domingo, 21 de febrero de 2010

Historia de un encuentro: la perseverancia de mi Dios (I)

Me llamo Rosalía, tengo 28 años y soy de Buenos Aires, Argentina. Quiero compartir con ustedes brevemente cómo el Señor me llamó a la vida religiosa y, desde su gracia, pude responder con generosidad a su llamada.
Todo empezó cuando yo era niña, iba con mi madre a la Santa Misa y allí sentí el amor de Dios por primera vez, al recibir a Jesús Eucaristía cuando tenía 8 años. Fue el día más feliz de toda mi vida. A partir de allí comencé a tratar más en intimidad al Señor en la oración personal y lo recibía en la comunión todos los domingos.
En esa capilla donde iba había una monja llamada Inés que fue la que la fundó (ya que antes era solo un terreno baldío) y al ver la alegría de esa hermana y el entusiasmo por todo lo que hacia yo sentía ya en mi corazón el deseo de ser como ella. Sin embargo, había escuchado una vez decir a mi madre que no quería tener una hija monja porque deseaba tener nietos. Estas palabras entristecieron mi corazón y tomé la decisión de callar lo que sentía y tratar de olvidarme de esa idea.
Pasados los años, la Hna. Inés se retiró y mi madre y yo nos alejamos de la iglesia porque el cambio fue muy radical: las nuevas hermanas no eran tan dulces, abiertas, alegres como lo era la Hna Inés. A pesar de ellos yo seguía orando, leyendo la Palabra de Dios y haciendo mi vida normal aunque no iba a la Misa.
Esos dos años que estuve alejada de la iglesia sentía que me faltaba algo y a la vez al ver que en la capilla cada vez iba menos gente me sentía triste. Una noche orando le dije al Señor que estaba triste porque a la capilla de Guadalupe cada vez iba menos gente y deseaba que volviera a enviar alguna religiosa como lo fue la Hna Inés con espíritu evangelizador para acercar a la gente a su Amor. Sentí en mi interior una voz que me decía “¿Por qué no vos?” Debo decir que escuchar eso me dio miedo y respondí “Por amor a ti volveré a la iglesia pero seré como una religiosa más sin ser religiosa” Mi respuesta temía al compromiso. Así a mis 18 años me acerqué nuevamente a la iglesia y me incorporé como catequista.
A Partir de allí comencé a integrarme a la comunidad, a conocer más a las nuevas hermanas y a sentir mucha sed de almas para Dios. Cada vez me incorporaba a más actividades: guiaba el grupo del rosario, iba a encuentros de formación, tuve hasta dos grupos de catequesis…
Un día una de las hermanas se me acercó y me dijo. “¿Vos no pensaste nunca en ser religiosa?” Yo que desde siempre sentía esa inquietud en mi corazón le dije: “Hermana, sinceramente no puedo renunciar a aquello que no viví, soy joven y nunca tuve novio quiero probar la experiencia del noviazgo”. Primera excusa que presenté al Señor a la edad de 22 años.
Inmediatamente fui al Sagrario y le dije: Deseo tener novio, pero no cualquier chico sino alguien que me respete y quiere algo serio. Así fue como al poco tiempo comencé una relación amorosa con un amigo de mi hermano que conocía desde la secundaria y viví con él un noviazgo muy hermoso desde el respeto y el amor mutuo durante 3 años y 3 meses. Durante todo ese tiempo si bien me sentía bien a la vez algo inquietaba mi corazón. Esa llamada que no paraba de hablarme al corazón. Sentía que Jesús me decía que ya me había dado el novio y ahora tenia que decidirme.
Por otro lado, me pasaba que en diferentes lugares distintas personas, (algunas sin siquiera conocerme) me decían con seguridad que yo sería religiosa. Incluso una vez una mujer a la que una amiga le respondió que yo estaba de novia y planificaba casarme dijo “¿Y que tiene que ver?” Esa frase resonó en mi corazón. Sentía que el Señor me invitaba a dejarlo todo.

jueves, 4 de febrero de 2010

La paz armada


AVISO PREVIO A UNOS MUCHACHOS
QUE ASPIRAN A SER CÉLIBES

Será una paz armada, compañeros,
será toda la vida esta batalla;
que el cráter de la carne sólo calla
cuando la muerte acalla sus braseros.


Sin lumbre en el hogar y el sueño mudo,
sin hijos las rodillas y la boca,
a veces sentiréis que el hielo os toca,
la soledad os besará a menudo.


No es que dejéis el corazón sin bodas.
Habréis de amarlo todo, todos, todas,
discípulos de Aquel que amó primero.


Perdida por el Reino y conquistada,
será una paz tan libre como armada,
será el Amor amado a cuerpo entero.

Pedro Casaldaliga

lunes, 1 de febrero de 2010

10 actividades para el Año Sacerdotal

Desde la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española, nos sugieren estas diez actividades que pueden ayudar a parroquias, colegios y comunidades cristianas a celebrar el Año sacerdotal y trabajar a favor de las vocaciones al ministerio presbiteral:

1) Celebrar el día del párroco, con el título “los sacerdotes de mi parroquia” Se podría tener la celebración eucarística a la que se invitarían a todos los sacerdotes vivos que han pasado por una misma parroquia en la que han ejercido su sacerdocio. Un detalle también significativo sería el poder elaborar un mural con las fotografías de esos sacerdotes, ordenadas de forma cronológica (los años que han estado sirviendo a la parroquia), así como la tarea de recabar una breve biografía de cada uno de ellos.

2) Las parroquias podrían también tener un recuerdo para con las vocaciones sacerdotales que han nacido en el seno de esa comunidad. Idear y concretar una fecha en la que se puedan reunir todos, sería un buen testimonio.

3) Organizar una visita a las casas-residencias sacerdotales que la diócesis tenga. Quizá estamos más acostumbrados a ese otro tipo de residencias más genéricas donde viven nuestros mayores, bien sean familiares o paisanos. Existen también casas-residencias donde los sacerdotes jubilados son atendidos en esta etapa dorada de sus vidas. Seguro que agradecen este tipo de detalles, máxime en este año.

4) Organizar una peregrinación al seminario diocesano. Es necesario que las comunidades cristianas conozcan de primera mano el lugar donde los jóvenes se forman para ser en un futuro sacerdotes. Los seminarios están capacitados para llevar acabo este tipo de acogidas de grupos, comunidades y parroquias que se acerquen al lugar signo de la vocación en la diócesis.
Se podrían declarar “a modo de templos jubilares” las capillas de los seminarios diocesanos e invitar a que los fieles peregrinen corporativamente a ellos, rogando por los sacerdotes y las vocaciones al sacerdocio.

5) En las celebraciones eucarísticas no debe faltar una petición por los sacerdotes y las vocaciones al sacerdocio en la oración de los fieles.

6) Revivir y extender la práctica de los “jueves eucarísticos” mediante la prolongación de la acción de gracias después de la comunión con la adoración del Santísimo Sacramento, expuesto en la custodia y se recite la oración aprobada para este año sacerdotal.

7) Resaltar y cuidar la celebración del jueves santo, “día eminentemente sacerdotal” También, poder participar de la Misa Crismal, uniéndose en oración a los sacerdotes que en ese día renuevan, junto con el Obispo diocesano, sus promesas sacerdotales.

8) Conocer a los candidatos que van a ordenarse en este año.

