sábado, 25 de abril de 2009

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones



Venerados Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
Queridos hermanos y hermanas:

Con ocasión de la próxima Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones al Sacerdocio y a la Vida Consagrada, que se celebrará el 3 de mayo de 2009, Cuarto Domingo de Pascua, me es grato invitar a todo el pueblo de Dios a reflexionar sobre el tema: "La confianza en la iniciativa de Dios y la respuesta humana". Resuena constantemente en la Iglesia la exhortación de Jesús a sus discípulos: «Rogad al dueño de la mies, que envíe obreros a su mies» (Mt 9, 38). ¡Rogad! La apremiante invitación del Señor subraya cómo la oración por las vocaciones ha de ser ininterrumpida y confiada. De hecho, la comunidad cristiana, sólo si efectivamente está animada por la oración, puede «tener mayor fe y esperanza en la iniciativa divina» (Exhort. ap. postsinodal Sacramentum caritatis, 26).

La vocación al sacerdocio y a la vida consagrada constituye un especial don divino, que se sitúa en el amplio proyecto de amor y de salvación que Dios tiene para cada hombre y la humanidad entera. El apóstol Pablo, al que recordamos especialmente durante este Año Paulino en el segundo milenio de su nacimiento, escribiendo a los efesios afirma: «Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, nos ha bendecido en la persona de Cristo, con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor» (Ef 1, 3-4). En la llamada universal a la santidad destaca la peculiar iniciativa de Dios, escogiendo a algunos para que sigan más de cerca a su Hijo Jesucristo, y sean sus ministros y testigos privilegiados. El divino Maestro llamó personalmente a los apóstoles «para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios» (Mc 3, 14-15); ellos, a su vez, se asociaron con otros discípulos, fieles colaboradores en el ministerio misionero. Y así, respondiendo a la llamada del Señor y dóciles a la acción del Espíritu Santo, una multitud innumerable de presbíteros y de personas consagradas, a lo largo de los siglos, se ha entregado completamente en la Iglesia al servicio del Evangelio. Damos gracias al Señor porque también hoy sigue llamando a obreros para su viña. Aunque es verdad que en algunas regiones de la tierra se registra una escasez preocupante de presbíteros, y que dificultades y obstáculos acompañan el camino de la Iglesia, nos sostiene la certeza inquebrantable de que el Señor, que libremente escoge e invita a su seguimiento a personas de todas las culturas y de todas las edades, según los designios inescrutables de su amor misericordioso, la guía firmemente por los senderos del tiempo hacia el cumplimiento definitivo del Reino.

Nuestro primer deber ha de ser por tanto mantener viva, con oración incesante, esa invocación de la iniciativa divina en las familias y en las parroquias, en los movimientos y en las asociaciones entregadas al apostolado, en las comunidades religiosas y en todas las estructuras de la vida diocesana. Tenemos que rezar para que en todo el pueblo cristiano crezca la confianza en Dios, convencido de que el «dueño de la mies» no deja de pedir a algunos que entreguen libremente su existencia para colaborar más estrechamente con Él en la obra de la salvación. Y por parte de cuantos están llamados, se requiere escucha atenta y prudente discernimiento, adhesión generosa y dócil al designio divino, profundización seria en lo que es propio de la vocación sacerdotal y religiosa para corresponder a ella de manera responsable y convencida. El Catecismo de la Iglesia Católica recuerda oportunamente que la iniciativa libre de Dios requiere la respuesta libre del hombre. Una respuesta positiva que presupone siempre la aceptación y la participación en el proyecto que Dios tiene sobre cada uno; una respuesta que acoja la iniciativa amorosa del Señor y llegue a ser para todo el que es llamado una exigencia moral vinculante, una ofrenda agradecida a Dios y una total cooperación en el plan que Él persigue en la historia (cf. n. 2062).

Contemplando el misterio eucarístico, que expresa de manera sublime el don que libremente ha hecho el Padre en la Persona del Hijo Unigénito para la salvación de los hombres, y la plena y dócil disponibilidad de Cristo hasta beber plenamente el «cáliz» de la voluntad de Dios (cf. Mt 26, 39), comprendemos mejor cómo «la confianza en la iniciativa de Dios» modela y da valor a la «respuesta humana». En la Eucaristía, don perfecto que realiza el proyecto de amor para la redención del mundo, Jesús se inmola libremente para la salvación de la humanidad. «La Iglesia –escribió mi amado predecesor Juan Pablo II– ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no sólo como un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación» (Enc. Ecclesia de Eucharistia, 11).

Los presbíteros, que precisamente en Cristo eucarístico pueden contemplar el modelo eximio de un «diálogo vocacional» entre la libre iniciativa del Padre y la respuesta confiada de Cristo, están destinados a perpetuar ese misterio salvífico a lo largo de los siglos, hasta el retorno glorioso del Señor. En la celebración eucarística es el mismo Cristo el que actúa en quienes Él ha escogido como ministros suyos; los sostiene para que su respuesta se desarrolle en una dimensión de confianza y de gratitud que despeje todos los temores, incluso cuando aparece más fuerte la experiencia de la propia flaqueza (cf. Rm 8, 26-30), o se hace más duro el contexto de incomprensión o incluso de persecución (cf. Rm 8, 35-39).

El convencimiento de estar salvados por el amor de Cristo, que cada Santa Misa alimenta a los creyentes y especialmente a los sacerdotes, no puede dejar de suscitar en ellos un confiado abandono en Cristo que ha dado la vida por nosotros. Por tanto, creer en el Señor y aceptar su don, comporta fiarse de Él con agradecimiento adhiriéndose a su proyecto salvífico. Si esto sucede, «la persona llamada» lo abandona todo gustosamente y acude a la escuela del divino Maestro; comienza entonces un fecundo diálogo entre Dios y el hombre, un misterioso encuentro entre el amor del Señor que llama y la libertad del hombre que le responde en el amor, sintiendo resonar en su alma las palabras de Jesús: «No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure» (Jn 15, 16).

Ese engarce de amor entre la iniciativa divina y la respuesta humana se presenta también, de manera admirable, en la vocación a la vida consagrada. El Concilio Vaticano II recuerda: «Los consejos evangélicos de castidad consagrada a Dios, pobreza y obediencia tienen su fundamento en las palabras y el ejemplo del Señor. Recomendados por los apóstoles, por los Padres de la Iglesia, los doctores y pastores son un don de Dios, que la Iglesia recibió de su Señor y que con su gracia conserva siempre» (Lumen gentium, 43). Una vez más, Jesús es el modelo ejemplar de adhesión total y confiada a la voluntad del Padre, al que toda persona consagrada ha de mirar. Atraídos por Él, desde los primeros siglos del cristianismo, muchos hombres y mujeres han abandonado familia, posesiones, riquezas materiales y todo lo que es humanamente deseable, para seguir generosamente a Cristo y vivir sin ataduras su Evangelio, que se ha convertido para ellos en escuela de santidad radical. Todavía hoy muchos avanzan por ese mismo camino exigente de perfección evangélica, y realizan su vocación con la profesión de los consejos evangélicos.

El testimonio de esos hermanos y hermanas nuestros, tanto en monasterios de vida contemplativa como en los institutos y congregaciones de vida apostólica, le recuerda al pueblo de Dios «el misterio del Reino de Dios que ya actúa en la historia, pero que espera su plena realización en el cielo» (JUAN PABLO II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, 1).

