sábado, 25 de julio de 2009
miércoles, 22 de julio de 2009
Testimonio de vocación sacerdotal desde Argentina
Hola, me llamo Guillermo y tengo 37 años, quisiera compartir con ustedes mi humilde llamado al santo Sacerdocio.Vivo en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, Argentina, vivo con mi mama y mi hermano 2 años mayor que yo. Toda mi vida transcurrió en esta hermosísima ciudad, mis estudios, mi trabajo mi vida social se desarrollo acá.
Pero, lo más importante, mi vida espiritual siempre estuvo unida al Señor desde los 10 años después de mi primera Comunión en la Parroquia Santa Rosa de Lima, aún hoy recuerdo ese hermoso día de noviembre cuando en esa mañana recibí por primera vez de las manos de una monja a Jesús Eucaristía, día luminoso que quedó grabado en mi corazón.
Siempre sentí que en mi vida faltaba algo, algo que completara mi vida, algo para brindar a los demás hermanos, lo único que llenaban esos vacíos eran mis actividades en la parroquia. Quise integrarme en grupos de oración, Caritas, o la Legión de María, participando en el coro parroquial, ayudando como lector o monaguillo en la Santa Misa, pero nunca me animé a dar el primer paso, es decir inconscientemente sabía que Jesús me llamaba pero hacia oídos sordos.
Así pasó el tiempo, los años pasaron rápidamente... hace un tiempo, más o menos 5 años, empece a sentir el llamado del Señor directamente al corazón, esta vez no lo podía evitar, es un arrobamiento y una dulzura este llamado, que esta vez no lo pude resistir, pero a las excusas del miedo, siguieron "el no estoy preparado", luego que no era digno de mi ser Sacerdote, y así evadiendo todo el tiempo, tratando de alejar de mi este llamado hermosísimo del Señor.
Hasta que en el otoño de este año, navegando por internet, encontré la pagina perteneciente al Seminario San José de mi ciudad, yo no sabía ni siquiera en que dirección quedaba. Mande un email preguntando la edad tope para ingresar al Seminario, a los pocos días me respondieron que no hay una edad límite invitándome a la vez a una Vigilia de Pentecostés, para el día sábado 30 de Mayo de 2009. Era a la tarde y llovía muchísimo, sin pensar en eso hice el sacrificio y asistí a la Vigilia, la experiencia y la caridad que viví junto con los seminaristas y personas que asistimos a la vigilia me embargó el corazón, realmente sentía en mi corazón que siempre había pertenecido allí. El amor que reinaba en ese ambiente era extremadamente tierno, la vocación que siempre había negado estaba frente a mi y me esperaba con los brazos abiertos, luego de una charla que dio un seminarista, después de las canciones , oraciones y alabanzas al Espíritu Santo vimos en el teatro del Seminario una película sobre la vida de Juan Pablo II.
Durante la película sentí en el corazón la voz del Señor que me decía: "te quiero en este lugar".
Era la señal a mi pedido que yo atrevidamente le había pedido al Señor Jesús de que si era Su Voluntad de que yo fuera Su Ministro esta vez yo aceptaría y me abandonaría en Su Santa Voluntad, y así fue, el Señor me respondió con Su bendición a través del Inmaculado Corazón de María.
Me mortificaba pensar por qué me negué durante tanto tiempo a mi vocación, y porque acepte el llamado del Señor a una edad tan tardía, y una frase me embargó el corazón: "Dios llama a quien quiere, como quiere, cuando quiere y en donde quiere". Además ahora comprendo que la semillita de amor que Jesús puso en mi corazón llevo mucho tiempo germinar, recién ahora esta despertando y madurando a la luz del Evangelio del Señor Jesús.
Se que lo que me espera no es fácil ni sencillo, pero el Señor me ayudará porque confío en Su Infinita Misericordia.
Ahora estoy realizando un discernimiento con un Sacerdote amigo para ingresar si Dios quiere en el 2010 al Seminario Mayor San José perteneciente a mi ciudad: Hermanos espero sus oraciones, gracias por darme la oportunidad de dar mi testimonio de amor al llamado de Jesús.
Muchas bendiciones en Cristo Jesús.
lunes, 20 de julio de 2009
Testimonio vocacional desde Perú
Mi Nombre es Ingrid Jeanette Valdizán Zapata, nací un primero de octubre de 1988 en Lima (Perú).Hablar de mi vocación es un gran misterio, es como un tesoro escondido en nuestro ser que sólo con nuestra disponibilidad y apertura podemos acoger. Es una invitación tan hermosa, pero compleja, porque me hace cambiar radicalmente a otro estilo de vida, renunciar a gustitos.
No me siento obligada en seguir este nuevo camino, pero, en cambio, me siento amada por alguien más grande y poderoso, que conoce mi vida y quiere que conozca la verdadera y plena felicidad. Por eso opto por este bellísimo sendero.
Diosito me llamó en un momento difícil, cuando mi papá, estando en la capital de Perú, lejos de nosotras, se encontró mal de salud, le dieron tres paros cardiacos. Recuerdo que fue una noche. Agobiada, confundida, me preguntaba si Dios era bueno y si actuaba correctamente con mi familia. Entré a mi cuarto, allí había un cuadro del Sagrado corazón de Jesús, me arrodillé e imploré para que papá no muriera. Pero Dios tenía algo guardado para mí, en ese instante de plegaria a Dios, sentí que en mi corazón Diosito me hablaba. Él quería que conociera el dolor, la muerte para luego pasar a la resurrección, así que entendí el llamado quería que me entregara a Él, que fuera solo suya y que dejara la muerte y pasara a la vida con Él.