9) Programar actividades catequéticas y pastorales que ahonden en la figura del sacerdote por medio de talleres de lecturas (biografías de sacerdotes ejemplares y santos) o la práctica del cine forum (recomendamos la web http://www.cineyvocacion.org en donde hay una sección de Films relacionados con el Año Sacerdotal)

10) Con los diferentes movimientos familiares, de profundización en la fe, grupos y comunidades se puede reflexionar sobre el papel de los sacerdotes en su función de “consiliarios espirituales” y el servicio ministerial que prestan en su labor de acompañamiento y sostenimiento para que el grupo crezca humana y cristianamente.

viernes, 22 de enero de 2010

Mi vocación: el Carmelo


¡Alabado sea Jesucristo!
A través de este blog quiero compartirles mi experiencia de 3 meses en el Carmelo Descalzo y mi llamada a la vida religiosa.
Me llamo Daniella Martínez Buysse, tengo 17 años de edad.
A pesar de mi corta edad, el Señor muchas veces me ha manifestado mi Vocación al Carmelo Descalzo. Mi primero Colegio se llamó El Carmelo, a los 11 años de edad me vistieron de Carmelita en honor a Santa Teresita por su día, en esos momentos de mi vida comencé a sentir ese profundo deseo de ser Religiosa. También el año pasado fui a una Escuela de Animadores Misioneros (ESAM) en Valencia- Venezuela, nos hospedamos en una hacienda llamada Monte Sacro y en esa hacienda había un monasterio de Carmelitas. Ahí las vi por primera vez y me entro esa curiosidad por conocerlas mejor, hice muy buena amistad con ellas y me permitieron hacer un retiro de 6 días dentro del Monasterio, fue muy hermoso, entonces termine de enamorarme del Carmelo Descalzo. No me quede definitivamente porque debía viajar a Bucaramanga- Colombia, ya que estaba haciendo Discernimiento Vocacional con las Hermanas Misioneras de Santa Teresita; viaje a Bucaramanga y a los meses me di cuenta que mi vocación no estaba en ese lugar, y solo le pedía al Señor que me diera una pista o que me ayudara en lo que estaba pasando, y así fue, el Señor me ayudo, pues a los pocos días, las Hnas. Misioneras y yo íbamos a un retiro espiritual y sin yo esperarlo de mi Dios pasamos por un Monasterio Carmelita, en ese momento desee entrar ahí y ser Carmelita Descalza, es que el nombre del Carmelo Descalzo produce en mi un deseo inmenso de consagración a Dios.
A los pocos días hable con las Hnas. Misioneras, les pedí permiso para hacer una experiencia en el Carmelo y ellas muy generosas me dejaron hacer mi experiencia en el Carmelo como parte de mi Proceso de Discernimiento; ese mismo día llame a las Carmelitas y las fui a visitar, y lo mejor fue que en un mes estaba aceptada en el Carmelo, Ingrese un 18 de Junio, día en que se iniciaba el Año sacerdotal.
Cuando entre al Carmelo me costaba mucho el Silencio, ya que soy una persona muy conversadora y alegre, pero me atrae el Carmelo por su Fraternidad y vida de Oración. Por otro lado se me hizo muy fácil la integración en la comunidad, ya al cuarto día de mi ingreso del estaba bailando y cantando a las Hnas. Me gusta mucho la Música, sobretodo el cantarle a mi Señor, son dones que sin duda me gustaría colocarlos al servicio de la comunidad y de la Iglesia.
Siento que nací para carmelita; todo el ideal de este carisma enciende un fuego ardoroso en mi corazón.
Me encanta la Alegría de Sta. Teresita de los Andes, el Caminito de infancia de Sta. Teresita, el recogimiento interior de Sor Isabel, las Poesías del Santo Padre, y la fortaleza y la fe de la Sta. Madre.
El Carmelo es un foco de irradiación universal que expande en la oscuridad del mundo sus rayos de Fe, Esperanza y Caridad.
He sentido que las Carmelitas son la Raíz de la Iglesia, las que extraen la savia espiritual y luego la entregan generosamente al Cuerpo Místico. Somos, como quería la Sta. Madre Teresa de Jesús, un pequeño ejército que desde la humilde penumbra de nuestra clausura, reforzamos la iglesia militante, pedimos por la iglesia purgante y nos encontramos con la iglesia triunfante… Les suplico que me encomienden en sus oraciones para que el Señor me conceda la gracia de militar muy pronto en estas filas.
FRATERNALMENTE: Daniella

jueves, 21 de enero de 2010

La dirección espiritual

Levántate y vete, a Damasco, allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas. Hch 22,10
La dirección espiritual no es, en realidad, un paso más en el proceso de dis­cernimiento vocacional; es un recurso que puedes aprovechar en cada uno de los pasos.
El director espiritual te motivará a orar y a percibir los signos de la volun­tad de Dios; te indicará dónde obtener la información y te ayudará a reflexio­nar En el momento de la decisión se alejará de ti para que tú, frente a Jesús, li­bremente respondas a su llamada. Te ayudará a que te prepares conveniente­mente para ingresar en una casa de formación. Su oración y sacrificio por ti te alcanzarán del Espíritu Santo, la luz para descubrir tu vocación y la fuerza pa­ra seguirla.
Si bien es cierto que la vocación es una llamada de Dios que nadie puede es­cuchar por ti ni responder a ella en tu lugar, también es cierto que necesitas de alguien que te acompañe en tu discernimiento vocacional.
Es fácil hacerse ilusiones: podrías creer que es un llamado de Dios lo que tal vez sea sólo un deseo tuyo, o bien podrías pensar que no tienes vocación cuan­do en realidad Dios te está llamando. Dialoga con tu director espiritual para clarificar la autenticidad de tu vocación.
Jesucristo, después de habérsele aparecido a Pablo en el camino de Damas­co, le dijo que fuera con Ananías y que éste le indicaría cuál era la voluntad de Dios. Aunque Cristo hubiera podido decirle a Pablo lo que quería de él, quiso valerse de Ananías para hacerle descubrir su vocación (cf Hch 22, 10-15).
En el discernimiento del proyecto de Dios sobre ti no puedes prescindir de la mediación de la Iglesia.
Descubrir tu vocación no es fácil, pero tampoco es imposible Si con since­ridad te pones a buscar la voluntad de Dios y realizas los pasos que aquí te su­giero, creo que podrás encontrarla.
De muchas maneras Dios te está revelando la manera como quiere que co­labores en la instauración de su reino. El es el más interesado en que tú descu­bras y realices tu vocación. Por eso haz oración, dialoga con tu director espiri­tual, percibe, infórmate, reflexiona, decídete y actúa.

martes, 19 de enero de 2010

Oración de la entrega total


Te entrego, Señor, mi vida; hazla fecunda.
Te entrego, Señor, mi voluntad; hazla idéntica a la tuya.
Toma mis manos; hazlas acogedoras.
Toma mi corazón; hazlo ardiente.
Toma mis pies; hazlos incansables.
Toma mis ojos; hazlos transparentes.
Toma mis horas grises; hazlas novedad.
Toma mi niñez; hazla sencilla.
Toma mis cansancios; hazlos tuyos.
Toma mis veredas; hazlas tu camino.
Toma mis mentiras; hazlas verdad.
Toma mis muertes; hazlas vida.
Toma mi pobreza; hazla tu riqueza.
Toma mi obediencia; hazla tu gozo.
Toma mi nada; hazla lo que quieras.
Toma mi familia hazla tuya.
Toma mis amigos; hazlos tuyos.
Toma mis pecados, mis faltas de amor,
mis permanentes desilusiones. Transfórmalo todo.
Toma mis cruces y déjame volar.
Toma mis flores marchitas y déjame ser libre.
Hazme nuevo en la donación, alegría en la entrega,
gozo desbordante al dar la vida, al gastarme en tu servicio.

lunes, 11 de enero de 2010

GASTAR LA VIDA



Jesucristo ha dicho: “Quién quiera economizar su vida, la perderá;
y quién la gaste por Mí, la recobrará en la vida eterna”.

Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida, entregarla sin reservas.
Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo,
y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida.

Tenemos seguros por todas partes para evitar los riesgos.
Y sobre todo está la cobardía...

Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida.
Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla;
no se la puede economizar en estéril egoísmo.

Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen;
hacer un favor al que no lo va a devolver;
gastar la vida es lanzarse aun al fracaso, si hace falta,
sin falsas prudencias; es quemar las naves en bien del prójimo.

Somos antorchas que sólo tenemos sentido cuando nos quemamos;
sólo entonces seremos luz.

