi inquietud interior, por lo que me inscribí y fui. 

El cursillo fue muy revelador porque me confirmó la inquietud que tenía en mi interior. Así que decidí hablar con el maestro de novicios. Tras una intensa y agradable charla, el maestro, me invitó a hacer una experiencia de un mes conviviendo con la comunidad y así poder discernir si esta era la vida a la que el Señor me llamaba.

El mes de experiencia fue algo maravilloso, pues si bien los primeros días los pasé mal, llegando a creer que me había equivocado completamente; la perseverancia, la oración y el abrir el corazón a Dios, fueron confirmando día tras día que este era mi camino, la vida que quería vivir, y que durante tanto tiempo había estado buscando.

Bueno, pues este es mi testimonio, espero que te ayude. Sólo decirte que merece la pena dar el paso, independientemente de la decisión final que tomes.
Nada más. Me despido, orando por ti para que el Señor te ilumine y tú le abras tu corazón.

“Aquí estoy como está escrito en tu libro,
Para hacer tu voluntad”. (salmo 39,8-9)

jueves, 21 de mayo de 2015

testimonio sobre el amor matrimonial

Un famoso maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes que estaban en contra del matrimonio. Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relación cuando ésta se apaga en lugar de entrar en la hueca monotonía del matrimonio. El maestro les dijo que respetaba su opinión, pero les relató lo siguiente

Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno y sufrió un infarto. Cayó. Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta. A toda velocidad, rebasando, sin respetar los semáforos, condujo hasta el hospital. Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido.

Durante el sepelio, mi padre no habló; su mirada estaba perdida. Casi no lloró. Esa noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas; él pidió a mi hermano teólogo que le dijera dónde estaría mamá en ese momento. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte, conjeturas de cómo y dónde estaría ella. Mi padre escuchaba con atención, de pronto pidió que lo lleváramos al cementerio. "Papá", respondimos, "son las 11 de la noche! no podemos ir al cementerio ahora".

Alzó la voz y con una mirada vidriosa dijo: "No discutan conmigo por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años". Se produjo un momento de respetuoso silencio, no discutimos más.

Fuimos al cementerio, pedimos permiso para acceder y con una linterna llegamos a la lápida. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus hijos que veíamos la escena conmovidos: "Fueron 55 años......¿saben?, nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así". Hizo una pausa y se limpió la cara. "Ella y yo estuvimos juntos en aquella crisis. cambié de empleo", continuó. "Hicimos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos de ciudad. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la pérdida de seres queridos, rezamos juntos en la sala de espera de algunos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada Navidad, y perdonamos nuestros errores...

Hijos, ahora se ha ido y estoy contento, ¿saben por qué?, porque se fue antes que yo, no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto, que no me hubiera gustado que sufriera...".

Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado de lágrimas. Lo abrazamos y él nos consoló: "Todo está bien, podemos irnos a casa; ha sido un buen día".

Esa noche entendí lo que es el verdadero amor; dista mucho del romanticismo, no tiene que ver demasiado con el erotismo, ni con el sexo, mas bien se vincula al trabajo, al complemento, al cuidado y, sobre todo, al verdadero amor que se profesan dos personas realmente comprometidas".

Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron rebatirle; ese tipo de amor era algo que no conocían. Ojalá algún día puedas encontrar un amor así, y si lo encuentras, jamás, pero jamás lo dejes ir...

lunes, 18 de mayo de 2015

Entrega a Dios

"Dichoso el corazón enamorado
Que en sólo Dios ha puesto el pensamiento.
Por Él renuncia a todo lo criado,
y en Él halla su gloria y su contento;
Aún de sí mismo vive descuidado,
Porque en su Dios está todo su intento,
Y así alegre pasa y muy gozoso
las ondas deste mar tempestuoso".

                    Sta. Teresa de Jesús


En todo lo que hagas, en todo lo que seas hazlo con Dios y de la mano de Dios ¿Noviazgo? ¿Matrimonio? Santo, ¿Misiones? Santas ¿Sacerdocio? Santo ¿Consagración? Santa.

Es lo mejor, seguir al Camino, la Verdad y la Vida.

viernes, 8 de mayo de 2015

domingo, 26 de abril de 2015

IV Domingo de Pascua: El Buen Pastor

El Señor es mi Pastor nada me falta (salmo 22)

Mis ovejas escuchan mi voz...¿Escucho yo la voz del Señor? ¿Que hago por encontrarme con Él?

Hoy es el dia dedicado a la oración por las vocaciones...¿Cual es mi camino? ¿Lo sigo? ¿Me preocupo por mi futuro? ¿Y el de la Iglesia?

El Señor tiene un plan para ti, el mundo es como un inmenso puzle, TÚ eres un pieza fundamental pues si te escapas o no aceptas la vocación que el Señor tiene para ti es como si pierdes una pieza del puzle, hay un vacio, que nadie más que tú puede llenar, eso se queda sin hacer, todo lo que podrias ayudar se queda sin hacer, todas lo que depende de que tú estes ahí se queda sin hacer...y además tendrás un vacio...un no se qué...que te impide ser 100% feliz...no es una condena, no es para meterte miedo, lo digo por que me preocupo de ti, de los que de ti dependen, de la Iglesia, del mundo...¡SALTA!
Esto no va dirigido solo a los que aún no conocen su vocación si no tambien a los que ya la conocen, para que luchen por esas pequeñas cosas que tienen que cambiar para hacer su dia a dia perfecto y alcanzar la vocación común que es la SANTIDAD.

Reflexionemos, hagamos silencio en el corazón, contémosle a nuestro amigo Jesús, hermano Jesús lo que nos ronda la cabeza y preguntémosle: "¿Señor que más quieres de mi?" sin miedos pues: si el Señor es mi Pastor NADA me falta.

lunes, 13 de abril de 2015

Testimonio de Marta, postulante de las benedictinas de Sahagún


Hola, me llamo Marta, tengo 19 años y hace 8 meses que vine de Ciudad Real para entrar de postulante en las Benedictinas de Sahagún.

Los benedictinos fueron fundados en Montecasino por San Benito el cual buscando alejarse de lo malo del mundo y queriendo estar mas cerca de Dios se retiró a vivir en soledad y se le fueron, con el paso de los años ,uniendo personas que querían ese modo de vida y nosotras ,y todos los que siguen la regla de san benito, es lo que queremos, tener un ambiente y unos horarios que inviten a la oración donde pedimos por todas las personas por que igual que es importante el trabajo físico de otros para la Iglesia y el mundo es importante que existan personas, consagradas, contemplativas que se dediquen a ayudar con la oración que también es importante y tiene mucho poder para cambiar las cosas, a un que también trabajamos, estudiamos...

Hay tiempo para todo, organizar convivencias, atender a quien se acerca al monasterio, para estar en Internet (blog, facebook, youtube), tener un recreo por la noche juntas, escuchar las noticias...pues no nos desentendemos de lo que pasa de puertas para afuera y menos ahora que hay tantos medios de comunicación.