En Talara (provincia de Piura –Perú) no hay congregaciones y no conocía que era ser religiosa, ni sabía que así se llamaba. Desconcertada me levanté y repetía continuamente: “Dios quiere que sea religiosa”, nunca ese nombre lo había escuchado, lo desconocía así que corrí a la sala y vi a mamá llorando y le dije alegremente, como si lo de papá ya no fuera un dolor intenso, que Diosito me había calmado. Con una sonrisa en mis labios le dije: “Mamá, Dios quiere que sea religiosa. Mamá solo atinó en decirme: ”¡ya, anda reza!”, seguía en shock por lo de papá.
Pasaron los años, tenía 14, cuando de nuevo se prendió esa llama y seguí en mi búsqueda.
Me sentía más amada por alguien; a los 17 años entre a una congregación pero, por cosas personales y familiares, no pude continuar. Pensé que saliendo de esa comunidad ya no iba a sentir ese llamado, pero la verdad desde que salí siempre sentía punzones en mi corazón. Quería sacarlos pero Dios pudo más que mi capricho, actualmente me sigue llamando y se que estoy acá por Él y para Él.
Ahora le dije que SÍ y entraré muy feliz a una congregación que esta en Lima-Perú. El nombre es Hijas de San Eusebio, su carisma es atender con amor al más pequeño, al desprotegido y al que necesita a Dios.
Estoy contenta, amo esta vida, me revestí del hombre nuevo, sólo hay que dejarse envolver por el amor de Dios, abandonarse completamente y dejar los temores atrás. Optar por seguir la vocación es una aventura, llena de amor y magia.
Ser llamada es mucho, porque soy tan pequeña ante Él, pero me siento la mujer más dichosa.
Ingrid Jeanette (Perú)
domingo, 19 de julio de 2009
Yo tuve miedo y Jesús me fue colmando poco a poco (Testimonio vocacional)

Hola a todas las chicas y chicos. Bueno mi vocación de ser religiosa surgió hace ya 3 años, tenia 16, cuando después de venir de un retiro espiritual, llena de alegría y muy contenta porque conocía un poco mas de la vida de Jesús.
Un día, estando frente al Sagrario, rezando y hablando interiormente con Jesús, sentí algo muy fuerte dentro de mí como un fuego abrasador. Era el AMOR de Jesús que se derramaba dentro de mí…
Al principio tuve miedo, pero poco a poco ese miedo se fue transformando en alegría.
Me fui enamorando más de Jesús, empecé ir mas seguido a misa porque como me dijo mi director espiritual: al recibir a Jesús sacramentado todos los días, nuestro amor con Él iba creciendo. Fue así que empecé a ir todos los días a misa.
Luego de un año, se lo confesé a mi papa primero, tenía miedo de decírselo a mis padres
El me dijo que me iba apoyar siempre. Mas tarde se lo dije a mi mamá, a ella tarde mucho tiempo para decírselo no me animaba y se lo dije un domingo a la salida de misa… Solo Dios sabe como se lo dije porque yo en este momento no me acuerdo lo que le dije…
Bueno desde hace ya 3 años más o menos estoy en discernimiento con una Religiosa y un sacerdote, que son los que me han preparado muy bien.
No se asusten porque a lo largo de este camino maravilloso se van a encontrar con la Cruz que, aunque duela, carguémosla o se van a encontrar como en un desierto, se van a sentir solos pero no vamos a estar solos porque aunque en el desierto pensemos nosotros que no hay nada si que hay es algo inmenso es Dios…
Bueno a todas las chicas y chicos que tienen miedo de encontrarse con Cristo yo le digo que se animen porque el es la verdadera vida…
Respondan al llamado de Dios con un SÍ inmenso…
YO TUVE MIEDO PERO JESUS Y MARÍA ME FUERON CALMANDO POCO A POCO…
La vida es un camino hacia el encuentro con Jesucristo.
Dejen que el Señor los guíe por el camino llano…
tenGAN paciencia, no se apresuren porque los tiempo de DIOS no son los mismos que lo nuestros…
DIOS LOS BENDIGA Y MARIA LOS PROTEJA SIEMPRE…
UN ABRAZO EN CRISTO NUESTRO HERMANO.
BEATRIZ GARCIA- ARGENTINA
sábado, 18 de julio de 2009
Elementos esenciales de la vida contemplativa.

Lugar privilegiado del encuentro: con Dios, con uno mismo y con las realidades de nuestro propio mundo.
La Palabra
El fin de la contemplación es la atención a la Palabra y la gozosa dedicación a la oración.
En el desierto se escucha, se recibe, se engendra la Palabra. Se escucha la Palabra no solo para entenderla, sino fundamentalmente saborearla y aprender a entregar el fruto de lo contemplado.
La palabra de Dios nos viene a nosotros para hacernos felices y llenarnos de su presencia. Viene esencialmente para hacernos testigos y profetas. Es una Palabra que tiene que ser recibida en la pobreza, gustada en el silencio contemplativo y realizada en la disponibilidad. Sólo entran en la profundidad de la Palabra los que tienen alma de pobres. Por eso, la pobreza es indispensable para la contemplación. Por eso, es verdad también, que la contemplación tiene que ser alimentada. De ahí la necesidad de la lectura, el estudio, de la reflexión personal y comunitaria.
