domingo, 4 de abril de 2010

Feliz Pascua. ¡Ha resucitado! ¡Aleluya!


Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Victima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua. »

Primicia de los muertos,
Sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
Amén

lunes, 29 de marzo de 2010

Un artículo interesantísimo...

Non praevalebunt

JUAN MANUEL DE PRADA Lunes , 29-03-10

ESCRIBÍA Chesterton que Cristo «no eligió como piedra fundamental al brillante Pablo ni al místico Juan, sino a un pillastre, un fanfarrón, un cobarde y, en una palabra, un hombre. Sobre esa piedra construyó su Iglesia; y las puertas del infierno no han prevalecido sobre ella. Todos los imperios y los reinos han perecido a causa de su debilidad inherente y continua, a pesar de haber sido fundados sobre hombres fuertes y sobre hombros fuertes. Sólo la Iglesia cristiana histórica fue fundada sobre un hombre débil, y por esa razón es indestructible». Parece evidente que si Cristo hubiese querido elegir a un hombre sin tacha habría podido hacerlo; aunque, en honor a la verdad, ninguno de sus apóstoles puede considerarse un «hombre sin tacha»: el «místico Juan», por ejemplo, pecaba de vanidad, como demuestra el hecho de que solicitara sin rubor sentarse a la vera de Cristo en el cielo; y al «brillante Pablo» lo afeaba cierto apego a los títulos mundanos, pues en su seguimiento de Jesús no renunció a la ciudadanía romana. Y de ese apego que, en estricto sentido, contrariaba el designio de Cristo, que ordenaba «dejarlo todo», surgió un gran bien para la Iglesia, que fue la predicación a los gentiles.
La Iglesia, en efecto, ha contado desde el instante mismo de su fundación con la debilidad de los hombres; y la acción de la gracia ha inspirado a esos hombres débiles, aun cuando seguían aferrados a su debilidad, en misiones que han deparado un enorme bien a la Iglesia. Quizá el caso más evidente sea el de Alejandro VI, a quien siempre se ha considerado el prototipo de Papa corrompido, entregado a debilidades escandalosas que la literatura anticatólica ha divulgado hasta el hartazgo. Pero Alejandro VI fue el muñidor del Tratado de Tordesillas, que encomendó la evangelización del Nuevo Mundo a España y Portugal, quizá la empresa más gloriosa acometida por la Cristiandad. Parece evidente que Alejandro VI no era un «hombre sin tacha»; pero, con sus tachas a cuestas, la acción de la gracia actuó a través de él, convirtiéndolo en instrumento magnífico del designio divino. Que la Iglesia es -en palabras de San Agustín- «santa y meretriz» es algo que cualquier católico debería saber: santa por inspiración divina; meretriz porque esa inspiración se encarna en hombres débiles, corrompidos por flaquezas a las que no siempre saben renunciar. Y tal naturaleza inextricable adquiere mayor misterio cuando miembros de la Iglesia de probada flaqueza alumbran misiones que redundan en beneficio de la Iglesia; misterio que los enemigos de la Iglesia han aprovechado siempre para instilar el veneno del desaliento y la desafección entre los fieles. Así está ocurriendo ahora, tras el desvelamiento de las flaquezas que ensuciaron la vida de Marcial Maciel.
Que Maciel, como Alejandro VI, no fue un «hombre sin tacha» parece fuera de toda duda. Pero extender su tacha a la misión que alumbró sería tanto negar la acción de la gracia y la naturaleza misma de la Iglesia, que fue fundada sobre los hombros de «un pillastre, un fanfarrón, un cobarde y, en una palabra, un hombre». Los enemigos de la Iglesia, que niegan su inspiración divina (tal vez porque son quienes mejor la conocen), pretenden que los católicos, en esta hora de tribulación, olviden que la acción de la gracia actúa también sobre pillastres, fanfarrones y cobardes; en una palabra, sobre hombres débiles que cargan con una misión que pone a prueba sus fuerzas, que desafía sus fuerzas, que con frecuencia excede sus fuerzas; hombres, en fin, que a veces traicionan esa misión con sus actos, como Pedro traicionó a Cristo, después de haber sido elegido como piedra fundamental de su Iglesia. Los enemigos de la Iglesia saben, desde luego, cómo suscitar farisaicamente escándalo y desaliento entre los católicos; saben cómo instilar el veneno del orgullo puritano entre quienes fueron llamados, con sus flaquezas a cuestas, a una misión que excedía sus fuerzas. El día en que los católicos llegaran a creer que la misión de la Iglesia depende de su condición de «hombres sin tacha», las puertas del infierno habrían prevalecido.
www.juanmanueldeprada.com

Sacerdote, testigo de la misericordia de Dios

domingo, 14 de marzo de 2010

IV Domingo de Cuaresma "El hijo pródigo y el Padre prodigioso"