Yo a partir de la visita a un monasterio benedictino empecé a interesarme por su modo de vida pensando que posiblemente ese seria mi camino y visitando paginas de distintos monasterios acabe poniéndome en contacto con la comunidad de Sahagún, con el paso de los meses iba conociendo un poco el carisma y acordamos que



hiciera una experiencia que no es otra cosa que una semana viviendo entre ellas para probar, sin ningún compromiso, yo hice dos con unos meses de separación y mantenía el contacto con la comunidad e iba discernimiento mientras acababa de estudiar y cuando termine Y ni todo lo que he dejado por venir aquí ni la edad de las monjas, ni la falta de mas vocaciones, ni los pequeños roces ni dificultades que surgen me han echado atrás por que el Señor llena todo esto y más, por que cualquier vocación no es perder algo si no entregarlo en favor a otro camino que quieres.

Y aquí estoy muy contenta de entregarle todo lo que ya le he dado, al Señor, y pidiéndole que me ayude a seguir sirviéndole cada día, y mas ahora, que tomare el habito el 16 de mayo a las 17:00 h en Sahagún.

Y para invitaros a que no dejéis de seguir vuestro camino por el miedo, que es normal que se tenga ante algo nuevo, que no conoces.

Por ultimo me gustaría transmitiros que para estar en el monasterio no hay que ser de una manera especial, somos personas normales de hecho antes de entrar llevábamos una vida corriente como cualquier persona de nuestra edad.

Solo hay que entender que el modo de vida que Dios tiene pensado para ti es en el que serás 100% feliz y buscarlo sin cerrarte a nada de lo que te pida.

Celebracion en San Lorenzo, Sahagun

Benedictinas de sahagun con la postulante, Benedictinas de san pedro, hijas de la caridad y una religiosa de nigeria hija de maria inmaculada y el sacerdote que presidió



Marta postulane de las benedictinas de Sahagún dando su testimonio


jueves, 9 de abril de 2015

Dia a dia de una joven en un monasterio Benedictino


En el monasterio Santa Cruz de Sahagún tenemos una postulante, preparandose para tomar el hábito, con este video os queremos mostrar como es un dia por el monaserio, actividades cotidianas y normales que puedes comparir con nosotras unos dias si quieres conocer como vivimos y cual es nuestro carisma.

viernes, 3 de abril de 2015

Viernes Santo

Hoy Jesús ha sido arrestado, "juzgado" y condenado a muerte, voluntaria y humildemente aceptada, sin rechistar...por nosotros
Hoy es el dia d pedir por el mundo, por el Papa, la iglesia loa obispos....por los catecumenos, los que no creen...y por tanta gente que tiene cruces muy pesadas. 
Tenemos que mirar la cruz como simbolo de la Redención, como simbolo del amor tan grande que nos tiene...contemplemos y adoremos el simbolo del Amor, la cruz de Cristo.
Pensemos en nuestras cruces y aceptemoslas, cuando decidimos abrazarlas Dios nos ayuda a llevarla...¡¡pero hay que cojerla!! ¡¡Animo, que en la cruz esta la Salvación!!


jueves, 2 de abril de 2015

Jueves Santo

Hoy es el dia de la Ultima cena del Señor donde tiene lugar el lavatorio de los pies, despues de la cena Judas entrega al Señor, Jesús con sus discipulos va a orar al Monte de los Olivos, pero estos se quedan dormidos. Es en este lugar y esta noche donde lo prenden y se lo llevan para juzgarlo.

Hoy es un dia muy bonito y muy grande a un que empiece el sufrimieno de Jesús.
Es el dia en que se instaura la Eucaristia, el dia de los sacerdotes y el del amor fraterno.

Esta tarde se celebra la cena del Señor en la iglesia y la Hora Santa; tiempo de acompañar a Jesús en Getsemaní, hacer balance del amor, rezar...

Os invitamos hoy a repasar los hechos que tuvieron lugar el primer Jueves Santo de la historia y a poneros en el lugar de cada personaje, diferencias, parecidos...

¿como se sentiria Jesus en este dia? ¿en que situaciones soy como Judas? ¿me abajo para lavar los pies a mis hermanos? ¿dejo que me los laven? ¿dejo que Jesus me lave los pies? ¿como es mi participación en la eucaristia? ¿voy a rezar a "mi monte de los olivos" (capilla, habitacion, parroquia) para no equivocarme antes de tomar una decisión dificil, o enfrentarme a algo grande? ¿me duermo en vez de acompañar a Jesús?...

Os invitamos a rezar por:

Los sacerdotes, los que aún estan en los seminarios, por los que Dios quiere como sacerdotes, para que respondan, por los que ya son mayores, para que todos los sacerdoes vivan con alegria y entrega su vocación, sin caer, por que no esten solos, sino que se sientan apoyados...

Por la Eucaristia que se celebre como Dios quiere y con fervor y sabiendo que es lo mas sagrado que tenemos, por los que no pueden ir a misa y quieren, por los cristianos a los que matan por ir a misa, por que redescubramos la Eucaristia y todos los crisianos participemos de ella...

Por el amor fraterno, tantas guerras, tantos odios, tanto egoismo, tanto mirar por encima del hombro, tanta competitividad por ser mejor que el otro, pisandole...lavar los pies es arrodillarse ante el Jesíus que esta en el otro, no pisarlo...


miércoles, 1 de abril de 2015

Miercoles Santo

El Señor quiere celebrar la Pascua en tu casa con sus discipulos, es decir, con los bautizados, con la Iglesia
"mira que estoy á la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré á su casa, y cenaré con él, y él conmigo. " Ap 3,20

Celeración comunitaria de la penitencia

Ayer en la comunidad tuvimos un acto penitencial, muy bonito, leimos la primera lectura, el salmo y el evangelio, Don Pedro, el confesor, eligió uno que nos llamó mucho la atención; hablaba del Amor del Mandamiento nuevo, y nos predicó que uno de los actos del amor es el perdón y como Dios nos ama tanto, nos perdona y nos acoge, y como buenos discipulos suyos también tenemos que perdonar y pedir perdón. Cuando nos confesamos Dios nos perdona a traves del sacerdote y nosotros le pedimos perd,on a la Iglesia a traves del sacerdote. Luego nos deseo que esta confesión nos llene de Gracia y Fuerza para luchar por ser fieles al Señor; Acto seguido comenzamos la confesión individual y cuando no hubimos confesado todas nos volvimos a reunir para darle gracias a Dios.

¿y tu ya te has prparado para la pascua? ¿te has confesado?estas a tiempo, mañana empieza el Triduo Pascual, los dias fuertes, animo, no tengas verguenza, es Dios quien te perdona.


lunes, 30 de marzo de 2015

Precioso Himno de Tercia


Amigo de los hombres, Jesucristo,

tú solo das sentido a nuestra historia,

y, con los ojos fijos al futuro,

la Iglesia vive fiel a tu memoria.


Este tiempo de ayuno te presenta
de nosotros la parte más oscura,
y tus manos clavadas al madero
nos devuelven tu paz y tu ternura.

