¿Por qué te hiciste monja? Difícil pregunta la que me hiciste el otro día en el grupo de fe, pero trataré de responderte. Si te dijese: "háblame del enamoramiento"… Supongo que te resultaría difícil, aun estando enamorado. Si nunca lo has estado, te resultaría imposible. Hay experiencias personales como las de la amistad, el amor y otras, que resulta difícil traducir a palabras. Sólo pueden ser comprendidas por aquellas personas que las han vivido. Hablar de la propia vocación sólo puede hacerse desde el amor. Si no se tiene a Dios como valor supremo que polariza toda tu vida, hablarte de ser monja te hará gracia o te resultará ridículo. Al hacerte monja, no renuncias a amar, dejas un amor por otro mayor. Dicho más simplemente, quiero que si alguien me necesita me encuentre con sólo llamar a mi puerta. Vocación significa llamada. Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. Esto puede sonarte a chino, pero no es así. A lo largo de la vida, Dios comunica (a través de la familia, el colegio, un grupo de fe, un rato de oración, un testimonio, una necesidad, una acontecimiento…) este plan e invita a seguirlo. Hay dos tipos de personas: las que buscan con esfuerzo saber cual es la voluntad de Dios para ellas, y las que la encuentran, porque un Dios les pasa un día por delante de las narices. Yo soy de las segundas. Dios, para el que no cuentan el tiempo ni la edad, me llamó siendo muy joven. Lo digo sin ningún tipo de complejo. Acerté el "vestido" que me convenía a la primera y no he necesitado probarme otros ya. La vocación más que una opción personal es llamada. ¡No fue idea mía hacerme monja! El protagonista de la vocación es Dios. No está mal que así sea, porque Él sabe mucho más. Prueba de que es más cosa de Dios que de uno mismo: no conozco muchos que inicialmente se hayan entusiasmado mucho con la llamada; más bien, todas presentamos nuestras excusas: es que no puedo, la familia, los estudios, el novio, el qué dirán… Y es que Dios es un "mal vendedor". Te presenta siempre el lado negativo: "Deja...". Claro que es un dejar por seguirle. Dejar algo para ganarlo todo. Esto sólo puede entenderse desde la confianza gratuita y la generosidad de por vida de los que están realmente enamorados. Suele darse una lucha con Dios. Yo definiría el proceso vocacional como un pasar de la derrota al amor. A mí Dios me venció antes, después me convenció, primero me derrotó, ahora me seduce. Seguro que has vivido la experiencia de estar en medio de un grupo de gente que no conoces y, de repente, oyes tu nombre. Has pasado del anonimato a ser nombrado, de la indiferencia de la gente a ser importante para alguien, de no contar a ser tenido en cuenta, del aislamiento a la amistad. Cuando Dios llama es para alguna cosa, para una misión. En la medida en que Alguien te dice "tú" y te llama por tu nombre, te descubres como yo, como una persona singular. Desde el momento en que Dios me llama para una misión, me hace más consciente de mí misma, me hace valorar mis propias fuerzas, me hace ver mi dignidad dentro de la creación. La única forma de sentirse persona es que Alguien te llame, ponga su confianza en ti y te confíe una misión. La misma llamada es ya un regalo. Tu realizas la misión a la que has sido llamado sin tú pedirlo ni merecerlo (y sin tener fuerzas suficientes para ello) y la misión te va construyendo a ti.
Imagínate la escena, tantas veces repetida en la pista del circo: el número del trapecio. En él, un trapecista se separa del columpio y se lanza con seguridad hacia el vacío. Llegado un momento, extiende sus brazos hacia los brazos seguros de su compañero que se balancea al mismo ritmo, preparado para agarrarlo.
Todos somos trapecistas. La tierra está, como nuestra vida, en perpetuo movimiento y en difícil equilibrio.
Cuesta lanzarse, es un riesgo, porque uno conoce las limitaciones, tiene dudas, el número podría fallar. Por eso la confianza es fundamental para la vida, sin ella, es imposible vivir.
Fe es la actitud de un niño que confía en su madre, la del adolescente que se confía a un amigo, la del adulto que se enamora y entrega para siempre a otra persona. Tenemos que apelar a la confianza siempre para poder seguir viviendo.
En el número del trapecio nada ocurre por casualidad, es una experiencia de riesgo ensayado y calculado. Pero existen unos segundos de suspensión entre la vida y la muerte, la vida se lanza, llena de esperanza a la búsqueda de un apoyo seguro con el que vencer la muerte. ¿Quién me salvará de la muerte, del vacío?
El numero del trapecio se asemeja mucho a la vocación cristiana. La vocación, como el salto del trapecista, entraña dudas, miedos e incertidumbres. Después del salto mortal, los brazos se elevan hacia el que es capaz de acogerlos, asegurándoles y devolviéndoles la vida. La vocación es, en el fondo, depositar la confianza totalmente en el Otro, en Jesús. Él sí que no puede fallar. Sé de quien me he fiado, que diría san Pablo.
Hay quienes no soportan esos momentos de vacío, de no ver, de no notar nada. Para ellos todo debe estar calculado, razonado, medido, comprobado. Y se aferran a sus miedos para no saltar o se lanzan en los brazos de la nada.
El ejemplo de quienes ya han dado ese salto y nos hablan de las manos de un Amigo, el comprobar que "el corazón tiene razones que la razón no puede entender, el deseo interior que no se va, la experiencia de seguridades humanas que nos han fallado y la confianza en el Otro Trapecista (Dios) es lo que nos empuja a saltar.
Además no estamos solos en el salto. Invisible pero siempre presente está la "red", nuestros amigos, nuestro acompañante espiritual o director que, desde un segundo plano, está siempre ahí, para librarnos de nuestros miedos y acogernos en caso de caída.
Jesús es uno de los últimos sacerdotes ordenados en la diócesis de Jaén. Para él este próximo curso va a ser especial, ya que comenzará su ministerio sacerdotal en la parroquia a la que le destine el obispo. Durante el último año de su formación fue destinado como diácono a la parroquia de El Salvador de Alcalá la Real y este verano está provisionalmente atendiendo la parroquia de Torredelcampo. En esta entrevista nos responde a algunos interrogantes sobre su vida y su vocación sacerdotal. Lo entrevista Antonio Garrido de la Torre en Ideal.