El evangelio de este IV domingo de Cuaresma constituye una de las páginas evangélicas más sublimes. Nos hemos acostumbrado a escuchar la parábola del hijo pródigo, pero si se oye con unos oidos abiertos, como si fuera algo nuevo, resulta tan rica de matices, tan sorprendente, que lo mejor es simplemente pararse y contemplarla.
Quiero compartir con vosotros alguna reflexión en torno a esta imagen.
En primer lugar, es importante no olvidar quienes eran los destinatarios de esta parábola; eran los maestros de la ley, los fariseos, judios observantes de la Ley divina, escrupulosos en su cumplimiento y conocimiento, escandalizados por la actitud de Jesús de cercanía y misericordia hacia los cobradores de impuestos y demás pecadores públicos.
Les resultaba intolerable que alguien que se decía enviado por Dios pudiera contaminarse en el contacto con semejante gente. Particularmente grave era el hecho de que compartiera mesa y casa con esos "indeseables". Al menos Juan Bautista les fustigaba con su palabra, amenazaba con la venida de un Mesías a sangre y fuego que arrasaría toda iniquidad. Pero aquel galileo.... parecía tener sólo palabras amables, cariñosas para con los pecadores....
El hijo mayor representa a estos piadosos judios. Permanece en la casa del Padre, observa todos sus mandatos al milimetro, pero como un esclavo, no como un hijo. De hecho, su corazón está lejos del Padre aunque vivan bajo el mismo techo, porque se ha vuelto de piedra, incapaz de comprender y acoger. Él va a ser el gran perdedor de la historia; al menos el hijo pequeño fue capaz de reconocer su pecado, pero el mayor no, porque lo confunde con la virtud.
Y, ¿qué decir del hijo pequeño? Creía ser feliz lejos del Padre, ser libre, más hombre, independiente. Y le pide la parte de su herencia, que es tanto como decir "Para mí no existes, dejo de tener padre, quiero ser ya huerfano". Y se marcha persiguiendo sus ilusiones de felicidad, que son sólo sombras e ilusiones. Jesús subraya que llega a caer a lo más bajo en que nadie puede caer. ¿Qué puede haber más bajo para un israelita libre que cuidar cerdos, el animal impuro, siendo criado de un pagano y querer comer hasta la comida de los puercos sin poder hacerlo? Nada.
Y prepara su discurso mentalmente, su estrategia para cuando vuelva harapiento y arrastrado ante su padre: "Le diré he pecado contra el cielo y contra ti, no merezco ser tu hijo. Acéptame, al menos, como criado".
Y se pone en camino...
Y cuando llega a la casa del padre, este, que salía cada mañana al camino para ver si le veía volver, no le deja ni soltar su argumento... le cubre de besos, le abraza y sólo acierta a decir llorando "Hijo mío, hijo mío". Le viste con la mejor túnica, le pone el anillo, símbolo de la filiación recuperada, y le pone las sandalias, símbolo de libertad y dignidad.
Que maravilla ¿verdad?

viernes, 12 de marzo de 2010

Seguir a Jesús, una aventura apasionante.


LA REALIDAD DEL JOVEN

El joven es un ser bombardeado de llamadas. Llamada a dar sentido a la vida; llamada a vivir bien sus distintas relaciones; llamada a elegir correctamente su futuro; llamada a responder con equilibrio en su dimensión afectiva y sexual; llamada a llenar su necesidad de ser amado y poder amar; llamada a optar por una carrera o profesión; llamada a ocupar adecuadamente su lugar en la sociedad; llamada a discernir dón­de le quiere Dios en el mundo y en la Iglesia.


Sólo cuando sabe elegir bien, sólo cuando responde correctamente a esas llamadas alcanza esa plenitud que tanto ansía y tanto le identifica con su verdad más profunda: ser hijo de Dios.


Diríamos, por tanto, que el ser humano es “un ser vocacionado”: llamado a elegir aquello que más le hace persona. Entre tantas experiencias, acontecimientos y personas que le “llaman” le provocan, le estimulan, le invitan, le agradan, es bueno seguir este principio: “Soy auténtico cuan­do elijo no lo que más me gusta o me apetece, sino lo que más me hace persona
Ahí tienes un buen criterio, para que tus respuestas a tantas lla­madas acierten en el blanco.

OPTAR EN LA VIDA POR JESUCRISTO

Entre tantas llamadas, una ha ido apareciendo con fuerza en tu vida: ser cristiano. Ser discípulo de Jesús. Ser hermano de todos los hombres. Ser seguidor de Aquel que llena, colma y ama tu vida en totalidad.


Vivir la experiencia de amistad con Jesús es el fenómeno más extraordina­rio que le puede ocurrir a un joven. Es sentirse abrazado por su ternura, su bondad, su personalidad desbordante. Jesús ama; y ama gratuitamente. Nos ha amado primero. Nos amaba desde el comienzo de los siglos. Nos ha amado desde el seno de nuestra madre. Pero su amor, porque quiere ayudar­nos a crecer en la Verdad, es exigente.


Jesús lo exige todo. Seguir radicalmente. No quiere cristianos de medias tintas, de mediocridades. Lo dice con toda claridad: “El que no está conmigo está contra mi. El que no recoge conmigo, desparrama”. Nos invita a par­ticipar de su plenitud, para llegar a la perfección del Padre. Quiere que participemos de su plenitud para ser testigos en medio del mundo, para ser constructores de su Reino
.

Jesús nos enseña (Lc 9,57-62) que las exigencias del Reino son mayores que las otras muchas llamadas que la sociedad, los padres o los proyectos humanos nos puedan sugerir. El Reino está por encima de cualquier situación. El Reino de Dios es vida y se preocupa de la vida de los hombres. ¡¡Se necesitan obreros, dispuestos a darlo todo, para construir ese Rei­no, para ser servidores de la vida!!


Para el Reino de Dios sólo valen personas fuertes, decididas, arriesgadas. Por eso, seguir a Jesús es la aventura más apasionante que un joven puede vivir.


Es ponerle a El como único tesoro, única perla preciosa por la que “vendo” mis proyectos y mi futuro, para servirle solo a El y a los hermanos.


PUNTO DE COMPROMISO.

Jesús llama, propone, invita. Respeta totalmente nuestra libertad. No fuerza, no rompe, no obliga. Pero si entre tú y él hay una verdadera amistad, al Amigo no se le defrauda. Al amigo se le da todo. “Aquí estoy para hacer tu voluntad”.


“Elegir a Cristo es todo o nada, no hay término medio. ¿Llegarás has­ta llevar en tu cuerpo la marca candente de Jesús y de su amor? Se reconoce en ti cuando puedes decirle: “Tú me has amado primero”, tú eres mi alegría, mi amor esencial; que eso me baste”.


Quien quiera seguir a Jesús no pone condiciones, por muy nobles que estas parezcan (“Déjame primero enterrar a mi padre”, o “Déjame primero despedirme de mi familia”). Quien se decide a seguirle no vuelve la vista atrás.


Ante su llamada, ante la experiencia de Amistad, con El, ante la gran­deza del amor que ha derramado sobre nosotros, solo quedan tres actitu­des en el discípulo:


— Confianza absoluta en El: en su Persona, en su Palabra, en su propuesta de vida para ti y para mi.

— Humildad como el que sirve: El es Camino, Verdad, y Vida; El siendo Dios se hizo uno de tantos.

