jueves, 19 de abril de 2012

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA XLIX JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES


Queridos hermanos y hermanas

La XLIX Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 29 de abril de 2012, cuarto domingo de Pascua, nos invita a reflexionar sobre el tema: Las vocaciones don de la caridad de Dios.

La fuente de todo don perfecto es Dios Amor -Deus caritas est-: «quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4,16). La Sagrada Escritura narra la historia de este vínculo originario entre Dios y la humanidad, que precede a la misma creación. San Pablo, escribiendo a los cristianos de la ciudad de Éfeso, eleva un himno de gratitud y alabanza al Padre, el cual con infinita benevolencia dispone a lo largo de los siglos la realización de su plan universal de salvación, que es un designio de amor. En el Hijo Jesús –afirma el Apóstol– «nos eligió antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor» (Ef 1,4). Somos amados por Dios incluso “antes” de venir a la existencia. Movido exclusivamente por su amor incondicional, él nos “creó de la nada” (cf. 2M 7,28) para llevarnos a la plena comunión con Él.

Lleno de gran estupor ante la obra de la providencia de Dios, el Salmista exclama: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para que te cuides de él?» (Sal 8,4-5). La verdad profunda de nuestra existencia está, pues, encerrada en ese sorprendente misterio: toda criatura, en particular toda persona humana, es fruto de un pensamiento y de un acto de amor de Dios, amor inmenso, fiel, eterno (cf. Jr 31,3). El descubrimiento de esta realidad es lo que cambia verdaderamente nuestra vida en lo más hondo. En una célebre página de las Confesiones, san Agustín expresa con gran intensidad su descubrimiento de Dios, suma belleza y amor, un Dios que había estado siempre cerca de él, y al que al final le abrió la mente y el corazón para ser transformado: «¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, más yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti» (X, 27,38). Con estas imágenes, el Santo de Hipona intentaba describir el misterio inefable del encuentro con Dios, con su amor que transforma toda la existencia.

Se trata de un amor sin reservas que nos precede, nos sostiene y nos llama durante el camino de la vida y tiene su raíz en la absoluta gratuidad de Dios. Refiriéndose en concreto al ministerio sacerdotal, mi predecesor, el beato Juan Pablo II, afirmaba que «todo gesto ministerial, a la vez que lleva a amar y servir a la Iglesia, ayuda a madurar cada vez más en el amor y en el servicio a Jesucristo, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia; en un amor que se configura siempre como respuesta al amor precedente, libre y gratuito, de Dios en Cristo» (Exhort. ap. Pastores dabo vobis, 25). En efecto, toda vocación específica nace de la iniciativa de Dios; es don de la caridad de Dios. Él es quien da el “primer paso” y no como consecuencia de una bondad particular que encuentra en nosotros, sino en virtud de la presencia de su mismo amor «derramado en nuestros corazones por el Espíritu» (Rm 5,5).

En todo momento, en el origen de la llamada divina está la iniciativa del amor infinito de Dios, que se manifiesta plenamente en Jesucristo. Como escribí en mi primera encíclica Deus caritas est, «de hecho, Dios es visible de muchas maneras. En la historia de amor que nos narra la Biblia, Él sale a nuestro encuentro, trata de atraernos, llegando hasta la Última Cena, hasta el Corazón traspasado en la cruz, hasta las apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las que Él, por la acción de los Apóstoles, ha guiado el caminar de la Iglesia naciente. El Señor tampoco ha estado ausente en la historia sucesiva de la Iglesia: siempre viene a nuestro encuentro a través de los hombres en los que Él se refleja; mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía» (n. 17).

El amor de Dios permanece para siempre, es fiel a sí mismo, a la «palabra dada por mil generaciones» (Sal 105,8). Es preciso por tanto volver a anunciar, especialmente a las nuevas generaciones, la belleza cautivadora de ese amor divino, que precede y acompaña: es el resorte secreto, es la motivación que nunca falla, ni siquiera en las circunstancias más difíciles.

Queridos hermanos y hermanas, tenemos que abrir nuestra vida a este amor; cada día Jesucristo nos llama a la perfección del amor del Padre (cf. Mt 5,48). La grandeza de la vida cristiana consiste en efecto en amar “como” lo hace Dios; se trata de un amor que se manifiesta en el don total de sí mismo fiel y fecundo. San Juan de la Cruz, respondiendo a la priora del monasterio de Segovia, apenada por la dramática situación de suspensión en la que se encontraba el santo en aquellos años, la invita a actuar de acuerdo con Dios: «No piense otra cosa sino que todo lo ordena Dios. Y donde no hay amor, ponga amor, y sacará amor» (Epistolario, 26).

En este terreno oblativo, en la apertura al amor de Dios y como fruto de este amor, nacen y crecen todas las vocaciones. Y bebiendo de este manantial mediante la oración, con el trato frecuente con la Palabra y los Sacramentos, especialmente la Eucaristía, será posible vivir el amor al prójimo en el que se aprende a descubrir el rostro de Cristo Señor (cf. Mt 25,31-46). Para expresar el vínculo indisoluble que media entre estos “dos amores” –el amor a Dios y el amor al prójimo– que brotan de la misma fuente divina y a ella se orientan, el Papa san Gregorio Magno se sirve del ejemplo de la planta pequeña: «En el terreno de nuestro corazón, [Dios] ha plantado primero la raíz del amor a él y luego se ha desarrollado, como copa, el amor fraterno» (Moralium Libri, sive expositio in Librum B. Job, Lib. VII, cap. 24, 28; PL 75, 780D).

Estas dos expresiones del único amor divino han de ser vividas con especial intensidad y pureza de corazón por quienes se han decidido a emprender un camino de discernimiento vocacional en el ministerio sacerdotal y la vida consagrada; constituyen su elemento determinante. En efecto, el amor a Dios, del que los presbíteros y los religiosos se convierten en imágenes visibles –aunque siempre imperfectas– es la motivación de la respuesta a la llamada de especial consagración al Señor a través de la ordenación presbiteral o la profesión de los consejos evangélicos. La fuerza de la respuesta de san Pedro al divino Maestro: «Tú sabes que te quiero» (Jn 21,15), es el secreto de una existencia entregada y vivida en plenitud y, por esto, llena de profunda alegría.

La otra expresión concreta del amor, el amor al prójimo, sobre todo hacia los más necesitados y los que sufren, es el impulso decisivo que hace del sacerdote y de la persona consagrada alguien que suscita comunión entre la gente y un sembrador de esperanza. La relación de los consagrados, especialmente del sacerdote, con la comunidad cristiana es vital y llega a ser parte fundamental de su horizonte afectivo. A este respecto, al Santo Cura de Ars le gustaba repetir: «El sacerdote no es sacerdote para sí mismo; lo es para vosotros»(Le curé d’Ars. Sa pensée – Son cœur, Foi Vivante, 1966, p. 100).

Queridos Hermanos en el episcopado, queridos presbíteros, diáconos, consagrados y consagradas, catequistas, agentes de pastoral y todos los que os dedicáis a la educación de las nuevas generaciones, os exhorto con viva solicitud a prestar atención a todos los que en las comunidades parroquiales, las asociaciones y los movimientos advierten la manifestación de los signos de una llamada al sacerdocio o a una especial consagración. Es importante que se creen en la Iglesia las condiciones favorables para que puedan aflorar tantos “sí”, en respuesta generosa a la llamada del amor de Dios.

Será tarea de la pastoral vocacional ofrecer puntos de orientación para un camino fructífero. Un elemento central debe ser el amor a la Palabra de Dios, a través de una creciente familiaridad con la Sagrada Escritura y una oración personal y comunitaria atenta y constante, para ser capaces de sentir la llamada divina en medio de tantas voces que llenan la vida diaria. Pero, sobre todo, que la Eucaristía sea el “centro vital” de todo camino vocacional: es aquí donde el amor de Dios nos toca en el sacrificio de Cristo, expresión perfecta del amor, y es aquí donde aprendemos una y otra vez a vivir la «gran medida» del amor de Dios. Palabra, oración y Eucaristía son el tesoro precioso para comprender la belleza de una vida totalmente gastada por el Reino.

Deseo que las Iglesias locales, en todos sus estamentos, sean un “lugar” de discernimiento atento y de profunda verificación vocacional, ofreciendo a los jóvenes un sabio y vigoroso acompañamiento espiritual. De esta manera, la comunidad cristiana se convierte ella misma en manifestación de la caridad de Dios que custodia en sí toda llamada. Esa dinámica, que responde a las instancias del mandamiento nuevo de Jesús, se puede llevar a cabo de manera elocuente y singular en las familias cristianas, cuyo amor es expresión del amor de Cristo que se entregó a sí mismo por su Iglesia (cf. Ef 5,32). En las familias, «comunidad de vida y de amor» (Gaudium et spes, 48), las nuevas generaciones pueden tener una admirable experiencia de este amor oblativo. Ellas, efectivamente, no sólo son el lugar privilegiado de la formación humana y cristiana, sino que pueden convertirse en «el primer y mejor seminario de la vocación a la vida de consagración al Reino de Dios» (Exhort. ap. Familiaris consortio,53), haciendo descubrir, precisamente en el seno del hogar, la belleza e importancia del sacerdocio y de la vida consagrada. Los pastores y todos los fieles laicos han de colaborar siempre para que en la Iglesia se multipliquen esas «casas y escuelas de comunión» siguiendo el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret, reflejo armonioso en la tierra de la vida de la Santísima Trinidad.