A lo largo del día no nos dejes,
no nos falte la luz de tu mirada:
llena de amor los pasos que caminan
de este mundo a la luz de tu alborada. Amén.



domingo, 29 de marzo de 2015

Domingo de Ramos

Queridos hermanos: ya desde el principio de cuaresma nos venimos preparando, por medio de la oración y de la penitencia, para las celebraciones pascuales. Hoy, cercana ya la Noche santa de Pascua, nos disponemos a recordar la muerte y la resurrección de Jesucristo, conmemorando su entrada en la ciudad Santa de Jerusalén, entrada que simboliza su llegada victoriosa al reino del cielo.             
Que estas  y los demás actos que celebraremos durante la Semana Santa nos ayuden a acompañar a Jesús participando de su pasión y muerte en la cruz, y así tengamos también parte en su triunfo sobre la muerte, que desde ese momento fue vencida para siempre.

 Los contrastes de la semana santa...los mismos que aclamamos al Señor hoy lo condenaremos a muerte el Jueves... ¿Se ve con mis obras lo que creo?¿echo a Jesus de mi casa cuando no me interesa? Busco situaciones concretas y me propongo mejorar...

Preparad la Semana Santa para vivirla con intensidad.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Solemnidad de la Anunciación

Hoy la Iglesia celebra la Anunciación del Señor y elige esta fecha para organizar una jornada pro-vida.
Gracias al gran si de la Virgen Dios pudo enviar a su Hijo al mundo pues Él no quiere trabajar solo sino contando con nosotros.

Pedimos al Señor que se respete la vida desde la concepción hasta su muerte natural y que suscite muchas mujeres que como la Virgen no se cierren al gran don de la maternidad y junto con sus maridos formen familias que sean cantera de cristianos comprometidos con la Iglesia mediante su vocación especifica; al matrimonio, la vida consagrada, misionera, al sacerdocio...

domingo, 22 de marzo de 2015

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡VOLVED QUE VOLVEMOS!!!!!!!

Buenas tardes somos una comunidad benedictina, de monjas contemplativas.
A partir de hoy colaboraremos en el blog dando información y contestando vuestras preguntas.

Compartimos con vosotros un video que realizamos en el monasterio.
Esperamos que os guste




martes, 17 de marzo de 2015

QUEREMOS VOLVER CON VOSOTROS....







QUERIDOS AMIGOS Y AMIGAS:
Después de un largo tiempo de parada en este blog, o de inactividad, quisiéramos recuperarlo con un enfoque nuevo....
Cristo sigue llamando y estamos convencidos de ello, por lo que sigue siendo necesario estar en la Red, que ya forma parte de nuestra vida, animando y ayudando a quienes pueden sentirse llamados.
También dando a conocer la belleza de tantas formas de llamada en la Iglesia.

¡Queremos volver con CRISTO TE LLAMA!

Un fuerte abrazo...

lunes, 5 de mayo de 2014

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA 51 JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES


11 DE MAYO DE 2014 – IV DOMINGO DE PASCUA
Tema: Vocaciones, testimonio de la verdad

Queridos hermanos y hermanas:

1. El Evangelio relata que «Jesús recorría todas las ciudades y aldeas… Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas “como ovejas que no tienen pastor”. Entonces dice a sus discípulos: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”» (Mt 9,35-38). Estas palabras nos sorprenden, porque todos sabemos que primero es necesario arar, sembrar y cultivar para poder luego, a su debido tiempo, cosechar una mies abundante. Jesús, en cambio, afirma que «la mies es abundante». ¿Pero quién ha trabajado para que el resultado fuese así? La respuesta es una sola: Dios. Evidentemente el campo del cual habla Jesús es la humanidad, somos nosotros. Y la acción eficaz que es causa del «mucho fruto» es la gracia de Dios, la comunión con él (cf. Jn15,5). Por tanto, la oración que Jesús pide a la Iglesia se refiere a la petición de incrementar el número de quienes están al servicio de su Reino. San Pablo, que fue uno de estos «colaboradores de Dios», se prodigó incansablemente por la causa del Evangelio y de la Iglesia. Con la conciencia de quien ha experimentado personalmente hasta qué punto es inescrutable la voluntad salvífica de Dios, y que la iniciativa de la gracia es el origen de toda vocación, el Apóstol recuerda a los cristianos de Corinto: «Vosotros sois campo de Dios» (1 Co 3,9). Así, primero nace dentro de nuestro corazón el asombro por una mies abundante que sólo Dios puede dar; luego, la gratitud por un amor que siempre nos precede; por último, la adoración por la obra que él ha hecho y que requiere nuestro libre compromiso de actuar con él y por él.

2. Muchas veces hemos rezado con las palabras del salmista: «Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño» (Sal 100,3); o también: «El Señor se escogió a Jacob, a Israel en posesión suya» (Sal 135,4). Pues bien, nosotros somos «propiedad» de Dios no en el sentido de la posesión que hace esclavos, sino de un vínculo fuerte que nos une a Dios y entre nosotros, según un pacto de alianza que permanece eternamente «porque su amor es para siempre» (cf. Sal 136). En el relato de la vocación del profeta Jeremías, por ejemplo, Dios recuerda que él vela continuamente sobre cada uno para que se cumpla su Palabra en nosotros. La imagen elegida es la rama de almendro, el primero en florecer, anunciando el renacer de la vida en primavera (cf. Jr 1,11-12). Todo procede de él y es don suyo: el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, pero ?asegura el Apóstol?«vosotros sois de Cristo y Cristo de Dios» (1 Co 3,23). He aquí explicado el modo de pertenecer a Dios: a través de la relación única y personal con Jesús, que nos confirió el Bautismo desde el inicio de nuestro nacimiento a la vida nueva. Es Cristo, por lo tanto, quien continuamente nos interpela con su Palabra para que confiemos en él, amándole «con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser» (Mc 12,33). Por eso, toda vocación, no obstante la pluralidad de los caminos, requiere siempre un éxodo de sí mismos para centrar la propia existencia en Cristo y en su Evangelio. Tanto en la vida conyugal, como en las formas de consagración religiosa y en la vida sacerdotal, es necesario superar los modos de pensar y de actuar no concordes con la voluntad de Dios. Es un «éxodo que nos conduce a un camino de adoración al Señor y de servicio a él en los hermanos y hermanas» (Discurso a la Unión internacional de superioras generales8 de mayo de 2013). Por eso, todos estamos llamados a adorar a Cristo en nuestro corazón (cf. 1 P 3,15) para dejarnos alcanzar por el impulso de la gracia que anida en la semilla de la Palabra, que debe crecer en nosotros y transformarse en servicio concreto al prójimo. No debemos tener miedo: Dios sigue con pasión y maestría la obra fruto de sus manos en cada etapa de la vida. Jamás nos abandona. Le interesa que se cumpla su proyecto en nosotros, pero quiere conseguirlo con nuestro asentimiento y nuestra colaboración.

3. También hoy Jesús vive y camina en nuestras realidades de la vida ordinaria para acercarse a todos, comenzando por los últimos, y curarnos de nuestros males y enfermedades. Me dirijo ahora a aquellos que están bien dispuestos a ponerse a la escucha de la voz de Cristo que resuena en la Iglesia, para comprender cuál es la propia vocación. Os invito a escuchar y seguir a Jesús, a dejaros transformar interiormente por sus palabras que «son espíritu y vida» (Jn 6,63). María, Madre de Jesús y nuestra, nos repite también a nosotros: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5). Os hará bien participar con confianza en un camino comunitario que sepa despertar en vosotros y en torno a vosotros las mejores energías. La vocación es un fruto que madura en el campo bien cultivado del amor recíproco que se hace servicio mutuo, en el contexto de una auténtica vida eclesial. Ninguna vocación nace por sí misma o vive por sí misma. La vocación surge del corazón de Dios y brota en la tierra buena del pueblo fiel, en la experiencia del amor fraterno. ¿Acaso no dijo Jesús: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13,35)?

