sábado, 27 de febrero de 2010

ANUNCIO DE UNA NUEVA RUTA MONÁSTICA


Centro Diocesano de Orientación para la Vocación Contemplativa

RUTA MONÁSTICA 2010

¿En qué consiste?

En visitar las comunidades de Vida Contemplativa de la Diócesis de León España que incluye: Agustinas Recoletas, Concepcionistas, Carmelitas Descalzas, dos comunidades Cistercienses y Tres comunidades Benedictinas.

Este año, como novedad, el poder pasar un día entero en dichas comunidades compartiendo con las hermanas su carisma, preguntas, dificultades, experiencias, deseos, la oración…

Está dirigido a chicas con inquietud vocacional.

Fechas: Del 1 al 8 de agosto

Para contactar puedes dirigirte al blog:

http://vocacioncontemplativaleon.blogspot.com/

al correo: vocacioncontemplativaleon@gmail.com

¡Apúntate ya!

domingo, 21 de febrero de 2010

Historia de un encuentro: la perseverancia de mi Dios (II)

Llegó un momento en que yo no pude más y decidí terminar mi noviazgo con Daniel desde la sinceridad de decirle que sentía que mi vocación era la vida consagrada y que además lo que yo sentía por él era mas amistad que amor y no quería lastimarlo. Fue duro pero sentí paz cuando lo hice porque sabia que era lo mejor para ambos.
Comencé a buscar la manera de discernir que era exactamente lo que el Señor quería de mí. Con miedo me contacté con las Hermanas Paulinas, de quienes me atraía el carisma por ser ellas comunicadoras del evangelio y yo estar estudiando la licenciatura en comunicación social. Me propusieron ir cada 15 días para comenzar un acompañamiento vocacional pero no me atreví a decir “Sí” porque eso implicaría decirle a mis padres lo que sentía y no me animaba.
Le dije a Jesús que mejor sea a distancia, pensando que esta modalidad no existía, fue otra excusa que puse a Jesús. A la semana llegue por Internet a una comunidad de brasil que ofrecía discernimiento vocacional por mail, me inscribí y comencé el acompañamiento en portugués, idioma que sabia por haber estudiado en la universidad.
En ese tiempo conocí un joven por Internet, él era de Perú y deseaba formar un matrimonio misionero. Pensé que esa era la solución a mi problema: contentar a mis padres casándome y a Dios siendo misionera desde el matrimonio. Me puse de novia con él pero terminamos a los 5 meses. Yo le pregunté al Señor que quería y me dijo por medio del libro de los Hechos de los apóstoles, que cuando una obra es de hombres cae por si misma pero cuando es de Dios permanece. Le pedí una señal y a la semana me llega por correo un libro para el discernimiento que hacia por Internet. El titulo era “Cúmplase, Señor tu voluntad”. Entendí que quería que lo escuchar de una vez.
Ese mismo año ingresé al Movimiento de la Palabra de Dios desde donde me sentí muy acompañada y aprendí la belleza de la vida comunitaria y el poder de la oración entre hermanos. Allí tuvimos un retiro de Conversión al que yo acudí con la actitud de que allí se hablaría del pecado y por ende el Señor no molestaría más con la llamada. Sin embargo, fue en ese retiro donde Dios me habló con mucha claridad diciéndome que me quería para El, que debía animarme a perder mis miedos porque elegir era renunciar y que ya no debía ponerle más excusas sino discernir realmente su voluntad en mí porque en ella estaba mi felicidad verdadera. No daré detalles de cómo yo sentí todo eso en un retiro de conversión porque me extendería mucho pero sepan que ese retiro fue clave en mi proceso.
A partir de esa experiencia me animé a compartir lo que me pasaba con mis hermanos de comunidad del Movimiento de la Palabra de Dios y con mis Pastores (coordinadores del grupo). Le pedí al Señor que me enviara un sacerdote que me ayudara a discernir lo que Él quería de mí y responder con generosidad a su llamada, dado que por mi diócesis no encontraba ninguno con esa disponibilidad.
Un día le comento de mi necesidad a una amiga de Internet y ella me dice que conocía un sacerdote de capital federal que podría ayudarme y me pasa el mail. Me resultaba rara escribirle a un sacerdote que no me conocía y pedirle que me ayude en este proceso pero sentí en mi corazón que podía ser la respuesta del Señor a mi plegaria así que le envié el mail. Por gracia de Dios, este sacerdote aceptó acompañarme en este proceso de búsqueda.
Tiempo después sentí necesidad de buscar también alguna congregación religiosa. Le dije a María de Lourdes que me llevara a donde Jesús me quería ya que ella conocía a su hijo mejor que yo y me conocía a mi más que yo a mi misma. Así fue que al poco tiempo conocí a las Hermanas del niño Jesús, por medio de una amiga de Internet. Estas hermanas tenían casa a dos cuadras del Santuario del Nuestra Señor de Lourdes en Santos Lugares.
En esta congregación me sentía re cómoda y disfrutaba cada vez que iba de visita, me sentía como “en casa” y me identificaba con el carisma de “Despertar y profundizar la fe”. Por este motivo comencé un acompañamiento con ellas y finalmente, decidí ingresar este año al postulantado, primera etapa de formación para la vida religiosa.
Leí una vez en un testimonio que el proceso vocacional es como un pasar de la derrota al amor. Creo que eso es lo que define mi proceso. Por más que me resistía Dios me venció y luego me mostró que su querer realmente era aquello donde seré plenamente feliz y cada día me encuentro más enamorada de su proyecto de Amor y de El.