Con estos deseos, imparto de corazón la Bendición Apostólica a vosotros, Venerables Hermanos en el episcopado, a los sacerdotes, a los diáconos, a los religiosos, a las religiosas y a todos los fieles laicos, en particular a los jóvenes que con corazón dócil se ponen a la escucha de la voz de Dios, dispuestos a acogerla con adhesión generosa y fiel.

Vaticano, 18 de octubre de 2011

BENEDICTO XVI

lunes, 2 de abril de 2012

Reflexión para un amigo que consume drogas...


No te conozco ni sé quien eres. Para mí eres un joven o un adulto que, por lo que sea, estás metido en la droga. A ti me dirijo en este artículo.

Tanto si estás intentando salir de la droga, como si lo has intentado algunas veces sin conseguirlo, o como si no lo has intentado nunca en serio, creo que estas reflexiones podrán ayudarte a pensar con seriedad tanto si eres hombre como si eres mujer.

Si tomas droga, piensa en serio hacia dónde te estás dirigiendo y cómo va a acabar tu vida. Siempre nos encontramos con bifurcaciones en el camino de nuestra vida; hay algunas opciones cruciales de las que depende que seas feliz o no en tu futuro. Un ejemplo, el elegir a la persona con la que has de convivir a la hora de contraer matrimonio. Otro, la opción que puedas tomar a la hora de entrar o de salir de la droga.

Lo que puedes dar por seguro es que si estás metido en la droga, cada día dependerás más de ella; cada día estarás más esclavizado por ella, y para seguir drogándote habrás de disponer de dinero para comprarla; como cada día necesitarás más dinero, lo pedirás a tus padres; y llegará un momento en que se cansarán, y acabarán por no darte, porque no podrán más.

Al depender cada día más de la droga, para conseguir dinero robarás, empezando por tus padres, a quien sea y como sea. Éste es el camino que vemos recorrer constantemente a los drogadictos; no hay otro. Y si no pagas a los traficantes, quizá no te libres de alguna paliza o de algo peor. Esto sucede, no te engañes.

Es posible que, al verte en esa situación, te ofrezcan regalarte droga, pero siempre que te comprometas a venderla y distribuirla entre la gente con quienes te relacionas. Y en cualquier redada que haga la policía, también es posible que te detengan y te metan en la cárcel. Lógicamente, te meterán en el sector de drogadictos. Aparte de que no imaginarte lo mal que lo puedes pasar, piensa en el dolor que eso causaría a tus familiares y amigos. ¿Está claro?

También suele suceder que mientras uno siga con la droga, no tenga muchas ganas de trabajar y tanto si te meten en la cárcel como si no ¿qué va a ser de tu futura vida matrimonial? Sin ganas de trabajar y no pudiendo ingresar dinero en casa, ¿Crees que vas a ser feliz? ¿Quién va a mantener a tu familia? ¿A quién podrán tomar como ejemplo tus hijos? ¿Cómo será feliz tu esposa junto a ti? Piensa, piensa, que tampoco te lo digo para asustarte. Tómate la vida en serio y piensa con responsabilidad, cómo va a ser tu futuro si no te sales de la droga. No vivas de ilusiones y piensa como persona.

Cierto que salir de la droga no te va a ser fácil, porque para ello, has de poner en juego toda tu fuerza de voluntad, liberándote de la esclavitud de la drogadicción y volviendo a llevar una vida normal y corriente como la que llevan mucha gente que han logrado salir y viven felices, pero tuvieron que esforzarse.

Tú también puedes lograrlo, porque muchos han logrado salir de ese infierno que crees que es un paraíso, y han reiniciado una vida nueva. Mira hacia el futuro y da los pasos necesarios para ser libre y ser feliz. Además, no olvides que puedes acabar contrayendo alguna enfermedad grave y contagiosa y que tu vida puede ser muy corta. No sabes bien la alegría que darías a tus padres y a tu familia si te decidieses a dar este paso. Seríais felices todos, ellos y tú.

Por último, como obispo, no puedo dejar de decirte unas palabras: por poco creyente que seas, ten en cuenta que Jesús te quiere, y te seguirá queriendo aunque llegues a lo más bajo que pueda llegar cualquier hombre. Acude a él con humildad y con la decisión de cambiar. Él te quiere ayudar y te ayudará. Ábrele la puerta de tu alma; acude a Él y dile como aquel leproso que "se acercó y se postró ante él, diciendo: « Señor, si quieres puedes limpiarme. El extendió la mano, le tocó y dijo: « Quiero, queda limpio. » Y al instante quedó limpio de su lepra" (Mt. 8, 2-3). No te digo que quedarás curado al instante, pero lo que sí te digo es que, si le respondes con tu esfuerzo, tendrás su ayuda y te curarás. No lo dudes; Jesús te quiere.

José Gea

domingo, 4 de marzo de 2012

Próximo estreno de "ALBA"



Una interesante película de fuerte carga vocacional de la productora Contracorriente Producciones.

martes, 7 de febrero de 2012

De la liga inglesa de futbol al seminario...


El Pontificio Colegio Irlandés de Roma (Italia), es ahora el hogar de Phil Mulryne, de 34 años, exfutbolista del Manchester United y el Norwich, que descubrió en la labor social su vocación al sacerdocio.

Según informó Religión en Libertad, "Mulryne tenía fama de divertido, amigable y algo indisciplinado". Se formó en los juveniles del Manchester United junto David Beckham hasta que fue transferido al Norwich en 1999. Incluso integró la selección de Irlanda del Norte, de cuya concentración fue retirado en 2005 por falta disciplinaria.

Debido a las constantes lesiones, dejó definitivamente el fútbol en 2008. Religión en Libertad señaló que su participación en actividades solidarias y caritativas habría llamado la atención del Obispo de Down and Connor (Irlanda), Mons. Noel Treanor, quien le planteó su posible vocación sacerdotal.

Su excompañero en el Norwich, Paul McVeigh, dijo a la prensa inglesa que mantenía contacto con Mulryne "y sabía que le había dado la vuelta a su vida, que hacía mucho trabajo caritativo y ayudaba a los sin techo cada semana. Aún así, me ha impactado que él sintiese esta llamada".

"Lo que está claro es que no es algo que se tome a la ligera, porque para ser ordenado sacerdote católico hay que estudiar dos años de filosofía y cuatro de teología", afirmó.

viernes, 20 de enero de 2012

Porque sé que eres fuerte...



En la vida nos preguntamos cosas como: ¿Por qué a mí?, ¿Otra vez yo?, o frases como: “Solo a mi me pasan estas cosas”. Y es que hay situaciones que vienen a nuestra vida que nos complican, nos hacen creer que no podremos salir de ellas.
Pero mientras analizaba el porque muchas veces vienen a nuestras vidas situaciones difíciles Dios me daba una respuesta a mi mente y me decía: “Por que se que eres fuerte”.
La verdad es que Dios conoce nuestras limitaciones, así como también nuestras capacidades, El conoce cual es tu fortaleza y como reaccionaras frente a las circunstancias que te rodean, por tal razón permite que vengan a tu vida una serie de situaciones que solo tú puedes soportar.
Y es que no es que seas súper man o súper woman, nada de eso; es que El te conoce a perfección y sabe que en toda situación te apoyas de El, por tal razón no hay nada que temer, no hay porque abatirse, ni dudar, Dios siempre te dará la fortaleza necesaria para que salgas como un campeón frente a las situaciones difíciles que te toca enfrentar.
Analiza por un momento lo siguiente: ¿No te ha ayudado Dios hasta acá?, ¿Alguna vez te ha negado su ayuda?, personalmente Dios nunca me ha defraudado, siempre que lo he necesitado ha estado ahí y eso es lo que me ha hecho fuerte frente a las situaciones que me han tocado vivir.
Si yo te contara todo lo que he pasado, las cosas que me han tocado vivir o como Dios muchas veces como yo lo digo a mis íntimos amigos: “Dios me toma como conejillo de indias”, creo que tú te quedarías asombrado. Pero una vez entendí que Dios permite que pasen cosas a mi vida porque un día alguien mas estará pasando por eso y yo podré ser de bendición para esa persona.
A veces nos complicamos la vida queriendo descifrar el porque de las cosas sin ponernos a pensar de que eso que en este momento estas pasando será algo que dentro de un tiempo cuando veas hacia atrás te dará risa y dirás: “¿Por eso me asuste? ¡Bah!”.
Y es que Dios es lindo, El sabe muy bien que cosas permitir a tu vida, sabe que tú recurrirás a El y El te ayudara. Si Dios supiera que al venir situaciones difíciles a tu vida tu saldrás huyendo, entonces no te las mandaría, el ejemplo de eso es Job, un hombre al cual Dios permitió que el enemigo le quitara TODO, pero porque El sabia que Job le iba a ser fiel hasta el final y fue así, por ello Dios lo recompenso con el doble de todo lo que tenia.
Amados, pueda que estén pasando en este momento por un episodio de esos, en donde te haces una y mil preguntas, pero no temas, no desmayes, no te preocupes, pues si estas pasando por eso es porque Dios ya midió tu capacidad y sabe que eres lo suficientemente fuerte como para superarlo.
Esa fortaleza que tú tienes no proviene de una capacidad humana, sino más bien es el fruto de tu comunión personal con Dios, es por ello que no tienes nada que temer, pues tarde o temprano superaras esta situación y serás testimonio vivo de lo que Dios puede hacer en la vida de aquel que se somete a su voluntad.
Si estabas pensando colgar los guantes en estos días por las difíciles situaciones que has estado atravesando hoy te digo:
NO LO HAGAS, Dios conoce tu corazón y tus necesidades, por tal razón solo necesitas someterte a El, eso que estas pasando nada mas es una oportunidad mas para que Dios se muestre a tu vida, es para que tu fe crezca y tu confianza en Dios se fortalezca, ya veras que luego que esto pase podrás ser de mucha bendición para otros que van a pasar por lo mismo, pero tu con palabras sabias serás testimonio de que Dios puede ayudarlos, así como también te ayudo a ti, solo NO TE RINDAS.
Es difícil asimilarlo con nuestra mente, pero de algo debes estar muy pero muy segura, y esto es:
Si Dios permite eso en tu vida, es porque sabe que eres lo suficientemente fuerte en El para superarlo.