Lo que define la contemplación no es la separación del mundo, sino la particular atención a la palabra y la gozosa dedicación a la oración. La separación del mundo - manifestada en la clausura - es sólo un medio, no un fin.
Un monasterio contemplativo tiene que hacer partícipes a otros de la alegría y fecundidad salvadora de la Palabra de Dios.
La Comunidad
Los contemplativos y contemplativas tienen que estar insertados en la realidad de la Iglesia y del mundo. No pueden sentirse ajenos a los hombres y manifestarse extraños a su dolor, alegrías, búsquedas y esperanzas.
La Comunidad es el medio privilegiado donde se experimenta la comunicación del Señor y la escucha de su Palabra. Una Comunidad - verdaderamente contemplativa - es esencialmente una Comunidad de oración: una Comunidad que adora al Señor y celebra, en nombre de todo el mundo, " la alabanza de su gloria". Vivir su identidad, significa estar a la escucha de la Palabra de Dios y ser el signo de una humanidad que necesita adorar, agradecer y suplicar. Por eso, los contemplativos y contemplativas tienen que estar insertados en la realidad de la Iglesia y el mundo. Deben conocer y saber lo que pasa hoy en la Iglesia y en el mundo. Una cosa es la curiosidad superficial y otra la información austera y serena. De esto se alimenta también la contemplación.
Hay un signo evidente y palpable de una verdadera comunidad contemplativa: la alegría honda y serena que nace de la común experiencia del amor a Dios. Del gusto comunitario de su Palabra y deseo de comunicarla a los hermanos, hermanas.
Hoy los jóvenes necesitan y exigen el testimonio directo de una alegría verdadera que nace de la comunión fraterna, de la contemplación y de la cruz. Por eso, no pueden vivir ajenos a la profunda experiencia de Dios en el desierto, pero tampoco pueden sentir lejanos a los hombres y manifestarse extraños a su dolor y a su alegría, a su búsqueda y a su esperanza.
jueves, 16 de julio de 2009
Lo que siento... ¿es la voz de Dios?
Hay muchos jóvenes que, ante las primeras señales de vocación, de atracción por la vida religiosa o el sacerdocio, se preguntan: ¿Esto será realmente voz de Dios?, ¿cómo saber si lo es y no es sólo capricho o imaginación mía?He aquí una posible respuesta:
- Si te despierta y te saca de la mediocridad, si compromete y complica tu vida, pero la llena y da sentido… es voz de Dios
- Si te hace salir de tu tierra, de tu pequeña isla o mar y te lanza al mundo entero, a lo que no imaginabas… es voz de Dios
- Si te llama al corazón, al amor, a la generosidad, a la ilusión, no al miedo ni al temor… es voz de Dios
- Si te invita a ser profundamente feliz y a hacer felices a los demás, si habla el lenguaje de la confianza, del Padre a su hijo… es voz de Dios
- Si te hace descubrir tu propia pobreza (soy un niño, no sé hablar, no soy capaz…) pero también lo que eres capaz con su ayuda… es voz de Dios
- Si te va liberando de cosas, de tu egoísmo, de ti mismo; si rompe tus planes como se los cambió a María de Nazaret… es voz de Dios
- Si no te saca de este mundo, pero te invita a estar en él como levadura, sal luz… es voz de Dios
- Si no tiene nada que ver con los anuncios publicitarios, si no es para hacerte más famoso, ni te va a dar más dinero y poder, ni lo que te ofrece es el ideal de felicidad de nuestra sociedad… es voz de Dios
- Si no te llena de palabras y te avasalla, sino que calla, habla en el silencio, por medio de los pequeños signos, invitándote a la reflexión, a la búsqueda humilde y la oración paciente… es voz de Dios
- Si esa voz va germinando en ti como la semilla en el surco, si te invita a centrarte en Cristo, a seguirle, a convivir con Él, a ser su amigo… es voz de Dios
- Si es como un eco evangélico, si en la oración no puedes borrarla de tu pensamiento… es voz de Dios
José Sorando
miércoles, 15 de julio de 2009
martes, 14 de julio de 2009
¿A quién se debe consultar para una vocación?
a) Consultar a Dios
San Pablo, en el momento decisivo de su conversión, exclamó: "Señor, ¿qué quieres que haga?". Esta tiene que ser tu oración. El salmo 17, dice en uno de sus párrafos: "Enséñame, Señor, tus caminos, y guíame por el sendero llano".
Cuando Dios se reveló al que sería el profeta Samuel, el joven inexperto no lo reconoció, y pensó que era el sacerdote quien le hablaba. Al entender, el sacerdote le dijo: "Cuando oigas la voz, responde: "Habla, Señor, que tu siervo escucha".
Ésta debe ser nuestra oración. En silencio completo, esperando la inspiración de Dios. "Habla, Señor, que tu siervo escucha".
Demasiadas personas buscan tantos y tantos consejos en la vida... psicólogos, lectores del Tarot, consejos telefónicos, a los amigos, y casi nunca dejan a Dios hablar. También tenemos que recordar, que la oración no es un monólogo, sino un diálogo. Es como hablarle a Dios de tantas y tantas cosas y no le damos espacio para que nos hable. Recuerdo en un libro que leí, que Dios dice a sus profetas: "Quédate quieto, y reconoce que soy el Señor". Y este autor, comenta: "En mi versión autorizada personalizada de
Debemos aprender a estar en silencio, para poder escuchar a Dios. Precisamente antes de su vida pública, Jesús se fue al desierto - donde no había ruidos... a ayunar y orar. Y fue en ese silencio, cuando supo diferenciar de las tentaciones del demonio, y de la voluntad de Dios.