4. Queridos hermanos y hermanas, vivir este «“alto grado” de la vida cristiana ordinaria» (cf. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 31), significa algunas veces ir a contracorriente, y comporta también encontrarse con obstáculos, fuera y dentro de nosotros. Jesús mismo nos advierte: La buena semilla de la Palabra de Dios a menudo es robada por el Maligno, bloqueada por las tribulaciones, ahogada por preocupaciones y seducciones mundanas (cf. Mt 13,19-22). Todas estas dificultades podrían desalentarnos, replegándonos por sendas aparentemente más cómodas. Pero la verdadera alegría de los llamados consiste en creer y experimentar que él, el Señor, es fiel, y con él podemos caminar, ser discípulos y testigos del amor de Dios, abrir el corazón a grandes ideales, a cosas grandes. «Los cristianos no hemos sido elegidos por el Señor para pequeñeces. Id siempre más allá, hacia las cosas grandes. Poned en juego vuestra vida por los grandes ideales» (Homilía en la misa para los confirmandos, 28 de abril de 2013). A vosotros obispos, sacerdotes, religiosos, comunidades y familias cristianas os pido que orientéis la pastoral vocacional en esta dirección, acompañando a los jóvenes por itinerarios de santidad que, al ser personales, «exigen una auténtica pedagogía de la santidad, capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona. Esta pedagogía debe integrar las riquezas de la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas más recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia» (Juan Pablo II, Carta ap.Novo millennio ineunte31).
Dispongamos por tanto nuestro corazón a ser «terreno bueno» para escuchar, acoger y vivir la Palabra y dar así fruto. Cuanto más nos unamos a Jesús con la oración, la Sagrada Escritura, la Eucaristía, los Sacramentos celebrados y vividos en la Iglesia, con la fraternidad vivida, tanto más crecerá en nosotros la alegría de colaborar con Dios al servicio del Reino de misericordia y de verdad, de justicia y de paz. Y la cosecha será abundante y en la medida de la gracia que sabremos acoger con docilidad en nosotros. Con este deseo, y pidiéndoos que recéis por mí, imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.
Vaticano, 15 de Enero de 2014

FRANCISCO

viernes, 31 de enero de 2014

Diez preguntas con respuesta sobre la vida consagrada (Angel Rubio, obispo de Segovia)


1ª ¿A qué llamamos Vida Consagrada? A una forma estable de vivir por la profesión de los consejos evangélicos en la cual los fieles imitando a Cristo, lo dejan todo para estar con Él, y ponerse como Él al servicio de Dios y de los hermanos.
2ª ¿Qué son los consejos evangélicos? Los consejos evangélicos fundados en el ejemplo de Cristo virgen, pobre y obediente–, son un don divino que la Iglesia ha recibido del Señor y conserva siempre con su gracia para que algunos bautizados profesen según las leyes propias de su instituto religioso.
3ª ¿Qué es un instituto religioso? Es una sociedad en la que los miembros, hombres y mujeres, emiten votos públicos perpetuos o temporales que han de ser reconocidos como tales y viven vida fraterna, unidos a la Iglesia y a su ministerio.
4ª ¿Cuál es el fundamento último de la vida consagrada? La persona de Cristo en su modo histórico de vivir enteramente para Dios y para los hombres todos, constituyen la referencia esencial y el contenido nuclear de la vida religiosa. Es una experiencia de fe, que sólo puede entenderse verdaderamente desde la misma fe.
5ª ¿Cómo se denominan los Institutos de Vida Consagrada? La vida consagrada por naturaleza ni es laical ni clerical. Sin embargo son llamados institutos clericales, cuando se hallan bajo la dirección de clérigos. Institutos laicales, cuando no incluye el ejercicio del orden sagrado. Estos pueden ser de derecho pontificio cuando han sido aprobados por la Sede Apostólica, y de derecho diocesano cuando solamente han sido aprobados por un obispo diocesano.
6ª ¿Qué otras formas de vida consagrada reconoce la Iglesia? Además de los Institutos de vida consagrada, la Iglesia reconoce la vida de los eremitas y de las eremitas pertenecientes a Órdenes antiguas o a Institutos nuevos; el Orden de las vírgenes aun permaneciendo en el mundo, y también la consagración de las viudas y de los viudos.
7ª ¿Qué son los Institutos Seculares? Son aquéllos en los que las personas consagradas, viviendo en el mundo, mediante la profesión de los consejos evangélicos procuran la santificación del mundo desde dentro de él.
8ª ¿Qué son las sociedades de Vida Apostólica? Las sociedades de Vida Apostólica o la vida común masculinas o femeninas se asemejan a Institutos de vida consagrada, buscan con un estilo propio, una finalidad apostólica o misionera.
9ª ¿Puede la Iglesia renunciar a la vida Consagrada? La Iglesia no puede renunciar absolutamente a la vida consagrada, porque expresa de manera elocuente su íntima esencia «esponsal». En ella encuentra nuevo impulso y fuerza el anuncio del evangelio a todo el mundo. Se necesitan personas que presenten el rostro paterno de Dios y el rostro materno de la Iglesia, para que otros tengan vida y esperanza.
10ª ¿Cuándo se celebra en la Iglesia la Jornada de la Vida Consagrada? Desde el año 1997, esta jornada de Vida Consagrada instituida por el Papa Juan Pablo II se celebra todos los años el día 2 de febrero en la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo.