-Jesús ¿nos puedes explicar cómo sentiste la vocación para ser sacerdote? -Tenía 18 años, estudiaba segundo de Derecho en la Universidad de Jaén, cuando fui a la Vigilia de la Inmaculada al Seminario y después de la oración salí diciendo en mi interior que eso había sido una encerrona del cura de mi pueblo para que yo fuera cura. Después fueron muchos meses de dudas y darle vueltas a la cabeza. Hasta que el jueves antes de Pentecostés me levanté y el primer pensamiento fue: «me voy al Seminario». Y así fue.
-¿Por qué crees que a los jóvenes de hoy les cuesta tanto plantearse la opción por el sacerdocio? -Ojalá lo supiese. No lo sé, tal vez porque el ambiente de hoy está introduciendo en nuestra cultura un estilo de vida a veces incompatible con lo que es verdadero, profundo y real. Pero de verdad es que no lo sé.
-Después de los años de formación en el Seminario, ¿qué destacarías de este periodo de tu vida? -Las horas en la capilla, la relación con los compañeros, el conocerse uno a sí mismo, el conocer a muchísima gente. tantas cosas importantes para mí.
-¿Cómo crees que deben ser las relaciones con tus compañeros sacerdotes? -No sé como deben ser, lo que sé es que para la vida de un sacerdote la relación con sus compañeros es fundamental. Ya en mi etapa de diácono he tenido una experiencia muy gozosa al reunirme con otros sacerdotes para pasar un tiempo juntos y siempre produce una gran alegría. También para contarles tus problemas y dificultades, es la mejor forma de salir adelante, tener una buena relación con otros hermanos sacerdotes.
-Coméntanos algo de tu etapa de diácono en la parroquia donde te han enviado. -Ha sido una experiencia extraordinaria estar en la parroquia de El Salvador de Alcalá la Real. Primero, Andrés, el párroco, me ha tratado estupendamente. Me atrevería a decir que me ha tratado tan bien que me ha mal criado. Luego la gente de la parroquia de El Salvador de Alcalá la Real me acogió desde el principio con un cariño que siempre recordaré. Allí he administrado los primeros sacramentos, he tenido que acompañar a familias en el momento de dolor, he conocido lo que es un arciprestazgo, muchas experiencias pastorales muy enriquecedoras.
-¿Qué puede aportar hoy en día un cura a nuestra sociedad? -Sentido a la vida. Todos necesitamos caminar en una dirección. El sacerdote aporta algo muy importante a nuestra sociedad: esperanza, algo que a veces parece que las dificultades de la vida van haciendo desaparecer. Y también aporta plenitud, la plenitud que sólo el Dios cristiano puede garantizar.
-¿Qué dificultades crees que puedes tener en tu sacerdocio? -Supongo que la increencia, los malentendidos. Pero creo que nada que no se pueda superar, con la ayuda de Dios y de los sacerdotes y la gente buena que hay por todos los pueblos. Mucha gente habla mal de los curas, pero no de su amigo el cura porque su amigo es el único cura que no es así. Es curioso ¿no?
- ¿Qué alegrías crees que puedes tener en tu sacerdocio? -Muchas, mejor dicho, muchísimas. Tenemos la oportunidad de estar cerca de la gente en los momentos más importantes de su vida tanto en sus alegrías como en sus dolores, y en ambos casos creo que al final, somos cauce para que se percaten de que Dios participa con ellos de esos momentos. Creo que el sacerdocio me va a hacer plenamente feliz.
-¿Llena una vida 'meterse a cura'? -Sí, por supuesto.
-¿Quién es para ti Jesucristo? -Todo. Mi Señor, mi Salvador, mi apoyo, mi fuerza, mi alegría, mi seguridad, mi esperanza. El amigo que no te falla aunque tú le falles muchísimo. Él único que de verdad nos puede hacer felices.
Queridos hermanos les comparto una pequeña fábula espero les guste y sea de reflexión.
El zorro mutilado.
Un hombre que paseaba por el bosque vio un zorro que habia perdido sus patas, por lo que el hombre se preguntaba cómo podría sobrevivir. Entonces vio llegar a un tigre que llevaba una presa en su boca. El tigre ya se habia hartado y dejó el resto de la carne para el zorro.
Al día siguiente Dios volvio a alimentar al zorro por medio del mismo tigre. El comenzó a maravillarse de la inmensa bondad de Dios y se dijo a sí mismo: "voy también yo a quedarme en un rincón, confiando plenamente en el Señor, y éste me dará lo que necesito".
Así lo hizo durante muchos días; pero no sucedía nada y el pobre hombre estaba casi a las puertas de la muerte cuando oyó una voz que le decía: "¡Oh tú, que te hallas en la senda del error, abre tus ojos a la verdad!. Sigue el ejemplo del tigre y deja ya de imitar al pobre zorro mutilado".
Por la calle vi a una niña aterida y tiritando de frío dentro de su ligero vestidito y con pocas perspectivas de conseguir una comida decente. Me encolericé y le dije a Dios : " ¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para solucionarlo?"
Durante un rato, Dios guardó silencio. Pero aquella noche, de improviso, me respondió: "Ciertamente que he hecho algo. Te he hecho a tí"
+Antony de Mello
Si acoges la causa de Cristo y la misión que el te confía, toda la familia humana y la Iglesia en todas las partes del mundo podran mirar el futuro con esperanza y confianza, sobre todo vista desde la fé en que solo en Cristo somos verdaderamente libres.
La comunidad de religiosas contemplativas Franciscanas Clarisas Descalzas del Monasterio de la Santa Cruz de León (España) nos invitan a participar en un encuentro de dos días para hacer un replanteamiento vital y vocacional. La convocatoria está dirigida a chicas jóvenes de España o de fuera del país. Lleva como lema "Ven a la Fiesta" recordando el pasaje evangélico en el que el rey llena la mesa del banquete con todos los que encuentra en su camino. Todos somos invitados a la mesa festiva de Cristo.
Los interesados en participar, contactar escribiendo a: crecerenvocacion@gmail.com o llamar al 618 25 67 82 de 10 a 12.