— Disponibilidad total a su voluntad: Como María, nosotros también, incluso cuando nos desborda su proposición, le decimos: “Hágase”. “Hágase, en mi, según tu Palabra”. Un “Sí” rotundo, un “Sí” definitivo, un “Sí” total.




lunes, 1 de marzo de 2010

El sacerdote es para vosotros...


El Papa Benedicto XVI inauguró el pasado 19 de junio del 2009, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, un Año Sacerdotal, con ocasión del 150 aniversario de la muerte del Santo cura de Ars, San Juan María Vianney.
El Santo Padre ha querido así que toda la Iglesia se una en oración agradecida a Dios por el don del ministerio sacerdotal, plasmado visiblemente en la entrega generosa y cotidiana, al servicio de la Iglesia y del mundo, de tantos sacerdotes.
Han terminado ya, felizmente, los tiempos de confusión pasados, con sus debates sobre si era necesario más sacerdocio o más laicado. Ahora que las “aguas” han vuelto a su cauce, vemos con nitidez que la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, no podría subsistir si faltase alguno de sus miembros; cuando uno de ellos se desarrolla, el resto crece armónicamente. Si tenemos familias cristianas que sean verdaderas “iglesias domésticas”, surgirán en ellas vocaciones a la vida consagrada y al ministerio sacerdotal. Si hay vocaciones consagradas, habrá vocaciones sacerdotales y viceversa.
Sin sacerdotes no puede existir la Iglesia de Jesucristo, porque sin Eucaristía, sin el Cuerpo y la Sangre del Señor resucitado, no pueden existir comunidades cristianas en las que se viva el mandamiento nuevo del Amor. Jesús, en el momento supremo, antes del sacrificio de su vida en la cruz, estando con sus apóstoles en la Última Cena, instituye, al mismo tiempo, el sacramento eucarístico y el ministerio apostólico, llamado a continuar hasta su retorno glorioso.
El evangelista San Juan recoge, en el lugar que ocupa la fracción del pan en los evangelios sinópticos, el lavatorio de los pies. No hay oposición alguna entre ambos signos. Sin la vivencia del amor y del servicio, expresados radicalmente por el lavatorio, no es posible la eucaristía ni el ministerio sacerdotal, que es expresión y signo permanente del amor de Cristo servidor a su Iglesia. También el Señor instituye el sacerdocio cuando lava los pies a sus discípulos con el manto arremangado, como un esclavo, y la jofaina, porque esa es, precisamente, la misión permanente del sacerdote: la de Cristo, que no vino a ser servido sino a servir, pasando por uno de tantos en humildad y entrega.
Así vivía su ministerio el Santo cura de Ars y así explicaba a sus feligreses lo que era el ministerio sacerdotal: “El sacerdote no es sacerdote para él mismo, lo es para vosotros”. Estas palabras, lejos de quedarse para él en una bella teoría, las ponía en práctica con sus agotadoras jornadas de trabajo parroquial. Destacaba especialmente por su profunda y constante oración, largas horas ante el sagrario, desde antes de que amaneciera. Se podía decir que vivía en el templo parroquial. “¡Él está allí!”, exclamaba el Santo Cura mirando el tabernáculo. “No hay nada más grande que la Eucaristía”, decía absolutamente convencido.
De esa honda contemplación de Cristo Eucaristía nació en San Juan María la actitud de misericordia que llevaba a su querido confesionario, en el que llegaba a estar más de diecisiete horas diarias para reconciliar las largas filas de penitentes, llegados de toda Francia atraídos por su fama de santidad.
Es cierto que la Iglesia y el mundo han cambiado mucho en poco tiempo. Nuestra sociedad no es la misma que se encontró el santo sacerdote. Pero el ejemplo de abnegación, de amor, de fidelidad, de primacía de la contemplación frente a la acción, de caridad pastoral, del Santo Cura, permanece imperecedero.
Este Año Sacerdotal nos invita a todos, como Iglesia, a dar gracias a Dios por el don de los sacerdotes, presencia de Cristo en el mundo, a los sacerdotes a revitalizar y profundizar el carisma que recibimos el día de nuestra ordenación. Y a los jóvenes que puedan sentir una leve inquietud, una cierta llamada hacia el sacerdocio, quizá viendo el ejemplo de su párroco o de otros sacerdotes, a preguntarse: “¿Por qué ellos sí y yo no?, ¿Por qué no entregar mi vida, mi juventud, mis ilusiones, a este proyecto tan grande?, ¿Por qué no podría ser yo también signo vivo de Cristo Buen Pastor, anunciando la Buena Noticia que el mundo necesita escuchar?

Rubén García Peláez

sábado, 27 de febrero de 2010

ANUNCIO DE UNA NUEVA RUTA MONÁSTICA


Centro Diocesano de Orientación para la Vocación Contemplativa

RUTA MONÁSTICA 2010

¿En qué consiste?

En visitar las comunidades de Vida Contemplativa de la Diócesis de León España que incluye: Agustinas Recoletas, Concepcionistas, Carmelitas Descalzas, dos comunidades Cistercienses y Tres comunidades Benedictinas.

Este año, como novedad, el poder pasar un día entero en dichas comunidades compartiendo con las hermanas su carisma, preguntas, dificultades, experiencias, deseos, la oración…

Está dirigido a chicas con inquietud vocacional.