Líbranos de la prudencia cobarde,
la que nos hace evitar el sacrificio y buscar la seguridad.

Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos y falsa teatralidad.
La vida se da sencillamente, sin publicidad,
como el agua de la vertiente, como la madre da cl pecho a su bebé,
como el sudor humilde del sembrador.

Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible,
porque detrás de lo imposible está tu gracia y tu presencia;
no podemos caer en el vacío.

El futuro es un enigma,
nuestro camino se interna en la niebla;
pero queremos seguir dándonos,
porque Tú estás esperando en la noche,
con mil ojos humanos rebosando lágrimas.

Lucho Espinal

lunes, 4 de enero de 2010

Vocación y vocaciones, profesión, matrimonio...




Muchas veces surgen preguntas comunes acerca de la vocación. Preparando un retiro para unas religiosas contemplativas, he tenido oportunidad de releer estos textos de la clásica obra del P. Severino María Alonso, cmf "La vida consagrada. Síntesis teológica":

La palabra "vocación" es una de las palabras más gastadas, más en uso y abuso en nuestro vocabulario habitual. Hay que devolverle su sentido primero, original. Vocación quiere decir llamada. Y llamada de Dios. Y dice siempre relación directa inmediata a la salvación sobrenatural.
Vocación cristianaLa llamada de Dios a la existencia no puede definirse, estrictamente hablando, como vocación. Dios no llama tampoco, propiamente, a ninguna tarea humana y temporal. Sólo en sentido amplio puede hablarse de vocación a desempeñar una misión en el orden temporal.
Dios llama a la salvación sobrenatural y llama a trabajar por la salvación sobrenatural de los demás. Dios llama al hombre –a todo hombre- a la amistad y la filiación divinas. Esta es la vocación más fundamental, base de toda ulterior vocación. El hombre, históricamente, no ha tenido nunca otra vocación. Ha sido pensado y elegido en Cristo para ser amigo y para ser hijo de Dios. Y, como es claro, en un orden sobrenatural, de gracia. "La vocación última del hombre –dice el Concilio_ en realidad es una sola, es decir, divina" (GS 22). "La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios" (GS 19).
Pero Dios llama al hombre en una comunidad de salvación y desde una comunidad de salvación, que se llama Iglesia. Por eso, la vocación cristiana es vocación en Cristo y vocación en la Iglesia.
La llamada es personal y se dirige a la persona. La vocación tiene una estructura de diálogo. Hay quien llama, quien escucha y quien responde.
Esta vocación a la amistad y a la filiación divinas sólo nos llega y se realiza en Cristo y en su Iglesia. Esta es la vocación cristiana, común a todos los hombres, que es la vocación más fundamental de todas. Sólo desde aquí tienen sentido y pueden entenderse las llamadas "vocaciones de consagración" –aunque esta denominación no nos convence del todo. El Concilio habla de vocación sagrada y de vocación divina.
Esta vocación es una elección de Dios libre y gratuita. Excluye, por lo mismo, toda idea de mérito. Y su raíz última es el amor.

Sentido bíblicoLo primero que resalta en la vocación divina es la iniciativa de Dios, lo mismo que en la Alianza, la iniciativa es exclusivamente suya. La llamada es libre y gratuita. El diálogo lo abre siempre Dios. Y aquí descubrimos el carácter absolutamente original del seguimiento de Cristo: no espera a que vengan a él sus discípulos; los llama. Y un día podrá decirles a todos: "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros" (Jn 15,16).
La vocación, antes de ser una respuesta del hombre y para poder ser respuesta del hombre, es llamada de Dios. Ya hemos dicho que la estructura de la vocación es una estructura de diálogo. Hay quien llama, quien escucha y quien responde. Y esta respuesta se da sólo en la fe, que es también diálogo.
Dios llama. Y llama objetivamente. A través de los acontecimientos y a través de los dones –de naturaleza y de gracia- concedidos a la persona. Y así habla Dios.
Y en Dios llamar es dar la posibilidad de responder, es crear en el llamado una real capacidad de respuesta. No es simple llamada exterior o interior. Es un don objetivo. Algo de esto quiere decir esa expresión, tan oída, de que Dios da siempre las gracias necesarias para desempeñar dignamente la misión que confía a una persona.

Vocación y profesiones humanas
En sentido estricto no puede llamarse vocación a los diversos estados, condiciones o situaciones sociales en que puede encontrarse un cristiano. Hemos abusado mucho del término vocación. Dios, propiamente, no llama a desempeñar una tarea simplemente humana o natural. Las tareas y oficios temporales no son, en el sentido bíblico del término, vocación. Sólo en un sentido amplio y poco riguroso del término podría llamarse así. En cuanto que es Dios quien ha concedido a la persona los dones naturales y las aptitudes que posee y que la disponen o predisponen para el desempeño de una determinada actividad humana.
Cada cristiano tiene que vivir y realizar la vocación divina en medio de sus quehaceres humanos, no al margen de ellos. Pero esos quehaceres humanos no son, propiamente, vocación. Dios no llama a nadie a desempeñar una profesión humana y temporal. Tampoco impone ninguna verdadera obligación de aceptar esta o aquella forma de trabajo. Las profesiones humanas no implican, en este sentido, verdadera obligatoriedad moral. Nadie está obligado a desempeñar esta o aquella, Dios nos ha dejado absoluta libertad. Y el hombre puede libremente elegir. Donde no existe obligación de responder, tampoco existe llamada, la vocación lleva siempre consigo una verdadera obligatoriedad. Si Dios llama, es para que se le responda.
El matrimonio tampoco es, propiamente hablando una vocación divina; aunque de todos los estados simplemente humanos, es el que más se acerca, en su contenido, al sentido propio de vocación. Sobre todo si tenemos en cuenta que es un "sacramento", signo de una realidad sobrenatural.
Toda persona humana, física y psíquicamente normal, está destinada al matrimonio. Es una ley universal de la creación. Está destinada a poseer la vida en plenitud y, después a poder transmitirla, en el ámbito querido por Dios. Para seguir esta ley no se necesita una ulterior llamada de Dios, una vocación propiamente dicha. Basta la ley impresa en la misma naturaleza. Por eso, tampoco implica de suyo una obligatoriedad especial. No hay una llamada individual –una vocación. No tiene por qué haber tampoco una respuesta individual. Nadie está obligado personalmente, en virtud de esta ley universal que afecta más a la naturaleza humana que a cada persona en particular, a seguir el camino del matrimonio. Y donde no hay obligatoriedad, tampoco hay propiamente vocación divina, llamada de Dios.
Para vivir otro género de vida, que implica necesariamente una renuncia a este camino normal y a la ley natural de la creación, se precisa una vocación especial.
El matrimonio es una manera normal, ordinaria (LG 31) de vivir la vocación cristiana. Pero, en sí mismo, no implica una vocación especial.
La llamada a la virginidad consagrada no implica, ni mucho menos, deprecio del matrimonio y ni siquiera falta de atractivo humano y espiritual por él, como tampoco –claro está- incapacidad física o moral para fundar un hogar, vivir una vida de familia, tener unos hijos o saberlos educar. La persona llamada por Dios a vivir la virginidad sería de suyo, la más apta también para el matrimonio.