Historia de un encuentro: la perseverancia de mi Dios (I)

Me llamo Rosalía, tengo 28 años y soy de Buenos Aires, Argentina. Quiero compartir con ustedes brevemente cómo el Señor me llamó a la vida religiosa y, desde su gracia, pude responder con generosidad a su llamada.
Todo empezó cuando yo era niña, iba con mi madre a la Santa Misa y allí sentí el amor de Dios por primera vez, al recibir a Jesús Eucaristía cuando tenía 8 años. Fue el día más feliz de toda mi vida. A partir de allí comencé a tratar más en intimidad al Señor en la oración personal y lo recibía en la comunión todos los domingos.
En esa capilla donde iba había una monja llamada Inés que fue la que la fundó (ya que antes era solo un terreno baldío) y al ver la alegría de esa hermana y el entusiasmo por todo lo que hacia yo sentía ya en mi corazón el deseo de ser como ella. Sin embargo, había escuchado una vez decir a mi madre que no quería tener una hija monja porque deseaba tener nietos. Estas palabras entristecieron mi corazón y tomé la decisión de callar lo que sentía y tratar de olvidarme de esa idea.
Pasados los años, la Hna. Inés se retiró y mi madre y yo nos alejamos de la iglesia porque el cambio fue muy radical: las nuevas hermanas no eran tan dulces, abiertas, alegres como lo era la Hna Inés. A pesar de ellos yo seguía orando, leyendo la Palabra de Dios y haciendo mi vida normal aunque no iba a la Misa.
Esos dos años que estuve alejada de la iglesia sentía que me faltaba algo y a la vez al ver que en la capilla cada vez iba menos gente me sentía triste. Una noche orando le dije al Señor que estaba triste porque a la capilla de Guadalupe cada vez iba menos gente y deseaba que volviera a enviar alguna religiosa como lo fue la Hna Inés con espíritu evangelizador para acercar a la gente a su Amor. Sentí en mi interior una voz que me decía “¿Por qué no vos?” Debo decir que escuchar eso me dio miedo y respondí “Por amor a ti volveré a la iglesia pero seré como una religiosa más sin ser religiosa” Mi respuesta temía al compromiso. Así a mis 18 años me acerqué nuevamente a la iglesia y me incorporé como catequista.
A Partir de allí comencé a integrarme a la comunidad, a conocer más a las nuevas hermanas y a sentir mucha sed de almas para Dios. Cada vez me incorporaba a más actividades: guiaba el grupo del rosario, iba a encuentros de formación, tuve hasta dos grupos de catequesis…
Un día una de las hermanas se me acercó y me dijo. “¿Vos no pensaste nunca en ser religiosa?” Yo que desde siempre sentía esa inquietud en mi corazón le dije: “Hermana, sinceramente no puedo renunciar a aquello que no viví, soy joven y nunca tuve novio quiero probar la experiencia del noviazgo”. Primera excusa que presenté al Señor a la edad de 22 años.
Inmediatamente fui al Sagrario y le dije: Deseo tener novio, pero no cualquier chico sino alguien que me respete y quiere algo serio. Así fue como al poco tiempo comencé una relación amorosa con un amigo de mi hermano que conocía desde la secundaria y viví con él un noviazgo muy hermoso desde el respeto y el amor mutuo durante 3 años y 3 meses. Durante todo ese tiempo si bien me sentía bien a la vez algo inquietaba mi corazón. Esa llamada que no paraba de hablarme al corazón. Sentía que Jesús me decía que ya me había dado el novio y ahora tenia que decidirme.
Por otro lado, me pasaba que en diferentes lugares distintas personas, (algunas sin siquiera conocerme) me decían con seguridad que yo sería religiosa. Incluso una vez una mujer a la que una amiga le respondió que yo estaba de novia y planificaba casarme dijo “¿Y que tiene que ver?” Esa frase resonó en mi corazón. Sentía que el Señor me invitaba a dejarlo todo.

jueves, 4 de febrero de 2010

La paz armada


AVISO PREVIO A UNOS MUCHACHOS
QUE ASPIRAN A SER CÉLIBES

Será una paz armada, compañeros,
será toda la vida esta batalla;
que el cráter de la carne sólo calla
cuando la muerte acalla sus braseros.


Sin lumbre en el hogar y el sueño mudo,
sin hijos las rodillas y la boca,
a veces sentiréis que el hielo os toca,
la soledad os besará a menudo.