En todos los profetas del Antiguo Testamento, notamos una constante: Ellos siempre tienen un encuentro personal e individual con Dios. No entre Dios y "los jóvenes de tal o cual grupo", ni "al director de alabanza", ni al "monseñor Pérez". Es entre Dios y [pon tu nombre aquí].
También hay que notar otra cosa: El pecado. Mientras estamos en pecado, nos será imposible reconocer nuestra vocación. Leamos este pasaje del profeta Isaías:
Cuando Dios te libere de tus padecimientos, de tus inquietudes y de la dura esclavitud a la que estabas sometido, dirás estas palabras (de profecía) contra el rey de Babilonia...
Es decir: Dios no nos manda a denunciar los males y a anunciar el evangelio, sino hasta que estamos libres de toda inquietud, padecimientos y esclavitudes. Y fíjense que no dice: "En caso de que Dios te libere". Dice claramente: "CUANDO Dios te libere".
Por eso, no hay que desconfiar de que Dios no nos dará señales, o de que seremos demasiado brutos para entenderlas. Pidamos ENTENDIMIENTO y Dios nos responderá.
b) Consultar al sacerdote
De preferencia al sacerdote a quien recurres regularmente... desafortunadamente se dan muy pocos casos. Por eso hay sacerdotes EXPERTOS en asesorar a las vocaciones. Hay retiros VOCACIONALES, no de cualquier grupo. Generalmente son retiros promovidos y DIRIGIDOS por
El sacerdote tiene una luz especial que Dios le da, para ayudar a las personas. Algunas veces incluso, se da el caso de que tenga un don MUY especial, llamado CARISMA DE DISCERNIMIENTO, para casos difíciles, como análisis de si alguien está por ejemplo poseído, o para indagar en casos de matrimonios nulos. Y desde luego es lógico que quien tenga este carisma, ayude a los jóvenes en busca de su vocación.
Nótese, que Cristo, dijo a sus apóstoles: "Y bajará el Espíritu Santo, que os hará entender todas las cosas que os he dicho". También les dio poder para atar y desatar: "Lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo".
Imagínense al sacerdote como a un general en su bunker, y ustedes son los soldados en combate.
El general tiene a su acceso estrategas, radares, información del enemigo, rutas de acceso... y ustedes no pueden ver nada, y no tienen
Ningún ciego puede guiar a otro ciego. Si el grupo parroquial o comunidad en la que estás no tiene un sacerdote que los vaya asesorando, o guiando... es muy fácil que el enemigo se infiltre y les eche a perder todo. No basta con darle un reporte de actividades. El sacerdote tiene que ser PARTE INTEGRAL del grupo.
Por ejemplo - en los conventos, se da muy frecuente el caso, de que las monjas, no sólo tengan un confesor, sino también un DIRECTOR ESPIRITUAL. Es decir: Alguien que las dirija y apoye. Ni siquiera la madre superiora puede desempeñar un papel tan importante. Debe ser el sacerdote, que es ungido por Dios.
Recordemos lo que dice Jesús de sus discípulos a quienes envía: "Quien a vosotros escucha, a mí me escucha. Y quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza."
Por eso es importante no despreciar los consejos del sacerdote.
c) Consultarte a tí mismo
¡Piénsalo bien! Escucha tu corazón, tus deseos... en el profeta Ezequiel leemos - capítulo 36, v. 26 y sig:
Les daré un corazón nuevo, y pondré dentro de ustedes un espíritu nuevo. Quitaré de su carne ese corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Pondré dentro de ustedes mi Espíritu...
Es decir: No sólo serán los deseos de Dios, sino también nuestros deseos, la vocación a la que estemos llamados. Ya que Dios y nosotros tendremos UN MISMO ESPIRITU.
Si te causa repugnancia el ayudar a los pobres, y quizás no los puedes ver ni en pintura, pero "adoras" a los niños y te desvives por ellos, definitivamente tienes vocación por los niños. Si te encanta enseñar al que no sabe, muy probablemente tienes vocación de maestro. Si te fascina hablar de Dios a la gente, mostrarles el amor de Jesús, y hablar, y escribir, y platicar con la gente de Dios, es muy probable que tu vocación sea evangelista o predicador... cosas así.
Dios no te pondrá una inclinación contraria a tu vocación.
Déjenme repetirlo: Dios no te pondrá una inclinación contraria a tu vocación.
Una cosa es el pecado que a veces nos da asco, flojera, repugnancia etc. a ciertas tareas, pero que por obediencia o por amor puedes hacer por Dios... y otra cosa distinta es que no estés hecho para un trabajo. Si escoges algo para lo que no estás hecho, el resultado es fácil de prever: Una vocación frustrada.
Dice el Padre Baeteman:
"Por eso tienes que estudiarte a tí mismo. Tu corazón, tus gustos, tus inclinaciones... examina lo que te atrae y lo que te disgusta; fíjate si tus condiciones de alma y cuerpo están de acuerdo con la vocación que te atrae.
Tus aptitudes físicas y morales tienen que ser muy bien consideradas. La ineptitud para seguir una vocación excluye, venga de donde venga, toda probabilidad de llamamiento divino".