¿Quién puede considerarse digno de acceder al ministerio sacerdotal? ¿Quién puede abrazar la vida consagrada contando sólo con sus fuerzas humanas? Una vez más conviene recordar que la respuesta del hombre a la llamada divina, cuando se tiene conciencia de que es Dios quien toma la iniciativa y a Él le corresponde llevar a término su proyecto de salvación, nunca se parece al cálculo miedoso del siervo perezoso que por temor esconde el talento recibido en la tierra (cf. Mt 25, 14-30), sino que se manifi esta en una rápida adhesión a la invitación del Señor, como hizo Pedro, que no dudó en echar nuevamente las redes pese a haber estado toda la noche faenando sin pescar nada, confi ando en su palabra (cf. Lc 5, 5). Sin abdicar en ningún momento de la responsabilidad personal, la respuesta libre del hombre a Dios se transforma así en «corresponsabilidad», en responsabilidad en y con Cristo, en virtud de la acción de su Espíritu Santo; se convierte en comunión con quien nos hace capaces de dar fruto abundante (cf. Jn 15, 5).

Emblemática respuesta humana, llena de confianza en la iniciativa de Dios, es el «Amén» generoso y total de la Virgen de Nazaret, pronunciado con humilde y decidida adhesión a los designios del Altísimo, que le fueron comunicados por un mensajero celestial (cf. Lc 1, 38). Su «sí» inmediato le permitió convertirse en la Madre de Dios, la Madre de nuestro Salvador. María, después de aquel primer «fiat», que tantas otras veces tuvo que repetir, hasta el momento culminante de la crucifixión de Jesús, cuando «estaba junto a la cruz», como señala el evangelista Juan, siendo copartícipe del dolor atroz de su Hijo inocente. Y precisamente desde la cruz, Jesús moribundo nos la dio como Madre y a Ella fuimos confi ados como hijos (cf. Jn 19, 26-27), Madre especialmente de los sacerdotes y de las personas consagradas. Quisiera encomendar a Ella a cuantos descubren la llamada de Dios para encaminarse por la senda del sacerdocio ministerial o de la vida consagrada.

Queridos amigos, no os desaniméis ante las dificultades y las dudas; confiad en Dios y seguid fielmente a Jesús y seréis los testigos de la alegría que brota de la unión íntima con Él. A imitación de la Virgen María, a la que llaman dichosa todas las generaciones porque ha creído (cf. Lc 1, 48), esforzaos con toda energía espiritual en llevar a cabo el proyecto salvífico del Padre celestial, cultivando en vuestro corazón, como Ella, la capacidad de asombro y de adoración a quien tiene el poder de hacer «grandes cosas» porque su Nombre es santo (Cf. Lc 1, 49).


Vaticano, 20 de enero de 2009

Mensaje del Papa Benedicto XVI
XLVI Jornada mundial de
oración por las vocaciones
3 mayo 2009 – IV Domingo de Pascua

miércoles, 22 de abril de 2009

"Quiero encomendaros a María" (Benedicto XVI)

"Nos dirigimos, finalmente, a María, que animó la primera comunidad en la que «todos perseveraban unánimes en la oración» (cf Hch 1, 14) para que ayude a la Iglesia a ser en el mundo de hoy icono de la Trinidad, signo elocuente del amor divino a todos los hombres.
La Virgen, que respondió con prontitud a la llamada del Padre diciendo: «Aquí está la esclava del Señor» (Lc 1, 38), interceda para que no falten en el pueblo cristiano servidores de la alegría divina: sacerdotes que, en comunión con sus Obispos, anuncien fielmente el Evangelio y celebren los sacramentos, cuidando al pueblo de Dios, y estén dispuestos a evangelizar a toda la humanidad.
Que ella consiga que también en nuestro tiempo aumente el número de las personas consagradas, que vayan contracorriente, viviendo los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, y den testimonio profético de Cristo y de su mensaje liberador de salvación. Queridos hermanos y hermanas a los que el Señor llama a vocaciones particulares en la Iglesia, quiero encomendaros de manera especial a María, para que ella que comprendió mejor que nadie el sentido de las palabras de Jesús: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica» (Lc 8, 21), os enseñe a escuchar a su divino Hijo.
Que os ayude a decir con la vida: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad» (Heb 10, 7).
Con estos deseos para cada uno, mi recuerdo especial en la oración y mi bendición de corazón para todos."
Benedicto XVI
Tomado del mensaje con ocasión de la XLIV Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones
29 de abril 2007- IV Domingo de Pascua

PROGRAMA DE LA RUTA MONÁSTICA LEÓN (ESPAÑA) JULIO 2009



Queridas amigas: Ante todo Feliz Pascua de Resurrección.
Por fin tenemos programada la Ruta Monástica y os adjunto el programa. Esperamos que muchas de vosotras se "atrevan" a darle esta oportunidad a Dios en sus vidas. Conoceremos la vida de personas como nosotras que han encontrado respuesta al sentido de sus vidas desde Dios.
También tenéis un papel importante en la transmisión de este proyecto a otras personas, sois misioneras y quien sabe si alguna joven está esperando vuestra llamada. Podéis distribuirlo en parroquias, amigos, movimientos juveniles... Ellos buscan vivir desde unos valores que pueden ser los de la vida espiritual y no sólo desde lo material.
Muchas gracias por vuestra colaboración.
La única semilla que no crece es la que se queda en manos del sembrador.

P. D. Si alguna está interesada en apuntarse, sería bueno hacerlo cuanto antes para ir viendo las reservas que necesitamos.

Ruta Monástica (19-25 de julio de 2009)Ya está preparado el programa de la Ruta Monástica en la que conoceremos las 9 comunidades de Vida Contemplativa de León con sus diferentes carismas.
Llegada: Día 18 de julio
Domingo 19 Visita a la ciudad de León
Lunes 20 Visita a los monasterios benedictinos de San Pedro de las Dueñas y Sahagún
Martes 21 Visita a las Agustinas Recoletas y a las Concepcionistas
Miércoles 22 Visita al monasterio benedictino de León
Jueves 23 Visita a las Carmelitas Descalzas y a las Clarisas
Viernes 24 Visita a los monasterios cistercienses de Carrizo y Gradefes
Sábado 25 Despedida

Actividades:
*En las visitas a las comunidades habrá tiempo para un diálogo con las hermanas compartiendo preguntas, inquietudes, dudas…* Tendremos también unas exposiciones sencillas sobre:
1- El discernimiento vocacional 2- La llamada de Dios 3- La respuesta del hombre4 - las motivaciones vocacionales 5- Pasos para concretar una vocación*

Participación en las celebraciones litúrgicas con las comunidades y compartiremos la Lectio divina (la lectura de la Palabra de Dios).
Alojamiento en el monasterio de Benedictinas de León
Precio: Aportación voluntaria

Para inscribirse contactar con el blog: http://www.vocacioncontemplativaleon.blogspot.com/O correo: vocacioncontemplativaleon@gmail.com

lunes, 20 de abril de 2009

Breve diario de una monja contemplativa


¿Qué te puedo contar? Mi vida, nuestra vida es muy sencilla, es más para vivir que para hablar de ella... sin embargo, la experiencia gozosa de encuentro con Cristo y de dedicar toda mi existencia a Él y al anuncio del Reino, me impulsa a compartir contigo mi estilo de vida, para que intuyas aquello de que "Sólo Dios basta", que Jesucristo basta para llenar una vida, y que la llena toda...

Hacia las seis de la mañana las campanas anuncian que comienza un nuevo día, que la vida se despierta y mientras las luces de la ciudad se van apagando porque el sol está a punto de nacer, nosotras comenzamos nuestra jornada levantando el corazón hacia el Señor de la Vida... Nos reunimos para invocar al Espíritu y saludar a María, y después, en silencio, nos retiramos al fondo de nuestro corazón para orar... y allí, en la hondura de nuestro ser, se acunan lentamente la Palabra y el Silencio, balanceadas por el suave susurro del amor...

Del silencio brotará el canto, y las Laudes serán nuestra alabanza al Dios Creador del cielo y de la tierra. La Eucaristía será el banquete con el que comenzamos la jornada. La Palabra, los cantos, la comunión en el Cuerpo y la Sangre de Cristo convierten nuestra vida en eucaristía viva, pan partido y sangre derramada...