Fechas: Del 1 al 8 de agosto

Para contactar puedes dirigirte al blog:

http://vocacioncontemplativaleon.blogspot.com/

al correo: vocacioncontemplativaleon@gmail.com

¡Apúntate ya!

domingo, 21 de febrero de 2010

Historia de un encuentro: la perseverancia de mi Dios (II)

Llegó un momento en que yo no pude más y decidí terminar mi noviazgo con Daniel desde la sinceridad de decirle que sentía que mi vocación era la vida consagrada y que además lo que yo sentía por él era mas amistad que amor y no quería lastimarlo. Fue duro pero sentí paz cuando lo hice porque sabia que era lo mejor para ambos.
Comencé a buscar la manera de discernir que era exactamente lo que el Señor quería de mí. Con miedo me contacté con las Hermanas Paulinas, de quienes me atraía el carisma por ser ellas comunicadoras del evangelio y yo estar estudiando la licenciatura en comunicación social. Me propusieron ir cada 15 días para comenzar un acompañamiento vocacional pero no me atreví a decir “Sí” porque eso implicaría decirle a mis padres lo que sentía y no me animaba.
Le dije a Jesús que mejor sea a distancia, pensando que esta modalidad no existía, fue otra excusa que puse a Jesús. A la semana llegue por Internet a una comunidad de brasil que ofrecía discernimiento vocacional por mail, me inscribí y comencé el acompañamiento en portugués, idioma que sabia por haber estudiado en la universidad.
En ese tiempo conocí un joven por Internet, él era de Perú y deseaba formar un matrimonio misionero. Pensé que esa era la solución a mi problema: contentar a mis padres casándome y a Dios siendo misionera desde el matrimonio. Me puse de novia con él pero terminamos a los 5 meses. Yo le pregunté al Señor que quería y me dijo por medio del libro de los Hechos de los apóstoles, que cuando una obra es de hombres cae por si misma pero cuando es de Dios permanece. Le pedí una señal y a la semana me llega por correo un libro para el discernimiento que hacia por Internet. El titulo era “Cúmplase, Señor tu voluntad”. Entendí que quería que lo escuchar de una vez.
Ese mismo año ingresé al Movimiento de la Palabra de Dios desde donde me sentí muy acompañada y aprendí la belleza de la vida comunitaria y el poder de la oración entre hermanos. Allí tuvimos un retiro de Conversión al que yo acudí con la actitud de que allí se hablaría del pecado y por ende el Señor no molestaría más con la llamada. Sin embargo, fue en ese retiro donde Dios me habló con mucha claridad diciéndome que me quería para El, que debía animarme a perder mis miedos porque elegir era renunciar y que ya no debía ponerle más excusas sino discernir realmente su voluntad en mí porque en ella estaba mi felicidad verdadera. No daré detalles de cómo yo sentí todo eso en un retiro de conversión porque me extendería mucho pero sepan que ese retiro fue clave en mi proceso.
A partir de esa experiencia me animé a compartir lo que me pasaba con mis hermanos de comunidad del Movimiento de la Palabra de Dios y con mis Pastores (coordinadores del grupo). Le pedí al Señor que me enviara un sacerdote que me ayudara a discernir lo que Él quería de mí y responder con generosidad a su llamada, dado que por mi diócesis no encontraba ninguno con esa disponibilidad.
Un día le comento de mi necesidad a una amiga de Internet y ella me dice que conocía un sacerdote de capital federal que podría ayudarme y me pasa el mail. Me resultaba rara escribirle a un sacerdote que no me conocía y pedirle que me ayude en este proceso pero sentí en mi corazón que podía ser la respuesta del Señor a mi plegaria así que le envié el mail. Por gracia de Dios, este sacerdote aceptó acompañarme en este proceso de búsqueda.
Tiempo después sentí necesidad de buscar también alguna congregación religiosa. Le dije a María de Lourdes que me llevara a donde Jesús me quería ya que ella conocía a su hijo mejor que yo y me conocía a mi más que yo a mi misma. Así fue que al poco tiempo conocí a las Hermanas del niño Jesús, por medio de una amiga de Internet. Estas hermanas tenían casa a dos cuadras del Santuario del Nuestra Señor de Lourdes en Santos Lugares.
En esta congregación me sentía re cómoda y disfrutaba cada vez que iba de visita, me sentía como “en casa” y me identificaba con el carisma de “Despertar y profundizar la fe”. Por este motivo comencé un acompañamiento con ellas y finalmente, decidí ingresar este año al postulantado, primera etapa de formación para la vida religiosa.
Leí una vez en un testimonio que el proceso vocacional es como un pasar de la derrota al amor. Creo que eso es lo que define mi proceso. Por más que me resistía Dios me venció y luego me mostró que su querer realmente era aquello donde seré plenamente feliz y cada día me encuentro más enamorada de su proyecto de Amor y de El.

Historia de un encuentro: la perseverancia de mi Dios (I)

Me llamo Rosalía, tengo 28 años y soy de Buenos Aires, Argentina. Quiero compartir con ustedes brevemente cómo el Señor me llamó a la vida religiosa y, desde su gracia, pude responder con generosidad a su llamada.
Todo empezó cuando yo era niña, iba con mi madre a la Santa Misa y allí sentí el amor de Dios por primera vez, al recibir a Jesús Eucaristía cuando tenía 8 años. Fue el día más feliz de toda mi vida. A partir de allí comencé a tratar más en intimidad al Señor en la oración personal y lo recibía en la comunión todos los domingos.
En esa capilla donde iba había una monja llamada Inés que fue la que la fundó (ya que antes era solo un terreno baldío) y al ver la alegría de esa hermana y el entusiasmo por todo lo que hacia yo sentía ya en mi corazón el deseo de ser como ella. Sin embargo, había escuchado una vez decir a mi madre que no quería tener una hija monja porque deseaba tener nietos. Estas palabras entristecieron mi corazón y tomé la decisión de callar lo que sentía y tratar de olvidarme de esa idea.
Pasados los años, la Hna. Inés se retiró y mi madre y yo nos alejamos de la iglesia porque el cambio fue muy radical: las nuevas hermanas no eran tan dulces, abiertas, alegres como lo era la Hna Inés. A pesar de ellos yo seguía orando, leyendo la Palabra de Dios y haciendo mi vida normal aunque no iba a la Misa.
Esos dos años que estuve alejada de la iglesia sentía que me faltaba algo y a la vez al ver que en la capilla cada vez iba menos gente me sentía triste. Una noche orando le dije al Señor que estaba triste porque a la capilla de Guadalupe cada vez iba menos gente y deseaba que volviera a enviar alguna religiosa como lo fue la Hna Inés con espíritu evangelizador para acercar a la gente a su Amor. Sentí en mi interior una voz que me decía “¿Por qué no vos?” Debo decir que escuchar eso me dio miedo y respondí “Por amor a ti volveré a la iglesia pero seré como una religiosa más sin ser religiosa” Mi respuesta temía al compromiso. Así a mis 18 años me acerqué nuevamente a la iglesia y me incorporé como catequista.
A Partir de allí comencé a integrarme a la comunidad, a conocer más a las nuevas hermanas y a sentir mucha sed de almas para Dios. Cada vez me incorporaba a más actividades: guiaba el grupo del rosario, iba a encuentros de formación, tuve hasta dos grupos de catequesis…
Un día una de las hermanas se me acercó y me dijo. “¿Vos no pensaste nunca en ser religiosa?” Yo que desde siempre sentía esa inquietud en mi corazón le dije: “Hermana, sinceramente no puedo renunciar a aquello que no viví, soy joven y nunca tuve novio quiero probar la experiencia del noviazgo”. Primera excusa que presenté al Señor a la edad de 22 años.
Inmediatamente fui al Sagrario y le dije: Deseo tener novio, pero no cualquier chico sino alguien que me respete y quiere algo serio. Así fue como al poco tiempo comencé una relación amorosa con un amigo de mi hermano que conocía desde la secundaria y viví con él un noviazgo muy hermoso desde el respeto y el amor mutuo durante 3 años y 3 meses. Durante todo ese tiempo si bien me sentía bien a la vez algo inquietaba mi corazón. Esa llamada que no paraba de hablarme al corazón. Sentía que Jesús me decía que ya me había dado el novio y ahora tenia que decidirme.
Por otro lado, me pasaba que en diferentes lugares distintas personas, (algunas sin siquiera conocerme) me decían con seguridad que yo sería religiosa. Incluso una vez una mujer a la que una amiga le respondió que yo estaba de novia y planificaba casarme dijo “¿Y que tiene que ver?” Esa frase resonó en mi corazón. Sentía que el Señor me invitaba a dejarlo todo.