Jornada Mundial Vida Consagrada 2014



Desde el año 1997 venimos celebrando en la Iglesia, cada 2 de febrero, en la fiesta de la Presentación del Señor en el templo, la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, instaurada por el Beato Papa Juan Pablo II, que será canonizado junto con el Papa Juan XXIII el domingo 27 de abril de este año.
Esta Jornada tiene como objetivos: alabar y dar gracias a Dios por el don de la vida consagrada a la Iglesia y a la humanidad; promover su conocimiento y estima por parte de todo el pueblo de Dios; invitar a cuantos han dedicado totalmente su vida a la causa del Evangelio a celebrar las maravillas que el Señor realiza en sus vidas.
En ese día damos gracias a Dios por las Órdenes e Institutos religiosos dedicados a la contemplación o a las obras de apostolado, por las Sociedades de vida apostólica, por los Institutos seculares, por el Orden de las vírgenes, por las Nuevas Formas de vida consagrada.
El lema escogido para este año es: La alegría del Evangelio en la vida consagrada. Está en plena sintonía con la primera Exhortación del Papa Francisco,Evangelii Gaudium, publicada el domingo 24 de noviembre, solemnidad de Jesucristo Rey, en la clausura del Año de la fe.
“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”. Estas son las primeras palabras de la Exhortación apostólica del Papa Francisco. Entre los que se encuentran con Jesucristo están de modo especial las personas consagradas, cuya vocación (consagración-comunión-misión) se entiendeplenamente desde el encuentro personal con Jesucristo pobre, casto y obediente, a quien siguen más de cerca y con radicalidad evangélica.
Las personas consagradas viven la alegría de su vocación, desde la consagración a Dios, la comunión fraterna y la misión evangelizadora (por el apostolado o la contemplación) en la profunda unión y amistad con Jesucristo en su vida diaria, siendo reflejo del Amor de Dios, dispuestos a abrazar todas las miserias y a curar todas las heridas humanas para poner en ellas el bálsamo de la ternura y de la misericordia de Dios.
Ahora bien, la alegría cristiana es siempre una alegría crucificada, que pasa por la cruz y culmina en la resurrección. A la alegría se opone la tristeza, no la cruz, que es signo de amor.
La Santísima Virgen María, Mujer consagrada es causa de nuestra alegría, icono de la vida consagrada, que nos enseña a vivir la alegría verdadera del seguimiento de Jesucristo. María es la Madre que presenta en el templo el Hijo de Dios al Padre, dando continuación al “sí” pronunciado en el momento de la Anunciación. Que Ella sostenga y acompañe a las personas consagradas en su vocación, protegiendo con su maternidad la consagración, comunión y misión de cada uno de nuestros hermanos y hermanas de la vida consagrada.
+ Vicente Jiménez Zamora
Obispo de Santander

sábado, 18 de enero de 2014

"Vocaciones, testimonio de la verdad" (Papa Francisco)

Con ocasión de la 51ª Jornada Mundial de oración por las vocaciones que se celebrará el domingo 11 de mayo, se hizo público el mensaje del Santo Padre Francisco, titulado “Vocaciones, testimonio de la verdad”.

Este es el texto completo del mensaje del Santo Padre:

Queridos hermanos y hermanas:

1. El Evangelio relata que «Jesús recorría todas las ciudades y aldeas… Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas “como ovejas que no tienen pastor”.

"La mies es abundante"
Entonces dice a sus discípulos: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”» (Mt 9, 35-38). Estas palabras nos sorprenden, porque todos sabemos que primero es necesario arar, sembrar y cultivar para poder luego, a su debido tiempo, cosechar una mies abundante.

Jesús, en cambio, afirma que «la mies es abundante». ¿Pero quién ha trabajado para que el resultado fuese así? La respuesta es una sola: Dios. Evidentemente el campo del cual habla Jesús es la humanidad, somos nosotros. Y la acción eficaz que es causa del «mucho fruto» es la gracia de Dios, la comunión con él (Cf. Jn 15,5).

San Pablo, colaborador de Dios
Por tanto, la oración que Jesús pide a la Iglesia se refiere a la petición de incrementar el número de quienes están al servicio de su Reino. San Pablo, que fue uno de estos «colaboradores de Dios», se prodigó incansablemente por la causa del Evangelio y de la Iglesia.

Con la conciencia de quien ha experimentado personalmente hasta qué punto es inescrutable la voluntad salvífica de Dios, y que la iniciativa de la gracia es el origen de toda vocación, el Apóstol recuerda a los cristianos de Corinto: «Vosotros sois campo de Dios» (1 Co 3,9).

Así, primero nace dentro de nuestro corazón el asombro por una mies abundante que sólo Dios puede dar; luego, la gratitud por un amor que siempre nos precede; por último, la adoración por la obra que él ha hecho y que requiere nuestro libre compromiso de actuar con él y por él.

2. Muchas veces hemos rezado con las palabras del salmista: «Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño» (Sal 100,3); o también: «El Señor se escogió a Jacob, a Israel en posesión suya» (Sal 135,4).

Pacto de alianza eterna
Pues bien, nosotros somos «propiedad» de Dios no en el sentido de la posesión que hace esclavos, sino de un vínculo fuerte que nos une a Dios y entre nosotros, según un pacto de alianza que permanece eternamente «porque su amor es para siempre» (Cf. Sal 136).

En el relato de la vocación del profeta Jeremías, por ejemplo, Dios recuerda que él vela continuamente sobre cada uno para que se cumpla su Palabra en nosotros. La imagen elegida es la rama de almendro, el primero en florecer, anunciando el renacer de la vida en primavera (Cf. Jr 1, 11-12).

Todo procede de él y es don suyo: el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, pero asegura el Apóstol «vosotros sois de Cristo y Cristo de Dios» (1 Co 3,23). He aquí explicado el modo de pertenecer a Dios: a través de la relación única y personal con Jesús, que nos confirió el Bautismo desde el inicio de nuestro nacimiento a la vida nueva.

Es Cristo, por lo tanto, quien continuamente nos interpela con su Palabra para que confiemos en él, amándole «con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser» (Mc 12,33). Por eso, toda vocación, no obstante la pluralidad de los caminos, requiere siempre un éxodo de sí mismos para centrar la propia existencia en Cristo y en su Evangelio.

Tanto en la vida conyugal, como en las formas de consagración religiosa y en la vida sacerdotal, es necesario superar los modos de pensar y de actuar no concordes con la voluntad de Dios. Es un «éxodo que nos conduce a un camino de adoración al Señor y de servicio a él en los hermanos y hermanas» (Discurso a la Unión internacional de superioras generales, 8 de mayo de 2013).

Por eso, todos estamos llamados a adorar a Cristo en nuestro corazón (Cf. 1 P 3,15) para dejarnos alcanzar por el impulso de la gracia que anida en la semilla de la Palabra, que debe crecer en nosotros y transformarse en servicio concreto al prójimo. No debemos tener miedo: Dios sigue con pasión y maestría la obra fruto de sus manos en cada etapa de la vida. Jamás nos abandona. Le interesa que se cumpla su proyecto en nosotros, pero quiere conseguirlo con nuestro asentimiento y nuestra colaboración.

A la escucha de Cristo
3. También hoy Jesús vive y camina en nuestras realidades de la vida ordinaria para acercarse a todos, comenzando por los últimos, y curarnos de nuestros males y enfermedades. Me dirijo ahora a aquellos que están bien dispuestos a ponerse a la escucha de la voz de Cristo que resuena en la Iglesia, para comprender cuál es la propia vocación.

Os invito a escuchar y seguir a Jesús, a dejaros transformar interiormente por sus palabras que «son espíritu y vida» (Jn 6, 63). María, Madre de Jesús y nuestra, nos repite también a nosotros: «Haced lo que él os diga» (Jn 2, 5). Os hará bien participar con confianza en un camino comunitario que sepa despertar en vosotros y en torno a vosotros las mejores energías.

La vocación es un fruto que madura en el campo bien cultivado del amor recíproco que se hace servicio mutuo, en el contexto de una auténtica vida eclesial. Ninguna vocación nace por sí misma o vive por sí misma. La vocación surge del corazón de Dios y brota en la tierra buena del pueblo fiel, en la experiencia del amor fraterno. ¿Acaso no dijo Jesús: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13, 35)?

4. Queridos hermanos y hermanas, vivir este «“alto grado” de la vida cristiana ordinaria» (Cf. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 31), significa algunas veces ir a contracorriente, y comporta también encontrarse con obstáculos, fuera y dentro de nosotros.