A veces es necesario consultar a tus padres o a otras personas que te puedan ayudar con un consejo. Pero NUNCA juzguen según los principios mundanos. Lean
+Ricardo Garcia
jueves, 9 de julio de 2009
SIGUE O GIRA... SI DIOS TE LLAMA
PUBLICIDAD CREATIVA AL SERVICIO DE LAS VOCACIONES ENVIADA POR EL PADRE JOSÉ BENITO. ESPERAMOS MÁS...
miércoles, 8 de julio de 2009
10 consejos para animadores vocacionales
Para todos los enamorados de la animación vocacional, que consideramos que podemos ser, por pura gracia, colaboradores con el Dueño de la mies, que no cesa nunca de llamar, ahí van estos 10 consejos de la animación vocacional. Están escritos para los misioneros claretianos, pero sirven perfectamente para cualquier carisma o comunidad.
• “Vivir con mayor radicalidad el seguimiento de Jesús en la comunidad misionera es la primera condición para una pastoral vocacional efectiva”.
• “Toda pastoral, y de un modo especial la pastoral juvenil, ha de ser vocacional en cuanto ha de acompañar a las personas hacia una opción por Jesús y por el Reino”.
• “Nos preocupa la calidad de nuestra vida y ministerio y su capacidad de convocar a otros, y la necesidad de definir una pastoral juvenil-vocacional que sea capaz de despertar la inquietud vocacional en los jóvenes y acompañar los procesos de discernimiento”.
• “Hay claretianos que no están verdaderamente preocupados por la pastoral vocacional. Ciertamente rezan por las vocaciones y quisieran que llegaran más abundantes a nuestra comunidad, pero esto no se acaba de traducir en unas acciones concretas que expresen su profunda preocupación por este tema”.
• “Se hace más difícil la pastoral vocacional cuando no existe claridad en torno a la identidad y al modo de expresarla”.
• “Deberemos revisar si la dimensión vocacional está suficientemente presente en nuestros proyectos y actividades pastorales. Tendremos que preguntarnos si estamos dispuestos a invitar a los jóvenes a considerar la posibilidad de vivir el proyecto de vida misionera claretiana y si estamos abiertos a acogerlos en nuestras propias comunidades. No podremos dejar de revisar la vida de nuestras comunidades para hacer de ellas signos claros de fraternidad y plataformas poderosas de iniciativas misioneras, espacios atrayentes para quienes se plantean el seguimiento de Jesús en la vida consagrada”.
• “Hoy más que nunca constatamos la necesidad de articular mejor todas las formas de vivir la vocación cristiana para se¬guir anunciando el Evangelio en nuestro mundo”.
• “Es justo también que nos preguntemos sobre nuestro modo de vivir el Reino y sus valores, sobre cómo nuestra comunidad se hace transparencia de ellos y es capaz, por lo tanto, de atraer a quienes los buscan con un corazón sincero”.
• “¿Qué nos pasa? ¿Por qué nuestra vida y nuestras comunidades no se convierten en una invitación para aquellos jóvenes que quieren vivir más radicalmente el seguimiento de Jesús y buscan unos espacios y estilos comunitarios que les ayuden a profundizar su camino de fe, les ofrezcan una gozosa experiencia de fraternidad y una dinámica plataforma apostólica?”
• “Hay que saber dedicar tiempo a los jóvenes con inquietudes religiosas, aunque sean pocos. Y esto cuesta. Sin encuentro con el joven, sin un compromiso por acompañarlo en un camino de profundización de su experiencia de fe, sin una disponibilidad a ayudarlo en sus búsquedas, sin audacia para plantearle las preguntas fundamentales en torno al sentido de la vida y a su proyecto de futuro, difícilmente tendremos vocaciones”.
P. Josep Mª Abella cmf
Superior General
lunes, 6 de julio de 2009
martes, 30 de junio de 2009
¿En qué consiste una vocación?

Todo, pero TODO ser humano tiene una misión qué cumplir dentro de las condiciones más diversas. Para que el hombre realice esa misión perfectamente, necesita lo que se llama "vocación", es decir, inclinación hacia una cosa determinada y llamamiento de la gracia en el orden sobrenatural. Vocación viene del verbo "vocare", que significa llamar. Es una invitación, un llamamiento de Dios. Pero, ¿cómo distinguir la vocación?
a) La vocación es una gracia. Un don de Dios.
Una vocación se caracteriza por una serie de dones, de luces, de inspiración sobrenaturales, bajo cuya influencia, el alma se siente atraída hacia un estado u otro.
Aquí tenemos que hacer la distinción. Una vocación NUNCA se podrá distinguir sin la libertad de pensamiento. Dios creó al hombre (y a la mujer) libre... es decir. A su IMAGEN y SEMEJANZA. Si a uno frecuentemente lo obligan a escoger una "vocación", porque "hay tanta gente necesitada, te necesitamos", puede ser un modo de chantaje sentimental.
Es decir: No sirve de nada hacer sentir a alguien culpable por no seguir en MI GRUPO, según A MÍ ME GUSTA, con MIS MEDIOS Y MÉTODOS. Incluso ha habido grupos que, formando parte dentro de
b) No es una orden, sino un llamamiento, una invitación
Dios, da continuamente sus luces, como en un suspiro. Recordemos el pasaje del libro de los reyes, donde el profeta Elías se escondió en una cueva y esperó al Señor. Primero llegó un terremoto, pero Dios no estaba allí. Luego un gran torrente, pero Dios tampoco estaba allí. Finalmente... llegó una brisa suave, y Elías reconoció a Dios y salió de la cueva.