Mi nombre es Cintia soy de Rosario, Argentina. Tengo 17 años y el 2 de noviembre cumplo 18. Bueno, uno de los Sacerdotes del blog me ofreció si quería escribir un testimonio vocacional acá en el blog…y bueno acá estoy para contarles brevemente esta historia de amor con mi Jesús amado… Todo ocurrió un 28 de diciembre de 2005 cuando después de una hermosa convivencia cuando íbamos a partir de regreso a nuestras casas, el sacerdote de nuestra comunidad nos invita a ir al Monasterio de las Hnas. Carmelitas que estaba junto a la casa de retiro en la que estuvimos. Las Hermanitas nos atendieron con mucha alegría… nos atendió la Hna. Gaby, que es la Maestra de Novicias… pasamos al locutorio… éramos como 50 en el locutorio… y bueno ella se presenta, presenta a la congregación y nos pregunta si teníamos algo para preguntarle. Y yo no se porque, levanté mi manita y le dije: ¿cómo descubriste tu vocación? Si me preguntan que me respondió la Hna. Gaby sólo mi Dios lo sabe porque no lo recuerdo, sólo recuerdo el amor de mi Dios latente en mi corazón… estaba en ese lugar pero no estaba….en ese hermoso recogimiento sentí una voz en mi corazón que me decía que eso era lo que quería para mi… Cuando caí donde estaba y regrese a esa realidad, mis compañeros se estaban retirando y solo quedaban mis coordinadores saludando a la Hna. Yo me quedé sin palabras… estaba en shock…mis compañeros me preguntaban que me pasaba y yo les respondía que nada… así estuve todo el viaje. Cuando regresé a mi casa lo mismo nada… cuando veo a mi papá lo primero que hago es ir corriendo a abrazarlo y a llorar y a decirle que lo había extrañado mucho… no sabia que hacer…tenia mucho miedo… así estuve unos cuantos días… hasta que empecé a negarme todo lo sucedido… para mi todo nunca había pasado… y bueno pasaron así 4 largos años. Sin embargo, siempre había algo que me hacía recordar ese hermoso momento que me había llenado y recogido tanto el alma… y bueno, no pude soportar más el amor de mi Dios en mi corazón. Algo me impulsaba y lo hable, me comunique con las Hnas. Volví por completo a mi Dios… Pase y paso por grandes cosas… es difícil pero, como dice Santa Teresa de los Andes: “El sufrimiento no me es desconocido allí encuentro mi reposo y alegría pues en la Cruz se encuentra Jesús y ¿que importa sufrir cuando se ama?” Estoy muy feliz y enamorada de mi Dios, ya hace un año que realice mi discernimiento vocacional en el cual me acompañaron las Hnas. Carmelitas de Ecija y en febrero comencé con mi acompañamiento espiritual para ingresar al Monasterio. Hoy soy Aspirante a Carmelita, soy muy feliz por todo lo que mi Dios me ha dado y me da y me siento muy indigna de mi Dios, con mucha frecuencia me comparo con los grandes Santos y nuestros Santos padres y veo que yo no tengo nada que ofrecerle. Pero si Él me llama a mi, que no tengo nada para darle, le ofrezco esto… no tener que ofrecerle…y decirle que sí… constantemente como María nuestra reina, Madre y hermosura del Carmelo, mi desierto amado lleno de flores y el manantial de agua viva que es Jesucristo mi amado…mi prometido… Y allí en ese lugar tan hermoso poder cumplir lo que Él me pide… Ser su jardín cercado donde pueda morar y encontrar consuelo.
Muchas gracias que el Espíritu Santo los guíe hacia la felicidad eterna que es Jesucristo y que con el fuego de su amor los ilumine y les conceda todos sus Dones.
Hermanitos , soy Manuela, una joven de Argentina, les compartiré simplemente la alegría constante de Su Amor… como sabrás, cuando Él algo quiere, lo consigue como Padre que es…Nos va hablando de tal manera y manifestándose que llega a tal punto que rechazar no se puede. Ya no podemos seguir caminando, descubrimos la inutilidad de lo que venimos haciendo en comparación con la grandeza que Dios encierra, y que esa grandeza Divina nada en este mundo puede alcanzarla por lo que es momento de las desiciones y de las opciones radicales. Todo inicio cuando nací, pero a los 15 empecé a identificar su conquista , dándome cuenta que no podemos llevar a El Amigo sino pasamos tiempo con Él Amigo…Estos tiempos significaron alegrías, peleas, rechazos, confusiones, huidas, regresos, incomprensiones, comprensiones…Cada marquita dejaba su huella, y la caída el aprendizaje. Dolorosas pero necesarias abrazarlas porque son, al final ,una parte del Tesoro. Saben, todo se modifico este año cuando ya la carrera que vengo haciendo no me hacia feliz, el pensar que me faltan 4 años para terminar y recién ahí entregar a Dios porque debía aumentar los talentos que Él me había dado, con una formación profesional para después dársela, comencé a cuestionar… Empezó todo a faltarle sabor…. Como decir a Jesús no, mira dejame terminar la carrera que cuando termine te doy el sí… daba vueltas a todo. Necesitaba un identificarme, un fortalecer mi dirección como caminante. Estaba muy desorientada… Gritándole y preguntándole a donde me quería y qué… Pasaban los días y se empezó a manifestar de manera muy concreta…. Sobre todo con respecto al tiempo, y a la fugacidad de él…Mi vocación estaba en manos de la Virgen para que condujera donde me quería su Hijito y muchas de las congregaciones de las cuales tengo contacto me daban vueltas, pero ninguna me identificaba totalmente. Debía ser social (estar en contacto con las personas) y tener una fuerte presencia eucarística., y ni siquiera sabía que existían congregaciones con carisma adorador… por lo que un día desde catholic.net me llega un mail de una congregación con carisma eucarístico, para mi gran sorpresa. Coloco en el buscador haciendo referencia a congregaciones de esta clase y salta en primera opción una web, eran las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y la Caridad, que para mi asombro tenían casa en donde yo me iba a estudiar (ocurriendo todo esto antes de comenzar el estudio), establecí contacto con ellas, pero ocurrió que de repente todo lo vivido en amistad con Jesús desapareció como de un día para el otro. Era inexplicable. Por lo que decidí abandonar lo comenzado. Caminando por idas y venidas, y muchas caídas/aprendizajes. Hasta ese día, en que Jesús me demostró que un titulo, una carrera no me enseñaría de Él, que mis herramientas debía buscarlas en su amor y no en conocimientos humanos… que para llevarlo a los demás debo vaciarme de mi misma y hacerle espacio a Él , “Jesús no golpea desde afuera, sino desde adentro” , como me dijo una Santa Madre fundadora un vez. Esas palabras se grabaron y pude comprender la inmensidad de su presencia en cada uno, y la libertad que nos da de hacerle espacio de llenarnos de Él o llenarnos de nosotros mismos… Caminando un poco mas estando muy desorientada por mi condición y por mi lugar en la tierra, me llevo a descubrir la presencia viva en cada momento y en cada lugar reconociéndome hija y El Padre. Volviéndose muy distinta mi vida y no poder dejar para mañana lo que Jesús pide Hoy. En este momento estoy en acompañamiento con una hermana de la congregación que les conté. A la espera de la voluntad del Señor para conmigo… Me despido, incentivándolos a ustedes y decirles que busquen por donde busquen la felicidad no la van a encontrar en otro lado que no sea en ese Rey de la felicidad, es Él Creador de la felicidad en el Dador de la felicidad. Si estamos dispuesto a servir a un rey…Te pregunto: ¿porque no hacerlo con el Rey de Reyes? Tu tienes libertad, tú eliges!