Después de un tiempo de acción de gracias, pasamos al comedor. En silencio. Es la hora del desayuno. Unas veces, escuchando música, otras, en silencio, dejando resonar en lo hondo del corazón el eco que la celebración ha dejado en nosotras...

A partir de ese momento, la mañana transcurrirá entre el trabajo y la oración: "ora et labora". Oración litúrgica: Oficio de Lecturas, Sexta... y en medio, cada una a sus tareas: sacristía, cocina, taller, pastoral, acompañamiento... a las doce las campanas comienzan su danza para recordar el misterio de la Anunciación a María, de la Encarnación del Hijo de Dios, y el rezo del Ángelus brota de nuestros labios y nuestro corazón... un tiempo personal y un tiempo de lectura continúan alimentando el fondo del ser y del espíritu...

Después de Sexta y un breve saludo a María, la Madre, pasamos al comedor. Una hermana lee el periódico en voz alta, algún libro de espiritualidad, cartas que llegan a la comunidad... Después tenemos un tiempo de expansión, de compartir, pasear por el jardín y disfrutar de la naturaleza que nos habla de la belleza de Dios... Antes de retirarnos al descanso, quien desee libremente pasa por la televisión para ver las noticias, y así estar en comunión con todo lo que pasa en el mundo, en nuestra Humanidad. A las cuatro de la tarde, antes de incorporarnos nuevamente al trabajo, rezamos Nona, hora en la que recordamos la muerte del Señor Jesús, y en un minuto de silencio nos solidarizamos con tod@s l@s crucificad@s de la tierra... especialmente con los agonizantes...

Comienza el trabajo de la tarde. "Nuestro trabajo unido al de Cristo, tiene valor redentor. En ello encontramos una alegría profunda", dicen nuestras Constituciones. Somos así, "uno de tantos" corremos la suerte de l@s trabajador@s, al mismo tiempo que consideramos el trabajo como un factor de equilibrio en la vida contemplativa, a través del cual cada una de nosotras ponemos al servicio nuestros dones...

Al caer la tarde, nos reunimos en el coro nuevamente... ¡para cantar!. Es primavera. Los pájaros con sus trinos anuncian que llega la hora de Vísperas: La alabanza, la intercesión, la acción de gracias, brotan de los labios y el corazón... y preparan todo nuestro ser para la adoración... ante Cristo, resucitado, de corazón abierto, oramos en silencio, sí, contemplativamente...

Llega la hora de la cena. Las lecturas de la Eucaristía del día siguiente resuenan por todos los rincones del comedor y del alma. Y después cartas, un libro...

Y nuevamente, a compartir, reír, conversar... tiempo de descanso y relax... así vamos terminando nuestro día. El último momento de oración, serán las Completas,: "A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu..." , y toda nuestra vida, en las manos del Padre, se entrega al sueño que reparará nuestras fuerzas para continuar haciendo de nuestra vida un canto a la vida, y un compromiso de entrega a Dios y a toda la Humanidad.

Cada día nos trae nuevas sorpresas: una visita de un amigo/a, alguien que nos comparte su experiencia en una misión, el santo o cumpleaños de una hermana, una fiesta de la Liturgia, rompen lo que a simple vista pudiera parecer una vida siempre igual. Estos días de fiesta, al igual que los domingos, son siempre diferentes, conversamos en la mesa, tenemos más tiempo libre, tenemos algún postre diferente...

Las reuniones de comunidad, los días de retiro personal y comunitario, la formación, las oraciones compartidas con la gente del barrio... son siempre torrentes de gracia que el Señor derrama sobre nosotras...

Las puertas de nuestra casa, que se abren para acoger a tod@s aquell@s que buscan a Dios, (niños, jóvenes, adultos...) laicos o religiosos... renuevan nuestra conciencia misionera, al tiempo que abrimos el corazón para acoger a quienes nos evangelizan... Los talleres de oración, el acompañamiento espiritual, nos hacen testigos de la sed de Dios que hay en nuestro mundo, y también de su obra maravillosa en los corazones...

Y así, día a día, vamos buscando su Rostro:
"Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío..." (Salmo 42, 2)

Y siendo testigos de Dios con nuestras vidas:
"Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los límites del orbe su lenguaje" (Salmo 18)

Después de haberme escuchado, no sé qué opinas de todo esto, tal vez podrías compartirlo conmigo. Lo que sí te puedo asegurar es que soy feliz, que somos felices, y que vivimos con la certeza de que nuestra vida da fruto abundante, porque Él dijo: "Quien permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto" (Jn 15, 5).

Si quieres conocer más, ponte en contacto con nosotras y conversamos...

Monasterio de Cristo Redentor

Comunidad Contemplativa Redentorista
C/. Madre Celeste, 1-A
28044 Madrid
Hna. Mª Nieves Cogolludo
email: pjvceleste@hotmail.com
TELÉFONO: 91.508.68.00

+ Autor: www.redentoristas.es.fm
Catholic.net

lunes, 13 de abril de 2009

La Vocación es....

No es el camino de los conformistas y de los satisfechos con la situación de este mundo; sino de los "violentos" y rebeldes que aspiran a que su paso por él lo haga un poco mejor.

No es el camino de los que regatean y miden sus obligaciones para con Dios y el prójimo; sino de los que siguen voluntariamente a Jesucristo.

No es el camino de los egoístas, que sólo miran hacía sí mismos; sino de los generosos que piensan en los pobres de la tierra.

No es el camino de los que quieren hacer un favor a Dios; sino de los que corresponden agradecidos a la propuesta que Dios les hace.

No es el camino de los desilusionados, aburridos, tristes; sino de quienes sienten el fuego del Evangelio.

No es el camino de los que confían en sus fuerzas; sino de los que se abandonan y apoyan constantemente en Dios.

RUTA MONÁSTICA JULIO 2009

Queridas todas: Ya estamos a las puertas de la gran celebración del Triduo Pascual y quizás sea un momento privilegiado para estar con el Señor y decirle definitivamente SI. Un sí grande a su seguimiento para que donde él esté, estemos también nosotras.
Eso es lo único que nos puede hacer, de verdad, felices.Os anuncio, en este sentido, la próxima RUTA MONÁSTICA que tendrá lugar del 20 al 25 de julio.

Ya sabéis en qué consiste, en visitar las comunidades de Vida Contemplativa de la Diócesis de León que incluye: Agustinas Recoletas, Clarisas, Concepcionistas, Carmelitas Descalzas, dos comunidades Cistercienses y Tres comunidades Benedictinas.En las visitas entablamos un coloquio en el que las hermanas nos comentan su vida, su carisma, sus dificultades sus experiencias...

Buena oportunidad para discernir o al menos, para conocer algo diferente, y, sabiendo que LO QUE NO SE CONOCE NO SE AMA, TE ANIMAMOS A QUE HAGAS LA RUTA Y SIEMPRE SALDRÁS ENRIQUECIDA EN TU VIDA INTERIOR. Probablemente sea una experiencia que no olvidarás fácilmente.

Puedes pasar esta llamada a otras jóvenes que creas que les puede interesar.Para contactar con nosotras puedes dirigirte al blog: http://www.vocacioncontemplativaleon.blogspot.com/ o al correo vocacioncontemplativaleon@gmail.com

Ánimo, cuanto antes te apuntes antes comenzaremos a preparar esta convivencia contemplativa peregrinante.

viernes, 27 de marzo de 2009

Construir la vida sobre Cristo

Construir la vida sobre Cristo, acogiendo con alegría la palabra y poniendo en práctica la doctrina: ¡he aquí, jóvenes del tercer milenio, cuál debe ser vuestro programa! Es urgente que surja una nueva generación de apóstoles enraizados en la palabra de Cristo, capaces de responder a los desafíos de nuestro tiempo y dispuestos a para difundir el Evangelio por todas partes. ¡Esto es lo que os pide el Señor, a esto os invita la Iglesia, esto es lo que el mundo - aun sin saberlo - espera de vosotros! Y si Jesús os llama, no tengáis miedo de responderle con generosidad, especialmente cuando os propone de seguirlo en la vida consagrada o en la vida sacerdotal. No tengáis miedo; fiaos de Él y no quedaréis decepcionados. (Benedicto XVI)

jueves, 26 de marzo de 2009

¿Cómo saber qué me pide Dios?