La buena semilla robada

Jesús mismo nos advierte: La buena semilla de la Palabra de Dios a menudo es robada por el Maligno, bloqueada por las tribulaciones, ahogada por preocupaciones y seducciones mundanas (Cf. Mt 13, 19-22).

Todas estas dificultades podrían desalentarnos, replegándonos por sendas aparentemente más cómodas. Pero la verdadera alegría de los llamados consiste en creer y experimentar que él, el Señor, es fiel, y con él podemos caminar, ser discípulos y testigos del amor de Dios, abrir el corazón a grandes ideales, a cosas grandes.

Elegidos para cosas grandes
«Los cristianos no hemos sido elegidos por el Señor para pequeñeces. Id siempre más allá, hacia las cosas grandes.
Poned en juego vuestra vida por los grandes ideales» (Homilía en la misa para los confirmandos, 28 de abril de 2013).

A vosotros obispos, sacerdotes, religiosos, comunidades y familias cristianas os pido que orientéis la pastoral vocacional en esta dirección, acompañando a los jóvenes por itinerarios de santidad que, al ser personales, «exigen una auténtica pedagogía de la santidad, capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona.

Esta pedagogía debe integrar las riquezas de la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas más recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 31).

Dispongamos por tanto nuestro corazón a ser «terreno bueno» para escuchar, acoger y vivir la Palabra y dar así fruto. Cuanto más nos unamos a Jesús con la oración, la Sagrada Escritura, la Eucaristía, los Sacramentos celebrados y vividos en la Iglesia, con la fraternidad vivida, tanto más crecerá en nosotros la alegría de colaborar con Dios al servicio del Reino de misericordia y de verdad, de justicia y de paz. Y la cosecha será abundante y en la medida de la gracia que sabremos acoger con docilidad en nosotros. Con este deseo, y pidiéndoos que recéis por mí, imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.

martes, 12 de noviembre de 2013

III ENCUENTRO DE ORACION Y VIDA DICIEMBRE 2013

III ENCUENTRO DE ORACIÓN Y VIDA EN EL MONASTERIO DE LAS MADRES BENEDICTINAS DE SAHAGÚN (LEÓN, ESPAÑA)


DÍAS 6, 7 Y 8 DE DICIEMBRE 2013

EN BÚSQUEDA DE ORACIÓN, SILENCIO, REFLEXIÓN, DEJARSE MIRAR POR JESÚS

INSCRIPCIÓN Y CONTACTOS:
Madre Anuncia (abadesa): benedicsah@gmail.com
tfno: 662 17 18 13

Hna Yolanda: yolamicagarcia@hotmail.com
tfno: 616 63 95 58



miércoles, 12 de junio de 2013

Muere Sor Teresita, la monja de clausura más veterana: Un ejemplo de feliz entrega




Sor Teresita Barajuen, la religiosa que más tiempo llevaba en una clausura en todo el mundo, falleció ayer, 11 de junio, en torno a las 23:00 h., en su celda del Monasterio Cisterciense de Buenafuente del Sistal (Guadalajara), acompañada en todo momento por sus hermanas de comunidad. Tenía 105 años de edad, “y cuatro meses para los 106”, como le gustaba decir a ella.
"Pensaba que las monjas eran unas tontas"

Nacida en Foronda (Álava) el 16 de septiembre de 1907 como la mayor de siete hermanos en una casa de labradores, su padre, en un arrebato siendo ella apenas una jovencita, le espetó: “¡No te daría por hacerte monja!”, recordando siempre sor Teresita que su padre se pensaba que la vida en el monasterio era más cómoda que la del campo.
“Yo pensaba de las monjas que eran unas tontas, que anda que mira que meterse ahí a rezar, pero por dar gusto a mi padre le pedí a Dios la vocación, que no la tenía, y al poco tiempo Dios me la dio”. Su padre no tardó en cambiar de opinión: “Cuando vio esto se asustó, pero para mí ya no había marcha atrás. Dios ya me había llamado”.

De Álava a Sigüenza con 19 años

A los 19 años emprendió Sor Teresita un viaje desde su pueblo natal hasta el Monasterio de Buenafuente del Sistal, un viaje que hoy a penas duraría cuatro horas, con parada de respostaje y café, en su día lo hizo la postulante de novicia en dos días, utilizando un tren de vapor, un carro de bueyes y coche oficial. El del obispo de Sigüenza nada menos, que ese día tenia que acercarse hasta el Monasterio por alguna razón puntual.
Entra en el Císter el día que nace Joseph Ratzinger

Sor Teresita nunca había visto un Císter, pero sabía que su sitio en esta vida era allí y para siempre. “La vocación es así”, lo explicaba ella. Cuando vio con sus ojos por primera vez la que sería su casa para toda la vida, era el 16 de abril de 1927, exactamente el mismo día que en una aldea de Baviera nacía Joseph Aloisius Ratizinger, quien más tarde se convirtió en el Papa Benedicto XVI.
La guerra civil siendo monja...

Sor Teresita, desde una vida anónima, vivió todo tipo de avatares como el que se dio en la Guerra Civil, cuando todas sus hermanas abandonaron el convento, avisadas por una amistad de que su vida corría serio peligro si permanecían en él. “Yo no me marché. Nos quedamos dos, para cuidar a una persona enferma que no se podía marchar”.
Heroína de 20 años, su vida daría para una película. En sus más de 86 años en clausura desempeñó todas la labores de las que necesita la vida en un monasterio. Desde madre abadesa o ecónoma hasta portera y pinche de cocina.


Entrevista con Benedicto XVI

Apenas tres meses después, invitada por el Nuncio Apostólico en Madrid, Monseñor Renzo Fratini, y con motivo de la visita a la capital del Papa Benedicto XVI en la celebración de la JMJ, disfrutó sor Teresita de una audiencia con Su Santidad: “Soy Sor Teresita, la que entró en el Monasterio el mismo día que nació su Santidad”. Así se presentó una anciana monja con los ojos tan vivos como los de un niño aquella tarde, ante las cámaras de todo el mundo, al Papa.
Sor Teresita siempre mantuvo, hasta los últimos días, una máxima sobre su vida: “¿Que si soy feliz? ¡A más no poder! No puede haber una vida más feliz en el mundo. Pero hijo, ¿tú crees que se puede aguantar aquí dentro 86 años sin ser feliz? ¡Vamos, para volverse loca!”.



martes, 21 de mayo de 2013

VIDA CONTEMPLATIVA EN EL AÑO DE LA FE Centinelas de la oración


El domingo 26 de mayo, solemnidad de la Santísima Trinidad, celebramos la Jornada “pro orantibus”. Es un día para que el pueblo cristiano tome conciencia, valore y agradezca la presencia de la vida contemplativa. Desde la clausura de los monasterios y conventos, las personas consagradas contemplativas, como afirma el concilio Vaticano II, «dedican todo su tiempo únicamente a Dios en la soledad y el silencio, en oración constante y en la penitencia practicada con alegría».