Jesús Eucaristía te abrace en cada encuentro y la Madre María guíe por tu camino.
No ha sido fácil. He dudado a la hora de aceptar el ofrecimiento brindado por McCoy para dirigirme a los lectores de El Confidencial por el pudor que me produce hablar de mí mismo ante desconocidos. Parecíame que es inevitable hacerlo sin buscar, consciente o inconscientemente, el aplauso de los demás y esto es muy poco evangélico. Tras consultarlo, voy a intentar vencer estos escrúpulos con la máxima sencillez de la que sea capaz. Unos breves datos biográficos para explicar quién soy. Me llamo Alberto Núñez y he sido (hasta ayer 31 de julio) el Director de Estrategia de Gas Natural, cargo que desempeño desde que hace más de cuatro años me incorporara a la compañía. Anteriormente, he trabajado como analista bursátil, primero en Société Générale y luego en BBVA, donde mi último puesto fue de responsable de análisis del sector energético español y paneuropeo. En total, 15 años de trabajo en el mundo empresarial y financiero, en su gran mayoría en el sector energético y en dos de las principales empresas españolas de las que ha sido un orgullo formar parte. La decisión de abandonar el mundo profesional y empezar una vida religiosa tras todos estos años es, para mí, la suma de diversos factores que se van entrelazando hasta confluir en una misma dirección. Estos factores son de índole profesional, personal y familiar. Soy consciente de que todos nos hemos planteado en algún momento decisiones de cambio de vida. Al final estamos hechos de carne y espíritu (y el espíritu gime cuando la carne domina). En mi caso, siempre he perseguido con ahínco realizar un buen trabajo, pero comprobaba que las más de las veces sus frutos son amargos: el predominio del corto plazo, el tener que cerrar muchas veces los ojos y el corazón ante las realidades de la vida y el no tener tiempo para nada ni para nadie distinto del trabajo. Partido entre fuerzas de distinto signo, hace unos pocos años me plantee que sólo tenía sentido trabajar en un proyecto en el que al final del camino profesional o vital uno pudiera pensar que la vida -la única que tenemos- ha merecido la pena. En paralelo, mi creencia en la existencia de un Dios que se realiza en el Amor ha ido creciendo poco a poco hasta convertirse en una certeza experimentada. Sí, todos tenemos dudas. A todos nos atrae lo material. Pero cuando comprendemos que la ternura, la compasión son lo más auténticamente humano (más que la razón), entonces cambia nuestra vida. La muerte de mi hermano hace cinco años a causa de un cáncer ciertamente significó un antes y un después. A partir de entonces, empecé a buscar enriquecer mi actividad profesional con otras. Primero inicié un voluntariado una tarde a la semana en un centro psiquiátrico de San Juan de Dios. Luego, me matriculé en estudios nocturnos de teología en la U.P. Comillas. Finalmente, hace dos años, la Compañía de Jesús me ofreció mudarme al Pozo del Tío Raimundo donde, además de colaborar y vivir con jóvenes, empecé un proceso de discernimiento. Y, por último, mi madre. A pesar de todo lo anterior no habría tomado esta decisión si ella no lo apoyase entusiastamente. Sin más hijos vivos que yo y sin marido, mi partida significa un sacrificio muy importante para ella, especialmente porque tiene una salud frágil. Un sacrificio que da sentido a su vida y que, por eso, acaba convirtiéndose en ganancia. En fin, no puedo explicar lo que ha pasado estos últimos meses y cómo todas las piezas del puzzle han ido encajando si no es desde el convencimiento de la existencia de que hay algo más de lo que captan nuestros sentidos exteriores. Con mucho respeto a quien lea estas líneas: está ahí, basta que empecemos a buscarlo; perdamos el miedo.