No es que dejéis el corazón sin bodas.
Habréis de amarlo todo, todos, todas,
discípulos de Aquel que amó primero.


Perdida por el Reino y conquistada,
será una paz tan libre como armada,
será el Amor amado a cuerpo entero.

Pedro Casaldaliga

lunes, 1 de febrero de 2010

10 actividades para el Año Sacerdotal

Desde la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española, nos sugieren estas diez actividades que pueden ayudar a parroquias, colegios y comunidades cristianas a celebrar el Año sacerdotal y trabajar a favor de las vocaciones al ministerio presbiteral:

1) Celebrar el día del párroco, con el título “los sacerdotes de mi parroquia” Se podría tener la celebración eucarística a la que se invitarían a todos los sacerdotes vivos que han pasado por una misma parroquia en la que han ejercido su sacerdocio. Un detalle también significativo sería el poder elaborar un mural con las fotografías de esos sacerdotes, ordenadas de forma cronológica (los años que han estado sirviendo a la parroquia), así como la tarea de recabar una breve biografía de cada uno de ellos.

2) Las parroquias podrían también tener un recuerdo para con las vocaciones sacerdotales que han nacido en el seno de esa comunidad. Idear y concretar una fecha en la que se puedan reunir todos, sería un buen testimonio.

3) Organizar una visita a las casas-residencias sacerdotales que la diócesis tenga. Quizá estamos más acostumbrados a ese otro tipo de residencias más genéricas donde viven nuestros mayores, bien sean familiares o paisanos. Existen también casas-residencias donde los sacerdotes jubilados son atendidos en esta etapa dorada de sus vidas. Seguro que agradecen este tipo de detalles, máxime en este año.

4) Organizar una peregrinación al seminario diocesano. Es necesario que las comunidades cristianas conozcan de primera mano el lugar donde los jóvenes se forman para ser en un futuro sacerdotes. Los seminarios están capacitados para llevar acabo este tipo de acogidas de grupos, comunidades y parroquias que se acerquen al lugar signo de la vocación en la diócesis.
Se podrían declarar “a modo de templos jubilares” las capillas de los seminarios diocesanos e invitar a que los fieles peregrinen corporativamente a ellos, rogando por los sacerdotes y las vocaciones al sacerdocio.

5) En las celebraciones eucarísticas no debe faltar una petición por los sacerdotes y las vocaciones al sacerdocio en la oración de los fieles.

6) Revivir y extender la práctica de los “jueves eucarísticos” mediante la prolongación de la acción de gracias después de la comunión con la adoración del Santísimo Sacramento, expuesto en la custodia y se recite la oración aprobada para este año sacerdotal.

7) Resaltar y cuidar la celebración del jueves santo, “día eminentemente sacerdotal” También, poder participar de la Misa Crismal, uniéndose en oración a los sacerdotes que en ese día renuevan, junto con el Obispo diocesano, sus promesas sacerdotales.

8) Conocer a los candidatos que van a ordenarse en este año.

9) Programar actividades catequéticas y pastorales que ahonden en la figura del sacerdote por medio de talleres de lecturas (biografías de sacerdotes ejemplares y santos) o la práctica del cine forum (recomendamos la web http://www.cineyvocacion.org en donde hay una sección de Films relacionados con el Año Sacerdotal)

10) Con los diferentes movimientos familiares, de profundización en la fe, grupos y comunidades se puede reflexionar sobre el papel de los sacerdotes en su función de “consiliarios espirituales” y el servicio ministerial que prestan en su labor de acompañamiento y sostenimiento para que el grupo crezca humana y cristianamente.