Anónimo (enviado al blog para su publicación)

sábado, 14 de enero de 2012

Reportaje sobre la RUTA MONÁSTICA



Iniciativa vocacional en diez monasterios de clausura de León:


Diez comunidades de vida contemplativa, de la diócesis de León, han relanzado una ruta monástica, en la que pueden participar mujeres con inquietud vocacional. La ruta ya se organizó en 2008 y 2009, y participaron 21 personas con edades entre 17 y 46 años. Tres de ellas ingresaron después en las Comunidades carmelita, benedictina y dominica. Algunas de las que hicieron la ruta cuentan sus vivencias

Diez comunidades religiosas, de siete carismas diferentes -agustinas recoletas, benedictinas, cistercienses, carmelitas, clarisas, concepcionistas y jerónimas- se han unido para relanzar la ruta monástica, alentadas por el obispo de León, monseñor Julián López. Cinco comunidades están en la capital leonesa; y cinco, en la provincia de León.

La ruta, que supone una novedosa iniciativa en la historia de la Iglesia, ofrece la posibilidad de conocer de primera mano las diez comunidades y experimentar sus carismas. Las participantes pueden convivir durante unos días con las religiosas, rezar con ellas, hacer las preguntas que quieran... Participan en la Liturgia de las Horas, en la Eucaristía y en una hora de Lectio divina compartida, en la que reflexionan juntas sobre relatos vocacionales que presenta la Sagrada Escritura.
Todas las mujeres que han vivido la ruta monástica valoran muy positivamente la experiencia, pues les ha permitido conocer de cerca la riqueza de la vida contemplativa, convivir y compartir sus inquietudes. Recogemos a continuación algunos testimonios, entre los que están los de dos jóvenes que han descubierto y seguido su vocación religiosa.

Dios llena plenamente mi vida
Una de las jóvenes que hicieron la ruta monástica en 2008 es la Hermana Alicia María del Espíritu Santo, del Carmelo de León. Cuenta que, aquel año, «todavía no tenía definida mi vocación a la vida contemplativa, ni siquiera a la vida religiosa. Pero estaba viviendo un momento de interrogante en mi vida. En ese tiempo de discernimiento, providencialmente, una amiga me invitó a hacer esta ruta monástica y, animada por mi director espiritual, realicé esta experiencia. Nada tenía que perder: conocer las cosas ayuda a resolver».
Alicia recuerda que, «en la visita a cada monasterio, tuve la oportunidad de preguntar y aclarar todas las dudas que tenía sobre esta vida; ver y conocer a las Hermanas de cada comunidad con su experiencia de vida; hablar con ellas... Con las chicas que hicieron la ruta, pude compartir muchas cosas: un mismo sentir, buscar y... ¡hasta un mismo dudar!»
Durante la ruta monástica, Alicia descubrió su llamada a la vida religiosa. Después, hizo una experiencia vocacional en el Carmelo de León, y se sintió atraída por su carisma. Inició el postulantado y, «si Dios quiere, en febrero haré la profesión de votos temporales. Doy gracias a Dios por el don de la vocación que me ha regalado. Estoy feliz en este camino de seguimiento de Cristo, en el Carmelo. Él llena plenamente mi vida, y estoy segura de que, en comunión de vida con Él, mi vida desde el silencio y la soledad es fecunda para la Iglesia y para todos los hombres. Animo a todas las jóvenes que se sienten atraídas por la vida consagrada a que, como María, pronuncien su Hágase: no se arrepentirán de haberse entregado al Amor».

Les estoy eternamente agradecida
Otra de las jóvenes que han hecho la ruta monástica, María José, recuerda que fue «una de las mejores experiencias de mi vida. Descubrí el verdadero cristianismo que no encontraba a mi alrededor, en el entorno donde vivo. Conocimos a unas mujeres maravillosas, que nos cuidaron mucho y nos enseñaron a querer a los demás, a hacer oración con la Lectio divina, y a conocer el valor de la liturgia y del modo de vida que siguen. Nos formaron, pero antes, nos amaron y nos acogieron con un calor especial. Les estoy eternamente agradecida».
María José cuenta que allí conoció a otras chicas que estaban en una situación muy parecida a la suya: «Aunque éramos muy diferentes entre nosotras, todas nos queríamos mucho, porque teníamos lo más importante en común, que es esa inquietud por buscar la verdad y encontrar a Cristo. Algunas de ellas se comprometieron libremente a vivir una vida consagrada. Pero mi consagración fue a través del matrimonio con un hombre creyente como yo, con el que vivo diariamente nuestra vocación cristiana». María José considera la ruta «un regalo de Dios para enseñarme a ser mejor cristiana y mejor docente».
Otra María José relata que, para ella, lo más importante de la ruta fue «compartir la oración, las miradas y saludos de las Hermanas, tan llenos de significado y tan transformadoras; y estar más atenta y cerquita del Señor. Muy enriquecedor también fue conocer a mis compañeras de ruta. Hemos compartido inquietudes, experiencias que no olvidaremos nunca. Todas hemos descubierto en esta ruta lo que el Señor quiere para nosotras; y es que le digamos: Hágase tu voluntad».
María José conoció la ruta a través de Internet: «Me lancé. Era el primer viaje que hacía sola, pero no tenía miedo. Enseguida, conocí a las chicas y a las Hermanas, y estaba como en familia. Todas las excursiones a los distintos monasterios fueron muy enriquecedoras; y todas las Hermanas, muy amables y cariñosas».

Modos de realizar la ruta
Fátima resume la vivencia de la ruta con una frase que escuchó a un monje benedictino: «Cada monasterio es un acontecimiento del Espíritu Santo». Subraya que «la presencia de las monjas de las distintas comunidades y carismas -sobre todo de las Hermanas más mayores, a través de sus miradas, sonrisas y testimonios- me ayudaron a redescubrir el valor de la entrega. La sola presencia de estas mujeres, con su sabiduría, las convierte en presencias fecundas para los demás».
Silvia recuerda que «teníamos un lema creado por las chicas del grupo: Clarifícate para movilizarte». Y a Stefanía, una chica italiana, la ruta le ayudó a «centrarme en lo esencial y a actuar de forma consecuente».
En el blog contemplativasenruta.blogspot.com pueden verse las opciones de cómo realizar la ruta: en grupo -hay fechas ya fijadas-; visitando una comunidad cada fin de semana; y de forma personalizada -a convenir en función de las necesidades y tiempo de cada persona.

Me encontré con Dios
La Hermana Mercedes es ahora novicia en el monasterio de Benedictinas de Santa María de Carbajal, en la capital leonesa. Hizo la ruta monástica en 2009. Explica que «fue un viaje interior que me llevó hasta ese centro donde viven los anhelos más profundos del corazón, donde te encuentras con la desnudez de tu propio ser..., y con Dios, de una forma misteriosa pero cierta a la vez».
Esos días supusieron para ella «una segunda conversión que, desde la distracción en que me encontraba, me llevó a poner de nuevo mis ojos en los Suyos, mi corazón en Él. Fue como una invitación a vivir desde ese centro; uno de esos momentos de luz que te marcan el camino. Supuso seguir escuchando más conscientemente y de forma más clara la voz de Cristo, que me sigue hablando en cada momento de mi vida, y me va pidiendo respuestas que van configurando poco a poco mi camino. Para mí, sigue siendo una voz que provoca, inquieta, anima, seduce, fortalece... Es como una constante seducción que no fuerza ni exige. Se inicia un diálogo precioso, en el que el Señor va a ser quien lleve siempre la iniciativa, esperando una respuesta».

viernes, 6 de enero de 2012

Ante el fallecimiento de sor María Jesús... ¿Quién ocupará su lugar?

Ayer, vispera de la solemnidad de la Epifanía, nuestro Señor, después de una grave enfermedad, llamó a su presencia a la hermana benedictina Sor María Jesús, de la comunidad benedictina del Monasterio de la Santa Cruz.

Entró al monasterio benedictino a la temparana edad de 13 años y dedicó su vida entera, hasta los 91 años, a vivir el lema de San Benito de Nursia, Ora et Labora (Reza y trabaja). Su existencia fue la de una benedictina, consagrada al rezo de la liturgia, al oficio divino y a la atención de los peregrinos y huéspedes. Mientras dábamos cristiana sepultura a su cuerpo, en la esperanza de la resurrección de los justos, pensaba... ¿Quién ocupará su lugar?, ¿Qué joven tendrá una generosidad y un amor tan grandes como para convertirse en una llama permanente de adoración ante Jesús Sacramentado, como lo fue Sor María Jesús?.....


¿SERÁS TÚ, QUE LEES ESTO?




jueves, 17 de noviembre de 2011

AVISO: A las comunidades de vida activa y contemplativa...