Hola, me llamo Guillermo y tengo 37 años, quisiera compartir con ustedes mi humilde llamado al santo Sacerdocio. Vivo en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, Argentina, vivo con mi mama y mi hermano 2 años mayor que yo. Toda mi vida transcurrió en esta hermosísima ciudad, mis estudios, mi trabajo mi vida social se desarrollo acá. Pero, lo más importante, mi vida espiritual siempre estuvo unida al Señor desde los 10 años después de mi primera Comunión en la Parroquia Santa Rosa de Lima, aún hoy recuerdo ese hermoso día de noviembre cuando en esa mañana recibí por primera vez de las manos de una monja a Jesús Eucaristía, día luminoso que quedó grabado en mi corazón. Siempre sentí que en mi vida faltaba algo, algo que completara mi vida, algo para brindar a los demás hermanos, lo único que llenaban esos vacíos eran mis actividades en la parroquia. Quise integrarme en grupos de oración, Caritas, o la Legión de María, participando en el coro parroquial, ayudando como lector o monaguillo en la Santa Misa, pero nunca me animé a dar el primer paso, es decir inconscientemente sabía que Jesús me llamaba pero hacia oídos sordos. Así pasó el tiempo, los años pasaron rápidamente... hace un tiempo, más o menos 5 años, empece a sentir el llamado del Señor directamente al corazón, esta vez no lo podía evitar, es un arrobamiento y una dulzura este llamado, que esta vez no lo pude resistir, pero a las excusas del miedo, siguieron "el no estoy preparado", luego que no era digno de mi ser Sacerdote, y así evadiendo todo el tiempo, tratando de alejar de mi este llamado hermosísimo del Señor. Hasta que en el otoño de este año, navegando por internet, encontré la pagina perteneciente al Seminario San José de mi ciudad, yo no sabía ni siquiera en que dirección quedaba. Mande un email preguntando la edad tope para ingresar al Seminario, a los pocos días me respondieron que no hay una edad límite invitándome a la vez a una Vigilia de Pentecostés, para el día sábado 30 de Mayo de 2009. Era a la tarde y llovía muchísimo, sin pensar en eso hice el sacrificio y asistí a la Vigilia, la experiencia y la caridad que viví junto con los seminaristas y personas que asistimos a la vigilia me embargó el corazón, realmente sentía en mi corazón que siempre había pertenecido allí. El amor que reinaba en ese ambiente era extremadamente tierno, la vocación que siempre había negado estaba frente a mi y me esperaba con los brazos abiertos, luego de una charla que dio un seminarista, después de las canciones , oraciones y alabanzas al Espíritu Santo vimos en el teatro del Seminario una película sobre la vida de Juan Pablo II. Durante la película sentí en el corazón la voz del Señor que me decía: "te quiero en este lugar". Era la señal a mi pedido que yo atrevidamente le había pedido al Señor Jesús de que si era Su Voluntad de que yo fuera Su Ministro esta vez yo aceptaría y me abandonaría en Su Santa Voluntad, y así fue, el Señor me respondió con Su bendición a través del Inmaculado Corazón de María. Me mortificaba pensar por qué me negué durante tanto tiempo a mi vocación, y porque acepte el llamado del Señor a una edad tan tardía, y una frase me embargó el corazón: "Dios llama a quien quiere, como quiere, cuando quiere y en donde quiere". Además ahora comprendo que la semillita de amor que Jesús puso en mi corazón llevo mucho tiempo germinar, recién ahora esta despertando y madurando a la luz del Evangelio del Señor Jesús. Se que lo que me espera no es fácil ni sencillo, pero el Señor me ayudará porque confío en Su Infinita Misericordia. Ahora estoy realizando un discernimiento con un Sacerdote amigo para ingresar si Dios quiere en el 2010 al Seminario Mayor San José perteneciente a mi ciudad: Hermanos espero sus oraciones, gracias por darme la oportunidad de dar mi testimonio de amor al llamado de Jesús. Muchas bendiciones en Cristo Jesús.
Mi Nombre es Ingrid Jeanette Valdizán Zapata, nací un primero de octubre de 1988 en Lima (Perú). Hablar de mi vocación es un gran misterio, es como un tesoro escondido en nuestro ser que sólo con nuestra disponibilidad y apertura podemos acoger. Es una invitación tan hermosa, pero compleja, porque me hace cambiar radicalmente a otro estilo de vida, renunciar a gustitos. No me siento obligada en seguir este nuevo camino, pero, en cambio, me siento amada por alguien más grande y poderoso, que conoce mi vida y quiere que conozca la verdadera y plena felicidad. Por eso opto por este bellísimo sendero. Diosito me llamó en un momento difícil, cuando mi papá, estando en la capital de Perú, lejos de nosotras, se encontró mal de salud, le dieron tres paros cardiacos. Recuerdo que fue una noche. Agobiada, confundida, me preguntaba si Dios era bueno y si actuaba correctamente con mi familia. Entré a mi cuarto, allí había un cuadro del Sagrado corazón de Jesús, me arrodillé e imploré para que papá no muriera. Pero Dios tenía algo guardado para mí, en ese instante de plegaria a Dios, sentí que en mi corazón Diosito me hablaba. Él quería que conociera el dolor, la muerte para luego pasar a la resurrección, así que entendí el llamado quería que me entregara a Él, que fuera solo suya y que dejara la muerte y pasara a la vida con Él. En Talara (provincia de Piura –Perú) no hay congregaciones y no conocía que era ser religiosa, ni sabía que así se llamaba. Desconcertada me levanté y repetía continuamente: “Dios quiere que sea religiosa”, nunca ese nombre lo había escuchado, lo desconocía así que corrí a la sala y vi a mamá llorando y le dije alegremente, como si lo de papá ya no fuera un dolor intenso, que Diosito me había calmado. Con una sonrisa en mis labios le dije: “Mamá, Dios quiere que sea religiosa. Mamá solo atinó en decirme: ”¡ya, anda reza!”, seguía en shock por lo de papá. Pasaron los años, tenía 14, cuando de nuevo se prendió esa llama y seguí en mi búsqueda. Me sentía más amada por alguien; a los 17 años entre a una congregación pero, por cosas personales y familiares, no pude continuar. Pensé que saliendo de esa comunidad ya no iba a sentir ese llamado, pero la verdad desde que salí siempre sentía punzones en mi corazón. Quería sacarlos pero Dios pudo más que mi capricho, actualmente me sigue llamando y se que estoy acá por Él y para Él. Ahora le dije que SÍ y entraré muy feliz a una congregación que esta en Lima-Perú. El nombre es Hijas de San Eusebio, su carisma es atender con amor al más pequeño, al desprotegido y al que necesita a Dios. Estoy contenta, amo esta vida, me revestí del hombre nuevo, sólo hay que dejarse envolver por el amor de Dios, abandonarse completamente y dejar los temores atrás. Optar por seguir la vocación es una aventura, llena de amor y magia. Ser llamada es mucho, porque soy tan pequeña ante Él, pero me siento la mujer más dichosa.