viernes, 22 de enero de 2010

Mi vocación: el Carmelo


¡Alabado sea Jesucristo!
A través de este blog quiero compartirles mi experiencia de 3 meses en el Carmelo Descalzo y mi llamada a la vida religiosa.
Me llamo Daniella Martínez Buysse, tengo 17 años de edad.
A pesar de mi corta edad, el Señor muchas veces me ha manifestado mi Vocación al Carmelo Descalzo. Mi primero Colegio se llamó El Carmelo, a los 11 años de edad me vistieron de Carmelita en honor a Santa Teresita por su día, en esos momentos de mi vida comencé a sentir ese profundo deseo de ser Religiosa. También el año pasado fui a una Escuela de Animadores Misioneros (ESAM) en Valencia- Venezuela, nos hospedamos en una hacienda llamada Monte Sacro y en esa hacienda había un monasterio de Carmelitas. Ahí las vi por primera vez y me entro esa curiosidad por conocerlas mejor, hice muy buena amistad con ellas y me permitieron hacer un retiro de 6 días dentro del Monasterio, fue muy hermoso, entonces termine de enamorarme del Carmelo Descalzo. No me quede definitivamente porque debía viajar a Bucaramanga- Colombia, ya que estaba haciendo Discernimiento Vocacional con las Hermanas Misioneras de Santa Teresita; viaje a Bucaramanga y a los meses me di cuenta que mi vocación no estaba en ese lugar, y solo le pedía al Señor que me diera una pista o que me ayudara en lo que estaba pasando, y así fue, el Señor me ayudo, pues a los pocos días, las Hnas. Misioneras y yo íbamos a un retiro espiritual y sin yo esperarlo de mi Dios pasamos por un Monasterio Carmelita, en ese momento desee entrar ahí y ser Carmelita Descalza, es que el nombre del Carmelo Descalzo produce en mi un deseo inmenso de consagración a Dios.
A los pocos días hable con las Hnas. Misioneras, les pedí permiso para hacer una experiencia en el Carmelo y ellas muy generosas me dejaron hacer mi experiencia en el Carmelo como parte de mi Proceso de Discernimiento; ese mismo día llame a las Carmelitas y las fui a visitar, y lo mejor fue que en un mes estaba aceptada en el Carmelo, Ingrese un 18 de Junio, día en que se iniciaba el Año sacerdotal.
Cuando entre al Carmelo me costaba mucho el Silencio, ya que soy una persona muy conversadora y alegre, pero me atrae el Carmelo por su Fraternidad y vida de Oración. Por otro lado se me hizo muy fácil la integración en la comunidad, ya al cuarto día de mi ingreso del estaba bailando y cantando a las Hnas. Me gusta mucho la Música, sobretodo el cantarle a mi Señor, son dones que sin duda me gustaría colocarlos al servicio de la comunidad y de la Iglesia.
Siento que nací para carmelita; todo el ideal de este carisma enciende un fuego ardoroso en mi corazón.
Me encanta la Alegría de Sta. Teresita de los Andes, el Caminito de infancia de Sta. Teresita, el recogimiento interior de Sor Isabel, las Poesías del Santo Padre, y la fortaleza y la fe de la Sta. Madre.
El Carmelo es un foco de irradiación universal que expande en la oscuridad del mundo sus rayos de Fe, Esperanza y Caridad.
He sentido que las Carmelitas son la Raíz de la Iglesia, las que extraen la savia espiritual y luego la entregan generosamente al Cuerpo Místico. Somos, como quería la Sta. Madre Teresa de Jesús, un pequeño ejército que desde la humilde penumbra de nuestra clausura, reforzamos la iglesia militante, pedimos por la iglesia purgante y nos encontramos con la iglesia triunfante… Les suplico que me encomienden en sus oraciones para que el Señor me conceda la gracia de militar muy pronto en estas filas.
FRATERNALMENTE: Daniella

jueves, 21 de enero de 2010

La dirección espiritual

Levántate y vete, a Damasco, allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas. Hch 22,10
La dirección espiritual no es, en realidad, un paso más en el proceso de dis­cernimiento vocacional; es un recurso que puedes aprovechar en cada uno de los pasos.
El director espiritual te motivará a orar y a percibir los signos de la volun­tad de Dios; te indicará dónde obtener la información y te ayudará a reflexio­nar En el momento de la decisión se alejará de ti para que tú, frente a Jesús, li­bremente respondas a su llamada. Te ayudará a que te prepares conveniente­mente para ingresar en una casa de formación. Su oración y sacrificio por ti te alcanzarán del Espíritu Santo, la luz para descubrir tu vocación y la fuerza pa­ra seguirla.
Si bien es cierto que la vocación es una llamada de Dios que nadie puede es­cuchar por ti ni responder a ella en tu lugar, también es cierto que necesitas de alguien que te acompañe en tu discernimiento vocacional.
Es fácil hacerse ilusiones: podrías creer que es un llamado de Dios lo que tal vez sea sólo un deseo tuyo, o bien podrías pensar que no tienes vocación cuan­do en realidad Dios te está llamando. Dialoga con tu director espiritual para clarificar la autenticidad de tu vocación.
Jesucristo, después de habérsele aparecido a Pablo en el camino de Damas­co, le dijo que fuera con Ananías y que éste le indicaría cuál era la voluntad de Dios. Aunque Cristo hubiera podido decirle a Pablo lo que quería de él, quiso valerse de Ananías para hacerle descubrir su vocación (cf Hch 22, 10-15).
En el discernimiento del proyecto de Dios sobre ti no puedes prescindir de la mediación de la Iglesia.
Descubrir tu vocación no es fácil, pero tampoco es imposible Si con since­ridad te pones a buscar la voluntad de Dios y realizas los pasos que aquí te su­giero, creo que podrás encontrarla.
De muchas maneras Dios te está revelando la manera como quiere que co­labores en la instauración de su reino. El es el más interesado en que tú descu­bras y realices tu vocación. Por eso haz oración, dialoga con tu director espiri­tual, percibe, infórmate, reflexiona, decídete y actúa.