Queridas comunidades:

Convencidos como estamos de que sois necesarios en la Iglesia, de que el Cuerpo de Cristo precisa de todos sus miembros, que se complementan, queremos haceros una invitación:

Si confiáis en el valor de los medios como éste para ayudar a sembrar la semilla de la vocación en el mundo y en el corazón de los jóvenes que están tras esas pantallas...

Si queréis dar a conocer el tesoro de vuestros carismas y espiritaulidades, convencidos de que muchos jóvenes pueden encontrar en ellos respuesta a sus inquietudes y llamadas....

Nosotros queremos hacer de este blog nuestro un servicio para vosotros. Sólo tenéis que enviarnos el testimonio o el comentario (no muy extenso) que queréis que se publique en el blog y lo haremos con mucho gusto. Luego pasaremos el enlace al grupo de facebook. Lo mismo vale si son videos de youtube (mandarnos el link) o un cartel invitando a algun acto vocacional, etc. Estamos a vuestra disposición escribiéndonos un mensaje como comentario aquí o a la direcciones de mail: padrerubeng@gmail.com

ADELANTE!!

lunes, 29 de agosto de 2011

Buscad la Llamada de Dios (Benedicto XVI)




Queridos amigos, que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El Señor os ha otorgado vivir en este momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su Nombre en toda la tierra. En esta vigilia de oración, os invito a pedir a Dios que os ayude a descubrir vuestra vocación en la sociedad y en la Iglesia y a perseverar en ella con alegría y fidelidad. Vale la pena acoger en nuestro interior la llamada de Cristo y seguir con valentía y generosidad el camino que él nos proponga.


A muchos, el Señor los llama al matrimonio, en el que un hombre y una mujer, formando una sola carne (cf.Gn 2, 24), se realizan en una profunda vida de comunión. Es un horizonte luminoso y exigente a la vez. Un proyecto de amor verdadero que se renueva y ahonda cada día compartiendo alegrías y dificultades, y que se caracteriza por una entrega de la totalidad de la persona. Por eso, reconocer la belleza y bondad del matrimonio, significa ser conscientes de que solo un ámbito de fidelidad e indisolubilidad, así como de apertura al don divino de la vida, es el adecuado a la grandeza y dignidad del amor matrimonial.


A otros, en cambio, Cristo los llama a seguirlo más de cerca en el sacerdocio o en la vida consagrada. Qué hermoso es saber que Jesús te busca, se fija en ti y con su voz inconfundible te dice también a ti: «¡Sígueme!» (cf. Mc 2,14).


Queridos jóvenes, para descubrir y seguir fielmente la forma de vida a la que el Señor os llame a cada uno, es indispensable permanecer en su amor como amigos. Y, ¿cómo se mantiene la amistad si no es con el trato frecuente, la conversación, el estar juntos y el compartir ilusiones o pesares? Santa Teresa de Jesús decía que la oración es «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (cf. Libro de la vida 8).


Os invito, pues, a permanecer ahora en la adoración a Cristo, realmente presente en la Eucaristía. A dialogar con Él, a poner ante Él vuestras preguntas y a escucharlo. Queridos amigos, yo rezo por vosotros con toda el alma. Os suplico que recéis también por mí. Pidámosle al Señor en esta noche que, atraídos por la belleza de su amor, vivamos siempre fielmente como discípulos suyos. Amén"


(Tomado del discurso a los jóvenes en la Vigilia de Cuatroi Vientos JMJ Madrid 2011)

sábado, 2 de julio de 2011

Benedicto XVI: 60 años de fidelidad sacerdotal


"Sesenta años de ministerio sacerdotal. Queridos amigos, tal vez me he extendido demasiado en los detalles. Pero en esta hora me he sentido impulsado a mirar a lo que ha caracterizado estas décadas. Me he sentido impulsado a deciros –a todos los sacerdotes y Obispos, así como también a los fieles de la Iglesia– una palabra de esperanza y ánimo; una palabra, madurada en la experiencia, sobre el hecho de que el Señor es bueno. Pero, sobre todo, éste es un momento de gratitud: gratitud al Señor por la amistad que me ha ofrecido y que quiere ofrecer a todos nosotros. Gratitud a las personas que me han formado y acompañado. Y en todo ello se esconde la petición de que un día el Señor, en su bondad, nos acoja y nos haga contemplar su alegría. Amén".

Benedicto XVI, de la homilia en la Solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo
29 de junio de 2011

lunes, 6 de junio de 2011

MENSAJE DEL SANTO PADRE B XVI EN LA XLV JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES





Verdad, anuncio y autenticidad de vida en la era digital



Queridos hermanos y hermanas

Con ocasión de la XLV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, deseo compartir algunas reflexiones, motivadas por un fenómeno característico de nuestro tiempo: la propagación de la comunicación a través de internet. Se extiende cada vez más la opinión de que, así como la revolución industrial produjo un cambio profundo en la sociedad, por las novedades introducidas en el ciclo productivo y en la vida de los trabajadores, la amplia transformación en el campo de las comunicaciones dirige las grandes mutaciones culturales y sociales de hoy. Las nuevas tecnologías no modifican sólo el modo de comunicar, sino la comunicación en sí misma, por lo que se puede afirmar que nos encontramos ante una vasta transformación cultural. Junto a ese modo de difundir información y conocimientos, nace un nuevo modo de aprender y de pensar, así como nuevas oportunidades para establecer relaciones y construir lazos de comunión.

Se presentan a nuestro alcance objetivos hasta ahora impensables, que asombran por las posibilidades de los nuevos medios, y que a la vez exigen con creciente urgencia una seria reflexión sobre el sentido de la comunicación en la era digital. Esto se ve más claramente aún cuando nos confrontamos con las extraordinarias potencialidades de internet y la complejidad de sus aplicaciones. Como todo fruto del ingenio humano, las nuevas tecnologías de comunicación deben ponerse al servicio del bien integral de la persona y de la humanidad entera. Si se usan con sabiduría, pueden contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiración más profunda del ser humano.

Transmitir información en el mundo digital significa cada vez más introducirla en una red social, en la que el conocimiento se comparte en el ámbito de intercambios personales. Se relativiza la distinción entre el productor y el consumidor de información, y la comunicación ya no se reduce a un intercambio de datos, sino que se desea compartir. Esta dinámica ha contribuido a una renovada valoración del acto de comunicar, considerado sobre todo como diálogo, intercambio, solidaridad y creación de relaciones positivas. Por otro lado, todo ello tropieza con algunos límites típicos de la comunicación digital: una interacción parcial, la tendencia a comunicar sólo algunas partes del propio mundo interior, el riesgo de construir una cierta imagen de sí mismos que suele llevar a la autocomplacencia.

De modo especial, los jóvenes están viviendo este cambio en la comunicación con todas las aspiraciones, las contradicciones y la creatividad propias de quienes se abren con entusiasmo y curiosidad a las nuevas experiencias de la vida. Cuanto más se participa en el espacio público digital, creado por las llamadas redes sociales, se establecen nuevas formas de relación interpersonal que inciden en la imagen que se tiene de uno mismo. Es inevitable que ello haga plantearse no sólo la pregunta sobre la calidad del propio actuar, sino también sobre la autenticidad del propio ser. La presencia en estos espacios virtuales puede ser expresión de una búsqueda sincera de un encuentro personal con el otro, si se evitan ciertos riesgos, como buscar refugio en una especie de mundo paralelo, o una excesiva exposición al mundo virtual. El anhelo de compartir, de establecer “amistades”, implica el desafío de ser auténticos, fieles a sí mismos, sin ceder a la ilusión de construir artificialmente el propio “perfil” público.

Las nuevas tecnologías permiten a las personas encontrarse más allá de las fronteras del espacio y de las propias culturas, inaugurando así un mundo nuevo de amistades potenciales. Ésta es una gran oportunidad, pero supone también prestar una mayor atención y una toma de conciencia sobre los posibles riesgos. ¿Quién es mi “prójimo” en este nuevo mundo? ¿Existe el peligro de estar menos presentes con quien encontramos en nuestra vida cotidiana ordinaria? ¿Tenemos el peligro de caer en la dispersión, dado que nuestra atención está fragmentada y absorta en un mundo “diferente” al que vivimos? ¿Dedicamos tiempo a reflexionar críticamente sobre nuestras decisiones y a alimentar relaciones humanas que sean realmente profundas y duraderas? Es importante recordar siempre que el contacto virtual no puede y no debe sustituir el contacto humano directo, en todos los aspectos de nuestra vida.

También en la era digital, cada uno siente la necesidad de ser una persona auténtica y reflexiva. Además, las redes sociales muestran que uno está siempre implicado en aquello que comunica. Cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten a sí mismas, su visión del mundo, sus esperanzas, sus ideales. Por eso, puede decirse que existe un estilo cristiano de presencia también en el mundo digital, caracterizado por una comunicación franca y abierta, responsable y respetuosa del otro. Comunicar el Evangelio a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos abiertamente religiosos en las plataformas de los diversos medios, sino también dar testimonio coherente en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio, incluso cuando no se hable explícitamente de él. Asimismo, tampoco se puede anunciar un mensaje en el mundo digital sin el testimonio coherente de quien lo anuncia. En los nuevos contextos y con las nuevas formas de expresión, el cristiano está llamado de nuevo a responder a quien le pida razón de su esperanza (cf. 1 P 3,15).