Hola a todas las chicas y chicos. Bueno mi vocación de ser religiosa surgió hace ya 3 años, tenia 16, cuando después de venir de un retiro espiritual, llena de alegría y muy contenta porque conocía un poco mas de la vida de Jesús. Un día, estando frente al Sagrario, rezando y hablando interiormente con Jesús, sentí algo muy fuerte dentro de mí como un fuego abrasador. Era el AMOR de Jesús que se derramaba dentro de mí… Al principio tuve miedo, pero poco a poco ese miedo se fue transformando en alegría. Me fui enamorando más de Jesús, empecé ir mas seguido a misa porque como me dijo mi director espiritual: al recibir a Jesús sacramentado todos los días, nuestro amor con Él iba creciendo. Fue así que empecé a ir todos los días a misa. Luego de un año, se lo confesé a mi papa primero, tenía miedo de decírselo a mis padres El me dijo que me iba apoyar siempre. Mas tarde se lo dije a mi mamá, a ella tarde mucho tiempo para decírselo no me animaba y se lo dije un domingo a la salida de misa… Solo Dios sabe como se lo dije porque yo en este momento no me acuerdo lo que le dije… Bueno desde hace ya 3 años más o menos estoy en discernimiento con una Religiosa y un sacerdote, que son los que me han preparado muy bien. No se asusten porque a lo largo de este camino maravilloso se van a encontrar con la Cruz que, aunque duela, carguémosla o se van a encontrar como en un desierto, se van a sentir solos pero no vamos a estar solos porque aunque en el desierto pensemos nosotros que no hay nada si que hay es algo inmenso es Dios… Bueno a todas las chicas y chicos que tienen miedo de encontrarse con Cristo yo le digo que se animen porque el es la verdadera vida… Respondan al llamado de Dios con un SÍ inmenso… YO TUVE MIEDO PERO JESUS Y MARÍA ME FUERON CALMANDO POCO A POCO… La vida es un camino hacia el encuentro con Jesucristo. Dejen que el Señor los guíe por el camino llano… tenGAN paciencia, no se apresuren porque los tiempo de DIOS no son los mismos que lo nuestros… DIOS LOS BENDIGA Y MARIA LOS PROTEJA SIEMPRE… UN ABRAZO EN CRISTO NUESTRO HERMANO. BEATRIZ GARCIA- ARGENTINA
Lugar privilegiado del encuentro: con Dios, con uno mismo y con las realidades de nuestro propio mundo.
Si el desierto significara una simple "fuga del mundo", sería el lugar más vacío, desolador y temible. El hombre no nació para estar sólo. Dios nos hizo esencialmente para la comunicación y para el don. Es allí donde sólo se realiza plenamente nuestra vocación humano-divina. Una cosa es sentirse desoladamente sólo (abominable encuentro con el vacío y la lucha personal) y otra es vivir en la soledad y en el silencio la privilegiada e inefable presencia de Aquél que nos dice todo y obra todo en todos. Por eso, un alma contemplativa, que vive fecundamente en su soledad , es un alma que experimenta el gozo de una doble presencia: el don de Dios y la espera de los hombres. El alma contemplativa sabe que en el desierto le espera Dios y que el mundo tiene urgente necesidad de este encuentro para ser iluminado, pacificado y salvado.
La Palabra
El fin de la contemplación es la atención a la Palabra y la gozosa dedicación a la oración.
En el desierto se escucha, se recibe, se engendra la Palabra. Se escucha la Palabra no solo para entenderla, sino fundamentalmente saborearla y aprender a entregar el fruto de lo contemplado.
La palabra de Dios nos viene a nosotros para hacernos felices y llenarnos de su presencia. Viene esencialmente para hacernos testigos y profetas. Es una Palabra que tiene que ser recibida en la pobreza, gustada en el silencio contemplativo y realizada en la disponibilidad. Sólo entran en la profundidad de la Palabra los que tienen alma de pobres. Por eso, la pobreza es indispensable para la contemplación. Por eso, es verdad también, que la contemplación tiene que ser alimentada. De ahí la necesidad de la lectura, el estudio, de la reflexión personal y comunitaria.
Lo que define la contemplación no es la separación del mundo, sino la particular atención a la palabra y la gozosa dedicación a la oración. La separación del mundo - manifestada en la clausura - es sólo un medio, no un fin.
Un monasterio contemplativo tiene que hacer partícipes a otros de la alegría y fecundidad salvadora de la Palabra de Dios.
La Comunidad
Los contemplativos y contemplativas tienen que estar insertados en la realidad de la Iglesia y del mundo. No pueden sentirse ajenos a los hombres y manifestarse extraños a su dolor, alegrías, búsquedas y esperanzas.
La Comunidad es el medio privilegiado donde se experimenta la comunicación del Señor y la escucha de su Palabra. Una Comunidad - verdaderamente contemplativa - es esencialmente una Comunidad de oración: una Comunidad que adora al Señor y celebra, en nombre de todo el mundo, " la alabanza de su gloria". Vivir su identidad, significa estar a la escucha de la Palabra de Dios y ser el signo de una humanidad que necesita adorar, agradecer y suplicar. Por eso, los contemplativos y contemplativas tienen que estar insertados en la realidad de la Iglesia y el mundo. Deben conocer y saber lo que pasa hoy en la Iglesia y en el mundo. Una cosa es la curiosidad superficial y otra la información austera y serena. De esto se alimenta también la contemplación.
Hay un signo evidente y palpable de una verdadera comunidad contemplativa: la alegría honda y serena que nace de la común experiencia del amor a Dios. Del gusto comunitario de su Palabra y deseo de comunicarla a los hermanos, hermanas.
Hoy los jóvenes necesitan y exigen el testimonio directo de una alegría verdadera que nace de la comunión fraterna, de la contemplación y de la cruz. Por eso, no pueden vivir ajenos a la profunda experiencia de Dios en el desierto, pero tampoco pueden sentir lejanos a los hombres y manifestarse extraños a su dolor y a su alegría, a su búsqueda y a su esperanza.