Vocación religiosa y sacerdotalTanto para el sacerdocio como para la vida religiosa se necesita una llamada positiva de Dios, una verdadera vocación, en el sentido más estricto de la palabra. Y es necesaria también una llamada de la Iglesia, la llamada de Dios y la respuesta del hombre son –básicamente- los dos elementos de la vocación cristiana y, en definitiva, de toda verdadera vocación sobrenatural.
Pero cuando una vocación tiene un marcado sentido social y un quehacer específico en la Iglesia, hay un tercer elemento, que es el reconocimiento, la aprobación y la llamada de Iglesia. Es decir, la llamada interior y divina se hace llamada exterior, eclesial.
Dios llama objetivamente, como hemos dicho. A través de los acontecimiento; a través de los dones y cualidades, de naturaleza y de gracia, concedidos a la persona. Estas cualidades objetivas son perfectamente constatables. Podríamos hablar de vocación objetiva. No hablamos de inclinación o de gusto o de sentimiento como elementos decisivos y constitutivos de la vocación divina, porque no lo son.
También hemos dicho que en Dios "llamar" es dar una posibilidad real de respuesta, es crear en el llamado una capacidad de responder, o sea, un conjunto de dones y de gracias que le hacen apto para ese nuevo estilo de vida a que Dios le llama.
Para saber si existe o no vocación religiosa o sacerdotal, habrá que examinar fundamentalmente estas dos cosas: la realidad de las aptitudes físicas, psicológicas, intelectuales y morales –lo que llamamos idoneidad- y el valor evangélico de las motivaciones –lo que se ha llamado la rectitud de intención.
Y habrá que tener en cuenta el sentido y el alcance de la llamada eclesiástica, ya que la vocación sacerdotal y religiosa implican esencialmente la llamada de la Iglesia.
Ambos elementos, el divino y el eclesiástico, pertenecen a la esencia misma de la vocación, de manera que si falta uno de ellos, la vocación no existe. La llamada de la Iglesia entra en la misma llamada de Dios, como parte integrante de ella.

viernes, 1 de enero de 2010

Feliz Año 2010


Gracias señor por todo cuanto me diste en el año que termina.
Gracias por los días de sol y los nublados tristes por las tardes tranquilas y las noches oscuras.
Gracias por lo que nos prestaste y luego nos pediste.
Gracias señor por la sonrisa amable y por la mano amiga, por el amor y todo lo hermoso, por todo lo dulce, por las flores y las estrellas, por la existencia de los niños y de las personas buenas.
Gracias por la soledad y por el trabajo, por las inquietudes y las dificultades, por las lágrimas, por todo lo que nos acerco a ti.
Gracias por habernos conservado la vida, por habernos dado techo, abrigo y sustento.
¿Que nos traerá el año que comienza?
Lo que quiera Señor pero te pedimos:

FE para mirarte en todo.
ESPERANZA para no desfallecer.
CARIDAD para amarte cada vez mas y hacerte amar por los que nos rodean.
Dadnos paciencia, humildad, desprendimiento y generosidad.
Dadnos Señor lo que Tu sabes que nos conviene y no sabemos pedir.
Que tengamos un corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activos y que nos hallemos siempre dispuestos a hacer tu voluntad.
Derrama Señor tu gracia sobre todos los que amamos y concede tu paz al mundo entero.

Así sea....

domingo, 27 de diciembre de 2009

Noche de Paz

El villancico "Noche de Paz" cantado por las jóvenes hermanas agustinas de la Comunidad de la Conversión de Becerril de Campos (Palencia, España).

¡FELIZ NAVIDAD A TOD@S DESDE ESTE BLOG VOCACIONAL "CRISTO TE LLAMA"!

sábado, 26 de diciembre de 2009

Romance del Nacimiento.


Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer había,
así como desposado
de su tálamo salía,

abrazado con su esposa,
que en sus brazos la traía,
al cual la graciosa Madre
en su pesebre ponía,

entre unos animales
que a la sazón allí había,
los hombres decían cantares,
los ángeles melodía,

festejando el desposorio
que entre tales dos había,
pero Dios en el pesebre
allí lloraba y gemía,

que eran joyas que la esposa
al desposorio traía,
y la Madre estaba en pasmo
de que tal trueque veía:

el llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro
tan ajeno ser solía.


Autor: San Juan de la Cruz

martes, 22 de diciembre de 2009

Mi vida es un pequeño milagro...


El primer paso

Todo es gracia. Mi vida ha sido un pequeño milagro. Descubrí por pura gracia a Quien me creó, me amó y me pidió que me entregara a Él de una forma muy especial. Digo que le descubrí porque se puede “creer” en Dios, pero no haber vivido una “experiencia” de Dios. Se descubre al Dios vivo cuando se experimenta su amor.

A los 17 años vivía yo en Puerto Rico, pues mi familia es de allí, aunque yo nací en La Coruña. A esta edad fue cuando tuve esa fuerte experiencia de Dios que cambió mi vida. Yo creía en Él, pero no le conocía.

Ocurrió en una Pascua juvenil, cuando estaba rodeada de jóvenes que cantábamos juntos. Es algo que no se puede describir. Sólo puedo decir que sentí que Dios pasaba por mi alma y me decía “TE AMO”.

A partir de entonces, Dios pasó a ser el primero en mi vida. Este se podría decir que fue “el primer paso”, pues no sentí la vocación a la vida contemplativa entonces.

María me ayudó

Me interesé mucho por la lectura espiritual y acudía asiduamente a la iglesia. María, nuestra Madre fue quien me ayudó a dar los primeros pasos. Sentí fuertemente su amor y su cercanía. Deseaba ser su esclava y sabía que entregándome a Ella me entregaba y agradaba a Jesús.

Poco tiempo después, vine a vivir a España y entonces sentí la llamada a entregarme más radicalmente al Señor. Ante su Amor mi alma deseaba entregarse sin reservas.

En nuestro tiempo muchas personas se resisten a la llamada de Dios. En mí no fue así, en un primer momento. Yo quería entregarme, concretamente en las misiones. Pero mi juventud y mi carácter impulsivo no me daban la razonable prudencia, y esto lo veían las religiosas con las que llegué a hablar, que me animaban a sopesar más mis motivaciones.

El rival

Entonces apareció un rival, un chico del que me enamoré y dejé a un lado ese Amor fiel que me quería totalmente para él, para entregarme a uno vano y muy limitado. No podía resistirme a tener experiencias nuevas para mí, como la de tener un novio. Este chico no era creyente y me alejé de Dios.

En esta situación ni alma no tenía paz ni libertad y vivía esclava de mis pasiones, aunque seguía añorando ese Amor único y eterno de Dios al que sentía que traicionaba.

Después de pasar tiempo en aquella situación, mi añoranza de Dios tomó formas concretas y empecé de nuevo a asistir a la Eucaristía y a confesarme. Decidí ponerlo todo en manos de Dios sabiendo que Él actuaría. Y así fue.

Él siguió llamándome

Fue Él quien quitó ese falso amor que obstaculizaba nuestra unión y después de un dolor que purificó mi alma, volvió la paz a mi vida por la amistad con Dios.

Entonces me di cuenta de que toda mi vida debía ordenarla cara a Dios, incluyendo las amistades que encontré en la parroquia. Esta amistad nos hacía no sólo compartir las sanas diversiones, sino también la fe.

En el mundo de hoy es muy importante para los cristianos estar unidos, formando comunidad y mantener viva nuestra fe; pues hoy más que nunca, los valores del mundo no son los valores de Dios.

Como Dios es fiel y nos da sus dones a pesar de nuestra indignidad e infidelidad, siguió llamándome…

Esta vez fui descubriendo que deseaba entregarme en una vida más íntima y escondida. Quería entregarme en una vida de oración oculta y dedicarme exclusivamente a Él. Y pensé en la vida contemplativa.

El descubrimiento del Carmelo

Fue entonces cuando descubrí el Carmelo y conocí a las Monjas Carmelitas. Después de unos meses en los que nos fuimos conociendo, pude entrar a hacer una experiencia de varios días. A través de luces y sombras fui descubriendo que ésa era la vida a la que Dios me llamaba y unos meses más tarde entré definitivamente en este Monasterio de Ntra. Sra. de las Maravillas de Madrid.

Puedo decir que me hallo plenamente realizada y verdaderamente feliz por haberme entregado al Señor en este carisma concreto, inspirado en las figuras de María y Elías que nos enseñan a vivir en la presencia de Dios y acoger su palabra para hacerla fecunda en nuestra vida.

La vida de la carmelita es una vida consagrada a la oración y viviendo en clausura descubrimos la libertad que da el poder vivir dedicadas exclusivamente a la alabanza divina, en esa continua presencia amorosa tan deseada, que es la del Dios Vivo.