Tomo esta reflexión de http://www.churchforum.org/, porque me parece que responde a la duda que muchos/as podéis plantearos acerca de la vocación. Si siento una inquietud interior, una llamada, ¿cómo puedo saber qué espera Dios de mí?



José Francisco B. pregunta:Desde hace tiempo tengo duda o la inquietud de si Dios me pide una entrega total a Él. Pensé que con el paso del tiempo se me pasaría la duda, pero sigue ahí. Tengo una profesión, un trabajo excelente, pero, ¿cómo saber qué me pide Dios?

Respuesta: Para saber qué es lo que te pide Dios no hay otra forma más que preguntándoselo a Él mismo. La Sagrada Escritura y la Eucaristía son lugares privilegiados para escuchar su voz. Ciertamente Dios nos habla también por medio de señales en nuestra vida y puede ser que por el hecho de tengas la inquietud de una mayor entrega Dios te esté llamando para que lo sigas más de cerca. El hecho que no logres desechar esa idea es muy significativo y haría sospechar que Dios tiene un plan especial para ti: tu corazón parece ser demasiado grande para una vida ordinaria...Te recomiendo acercarte a alguien que pueda ayudarte a discernir sobre tu inquietud. Pienso en tu párroco, en algún sacerdote, o alguna persona de confianza, que viva intensamente su vida cristiana.
Pero la única manera de salir de la duda, será seguir el consejo de Cristo: Venid y veréis... No es al revés, como nos gustaría muchas veces, primero veo claro y luego me lanzó... Cristo quiere que arriesguemos. No tengas miedo: Él no defrauda. Si lo tuyo no es la vocación de mayor entrega, Él te lo hará saber. No pierdes nada preguntando y poniendo los medios para escuchar a Dios

miércoles, 25 de marzo de 2009


CONVIVENCIA MONÁSTICA PARA CHICAS CON INQUIETUD VOCACIONAL


DIAS 1, 2 Y 3 DE MAYO 2009


MONASTERIO BENEDICTINO
DE LA SANTA CRUZ


SI TE ESTÁS PREGUNTANDO QUÉ CAMINO DEBES ELEGIR...

SI TE ATRAE LA ORACIÓN, VIVIR SÓLO PARA DIOS...

SI QUIERES COMO SAN BENITO Y SANTA ESCOLÁSTICA, BUSCAR A DIOS
EN EL SILENCIO Y LA PALABRA ...

O SI, SIMPLEMENTE DESEAS, PAZ Y SILENCIO

¡ANÍMATE Y ANIMA A OTRAS!
TE ESPERAMOS


CONTACTO:
MONASTERIO M.M.
BENEDICTINAS "SANTA CRUZ"
24320 SAHAGÚN (LEÓN)
ESPAÑA
Tfno: 987 780 078
mail: benedicsah@wanadoo.es


jueves, 19 de marzo de 2009

San José, un "sí" generoso a la llamada de Dios

San José, cuya solemnidad estamos hoy celebrando, es uno de esos hombres buenos –“justo” es llamado en el Evangelio- del cual no se conservan escritos, porque el mejor escrito fue el de su propio testimonio de vida.

Las lecturas de la Palabra de Dios que se proclaman en la liturgia hoy, le sitúan en la estela de los grandes testigos de la fe del pueblo de Israel: Abraham y David. Ambos reciben de Dios una misión que desborda sus planes, que supera sus pobres fuerzas y capacidades, ser el padre de muchas naciones, Abraham, y ser el rey que reúna y gobierne a Israel, en el caso de David.
A pesar de sus limitaciones, la juventud e inmadurez del rey David, la ancianidad estéril del patriarca Abraham, se confían generosamente a la voluntad de Dios y, así, Este puede valerse de ellos para realizar su plan de salvación.

Lo mismo le ocurre a José; el humilde artesano de Nazaret, hombre piadoso y recto que soñaba, como todo varón israelita, con fundar un hogar sencillo junto a María, su prometida, con la paz y prosperidad material para sus vástagos que todo buen padre desea.
Pero Dios irrumpe en su vida para trastocar aquellos planes, buenos en si, aunque insuficientes, con una misión desconcertante: ha de tomar como su propio hijo a aquel que ha de ser el Salvador de los hombres, el esperado, el Ungido. Demasiada responsabilidad para un carpintero sencillo y temeroso de Dios. Demasiada para cualquiera. José se debate, lucha contra la angustia y el miedo y, al fin, cuando comprende que es la voluntad de Dios, en obediencia plena da un “sí” sin condiciones desde lo más hondo de su corazón.

De esta manera, Dios puede entrar en la historia para redimirla por medio de su mismo Hijo, el Verbo encarnado, que va a ser custodiado y educado en aquel bendito hogar como cualquier otro niño israelita.
Una vez más, como ocurrió entonces, como ocurre ahora, como sucederá siempre, Dios realiza su proyecto por medio de la fragilidad de pequeños hombres que confían y se deciden, arriesgando su existencia entera.

Por esto veneramos a San José como modelo de respuesta a la vocación, como patrón, custodio y guía de nuestros queridos seminarios. De él “aprendió” nada menos que el Hijo de Dios la confianza total que le lleva, guiado por la llamada del Padre que le ama, a dedicar su ser entero a la obra del Reino de Dios. ¿Por qué no podemos imaginar que alguna vez José le confiaría a Jesús la historia de su vocación, cómo escuchó la llamada de Dios, su miedo ante la responsabilidad, su confianza y decisión?

Hoy el Señor sigue llamando, invitando, la mies sigue siendo mucha –más que nunca- y los obreros pocos. San José, custodio del Redentor, intercede por los niños y jóvenes que quizá sientan, de modo aún débil, la invitación del Maestro a caminar tras sus huellas, para que, como tú, pongan su vida generosamente a disposición del plan divino, aunque sea superior a aquello que imaginaron.

Sostén, hombre justo y piadoso, hombre de Dios, a los jóvenes de nuestros seminarios diocesanos, para que la alegría con la que hoy viven su vocación sacerdotal aumente y se consolide, aún en medio de las adversidades.

Alienta a las familias, a los padres y madres cristianos, para que construyan su convivencia cotidiana desde el amor y la fe que se vivían en la Sagrada Familia de Nazaret, a fin de que, poniendo a Cristo, la Eucaristía, en su centro, lleguen a ser semillero de generosas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, tan necesarias para nuestra Iglesia y nuestra sociedad.

“Considerando que la Eucaristía es el don más grande que el Señor da a la Iglesia, es preciso pedir sacerdotes, puesto que el sacerdocio es un don para la Iglesia. Se debe rezar con insistencia para conseguir ese regalo. Debe pedirse de rodillas” (Juan Pablo II).

Continuad haciéndolo. Que así sea.

martes, 17 de marzo de 2009

"La vida contemplativa en el corazón de la Iglesia"


La vida contemplativa no tiene sentido para muchas personas y pasa desapercibida, ¿tiene sentido vivir ocultamente alejada del mundo? ¿están verdaderamente ajenas de el? estas son preguntas muy frecuentes en muchas personas que ven la vida contemplativa como un misterio, poco entendida su servicio a la iglesia, pero esa vida oculta y silenciosa se encuentra en "el Corazón de la Iglesia", Santa Teresa de Lisieux veía la Iglesia como el Cuerpo místico, sacerdotes, misioneros, laicos eran como los miembros, como las extremidades que hacen las acciones del "cuerpo", ella describe la vida contemplativa como el "amor" dentro de la Iglesia.
Esta vida oculta dentro del cuerpo místico se convierte en el verdadero motor para toda la iglesia.