Hay muchos jóvenes que, ante las primeras señales de vocación, de atracción por la vida religiosa o el sacerdocio, se preguntan: ¿Esto será realmente voz de Dios?, ¿cómo saber si lo es y no es sólo capricho o imaginación mía? He aquí una posible respuesta:
Si te despierta y te saca de la mediocridad, si compromete y complica tu vida, pero la llena y da sentido… es voz de Dios
Si te hace salir de tu tierra, de tu pequeña isla o mar y te lanza al mundo entero, a lo que no imaginabas… es voz de Dios
Si te llama al corazón, al amor, a la generosidad, a la ilusión, no al miedo ni al temor… es voz de Dios
Si te invita a ser profundamente feliz y a hacer felices a los demás, si habla el lenguaje de la confianza, del Padre a su hijo… es voz de Dios
Si te hace descubrir tu propia pobreza (soy un niño, no sé hablar, no soy capaz…) pero también lo que eres capaz con su ayuda… es voz de Dios
Si te va liberando de cosas, de tu egoísmo, de ti mismo; si rompe tus planes como se los cambió a María de Nazaret… es voz de Dios
Si no te saca de este mundo, pero te invita a estar en él como levadura, sal luz… es voz de Dios
Si no tiene nada que ver con los anuncios publicitarios, si no es para hacerte más famoso, ni te va a dar más dinero y poder, ni lo que te ofrece es el ideal de felicidad de nuestra sociedad… es voz de Dios
Si no te llena de palabras y te avasalla, sino que calla, habla en el silencio, por medio de los pequeños signos, invitándote a la reflexión, a la búsqueda humilde y la oración paciente… es voz de Dios
Si esa voz va germinando en ti como la semilla en el surco, si te invita a centrarte en Cristo, a seguirle, a convivir con Él, a ser su amigo… es voz de Dios
Si es como un eco evangélico, si en la oración no puedes borrarla de tu pensamiento… es voz de Dios José Sorando
Para distinguir una vocación religiosa, se deben consultar 3 fuentes: A Dios, a tu confesor, y a ti mismo.
a) Consultar a Dios
San Pablo, en el momento decisivo de su conversión, exclamó: "Señor, ¿qué quieres que haga?". Esta tiene que ser tu oración. El salmo 17, dice en uno de sus párrafos: "Enséñame, Señor, tus caminos, y guíame por el sendero llano".
Cuando Dios se reveló al que sería el profeta Samuel, el joven inexperto no lo reconoció, y pensó que era el sacerdote quien le hablaba. Al entender, el sacerdote le dijo: "Cuando oigas la voz, responde: "Habla, Señor, que tu siervo escucha".
Ésta debe ser nuestra oración. En silencio completo, esperando la inspiración de Dios. "Habla, Señor, que tu siervo escucha".
Demasiadas personas buscan tantos y tantos consejos en la vida... psicólogos, lectores del Tarot, consejos telefónicos, a los amigos, y casi nunca dejan a Dios hablar. También tenemos que recordar, que la oración no es unmonólogo, sinoun diálogo. Es como hablarle a Dios de tantas y tantas cosas y no le damos espacio para que nos hable. Recuerdo en un libro que leí, que Dios dice a sus profetas: "Quédate quieto, y reconoce que soy el Señor". Y este autor, comenta: "En mi versión autorizada personalizada de la Biblia, diría: '¡Oye! Cállate y déjame hablarte una vez, ¿quieres?"
Debemos aprender a estar en silencio, para poder escuchar a Dios. Precisamente antes de su vida pública, Jesús se fue al desierto - donde no había ruidos... a ayunar y orar. Y fue en ese silencio, cuando supo diferenciar de las tentaciones del demonio, y de la voluntad de Dios.
En todos los profetas del Antiguo Testamento, notamos una constante: Ellos siempre tienen un encuentro personale individualcon Dios. No entre Dios y "los jóvenes de tal o cual grupo", ni "al director de alabanza", ni al "monseñor Pérez". Es entre Dios y [pon tu nombre aquí].
También hay que notar otra cosa: El pecado. Mientras estamos en pecado, nos será imposible reconocer nuestra vocación. Leamos este pasaje del profeta Isaías:
Cuando Dios te libere de tus padecimientos, de tus inquietudes y de la dura esclavitud a la que estabas sometido, dirás estas palabras (de profecía) contra el rey de Babilonia...
Es decir: Dios no nos manda a denunciar los males y a anunciar el evangelio, sino hasta que estamos libres de toda inquietud, padecimientos yesclavitudes. Y fíjense que no dice: "En caso de que Dios te libere". Dice claramente: "CUANDO Dios te libere".
Por eso, no hay que desconfiar de que Dios no nos dará señales, o de que seremos demasiado brutos para entenderlas. Pidamos ENTENDIMIENTO y Dios nos responderá.
b) Consultar al sacerdote
De preferencia al sacerdote a quien recurres regularmente... desafortunadamente se dan muy pocos casos. Por eso hay sacerdotesEXPERTOSen asesorar a las vocaciones. Hay retiros VOCACIONALES, no de cualquier grupo. Generalmente son retiros promovidos y DIRIGIDOS por la Arquidiócesis o por la diócesis del lugar. Es decir, por los representantes directos de la Iglesia Católica. Sería un tanto redundante consultar con el sacerdote de la comunidad a la que has sido atraído. Lo más recomendable es consultar sobre tu vocación con un sacerdote EXTERNO, para lograr la imparcialidad requerida. Yo en lo personal consultaría con DOS sacerdotes. Uno, de la comunidad, y otro, externo - pero experto en vocaciones religiosas.
El sacerdote tiene una luz especial que Dios le da, para ayudar a las personas. Algunas veces incluso, se da el caso de que tenga un don MUY especial, llamadoCARISMA DE DISCERNIMIENTO, para casos difíciles, como análisis de si alguien está por ejemplo poseído, o para indagar en casos de matrimonios nulos. Y desde luego es lógico que quien tenga este carisma, ayude a los jóvenes en busca de su vocación.
Nótese, que Cristo, dijo a sus apóstoles: "Y bajará el Espíritu Santo, que os hará entender todas las cosas que os he dicho". También les dio poder para atar y desatar: "Lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo".
Imagínense al sacerdote como a un general en su bunker, y ustedes son los soldados en combate.
El general tiene a su acceso estrategas, radares, información del enemigo, rutas de acceso... y ustedes no pueden ver nada, y no tienen LA MÁS REMOTA IDEA de dónde están, o a dónde van. Pero el general puede ver por dónde van, si se están dirigiendo a una trampa, etc. etc. Así, Dios ilumina al sacerdote mostrándole, mediante la palabra, la oración, etc., cómo irlos guiando. Desde luego, si ustedes no siguen sus consejos, pues se van a hacer bolas pero tremendamente.