 La Jornada se celebra en el Año de la fe, convocado por el querido y recordado papa Benedicto XVI, que nos ha dejado un luminoso magisterio sobre la vida consagrada en general y sobre la vida contemplativa en particular. Ahora sigue amando y sirviendo a la Iglesia a través de la plegaria y reflexión desde el retiro de la clausura. El nuevo sucesor de Pedro, el papa Francisco, ha retomado toda la programación del Año de la fe, para renovar a la Iglesia. Oremos para que Jesucristo, Pastor Supremo, le asista en el pastoreo de su Iglesia en el Año de la fe y en esta hora de nueva evangelización.

El lema de la Jornada de este año es: Centinelas de la oración. La palabra centinela evoca vigilancia. Los centinelas estaban apostados sobre los muros de las ciudades (cf. 2 Sam 18, 24; 2 Re 9, 17-20), en torres de vigilancia en el desierto o sobre las cumbres (cf. 2 Crón 20, 24; Jer 31, 6). El propio Dios es descrito en ocasiones como centinela o guardián de su pueblo (cf. Sal 127, 1), siempre preocupado por la seguridad y protección de los suyos (cf. Sal 121, 4ss). El salmista suplica al Señor su misericordia y espera en su palabra «más que el centinela la aurora» (Sal 130, 6). La personas contemplativas vigilan como centinelas día y noche igual que las vírgenes prudentes la llegada del esposo (cf. Mt 25, 1-13) con el aceite de su fe, que enciende la llama de la caridad.

Los monjes y monjas son en la Iglesia centinelas de la oración contemplativa para el encuentro con el Esposo Jesucristo, que es lo esencial. El Catecismo de la Iglesia Católica habla abundantemente de la oración contemplativa (nn. 2709-2724). Elijo este número significativo: «La oración contemplativa es silencio, este “símbolo del mundo venidero” o “amor […] silencioso”. Las palabras de la oración contemplativa no son discursos, sino ramillas que alimentan el fuego del amor. En este silencio, insoportable para el hombre “exterior”, el Padre nos da a conocer a su Verbo encarnado, sufriente, muerto y resucitado, y el Espíritu filial nos hace partícipes de la oración de Jesús» (CEC, 2717).

Nuestros monasterios son un oasis de silencio orante y elocuente. Son escuela de oración profunda bajo la acción del Espíritu Santo. Son espacios dedicados a la escucha atenta del Espíritu Santo, fuente perenne de vida, que colma el corazón con la íntima certeza de haber sido fundados para amar, alabar y servir. Las personas contemplativas como centinelas apuntan siempre a lo fundamental y esencial.
Para el hombre moderno, encarcelado en el torbellino de las sensaciones pasajeras, multiplicadas por los mass-media, la presencia de las personas contemplativas silenciosas y vigilantes, entregadas al mundo de las realidades «no visibles» (cf. 2 Cor 4, 18), representan una llamada providencial a vivir la vocación de caminar por los horizontes ilimitados de lo divino. En esta Jornada “pro orantibus” es justo y necesario que recemos por las personas contemplativas, que volvamos la mirada y el corazón a sus monasterios y pidamos por sus intenciones. Sin duda, sus intenciones van encaminadas a la permanencia en la fidelidad siempre renovada de todos sus miembros en la vocación recibida y al aumento de vocaciones en esta forma de consagración.

Como un signo de gratitud, ayudemos también económicamente a los monasterios en sus necesidades materiales. Sabemos que las monjas y monjes son personas que por su habitual silencio y discreción no suelen pedir; pero son bien acreedoras a nuestras limosnas y generosidad, y nos pagarán con creces, alcanzándonos del Señor gracias y bendiciones de mucho más valor. Que la santísima Virgen María, primera consagrada al Padre por el Hijo, en el Espíritu Santo, maestra de contemplación y centinela orante que dio a luz al Sol de justicia, Cristo nuestro Salvador, cuide y proteja a todas las personas contemplativas. ¡Feliz Jornada de la vida contemplativa en el Año de la fe!

+ Vicente Jiménez Zamora Obispo de Santander Presidente de la CEVC

miércoles, 3 de abril de 2013

LAS VOCACIONES, SIGNO DE LA ESPERANZA FUNDADA SOBRE LA FE (Benedicto XVI)


Mensaje para la Jornada Mundial de las Vocaciones 2013

Queridos hermanos y hermanas:

Con motivo de la 50 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 21 de abril de 2013, cuarto domingo de Pascua, quisiera invitaros a reflexionar sobre el tema: «Las vocaciones, signo de la esperanza fundada sobre la fe», que se inscribe perfectamente en el contexto del Año de la fe y en el 50 aniversario de la apertura del concilio Ecuménico Vaticano II. El siervo de Dios Pablo VI, durante la Asamblea conciliar, instituyó esta Jornada de invocación unánime a Dios Padre para que continúe enviando obreros a su Iglesia (cf. Mt 9, 38). «El problema del número suficiente de sacerdotes–subrayó entonces el pontífice – afecta de cerca a todos los fieles, no solo porque de él depende el futuro religioso de la sociedad cristiana, sino también porque este problema es el índice justo e inexorable de la vitalidad de fe y amor de cada comunidad parroquial y diocesana, y testimonio de la salud moral de las familias cristianas. Donde son numerosas las vocaciones al estado eclesiástico y religioso se vive generosamente de acuerdo con el Evangelio».

En estos decenios, las diversas comunidades eclesiales extendidas por todo el mundo se han encontrado espiritualmente unidas cada año, en el cuarto domingo de Pascua, para implorar a Dios el don de santas vocaciones y proponer a la reflexión común la urgencia de la respuesta a la llamada divina. Esta significativa cita anual ha favorecido, en efecto, un fuerte empeño por situar cada vez más en el centro de la espiritualidad, de la acción pastoral y de la oración de los fieles, la importancia de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.
La esperanza es espera de algo positivo para el futuro, pero que, al mismo tiempo, sostiene nuestro presente, marcado frecuentemente por insatisfacciones y fracasos. ¿Dónde se funda nuestra esperanza? Contemplando la historia del pueblo de Israel narrada en el Antiguo Testamento vemos cómo, también en los momentos de mayor dificultad como los del Exilio, aparece un elemento constante, subrayado particularmente por los profetas: la memoria de las promesas hechas por Dios a los patriarcas; memoria que lleva a imitar la actitud ejemplar de Abrahán, el cual, recuerda el apóstol Pablo, «apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos, de acuerdo con lo que se le había dicho: Así será tu descendencia» (Rom 4, 18). Una verdad consoladora e iluminante que sobresale a lo largo de toda la historia de la salvación es, por tanto, la fidelidad de Dios a la alianza, a la cual se ha comprometido y que ha renovado cada vez que el hombre la ha quebrantado con la infidelidad y con el pecado, desde el tiempo del diluvio (cf. Gén 8, 21-22), al del éxodo y el camino por el desierto (cf. Dt 9, 7); fidelidad de Dios que ha venido a sellar la nueva y eterna alianza con el hombre, mediante la sangre de su Hijo, muerto y resucitado para nuestra salvación.