martes, 19 de enero de 2010

Oración de la entrega total


Te entrego, Señor, mi vida; hazla fecunda.
Te entrego, Señor, mi voluntad; hazla idéntica a la tuya.
Toma mis manos; hazlas acogedoras.
Toma mi corazón; hazlo ardiente.
Toma mis pies; hazlos incansables.
Toma mis ojos; hazlos transparentes.
Toma mis horas grises; hazlas novedad.
Toma mi niñez; hazla sencilla.
Toma mis cansancios; hazlos tuyos.
Toma mis veredas; hazlas tu camino.
Toma mis mentiras; hazlas verdad.
Toma mis muertes; hazlas vida.
Toma mi pobreza; hazla tu riqueza.
Toma mi obediencia; hazla tu gozo.
Toma mi nada; hazla lo que quieras.
Toma mi familia hazla tuya.
Toma mis amigos; hazlos tuyos.
Toma mis pecados, mis faltas de amor,
mis permanentes desilusiones. Transfórmalo todo.
Toma mis cruces y déjame volar.
Toma mis flores marchitas y déjame ser libre.
Hazme nuevo en la donación, alegría en la entrega,
gozo desbordante al dar la vida, al gastarme en tu servicio.

lunes, 11 de enero de 2010

GASTAR LA VIDA



Jesucristo ha dicho: “Quién quiera economizar su vida, la perderá;
y quién la gaste por Mí, la recobrará en la vida eterna”.

Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida, entregarla sin reservas.
Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo,
y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida.

Tenemos seguros por todas partes para evitar los riesgos.
Y sobre todo está la cobardía...

Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida.
Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla;
no se la puede economizar en estéril egoísmo.

Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen;
hacer un favor al que no lo va a devolver;
gastar la vida es lanzarse aun al fracaso, si hace falta,
sin falsas prudencias; es quemar las naves en bien del prójimo.

Somos antorchas que sólo tenemos sentido cuando nos quemamos;
sólo entonces seremos luz.

Líbranos de la prudencia cobarde,
la que nos hace evitar el sacrificio y buscar la seguridad.

Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos y falsa teatralidad.
La vida se da sencillamente, sin publicidad,
como el agua de la vertiente, como la madre da cl pecho a su bebé,
como el sudor humilde del sembrador.

Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible,
porque detrás de lo imposible está tu gracia y tu presencia;
no podemos caer en el vacío.

El futuro es un enigma,
nuestro camino se interna en la niebla;
pero queremos seguir dándonos,
porque Tú estás esperando en la noche,
con mil ojos humanos rebosando lágrimas.

Lucho Espinal

lunes, 4 de enero de 2010

Vocación y vocaciones, profesión, matrimonio...




Muchas veces surgen preguntas comunes acerca de la vocación. Preparando un retiro para unas religiosas contemplativas, he tenido oportunidad de releer estos textos de la clásica obra del P. Severino María Alonso, cmf "La vida consagrada. Síntesis teológica":

La palabra "vocación" es una de las palabras más gastadas, más en uso y abuso en nuestro vocabulario habitual. Hay que devolverle su sentido primero, original. Vocación quiere decir llamada. Y llamada de Dios. Y dice siempre relación directa inmediata a la salvación sobrenatural.
Vocación cristianaLa llamada de Dios a la existencia no puede definirse, estrictamente hablando, como vocación. Dios no llama tampoco, propiamente, a ninguna tarea humana y temporal. Sólo en sentido amplio puede hablarse de vocación a desempeñar una misión en el orden temporal.
Dios llama a la salvación sobrenatural y llama a trabajar por la salvación sobrenatural de los demás. Dios llama al hombre –a todo hombre- a la amistad y la filiación divinas. Esta es la vocación más fundamental, base de toda ulterior vocación. El hombre, históricamente, no ha tenido nunca otra vocación. Ha sido pensado y elegido en Cristo para ser amigo y para ser hijo de Dios. Y, como es claro, en un orden sobrenatural, de gracia. "La vocación última del hombre –dice el Concilio_ en realidad es una sola, es decir, divina" (GS 22). "La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios" (GS 19).
Pero Dios llama al hombre en una comunidad de salvación y desde una comunidad de salvación, que se llama Iglesia. Por eso, la vocación cristiana es vocación en Cristo y vocación en la Iglesia.
La llamada es personal y se dirige a la persona. La vocación tiene una estructura de diálogo. Hay quien llama, quien escucha y quien responde.
Esta vocación a la amistad y a la filiación divinas sólo nos llega y se realiza en Cristo y en su Iglesia. Esta es la vocación cristiana, común a todos los hombres, que es la vocación más fundamental de todas. Sólo desde aquí tienen sentido y pueden entenderse las llamadas "vocaciones de consagración" –aunque esta denominación no nos convence del todo. El Concilio habla de vocación sagrada y de vocación divina.
Esta vocación es una elección de Dios libre y gratuita. Excluye, por lo mismo, toda idea de mérito. Y su raíz última es el amor.