Para dar a conocer más acerca de la vida contemplativa comparto con ustedes parte de la entrevista que realizó una revista a una Carmelita Descalza, ella la compartió conmigo, me parece muy interesante:

Maria Elena de la Cruz
Priora de las Carmelitas Descalzas de León

¿Cuál es la identidad de la vida contemplativa?

Yo pienso que el sentido mas hondo hay que verlo desde el corazón y desde la fe porque humanamente esto no tiene sentido, incluso diría que para nosotras tampoco lo tendría si no hubiera un misterio que nos ha tocado. El sentido más grande es un Amor, que ha salido a nuestro encuentro. Es un sentido de mucha gratuidad y es un don para Dios pero a la vez es como un signo profético. Dios merece ser amado y de esa relación con Dios viene el darse a los demás. Unas vidas dedicadas solo a Dios son testimonios del mundo. Todo se basa en una experiencia de Dios, si no hubiese una experiencia, humanamente… nosotras somos personas como los demás.

¿Por eso hay quien crea que ustedes viven ajenas al mundo?

Hay un ejemplo muy grafico: las raíces de los árboles. Hay una raíz, oculta, que da vida. Hay una misión oculta en la iglesia y que da sentido porque nosotras no somos miembros aislados. El misterio es que no es eficaz todo lo que se ve o todo lo que se hace. Una vida entregada en lo oculto también tiene un sentido. Además nosotras somos conscientes de que no vivimos para nosotras. De hecho, la patrona de las misiones es una mujer en clausura: Santa Teresa del Niño Jesús. Nosotras tenemos una experiencia de vivir los problemas del mundo, de vivir las preocupaciones de la humanidad de una forma, más honda y más real que incluso cuando estábamos fuera. Estamos más informadas, en sentido profundo, del dolor del mundo. Y en este momento la vida contemplativa tiene un papel muy importante: entender que una vida en actitud hacia lo absoluto… produce una felicidad muy grande porque la vida tiene un sentido. Es una relación de Amor.

¿Cuál es el presente y el futuro de la vida contemplativa?

Esperanza porque esto es una obra de Dios y en la Iglesia no puede faltar porque es una misión que expresa lo que es la Iglesia. Nosotras participamos del Misterio de la Iglesia. Es verdad que en España y en Europa hay mas carencia de vocaciones sin embargo no tenemos por qué temer porque la Iglesia es Universal. La vida contemplativa se mantendrá porque es un don del Espíritu.

¿Cuál es el carisma de las Carmelitas Descalzas?

Concretamente la oración. Cuando Santa Teresa hizo esta reforma del Carmelo, creó un grupo pequeño -12 y con la priora, 13- al que ella llamaba pequeño colegio de Cristo, para que todas en oración, por a Iglesia, entregáramos nuestra vida desde unos votos. Y ahí dice: escondidas, ocultas, luchar, entregarnos por la Iglesia, por todos. La Carmelita tiene un matiz eremítico, desde el principio, pero también Santa Teresa quiso incluir la vida comunitaria, por eso tenemos dos horas de oración comunitariamente, por la mañana y por la noche. Es una vida orante en silencio.

¿Y el silencio es un lenguaje?

Yo pienso que sí porque es una plenitud. Es algo muy positivo porque la persona es capaz de reflexionar y de encontrarse consigo misma. El silencio es una terapia muy buena y necesaria para el mundo de hoy. Y además, el silencio nos hace muy felices.

+Iglesia Leon (España)


jueves, 12 de marzo de 2009

Sólo quien responde es feliz

"Queridos amigos, estoy cerca de vosotros con la oración, para que acojáis generosamente la llamada del Señor, que os presenta grandes ideales, capaces de hacer hermosa vuestra vida y llenarla de alegría. Estad seguros de que sólo respondiendo positivamente a su llamada, por exigente que os pueda parecer, es posible encontrar la felicidad y la paz del corazón. Que en este itinerario de compromiso cristiano os acompañe la Virgen María y os ayude en todos vuestros buenos propósitos"
(Benedicto XVI)

martes, 10 de marzo de 2009

Y sacerdote, ¿por qué no?


Al acercarse la fiesta de San José, en la que tradicionalmente la Iglesia española celebra el día del Seminario, viene a mi recuerdo la anécdota que José Luis Martín Descalzo –q.e.p.d.– contaba de un concurso fotográfico que organizó hace años el periódico Il Tempo sobre: «¿qué quieres ser de mayor?».
Los niños italianos acudían a la redacción del periódico para elegir uno de los setenta y ocho oficios que ofrecían. Se vestían con el traje y se hacían una fotografía. El periódico fue seleccionando y publicando las mejores imágenes.
Cuentan que hubo un niño que miró la lista una y otra vez, como si buscase algo que no encontrara… Al no hallar lo que buscaba, le dijo a su padre:
–Papá, y sacerdote ¿no puedo ser?
Su padre se quedó helado. Repasó la lista y efectivamente no habían contemplado que alguien pudiera soñar con ser sacerdote de mayor.
Tal vez para algunos, en el mundo que anhelan, sólo tengan cabida buzos, astronautas, bomberos, toreros, deportistas… y no sacerdotes.
Desconozco si fue un olvido fortuito o un presagio del equipo de dirección. Lo cierto es que hace unos días compré un libro titulado «Elige lo que quieres ser. Guía completa de carreras universitarias y formación profesional». Y por lo que he podido hojear, en el mundo con el que sueñan algunos, sólo tienen cabida economistas, cien¬tíficos, médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, empresarios, políticos, perio¬distas, deportistas, cantantes...
Ciertamente son pocos los que llegan a descubrir que la verdadera necesidad de nuestra humanidad hoy es la de ser «panaderos», «panaderos de Dios», es decir, sacerdotes. En el mundo sigue habiendo hambre. Muchos, sobre todo ahora, tienen por desgracia también hambre de pan. Otros, tienen hambre de justicia, de ternura, de amor. Al parecer, «el pan con código de barras» que la sociedad de consumo ofrece no termina de saciarles plenamente. Todos, aunque a veces lo ignoren o incluso lo nieguen, sienten profundamente «hambre de Dios». Necesitan sentirse queridos, respetados, valorados, llenar sus vidas de sentido, de plenitud, de auten¬ticidad, de libertad, de felicidad, de eternidad… Dones y gracias que sólo el Señor puede rega¬larnos ofreciéndose Él mismo como «pan eucarístico» que es compartido y repartido por quienes han sido llamados (vocación) a ser, por pura gracia, sus «panaderos» (sacerdotes).