Dios da sus dones y carismas a cada uno según su fe y espero que a todos aquellos a los que Dios llama a un seguimiento más de cerca, puedan descubrir la verdadera felicidad de entregarse a Él, pues como dijo Juan Pablo II y ahora reitera el Santo Padre Benedicto XVI, no debemos tener miedo de darnos a Jesucristo: Él no quita nada sino que lo da todo.

Hna. Mª Brunilda de la Stma. Trinidad O.Carm.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Si quieres seguir tu vocación recuerda que...



  • Quieres entregarte por completo a Dios; desde ahora no te pertenecen tus ilusiones, tu vida, tus proyectos, el amor, la compañía, el honor, el dinero, la fama... Siempre que los persigas estarás apartándote de la Llamada.

  • La vocación, la llamada de Dios no se pierde, pero puedes dejar de oirla si no permeneces fiel diariamente a tu entrega total, a los propósitos que te marcas por encima de las dificultades.

  • Las dificultades, miedos y sufrimientos son inherentes a la vocación. De ahora en adelante cuenta con ellos, vendrán momentos de aburrimiento, de soledad, de dudas, incomprensiones de quienes te rodean... Pero la recompensa merece el esfuerzo del camino

  • La perfección no es de este mundo y lo que importa es tu esfuerzo cotidiano de superación, no los frutos.

  • El desánimo es la tentación de abandonar lo grande. No te desanimes si te sientes incapaz de salvar al mundo, de ser lo suficientemente generoso. No te desanimes si ves a tu alrededor la dejadez de algunos consagrados, cuando te encuentres sólo en tu ideal, cuando veas la indiferencia de los que deberían ser mejores.

  • Sin una vida constante de oración, sin la amistad con Dios, pronto estarás más cerca del "suelo" que del "cielo" y no merecerá la pena tu sacrificio de hoy.

  • Una tentación constante en tu vida va a ser la de recuperar aquello que hoy dejas. La renuncia ha de ser gozosa y libre, no amarga y resignada.

  • Y recuerda diariamente que la felicidad en la vocación depende directamente de la radicalidad en la entrega. Dios jamás defrauda a quien pone "toda la carne en el asador" por la construcción de su Reino.

martes, 1 de diciembre de 2009

CARTA A UNA JOVEN

Mi querida amiga: Paz y Bien
Aunque no te conozco, desde el momento que comienzas a leer esta carta, ya me siento tu verdadera amiga, pues veo que te interesa algo que en realidad es para ti. Pues eres joven, estás en una edad en la que te sonríe la vida y conviene que la orientes lo mejor posible para que tu futuro pueda ser feliz, pues si aciertas ahora con el camino que Dios tiene preparado para ti, no hay duda de que tu felicidad será segura.
No te debe causar ningún temor el poder entregar tu vida a Jesucristo, y quedar ligada a Él para siempre, pues te aseguro que no hay propuesta humana que pueda compararse con esta suerte. Este es sin duda el ideal mejor, pero es posible que al no conocerlo se tenga miedo ante sus exigencias. Sin embargo, el Papa dijo a los jóvenes: "¡No tengáis miedo a Cristo! Abríos de par en par a Él. No os va a quitar nada, os dará mucho..."
Te cuento ahora el testimonio de una santa: Santa Clara se regocijó muchísimo cuando la princesa de Bohemia, Inés de Praga (hoy ya santa), dejó todo, hasta la boda con el emperador Federico, a quien estaba prometida, por unirse a Jesucristo "el Esposo del más noble linaje, cuyo poder es más fuerte, su aspecto más hermoso, y cuyo amor no se puede expresar, pues colma los deseos del corazón con su dulzura infinita. Es el supremo Rey de los Cielos". Por todo esto Santa Clara en varias cartas que la escribe, se congratula con ella expresándole su enhorabuena más cordial, y es que a la misma Santa Clara se la llama "mujer nueva" que se enamoró de Jesús de tal suerte que dejó todo, su porvenir brillante de joven noble y adinerada, y se hizo pobre para adquirir la mayor riqueza, el mayor tesoro, la perla más preciosa, que fue el mismo "Cristo pobre y crucificado". Y así fue tan feliz que atrajo en pos de sí muchas jóvenes de su tiempo, siendo su hermana dos años menor, la primera en seguirla.
Pero yo podría decirte ahora que esta propuesta se puede hacer aún, pues muchas chicas de hoy han seguido y siguen a Cristo en este camino. Santa Clara, que fue la que supo poner en femenino el ideal franciscano, asumió una espiritualidad cristocéntrica y esponsal, siendo la fundadora de la II Orden Franciscana llamada de las Clarisas.
¡Ser esposa de Jesucristo es lo más grande que puede ser una mujer en este mundo! Por eso no es extraño que la sensibilidad actual de mucha juventud se siga inclimando por este carisma.
Puedo decirte por experiencia, que cada una de las personas que se han consagrado a Dios en nuestros conventos o monasterios, tienen sin duda su historia de amor. Todas hemos sido llamadas por el Señor para ser suyas, y hemos experimentado la emoción que produce esa llamada sintiéndonos indignas de algo tan grande como es ser esposa de Jesucristo.
En efecto, Jesucristo es el que ha polarizado todo nuestro amor. Él es el centro y la razón de nuestra vida; vivimos para Él, para adorarle, alabarle, escucharle, amarle con todo nuestro corazón, interceder por todos los hombres ante Él, y permanecer en una acción de gracias continua para su gloria. Él es nuestra felicidad y nuestra paz; Él es nuestra alegría y nuestro cielo. Por eso, siempre con su cercanía en el Sagrario y viviendo bajo el mismo techo nos sentimos dichosas y no echamos de menos nada de la tierra. Tenemos además en nuestro camino brillando siempre la Estrella de la Virgen, nuestra Madre e intercesora.
Tenemos largos tiempos de oración, de trabajo, de recreación, teniendo siempre presente lo que Santa Clara nos dice en su Regla: que no apaguemos nunca el espíritu de oración y devoción al cual todas las cosas temporales deben servir.
No existe ningún proyecto de vida de mayor plenitud que este servicio total a Jesucristo y a su Reino.
Joven amiga, te invito a que lo pienses en la presencia de Jesus Sacramentado. Quizá el Señor te invite a ponerte en contacto con nosotras, cosa que nos alegraría para conocerte mejor.
Un abrazo.
Hermanas Pobres de Santa Clara de León
crecerenvocacion@gmail.com

Oración de disponibilidad del joven


Señor, estoy hecho un lío.
Descubro que en mi vida
hay muchas posibilidades y caminos.
No sé por donde ir, ¿cuál es mi camino?
¿cómo saber si acierto en la elección?

Señor, ¿qué me dices en estos momentos?
¿dónde encontrar tu palabra que me habla?

Señor, enséñame
a descubrir las necesidades que tienen
los hombre y mujeres de nuestro mundo
y a cuál de ellas debo responder.

Señor,
dame valor para hacerlo,
sin importarme que puedan decir los demás.
Siempre quiero que mis cualidades tengan utilidad,
pero ¿cuál es el camino?

Señor, me fío de tu palabra,
que se haga en mí según tu voluntad.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Frases del Santo Cura de Ars

La búsqueda.


Cada búsqueda y cada recorrido vocacional es original. La iniciativa de Dios y la libertad humana se entremezclan de muchas maneras para formar un tejido único aunque variado en sus formas. Sin embargo, es posible distinguir unos puntos comunes que se repiten en toda historia vocacional en la primera etapa de búsqueda.

• Comienzos

• Primeras dificultades
• Nueva afirmación

Cada uno de estos tres hitos adquieren una pluralidad de formas. Es necesario que sepamos, si acabamos de ponernos en marcha, en qué situación estamos del proceso para poder construir nuestro camino vocacional. Si llevamos un largo camino ya recorrido no vendrá mal repasar nuestros orígenes y comprender a nuestros hermanos que comienzan a andar.