jueves, 4 de febrero de 2010

La paz armada


AVISO PREVIO A UNOS MUCHACHOS
QUE ASPIRAN A SER CÉLIBES

Será una paz armada, compañeros,
será toda la vida esta batalla;
que el cráter de la carne sólo calla
cuando la muerte acalla sus braseros.


Sin lumbre en el hogar y el sueño mudo,
sin hijos las rodillas y la boca,
a veces sentiréis que el hielo os toca,
la soledad os besará a menudo.


No es que dejéis el corazón sin bodas.
Habréis de amarlo todo, todos, todas,
discípulos de Aquel que amó primero.


Perdida por el Reino y conquistada,
será una paz tan libre como armada,
será el Amor amado a cuerpo entero.

Pedro Casaldaliga

lunes, 1 de febrero de 2010

10 actividades para el Año Sacerdotal

Desde la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española, nos sugieren estas diez actividades que pueden ayudar a parroquias, colegios y comunidades cristianas a celebrar el Año sacerdotal y trabajar a favor de las vocaciones al ministerio presbiteral:

1) Celebrar el día del párroco, con el título “los sacerdotes de mi parroquia” Se podría tener la celebración eucarística a la que se invitarían a todos los sacerdotes vivos que han pasado por una misma parroquia en la que han ejercido su sacerdocio. Un detalle también significativo sería el poder elaborar un mural con las fotografías de esos sacerdotes, ordenadas de forma cronológica (los años que han estado sirviendo a la parroquia), así como la tarea de recabar una breve biografía de cada uno de ellos.

2) Las parroquias podrían también tener un recuerdo para con las vocaciones sacerdotales que han nacido en el seno de esa comunidad. Idear y concretar una fecha en la que se puedan reunir todos, sería un buen testimonio.

3) Organizar una visita a las casas-residencias sacerdotales que la diócesis tenga. Quizá estamos más acostumbrados a ese otro tipo de residencias más genéricas donde viven nuestros mayores, bien sean familiares o paisanos. Existen también casas-residencias donde los sacerdotes jubilados son atendidos en esta etapa dorada de sus vidas. Seguro que agradecen este tipo de detalles, máxime en este año.

4) Organizar una peregrinación al seminario diocesano. Es necesario que las comunidades cristianas conozcan de primera mano el lugar donde los jóvenes se forman para ser en un futuro sacerdotes. Los seminarios están capacitados para llevar acabo este tipo de acogidas de grupos, comunidades y parroquias que se acerquen al lugar signo de la vocación en la diócesis.
Se podrían declarar “a modo de templos jubilares” las capillas de los seminarios diocesanos e invitar a que los fieles peregrinen corporativamente a ellos, rogando por los sacerdotes y las vocaciones al sacerdocio.

5) En las celebraciones eucarísticas no debe faltar una petición por los sacerdotes y las vocaciones al sacerdocio en la oración de los fieles.

6) Revivir y extender la práctica de los “jueves eucarísticos” mediante la prolongación de la acción de gracias después de la comunión con la adoración del Santísimo Sacramento, expuesto en la custodia y se recite la oración aprobada para este año sacerdotal.

7) Resaltar y cuidar la celebración del jueves santo, “día eminentemente sacerdotal” También, poder participar de la Misa Crismal, uniéndose en oración a los sacerdotes que en ese día renuevan, junto con el Obispo diocesano, sus promesas sacerdotales.

8) Conocer a los candidatos que van a ordenarse en este año.