Tenemos que hacer la aclaración de que NO TE VAS AL INFIERNO si no supiste escoger tu vocación. Eso sí, será más difícil llegar a la santidad (y al cielo para el caso es lo mismo), porque ya Dios te había preparado el camino (chance hasta pavimentado y preferiste irte por otra parte. Claro, no falta quien la riega por no saber ser paciente al tomar una decisión. Tal es el caso del típico cuate que por "comerse la torta antes del recreo" termina casándose a la fuerza con su novia porque la cigüeña ya viene en camino.
c) Algunos emprenden el camino equivocado,
como san Pablo, y en él ven al fin más claramente, a través de su error, la excelencia del buen camino. Pero generalmente la vocación es una voz, algunas veces dulce, y otras apremiante, se deja oír en el silencio del alma como un eco lejano... que les dice: VEN, SIGUEME.
Es como una certeza de que un mensaje está destinado para tí. A veces es imposible negarlo... una certeza del 100% incluso más real que la realidad que vivimos, o que este coche es rojo. Es como una luz que ilumina al alma, y en un instante logra ver su vida, pasada, presente y futura, con una claridad impresionante, y dice: Esto es para mí.
+Autor: Ricardo Garcia
jueves, 25 de junio de 2009
jueves, 18 de junio de 2009
Unidos en oración...

El Papa Benedicto XVI inaugurará este 19 de junio el Año Sacerdotal, durante el cual proclamará a San Juan María Vianney como patrono de los sacerdotes.
El titulo elegido por el Santo Padre para este año es “fidelidad de Cristo, fidelidad de el Sacerdote”, estamos invitados como Cristianos Católicos a unirnos como Iglesia en oración por aquellos que han respondido la llamada de Dios, para que puedan permanecer sujetos a la gracia divina y que puedan ser imagen de Cristo Sacerdote entregándose al servicio de los demás. Que Dios les conceda la fidelidad a sus compromisos, hoy más que nunca la iglesia necesita sacerdotes santos y estamos llamados como iglesia a unirnos en oración por todos nuestros sacerdotes.
Un año para mostrar a los sacerdotes el amor de la Iglesia
El próximo 19 de junio el Papa Benedicto XVI inaugurará con unas vísperas solemnes en la Basílica de San Pedro, el Año Sacerdotal con el tema: "Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote".
Durante este año Benedicto XVI proclamará a san Juan María Vianney "patrono de todos los sacerdotes del mundo". Igualmente se publicará el "Directorio para los confesores y directores espirituales", así como a una recopilación de textos del Papa sobre temas esenciales de la vida y de la misión sacerdotal en la época actual.
ZENIT ha conversado con el cardenal brasileño Cláudio Hummes, O.F.M., prefecto para la congregación del Clero y obispo emérito de Sao Paulo, quien presenta este año como "propositivo" y como una oportunidad para que los sacerdotes recuerden que "la Iglesia los ama, que se preocupa por ellos".
--¿Cuál es el objetivo principal del año sacerdotal?
--Cardenal Hummes: En primer lugar la circunstancia. Será un año jubilar por los 150 años de la muerte de san Juan María Vianney, más conocido como el santo cura de Ars. Esta es la oportunidad, pero el motivo fundamental es que el Papa quiere dar a los sacerdotes una importancia especial y decir cuánto los ama, cuánto los quiere ayudar a vivir con alegría y con fervor su vocación y misión.
Esta iniciativa del Papa tiene lugar en un momento de gran expansión de una nueva cultura: hoy domina la cultura postmoderna, relativista, urbana, pluralista, secularizada, laicista, en la cual los sacerdotes deben vivir su vocación y su misión.
El reto es entender cómo ser sacerdote en este nuevo tiempo, no para condenar al mundo sino para salvar el mundo, como Jesús, quien no vino para condenar al mundo sino para salvarlo.
El sacerdote debe hacer esto de corazón, con mucha apertura, sin demonizar a la sociedad. Debe estar integrado en ella con la alegría misionera de querer llevar a la gente de esta sociedad a Jesucristo.
Es necesario dar una oportunidad para que todos oren con los sacerdotes y por los sacerdotes, convocar los sacerdotes a orar, hacerlo de la mejor manera posible en la sociedad actual y, además, eventualmente tomar iniciativas para que los sacerdotes tengan mejores condiciones para vivir su vocación y la misión.
Es un año positivo y propositivo. No se trata, en primer lugar, de corregir a los sacerdotes. Hay problemas que siempre deben ser corregidos y la Iglesia no puede cerrar los ojos, pero sabemos que la grandísima mayoría de los sacerdotes tienen una gran dignidad y adhieren a su ministerio y a su vocación. Dan su vida por esta vocación que han aceptado libremente.
Lamentablemente se dan los problemas de los que nos hemos enterado en los últimos años relativos a la pedofilia y otros delitos sexuales graves, pero como máximo quizá pueden llegar a un cuatro por ciento del clero. La Iglesia quiere decirle al 96 por ciento restante que estamos orgullosos de ellos, que son hombres de Dios y que los queremos ayudar y reconocer todo lo que hacen como testimonio de vida.
Es también un momento oportuno para intensificar y profundizar la cuestión de cómo ser sacerdotes en este mundo que cambia y que Dios nos ha puesto delante para salvar.
--¿Por qué el Papa ha presentado a san Juan María Vianney como modelo para los sacerdotes?