1.- COMIENZOS: (Por qué no) El que comienza un camino es porque oyó una pregunta más o menos clara: ¿Por qué no comprometerse? ¿Por qué no llegar a ser religiosa o sacerdote? Y surge una pregunta que es una respuesta aunque todavía no muy clara que habrá que clarificar y profundizar. ¿POR QUE NO?

Siempre hay un punto de partida: la llamada tienen una cara, un día, una canción, un momento especial, una oración, una amistad, una soledad, una experiencia fuerte...

Es bueno que repasemos nuestra historia vocacional o si estamos en las primeras etapas analicemos las personas que han influido en el descubrimiento e inicio de nuestra vocación y las personas que siguen influyendo y sosteniendo nuestra decisión. No son casualidades, la aparición de ciertas personas o de determinadas experiencias en nuestra vida. Para Dios no existen casualidades. Son detalles de todo un plan amoroso de Dios para cada uno de nosotros. (Jn. 1, 40-42). Mira hacia atrás y descubre los cruces de personas y circunstancias en tu vida donde encontraste a Jesús, y da gracias a Dios por ello.

2.- DIFICULTAD: (Por qué yo)
En la primera etapa de esta búsqueda se fijaba uno en Dios que llama, para descubrir los signos de su voluntad. En esta segunda etapa, la persona se mide a sí misma con la misión que Dios le encomienda. Y lógicamente, la misión de Dios es más grande que nuestras posibilidades, y se origina el desánimo. Después de los entusiasmos iniciales, llegan las dificultades.

Cara a cara nos enfrentamos con nuestra realidad. A veces exageramos nuestras limitaciones y otras veces las inventamos. Temas como la oración, la fe, la madurez afectiva, el compromiso les analizamos desde las dificultades, desde la renuncia. La vocación la convertimos en una ilusión, en una autosugestión y de la madurez afectiva sólo vemos impulsos sexuales no orientados, vacío y soledad... El tiempo de oración es un tiempo desabrido, no se ve su “utilidad”, De las personas e instituciones sólo vemos los defectos. La crítica ácida hace su aparición en nuestros juicios y valoraciones.

Todo esto engendra una reacción ¿Por qué yo? Y nos defendemos con falsas justificaciones: “Tal persona es mejor que yo”; “esta vocación no es para mí”; “mejor, no correr riesgos de equivocarse”, “quién me garantiza que no voy a fallar...”
Es el momento de la elección como negación. Tus ojos se fijan en lo que dejas, en lo que pierdes. La decisión se ve como un corte. ¡Te arrancan algo!
Es el tiempo de la crisis. Lo puede ver también en numerosos casos de vocaciones bíblicas.

Lee: Ex. 3, 11 ¿Quién soy yo...?

Ex. 4, 10 Por favor, Señor, yo no he sido nunca...
1 Re 19, 4 Basta, Ya, Señor, toma mi vida...


Sin embargo la noche nunca es totalmente oscura. Tiempo difícil, tiempo de lucha interior; pero allí está Jesús.


En esta etapa y ante esta situación, ¿qué hacer? Toma una actitud positiva y de confianza, vive la elección como afirmación, viendo, no lo que dejas, sino lo que adquieres; asume las responsabilidades personales. Las dificultades manifiestan tu ser: Tus consistencias y tus inconsistencias te ayudarán a entrar en ti y a reanudar el diálogo con Dios... Vive intensamente el momento presente. A la pregunta pero ¿Por qué yo?, responde ¿Por qué yo no?


3.- AFIRMACIÓN: Sí, te seguiré. Después de la duda viene la decisión generosa para seguir a Cristo. La presencia de Dios en nuestra vida, es más fuerte que nuestras limitaciones y nuestras incertidumbres. Cristo se presenta como una gran posibilidad, como un proyecto de vida que llena nuestras expectativas.

Descubrimos que elegir a Cristo no es calcular, no es perder, es vivir con plenitud, es ganar. Más que nuestras sombras, vemos la luz que emerge en nuestra vida poco a poco. Quizá no existen evidencias externas que eliminen el riesgo, pero hay siempre una gran fe y un abandono en las manos de Dios que no defrauda y no traiciona y que nos permite decir: Sí, te seguiré.


PREGÚNTATE:


-De los tres momentos de la búsqueda ¿Dónde te encuentras ahora?
-¿Qué ha cambiado en ti?
-Descubre las elecciones que ya has hecho ¿Qué ha pasado en ti?

-Analiza tu vida de oración ¿Jesús está creciendo en ti como centro y modelo único de tu vida?

lunes, 23 de noviembre de 2009

Gastar la vida.


Jesucristo ha dicho: “Quién quiera economizar su vida, la perderá;

y quién la gaste por Mí, la recobrará en la vida eterna”.


Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida, entregarla sin reservas.

Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo,

y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida.


Tenemos seguros por todas partes para evitar los riesgos.

Y sobre todo está la cobardía...


Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida.

Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla;

no se la puede economizar en estéril egoísmo.


Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen;

hacer un favor al que no lo va a devolver;

gastar la vida es lanzarse aun al fracaso, si hace falta,

sin falsas prudencias; es quemar las naves en bien del prójimo.


Somos antorchas que sólo tenemos sentido cuando nos quemamos;

sólo entonces seremos luz.

Líbranos de la prudencia cobarde,

la que nos hace evitar el sacrificio y buscar la seguridad.


Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos y falsa teatralidad.

La vida se da sencillamente, sin publicidad,

como el agua de la vertiente, como la madre da cl pecho a su bebé,

como el sudor humilde del sembrador.


Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible,

porque detrás de lo imposible está tu gracia y tu presencia;

no podemos caer en el vacío.


El futuro es un enigma,

nuestro camino se interna en la niebla;

pero queremos seguir dándonos,

porque Tú estás esperando en la noche,

con mil ojos humanos rebosando lágrimas.






miércoles, 18 de noviembre de 2009

Decálogo Vocacional

Este decálogo te será un instrumento de primer orden para que lo utilices bien. Son pistas o indicios sencillos que te ayudarán a confirmar tu decisión vocacional. Es importante que al terminar la Convivencia Vocacional te vayas con el convencimiento de que tu elección está suficientemente fundamentada.
No todos los criterios que se indican deben darse a la vez en ti. Tampoco es necesario que se den con mucha intensidad. Basta con que sientas que “algo así” te está ocurriendo. Además, en el diálogo con tu acompañante te ayudará clarificar los posibles subjetivismos. Ahí van:

  • No necesitas una evidencia o una seguridad total. Para este momento de la decisión no la precisas. Con tener una conciencia recta y bien informada, no necesitas más de un 51% de razones para decidirte.
  • Los ejercicios de búsqueda vocacional hechos hasta ahora te llevan, en general, a iguales o parecidas conclusiones.
  • A medida que te clarificas vas encontrando paz interior, libertad, gozo, ser tú mismo... Al decidir no te mueve ni la angustia, ni el agobio, ni tampoco la euforia que suele ser muy mentirosa.
  • Has elegido las “preferencias de Jesús” y te sientes agradecido y humilde.
  • Has entendido que tu decisión centra y orienta tu vida y te ayuda a entender tu pasado y tu presente como una historia conducida desde siempre por el Señor, tu Dios.
  • Tu decisión vocacional se apoya no tanto en tus propias fuerzas, sino en la bondad y en la fidelidad del Señor contigo. Y eres muy realista; no caes en autosuficiencias ni pesimismos.
  • Tienes claro qué debes hacer ahora, dónde ir y quién te debe seguir ayudando. Ello no quiere decir que lo tengas todo absolutamente clarito y controlado.
  • Al tomar la decisión te apoyas en Dios. Y cuentas también con la ayuda de María. Te sientes en paz y en libertad. No dependes de tener éxito, de sentirte cómodo, de triunfar.... Sólo Dios es tu roca. Lo demás son arenas movedizas.
  • Cuando piensas en un posible fracaso futuro, en una equivocación, en una pérdida de años preciosos... no pierdes ni la paz ni la confianza en el Señor, tu Dios.
  • Y todo esto, sin hacer “espectáculos”, desde la sencillez y la humildad, sin autosuficiencias, sin tocar trompetas ni hacer llamadas de atención. Lo haces en silencio y en fe, como María.

lunes, 9 de noviembre de 2009

María, madre y modelo de cada vocación


Existe una criatura en la que el diálogo entre la libertad de Dios y la libertad del hombre se realiza de modo perfecto, de manera que las dos libertades puedan actuar realizando plenamente el proyecto vocacional; una criatura que nos ha sido dada para que en ella podamos contemplar un perfecto designio vocacional, el que debería cumplirse en cada uno de nosotros.