9) Programar actividades catequéticas y pastorales que ahonden en la figura del sacerdote por medio de talleres de lecturas (biografías de sacerdotes ejemplares y santos) o la práctica del cine forum (recomendamos la web http://www.cineyvocacion.org en donde hay una sección de Films relacionados con el Año Sacerdotal)

10) Con los diferentes movimientos familiares, de profundización en la fe, grupos y comunidades se puede reflexionar sobre el papel de los sacerdotes en su función de “consiliarios espirituales” y el servicio ministerial que prestan en su labor de acompañamiento y sostenimiento para que el grupo crezca humana y cristianamente.

viernes, 22 de enero de 2010

Mi vocación: el Carmelo


¡Alabado sea Jesucristo!
A través de este blog quiero compartirles mi experiencia de 3 meses en el Carmelo Descalzo y mi llamada a la vida religiosa.
Me llamo Daniella Martínez Buysse, tengo 17 años de edad.
A pesar de mi corta edad, el Señor muchas veces me ha manifestado mi Vocación al Carmelo Descalzo. Mi primero Colegio se llamó El Carmelo, a los 11 años de edad me vistieron de Carmelita en honor a Santa Teresita por su día, en esos momentos de mi vida comencé a sentir ese profundo deseo de ser Religiosa. También el año pasado fui a una Escuela de Animadores Misioneros (ESAM) en Valencia- Venezuela, nos hospedamos en una hacienda llamada Monte Sacro y en esa hacienda había un monasterio de Carmelitas. Ahí las vi por primera vez y me entro esa curiosidad por conocerlas mejor, hice muy buena amistad con ellas y me permitieron hacer un retiro de 6 días dentro del Monasterio, fue muy hermoso, entonces termine de enamorarme del Carmelo Descalzo. No me quede definitivamente porque debía viajar a Bucaramanga- Colombia, ya que estaba haciendo Discernimiento Vocacional con las Hermanas Misioneras de Santa Teresita; viaje a Bucaramanga y a los meses me di cuenta que mi vocación no estaba en ese lugar, y solo le pedía al Señor que me diera una pista o que me ayudara en lo que estaba pasando, y así fue, el Señor me ayudo, pues a los pocos días, las Hnas. Misioneras y yo íbamos a un retiro espiritual y sin yo esperarlo de mi Dios pasamos por un Monasterio Carmelita, en ese momento desee entrar ahí y ser Carmelita Descalza, es que el nombre del Carmelo Descalzo produce en mi un deseo inmenso de consagración a Dios.
A los pocos días hable con las Hnas. Misioneras, les pedí permiso para hacer una experiencia en el Carmelo y ellas muy generosas me dejaron hacer mi experiencia en el Carmelo como parte de mi Proceso de Discernimiento; ese mismo día llame a las Carmelitas y las fui a visitar, y lo mejor fue que en un mes estaba aceptada en el Carmelo, Ingrese un 18 de Junio, día en que se iniciaba el Año sacerdotal.
Cuando entre al Carmelo me costaba mucho el Silencio, ya que soy una persona muy conversadora y alegre, pero me atrae el Carmelo por su Fraternidad y vida de Oración. Por otro lado se me hizo muy fácil la integración en la comunidad, ya al cuarto día de mi ingreso del estaba bailando y cantando a las Hnas. Me gusta mucho la Música, sobretodo el cantarle a mi Señor, son dones que sin duda me gustaría colocarlos al servicio de la comunidad y de la Iglesia.
Siento que nací para carmelita; todo el ideal de este carisma enciende un fuego ardoroso en mi corazón.
Me encanta la Alegría de Sta. Teresita de los Andes, el Caminito de infancia de Sta. Teresita, el recogimiento interior de Sor Isabel, las Poesías del Santo Padre, y la fortaleza y la fe de la Sta. Madre.
El Carmelo es un foco de irradiación universal que expande en la oscuridad del mundo sus rayos de Fe, Esperanza y Caridad.
He sentido que las Carmelitas son la Raíz de la Iglesia, las que extraen la savia espiritual y luego la entregan generosamente al Cuerpo Místico. Somos, como quería la Sta. Madre Teresa de Jesús, un pequeño ejército que desde la humilde penumbra de nuestra clausura, reforzamos la iglesia militante, pedimos por la iglesia purgante y nos encontramos con la iglesia triunfante… Les suplico que me encomienden en sus oraciones para que el Señor me conceda la gracia de militar muy pronto en estas filas.
FRATERNALMENTE: Daniella

jueves, 21 de enero de 2010

La dirección espiritual

Levántate y vete, a Damasco, allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas. Hch 22,10
La dirección espiritual no es, en realidad, un paso más en el proceso de dis­cernimiento vocacional; es un recurso que puedes aprovechar en cada uno de los pasos.
El director espiritual te motivará a orar y a percibir los signos de la volun­tad de Dios; te indicará dónde obtener la información y te ayudará a reflexio­nar En el momento de la decisión se alejará de ti para que tú, frente a Jesús, li­bremente respondas a su llamada. Te ayudará a que te prepares conveniente­mente para ingresar en una casa de formación. Su oración y sacrificio por ti te alcanzarán del Espíritu Santo, la luz para descubrir tu vocación y la fuerza pa­ra seguirla.
Si bien es cierto que la vocación es una llamada de Dios que nadie puede es­cuchar por ti ni responder a ella en tu lugar, también es cierto que necesitas de alguien que te acompañe en tu discernimiento vocacional.
Es fácil hacerse ilusiones: podrías creer que es un llamado de Dios lo que tal vez sea sólo un deseo tuyo, o bien podrías pensar que no tienes vocación cuan­do en realidad Dios te está llamando. Dialoga con tu director espiritual para clarificar la autenticidad de tu vocación.
Jesucristo, después de habérsele aparecido a Pablo en el camino de Damas­co, le dijo que fuera con Ananías y que éste le indicaría cuál era la voluntad de Dios. Aunque Cristo hubiera podido decirle a Pablo lo que quería de él, quiso valerse de Ananías para hacerle descubrir su vocación (cf Hch 22, 10-15).
En el discernimiento del proyecto de Dios sobre ti no puedes prescindir de la mediación de la Iglesia.
Descubrir tu vocación no es fácil, pero tampoco es imposible Si con since­ridad te pones a buscar la voluntad de Dios y realizas los pasos que aquí te su­giero, creo que podrás encontrarla.
De muchas maneras Dios te está revelando la manera como quiere que co­labores en la instauración de su reino. El es el más interesado en que tú descu­bras y realices tu vocación. Por eso haz oración, dialoga con tu director espiri­tual, percibe, infórmate, reflexiona, decídete y actúa.