--Cardenal Hummes: Porque desde hace mucho tiempo es el patrono de los párrocos. Forma parte del mundo del presbítero. Queremos también estimular a varias naciones y conferencias episcopales o iglesias locales para que escojan algún sacerdote ejemplar de su área, y presentarlo al mundo y a los jóvenes. Hombres y sacerdotes que sean verdaderamente modelos, que puedan inspirar y puedan renovar la convicción del gran valor y de la importancia del ministerio sacerdotal.
--Para usted como sacerdote, ¿cuál es el aspecto más bello de su vocación?
--Cardenal Hummes: Esta pregunta me hace recordar un hecho de san Francisco de Asís: El dijo una vez: "Si me encontrara por el camino a un sacerdote y a un ángel, yo saludaría primero al sacerdote y luego al ángel. ¿Por qué? Porque el sacerdote es quien nos da a Cristo en la Eucaristía". Esto es lo más fundamental y maravilloso: el sacerdote tiene el don y la gracia de Dios para ser ministro de este gran misterio de la Eucaristía.
El sacerdocio fue instituido por Jesucristo en la Última Cena. Cuando dijo "Haced esto en conmemoración mía", les dio a los apóstoles este mandamiento y también el poder de hacer esto, de hacer lo mismo que Jesús hizo en la última cena. Y estos apóstoles han transmitido a su vez este ministerio y este poder divino a los hombres que son obispos y sacerdotes.
Esto es lo más importante y el centro. La Eucaristía es el centro de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II dijo que la Iglesia vive de la Eucaristía. El sacerdote es el ministro de este gran sacramento, que es el memorial de la muerte de Jesús.
Y luego tenemos también el sacramento de la Reconciliación. Jesús dijo: "A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados" (Juan, 20, 23). Ha venido para reconciliar el mundo con Dios y a los seres humanos entre ellos. Ha dado el Espíritu Santo a los apóstoles soplando sobre ellos.
Él ha dado a los apóstoles en nombre de Dios y suyo aquello que había adquirido con su sangre y con su vida en la Cruz, transformando la violencia en un acto de amor para el perdón de los pecados. Y les dice a los apóstoles que serán los ministros de este perdón. Esto es fundamental para todos. Cada uno quiere ser perdonado de sus pecados, estar en paz con Dios y con los demás. El misterio de la reconciliación es muy importante en a vida del sacerdote.
Hay otras muchas acciones como la evangelización, el anuncio de la persona de Jesucristo muerto y resucitado, de su reino. El mundo tiene derecho de saber y conocer a Jesucristo y todo lo que significa su Reino. Este es un ministerio específico también del sacerdote que comparte con los obispos y con los laicos que hacen el anuncio de la Palabra y deben llevar a la gente a un encuentro intenso y personal con Jesucristo.
--¿Cuáles cree que son las mayores dificultades y los nuevos retos que afrontan hoy los jóvenes que quieren ser sacerdotes?
--Cardenal Hummes: Quiero repetir que no debemos demonizar la cultura actual que se difunde cada vez más y que se convierte en una cultura dominante en todo el mundo a pesar de la presencia de otras culturas.
Esta nueva cultura ya no quiere ser ni cristiana ni religiosa. Quiere ser laica y rechaza y quiere rechazar cualquier injerencia religiosa. Los adolescentes y los jóvenes se encuentran en una situación diferente a la que hemos vivido nosotros, que nacimos en una cultura muy religiosa y que se reconocía como cristiana y católica. Actualmente ya no es así.
Creo que para los adolescentes y jóvenes es realmente más difícil tener la valentía de aceptar una invitación de Dios, que nace en su interior. Responder es hoy más complicado, porque la sociedad ya no valora el sacerdocio. Antes la sociedad lo valoraba. Ahora bien, un trabajo de fe y de evangelización será siempre posible, porque Dios da siempre todas las gracias cuando llama para esto.
La parroquia debe ofrecer a los jóvenes y a los adolescentes la oportunidad de hablar de aquello que llevan en el corazón, de ese llamado, porque si ellos no tienen la oportunidad de hablar con alguien en quien puedan confiar, poco a poco esta voz desaparecerá. Aquí entra en juego la pastoral vocacional, que tanto necesitamos.
Una parroquia bien organizada es capaz de salir al encuentro de los jóvenes y adolescentes y darles la oportunidad de hablar sobre el llamado que sienten. También la oración por las vocaciones es ahora más importante que en el pasado.
Otra causa por la que puede haber menos candidatos es porque las familias son más reducidas. Tienen pocos hijos o ninguno. Esto lo hace más difícil. El número de sacerdotes en varios países se ha reducido demasiado. Vemos esta situación con grandísima preocupación.
--¿Cómo cree que debe ser la formación de un seminarista en los ámbitos personal, espiritual, intelectual y litúrgico? ¿Qué aspectos cree que no pueden faltar?
--Cardenal Hummes: La Iglesia habla de cuatro dimensiones que deben ser cultivadas con los candidatos.
En primer lugar, la dimensión humana, la afectiva --toda la cuestión de su persona--, su naturaleza, su dignidad y una madurez afectiva normal. Esto es importante porque es la base.
Luego está la dimensión espiritual. Hoy nos encontramos delante de una cultura que ya no es ni cristiana ni religiosa. Por lo tanto es aún más necesario desarrollar bien la espiritualidad en los candidatos.
Luego está la dimensión intelectual. Es necesario estudiar filosofía y teología para que los sacerdotes sean capaces de hablar y de anunciar hoy a Jesucristo y su mensaje, de modo que emerja toda la riqueza del diálogo entre la fe y la razón humana. Dios es el Logos de todo y Jesucristo es su explicación.