¡Es María, la imagen salida del designio de Dios sobre la criatura! Es, en efecto, criatura como nosotros, pequeño fragmento en el que Dios ha podido verter todo su amor divino; esperanza que nos ha sido dada para que mirándola, podamos también nosotros aceptar la Palabra a fin de que se cumpla en nosotros.

María es la mujer en la que la Santísima Trinidad puede manifestar plenamente su libertad electiva. Como dice San Bernardo comentando el mensaje del ángel Gabriel en la anunciación: « Esta no es una Virgen encontrada en el último momento, ni por casualidad, sino que fue elegida antes de los siglos; el Altísimo la predestinó y se la preparó ».(52) Y San Agustín ya había escrito mucho antes: « Antes que el Verbo naciese de la Virgen, El ya la había predestinado como su madre ».(53)

María es la imagen de la elección divina de toda criatura, elección hecha desde la eternidad y totalmente libre, misteriosa y amante. Elección que, normalmente, va más allá de lo que la criatura puede desear para sí: que le pide lo imposible y le exige sólo una cosa: el valor de fiarse.

Pero la Virgen María es también modelo de la libertad humana en la respuesta a esta elección. Ella es la muestra de lo que Dios puede hacer cuando encuentra una criatura libre de acoger su propuesta. Libre de pronunciar su « sí », libre de encaminarse por la larga peregrinación de la fe, que será también la peregrinación de su vocación de mujer llamada a ser Madre del Salvador y Madre de la Iglesia. Aquel largo viaje se concluirá a los pies de la cruz, con un « sí » todavía más misterioso y doloroso que la hará ser plenamente madre; y, después, también en el cenáculo, donde engendra y sigue todavía hoy engendrando, con el Espíritu, la Iglesia y cada vocación.

María, en fin, es la imagen perfectamente realizada de la « mujer », perfecta síntesis del alma femenina y de la creatividad del Espíritu, que en Ella encuentra y escoge la esposa, virgen madre de Dios y del hombre, hija del Altísimo y madre de todo viviente. ¡En Ella cada mujer encuentra su vocación de virgen, de esposa, de madre!

+Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiásticas.

La vida monástica, oportunidad para la Iglesia



Históricamente la vida monástica ha sido la primera por lo tanto sigue siendo aun hoy la matriz de todas las demás formas de vida religiosa; y precisamente, por su mayor radicalismo, debe estimular las otras formas de vida religiosa.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Medios al servicio de la Evangelización

La Celebración ya próxima de la Jornada de la Iglesia Diocesana, el domingo 15 de noviembre, está precedida de una amplia campaña publicitaria en prensa radio y TV que, con el lema "Por Tantos", pretende dar a conocer las acciones que la Iglesia católica española realiza en favor de toda la sociedad. Para ello, va mostrando el testimonio de diversos voluntarios católicos que, motivados por su fe, realizan trabajos altruistas sirviendo a los más desfavorecidos.
No faltará quien opine que este tipo de campañas publicitarias son innecesarias, que mejor estaría empleado en otras cosas el dinero que cuesta cada cuña de radio, cada anuncio en un periódico, cada minuto de televisión. Después de todo, dirán, la Iglesia existe desde hace ya más de 2000 años y no ha necesitado nunca usar los medios para anunciarse como una firma más.
Quizá en el pasado no fue necesario, pero no podemos obviar que vivimos en el tercer milenio, en un mundo radicalmente nuevo, en el que los medios de comunicación social son creadores decisivos de cultura e ideas.
Si ya en 1975 el papa Pablo VI decía que "la Iglesia se sentiría culpable ante Dios si no usara estos medios tan poderosos", hoy en día esta urgencia es mucho más perentoria. Todos recordamos como el siervo de Dios Juan Pablo II, aprovechó los medios de comunicación, la imagen, el sonido, como poderosas herramientas de evangelización, convencido, según sus propias palabras, de que "el uso de las técnicas y tecnologías contemporáneas forman parte de la misión propia de la Iglesia en este siglo".
El mundo de la comunicación, que ha sido definido acertadamente como el primer areópago de los tiempos modernos, hace de nuestra sociedad una aldea global, en la que la información, las ideas y opiniones, se crean y extienden a una velocidad nunca antes imaginada. Para nosotros, portadores de la Buena Noticia del Evangelio, constituyen una oportunidad providencial de llegar a los hombres y mujeres de cualquier latitud, superando las barreras del tiempo, del espacio y de la lengua.
Están, al mismo tiempo, al servicio de la comunión eclesial, porque permiten un conocimiento mayor entre las diversas iglesias, que redunda en un enriquecimiento mutuo y una colaboración más eficaz.
Recordemos las palabras proféticas de Juan Pablo II: "no tengáis miedo de los medios de comunicación y de las nuevas tecnologías, ya que están entre las cosas maravillosas que Dios ha puesto a nuestra disposición para descubrir, usar, dar a conocer la verdad, incluso la verdad sobre nuestra dignidad y nuestro destino de hijos suyos, herederos del Reino eterno".

Rubén G. P.
 
 
 

Blog vocacional

Blog vocacional del Monasterio de Madres Benedictinas de Sahagún de Campos:


http://www.monasteriosantacruz.com/blog/

domingo, 1 de noviembre de 2009

Vocación a la Santidad


Patriarcas que fuisteis la semilla del árbol de la fe en siglos remotos, al vencedor divino de la muerte rogadle por nosotros.
Profetas que rasgasteis inspirados del porvenir el velo misterioso, al que sacó la luz de las tinieblas rogadle por nosotros.
Almas cándidas, Santos Inocentes, que aumentáis de los ángeles el coro, al que llamó a los niños a su lado rogadle por nosotros.
Apóstoles que echasteis en el mundo de la Iglesia el cimiento poderoso, al que es de la verdad depositario rogadle por nosotros.
Mártires que ganasteis vuestra palma en la arena del circo, en sangre rojo, al que os dio fortaleza en los combates rogadle por nosotros.
Vírgenes semejantes a azucenas, que el verano vistió de nieve y oro, al que es fuente de vida y hermosura rogadle por nosotros.
Monjes que de la vida en el combate pedisteis paz al claustro silencioso, al que es iris de calma en las tormentas rogadle por nosotros.
Doctores cuyas plumas nos legaron de virtud y saber rico tesoro,al que es caudal de ciencia inextinguible rogadle por nosotros.
Soldados del Ejército de Cristo, Santas y Santos todos, rogadle que perdone nuestras culpas a Aquel que vive y reina entre nosotros.

Gustavo Adolfo Bécquer

sábado, 31 de octubre de 2009

La vida como vocación


Cuando hoy hablamos de vocación, nos referimos al diálogo que se tiene en la vida entre Dios y la persona; el diálogo por medio del cual Dios da a conocer un proyecto que es propuesta. El proyecto de Dios para cada uno llega a través de mediaciones que es conveniente saber escuchar, con discernimiento, y pide una respuesta libre con la que, quien se siente llamado, se pone a su disposición en la vida. Esta actitud fundamental está a la base de toda decisión vocacional.