martes, 19 de enero de 2010

Oración de la entrega total


Te entrego, Señor, mi vida; hazla fecunda.
Te entrego, Señor, mi voluntad; hazla idéntica a la tuya.
Toma mis manos; hazlas acogedoras.
Toma mi corazón; hazlo ardiente.
Toma mis pies; hazlos incansables.
Toma mis ojos; hazlos transparentes.
Toma mis horas grises; hazlas novedad.
Toma mi niñez; hazla sencilla.
Toma mis cansancios; hazlos tuyos.
Toma mis veredas; hazlas tu camino.
Toma mis mentiras; hazlas verdad.
Toma mis muertes; hazlas vida.
Toma mi pobreza; hazla tu riqueza.
Toma mi obediencia; hazla tu gozo.
Toma mi nada; hazla lo que quieras.
Toma mi familia hazla tuya.
Toma mis amigos; hazlos tuyos.
Toma mis pecados, mis faltas de amor,
mis permanentes desilusiones. Transfórmalo todo.
Toma mis cruces y déjame volar.
Toma mis flores marchitas y déjame ser libre.
Hazme nuevo en la donación, alegría en la entrega,
gozo desbordante al dar la vida, al gastarme en tu servicio.

lunes, 11 de enero de 2010

GASTAR LA VIDA



Jesucristo ha dicho: “Quién quiera economizar su vida, la perderá;
y quién la gaste por Mí, la recobrará en la vida eterna”.

Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida, entregarla sin reservas.
Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo,
y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida.

Tenemos seguros por todas partes para evitar los riesgos.
Y sobre todo está la cobardía...

Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida.
Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla;
no se la puede economizar en estéril egoísmo.

Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen;
hacer un favor al que no lo va a devolver;
gastar la vida es lanzarse aun al fracaso, si hace falta,
sin falsas prudencias; es quemar las naves en bien del prójimo.

Somos antorchas que sólo tenemos sentido cuando nos quemamos;
sólo entonces seremos luz.

Líbranos de la prudencia cobarde,
la que nos hace evitar el sacrificio y buscar la seguridad.

Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos y falsa teatralidad.
La vida se da sencillamente, sin publicidad,
como el agua de la vertiente, como la madre da cl pecho a su bebé,
como el sudor humilde del sembrador.

Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible,
porque detrás de lo imposible está tu gracia y tu presencia;
no podemos caer en el vacío.

El futuro es un enigma,
nuestro camino se interna en la niebla;
pero queremos seguir dándonos,
porque Tú estás esperando en la noche,
con mil ojos humanos rebosando lágrimas.

Lucho Espinal

lunes, 4 de enero de 2010

Vocación y vocaciones, profesión, matrimonio...




Muchas veces surgen preguntas comunes acerca de la vocación. Preparando un retiro para unas religiosas contemplativas, he tenido oportunidad de releer estos textos de la clásica obra del P. Severino María Alonso, cmf "La vida consagrada. Síntesis teológica":

La palabra "vocación" es una de las palabras más gastadas, más en uso y abuso en nuestro vocabulario habitual. Hay que devolverle su sentido primero, original. Vocación quiere decir llamada. Y llamada de Dios. Y dice siempre relación directa inmediata a la salvación sobrenatural.
Vocación cristianaLa llamada de Dios a la existencia no puede definirse, estrictamente hablando, como vocación. Dios no llama tampoco, propiamente, a ninguna tarea humana y temporal. Sólo en sentido amplio puede hablarse de vocación a desempeñar una misión en el orden temporal.
Dios llama a la salvación sobrenatural y llama a trabajar por la salvación sobrenatural de los demás. Dios llama al hombre –a todo hombre- a la amistad y la filiación divinas. Esta es la vocación más fundamental, base de toda ulterior vocación. El hombre, históricamente, no ha tenido nunca otra vocación. Ha sido pensado y elegido en Cristo para ser amigo y para ser hijo de Dios. Y, como es claro, en un orden sobrenatural, de gracia. "La vocación última del hombre –dice el Concilio_ en realidad es una sola, es decir, divina" (GS 22). "La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios" (GS 19).
Pero Dios llama al hombre en una comunidad de salvación y desde una comunidad de salvación, que se llama Iglesia. Por eso, la vocación cristiana es vocación en Cristo y vocación en la Iglesia.
La llamada es personal y se dirige a la persona. La vocación tiene una estructura de diálogo. Hay quien llama, quien escucha y quien responde.
Esta vocación a la amistad y a la filiación divinas sólo nos llega y se realiza en Cristo y en su Iglesia. Esta es la vocación cristiana, común a todos los hombres, que es la vocación más fundamental de todas. Sólo desde aquí tienen sentido y pueden entenderse las llamadas "vocaciones de consagración" –aunque esta denominación no nos convence del todo. El Concilio habla de vocación sagrada y de vocación divina.
Esta vocación es una elección de Dios libre y gratuita. Excluye, por lo mismo, toda idea de mérito. Y su raíz última es el amor.

Sentido bíblicoLo primero que resalta en la vocación divina es la iniciativa de Dios, lo mismo que en la Alianza, la iniciativa es exclusivamente suya. La llamada es libre y gratuita. El diálogo lo abre siempre Dios. Y aquí descubrimos el carácter absolutamente original del seguimiento de Cristo: no espera a que vengan a él sus discípulos; los llama. Y un día podrá decirles a todos: "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros" (Jn 15,16).
La vocación, antes de ser una respuesta del hombre y para poder ser respuesta del hombre, es llamada de Dios. Ya hemos dicho que la estructura de la vocación es una estructura de diálogo. Hay quien llama, quien escucha y quien responde. Y esta respuesta se da sólo en la fe, que es también diálogo.
Dios llama. Y llama objetivamente. A través de los acontecimientos y a través de los dones –de naturaleza y de gracia- concedidos a la persona. Y así habla Dios.
Y en Dios llamar es dar la posibilidad de responder, es crear en el llamado una real capacidad de respuesta. No es simple llamada exterior o interior. Es un don objetivo. Algo de esto quiere decir esa expresión, tan oída, de que Dios da siempre las gracias necesarias para desempeñar dignamente la misión que confía a una persona.