¡Qué suerte poder contar en cada comunidad, en cada pueblo o país, con un puñado de «panaderos» que repartan a manos llenas el «pan de la Palabra», el «pan de la Eucaristía», el «pan de la Misericordia (reconciliación)», el «pan de la Fraternidad (comunión)», el «pan de la Solidaridad»...!
No sé si aquellos redactores de Il Tempo practicaban como católicos, pero podría asegurar que, casi todos ellos un día entraron a formar parte de la gran familia cristiana con el agua que un sacerdote derramó en sus frentes recién nacidas; que temblaron sus piernas cuando un sacerdote les dio el Cuerpo de Cristo (la comunión); que todos ellos habrán tenido un amigo sacerdote que alguna vez les haya escuchado, orientado y animado a cambiar de actitud o de vida (conversión) y a descubrir el verdadero rostro de Dios, Padre entrañable que perdona y devuelve a cada uno su dignidad como hijo… E imagino que algún día desearán tener un sacerdote al lado, cuando el Padre les mire, y les pregunte: «Y tú, ¿qué has hecho de tu vida?». Sería muy triste que en ese momento únicamente se vieran rodeados de buzos, astronautas, bomberos, toreros…
Los sacerdotes ―aun reconociendo sus límites y fragilidades― son una bendición para todos, un «bien ecológico» para la humanidad y no un objeto arqueológico como a muchos les gustaría. Ser sacerdote hoy es una de las formas más sublimes de hacer visible el Reino de Dios; una de las formas más hermosas de encarnar los ideales de cualquier joven; una de las formas posibles de hacer la voluntad de Dios y sentirse plenamente realizado; una de las formas reales de ser feliz; una de las formas, aunque parezca paradójico, de ser totalmente libre; una de las formas más auténticas para ser realmente fecundo en la vida… Pero sigue siendo un bien escaso; un ministerio con plazas disponibles.
¿Has pensado alguna vez que Dios ha podido adornarte con esta gracia tan extraordinaria? ¿No sientes curiosidad por saberlo?
Si así fuera, ¡no tengas miedo! Te basta su GRACIA.

Ángel Javier Pérez Pueyo
Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades
Conferencia Episcopal Española

sábado, 7 de marzo de 2009

¿ A QUÉ EDAD LLAMA DIOS?

La edad. ¿Cuál es la edad de un hombre?
Los calendarios, los relojes, las arrugas, las burbujas de champán de cada Nochevieja tejen cronologías extrañas que no coinciden con las fechas del alma.Hay hombres eternamente niños. Otros, perpetuos adolescentes. Muchos no llegan nunca a la madurez. Hay a quienes les sorprende la vejez embriagados todavía en el vértigo de su frivolidad: tratan entonces de apurar la vida a grandes sorbos, a la búsqueda de lo que ya no volverán nunca a ser. Unos alcanzan ese equilibrio llamado madurez en cada una de las épocas de su vida: ¡qué magnífica la madurez de un niño plenamente, verdaderamente niño! Sin embargo, otros no lo logran nunca: ¡qué tristeza entonces la del niño crecido prematuramente!; ¡qué ahogo del alma producen esos retratos velazqueños en los que aparecen los niños de la corte, envarados, rígidos y erguidos, con sus gargantillas estrechas, por las exigencias de una etiqueta severa que asfixiaba su niñez!
Por el contrario, ¡qué espléndida la niñez, o la adolescencia, si se sabe ser eso: ni niño ni adulto prematuro, sino un adolescente, es decir, un joven que sabe vivir su juventud intuida, con la mirada abierta hacia el futuro! ¡Qué plenitud la de la vejez si es quintaesencia de vida acumulada, consumación de ideal, culminación de una vida! Si es cierto que cada uno es responsable de su rostro a los cuarenta años, ¡qué formidable testimonio dan de sí mismos –sin quererlo– los rostros de los santos! Sus ojos, sus gestos, revelan una sorprendente, una casi indestructible juventud interior. Demuestran que, sea cual sea la edad que se tenga, la edad verdadera de un hombre es la edad de su amor y de su generosidad. Y que su calendario definitivo no es el que marca sus días hacia la muerte, sino el que señala su camino hacia Dios.
Por eso, cuando Dios llama, ¡qué importa la edad! Dios llama siempre en la juventud, en la hora perfecta del amor. El primer barrunto suele experimentarse en la niñez o en la adolescencia: Teresa de Lisieux lo evoca en sus memorias: era una adolescente de quince años cuando un guardia suizo la tuvo que arrancar de los pies de León XIII, al que le insistía audaz y fervientemente que la dejase entrar a esa edad en el Carmelo. Pero no siempre es así: Alfonso de Ligorio se decidió a los veintisiete, después de años de brillante ejercicio profesional en el foro; San Agustín se bautizó a los treinta y tres, después de una vida azarosa y turbia; y San Juan de Dios cambió de vida a los cuarenta y dos años, tras una existencia aventurera y llena de peligros que le había puesto en una ocasión al pie de la horca.
No existe una "edad perfecta" en la que llame Dios. Dios llama cuando quiere y como quiere. El Espíritu Santo, como señala Berglar, no parece demasiado preocupado por la partida de nacimiento. Por eso, nunca es demasiado tarde para corresponder a su llamada, porque vivir es siempre estar a tiempo. Porque para Dios no hay tiempo.Dios suele llamar en la juventud.
Pero el amor suele llegar en la juventud, y Dios, que es Amor, suele llamar en la juventud. La Virgen era una adolescente –¿catorce, quince, dieciséis años? Y San José debía de ser joven, por mucho que lo intenten envejecer pintores y escultores con el devoto pretexto de guardar la pureza de María. ¡Como si la juventud no supiese vivir limpiamente! ¡Como si no tuviésemos ya demasiados ejemplos tristes de la lubricidad de tantos ancianos! ¿Y Juan? El único apóstol que acompañó al Señor al pie de la cruz era un adolescente. Y luego, el resto de los apóstoles rebosaba juventud: rondaban todos la edad del Señor, que tenía treinta años. La iconografía nos los pinta solemnes, barbados, serios, y casi siempre ancianos. Pero la realidad fue muy distinta: los acompañantes de Jesús por los caminos polvorientos de Palestina estaban en la plenitud de la vida y muchos acababan de estrenar su juventud. La lectura del Evangelio deja ese sabor inconfundible, ese ardor, esa prisa alegre, esa vibración que sólo poseen los jóvenes.

Necesitamos sacerdotes

La forma de llegar a la meta puede ser distinta, pero el llamamiento siempre proviene de la misma voz: Jesucristo. Ayer fueron los apóstoles, el joven acomodado que buscaba el verdadero camino de su vida, y el apóstol Pablo, que de perseguidor fue llamado a ser un incansable ministro del Evangelio. Ahora, nos encontramos con situaciones muy parecidas. Cristo y la Iglesia necesitan apóstoles, evangelizadores, sacerdotes, y el Señor va entrando en el corazón de muchos jóvenes para decirles: ¡ven y sígueme! Como el del Evangelio, nos encontramos con jóvenes que tienen encima una serie de hipotecas que les cuesta trabajo dejar: su libertad, condicionada tantas veces por el capricho y el egoísmo. La comodidad que les hace esclavos del estado de ánimo; El miedo a un compromiso serio y para siempre.

Hay no pocos jóvenes que están llenos de prejuicios, de recelos y hasta con antipatía por todo lo que se relaciona con la Iglesia. También a San Pablo le llegó el momento en el que se le abrieron los ojos. Y lo vio de una manera más real y distinta.

Importancia de la Palabra
Suelen quejarse, especialmente los jóvenes, de no tener las cosas claras, muchas ambigüedades, interrogantes, conductas difíciles de comprender... Sin duda, habrá que buscar la orientación y la luz, pero en la fuente auténtica del conocimiento que es la Palabra de Dios. Acercarse a ella, reflexionar, hacerla propia y tenerla como norma de vida. Entonces cambia todo. Ya se sabe qué camino hay que tomar, qué deseos y aspiraciones son los que se quieren alcanzar, qué ayuda es la que se nos debe prestar.

Cristo es quien llama. No podía ser de otra manera: Él ha fundado la Iglesia y necesita servidores para que pueda llevar a cabo su obra evangelizadora. Es decir, anunciar el Evangelio y servir a todos en la caridad, particularmente a los enfermos y a los pobres. Las formas de hacerlo serán distintas, pues si son muchas las necesidades, variados han de ser los ministerios.