La vocación es como un lugar de encuentro en que Dios llama y el hombre responde. La misión se hace vocación. La vocación no es una tenue voz de la conciencia, si no que la vocación es sacramental: Dios se hace encontradizo en las situaciones de la vida, en los reclamos de las personas que con nosotros viven, en los mensajes que nos llegan de todas partes. En todo se dectecta esa misteriosa llamada a unificar la propia existencia a una elección: " Vivo para hacer el Reino de Dios"

La opción del Reino de Dios se diversifica segun los dones y la particular llamada que Dios ofrece a cada uno. No se habla sólo de vocación sacerdotal o religiosa, hay vocación matrimonial, ser padre o madre, ser profesor o ingeniero, son vocaciones. Dios nos llama a todos.

Entender la vida como vocación es el paso previo para conocer y aceptar la propia vocación en la vida.

lunes, 12 de octubre de 2009

Vocación de San Rafael Arnáiz

Para celebrar la canonización de nuestro querido santo Hermano Rafael, monje trapense propuesto por Juan Pablo II como "modelo de los jóvenes cristianos" en el Monte do Gozo.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Dios cambio mi vida...



Hola ¿cómo están? Me llamo Martha, tengo 27 años y quiero dar mi testimonio de vida para ayudar a algunas chicas que se identifiquen con mi caso.
Bueno comenzamos diciendo que he sufrido mucho desde niña. Cuando mi abuela murió yo tenia 15 años y trate de suicidarme tomando un veneno muy fuerte, mi salud se deterioro, ya que me internaron y pues entré en coma. A los tres días de estar en coma desperté, pero antes de eso vi a mi abuela muerta; en un lugar muy hermoso, lleno de luz clara de un brillo que me cautivaba.
Eso fue una alegría que Dios me dio, aun después de eso yo busque la vida del mundo con amistades, deje el colegio, tomaba mucho alcohol y así fue mi vida hasta los 24 años que sentí el llamado de Dios. Aun cuando Él me llamaba, yo me auto-encerraba en un mundo lleno de mentiras y felicidad mundanas. Tuve a un novio bueno, él era un hombre casado, y mantuve una relación de 6 años con él, claro que fue un infierno esa vida, pero bueno el amor de Dios me ayudo.
Les cuento algo sobre mi conversión: fue un sábado, me fui de fiesta y llegue a mi casa a las 4 de l mañana aun casi con los estragos del alcohol me desperté a las 6 de la mañana y algo me dijo "¿qué estas haciendo con tu vida? Eso no lo quiero para ti". Ya era Domingo y fui a misa con sueño y pues con algo de alcohol en mi sangre, al escuchar la misa sentí algo muy lindo pero no sabia que era, comencé a ir más y más a la misa, pero aun no sabia que era ese sentimiento tan bello, puse como les dije una barrera ,no quería yo saber que era eso y pues ya deje de ir con mis amigas a las discotecas, deje de tomar y me aleje de ese hombre. Ese hombre que me hizo mucho daño, por él me intente suicidar, y ahora veo que eso no era bueno, me arrepiento de todo corazón y pido perdón a Dios todos los días.
Cuando yo acepte a Dios en mi corazón fue algo bello, claro no fue fácil, no digo que sea fácil. Para mi no fue fácil, aun no lo es pero cada día trato que sea mejor, Dios me dio un buen Director espiritual que se llama Padre Jaime Andrés. Él es lo máximo, me tiene paciencia cuando yo decía: Padre no puedo, él me decía "hija entrégate a Dios el te dará la fuerza Dios es la fuerza, el no te dejara sola nunca".
Y bueno, después comencé a aceptar el llamado de Dios, a aceptar su amor, su calor, todo de Él y cada vez que me siento mal me entrego en sus brazos como una niña en los brazos de su padre.
Yo les digo no sigan el camino fácil porque es el camino de la perdición, ahora tengo ya dos años siguiendo a Dios, amándolo, estoy en un monasterio trapense , es bello, claro también tuve un discernimiento en algunas comunidades religiosas para ver si mi vida era activa o contemplativa. Dios me llama más al claustro, creo que viví mucho tiempo en el mundo que Él ya quiere que esté en su jardín de rosas, Él perdonó mis pecados, que fueron muchos, Él los lavo con su Bendita Sangre, me inundó con su amor infinito, con su calor me dio alegría y con su aliento me dio un soplo de vida,

Martha Parrales Mendieta (Ecuador)

¿Crisis vocacional?

San Juan Maria Vianney

domingo, 4 de octubre de 2009

Matrimonio: Asombro y Amor

Un estudio sobre la familia en la novela contemporánea nos ha revelado la pobre imagen que los autores de hoy tienen del matrimonio. Indiferencia y rutina, desamor e infidelidad: todo forma parte de la trama. A fin de cuentas ya no se sabe si la realidad inspira a la literatura o si es la creación literaria la que ha ido educando a la sociedad de hoy.
Revisando un diccionario de citas más o menos famosas, se encuentra uno con centenares de sentencias llenas de pesimismo. Parece que para muchos pensadores y creadores de opinión el matrimonio es un desacierto, una condena o una desgracia. Muchas frases parecen nacidas del resentimiento o de la frustración.
Solamente acá o allá se encuentra uno con alguna frase que interpela a la responsabilidad personal. Como ésta atribuida al rabino americano Brickner: "El éxito en el matrimonio es más que hallar la persona idónea; es ser la persona idónea". O esta otra de la escritora alemana Luise Rinser: "En un buen matrimonio, la fidelidad no es una atadura".
La tradición de Israel nos recuerda que la unión matrimonial forma parte del proyecto original de Dios. El encuentro del hombre con la mujer es el asombro ante el "tú", que hace posible el descubrimiento del "yo" y del "nosotros". Es el reconocimiento de la igualdad en la diversidad: es decir en la complementariedad. Es la admiración, al alba de la humanidad.

UTOPÍA Y COMPROMISO
Según el evangelio (Mc 10, 2-16), los fariseos preguntan a Jesús: "¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?" La respuesta de Jesús es provocadora. Sobre todo porque afirma la primacía de la creación original sobre todas las leyes positivas que el pueblo se fue dando. La norma de la ley humana sólo viene a remediar el fracaso del proyecto divino.
De la evocación de los orígenes, Jesús extrae una conclusión: "Abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne". He ahí tres pinceladas inolvidables. En ellas se recuerda la grandeza de la utopía y se sugiere el diario compromiso por llevarla a cabo:
- El abandono del padre y de la madre refleja esa dimensión social del matrimonio, que lo constituye en anillo entre una generación y la siguiente.
- La unión del hombre con su mujer subraya la dimensión afectiva, que implica un amor personal, es decir: único y definitivo, oblativo y fecundo.
- Llegar a ser una sola carne no es sólo vivir la fascinación y el riesgo de la sexualidad, sino compartir con generosidad un proyecto de vida y de esperanza.
Los tres pasos requieren una formación gozosa y responsable, que nunca se improvisa y que nunca puede darse por concluida.

FELICIDAD Y FIDELIDAD
"Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". Con esas palabras concluye Jesús su respuesta a la pregunta de los fariseos. Una respuesta que habría de ser mil veces discutida por las leyes. Y millones de veces descubierta por el corazón enamorado.
• "Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". La unión requiere atención para analizar con realismo la fascinación del amor. Pero requiere también el esfuerzo y la madurez de la entrega personal. El amor no es sólo un sentimiento: es sobre todo un compromiso.
• "Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". La separación de la pareja se va gestando lentamente en la rutina. Y en la falta de delicadeza y de respeto. El matrimonio es una escuela permanente para aprender a perdonar y perdonarse.
• "Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". No sobra la alusión a Dios. A muchos los une la prisa o la fama, la frivolidad o el miedo. Siempre es preciso preguntarse si es Dios quien ha unido a los esposos. Y pedirle a Dios con humildad que los siga uniendo cada día, en la ternura y la esperanza, en el dolor y en la alegría.
- Dios y Padre celestial, nuestra sociedad aspira a la felicidad, pero olvida la fidelidad. Ayúdanos a sembrar con paciencia para recoger con gozo los frutos del amor. Amén.

José-Román Flecha Andrés