Después, obviamente, está la dimensión de apostolado, es decir, hay que preparar a estos candidatos a ser pastores en el mundo de hoy. En este ámbito pastoral hoy es muy importante la identidad misionera. Los sacerdotes deben tener no sólo una preparación sino también un estímulo fuerte para no limitarse sólo a recibir y ofrecer el servicio a aquellos que vienen a verles, sino también para salir en búsqueda de las personas que no van a la Iglesia, sobretodo de aquellos bautizados que se han alejado porque no han sido lo suficientemente evangelizados, y que tienen el derecho de serlo, porque hemos prometido llevar a Jesucristo, educar en la fe.
Esto muchísimas veces no se ha hecho o se ha hecho muy poco. El sacerdote debe ir en misión y preparar su comunidad para que vaya a anunciar a Jesucristo a la gente, al menos a aquellos que están en el territorio de su parroquia pero también más allá de ésta.
Hoy esta dimensión misionera es muy importante. El discípulo se convierte en misionero con su adhesión entusiasta, alegre a Cristo, capaz de revestir incondicionalmente toda su vida de él. Debemos ser como los discípulos: fervorosos, misioneros, alegres. En esto consiste la clave, el secreto.
--¿Qué actividades especiales se van a realizar en este año tanto para los jóvenes como para los mismos sacerdotes?
--Cardenal Hummes: Habrá iniciativas en el ámbito de la Iglesia universal, pero el año de sacerdote debe celebrarse también a nivel local. Es decir, en las iglesias locales, las diócesis y las parroquias, porque los sacerdotes son los ministros del pueblo y deben incluir las comunidades.
Las diócesis deben impulsar iniciativas tanto de profundización como de celebración para llevar a los sacerdotes el mensaje de que la Iglesia los ama, los respeta, los admira y se siente orgullosa de ellos.
El Papa abrirá el Año Sacerdotal el 19 de junio, en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, porque es la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes. Habrá vísperas solemnes celebradas en la basílica vaticana, estará presente la reliquia del cura de Ars. Su corazón estará en la Basílica como signo de la importancia que el Papa quiere dar a los sacerdotes. Esperamos que muchos sacerdotes estén presentes.
La clausura tendrá lugar un año después. Todavía queda por definir la fecha exacta del gran encuentro del Papa con los sacerdotes, al que están invitadas todas las diócesis. Habrá otras muchas iniciativas. Estamos pensando también en realizar un congreso teológico internacional los días precedentes a la clausura. También habrá ejercicios espirituales. Esperamos también poder involucrar a las universidades católicas para que puedan profundizar en el sentido del sacerdocio, la teología del sacerdocio, y en todos los temas que son importantes para los sacerdotes.
--¿Puede hablarnos ahora de los desafíos que enfrenta un sacerdote en esta sociedad tan anti religiosa? ¿Cómo cree que puede permanecer fiel a su vocación?
--Cardenal Hummes: En primer lugar, la Iglesia a través de sus seminarios y formadores debe hacer una selección muy rigurosa de los candidatos. Luego hace falta una buena formación, fundamentalmente en la dimensión humana, intelectual, espiritual, pastoral y misionera. Es fundamental recordar que el sacerdote es discípulo de Jesucristo y estar seguros de que haya tenido este encuentro personal y comunitario intenso con Jesucristo, en el le haya dado su adhesión. Cada misa puede ser un momento muy fuerte para este encuentro. Pero también la lectura de la Palabra de Dios.
Como decía Juan Pablo II, hay muchas oportunidades para testimoniar el encuentro con Jesucristo. Es fundamental ser un misionero capaz de renovar este celo sacerdotal, de sentirse alegre y convencido de su misión y de que esto tiene un sentido fundamental para la Iglesia y para el mundo.
Siempre digo que el sacerdote no es sólo importante por el aspecto religioso dentro de la Iglesia. Desempeña también una grandísima labor en la sociedad, porque promueve los grandes valores humanos, está muy cerca de los pobres con la solidaridad, la atención por los derechos humanos. Creo que debemos ayudarles para que vivan esta vocación con alegría, con mucha lucidez y también con corazón para que sean felices, dado que se puede ser feliz en el sacrifico y el cansancio.
Ser feliz no está en contradicción con el sufrimiento. Jesús no era infeliz en la cruz. Sufría tremendamente, pero estaba feliz, porque sabía que lo hacia por amor y que esto tenía un sentido fundamental para la salvación del mundo. Era un gesto de fidelidad a su Padre.
--¿Qué otros santos cree que pueden ser modelos para el sacerdote de hoy?
--Cardenal Hummes: Obviamente el gran ideal es siempre Jesucristo, el buen pastor. En el caso de los apóstoles, sobretodo san Pablo. Hemos celebrado el Año Paulino. Se ve que era una figura realmente impresionante y que puede ser siempre una gran inspiración para los sacerdotes, sobretodo en una sociedad que ya no es cristiana. Cruzó las fronteras de Israel para ser apóstol de los gentiles, de los paganos. En un mundo que se está alejando tanto de cualquier manifestación religiosa, su ejemplo es fundamental. San Pablo tenía esta conciencia muy fuerte: Jesús ha venido para salvar, no para condenar. Es la misma conciencia que debemos tener nosotros ante el mundo de hoy.
Por Carmen Elena Villa ZENIT.org
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