El compromiso de ser testigos del Evangelio en la era digital exige a todos el estar muy atentos con respecto a los aspectos de ese mensaje que puedan contrastar con algunas lógicas típicas de la red. Hemos de tomar conciencia sobre todo de que el valor de la verdad que deseamos compartir no se basa en la “popularidad” o la cantidad de atención que provoca. Debemos darla a conocer en su integridad, más que intentar hacerla aceptable, quizá desvirtuándola. Debe transformarse en alimento cotidiano y no en atracción de un momento.

La verdad del Evangelio no puede ser objeto de consumo ni de disfrute superficial, sino un don que pide una respuesta libre. Esa verdad, incluso cuando se proclama en el espacio virtual de la red, está llamada siempre a encarnarse en el mundo real y en relación con los rostros concretos de los hermanos y hermanas con quienes compartimos la vida cotidiana. Por eso, siguen siendo fundamentales las relaciones humanas directas en la transmisión de la fe.

Con todo, deseo invitar a los cristianos a unirse con confianza y creatividad responsable a la red de relaciones que la era digital ha hecho posible, no simplemente para satisfacer el deseo de estar presentes, sino porque esta red es parte integrante de la vida humana. La red está contribuyendo al desarrollo de nuevas y más complejas formas de conciencia intelectual y espiritual, de comprensión común. También en este campo estamos llamados a anunciar nuestra fe en Cristo, que es Dios, el Salvador del hombre y de la historia, Aquél en quien todas las cosas alcanzan su plenitud (cf. Ef 1, 10). La proclamación del Evangelio supone una forma de comunicación respetuosa y discreta, que incita el corazón y mueve la conciencia; una forma que evoca el estilo de Jesús resucitado cuando se hizo compañero de camino de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35), a quienes mediante su cercanía condujo gradualmente a la comprensión del misterio, dialogando con ellos, tratando con delicadeza que manifestaran lo que tenían en el corazón.

La Verdad, que es Cristo, es en definitiva la respuesta plena y auténtica a ese deseo humano de relación, de comunión y de sentido, que se manifiesta también en la participación masiva en las diversas redes sociales. Los creyentes, dando testimonio de sus más profundas convicciones, ofrecen una valiosa aportación, para que la red no sea un instrumento que reduce las personas a categorías, que intenta manipularlas emotivamente o que permite a los poderosos monopolizar las opiniones de los demás. Por el contrario, los creyentes animan a todos a mantener vivas las cuestiones eternas sobre el hombre, que atestiguan su deseo de trascendencia y la nostalgia por formas de vida auténticas, dignas de ser vividas. Esta tensión espiritual típicamente humana es precisamente la que fundamenta nuestra sed de verdad y de comunión, que nos empuja a comunicarnos con integridad y honradez.

Invito sobre todo a los jóvenes a hacer buen uso de su presencia en el espacio digital. Les reitero nuestra cita en la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, cuya preparación debe mucho a las ventajas de las nuevas tecnologías. Para quienes trabajan en la comunicación, pido a Dios, por intercesión de su Patrón, san Francisco de Sales, la capacidad de ejercer su labor conscientemente y con escrupulosa profesionalidad, a la vez que imparto a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 24 de enero 2011, fiesta de san Francisco de Sales.



BENEDICTUS PP. XVI

domingo, 8 de mayo de 2011

¿Qué quiere Dios de mí?


Hay personas que piensan que son ellos los que han elegido a Cristo, y es justo lo contrario: es el Señor quien le ha elegido. La persona lo que tiene que hacer es responder a esa llamada de Dios a la fe, a la vocación, o a la vida matrimonial.
En numerosas ocasiones se pierde la perspectiva porque pensamos que todo depende de nosotros, de nuestras fuerzas exclusivamente humanas. Esto no es así. Mi fie siempre es una respuesta a Aquel que me la da.

¿Cómo puedo saber qué quiere Dios de mí? ¿Coincide lo que Dios quiere con lo que yo quiero?

Si estamos demasiado pendiente de nosotros mismos no podemos descubrir la voluntad de Dios sobre nosotros. Necesitamos descentrarnos de nosotros. Dios tiene que ser el centro de nuestros intereses y proyectos. Es necesario descubrir la presencia de Jesús en los que nos rodean y sorprendernos por las realidades que salen a mi paso cada día.
Con las personas nos sucede que creemos que ya las conocemos, que sabemos de sus discursos, de sus gustos, de sus manías, de sus aspectos positivos o negativos; qué fácilmente las encasillamos, las hacemos incluso objeto para nosotros. Pero si ponemos un poco de atención nos damos cuenta de cómo nos pueden sorprender, porque cada día podemos descubrir algo nuevo en ellas. Lo mismo nos pasa cuando leemos el Evangelio, narraciones que se repiten muchas veces, y que ya hasta de memoria las hemos aprendido, pero si las leemos con atención, podemos descubrir muchísimas cosas nuevas en ellas. Es necesario detenernos en los simples detalles que pasamos por encima, porque ellos nos muestran aspectos importantes de las narraciones.

Necesitamos abrir nuestro corazón al Espíritu, que hace nuevas todas las cosas cada día, que pone su novedad y creatividad en mi corazón, y que me va preparando para transformarme cada día en una criatura más apta para el Reino de Dios, que puede mostrar la presencia de los valores del Evangelio, si dejo que sea Él quien me vaya modelando en el silencio y en todos los momentos de la vida.

La persona orante tiene que aprender cada día o descubrir en el silencio las llamadas de Dios a seguirle, a vivir su compromiso como cristiano, a descubrir el proyecto de Dios para él y para el mundo. En nuestra vida aparecen los signos de la presencia de Dios. Dios no nos habla con la misma voz de las personas que nos rodean, pero Dios está comunicándose con nosotros.

En nuestra oración y nuestra vida se dan signos de la presencia de Dios. Necesitamos y debemos verlos con serenidad; para poder juzgarlos en la misma clave en la cual son enviados por Dios. La persona inmadura es aquella que vive en la superficialidad, se queda solamente en la cáscara, en lo externo, en lo agradable o desagradable de ellos y no pasa más allá de las apariencias. Saber ver en profundidad las cosas es algo esencial, de aquí la necesidad de hacer un discernimiento en la oración.

El discernimiento debemos hacerlo sobre las diferentes situaciones de nuestra vida, y sobre nuestro crecimiento en el camino de la oración y de la vivencia espiritual. En el proceso de oración quien no se esfuerza cada día en mejorar, pierde hasta lo poco que había logrado.
¿Elegimos aquellas cosas que nos ayudan a intergrarnos, a vivir centrados en Jesús, o elegimos las que nos alejan de Él.

La maternidad de María respecto de la Iglesia


El papel de María con relación a la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo, deriva directamente de ella. "Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte" (LG 57). Se manifiesta particularmente en la hora de su pasión:

«La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de madre que, llena de amor, daba amorosamente su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima que Ella había engendrado. Finalmente, Jesucristo, agonizando en la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19, 26-27)» (LG 58).

Después de la Ascensión de su Hijo, María "estuvo presente en los comienzos de la Iglesia con sus oraciones" (LG 69). Reunida con los apóstoles y algunas mujeres, "María pedía con sus oraciones el don del Espíritu, que en la Anunciación la había cubierto con su sombra" (LG 59).

... también en su Asunción ...

"Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte" (LG 59; cf. Pío XII, Const. apo. Munificentissimus Deus, 1 noviembre 1950: DS 3903). La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos:

«En el parto te conservaste Virgen, en tu tránsito no desamparaste al mundo, oh Madre de Dios. Alcanzaste la fuente de la Vida porque concebiste al Dios viviente, y con tu intercesión salvas de la muerte nuestras almas (Tropario en el día de la Dormición de la Bienaventurada Virgen María).

... ella es nuestra Madre en el orden de la gracia

Por su total adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora de su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo, la Virgen María es para la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad. Por eso es "miembro supereminente y del todo singular de la Iglesia" (LG 53), incluso constituye "la figura" [typus] de la Iglesia (LG 63).

Pero su papel con relación a la Iglesia y a toda la humanidad va aún más lejos. "Colaboró de manera totalmente singular a la obra del Salvador por su obediencia, su fe, esperanza y ardiente amor, para restablecer la vida sobrenatural de los hombres. Por esta razón es nuestra madre en el orden de la gracia" (LG 61

"Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el consentimiento que dio fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz, hasta la realización plena y definitiva de todos los escogidos. En efecto, con su asunción a los cielos, no abandonó su misión salvadora, sino que continúa procurándonos con su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna [...] Por eso la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora" (LG 62).

"La misión maternal de María para con los hombres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia. En efecto, todo el influjo de la Santísima Virgen en la salvación de los hombres [...] brota de la sobreabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de ella saca toda su eficacia" (LG 60). "Ninguna creatura puede ser puesta nunca en el mismo orden con el Verbo encarnado y Redentor. Pero, así como en el sacerdocio de Cristo participan de diversas maneras tanto los ministros como el pueblo fiel, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en las criaturas de distintas maneras, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas una colaboración diversa que participa de la única fuente" (LG 62).

martes, 8 de marzo de 2011

¡EL MEJOR REGALO, TU VIDA!