Sentido bíblicoLo primero que resalta en la vocación divina es la iniciativa de Dios, lo mismo que en la Alianza, la iniciativa es exclusivamente suya. La llamada es libre y gratuita. El diálogo lo abre siempre Dios. Y aquí descubrimos el carácter absolutamente original del seguimiento de Cristo: no espera a que vengan a él sus discípulos; los llama. Y un día podrá decirles a todos: "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros" (Jn 15,16).
La vocación, antes de ser una respuesta del hombre y para poder ser respuesta del hombre, es llamada de Dios. Ya hemos dicho que la estructura de la vocación es una estructura de diálogo. Hay quien llama, quien escucha y quien responde. Y esta respuesta se da sólo en la fe, que es también diálogo.
Dios llama. Y llama objetivamente. A través de los acontecimientos y a través de los dones –de naturaleza y de gracia- concedidos a la persona. Y así habla Dios.
Y en Dios llamar es dar la posibilidad de responder, es crear en el llamado una real capacidad de respuesta. No es simple llamada exterior o interior. Es un don objetivo. Algo de esto quiere decir esa expresión, tan oída, de que Dios da siempre las gracias necesarias para desempeñar dignamente la misión que confía a una persona.

Vocación y profesiones humanas
En sentido estricto no puede llamarse vocación a los diversos estados, condiciones o situaciones sociales en que puede encontrarse un cristiano. Hemos abusado mucho del término vocación. Dios, propiamente, no llama a desempeñar una tarea simplemente humana o natural. Las tareas y oficios temporales no son, en el sentido bíblico del término, vocación. Sólo en un sentido amplio y poco riguroso del término podría llamarse así. En cuanto que es Dios quien ha concedido a la persona los dones naturales y las aptitudes que posee y que la disponen o predisponen para el desempeño de una determinada actividad humana.
Cada cristiano tiene que vivir y realizar la vocación divina en medio de sus quehaceres humanos, no al margen de ellos. Pero esos quehaceres humanos no son, propiamente, vocación. Dios no llama a nadie a desempeñar una profesión humana y temporal. Tampoco impone ninguna verdadera obligación de aceptar esta o aquella forma de trabajo. Las profesiones humanas no implican, en este sentido, verdadera obligatoriedad moral. Nadie está obligado a desempeñar esta o aquella, Dios nos ha dejado absoluta libertad. Y el hombre puede libremente elegir. Donde no existe obligación de responder, tampoco existe llamada, la vocación lleva siempre consigo una verdadera obligatoriedad. Si Dios llama, es para que se le responda.
El matrimonio tampoco es, propiamente hablando una vocación divina; aunque de todos los estados simplemente humanos, es el que más se acerca, en su contenido, al sentido propio de vocación. Sobre todo si tenemos en cuenta que es un "sacramento", signo de una realidad sobrenatural.
Toda persona humana, física y psíquicamente normal, está destinada al matrimonio. Es una ley universal de la creación. Está destinada a poseer la vida en plenitud y, después a poder transmitirla, en el ámbito querido por Dios. Para seguir esta ley no se necesita una ulterior llamada de Dios, una vocación propiamente dicha. Basta la ley impresa en la misma naturaleza. Por eso, tampoco implica de suyo una obligatoriedad especial. No hay una llamada individual –una vocación. No tiene por qué haber tampoco una respuesta individual. Nadie está obligado personalmente, en virtud de esta ley universal que afecta más a la naturaleza humana que a cada persona en particular, a seguir el camino del matrimonio. Y donde no hay obligatoriedad, tampoco hay propiamente vocación divina, llamada de Dios.
Para vivir otro género de vida, que implica necesariamente una renuncia a este camino normal y a la ley natural de la creación, se precisa una vocación especial.
El matrimonio es una manera normal, ordinaria (LG 31) de vivir la vocación cristiana. Pero, en sí mismo, no implica una vocación especial.
La llamada a la virginidad consagrada no implica, ni mucho menos, deprecio del matrimonio y ni siquiera falta de atractivo humano y espiritual por él, como tampoco –claro está- incapacidad física o moral para fundar un hogar, vivir una vida de familia, tener unos hijos o saberlos educar. La persona llamada por Dios a vivir la virginidad sería de suyo, la más apta también para el matrimonio.

Vocación religiosa y sacerdotalTanto para el sacerdocio como para la vida religiosa se necesita una llamada positiva de Dios, una verdadera vocación, en el sentido más estricto de la palabra. Y es necesaria también una llamada de la Iglesia, la llamada de Dios y la respuesta del hombre son –básicamente- los dos elementos de la vocación cristiana y, en definitiva, de toda verdadera vocación sobrenatural.
Pero cuando una vocación tiene un marcado sentido social y un quehacer específico en la Iglesia, hay un tercer elemento, que es el reconocimiento, la aprobación y la llamada de Iglesia. Es decir, la llamada interior y divina se hace llamada exterior, eclesial.
Dios llama objetivamente, como hemos dicho. A través de los acontecimiento; a través de los dones y cualidades, de naturaleza y de gracia, concedidos a la persona. Estas cualidades objetivas son perfectamente constatables. Podríamos hablar de vocación objetiva. No hablamos de inclinación o de gusto o de sentimiento como elementos decisivos y constitutivos de la vocación divina, porque no lo son.
También hemos dicho que en Dios "llamar" es dar una posibilidad real de respuesta, es crear en el llamado una capacidad de responder, o sea, un conjunto de dones y de gracias que le hacen apto para ese nuevo estilo de vida a que Dios le llama.
Para saber si existe o no vocación religiosa o sacerdotal, habrá que examinar fundamentalmente estas dos cosas: la realidad de las aptitudes físicas, psicológicas, intelectuales y morales –lo que llamamos idoneidad- y el valor evangélico de las motivaciones –lo que se ha llamado la rectitud de intención.
Y habrá que tener en cuenta el sentido y el alcance de la llamada eclesiástica, ya que la vocación sacerdotal y religiosa implican esencialmente la llamada de la Iglesia.
Ambos elementos, el divino y el eclesiástico, pertenecen a la esencia misma de la vocación, de manera que si falta uno de ellos, la vocación no existe. La llamada de la Iglesia entra en la misma llamada de Dios, como parte integrante de ella.