En todo momento, sobre todo en aquellos más difíciles, la fidelidad del Señor, auténtica fuerza motriz de la historia de la salvación, es la que siempre hace vibrar los corazones de los hombres y de las mujeres, confirmándolos en la esperanza de alcanzar un día la «Tierra prometida». Aquí está el fundamento seguro de toda esperanza: Dios no nos deja nunca solos y es fiel a la palabra dada. Por este motivo, en toda situación gozosa o desfavorable, podemos nutrir una sólida esperanza y rezar con el salmista: «Descansa solo Dios, alma mía, porque él es mi esperanza» (Sal 62, 6). Tener esperanza equivale, pues, a confiar en el Dios fiel, que mantiene las promesas de la alianza. Fe y esperanza están, por tanto, estrechamente unidas. De hecho, «“esperanza”, es una palabra central de la fe bíblica, hasta el punto de que en muchos pasajes las palabras “fe” y “esperanza” parecen intercambiables. Así, la Carta a los Hebreos une estrechamente la “plenitud de la fe” (10, 22) con la “firme confesión de la esperanza” (10, 23). También cuando la Primera Carta de Pedro exhorta a los cristianos a estar siempre prontos para dar una respuesta sobre el logos –el sentido y la razón– de su esperanza (cf. 3, 15), “esperanza”equivale a “fe”».
Queridos hermanos y hermanas, ¿en qué consiste la fidelidad de Dios en la que se puede confiar con firme esperanza? En su amor. Él, que es Padre, vuelca en nuestro yo más profundo su amor, mediante el Espíritu Santo (cf. Rom 5, 5). Y este amor, que se ha manifestado plenamente en Jesucristo, interpela a nuestra existencia, pide una respuesta sobre aquello que cada uno quiere hacer de su propia vida, sobre cuánto está dispuesto a empeñarse para realizarla plenamente. El amor de Dios sigue, en ocasiones, caminos impensables, pero alcanza siempre a aquellos que se dejan encontrar. La esperanza se alimenta, por tanto, de esta certeza: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4, 16). Y este amor exigente, profundo, que va más allá de lo superficial, nos alienta, nos hace esperar en el camino de la vida y en el futuro, nos hace tener confianza en nosotros mismos, en la historia y en los demás. Quisiera dirigirme de modo particular a vosotros, jóvenes, y repetiros: «¿Qué sería vuestra vida sin este amor? Dios cuida del hombre desde la creación hasta el fin de los tiempos, cuando llevará a cabo su proyecto de salvación. ¡En el Señor resucitado tenemos la certeza de nuestra esperanza!». Como sucedió en el curso de su existencia terrena, también hoy Jesús, el Resucitado, pasa a través de los caminos de nuestra vida, y nos ve inmersos en nuestras actividades, con nuestros deseos y nuestras necesidades. Precisamente en el devenir cotidiano sigue dirigiéndonos su palabra; nos llama a realizar nuestra vida con él, el único capaz de apagar nuestra sed de esperanza. Él, que vive en la comunidad de discípulos que es la Iglesia, también hoy llama a seguirlo. Y esta llamada puede llegar en cualquier momento. También ahora Jesús repite: «Ven y sígueme» (Mc 10, 21). Para responder a esta invitación es necesario dejar de elegir por sí mismo el propio camino. Seguirlo significa sumergir la propia voluntad en la voluntad de Jesús, darle verdaderamente la precedencia, ponerlo en primer lugar frente a todo lo que forma parte de nuestra vida: la familia, el trabajo, los intereses personales, nosotros mismos. Significa entregar la propia vida a Él, vivir con Él en profunda intimidad, entrar a través de Él en comunión con el Padre y con el Espíritu Santo y, en consecuencia, con los hermanos y hermanas. Esta comunión de vida con Jesús es el «lugar» privilegiado donde se experimenta la esperanza y donde la vida será libre y plena.

Las vocaciones sacerdotales y religiosas nacen de la experiencia del encuentro personal con Cristo, del diálogo sincero y confiado con Él, para entrar en su voluntad. Es necesario, pues, crecer en la experiencia de fe, entendida como relación profunda con Jesús, como escucha interior de su voz, que resuena dentro de nosotros. Este itinerario, que hace capaz de acoger la llamada de Dios, tiene lugar dentro de las comunidades cristianas que viven un intenso clima de fe, un generoso testimonio de adhesión al Evangelio, una pasión misionera que induce al don total de sí mismo por el Reino de Dios, alimentado por la participación en los sacramentos, en particular la Eucaristía, y por una fervorosa vida de oración. Esta última «debe ser, por una parte, muy personal, una confrontación de mi yo con Dios, con el Dios vivo. Pero, por otra, ha de estar guiada e iluminada una y otra vez por las grandes oraciones de la Iglesia y de los santos, por la oración litúrgica, en la cual el Señor nos enseña constantemente a rezar correctamente».
La oración constante y profunda hace crecer la fe de la comunidadcristiana, en la certeza siempre renovada de que Dios nunca abandona a su pueblo y lo sostiene suscitando vocaciones especiales, al sacerdocio y a la vida consagrada, para que sean signos de esperanza para el mundo.
En efecto, los presbíteros y los religiosos están llamados a darse de modo incondicional al Pueblo de Dios, en un servicio de amor al Evangelio y a la Iglesia, un servicio a aquella firme esperanza que solo la apertura al horizonte de Dios puede dar. Por tanto, ellos, con el testimonio de su fe y con su fervor apostólico, pueden transmitir, en particular a las nuevas generaciones, el vivo deseo de responder generosamente y sin demora a Cristo que llama a seguirlo más de cerca. La respuesta a la llamada divina por parte de un discípulo de Jesús para dedicarse al ministerio sacerdotal o a la vida consagrada se manifiesta como uno de los frutos más maduros de la comunidad cristiana, que ayuda a mirar con particular confianza y esperanza al futuro de la I glesia y a su t area de evangelización. Esta tarea necesita siempre de nuevos obreros para la predicación del Evangelio, para la celebración de la Eucaristía y para el sacramento de la reconciliación.

Por eso, que no falt en sacerdotes celosos, que sepan acompañar a los jóvenes como «compañeros de viaje» para ayudarles a reconocer, en el camino a veces tortuoso y oscuro de la vida, a Cristo, camino, verdad y vida (cf. Jn 14, 6); para proponerles con valentía evangélica la belleza del servicio a Dios, a la comunidad cristiana y a los hermanos. Sacerdotes que muestren la fecundidad de una tarea entusiasmante, que confiere un sentido de plenitud a la propia existencia, por estar fundada sobre la fe en Aquel que nos ha amado en primer lugar (cf. 1 Jn 4, 19). Igualmente, deseo que los jóvenes, en medio de tantas propuestas superficiales y efímeras, sepan cultivar la atracción hacia los valores, las altas metas, las opciones radicales, para un servicio a los demás siguiendo las huellas de Jesús.

Queridos jóvenes, no tengáis miedo de seguirlo y de recorrer con intrepidez los exigentes senderos de la caridad y del compromiso generoso. Así seréis
felices de servir, seréis testigos de aquel gozo que el mundo no puede dar, seréis llamas vivas de un amor infinito y eterno, aprenderéis a «dar razón de vuestra esperanza» (1 Pe 3, 15).

Vaticano, 6 de octubre de 2012