En reiteradas ocasiones el Papa Benedicto XVI ha manifestado que los hombres y las mujeres no se adhieren a la fe por un razonamiento, aunque sea muy lúcido o brillante, sino por el encuentro con JESUCRISTO que transforma radicalmente tu mirada y la manera de entender la vida. Baste como botón de muestra el... testimonio que descubrí al leer el libro «Motivos para creer. Introducción a la fe de los cristianos». Su autor manifestaba haber quedado profundamente sorprendido ante el éxito que había tenido en EEUU el libro de Tony Hendra —guionista descreído y satírico de la tv británica— que paradójicamente llevaba por título: «El Padre Joe, el hombre que salvó mi alma». En él narraba su gran amistad con este sacerdote católico. Durante décadas —comentaba el autor— el Padre Joe se mantuvo como un punto de referencia estable y seguro en mi vida. Accesible, compasivo en momentos de crisis, de éxitos, de fracasos… Nunca intentó hacer méritos, ni ganar una discusión, siempre supo ser él mismo. Con paciencia fue desmontando, destruyendo mis falsas ilusiones y ambiciones.
Este hombre viejo, con grandes orejas de delfo, que lentamente iba menguando y envejeciendo… fue la mediación perfecta para encontrarme con «Dios». El mejor regalo que jamás hubiera podido recibir. Y eso que yo no creía… pero ese hombre sirvió de conexión entre Dios y yo. Sospecho que muchos hombres y mujeres de hoy atraviesan por situaciones similares a la mía.
Podemos sentir la incertidumbre, podemos ser incapaces de ofrecer una explicación intelectualmente satisfactoria de lo que creemos pero… en alguna parte de nuestro horizonte hay personas que Dios ha puesto en el mundo para que establezcan esta conexión paradójica y misteriosa.
No importa que esas personas sean tan frágiles y vulnerables como nosotros. Lo importante es que descubrimos a alguien que vive en el mundo que a nosotros también nos gustaría habitar…
Mientras haya personas, que de forma eficaz y valiente, se responsabilicen de Dios, las puertas permanecerán abiertas y existirá la posibilidad de que otros muchos podamos decir algún día: CREO, he encontrado mi hogar en Dios.
No deja de ser conmovedor que haya un número de jóvenes nada desdeñable que se sientan llamados a ser REGALO de DIOS en el MUNDO. Y descubran que ser sacerdote hoy sigue siendo una bendición —un bien «ecológico»— no sólo para la Iglesia sino para toda la humanidad; una de las formas más sublimes de hacer visible el Reino de Dios; una de las formas más hermosas de encarnar los ideales que tiene hoy cualquier joven; una de las formas posibles de hacer la voluntad de Dios y sentirse plenamente realizado; una de las formas reales de ser feliz; una de las formas, aunque parezca paradójico, de ser totalmente libre; una de las formas más auténticas para ser realmente fecundo en la vida…
Si alguna vez lo llegases a sentir… No tengas miedo, ¡ REGÁLATE !

Ángel Pérez Pueyo
Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades
De la Conferencia Episcopal Española.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Jovenes consagrados, reto para el mundo




Mensaje para la Jornada de la Vida Consagrada (2 de febrero de 2011)

Queridos hermanos y amigos: paz y bien.
Cada 2 de febrero se celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Este año, ante el próximo encuentro entre el Papa Benedicto XVI y los jóvenes del mundo que se darán cita en Madrid, se ha propuesto el mismo lema: firmes en la fe. También los consagrados tiene una juventud que vivir sin que les caduque la esperanza lozana y la pasión ilusionada. No se trata añadir años a la vida, sino vida a los años. Lo han dicho todos los autores que han tratado de las edades del hombre, que la juventud no es un factor cronológico sin más, sino una actitud ante la vida, con la mente y el corazón. Hay viejos prematuros o jóvenes perennes, y esto lo da no tanto la edad sino el modo de vivir las cosas.
Firmes en la fe significa para un cristiano, y máxime para un consagrado, estar arraigados en esa tierra que acoge las raíces y las permite nutrir a fin de que el árbol plantado junto a la buena acequia pueda seguir dando frutos en sazón. Es la fe lo que permite tener una firmeza que no es la intransigencia de los confusos ni la pretensión de los demagogos. La fe que nos pone delante de un Tú ante el cual cada instante de nuestra vida se decide. Es el Tú nada menos que del mismo Dios.
No es una figura fantasmal sino Alguien completamente real. Alguien que es quien más se corresponde con la verdaderas exigencias de mi corazón. Es el encuentro con un Dios vivo que cotidianamente me llama por mi nombre, que lo tatuó en la palma de su mano, y que a diario se asoma al ventanal de su misericordia para ver si regresamos de nuestros devaneos pródigos. Precisamente en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2011, hay un párrafo inicial en el primer punto en el que se aborda esta cuestión de lo concreto del Señor en nuestras vidas: «el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su “huella”. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría. La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social… se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza».
Ante este reto, emerge la esperanza de la que son destinatarios y agentes a la vez los jóvenes consagrados: ser un desafío para este mundo de nuestra generación que sigue buscando a Dios mientras a veces de aleja de Él. La consagración en sí es un reto en medio de un mundo secularizado y anticristiano. El testimonio de los jóvenes consagrados acerca apasionadamente al Señor, hablando de una firmeza que arraiga en las auténticas raíces, y que narran desde un carisma suscitado por el Espíritu Santo en su Iglesia, lo que los demás jóvenes y el mundo entero necesitan ver: que los cristianos somos la prolongación en la historia la salvación de Dios. Demos gracias por los consagrados jóvenes, tengan la edad que tengan, pues son un don para la Iglesia y para el mundo.
Recibid mi afecto y mi bendición.
+ Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo
Adm. Apost. de Huesca y Jaca

jueves, 27 de enero de 2011

´´Mi Dulce Esposo´´

VOCACIONAL EMMANUEL

´´Vocación Monástica´´


Búsqueda de Dios

"Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo". Así expresaba un viejo poeta de Israel uno de los anhelos más profundos del corazón humano: "la sed de Dios".

Al mundo moderno lo devora el vértigo. Orgulloso de su dominio de la técnica ha llegado a creerse un dios. El afán consumista del mundo occidental le sumerge en un materialismo tal que le hace olvidar los valores del espíritu. Así ha ido perdiendo el sentido de Dios, su instinto religioso, el norte de su vida.

Pero el deseo de Dios permanece en el fondo de su ser. Lo tiene todo, está saturado de cosas que no le llenan, que no le satisfacen, que no le hacen feliz, al contrario, le desasosiegan. Se encuentra insatisfecho, todo ello indica la presencia oculta de Dios que está ahí llamando a su puerta: "Nos hisciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti" (San Agustín).

Un día nosotras le oímos: "Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo (Ap 3,8). Le abrimos, y desde entonces ya no tenemos otra opción que la de lanzarnos a la más apasionante aventura humana: la de buscar a Dios.

Jesús de Nazaret

"Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna: prendado está el rey de tu belleza" (Sal 44,11).
Un día estas palabras resonaron insistentes en nuestro corazón. Era Jesús que pasaba a nuestro lado y nos subyugó. Su encuentro dio un vuelco a todos nuestros proyectos, a todas nuestras ilusiones. Desde entonces sólo contaba él. Nuestro deseo más íntimo era conocerle, amarle, servirle, vivir y morir con él.

martes, 25 de enero de 2011

''Si Dios es amor'' - Santa Teresa de Avila

Ama a tu prójimo como a ti mismo
Solo dos cosas nos pide el Señor; amor de Dios y amor del prójimo. Estas son las virtudes en las que debemos trabajar. Conservándolas con perfección hacemos su voluntad, y así estaremos unidos a el. La señal mas certera de que guardamos estas dos cosas, es guardando bien la del amor del prójimo; porque si amamos a Dios no se puede saber, mas el amor del prójimo, si. Si no amamos a nuestro prójimo, nos engañamos a nosotros mismos, si creemos que amamos a Dios. Y estén ciertos que mientras mas aprovechados se vienen en el amor del prójimo, mas lo están en el amor de Dios.
Sta. Teresa de Jesús

Si Dios es amor y vive en cada uno de nosotros, tenemos que amarnos con amor fraternal. Por eso nuestro amor al prójimo es la medida de nuestro amor a Dios. Sin embargo, este último es distinto al amor natural que tenemos por los hombres. El amor natural surge entre aquellos que están unidos por el vínculo de sangre, por afinidad de carácter o por intereses comunes.

Los otros son extraños, que poco nos interesan, o que incluso pueden provocarnos un cierto rechazo, de tal manera que hasta los evitamos físicamente. Para los cristianos no existen los hombres extraños.
Nuestro prójimo es todo aquel que tenemos ante nosotros y que tiene necesidad de nosotros, y es indiferente que sea nuestro pariente o no, que nos caiga bien o nos disguste, o que sea moralmente digno de ayuda o no.

El amor de Cristo no conoce limites no se cansa nunca y no se asusta ante la suciedad o la miseria. Cristo vino para los pecadores y no para los justos. Y si el amor de Cristo vive en nosotros, actuaremos como El, e iremos en busca de las ovejas perdidas. El amor natural busca apoderarse de las personas amadas y poseerlas, si es posible, en exclusividad. Cristo vino al mundo para recuperar para el Padre la humanidad perdida; y quien ama con su amor, quiere a los hombres para Dios y no para sí.

Vocación religiosa: ¿te atreverías a planteártela?

Vocación Sacerdotal ¿Y por qué no? - Iglesia católica

jueves, 20 de enero de 2011

La unidad de los cristianos (enero 2011)



El octavario de oración por la unidad de los cristianos no es una iniciativa que movilice grandes esfuerzos ni empeños en nuestra diócesis, debemos admitirlo.
Sabemos que está ahí cada año, en el mes de enero, antes de la fiesta de la conversión de san Pablo, pero es excepcional encontrar una comunidad que vibre con esta intención.
La despreocupación puede explicarse por nuestra peculiar realidad religiosa y social; durante siglos los términos católico y cristiano fueron equiparados sin ninguna dificultad en nuestra España. Y aún hoy, aunque la situación no sea ya así, el número de cristianos no católicos que hay entre nosotros es pequeño, dista mucho de la coexistencia entre iglesias que se da en tantas partes del mundo.