viernes, 1 de enero de 2010

Feliz Año 2010


Gracias señor por todo cuanto me diste en el año que termina.
Gracias por los días de sol y los nublados tristes por las tardes tranquilas y las noches oscuras.
Gracias por lo que nos prestaste y luego nos pediste.
Gracias señor por la sonrisa amable y por la mano amiga, por el amor y todo lo hermoso, por todo lo dulce, por las flores y las estrellas, por la existencia de los niños y de las personas buenas.
Gracias por la soledad y por el trabajo, por las inquietudes y las dificultades, por las lágrimas, por todo lo que nos acerco a ti.
Gracias por habernos conservado la vida, por habernos dado techo, abrigo y sustento.
¿Que nos traerá el año que comienza?
Lo que quiera Señor pero te pedimos:

FE para mirarte en todo.
ESPERANZA para no desfallecer.
CARIDAD para amarte cada vez mas y hacerte amar por los que nos rodean.
Dadnos paciencia, humildad, desprendimiento y generosidad.
Dadnos Señor lo que Tu sabes que nos conviene y no sabemos pedir.
Que tengamos un corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activos y que nos hallemos siempre dispuestos a hacer tu voluntad.
Derrama Señor tu gracia sobre todos los que amamos y concede tu paz al mundo entero.

Así sea....

domingo, 27 de diciembre de 2009

Noche de Paz

El villancico "Noche de Paz" cantado por las jóvenes hermanas agustinas de la Comunidad de la Conversión de Becerril de Campos (Palencia, España).

¡FELIZ NAVIDAD A TOD@S DESDE ESTE BLOG VOCACIONAL "CRISTO TE LLAMA"!

sábado, 26 de diciembre de 2009

Romance del Nacimiento.


Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer había,
así como desposado
de su tálamo salía,

abrazado con su esposa,
que en sus brazos la traía,
al cual la graciosa Madre
en su pesebre ponía,

entre unos animales
que a la sazón allí había,
los hombres decían cantares,
los ángeles melodía,

festejando el desposorio
que entre tales dos había,
pero Dios en el pesebre
allí lloraba y gemía,

que eran joyas que la esposa
al desposorio traía,
y la Madre estaba en pasmo
de que tal trueque veía:

el llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro
tan ajeno ser solía.


Autor: San Juan de la Cruz

martes, 22 de diciembre de 2009

Mi vida es un pequeño milagro...


El primer paso

Todo es gracia. Mi vida ha sido un pequeño milagro. Descubrí por pura gracia a Quien me creó, me amó y me pidió que me entregara a Él de una forma muy especial. Digo que le descubrí porque se puede “creer” en Dios, pero no haber vivido una “experiencia” de Dios. Se descubre al Dios vivo cuando se experimenta su amor.

A los 17 años vivía yo en Puerto Rico, pues mi familia es de allí, aunque yo nací en La Coruña. A esta edad fue cuando tuve esa fuerte experiencia de Dios que cambió mi vida. Yo creía en Él, pero no le conocía.

Ocurrió en una Pascua juvenil, cuando estaba rodeada de jóvenes que cantábamos juntos. Es algo que no se puede describir. Sólo puedo decir que sentí que Dios pasaba por mi alma y me decía “TE AMO”.

A partir de entonces, Dios pasó a ser el primero en mi vida. Este se podría decir que fue “el primer paso”, pues no sentí la vocación a la vida contemplativa entonces.

María me ayudó

Me interesé mucho por la lectura espiritual y acudía asiduamente a la iglesia. María, nuestra Madre fue quien me ayudó a dar los primeros pasos. Sentí fuertemente su amor y su cercanía. Deseaba ser su esclava y sabía que entregándome a Ella me entregaba y agradaba a Jesús.

Poco tiempo después, vine a vivir a España y entonces sentí la llamada a entregarme más radicalmente al Señor. Ante su Amor mi alma deseaba entregarse sin reservas.