Ningún ciego puede guiar a otro ciego. Si el grupo parroquial o comunidad en la que estás no tiene un sacerdote que los vaya asesorando, o guiando... es muy fácil que el enemigo se infiltre y les eche a perder todo. No basta con darle un reporte de actividades. El sacerdote tiene que ser PARTE INTEGRAL del grupo.
Por ejemplo - en los conventos, se da muy frecuente el caso, de que las monjas, no sólo tengan un confesor, sino también un DIRECTOR ESPIRITUAL. Es decir: Alguien que las dirija y apoye. Ni siquiera la madre superiora puede desempeñar un papel tan importante. Debe ser el sacerdote, que es ungido por Dios.
Recordemos lo que dice Jesús de sus discípulos a quienes envía:"Quien a vosotros escucha, a mí me escucha. Y quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza."
Por eso es importante no despreciar los consejos del sacerdote.
c) Consultarte a tí mismo
¡Piénsalo bien! Escucha tu corazón, tus deseos... en el profeta Ezequiel leemos - capítulo 36, v. 26 y sig:
Les daré un corazón nuevo, y pondré dentro de ustedes un espíritu nuevo. Quitaré de su carne ese corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Pondré dentro de ustedes mi Espíritu...
Es decir: No sólo serán los deseos de Dios, sino también nuestros deseos, la vocación a la que estemos llamados. Ya que Dios y nosotros tendremosUN MISMO ESPIRITU.
Si te causa repugnancia el ayudar a los pobres, y quizás no los puedes ver ni en pintura, pero "adoras" a los niños y te desvives por ellos, definitivamente tienes vocación por los niños. Si te encanta enseñar al que no sabe, muy probablemente tienes vocación de maestro. Si te fascina hablar de Dios a la gente, mostrarles el amor de Jesús, y hablar, y escribir, y platicar con la gente de Dios, es muy probable que tu vocación sea evangelista o predicador... cosas así.
Dios no te pondrá una inclinación contraria a tu vocación.
Déjenme repetirlo:Dios no te pondrá una inclinación contraria a tu vocación.
Una cosa es el pecado que a veces nos da asco, flojera, repugnancia etc. a ciertas tareas, pero que por obediencia o por amor puedes hacer por Dios... y otra cosa distinta es que no estés hecho para un trabajo. Si escoges algo para lo que no estás hecho, el resultado es fácil de prever:Una vocación frustrada.
Dice el Padre Baeteman:
"Por eso tienes que estudiarte a tí mismo. Tu corazón, tus gustos, tus inclinaciones... examina lo que te atrae y lo que te disgusta; fíjate si tus condiciones de alma y cuerpo están de acuerdo con la vocación que te atrae.
Tus aptitudes físicas y morales tienen que ser muy bien consideradas. La ineptitud para seguir una vocación excluye, venga de donde venga, toda probabilidad de llamamiento divino".
A veces es necesario consultar a tus padres o a otras personas que te puedan ayudar con un consejo. Pero NUNCA juzguen según los principios mundanos. Lean la Biblia, ilumínense con las luces de la fe que estén estudiando. Una vez rodeados con toda la certeza, es, finalmente, cuando pueden tomar una decisión acertada.
Para todos los enamorados de la animación vocacional, que consideramos que podemos ser, por pura gracia, colaboradores con el Dueño de la mies, que no cesa nunca de llamar, ahí van estos 10 consejos de la animación vocacional. Están escritos para los misioneros claretianos, pero sirven perfectamente para cualquier carisma o comunidad.
• “Vivir con mayor radicalidad el seguimiento de Jesús en la comunidad misionera es la primera condición para una pastoral vocacional efectiva”. • “Toda pastoral, y de un modo especial la pastoral juvenil, ha de ser vocacional en cuanto ha de acompañar a las personas hacia una opción por Jesús y por el Reino”. • “Nos preocupa la calidad de nuestra vida y ministerio y su capacidad de convocar a otros, y la necesidad de definir una pastoral juvenil-vocacional que sea capaz de despertar la inquietud vocacional en los jóvenes y acompañar los procesos de discernimiento”. • “Hay claretianos que no están verdaderamente preocupados por la pastoral vocacional. Ciertamente rezan por las vocaciones y quisieran que llegaran más abundantes a nuestra comunidad, pero esto no se acaba de traducir en unas acciones concretas que expresen su profunda preocupación por este tema”. • “Se hace más difícil la pastoral vocacional cuando no existe claridad en torno a la identidad y al modo de expresarla”. • “Deberemos revisar si la dimensión vocacional está suficientemente presente en nuestros proyectos y actividades pastorales. Tendremos que preguntarnos si estamos dispuestos a invitar a los jóvenes a considerar la posibilidad de vivir el proyecto de vida misionera claretiana y si estamos abiertos a acogerlos en nuestras propias comunidades. No podremos dejar de revisar la vida de nuestras comunidades para hacer de ellas signos claros de fraternidad y plataformas poderosas de iniciativas misioneras, espacios atrayentes para quienes se plantean el seguimiento de Jesús en la vida consagrada”. • “Hoy más que nunca constatamos la necesidad de articular mejor todas las formas de vivir la vocación cristiana para se¬guir anunciando el Evangelio en nuestro mundo”. • “Es justo también que nos preguntemos sobre nuestro modo de vivir el Reino y sus valores, sobre cómo nuestra comunidad se hace transparencia de ellos y es capaz, por lo tanto, de atraer a quienes los buscan con un corazón sincero”. • “¿Qué nos pasa? ¿Por qué nuestra vida y nuestras comunidades no se convierten en una invitación para aquellos jóvenes que quieren vivir más radicalmente el seguimiento de Jesús y buscan unos espacios y estilos comunitarios que les ayuden a profundizar su camino de fe, les ofrezcan una gozosa experiencia de fraternidad y una dinámica plataforma apostólica?” • “Hay que saber dedicar tiempo a los jóvenes con inquietudes religiosas, aunque sean pocos. Y esto cuesta. Sin encuentro con el joven, sin un compromiso por acompañarlo en un camino de profundización de su experiencia de fe, sin una disponibilidad a ayudarlo en sus búsquedas, sin audacia para plantearle las preguntas fundamentales en torno al sentido de la vida y a su proyecto de futuro, difícilmente tendremos vocaciones”.