Pero como católicos –universales- haríamos mal en quedarnos mirando sólo nuestros propios problemas. Debemos sentir con toda la Iglesia la herida secular y lacerante de la división. Benedicto XVI, que ya en 2005 dijo que haría de la búsqueda de la unidad entre cristianos una prioridad de su pontificado, nos ha recordado que es una cuestión dolorosa y que, a todos, debe doler sin excepción. Un dolor que no se queda en el lamento sino que invita al compromiso esperanzado.

Un compromiso que se traduzca, aunque no solo, en la oración por la unidad. El octavario nos recuerda, por si lo olvidamos, que sólo Dios puede darnos la unidad deseada, que esta no llegará como fruto de diálogos teológicos o de cambios en costumbres y adaptaciones de leyes, aunque todas las iniciativas son necesarias. Se hará realidad como un don, un regalo de Dios que es quien puede convertir los corazones separados y hacerlo uno solo.

El lema de este año nos dibuja la situación de la comunidad cristiana en el tiempo apostólico: unidos en una misma fe y enseñanza, en una misma vida y bienes compartidos, en la oración y la Eucaristía.
Pese a tantos intentos, a tantos acercamientos y pasos, este retrato de la comunidad no es aún una realidad entre los que creemos en Jesús y hemos recibido un mismo bautismo. Las diferencias están aún por delante de lo que nos une; ya no nos matamos en horrendas guerras de religión, pero estamos muy lejos de amarnos como discípulos del Maestro.
Queda mucho camino por hacer. Recorrerlo será cosa de todos. Que cada cual ponga su propio granito de arena, hecho de oración y buena voluntad.


Ruben Garcia P.

lunes, 17 de enero de 2011

Vocación de San Antonio Abad (17 de enero)


La vocación de san Antonio
De la Vida de san Antonio, escrita por san Atanasio, obispo
Caps. 2-4

Cuando murieron sus padres, Antonio tenía unos dieciocho o veinte años, y quedó él solo con su única hermana, pequeña aún, teniendo que encargarse de la casa y del cuidado de su hermana.

Habían transcurrido apenas seis meses de la muerte de sus padres, cuando un día en que se dirigía, según costumbre, a la iglesia, iba pensando en su interior «los apóstoles lo habían dejado todo para seguir al Salvador, y cómo, según narran los Hechos de los apóstoles, muchos vendían sus posesiones y ponían el precio de venta a los pies de los apóstoles para que lo repartieran entre los pobres; pensaba también en la magnitud de la esperanza que para éstos estaba reservada en el cielo; imbuido de estos pensamientos, entró en la iglesia, y dio la casualidad de que en aquel momento estaban leyendo aquellas palabras del Señor en el Evangelio:

Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego vente conmigo».

Entonces Antonio, como si Dios le hubiese infundido el recuerdo de lo que habían hecho los santos y con aquellas palabras hubiesen sido leídas especialmente para él, salió en seguida de la iglesia e hizo donación a los aldeanos de las posesiones heredadas de sus padres (tenía trescientas parcelas fértiles y muy hermosas), con el fin de evitar toda inquietud para sí y para su hermana. Vendió también todos sus bienes muebles y repartió entre los pobres la considerable cantidad resultante de esta venta, reservando sólo una pequeña parte para su hermana.

Habiendo vuelto a entrar en la iglesia, oyó aquellas palabras del Señor en el Evangelio: «No os agobiéis por el mañana».

Saliendo otra vez, dio a los necesitados incluso lo poco que se había reservado, ya que no soportaba que quedase su poder ni la más mínima cantidad. Encomendó su hermana a unas vírgenes que él sabía eran de confianza y cuidó de que recibiese una conveniente educación; en cuanto a él, a partir de entonces, libre ya de cuidados ajenos, emprendió en frente de su misma casa una vida de ascetismo y de intensa mortificación.

Trabajaba con sus propias manos, ya que conocía aquella afirmación de la Escritura: El que no trabaja que no coma; lo que ganaba con su trabajo lo destinaba parte a su propio sustento, parte a los pobres.

Oraba con mucha frecuencia, ya que había aprendido que es necesario retirarse para ser constantes en orar: en efecto, ponía tanta atención en la lectura, que retenía todo lo que había leído, hasta tal punto que llego un momento en que su memoria suplía los libros.

Todos los habitantes del lugar, y todos los hombres honrados, cuya compañía frecuentaba, al ver su conducta, lo llamaban amigo de Dios; y todos lo amaban como a un hijo o como a un hermano.

Oración

Señor y Dios nuestro, que llamaste al desierto a san Antonio, abad, para que te sirviera con una vida santa, concédenos, por su intercesión, que sepamos negarnos a nosotros mismos para amarte a ti siempre sobre todas las cosas. Por nuestro Señor Jesucristo.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

FELIZ NAVIDAD, AMIGOS DEL BLOG

NAVIDAD 2010

HERMANOS, DIOS HA NACIDO
SOBRE UN PESEBRE, ALELUYA.
HERMANOS, CANTAD CONMIGO:
“GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS”

HOY MUEREN TODOS LOS ODIOS
Y RENACEN LAS TERNURAS
HERMANOS CANTAD CONMIGO
“GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS”

EL CORAZÓN MÁS PERDIDO
YA SABE QUE ALGUIEN LE BUSCA
HERMANOS, CANTAD CONMIGO:
GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS

viernes, 10 de diciembre de 2010

Renovarnos desde la Palabra

Si el Adviento debe ser un momento de renovación en nuestra fe, en nuestra vida cristiana, porque el que espera se prepara, el Papa Benedicto XVI nos ha mostrado un camino seguro para renovarnos: la Palabra de Dios.
Con la exhortación Verbum Domini -La Palabra del Señor- que fue publicada el pasado 11 de noviembre, ha querido recoger las propuestas del Sínodo de los Obispos del año 2008, dedicado a la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia.
El Papa cree que, pese a los grandes avances que se han vivido en la Iglesia Católica en todo lo referente al acceso a la Biblia y su conocimiento, hoy vivimos una situación de estancamiento y rutina. Situación que es aún peor entre los católicos españoles que en el resto, teniendo en cuenta que todas las estadísticas no sitúan a la cola en cuanto a lectura, conocimiento y familiaridad con las Escrituras sagradas.
¿Será ésta una de las causas profundas de nuestra falta de empuje evangelizador, de nuestra perezosa reacción ante el secularismo virulento o de la sequía vocacional?

Podría ser, ya que Benedicto XVI espera del encuentro de los cristianos con la Palabra, nada menos que una “nueva primavera de la Iglesia”, usando sus mismas palabras.
Él pretende que la Palabra divina sea revalorizada en la vida de la Iglesia a través de múltiples iniciativas, de la catequesis, de la predicación, de los medios de comunicación, de los grupos y comunidades, a fin de que sea realmente el corazón de toda actividad eclesial.
¿No podría ser un buen propósito para este Adviento volver a coger una Biblia, a leer algún fragmento, a meditar y orar con él?
Si comenzamos a perder el miedo a la Palabra, a entrar en amistad y comunicación con ella, veremos que es el mismo Jesús el que nos estaba esperando en el texto bíblico, el que sale a nuestro encuentro.
Y la Palabra, que quizá todavía nos parece sólo letra, irá tomando vida, haciéndose carne.
Este año podemos celebrar la Navidad de la Palabra: "la Palabra eterna se ha hecho pequeña, tan pequeña como para estar en un pesebre. Se ha hecho niño para que la Palabra esté a nuestro alcance” (Verbum Domini nº 12).
Rubén García P.

MÁS CERCA DE LOS QUE SUFREN (III Domingo Adviento)


Encerrado en la fortaleza de Maqueronte, el Bautista vive anhelando la llegada del juicio terrible de Dios que extirpará de raíz el pecado del pueblo. Por eso, las noticias que le llegan hasta su prisión acerca de Jesús lo dejan desconcertado: ¿cuándo va a pasar a la acción? ¿cuándo va a mostrar su fuerza justiciera?
Antes de ser ejecutado, Juan logra enviar hasta Jesús algunos discípulos para que le responda a la pregunta que lo atormenta por dentro: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro» ¿Es Jesús el verdadero Mesías o hay que esperar a alguien más poderoso y violento?
Jesús no responde directamente. No se atribuye ningún título mesiánico. El camino para reconocer su verdadera identidad es más vivo y concreto. Decidle a Juan «lo que estáis viendo y oyendo». Para conocer cómo quiere Dios que sea su Enviado, hemos de observar bien cómo actúa Jesús y estar muy atentos a su mensaje. Ninguna confesión abstracta puede sustituir a este conocimiento concreto.
Toda la actuación de Jesús está orientada a curar y liberar, no a juzgar ni condenar. Primero, le han de comunicar a Juan lo que ven: Jesús vive volcado hacia los que sufren, dedicado a liberarlos de lo que les impide vivir de manera sana, digna y dichosa. Este Mesías anuncia la salvación curando.
Luego, le han de decir lo que oyen a Jesús: un mensaje de esperanza dirigido precisamente a aquellos campesinos empobrecidos, víctimas de toda clase de abusos e injusticias. Este Mesías anuncia la Buena Noticia de Dios a los pobres.
Si alguien nos pregunta si somos seguidores del Mesías Jesús o han de esperar a otros, ¿qué obras les podemos mostrar? ¿qué mensaje nos pueden escuchar? No tenemos que pensar mucho para saber cuáles son los dos rasgos que no han de faltar en una comunidad de Jesús.
Primero, ir caminando hacia una comunidad curadora: un poco más cercana a los que sufren, más atenta a los enfermos más solos y desasistidos, más acogedora de los que necesitan ser escuchados y consolados, más presente en las desgracias de la gente.
Segundo, no construir la comunidad de espaldas a los pobres: al contrario, conocer más de cerca sus problemas, atender sus necesidades, defender sus derechos, no dejarlos desamparados. Son ellos los primeros que han de escuchar y sentir la Buena Noticia de Dios.
Una comunidad de Jesús no es sólo un lugar de iniciación a la fe ni un espacio de celebración. Ha de ser, de muchas maneras, fuente de vida más sana, lugar de acogida y casa para quien necesita hogar.