El camino del apóstol
Cuando a un joven le propone su misma conciencia, ayudada por algunas personas - sacerdote cercano, catequista, amigo - la posibilidad de iniciar el camino de la preparación para ser sacerdote, para hacerse "seminarista", surge más la perplejidad que el rechazo: ¿Por qué a mí? ¡Porque Cristo te necesita! Si no te quisiera como servidor de su Iglesia, no habría puesto ni ese deseo en tu corazón, ni a esa persona en tu camino.

Puede costar, y mucho, tomar una decisión tan importante. No estás solo. Dios te acompaña. A tu debilidad, Él pone su bondad y su fuerza.

El seminarista lleva una vida entregada, por completo, a prepararse para realizar la vocación sacerdotal a la que ha sido llamado. Lo cual, ya desde un punto de vista meramente humano, es algo importante y que produce una felicidad serena y alegre: ¡Sé lo que quiero y estoy trabajando por conseguirlo! Dios y las personas que están cerca te ayudarán para alcanzar la meta, que no solamente es la de ser sacerdote, sino la de servir, como Cristo, a la Iglesia y a la sociedad.

Como es fácil de comprender, una vida llevada de esta manera conduce a una felicidad peculiar: la de la santidad. Es decir: estar siempre pendiente de la voluntad y el querer de Dios. Se terminaron las dudas, las ambigüedades y el desconcierto. Ya se lo que deseo: lo que Dios quiera de mí.

El Seminario
El Seminario es, ante todo, casa de oración, donde se busca, en la Palabra de Dios, la luz y la fortaleza que necesitan los que han sido elegidos y llamados para ser sacerdotes. El estudio es fundamental para conocer la "ciencia de Dios" y poder transmitírsela a los demás. Pero también, el Seminario es una escuela donde se aprende, en la convivencia de cada día, el mandamiento nuevo del amor fraterno, del servicio a los demás, de la caridad sin límites ni fronteras.

Que necesitamos la colaboración de y la ayuda de todos, es más que evidente. El reconocimiento y apoyo a los formadores, acompañar y animar a los seminaristas... Y la ayuda económica, imprescindible para que se pueda llevar adelante una obra tan necesaria como es la del Seminario.

Ante todo, lo que os pedimos es que no dejéis un solo día de dar gracias a Dios por los sacerdotes, y por los que se preparan para serlo. Que pidáis abundancia de vocaciones y que el Señor abra los oídos para escuchar la voz de la conciencia que llama a una vocación sacerdotal. Para los seminaristas, el regalo de la perseverancia y de la santidad.

Que la Santa Virgen María cuide siempre de los que su Hijo ha llamado para servirnos a todos.

Carlos, Cardenal Amigo Vallejo
Arzobispo de Sevilla

miércoles, 4 de marzo de 2009

Blog sobre la vocación contemplativa

Las comunidades religiosas femeninas de vida contemplativa de la diócesis de León (España) tienen un blog de animación y discernimiento vocacional en el que, ultimamente, escriben su testimonio de vocación algunas de las monjas más jóvenes de los distintos conventos leoneses.
La dirección del blog es:

http://www.vocacioncontemplativaleon.blogspot.com/

Merece la pena que lo visitéis.

domingo, 1 de marzo de 2009

Entre el riesgo y la confianza (mi respuesta)


Querida Mayte:
He disfrutado leyendo tu testimonio, tan "desde el corazón" como todo lo que escribes.
Tienes razón en que a veces el Señor nos depara sorpresas grandes. Ibas a pasar unos días de descanso y relax y, casi sin buscarlo, te encuentras haciendo una experiencia seria e intensa de discernimiento vocacional en la vida contemplativa.
Creo que esa inquietud llevaba ya rondándote un tiempo, ¿me equivoco?, pero quizá la habías desechado por irreal. Ahora, por vez primera, pudiste experimentarla, tocar, sentir, vivirla como algo real, como un camino posible.
Te lo dije: me asombró ver, durante esos días, la paz y alegría con la que estabas en la comunidad; parecía como si todo lo que vivías encajara contigo. Estabas con una paz que no tenías cuando comenzaste y, personalmente, no creo que fuera sólo fruto de los horarios y el descanso. ¿Fue quizá poco tiempo para saberlo realmente? No lo sé, puede ser... Lo que sí te puedo decir, por experiencia propia, es que Dios se sirve, frecuentemente, de signos sencillos, señales que apenas son un susurro... hay que estar muy despiertos para escuchar.
Hasta tres veces dices, en tu carta, que estás abierta y disponible a acoger la voluntad de Dios sobre tu vida: "Me ofrezco a su voluntad... Dios tiene la última palabra... sigo abierta a las distintas posibilidades de seguir al Amigo". Tiene mucho mérito pronunciar convencida esa palabras, porque Dios, frecuentemente, trastoca nuestros planes, recordándonos que le prometimos escucharle; "Habla, Señor, que tu siervo escucha" dijo el joven Samuel en el templo.
En cambio, hay quien pone enseguida trabas a Dios: "Yo, cura o religios@ jamás, que me pida cualquier otra cosa menos eso..." Esa cerrazón frustra el proyecto de Dios en nosotros; precisamente la vocación es la llamada que Dios nos dirige a la realización, a la plenitud. Acoger la vocación, visto así, es tanto como buscar la felicidad. Y, ¿quién no quiere ser feliz? Sé que tu anhelas una vida más plena, más entregada, de mayor paz interior...
Una última cosa, que no quiero extenderme más. Me gustaría que mis palabras no te sonaran a hueco, a tópico porque, créeme, no lo son. Te hablo con sinceridad, a la vez que con humildad: la vocación es, al final, cuestión de confianza, de arriesgar.
Sí, te fías de las señales que Dios te va dando, del pálpito que sientes en tu corazón (o intuición) y de lo que te dicen quienes te conocen, te quieren y te acompañan... confías y te lanzas. Raramente hay certezas, esas irán surgiendo al hacer el camino.
Pienso que esta imagen te resulta muy familiar, por eso la empleo: cuando el piloto del avión, en plena noche, intenta aterrizar en la pista, sólo ve en el suelo unas pequeñas luces. Recibe ordenes por la radio, desde la torre de control, que le indican el rumbo que debe tomar.
Confía en esa voz que le guía y confía en que, junto a esas luces diminutas, está la pista despejada que le espera. Aunque aún no la ve absolutamente, se fía y maniobra para descender.
Si quisiera tener todas las certezas consigo, posiblemente se pasaría la noche dando vueltas hasta que amaneciera. El combustible se agotaría antes y el vuelo terminaría trágicamente.
Algo así... la llamada de Dios, la vocación, es un poco como aterrizar una avión en plena noche... cuestión de confianza.
Te deseo lo mejor, ya sabes que te encomiendo al Señor para que Él te ilumine. Y tienes toda la razón: "Dios tiene la última palabra"
Un abrazo.

sábado, 21 de febrero de 2009

"Entre la duda y la fe" (Testimonio de una experiencia en un monasterio)

Mayte Fierro Bajo quiere unirse a nuestro blog vocacional con este testimonio, en el que cuenta sus vivencias y reflexiones sobre la vocación durante los cinco días que pasó, en enero de este año, con la comunidad de monjas benedictinas del Monasterio de la Santa Cruz en Sahagún de Campos (León, España):
"En cuanto a mi testimonio de los días pasados en el Monasterio de Sta Cruz de las Benedictinas en Sahagún he de decir que en un principio se trataba de ir a descansar, pues tanto física como psicológicamente me hallaba muy cansada. La novedad me mantenía ilusionada, luego me invadió un nerviosismo inusitado debido a que no sabía qué es lo que iba a hacer y no me sentía preparada.El recibimiento fue muy caluroso y tras conocer a las 10 religiosas que allí conviven me acomodé en la Hospedería.