En nuestro tiempo muchas personas se resisten a la llamada de Dios. En mí no fue así, en un primer momento. Yo quería entregarme, concretamente en las misiones. Pero mi juventud y mi carácter impulsivo no me daban la razonable prudencia, y esto lo veían las religiosas con las que llegué a hablar, que me animaban a sopesar más mis motivaciones.

El rival

Entonces apareció un rival, un chico del que me enamoré y dejé a un lado ese Amor fiel que me quería totalmente para él, para entregarme a uno vano y muy limitado. No podía resistirme a tener experiencias nuevas para mí, como la de tener un novio. Este chico no era creyente y me alejé de Dios.

En esta situación ni alma no tenía paz ni libertad y vivía esclava de mis pasiones, aunque seguía añorando ese Amor único y eterno de Dios al que sentía que traicionaba.

Después de pasar tiempo en aquella situación, mi añoranza de Dios tomó formas concretas y empecé de nuevo a asistir a la Eucaristía y a confesarme. Decidí ponerlo todo en manos de Dios sabiendo que Él actuaría. Y así fue.

Él siguió llamándome

Fue Él quien quitó ese falso amor que obstaculizaba nuestra unión y después de un dolor que purificó mi alma, volvió la paz a mi vida por la amistad con Dios.

Entonces me di cuenta de que toda mi vida debía ordenarla cara a Dios, incluyendo las amistades que encontré en la parroquia. Esta amistad nos hacía no sólo compartir las sanas diversiones, sino también la fe.

En el mundo de hoy es muy importante para los cristianos estar unidos, formando comunidad y mantener viva nuestra fe; pues hoy más que nunca, los valores del mundo no son los valores de Dios.

Como Dios es fiel y nos da sus dones a pesar de nuestra indignidad e infidelidad, siguió llamándome…

Esta vez fui descubriendo que deseaba entregarme en una vida más íntima y escondida. Quería entregarme en una vida de oración oculta y dedicarme exclusivamente a Él. Y pensé en la vida contemplativa.

El descubrimiento del Carmelo

Fue entonces cuando descubrí el Carmelo y conocí a las Monjas Carmelitas. Después de unos meses en los que nos fuimos conociendo, pude entrar a hacer una experiencia de varios días. A través de luces y sombras fui descubriendo que ésa era la vida a la que Dios me llamaba y unos meses más tarde entré definitivamente en este Monasterio de Ntra. Sra. de las Maravillas de Madrid.

Puedo decir que me hallo plenamente realizada y verdaderamente feliz por haberme entregado al Señor en este carisma concreto, inspirado en las figuras de María y Elías que nos enseñan a vivir en la presencia de Dios y acoger su palabra para hacerla fecunda en nuestra vida.

La vida de la carmelita es una vida consagrada a la oración y viviendo en clausura descubrimos la libertad que da el poder vivir dedicadas exclusivamente a la alabanza divina, en esa continua presencia amorosa tan deseada, que es la del Dios Vivo.

Dios da sus dones y carismas a cada uno según su fe y espero que a todos aquellos a los que Dios llama a un seguimiento más de cerca, puedan descubrir la verdadera felicidad de entregarse a Él, pues como dijo Juan Pablo II y ahora reitera el Santo Padre Benedicto XVI, no debemos tener miedo de darnos a Jesucristo: Él no quita nada sino que lo da todo.

Hna. Mª Brunilda de la Stma. Trinidad O.Carm.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Si quieres seguir tu vocación recuerda que...



  • Quieres entregarte por completo a Dios; desde ahora no te pertenecen tus ilusiones, tu vida, tus proyectos, el amor, la compañía, el honor, el dinero, la fama... Siempre que los persigas estarás apartándote de la Llamada.

  • La vocación, la llamada de Dios no se pierde, pero puedes dejar de oirla si no permeneces fiel diariamente a tu entrega total, a los propósitos que te marcas por encima de las dificultades.

  • Las dificultades, miedos y sufrimientos son inherentes a la vocación. De ahora en adelante cuenta con ellos, vendrán momentos de aburrimiento, de soledad, de dudas, incomprensiones de quienes te rodean... Pero la recompensa merece el esfuerzo del camino

  • La perfección no es de este mundo y lo que importa es tu esfuerzo cotidiano de superación, no los frutos.

  • El desánimo es la tentación de abandonar lo grande. No te desanimes si te sientes incapaz de salvar al mundo, de ser lo suficientemente generoso. No te desanimes si ves a tu alrededor la dejadez de algunos consagrados, cuando te encuentres sólo en tu ideal, cuando veas la indiferencia de los que deberían ser mejores.

  • Sin una vida constante de oración, sin la amistad con Dios, pronto estarás más cerca del "suelo" que del "cielo" y no merecerá la pena tu sacrificio de hoy.

  • Una tentación constante en tu vida va a ser la de recuperar aquello que hoy dejas. La renuncia ha de ser gozosa y libre, no amarga y resignada.

  • Y recuerda diariamente que la felicidad en la vocación depende directamente de la radicalidad en la entrega. Dios jamás defrauda a quien pone "toda la carne en el asador" por la construcción de su Reino.