Vocación y profesiones humanas
En sentido estricto no puede llamarse vocación a los diversos estados, condiciones o situaciones sociales en que puede encontrarse un cristiano. Hemos abusado mucho del término vocación. Dios, propiamente, no llama a desempeñar una tarea simplemente humana o natural. Las tareas y oficios temporales no son, en el sentido bíblico del término, vocación. Sólo en un sentido amplio y poco riguroso del término podría llamarse así. En cuanto que es Dios quien ha concedido a la persona los dones naturales y las aptitudes que posee y que la disponen o predisponen para el desempeño de una determinada actividad humana.
Cada cristiano tiene que vivir y realizar la vocación divina en medio de sus quehaceres humanos, no al margen de ellos. Pero esos quehaceres humanos no son, propiamente, vocación. Dios no llama a nadie a desempeñar una profesión humana y temporal. Tampoco impone ninguna verdadera obligación de aceptar esta o aquella forma de trabajo. Las profesiones humanas no implican, en este sentido, verdadera obligatoriedad moral. Nadie está obligado a desempeñar esta o aquella, Dios nos ha dejado absoluta libertad. Y el hombre puede libremente elegir. Donde no existe obligación de responder, tampoco existe llamada, la vocación lleva siempre consigo una verdadera obligatoriedad. Si Dios llama, es para que se le responda.
El matrimonio tampoco es, propiamente hablando una vocación divina; aunque de todos los estados simplemente humanos, es el que más se acerca, en su contenido, al sentido propio de vocación. Sobre todo si tenemos en cuenta que es un "sacramento", signo de una realidad sobrenatural.
Toda persona humana, física y psíquicamente normal, está destinada al matrimonio. Es una ley universal de la creación. Está destinada a poseer la vida en plenitud y, después a poder transmitirla, en el ámbito querido por Dios. Para seguir esta ley no se necesita una ulterior llamada de Dios, una vocación propiamente dicha. Basta la ley impresa en la misma naturaleza. Por eso, tampoco implica de suyo una obligatoriedad especial. No hay una llamada individual –una vocación. No tiene por qué haber tampoco una respuesta individual. Nadie está obligado personalmente, en virtud de esta ley universal que afecta más a la naturaleza humana que a cada persona en particular, a seguir el camino del matrimonio. Y donde no hay obligatoriedad, tampoco hay propiamente vocación divina, llamada de Dios.
Para vivir otro género de vida, que implica necesariamente una renuncia a este camino normal y a la ley natural de la creación, se precisa una vocación especial.
El matrimonio es una manera normal, ordinaria (LG 31) de vivir la vocación cristiana. Pero, en sí mismo, no implica una vocación especial.
La llamada a la virginidad consagrada no implica, ni mucho menos, deprecio del matrimonio y ni siquiera falta de atractivo humano y espiritual por él, como tampoco –claro está- incapacidad física o moral para fundar un hogar, vivir una vida de familia, tener unos hijos o saberlos educar. La persona llamada por Dios a vivir la virginidad sería de suyo, la más apta también para el matrimonio.

Vocación religiosa y sacerdotalTanto para el sacerdocio como para la vida religiosa se necesita una llamada positiva de Dios, una verdadera vocación, en el sentido más estricto de la palabra. Y es necesaria también una llamada de la Iglesia, la llamada de Dios y la respuesta del hombre son –básicamente- los dos elementos de la vocación cristiana y, en definitiva, de toda verdadera vocación sobrenatural.
Pero cuando una vocación tiene un marcado sentido social y un quehacer específico en la Iglesia, hay un tercer elemento, que es el reconocimiento, la aprobación y la llamada de Iglesia. Es decir, la llamada interior y divina se hace llamada exterior, eclesial.
Dios llama objetivamente, como hemos dicho. A través de los acontecimiento; a través de los dones y cualidades, de naturaleza y de gracia, concedidos a la persona. Estas cualidades objetivas son perfectamente constatables. Podríamos hablar de vocación objetiva. No hablamos de inclinación o de gusto o de sentimiento como elementos decisivos y constitutivos de la vocación divina, porque no lo son.
También hemos dicho que en Dios "llamar" es dar una posibilidad real de respuesta, es crear en el llamado una capacidad de responder, o sea, un conjunto de dones y de gracias que le hacen apto para ese nuevo estilo de vida a que Dios le llama.
Para saber si existe o no vocación religiosa o sacerdotal, habrá que examinar fundamentalmente estas dos cosas: la realidad de las aptitudes físicas, psicológicas, intelectuales y morales –lo que llamamos idoneidad- y el valor evangélico de las motivaciones –lo que se ha llamado la rectitud de intención.
Y habrá que tener en cuenta el sentido y el alcance de la llamada eclesiástica, ya que la vocación sacerdotal y religiosa implican esencialmente la llamada de la Iglesia.
Ambos elementos, el divino y el eclesiástico, pertenecen a la esencia misma de la vocación, de manera que si falta uno de ellos, la vocación no existe. La llamada de la Iglesia entra en la misma llamada de Dios, como parte integrante de ella.

viernes, 1 de enero de 2010

Feliz Año 2010


Gracias señor por todo cuanto me diste en el año que termina.
Gracias por los días de sol y los nublados tristes por las tardes tranquilas y las noches oscuras.
Gracias por lo que nos prestaste y luego nos pediste.
Gracias señor por la sonrisa amable y por la mano amiga, por el amor y todo lo hermoso, por todo lo dulce, por las flores y las estrellas, por la existencia de los niños y de las personas buenas.
Gracias por la soledad y por el trabajo, por las inquietudes y las dificultades, por las lágrimas, por todo lo que nos acerco a ti.
Gracias por habernos conservado la vida, por habernos dado techo, abrigo y sustento.
¿Que nos traerá el año que comienza?
Lo que quiera Señor pero te pedimos:

FE para mirarte en todo.
ESPERANZA para no desfallecer.
CARIDAD para amarte cada vez mas y hacerte amar por los que nos rodean.
Dadnos paciencia, humildad, desprendimiento y generosidad.
Dadnos Señor lo que Tu sabes que nos conviene y no sabemos pedir.
Que tengamos un corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activos y que nos hallemos siempre dispuestos a hacer tu voluntad.
Derrama Señor tu gracia sobre todos los que amamos y concede tu paz al mundo entero.

Así sea....