José Antonio Pagola

lunes, 6 de diciembre de 2010

La Inmaculada Concepción

Cuando acabamos de estrenar el tiempo del Adviento, y las luces de la corona comienzan a brillar en nuestras casas y nuestros templos, anunciando la luz de Cristo, celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción.

María es puro adviento, es puro anuncio de la alegría de una victoria plena y total sobre el pecado y la muerte, es ya anticipo del ideal humano, del proyecto que Dios soñó desde siempre para la humanidad. Lo que anhelamos y preparamos es una realidad plena en ella.

La cabeza de la serpiente la ha aplastado, aunque aún colee en el mundo produciendo trágicas y cotidianas consecuencias de mentira y sufrimiento en tantas partes.

María Inmaculada es la Alegre aurora. Cuando después de una noche oscura amanece y los rayos de luz van filtrándose, admiramos los tonos de color del sol que vencen la negrura. Y nos alegramos. La luz, además de ofrecernos claridad, nos calienta y llena de vida.
Así es la Virgen Inmaculada, como una suave luz que anuncia la victoria del bien, como una señal segura de que se acerca el mejor día, buena noticia para todos los que viven entre tinieblas esperando ser iluminados.

Alegría verdadera, porque después de tantos fracasos, después de tantas derrotas, por fin podemos levantar cabeza. El poder de las tinieblas ha comenzado a ser superado. En la madre aparece un punto de luz primero que irá creciendo. Es un regalo, no sólo para los ojos, sino para toda el alma.
La aurora es un anuncio solamente. Por sí misma no tiene identidad propia, es una avanzadilla de otra realidad, que es el sol. La aurora no es el día, sino que lo anuncia, lo prepara. Sus luces y colores no son propios, sino del sol. La aurora es algo relativo al sol, sin el cual no sería nada. Así es María con relación a Cristo, nuestro día y nuestro sol.

Este don de la concepción inmaculada de María lejos de ser algo ajeno a nosotros, algo incomprensible, extraño, es tan humano como todo lo que Dios hace: María hizo de toda su vida una acogida de la voluntad de Dios. Todos sus días son para Dios y su Hijo, parece que no tuviera vida propia: la encarnación y el nacimiento de Jesús, la predicación de Jesús, el seguimiento de Jesús, la pasión y muerte de Jesús, su resurrección, la acogida del espíritu con los discípulos… siempre Jesús. Desaparece ella para que sólo quede su Hijo.
El hágase que dio al ángel de Dios fue sin medida, sin reservarse nada para sí, hasta el final. Como Dios sabía de este sí absoluto y libre, también quiso bendecirla sin medida, cuidando de que nada malo entrara en ella desde antes de que existiera.

Por eso, que mejor podemos hacer que contemplar la aurora que es la Madre, mientras nos preparamos para recibir el día, que es el Hijo. Que mejor que contemplar a María, pura, luminosa, mientras esperamos al Señor y preparamos sus caminos en este tiempo de espera comprometida que es el Adviento.
Rubén García P.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Cristo reina (pero desde la Cruz)



SOMOS CONSTRUCTORES DEL REINO DE DIOS

Por José María Martín OSA

1.- No hay cosa que nos haga más daño que el ver que somos objeto de burla o que se ridiculiza lo que nosotros consideramos sagrado. Muchos cristianos tienen hoy día la sensación de ser perseguidos o denostados por el hecho de vivir según unos criterios y unos valores. Jesús sufrió el escarnio y la burla en el momento del tormento de la cruz. Las autoridades hacían muecas, los soldados le ofrecieron vinagre, uno de los crucificados a su lado le insultaba. Incluso habían puesto un letrero para ridiculizarlo: "Jesús Nazareno, rey de los judíos" Utilizamos sus siglas,"para más INRI", para subrayar una situación de ofensa o de humillación. Hubieran preferido que pusiera: "Este ha dicho soy el rey de los judíos". Todo era un espectáculo esperpéntico. Pero, paradójicamente El era Rey, pero su reino no es de este mundo. ¿Qué querían decir cuando le pidieron por tres veces?: "Sálvate a ti mismo", ¿acaso que hiciera un milagro para bajarse de la cruz, acaso que demostrara su poder o su riqueza, acaso una prueba para demostrar que era el Mesías? Junto a esta humillación lo que más le dolió sin duda a Jesús fue el abandono de los suyos. ¿Cómo debemos responder los cristianos cuando nos sintamos incomprendidos o acusados? Pues con las mismas armas de Jesús: el amor y el perdón. El, simplemente dijo: "Padre perdónales, porque no saben lo que hacen".

2.- Tuvo que ser precisamente un malhechor el que descubriera el reinado de Jesús, tuvo que ser en la cruz.... Algunos no lo reconocieron cuando hacía milagros y él lo reconoció crucificado en un madero. Como dice San Agustín "en su corazón creyó y con la lengua hizo la profesión de fe". Le dijo "Acuérdate de mí, Señor, cuando estés en tu reino". Esperaba su salvación para el futuro y estaba contento con recibirla tras un largo plazo de tiempo. La esperaba para largo, pero el día no se hizo esperar. El Señor le respondió: "En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. El paraíso que el buen ladrón se imaginaba tenía árboles de felicidad, por eso Jesús le dice: hoy estás conmigo en el árbol de la cruz, hoy estarás conmigo en el árbol de la salvación.

3.- Jesús reina sirviendo a toda la humanidad. Su trono es la cruz, su cetro una caña, su manto es una túnica pequeña de color púrpura, su corona es de espinas. En su reino los últimos son los primeros y los primeros los últimos. Ahora comprendemos por qué hace unas semanas nos decía el evangelio que el reino no vendrá espectacularmente, sino que está dentro de nosotros. Tú puedes ser constructor del reino si trabajas por la paz y la justicia, si eres capaz de servir como Jesús, de perdonar como El, de luchar en favor de la vida y de la fraternidad. Cristo es la cabeza del cuerpo de la Iglesia. Nosotros somos sus miembros. Todos los creyentes, no solo los actuales, sino también los que existieron antes de nosotros y los que han de existir después hasta el fin del mundo pertenecen a su cuerpo, del que El es la Cabeza. En este "Cristo total" todos los bautizados asumimos la misión y el destino de Cristo: hacer posible ya aquí la realidad del reino y esperar con confianza que un día resucitaremos con El.

jueves, 11 de noviembre de 2010

La Cruz de los Jóvenes León, 6-10 noviembre 2010


Cuando en la fría noche del pasado miércoles, algunos de los voluntarios de León transportaban con solemnidad la Cruz peregrina de los jóvenes por las calles de Benavente para entregársela a la diócesis hermana de Zamora, pude ver la emoción en sus rostros e incluso alguna lagrima que se escapaba.

Era el acto final de cinco días intensos, muy intensos, en los que nuestra Iglesia de León ha dirigido su mirada a la cruz, signo permanente de salvación y esperanza. Ante ella han orado cientos de niños y jóvenes, presos, enfermos, cristianos de toda clase y condición, los sacerdotes y los seminaristas, los cofrades.
La experiencia de comunión eclesial, de familia, que hemos podido vivir no será fácilmente olvidada, ha de dar fruto de un modo que aún no podemos intuir.

Se agolpan ahora tantas escenas y encuentros… niños aupados en los brazos de sus mayores para que besaran el madero, la entrega de los voluntarios, dedicados en cuerpo y alma, testigos de la Cruz para sus hermanos jóvenes, la emoción del pueblo de Dios sencillo que se agolpaba para venerarla…

“¿Qué tiene de especial esta cruz?” Preguntaba un despistado al verla a hombros de los jóvenes por la calle. Y un hombre de mediana edad, a su lado, sin saber mucho de todo ello le respondía, “Es que esta cruz es algo especial, ¿no ve cómo la cogen? Es nada menos que la cruz peregrina de los jóvenes”.
Vino la Cruz y, con ella, un soplo de aire fresco, una bocanada de esperanza, que buena falta nos hacía y nos hace. Vino a prepararnos para la Jornada Mundial de la Juventud en agosto del 2011, a despertar los corazones fríos, a sacudir nuestra modorra, a mover conciencias y hacernos sentir pueblo peregrino. Y lo logró, más de los que llegamos a pensar que lo haría. Muchos escepticismos y miedos fueron derribados en estos días de gracia en que pudimos orar ante la bendita Cruz joven.
Ahora, su reto permanece. Como para los discípulos en la Pascua, que la experiencia de la Cruz sea el inicio de una resurrección que nos impulsa a la misión.

Rubén García P.