Me dejaban tiempo libre para descansar, pero yo quería participar de sus actividades, así que en breve tiempo fui adaptándome a sus horarios y actividades. Madrugar no me costaba trabajo, pues estoy acostumbrada a hacerlo, sin embargo la regla del silencio vaya sacrificio que suponía... Siempre me surgían preguntas al respecto de las lecturas hechas en el refectorio y comentarios o dudas sobre sus actividades, y cómo no, se me olvidaba la norma papal del silencio que exige que hasta después del desayuno no se hable... lo que suponía que luego se me olvidara hacer las preguntas correspondientes.

Quería asimilarlo todo y fue tan poco tiempo... (sólo 5 días). Cuando ellas se iban a sus labores, yo solía hacer lecturas de textos de ayuda al discernimiento vocacional : "Elisenda" "El Sermón de la Montaña" etc que luego comentaba con la Madre Abadesa. Dediqué un día a "desierto" otro al "camino" y el resto hacía clausura como ellas. No tengo objección alguna al respecto excepto mi propia inseguridad.

A la hora de irme, la Madre Abadesa me dio un consejo: "CONFÍA y ADORA", no desatiendas la llamada de Dios. Sé que no estoy sola, que Dios va conmigo y sin Él nada soy, pero no sé dónde está mi lugar. Me ofrezco, no obstante, a su disposición. Me falta silencio y oración y sobre todo atención para saber escuchar. Cuando leo sobre las aptitudes que hay que tener para ser contemplativo, estoy convencida de que no es fácil vivir "intramuros".

Me cuesta renunciar al frenesí de la vida actual, me falta humildad y entrega. Paseando por el patio del claustro templando mis huesos al sol de invierno medité sobre el tipo de vida que allí se vivía. Sentada sobre el pozo dediqué mis pensamientos a la vida que me gustaría tener, parecía que estuviera esperando a que Jesús apareciera para darme "SU" agua viva, que Él es el único que puede saciar esta sed de amor, llenar este vacío y dar la satisfacción que no colma el anhelo de compromiso con una vida entregada a los demás. Me gusta ayudar, sentirme útil, pero ¿dónde mejor? ¡Quién sabe! Dios tiene la última palabra.

El miedo inicial y la inquietud dieron paso a la serenidad de espíritu y a la relajación física. Me integré con facilidad en la vida monástica, pero la duda no ha dejado de asaltarme a la hora de una mayor implicación. La duda y la fe ¡qué débil esta fe Señor! Soy cristiana practicante, creo en las enseñanzas de Jesús, pero vivirlas hasta el extremo... eso ya no es tan fácil ¿entonces soy falsa? ¿es fingido todo o actúo así para agradar? ¡NO!, si no lo sintiera y viviera desde dentro no podría mantener mucho tiempo esa actitud, sólo que me parece que mi forma de vivir el cristianismo es muy "light" "sin compromisos serios".


Es cierto que solos no somos nada, ni nada podemos, pero optar por Cristo implica renuncias, y es ahí donde aún no estoy dispuesta. Dejarlo todo y seguirle requiere una capacidad de entrega de la que yo carezco, por mucho que mi actitud sea acorde en otros aspectos. La duda me puede, la fe no es tan fuerte ni tan grande como me gustaría. Sólo me resta seguir pidiendo fuerza, y rezar para ser mejor persona cada día y hallar mi camino para dar lo mejor de mí misma siendo útil a los demás. Sigo abierta a las distintas posibilidades de seguir al Amigo que nunca falla.

Señor, sé que tengo buenas intenciones, que mi corazón está contigo y con los necesitados, pero ¡cuánto me cuesta dejarlo todo por Tí! y eso que sé que eres el Camino, la Verdad y la Vida, y que quien pierde la vida por Tí la ganará, pero saber no es lo mismo que darse por entero.

Señor, dame la fuerza necesaria para ser fiel a tus mandatos, para saber levantarme cuando las debilidades me venzan. Que no me canse de amar a todos y sobre todo a los más necesitados de cariño.

"Señor, estoy aquí no sé bien a qué me compromete,
sé Tú mi luz en las tinieblas, dame fuerza para seguir tus pasos
me siento como un niño desvalido y me da miedo el compromiso que Tú exiges
Si Tú caminas a mi lado, no desfalleceré,
no me asustarán los peligros, pero me falta fe, me falta compromiso, entrega y humildad.
Tú que ves en lo escondido, mira en mi corazón y ayúdame a serte fiel"

jueves, 19 de febrero de 2009

Cómo progresar en la vida espiritual


El Crecimiento de la propia vida en la virtud no es algo que pertenecía a los monjes del desierto o a quienes querían llevar una vida de heroísmo, si no que es un camino para todos los bautizados, afirma el Papa Benedicto XVI.

“La escala, obra escrita por un monje eremita que vivió hace cuatrocientos años, ¿puede decirnos algo a nosotros hoy? El itinerario existencial de un hombre que vivió siempre en la montaña del Sinaí en un tiempo tan lejano, ¿puede ser de actualidad para nosotros?, se pregunto el Papa.

Aunque la respuesta pareciera ser negativa en primer término, invitó a los presentes a caer en la cuenta de que “aquella vida monástica es sólo un gran símbolo de la vida bautismal, de la vida del cristiano”.

El Obispo de Roma puso de manifiesto que este método de vida espiritual propuesto en Escala culmina “con las virtudes fundamentales esenciales mas sencillas: la fé, la esperanza y la caridad”

"Escala"

El pontífice explicó a los fieles en qué consiste la “Escala” de Juan Clímaco, que este monje escribió después de 40 años de vida eremítica a los pies del monte Sinaí.

En este tratado de vida espiritual, Juan “describe el camino del monje desde la renuncia al mundo hasta la perfección del amor. Es un camino que tiene lugar a través de treinta escalones, cada uno de los cuales está unido al siguiente”.

Esta “ascensión” se divide en tres fases: “la primera muestra la ruptura con el mundo con el fin de volver al estado de infancia evangélica”, la segunda: “el combate espiritual contra las pasiones”, y la tercera: “la perfección cristiana”.

La primera fase, explica el Papa, supone “la vuelta a la verdadera infancia en sentido espiritual, el llegar a ser como niños. El alejamiento voluntario de las personas y lugares queridos permite al alma entrar en comunión mas profunda con Dios. Esta renuncia desemboca en la obediencia, que es el camino de la humildad a través de las humillaciones (que no faltaran nunca) por parte de los hermanos”.

La segunda, el combate contra las pasiones, no debe verse como algo negativo, pues “es importante tomar conciencia de que las pasiones no son malas en sí mismas; lo son por el uso malo que de ellas hace la libertad del hombre”

“Si son purificadas, las pasiones abren al hombre el camino hacia Dios con energías unificadas por la ascética y la gracia y, “si han recibido del Creador un orden y un principio…, el límite de la virtud no tiene fin” afirma el Papa Benedicto XVI citando a Juan Clímaco.

Respecto a la ultima fase, el sucesor de San Pedro destaca los tres principios, “sencillez, humildad y discernimiento”.

domingo, 15 de febrero de 2009

ORACIÓN DE DISPONIBILIDAD


¡PRONTO ESTOY SEÑOR!
Señor, Tú me estás llamando.
Y yo tengo miedo de decirte que sí.
Tú me buscas y yo trato de esquivarte.
Tú quieres apoderarte de mí y yo me resisto,
Y así no acabo de entender
Qué es lo que deseas de mí.

Tú esperas una entrega completa.
Es cierto, y yo a veces estoy dispuesto a realizarla
En la medida de mis fuerzas.
Tu gracia me empuja por dentro
Y en esos momentos todo me parece más fácil

Pero bien pronto me planto, vacilo,
Apenas me doy cuenta de lo que tengo que sacrificar
Delante de una dolorosa ruptura definitiva.

Señor, sufro en ansia, combato en la noche.
Dame fuerzas para no rehusar.
Ilumíname en la elección de lo que Tú deseas.
Estoy dispuesto, Señor.